La pequeña Michiru mantenía ambos ojos bien abiertos, asombrada ante lo que tenía enfrente, pues nunca antes en su vida había visto el mar. Era tan grande y se veía tan poderoso y pacifico a la vez que no pudo contener las ganas de acercarse. Sus padres la veían a pocos metros de distancia mientras platicaban con otras personas. La pequeña continuó avanzando y poco a poco sus pies fueron sintiendo la suave caricia de la espuma y el agua, que al alejarse tiraban suavemente de ella invitándola a adentrarse más. Su madre le había dicho que se acercara solo a la orilla, pero aquello era demasiado tentador, así que tras un rápido vistazo a sus padres, y tras comprobar que seguían adentrados en su conversación, dio otros cuantos pasos hasta que el agua le llegó a la cintura. La pequeña cerró los ojos y se entregó de lleno a las sensaciones del agua alrededor de su cuerpo, y tras tomar una gran bocanada de aire, se dejó arrastrar por el agua. Los padres de Michiru corrieron hacia ella totalmente alarmados, pero ese mismo día entenderían que tratándose de Michiru y el mar, no había nada que temer.

La pequeña sirena.

Era de noche y Yukino Kaioh estaba sentada a la orilla de la cama donde su pequeña de 6 años dormía. Aún tenía los ojos hinchados de tanto llorar, pues había sido castigada después del susto que les había dado a sus padres esa misma tarde. Sus padres le prohibieron volver a entrar al mar, y la pequeña al oír esto reprocho y contradijo lo que sus padres le ordenaban. Lloraba y pedía que la dejaran volver entrar al mar, pero su padre dió un rotundo "no", y le dijo que antes debía aprender a nadar en él.

Aunque no fue más que un susto para sus padres, pues sin dificultad alguna la pudieron sacar del agua, temieron bastante en el momento en el que la vieron dejarse llevar por las olas. La madre de Michiru intentó tranquilizarla diciéndole que podría ir a nadar a la piscina, pero lo que Michiru quería era volver a entrar al agua salada. Al fin, después de varias horas de llantos y gimoteos, la pequeña se había quedado dormida. La señora kaioh besó en la mejilla a su pequeña hija y salió de la habitación para ir al restaurant del hotel donde su esposo la esperaba. Sin embargo, lo que la señora Kaioh ignoraba era que, si bien la pequeña se había quedado dormida, solo podía soñar con la sensación del agua a su alrededor, y tan ansiosa estaba por volver al mar, que aquel beso que le había dado su madre había sido suficiente para despertarla y devolver su mente, ahora despierta, a su objetivo. Una vez que escucho a su madre cerrar la puerta de la habitación, se levantó de la cama y puso en marcha su plan.

Soushi Kaioh esperaba a su esposa en el restaurant del hotel, y cuando la vió entrar hizo una señal al mesero para que comenzaran a llevar la cena.

-La dejé en la habitación. Le costó bastante quedarse dormida.-dijo ella mientras se sentaba.

-No te vayas a poner de su lado ahora Yukino. Tú viste lo que hizo. Pudo haberse ahogado.

-¿No crees que tal vez exageramos un poco? Michiru es una gran nadadora.

-¡En piscinas! Nunca había estado en el mar.

-No digo que no haya sido peligroso, pero tal vez debimos tenerle un poco más de paciencia.

-Mira, mañana ya se le habrá pasado. Iremos todos a la piscina, y si se comporta, la llevaremos al mar y le enseñaremos a nadar ahí. ¿Te parece? Pero por ahora sigo asustado por lo que hizo hoy.

-Yo también me asusté, pero no pasó a mayores y debemos estar agradecidos por eso.

-Lo estoy, créeme que lo estoy. Bueno, ya mañana será otro día y esperemos que no nos de otro susto. Ahora cenemos.

La señora Kaioh le sonrió a su esposo y acaricio su mano sobre la mesa, para después comenzar a cenar.

Mientras tanto, Michiru se encontraba agazapada tras el mueble de la recepción del hotel, ya muy cerca de la puerta de acceso a la playa. Esperó a que el recepcionista cambiara de página a su revista para escabullirse hacia la puerta. Era de noche y afuera ya estaba bastante oscuro, y solo había una pequeña luz que iluminaba pobremente la reja que la separaba de la playa. Los barrotes eran bastante grandes, pero con una separación muy amplia entre ellos, pequeña para que un adulto pasara, pero perfecta para una niña de 6 años con ansias de ver el mar. Contuvo la respiración y paso entre los barrotes. Ya con la arena bajo sus pies, las únicas luces ahora presentes eran las de la luna y las estrellas. El mar ahora se veía como una gran sombra negra que se extendía en el horizonte, pero esto solo significaba para Michiru el deleite de otro de sus sentidos, el oído. Ahora que no podía ver el mar con claridad, escuchaba más atentamente el sonido de las olas y del agua acercándose y alejándose. Era una melodía que decía tantas cosas y emanaba tantos sentimientos que la pequeña apenas podía contener aquel gozo en su corazón. Se acercó hasta sentir el agua en sus pies. La emoción era tanta que la temperatura del agua era apenas perceptible. Poco a poco se fue acercando más como aquella tarde, pero esta vez no habría nadie que interrumpiera su hazaña. Extendió los brazos hacia los lados y cerró los ojos, y después de tomar aire, se soltó. Cuando sintió el agua alrededor de todo su cuerpo, hubo un segundo en el que tuvo miedo, pero desapareció enseguida al sentir el abrazo del agua. Un abrazo que prometía protegerla y no lastimarla. Podría jurar que el mismo mar, cual si fuera un ser vivo, sintió este miedo por parte de la pequeña, y al instante de sentirlo calmó sus aguas para ella, haciéndolas más suaves y parsimoniosas. Michiru ahora se sentía segura y comenzó a patalear hacia la superficie. Poco a poco salió del agua y caminó hacia la orilla, y con sus escasos 6 años de vida, salió sintiéndose más grande y más fuerte, y un poco más completa.

El señor y la señora Kaioh se quedaron pasmados tras abrir la puerta de la habitación y ver lo que había, o más bien, lo que no había adentro. La señora Kaioh corrió al interior y abrió la puerta del baño, pero este estaba completamente vacío. Al ver esto el padre de Michiru salió corriendo hacia la recepción a dar aviso y pedir ayuda para encontrar a su hija. La señora Kaioh vio a su esposo correr hacia el pasillo, pero ella permaneció en la habitación, mirando de un lado a otro buscando algo que le indicara en donde podría estar su hija. Su vista se detuvo de repente en la ventana de la habitación, a través de la cual se veía la gran sombra que era el mar, y entonces comprendió donde estaba Michiru. Salió de la habitación corriendo igual que su esposo, pero paso de largo al recepcionista y fue directo a la puerta de acceso hacia la playa.

Soushi Kaioh se encontraba hablando, o más bien gritándole al recepcionista cuando vio a su esposa pasar y dirigirse al acceso a la playa, y tras comprender lo que ella había entendido antes, la siguió.

Quitaron el seguro de la reja y la abrieron, cosa que la pequeña no había podido hacer debido a su corta estatura, y comenzaron a caminar apresuradamente sobre la arena. Tras unos cuantos pasos el padre de Michiru se detuvo de súbito, y clavo la mirada en una pequeña sombra sentada pacíficamente en la arena a orillas del mar, observando y escuchando, con el agua apenas alcanzándole a rozar los pequeños pies. La habían encontrado. Tras un largo suspiro de alivio, el señor Kaioh comenzó a caminar hacia su hija decidido a castigarla de por vida, pero fue detenido por la mano de su esposa, la cual se apoyó en su brazo. Volteó para verla a los ojos, y vio en estos paciencia, cariño y comprensión. Esa mirada tan llena de serenidad lo obligaba a relajar un poco su postura, para después adoptar una completamente calmada. Su esposa lo había convencido con tan solo esa mirada. Ella, Yukino Kaioh, era capaz de eso, y por eso y muchas cosas más él estaba totalmente enamorado de ella.

Ambos comenzaron a caminar tranquilamente sobre la arena decididos a sentarse junto a su pequeña y pasar con ella ahí tanto tiempo como ella lo necesitase, simplemente ahí contemplando el mar, y también agradeciéndole, pues después de todo había cuidado a su más grande tesoro.

_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_) _)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)

Era una noche de miércoles acogedora, de esas en las que puedes estar a la intemperie sin necesidad de una chaqueta. Yuko decidió aprovechar este clima tan favorecedor y se encontraba mirando las luces de la cuidad en la pequeña terraza conjunta a la habitación que ahora compartía con la rubia. De momento unas manos cubrieron suavemente sus ojos y unos labios comenzaron a susurrar a su oído.

-Las luces de la ciudad son muy bonitas, pero las luces del cielo son aún mejores- y dicho esto, aquellas manos movieron con delicadeza la cabeza de la chica para encararla al cielo estrellado.

Las manos se apartaron de sus ojos y pasaron a la cintura de la pelinegra, quien sonrió al ver el resplandor de las estrellas. Después de un momento la chica dio media vuelta girando sobre su eje sin soltarse del abrazo de la rubia, y al estar cara a cara con ella, la besó. Se separaron con suavidad y ambas sonrieron.

-Pensé que llegarías a las once como ayer- dijo la pelinegra.

-Cuando me fui estaban escogiendo los manteles y los centros de mesa, y eso lo puede hacer Emma sin mi ayuda. Tiene mejor gusto que yo. Lo que me importaba era dónde se colocaría el piano, y eso ya quedo arreglado. ¿Estas segura de que no quieres ir mañana?

Yuko se sonrojó un poco y contestó:

-No tengo ningún vestido de gala, además tengo un examen al día siguiente y no puedo desvelarme.

-Podemos ir mañana temprano a comprarte un vestido, y además estoy segura de que Emma no se molestara si nos retiramos temprano.

Para ser honestos, Yuko sí que tenía ganas de ir al baile de bienvenida del ArteLibran. Lo del vestido y el examen eran verdad, pero el verdadero motivo por el cual se resistía a ir era que sabía lo importante que era Emma para Haruka, y no quería que por su culpa Haruka tuviera que irse temprano de la fiesta. Hacía mucho que Haruka y Emma no se veían, y los últimos días que se habían vuelto a frecuentar Haruka se veía de un mejor humor. Necesitaban este tiempo para convivir, y a Yuko no le importaba prestarle a Haruka la noche entera si eso las hacía felices.

-No te preocupes. Mejor ve tú y disfruta del baile con Emma. Yo iré en otra oportunidad.

-Está bien- dijo la rubia, y ambas se volvieron a unir en un beso que se fue intensificando poco a poco, llevando a ambas al interior de la habitación.

(…)

Ya más avanzada la noche Haruka se encontraba mirando pensativa hacia el techo de la habitación sin poder conciliar el sueño. Ya hacía rato que Yuko se había quedado dormida, pero la rubia no lo conseguía. Cansada de intentar dormir sin éxito, se levantó cautelosamente de la cama y salió a la terraza. Apoyó ambas manos en el barandal y siguió pensando en los sucesos de aquel día y en la conversación que había tenido con Emma.

~.~.~.~.~.~

Se extrañó de ver un coche negro parado donde usualmente ella aparcaba. No es que fuera raro que alguien fuera a visitar a Emma, de hecho muchas personas se citaban con ella para diversos asuntos, pero por lo general Emma no aceptaba este tipo de visitas hasta después de las 2 de la tarde, y eran tan solo las once de la mañana. Estacionó detrás del coche negro y fue a la entrada. Kana abrió la puerta y después de saludarla preguntó:

-¿De quién es el coche negro que está afuera?

-¿Coche negro?... ah, cierto. Es de una joven que vino a ver a Emma desde las nueve. No me preguntes para que, porque no lo sé. No es tu tipo Haruka, es muy seria, y además tu estas con Yuko- respondió Kana lanzándole una mirada amenazadora.

-¡Hey! No lo preguntaba por eso. Subiré a ver a Emma antes de que me sigas acribillando.

-¡Oye!... - la detuvo Kana justo cuando la rubia comenzaba a caminar- ¿le diste a Yuko lo que le mande?

-¡Claro! Le encantó. Me dijo que vendría algún día para que le enseñes a hornear pasteles.

-¡Con mucho gusto! Me vendría bien una nueva alumna. Tal vez ella no me lleve la contraria tanto como tú lo hacías.

-Eso lo dices ahora, pero mejore muchas de tus recetas- dijo la rubia guiñando un ojo.

-Y estropeaste otras tantas. En fin, dile a Yuko que venga cuando quiera, es bienvenida cualquier día- respondió Kana sonriendo.

-Gracias, se lo diré- y dicho esto Haruka comenzó a subir las escaleras.

-Recuérdame que te de unas galletas que estoy horneando para Yuko antes de que te vayas.

-Y para mí también- gritó Haruka desde arriba de las escaleras.

La rubia caminó por el largo pasillo hasta llegar al despacho de Emma. Cuando estaba a punto de tocar, la puerta se abrió y una joven alta de cabello largo y ojos granate se detuvo en seco al quedar frente a frente con la rubia. Primero aquella joven la miró con cara de sorpresa, y después puso una mirada más seria con los ojos un poco entrecerrados, como analizando el rostro de la rubia. Después de unos segundos, pasó por su lado sin volverla a mirar.

-Con permiso- fue lo único que dijo la joven con una tonalidad neutra antes de desaparecer por el pasillo.

A Haruka le extraño su mirada. La había mirado como si la recordara de algún lado, pero Haruka no la recordaba de nada. La voz de Emma la saco de sus pensamientos.

-Haruka, llegas temprano- dijo mientras ordenaba unos folletos en su escritorio.

-Me citaste a las once- respondió la rubia levantando una ceja.

-Y eso para ti es llegar a las doce- dijo Emma sonriendo y alzando un a ceja.

-Bueno, quise darte una sorpresa. ¿Quién era esa chica?- preguntó Haruka yendo al tema que le interesaba.

-¿Ella? Es uno de los nuevos talentos que se presentaran mañana en el baile de bienvenida.

-¿Es músico?

-No, es escritora. Su libro se publicó hace un mes, pero no ha tenido las ventas que yo considero que se merece. Tal vez dándose a conocer un poco en el evento, aumentará su número de lectores. ¿Por qué lo preguntas?

-Me miró como si me conociera, pero yo no la recuerdo.

-Tal vez el oír su nombre te ayude. Es Setsuna. Setsuna Meioh.

Haruka lo pensó por un momento, pero ni el nombre ni el rostro le sonaban de ningún lado.

-No, no la recuerdo.

-Bueno, ya le preguntaras mañana en el baile.

-¿Y para que me necesitabas?- siguiente tema que le interesaba.

-Quiero que me acompañes a ver el salón donde será el baile, y además te tengo una sorpresa- dijo Emma sonriendo y poniéndose de pie. Caminó hacia una especie de ropero que estaba en una esquina, del cual saco un esmoquin blanco perfectamente acomodado y guardado. – Por suerte tenía uno de tus trajes viejos y saque las medidas de ahí. Debería quedarte a la perfección. Kei me ayudo a escogerlo.

-¡Vaya! Es muy elegante- dijo Haruka tomándolo y viéndolo de cerca. – Gracias Emma, no tenías que hacerlo.

-Te verás muy bien el día de mañana. ¿Qué llevara Yuko?, también pensaba comprarle algo pero no conozco su talla.

-Yuko no tiene muchas ganas de ir, pero le volveré a preguntar esta noche. ¿En qué salón será?

-En el salón Francés- contestó Emma caminando hacia el perchero para tomar su abrigo.

-¿El salón Francés? ¿El presupuesto del evento puede pagar un lugar como ese tan solo para el baile de bienvenida?- preguntó Haruka claramente sorprendida.

- No – contestó Emma tranquilamente. – El dueño es un gran admirador de Amy Rena, y cuando "casualmente" le mencioné que ella asistiría, no dudo en hacernos una generosa rebaja a cambio de una invitación para él y su familia- siguió explicando Emma con una sonrisa triunfadora en el rostro. Haruka también sonrió.

-No sé porque me sorprendo. No podría esperar menos de ti- dijo la rubia caminando tras Emma y saliendo de la habitación.

Ya en el pasillo Emma se detuvo en seco y volteó a ver a Haruka con una expresión más seria y pensativa.

-Haruka… ¿has pensado en lo que hablamos el otro día?

Haruka también adoptó una expresión seria y contestó:

-Sí, lo he pensado. Lo he pensado y sé que debo hacer feliz a Yuko. Se lo debo.

-Haruka, ¿y no te debes nada a ti?- Emma tomo suavemente la mejilla de la rubia y la miro con ternura a los ojos. – Me gustaría volver a verte enamo… feliz.- dicho esto soltó su rostro y siguió caminando. Unos segundos después Haruka la siguió.

~.~.~.~.~.~

¿Enamorada y feliz? Haruka volteó a ver a través del vidrio a la joven que dormía en el interior de la habitación. Yuko estaba enamorada y Haruka sentía el deber de hacerla feliz. Ya le llegaría a ella su felicidad algún día, y si no llegaba, no importaba mucho.

_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_) _)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_)_

El jueves por la mañana las cosas estaban muy tranquilas en casa de los Kaioh.

Michiru sostenia entre sus manos una pequeña concha de mar. La miraba fijamente sin percatarse de que ella misma estaba siendo observada con la misma concentración. Kyouya la observaba recargado en el marco de la puerta de la habitación con los brazos cruzados. Veia su rostro, su cabello, su cuerpo. Todo en ella le parecía perfecto. No pudo evitar sonreir al ver a la chica tan concentrada en aquel pequeño objeto. Por su parte Michiru sonreía con los recuerdos que la pequeña concha traía a su mente. Soltó un suspiro y coloco la concha de vuelta al alhajero.

-¿Qué es? – preguntó el joven rompiendo el silencio y haciendo que Michiru diera un pequeño brinco.

-Kyouya… me espantaste.

- Lo siento – dijo el muchacho sonriendo – tardabas mucho en bajar, y como tus padres no están me tome el atrevimiento de subir a tu habitación.

El joven comenzó a avanzar al interior del cuarto, pero la chica lo detuvo caminando en dirección opuesta y guiándolo hacia la afuera.

- No. Si mis padres llegan y te ven en mi habitación, se armará un escándalo. Sabes que pueden ser algo conservadores en algunos aspectos.

-¿En serio?... llevamos tres años de novios… y básicamente ya hemos estado viviendo juntos todo este tiempo que hemos estado viajando por tus presentaciones. ¿Crees que crean que aún eres….ehm…?

-¿Virgen? – completó la chica.

-Sí. Digo… está bien que crean que soy un buen chico, pero teniéndote para mi solito pues…

-No sé. No sé qué crean pero por ahora regresemos a la sala a ver televisión ¿de acuerdo? – dijo la chica llevando a Kyouya de la mano al primer piso.

- Jeje, claro… oye, y ¿qué era lo que estabas viendo?

-Una concha de mar – contestó la chica mientras se sentaba en el sofá. – la recogí en mi primera visita a la playa.

- Vaya. Por como la mirabas pensé que era algo más valioso.

- Lo es. Es muy importante para mí. Ese día mis padres se espantaron mucho porque me salí a escondidas de la habitación del hotel y fui a la playa, pero se calmaron cuando me encontraron. No sé cómo explicarlo, pero sentía unas ganas incontenibles de entrar al agua y sentirla a mi alrededor.

-¿Cuántos años tenías?

- 6 años.

-¡¿Qué?! Michiru, pudiste haberte ahogado. Eso fue muy irresponsable. Sé que eras pequeña pero debías tener conciencia de lo peligroso que era.- decía el joven visiblemente alarmado.

- Kyouya, te acabo de decir las palabras "ganas incontenibles". Aunque fue hace mucho tiempo recuerdo muy bien esa sensación. Además… de alguna forma presentía que no me pasaría nada.

-¿Y cómo podías saber eso? No sé porque a ti te gusta guiarte por tus presentimientos. Eso no está bien.

- Kyouya, no voy a perder tiempo tratando de explicarte porque sé que no lo entenderías. Recuerdo varias conversaciones parecidas a esta, así que mejor cambiemos de tema y sigamos viendo televisión. –dijo la chica volteando la mirada al televisor.

- Este bien, lo siento. Es solo que yo siempre he preferido irme por lo seguro. Sigamos viendo tele, pero solo un rato más porque tengo que irme a preparar para el baile. No lleguen tarde Michiru. Los estaré esperando en la entrada.

-Tranquilo, a mi papá siempre le gusta llegar temprano a esos eventos.

-No olvides ponerte tu anillo. A decir verdad pensé que eso era lo que estabas viendo en tu habitación, pero bueno, me conformo con que esta noche no lo olvides.

-No lo olvidare. – contesto Michiru mientras le brindaba a su prometido una suave sonrisa.

Esa misma noche anunciaría su compromiso a sus padres. Había estado aplazando ese momento, pero la hora estaba ya muy cerca. Dio un gran suspiro y concentro lo más que pudo su atención a la televisión.