Al entrar a la habitación vio a aquella mujer que no era su bombón, estaba acostada sobre la cama con las sábanas revueltas, podía notar como debajo de ellas su cuerpo se estremecía.
La observó más de cerca, su piel era pálida y sin brillo, su cabello estaba horquillado y opaco, hizo un gesto de negación, aquellos labios resecos no eran los mismos de los que había bebido hasta la saciedad esa noche.
-¿qué te paso bombón?- susurro sentándose junto a ella, le tomo la mano y nuevamente lo asombro su delgadez -adelante- hablo al oír que tocaban a la puerta, la mujer de cuerpo ancho y sonrisa gentil entró con una pequeña batea y más toallas limpias.
- el señor Taiki dice que ella sudara toda la noche, es mejor tenerla limpia- hablo acomodando las cosas sobre la mesita de noche.
-deje todo ahí, yo lo haré-
-no es necesario, yo puedo...-
-gracias señora Mika, dije que yo lo haría- la interrumpía con voz firme, la mujer se sorprendió de su tono pero comprendió que aquella chica era mucho más especial de lo que parecía, apenas había llegado y fue testigo de cómo el trío de hermanos de repente se encontrada conmocionado, salió de la habitación en completo mutismo.
Seiya tomo uno de los paños y lo humedeció, con suavidad limpio la capa de sudor que se había formado en la frente de serena - no...- murmuro ella con voz entrecortada -me duele...-
-lo siento, pero debo hacerlo- le respondió susurrante.
-mamá...-volvió ella a murmurar-me duele...-
Seiya la miro perplejo
-me caí... Mamá... Tengo sangre- comprendió que estaba delirando.
-lo siento tanto mi amor- le dijo con voz ahogada-lo siento-
continuo limpiándola mientras oía sus delirios, mientras secaba sus brazos, su cuello y sus piernas, la acompañó en sus recuerdos a través de sus delirios, la podía imaginar de niña, vivas y feliz, la vio como una jovencita que soñaba con novelas de amor eterno junto a su príncipe azul, el cual era, claro está, Darien chiba.
Sonrió cuando encontró una fina cicatriz horizontal en la parte baja de su vientre, la acaricio con la yema de los dedos imaginando los nueve meses que llevo a su amada hija, lamentaba tanto no poder haberla visto embarazada.
Durante sus delirios La acompañó en su retorno a los primeros días como sailor moon, en sus miedos de fallar como guerrera, en perder a sus amigas, en estar sola...
En su deseo secreto de volver a ser una chica normal.
- por favor...- susurro tras un momento de silencio, Seiya se acercó a su rostro -no quiero hacerlo... Es mi bebé... No me obliguen... Es mi bebé... Yo lo quiero-
¿Acaso eso sería lo que imaginaba?
¿Acaso ellos fueron capaces de...?
- por favor... No quiero abortar... Es mi bebé... Yo lo quiero...-
Seiya ahogo un grito de rabia, habían sido capaces de pedirle que aborte, se puso de pie y camino hasta la ventana, golpeó el cristal con su frente un par de veces
¿Abortar a Lynee?
¿A qué tipo de mente perversa y asquerosa se le podía ocurrir eso?
Entonces recordó la mirada de desprecio de Haruka cuando dejó a la bebé Con él, sacudió la cabeza tratando de deshacerse de esa rabia, volvió a mirar a la mujer sobre la cama.
Todos aquellos años la había odiado, no por no amarlo, sino por no amar a su hija, por haberla abandonado y nunca volver a buscarla, por haber preferido vivir su utopía antes que tocarse el corazón por su inocente bebé, y ahora...
-ayúdame...- volvió a susurrar.
-aquí estoy bombón- le respondió acercándose.
-por favor... Mi bebé...- algunas lágrimas rodó a los lados de su rostro.
- ella está bien, por favor no llores-
-ayúdame... Mi bebé...-
- ella está bien-
-no es cierto...-está vez ella lloraba abiertamente- no es cierto... Mi bebé está muerta...-
Seiya se congelo mientras ella se ahogaba en sus sollozos, no quería oír eso, deseo salir de la habitación, seguir en aquella mentira donde aunque la odiara al menos podía imaginarla feliz junto a chiba y las demás sailors.
Está realidad lo superaba, se arrodillo junto a ella tomándola de la mano
-no está muerta- le dijo con voz suplicante -Lynee está viva bombón, y es hermosa, todo fue una mentira, Lynee está viva-
-mi bebé... Perdóname... Este es mi castigo... Mi bebé está muerta...-
-no bombón, ya verás cuando despiertes, tú bebé está viva-
-mi bebé... Lynee-
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-¿me dirás lo que sucedió con Tsukino o tendré que ir a preguntárselo a Seiya?- pregunto Yaten que ya comenzaba a aburrirse de ver a su hermano sentado frente a la chimenea.
Este lo miro de manera extraña
-tiene fiebre azul-
-eso es imposible, eso se...-
-lo sé-lo interrumpió con desgano -está delirando –
-vaya- respondió esperando más información de Taiki -supongo que sus guardianas estarán aquí pronto-
Taiki gruño con furia
-las cosas no son como las imaginamos-
Yaten frunció el seño y Taiki continuo
-ella no abandono a Lynee, no se deshizo de ella como siempre creímos-
-¿qué dices...?-
-¡que le dijeron a Tsukino que Lynee nació muerta!-
-pero... No es posible... Esas niñas no serían capaces de hacer algo así, tú las conoces Taiki... Mina... Amy... ¡no serían capaces!-
-¡lo hicieron! ¡Intentaron que abortara pero como ella no acepto la engañaron diciéndole que la bebé había muerto al nacer!-
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Durante días Seiya, con la ayuda de la señora Mika, combatieron contra la fiebre y los delirios de serena, la mujer gracias a la sabiduría que los años le habían dado, guardo completo silencio, sólo le daba algunas sonrisas alentadoras, el sólo necesitaba eso.
Pero para el desaliento de Seiya, en medio de todos sus delirios, serena nunca dijo su nombre... Como si nunca hubiera existido.
Finalmente el cuarto día la fiebre cedió y serena pudo dormir plácidamente.
A la primera hora del quinto día Taiki entró a la habitación sin tocar a la puerta y con un muy mal gesto.
-ya estoy harto de ti, Seiya- el moreno lo miro con gesto aburrido
-debo cuidarla hasta que despierte-
-lo que debes hacer es bajar a desayunar con tú hija, hace días que no te ve-
-por dios, Lynee- Seiya se pasó la mano por el cabello, se veía realmente cansado.
-yo me quedaré con ella- dijo Yaten que hacia su aparición en la habitación -date un baño y apresúrate que la pequeña cotorra ya está en la mesa-
Seiya le sonrió y se apresuró a salir, antes de cruzar el lumbral freno en seco y retrocedió para darle un beso en la cálida frente de serena, luego salió corriendo.
-maldita sea, ya volvió a ser el mismo idiota- dijo Taiki rodando los ojos y saliendo del cuarto.
Yaten sonrió y miro hacia serena -sabía que no abandonarías a tú propia hija, tonto conejo-
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-¡papi! ¡Papi!- exclamo la pequeña pelirroja lanzándose a los brazos de Seiya.
-¡mi vida!- el la recibió con un giro en el aire y un gran eso en la mejilla -te he extrañado tanto-
-yo también papi, pero tío Yaten y tío Taiki me dijeron que estabas cuidando a la señorita serena ¿verdad que la curaste con besos?-
Seiya le sonrió con dulzura y la sentó a lado suyo -bien pequeña, es ora de desayunar, no se tu pero yo me muero de hambre-
-sí, mi pancita me pedía que le diera de comer pero yo le decía ¡no pancita, tenemos que esperar a papi!- canturreo la pequeña con orgullo.
-¡esa es mi princesita!-
Taiki se les unió al desayuno con una sonrisa de satisfacción le pequeña le dio un abrazo y un beso en la mejilla.
-papi- hablo la niña aun con comida en la boca.
-Lynee- Taiki hablo con tono levemente severo mientras levantaba un dedo -es de mala educación hablar con la boca llena de comida-
-discúlpame, tío Taiki- la niña bajo la mirada levemente sonrojada.
Seiya parpadeo, odiaba ver a su hija entristecida tanto como sabía que Taiki lo odiaba, pero en el fondo era conciente que era lo mejor para su educación así que sonrió y le tomo su pequeña mano.
-dime cariño, que querías decirme-
Como por arte de magia el rostro de la pequeña pelirroja se ilumino con una gran sonrisa -si papi ¿puedo llevarle flores a la señorita serena? dime que si-
Seiya le sonrió -claro que si amor-
-¡viva! entonces hoy mismo buscare las más bonitas del prado-
-linda- le dijo Taiki -debes recordar que la señorita serena aun está dormida, así que no podrá ver tus flores-
-pero las verá cuando despierte ¿verdad que si papa? ¿Verdad que le gustaran mucho?-
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Era de día, lo sabía por la luz que lastimaba sus parpados. Se extraño al no oír la música típica de todas las mañanas del último planeta que visitó, se movió y abrió los ojos perpleja al sentir una fina seda en lugar de los telares tejidos sobre su cuerpo.
A través de sus pestañas distinguió la imagen de unas largas piernas, y una espalda ancha a contra luz, aquella majestuosa figura que casi parecía tallada en mármol le daba la espalda, asomado a la ventana perdido a la lejanía.
-¿Seiya?- hablo ella asombrada.
Con agilidad él se volteó y llegó hasta ella.
-al fin despiertas, bombón- hablo el evidentemente conmovido. Aquellos días oyendo sus delirios habían sido suficientes para borrar todo aquel desprecio que alguna vez sintió por ella.
-¿Seiya?- repitió con incredulidad.
-a sus órdenes princesa- hizo un remedo de reverencia con una cálida sonrisa.
Serena se sintió desfallecer, intento levantarse pero sus brazos aún estaban muy débiles, y para su horror... Estaba desnuda, sólo la fina sabana la cubría.
-¿porque estoy desnuda?- pregunto sonrojada.
-te movías y sudabas mucho, así que la señora Mika y yo creímos que era lo más conveniente- respondió con simpleza.
-¿quién?- pregunto confundida.
Seiya le colocó un par de almohadas bajo la espalda mientras ella se aferraba a la sabana sobre sus pechos.
-la señora mika, la mujer que te preparó el te y te llamó cosa bonita- el seño divertido de Seiya desapareció al percatarse que no había nada de reconocimiento en el rostro de la rubia -¿acaso no lo recuerdas?... no recuerdas... ¿nada?-
Serena cerró los ojos tratando de quitar aquella bruma en su mente -¡el prado! habían flores, muchas flores... tú estabas allí, Seiya... estabas molesto- lo ultimo lo dijo con tristeza.
-bueno... es un avance- dijo el encogiendo los hombros -debe ser por la fiebre, pero no hablemos de eso, creo que lo mejor por ahora será darte un baño-
Serena se toco el cabello, se sentía sucio, busco algún espejo, odiaría verse sucia frente a Seiya.
-no te vez tan mal, no te preocupes- le dijo acercándosele, trato de poner los brazos debajo de ella.
-¡no! ¡Qué haces!- chillo ella moviéndose para alejarse.
-te llevare a darte un baño-
-¡que! ¡No, yo puedo sola!-
-de acuerdo- Seiya frunció el seño mientras cruzaba los brazos -entonces yo iré a preparar la tina mientras tú te levantas- después de regalarle una sutil sonrisa desapareció tras una puerta blanca, a los pocos segundo se escucho el chirrido del agua cayendo y un olor como a jazmín invadió la habitación.
Serena suspiro aliviada de estar sola, era muy tenue en su mente el recuerdo de cuando llego al planeta de las flores, pero recordaba perfectamente la mirada iracunda de Seiya
"dime porque estás aquí ¡dímelo!"
En aquel recuerdo el la odia, pero ahora era tan distinto con ella, como lo fue en el pasado.
-¡listo!- Seiya salió de la pequeña habitación secándose las manos con una pequeña tolla, serena se sonrojo al darse cuenta que ni siquiera se había movido un centímetro.
Alzo la cabeza y trato de impulsarse con sus bazos, pero estos flaqueaban, doblo las piernas tratando de impulsarse, pero fue inútil su cuerpo no parecía ser su cuerpo... parecía el cuerpo de una muñeca de trapo.
-rayos- gruñó entre sus dientes, con la vista baja para no ver el rostro de Seiya.
-yo puedo pasarme horas viéndote, pero dudo que estés cómoda llena de sudor-
Serena no lo miro, estaba demasiado avergonzada... ¡con un demonio, estaba desnuda y el como si nada!
-estoy... -susurro -desnuda, Seiya-
-¿sabes cuantos días has estado inconsciente - ella negó con la cabeza y él le dijo -siete días de los cuales cuatro ardías en fiebre, sudabas demasiado y tenía que limpiarte-
Ella lo miro interrogativa.
-te he visto desnuda durante esos siete días dijo el de golpe, ella casi grito -y te he tocado... por todas partes-
-¡que!- serena no podía enrojecer más.
-bueno estos siete días solo lo necesario, pero por si no lo recuerdas en la mansión Meio nosotros...-
-¡ya Seiya!- serena se cubrió la cabeza con las sabanas, debajo de ellas no pudo evitar rememorar aquellas imágenes de Seiya sobre ella, de su rostro libido y casi irreconocible por la pasión sintió un extraño pero placentero calor en su vientre bajo y se hizo una volita abrazando sus piernas.
-lo siento, no quería molestarte- le dijo el con una mueca de amargura, tal vez ella no había abandonado a su hija, pero eso no cambiaba que no lo amara -el baño se enfría-
Con un movimiento ágil la levanto entre sus brazos, ella aun tenia la sabana cubriéndola pero por debajo aun seguía desnuda.
-¡no Seiya!- serena se quejo mientras se movía entre su brazos -¡bájame!-
-¡nada de remilgos jovencita! ahora mismo te vas a quedar quieta si no quieres que te tire al piso y te prometo que la caída no será nada divertida-
Serena se heló y quedo con la boca abierta, Seiya había usado un tono muy autoritario, uno que nunca le había oído, y sus ojos eran tan severos... tan severos que... ¡la excitaban!... ¡rayos!
De un golpe con el pie la puerta blanca se abrió el baño era grande con azulejos blancos, noto que las toallas tenían un bordado azul pero no alcanzo a distinguir su significado. Vio bañera grande, con los lados azueles, solo entonces noto que había muchos detalles en color azul, era el baño de un hombre.
-es... un baño de hombre ¿verdad?- pregunto dudosa.
-es mío- respondió con simpleza.
-¿tuyo? entonces la habitación-
-es mi habitación-
-oh... lo siento-
-no tienes nada de que disculparte bombón el la sentó a un lado de la bañera y ella deseo pedirle que no la soltara, era la gloria estar en sus brazos.
El comenzó a deslizar la sabana por sus hombros y ella se encogió ruborizada.
-imagíname como sailor fighter, tal vez así te sientas menos incomoda- le susurro con dulzura.
Ella quedo desnuda y el le tomo las piernas y la espalda ayudándola a adentrarse en el agua tibia y espuma blanca.
Serena dejo escapar un suspiro, la sensación era grandiosa, él le volvió a sonreír y ella deseo sumergirse bajo la espuma para evitar que la viera sonreír como idiota.
-puedes dejarme sola- le dijo ella suavemente -estoy bien-
-de acuerdo, pero prométeme no ahogarte-
-¡que!-
-prométemelo- repitió cruzando los brazos y con la barbilla alzada.
-de acuerdo, te lo prometo- respondió con un dejo de fastidio.
-¿qué me prometes?- le volvió a preguntar con el seño fruncido, serena lo miro horrorizada.
Ambos se quedaron en una guerra de miradas, lo cual era muy incomodo dado que ella estaba desnuda cubierta por espuma, finalmente suspiro resignada.
-prometo no ahogarme-
El sonrió y salió de la habitación ¿pero quién diablos creía que era ella? ¿Una niña de 4 años?
Con una punzada en la cabeza llego a ella la imagen de una niña de rizos rojos, la recordó en un sueño, la había soñado tantas veces, siempre sonriendo y tratando de tomar su mano, pero justo cuando estaba a punto de sentir su manita, una ráfaga la despertaba.
Pero esta vez era tan real que le dolía el pecho.
¿Porque demonios el cristal de plata la trajo al planeta de las flores?
Tal vez su primera idea era cierta, el cristal la dejo enfermarse de fiebre azul, cumpliría su deseo de morir para poder reunirse con su hija, y como último acto de bondad la había traído frente a Seiya, al hombre que despertó en ella un amor que nunca imagino.
Pero estaba viva... ¿porque estaba viva?
Ella solo quería morir.
Deseaba con toda el alma poder ver a su bebe.
Las lágrimas comenzaron a surgir junto con los recuerdos, aquellos dolorosos recuerdos.
¿Porque estaba viva?
¿Porque estaba con Seiya?
¿Acaso era la señal de una segunda oportunidad?
¡No!
No podía haber una segunda oportunidad, no para ella.
No, ella era la causante de la muerte de su bebe.
Por débil.
Por cobarde.
Por estúpida.
Por inútil.
Sus lágrimas se convirtieron en sollozos, oyó unos pequeños golpes en la puerta.
-¿puedo pasar?- se oyó la voz de Seiya.
Se limpio el rostro con el agua, mojando su cabello -adelante-
Su mirada tenía algo extraño, estaba segura que el la oyó llorar -¿quieres que te ayude a lavarte el cabello-
-yo puedo sola-
-lo sé, eres una chica grande, pero vamos, dame ese gusto- le sonrió acercándose y cogiendo el pote de shampoo.
-no me digas que lavar el cabello de las chicas es tu fetiche- le dijo ella con malicia.
-se podría decir que si-
le asombro la delicadeza de su tacto, en un principio serena pensó que la ahogaría o le quemaría los ojos con el shampoo, pero la verdad lo hizo muy bien, como si tuviera cientos de experiencias en lavado de cabello.
-listo- le dijo tomando una tolla mediana la cual envolvió en su cabeza -ahora te tallare la espalda-
a serena no se le ocurrió protestar, ya estaba casi inconsciente debido al tacto de Seiya, se sentía como una niña en brazos de su madre... o su padre, dado el caso.
-ya estas lista ¿pueden mantenerte en pie unos segundos?-
serena asintió y el al ayudo a levantarse, primero quito el excedente de espuma con una toalla, la levanto sacándola de la tina, la dejo de pie sobre la alfombra mientras terminaba de sacarla, a serena le maravillo cada una de sus acciones, ya casi había olvidado que estaba desnuda... casi.
-listo- le ayudo a colocarse una bata mientras se disponía a volver a cargarla.
-no- se negó aun a su pesar -puedo caminar-
-de acuerdo, pero tomaras mi brazo-
Y así salieron del cuarto de baño, vio sobre la cama un largo vestido azul con una gruesa franja bordada en dorado.
-te quedara bien- respondió el sin esperar su pregunta -te dejo o quieres que te vista-
-ya no abuses, Seiya- ella se cruzo de brazos con los ojos entre abiertos y la barbilla alta, se veía casi como la vieja serena de 15 años.
El sonrió y la dejo sola.
Cogió la pequeña caja a un lado del vestido, dentro de ella había un sujetador y unas bragas, todo en blanco encaje, serena solo atino a ruborizarse, casi podía imaginar a Seiya imaginándola vestida con solo ese conjunto en sugerentes poses.
-pervertido- se vistió con rapidez.
En el espejo su reflejo fue de su agrado, su cabello lucia reluciente, aunque no tanto como en el pasado y mucho más corto, el corte del vestido le entallaba a la perfección incluso su busto, dos tallas más grandes después del embarazo, le gustaron, cosa que era muy poco frecuente.
Sus ojos se posaron en un pequeño jarrón junto a su cama, una hermosas flores surgían de él, se acerco a ella, parecía que las hubieran unido como parte de una travesura, tenían muchos colores y tamaños, por alguna razón la hicieron sonreír y algo cálido surgió de su pecho.
y como fuertes golpes llegaron a su mentes claras imágenes.
"-¿eres real?-"
"-dime porque estás aquí ¡dímelo!-"
"-¿estás enferma?-"
"-¡que hace ella aquí!-"
"-oh, pero que cosa tan linda-"
"-debo irme-"
"-¡papa, papa!-"
"-oh, Lynee-"
"-no te preocupes, si te cortaste mi papa te besara el dedo y te sentirás mejor, ¿verdad que si, papa?-"
"-¡porque abandonaste a nuestra hija!-"
No, eso no era verdad, aquello no podía ser real.
-oh por dios- gimió cubriéndose la boca -Lynee... mi bebe-
Busco alrededor algo sin saber que, entre todos los colores tenues noto algo rosa llamativo, camino hasta el encontrándose con una pequeña muñeca de vestido rosa y amarillo entonces comenzó a llorar abiertamente.
-¡Seiya!- comenzó a gritar con desesperación -¡Seiya!... por favor… ven...-
