Hola!, no me maten! por favor se los ruego. Se que dije una semana en mi one-shot, pero mis profesoes me cargaron con maquetas, proyectos, exposiciones, analisis, trabajos. Todo en un tiempo casi inhumano. Los profesores no recuerdan su infancia, joder.

Ademas estan los motivos que ya mencione en mi one-shot, sin embargo, hare todo lo que este en mi mano para volver y hata mejorar mi ritmo e intentar salir de la depre.

Disclaimer: Ni Naruto ni sus personaje me pertenecen.


Capitulo IV

Sospechas.

Tsunade observo a través de la ventana, inquieta, aparentar tranquilidad cada vez se le estaba haciendo más difícil. La presencia de Kakashi en aquel lugar no podía significar nada bueno, ya que después de aquella guerra había desaparecido, tal y como si se lo hubiera tragado la tierra y de repente aparecía en aquella tranquila ciudad. Detrás de aquello había gato encerrado, lo presentía. Además aquella reacción cuando le pegunto no le había gustado para nada, actuaba tal y como si estuviera ocultando algo.

Mantenía una estricta vigilancia sobre su persona y hasta aquel momento no había encontrado nada sospechoso y eso la inquietaba aun más.

Tamborileo con sus dedos en la mesa, creando pequeñas fisuras en la madera. Era tan frustrante no poder moverse, no poder actuar, estar encerrada en aquella escuela era tremendamente frustrante, aunque no tenia opción alguna. Konoha era el centro de toda la actividad vampiríca de Japon y ella era quien mantenía vigilada aquella ciudad, intentando que lo pactado hace mil años no se resquebrajara bajo ningún motivo.

No le quedaba más que esperar.


Anko se sumió en la tarea de devorar unos dango que un amigo suyo le había hecho llegar, alzo su dedo pulgar en señal de aprobación y miro con cariño a sus preciados ángeles, no podía pasarse tanto tiempo sin azúcar, eso la ponía de mal humor, devoro aquella exquisiteces con salvajismo, y premura, sus ojos ámbar brillaban alegremente.

El profesor de matemáticas seguía dando su cátedra, sin enterarse de nada.

Mientras tanto, Kakashi la miraba, sintiendo una gota de sudor deslizarse por su nuca, esa chica era extraña y mucho, pensó sonriendo y negando con la cabeza segundos después, podía agregar además que no tenia instinto de supervivencia alguno, ya que se acercaba a él como si nada y él dejaba que pasara, sintiéndose confundido y a la vez complacido con su cercanía, intentando indagar en aquello mas profundamente, ya que estando así de cerca, también podía descubrir algo sobre él y por qué mostraba tanto interés en una simple y hasta común humana.

Aunque debía admitir su sangre olía demasiado tentador. Debía admitir que desde el principio él también se había sentido llamado o atraído, por así decirlo y aun no entendía la razón.

Mas allá de eso, era como cualquiera, o al menos eso le parecía. Si le servia de algo para atraparlo bien podía valer la pena seguirla, tal vez, sin enterarse aquella chiquilla lo estuviera ayudando...

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...Salto de un tejado aterrizando limpiamente en otro que se encontraba a apenas unos quince o diez metros. Ella caminaba lentamente, deteniéndose de tanto en tanto, viendo hacia los lados, lucia nerviosa. Era de noche y recién acababan de salir de clases.

Ella se detuvo abruptamente en un lugar en especial, uno que también llamo su atención, se acerco un poco al borde del edificio y seguidamente utilizo la escalera para darse un mejor ángulo y tocar el piso sin hacer ruido algo, se acerco lentamente y utilizo un árbol de refugio.

Bajo, escondiéndose detrás de ese mismo árbol, ella cruzo el pórtico de metal y siguió caminando lentamente con la mirada perdida, parecía como en transe.

¿Que esta haciendo?

Se acerco aun más, acercándose un poco en el extenso jardín delantero de la casa. Se detuvo, conteniendo un jadeo de sorpresa cuando ella se detuvo abruptamente, inspeccionando el camino. Ella estaba bajo el control de alguien, no cabía duda, lo supo por los movimientos agresivos y abruptos, forzados que hacia, la cuestión era ¿Quién?, ¿Quién se interesaba en tener como marioneta a una simple humana sin poder alguno?, si tenia suerte tal vez seria el sujeto que estaba buscando.

Aunque no podía vislumbrar alguna de su presencia en la cercanía, y eso lo descolocaba.

Ya que tenía entendido que para controlar a alguien se necesitaba de cierta cercanía.

La noche recién comenzaba

Estando un poco mas cerca, unos tres metros noto que ella entraba en la casa de manera torpe, a través del hoyo de la puerta.

Y se acerco y contuvo la respiración por inercia, intentando evitar el aroma delicioso de su sangre.

Necesitaba saber quién estaba detrás de eso y verificar si era a quién buscaba.

Ya que si era así, había un gran peligro para todo en esa ciudad.

Tanto vampiros como humanos.


Anko se detuvo una vez mas y observo la casa, esa que le causaba escalofríos con cierto interés y curiosidad.

Era una casa vieja, fea y sobraba decir que bastante ordinaria. Sin embargo, había algo extraño y escalofriante en ella, en aquellas viejas paredes cubiertas de polvo y cuya pintura se había desteñido, convirtiéndose en colores desvaídos y sin gracia, en esa vieja madera pútrida y húmeda. Hacia un año que la puerta de metal había sido desprovista de su cerrojo, seguramente a manos de vándalos que ansiaban robar las posesiones que la casa aun guardaba dentro. La casa no había estado habitada en años, desde que el anterior dueño había muerto, y desde entonces le provocaba una sensación de intranquilidad.

No era la única, puesto que Asuma, Kurenai y Gai habían afirmado sentirse incómodos también.

La luna creciente se encontraba en el firmamento, y las estrellas eran opacadas por su presencia, la brisa fría e inclemente removió el abrigo y el sonido del murmullo de la brisa chocando contra los árboles fue el único sonido que invadió el ambiente, junto con el sonido de su propia respiración.

Era solo una casa, por favor.

Se estaría riendo... si no le temblaran las rodillas.

Se adentro en la casa, impulsada por algo que no conocía, y al cruzar el pórtico de metal, aquella sensación se hizo más fuerte, haciendo que se olvidara del temor y dejara a aquello hacerse con el control.

El movimiento levanto una pequeña ráfaga de viento por la que salieron volando unos cuervos, graznando. Siguió con su objetivo pisando la maleza que allí crecía, cuando estaba en frente de la puerta se paro en frente ella extendió una mano temblorosa y giro el pomo de la puerta esta cedió con un clic que la hizo sobresaltarse.

Se escabullo a través del agujero de la roída puerta de madera, obra de pestes y plagas.

Entro a la casa, el chirrido de las tablas de madera y la pintura de las paredes desgastadas y desconchadas le corroboraran el hecho de que era una casa muy vieja. Subió la escalera de madera apenas vislumbrando los escalones en la oscuridad. Abrió la puerta de todas las habitaciones tosiendo ocasionalmente por el polvo allí acumulado.

Llego a una última puerta de madera tomo el pomo dorado entre sus manos y la abrió.

Se sorprendió y contemplo la habitación con mayor detenimiento. La cama rota y cubierta con sabanas negras, rasgadas y desteñidas, los muebles de madera inclinados en ángulos grotescos con su contenido desperdigado y destrozado en el piso de la habitación, sin embargo un objeto permanecía indemne entre toda aquella destrucción. El aire frío golpeo de lleno su rostro, junto con el polvo y tosiendo se dedico a mirar alrededor, al fondo, algo brillante llamo su atención. Se acerco y sacudiendo el polvo el cristal le devolvió el reflejo. Se miro un poco, sosteniendo el espejo con marco de oro con ambas manos, su reflejo le regreso la mirada.

Y entonces, el espejo cayó al suelo rompiéndose en mil pedazos...

El control de quien fuese que la tenía allí, cedió, y su cuerpo tal como el de una marioneta perdió todo signo de vida.

Kakashi maldijo por haberse visto descubierto, e irritado se adentro en la casa a velocidad vertiginosa sólo para atajarla y protegerla del golpe, recibió el golpe en su pecho y sus cabellos violáceos acariciaron su barbilla suavemente, llenándolo de una extraña sensacion.

La acomodo en sus brazos, cargándola al estilo marital y la reviso rápidamente con la mirada, ella estaba placidamente dormida, su respiración era acompasada, ligera y una expresión llena de paz se dibujaba en su rostro, como si aquello nunca hubiese pasado.

El aroma de ella se coló por sus fosas nasales de pronto, embriagándolo y haciendo que contuviese el impulso de soltarla que de repente le había embargado. Sintió su apetito despertar, su garganta reseca y el dolor insoportable, su aroma era delicioso y el latido de su corazón latiendo lentamente resonó en sus oídos, incitándolo. Ella se removió incomoda entre sus brazos y él se agito, con la respiración agitada y los colmillos refulgiendo a la luz de la luna se permitió contemplarla sin restos de humanidad alguna brillando en sus ojos, en vez de esta sólo la malicia de un cazador.

Sus ojos se habían vuelto de un profundo color carmín, dispuesto a dejarse llevar por instintos que él mismo no comprendía.

Sin embargo, algo le impidió clavar sus colmillos en la tersa piel de su cuello, y en un arrebato de conciencia la había dejado recostada apacible y delicadamente en el suelo de madera, observándola, se quito su abrigo y la cubrió con él.

Se alejo rápidamente y cuando estuvo a unos metros se dejo caer pesadamente sentado en la rama de aquel árbol, respirando agitadamente y con sus ojos escarlata profundamente turbados, brillando aun con la ansia y el desconsuelo de no haber dado por satisfecha su sed, sentía su garganta reseca y escocia terriblemente. Respiro profundamente en un intento vano por serenarse.

¿En qué estaba pensando?

Ella era su única pista y debía salvaguardarla como fuese. No quería perder su rastro ni el de sus planes tampoco, sólo por el sabor de su sangre, maldijo soltando un murmullo a la soledad de la noche.

Que él eligiera alguien así no podía ser coincidencia.


A unos kilómetros de allí, unos chicos iban en bicicleta, en uno de los caminos de tierra de la ciudad, un lugar olvidado y casi inhabitado cubierto por una vegetación escasa y unos cuanto árboles que perdían sus hojas teñidas de anaranjado rápidamente. El camino estaba húmedo por la lluvia del día anterior, pero a ellos no les importaba iban rápido, tan rápido como sus piernas podían pedalear, poco importándoles llenar sus caras de barro y fango y con brillantes sonrisas en sus rostros morenos.

Todo hubiera ido viento en popa de no ser por una diminuta roca que se atravesó en su camino y que hizo que la bicicleta de uno de ellos parara... tanta fue la velocidad que el conductor cayo en unos matorrales, que se encontraban en la ladera del camino, por suerte, el chiquillo no había sufrido ningún daño tal vez un chichón o dos y unos moretones. Sin embargo, al levanta el rostro, súbitamente palideció y soltó un alarido. Se alejo, por instinto, temblando y con una expresión de horror grabada en su rostro, intento levantarse y cayo, torpe y sin las fuerza suficiente en sus piernas.

—¿Qué pasa? —Pregunto el otro chico acercándose, preocupado. Sus ojos negros le miraban en busca de una respuesta.

—E-Eddie, M-Mira. —Susurro el otro tartamudeando y sin caber en si de la angustia, señalando con la mano temblorosa un lugar oscuro y al voltear el otro cayo en el mismo estado de terror.

Frente a ellos se encontraba el cuerpo rígido de una mujer, ella estaba pálida y us ojos azules abiertos y vidriosos, su rostro entero estaba desfigurado en una expresión de terror con sus cabellos rubios, parecido a delicados hilos de oro cayendo sobre su rostro. Unas extrañas marcas, parecidas a rasguños se encantaban por todo el cuerpo de la pobre mujer, apenas cubierta por un vestido blanco corto que no encajaba para nada con el frío de la temporada. Sus labios amoratados y su piel pálida, su cuello se encontraba desgarrado y su vestido se encontraba teñido de un color carmín, suponían ambos chicos que gracias a la sangre.

—T-tenemos que llamar a la policía. —Sentencio uno, el otro, aun inmóvil, asintió...

.

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… La policía llego en apenas unos minutos, interrogando a los muchachos que habían dicho que la habían encontrado al pasear en bicicleta y que era costumbre de ellos ir a ese lugar desolado todos los sábados. Aun aterrados y con los ojos llorosos, lo oficiales los escoltaron a sus casas, mientra que los forenses inspeccionaban la escena minuciosamente.

No había nada, ni huella digitales, ni piel, ni ningún rastro sobre el despiadado asesino.

Y lo más curioso, es que el cuerpo tenia las vena resecas, sin ni una gota de sangre.


Espero que les haya gustado y que de verdad, puedan perdonarme. No queria dejarlos asi, me decepcione a mi misma y a ustedes.

¿Merece un review?

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