CAPITULO 4: FUEGO
Toc… toc…
-¿Su majestad?- dijo Gerda- acaban de llegar dos visitantes, que dicen ser príncipes de Troms, y desean una audiencia con su majestad-
"Troms es el país que dijo mi padre en la carta…", pensó Elsa. La joven reina miró a Hans, algo preocupada. ¿Sería coincidencia?
-¿Qué sucede, Elsa?- preguntó Hans, alarmado, a ver la reacción de la reina.
-Sí, Gerda, hágalos pasar a la sala del trono, estaré ahí en un par de minutos- dijo Elsa, y se volvió a Hans en voz baja- no sé si esto sea coincidencia o no, pero me gustaría contarte algo…-
x-x-x
Anna y Kristoff habían tomado el barco más ligero y rápido para llegar a Arendelle. Por más que Kristoff insistió, Anna no quiso bajar a su camarote a descansar en ningún momento de la noche.
-Anna, estando despierta y preocupándote no va a hacer que el barco llegue más rápido- dijo Kristoff- tienes que descansar, así podremos ayudar mejor a Elsa-
Anna lo ignoró pon un momento.
-Anna- insistió Kristoff.
Anna lo miró, y Kristoff desistió. Estaba realmente preocupada. El rubio le sonrió y la abrazó.
-Tranquila, Anna- le dijo en voz baja- tu hermana es fuerte. Estoy seguro de que, si esas personas están en Arendelle, podrá defenderse y detenerlos-
-Espero que tengas razón- dijo Anna.
Kristoff la besó en la nariz, y sonrió. Miró hacia el horizonte y vio como el alba estaba rompiendo. El sol estaba a punto de salir. Y cuando sucediera eso, ya estarían llegando a Arendelle.
x-x-x
Los príncipes Ferdinand y Franz estaban esperando a la reina de Arendelle en la sala del trono, mirando a su alrededor. Kai entró casualmente, a colocar una bandeja con una tetera y varias tazas.
-¿Tardará mucho su majestad?- preguntó uno de los hermanos, Kai no supo cual de los dos era.
-No debe tardar mucho, sus altezas- dijo Kai- en un par de minutos se desocupará. Estaba discutiendo unos detalles con su prometido-
Los príncipes se miraron entre sí.
-¿Prometido?- siseó uno de los hermanos, y lo anterior no pasó desapercibido por Kai. El mayordomo se alejó discretamente, pero con la suficiente lentitud para escuchar la conversación.
-Esto no estaba en nuestros planes, Ferdinand- dijo uno de los príncipes.
-¿Qué haremos entonces?- preguntó el otro- él no nos dijo nada de esto…-
Kai no escuchó más voces. Cuando regresó, con el pretexto de poner un plato con galletitas en la bandeja del té, los príncipes ya no estaban en la sala del trono. Kai llamó a los guardias y los mandó buscar, aunque sabía bien que no los encontraría en el palacio.
x-x-x
Hans escuchó lo que Elsa le estaba contando con mucha atención y con creciente asombro.
-Entonces- dijo Hans una vez que Elsa terminó de contarle su historia- tienes, o tuviste un tío en ese país y otros dos primos con poderes parecidos a los tuyos. ¿Y querían usar sus poderes para el mal?-
Elsa asintió.
-Y por eso mi padre me escondió su existencia- dijo Elsa- y me escondió a mi. Quería evitar que su hermano se enterara de mis poderes-
-Que extraño- dijo Hans- antes de conocerte, jamás había escuchado de nadie, ni siquiera rumores, que tuviera poderes como tu-
Elsa se quedó pensativa.
-Yo… siempre supuse que había más gente como yo- dijo Elsa- esa noche que sin querer lastimé a Anna, mi padre parecía saber a donde llevarnos, y los trolls parecían conocer a otras personas con los mismos poderes que yo-
Elsa recordó las palabras de su padre cuando Anna estaba herida y fría. Yo sé a donde tenemos que ir, había dicho. Y había tomado un gran libro, había encontrado una página y un mapa casi inmediatamente. Miró el libro que tenía en sus manos, el mismo que Kai le había entregado el día anterior junto con la carta de su padre. Era el mismo. Sonrió.
-¿Se lo dirás a Anna?- preguntó Hans.
-No quisiera alarmarla- dijo Elsa, pensativa- pero tal vez sea buena idea que ella también lo sepa-
Hans iba a decir algo sobre si sería buena idea que Elsa recibiera a los príncipes, ahora que sabía todo eso, cuando las trompetas del palacio sonaron. Elsa y Hans levantaron la vista, sorprendidos.
-¿Qué sucede?- preguntó Elsa- es demasiado pronto para que Kristoff y Anna hayan regresado de Oeste, ¿no? Creí que se iban a quedar más tiempo-
Hans se encogió de hombros. Gerda entró nuevamente a la habitación y se inclinó.
-Su majestad, su alteza- dijo la mujer- han avisado del puerto que la princesa Anna y sir Kristoff han regresado de Oeste, sanos y salvos, y se dirigen aquí-
-Bien- dijo Elsa, poniéndose de pie- será mejor que vea a esos príncipes, para desocuparme pronto y poder charlar con Anna-
Hans iba a decir algo contra eso, pero Gerda habló primero.
-No será necesario, majestad- dijo Gerda- Kai me dijo que los príncipes se retiraron-
A Hans lo le dio buena espina aquello, mientras que Elsa solo se sorprendió.
-¿Se fueron? Que extraño…- dijo Elsa pensativa, y luego sonrió. Un problema menos que ocuparse, y así podría estar más tiempo con su hermana- Anna y Kristoff debieron haber salido de Oeste apenas algunas horas después que nosotros-
Al mismo tiempo, a Hans no le hizo mucha gracia aquello, ya que, a diferencia de Elsa, él sabía las normas de etiqueta de cuando visitas a un rey extranjero. Nunca, pero nunca, te retiras sin haberlo esperado. Ya le preguntaría a Kai que fue lo que pudo averiguar.
Hans se levantó y se metió al cambiador, vistiéndose lo más rápido que pudo.
-Vamos a ver a tu hermana- dijo Hans, ofreciéndole el brazo a la joven reina, quien sonrió y lo tomó- y a preguntarle porqué no se quedaron a disfrutar sus vacaciones…-
x-x-x
Una vez que el médico le volvió a cambiar el vendaje, Leo se retiró a su habitación. Se sentía muy extraña sin la sombra de Edvard siempre detrás de ella. Y sin sus poderes. Lo que más le preocupaba es lo que había hablado con el médico: el corazón de Edvard estaba débil, había muy pocas posibilidades de que sobreviviera. Eso la hacía sentir extremadamente culpable.
-Maldita sea…- dijo Leo, golpeando la almohada de coraje con su mano sana-¿cómo pude fallar? ¿porqué mi padre lo puso a cuidarme? No se habría lastimado si no…-
Toc… toc…
El sonido de la puerta interrumpió sus pensamientos.
-No quiero ver a nadie, déjenme sola- dijo la reina en voz alta.
-Disculpe, su majestad- dijo el ama de llaves detrás de la puerta- ¿desea que informe al príncipe Jorgen de lo ocurrido?-
-No, Ada- dijo Leo con firmeza- estoy bien, no hay razón para alarmarlo y no deseo que mi hermano interrumpa su viaje-
-Disculpe, su majestad- insistió el ama de llaves- enviaré una nueva guardia a su puerta, mientras que…-
-No, no quiero nada ni a nadie- interrumpió Leo, exasperada. Parpadeó- por favor, Ada, déjeme sola-
La reina escuchó los pasos del ama de llaves retirarse para por fin dejarla sola. Se dejó caer sobre la cama y comenzó a llorar. No se había sentido tan sola y débil desde la muerte de su padre.
Toc.. toc…
-¡Dije que me dejaran sola!- dijo la reina, molesta.
Ignorando su reclamo, la puerta se abrió, y el príncipe Georg apareció. La reina se incorporó y se limpió las lágrimas con el dorso de su mano derecha. Odiaba que la gente la viera llorar. Puso su mejor cara seria al ver al príncipe.
-Su alteza- dijo la reina solemnemente- el hermano de Hans, ¿verdad? Creo haber solicitado que me dejaran sola-
-No puede quedarse desprotegida, su majestad- dijo el príncipe con la misma seriedad- menos ahora que no… no tiene poderes para defenderse, y su fiel guardia está intentando recuperarse de sus heridas. Le ruego que me perdone, pero yo mandé poner un grupo de tres guardias fuera de su cuarto, bajo mi propia responsabilidad-
Leo frunció el entrecejo.
-Eso no es necesario, su alteza- dijo ella- yo puedo…-
-Por supuesto que lo es- la interrumpió Georg. Antes de que ella pudiera decir algo más, el príncipe cerró la puerta tras de sí y se sentó en una silla junto a la cama de la reina- permítame que le haga compañía por unos minutos. No creo que sea buena idea que esté sola-
La reina lo miró sentarse y frunció el entrecejo, visiblemente molesta.
-No lo he invitado a pasar ni a sentarse, su alteza- dijo Leo- y recuerde que le dije que quiero estar sola-
-¿Extraña sus poderes?- preguntó el príncipe pensativo, con su mejor cara de inocencia, ignorando el reclamo de la reina- supongo que en este momento desearía tenerlos para mandarme a volar lejos, o para lanzarme algo encima-
Leo estaba realmente empezando a irritarse.
-¡Por supuesto que ya los habría usado para agitarte en el aire y dejarte caer por atrevido!- dijo Leo, finalmente dejando a un lado toda cortesía. Y tenía razón. De haber tenido sus poderes, ni Georg ni los adornos de cristal de su habitación habrían salido ilesos.
Georg, sin embargo, se echó a reír ante la amenaza. El timbre de su risa tuvo un efecto casi tranquilizador en Leo, pero ella continuaba con su expresión molesta.
-Está mucho mejor así, ya me había aburrido tanta formalidad- dijo Georg- creo que es buena idea que nos hablemos así, Leo…-
-No, yo no te dejé hablarme así…- dijo Leo, sacudiendo la cabeza exasperada- es decir…-
Georg seguía riendo, y a Leo no le hacía ninguna gracia. La joven reina se levantó y, tomando al príncipe del cuello de la camisa, lo obligó a levantarse y lo empujó contra la pared de la habitación. Georg era mucho más fuerte que la reina, pero no protestó y se dejó empujar, sin dejar de sonreír.
-Bueno, veo que tenías ganas de hacer esto- dijo el príncipe.
-No tienes idea- dijo la reina, apretando con su mano sana el cuello de la camisa de él- ahora sal de aquí de inmediato antes de que te mande sacar por los mismos guardias que tú llamaste-
Leo lo soltó, y Georg se inclinó.
-Por supuesto- dijo el príncipe, y sonrió- por cierto, te ves linda, y eres más fuerte de lo que crees-
El príncipe guiñó un ojo, se inclinó y se retiró, dejando a la joven sonrojada y pensativa.
x-x-x
-¡Elsa!- exclamó Anna, arrojándose a los brazos de su hermana tan pronto la vio- ¡estás bien!-
Elsa la miró, confundida y alarmada. Ya no le desagradaban los abrazos de su hermana, pero su actitud la puso alerta.
-Anna, ¿qué sucedió?- preguntó mirando alternadamente a Anna y a Kristoff- ¿porqué estás así?¿y porqué volvieron tan pronto?-
-Elsa, teníamos que venir a avisarte lo que pasó, y a advertirte- dijo Anna, hablando muy rápido por lo nerviosa que estaba- después de la fiesta, Leo fue atacada por dos sujetos-
-¿Qué dices?- preguntó Elsa, junto con Hans, ambos alarmados de escuchar eso. ¿Cómo había sucedido algo así durante su ausencia, si todo parecía estar bien?
Anna asintió y, con ayuda de Kristoff, narraron lo que había sucedido después de la fiesta en el castillo de Oeste y lo que Leo les había contado que pasó.
-Finalmente, cuando Leo despertó, ya no podía usar sus poderes- concluyó Anna.
-Los tenía Edvard, como si le hubieran sido transferidos- añadió Kristoff- él hacía volar las cosas, y caían cuando se tranquilizaba-
Elsa estaba muy alarmada.
-¿Y dices que se presentaron como los príncipes de Troms?- preguntó Elsa, mirando a Hans de manera significativa.
-Sí- dijo Anna- ¡tienes que cuidarte de ellos, Elsa! Por ningún motivo te acerques a ellos-
-Ellos dos ya estuvieron aquí, hace apenas una o dos horas- dijo Hans- quisieron hablar con Elsa, pero se entretuvo y los príncipes se fueron. A Kai le pareció muy extraño-
-¿Qué dijo Kai?- preguntó Anna.
-Que se sorprendieron cuando escucharon que Elsa estaba comprometida- dijo Hans- que entre ellos murmuraron que eso no estaba previsto, y que unos minutos más tarde se fueron de la sala del trono sin decir nada, y sin que nadie se diera cuenta-
Anna miró a Elsa.
-Tienes que irte de aquí, a tu castillo en la montaña del norte- dijo Anna- no te deben encontrar…-
Elsa sacudió la cabeza.
-Eso no sirve de nada, Anna- dijo Elsa, pensativa- por lo que dijiste, Leo trató de huir de ellos sola. No, debe haber otra manera de mantenernos a salvo-
La princesa de Arendelle se quedó pensativa.
-Nadie se acerca a ti si no lo inspecciono yo primero- declaró Anna. Elsa sonrió y volvió a sacudir la cabeza.
-No, Anna- dijo Elsa- ellos podrían usarte para presionarme, como lo hicieron con…-
Anna dejó escapar una exclamación de exasperación que interrumpió a su hermana.
-Anna tiene razón, Elsa- dijo Hans, aunque le costó mucho trabajo decir eso- no debes acercarte a los príncipes si vienen a buscarte. Tal vez… Kristoff o yo podemos servir de pantalla entre ellos y tú, para evitar que se acerquen demasiado-
Elsa se quedó pensativa. No quería que Anna estuviera en peligro, pero tampoco Kristoff y mucho menos Hans. Tragó saliva. No le gustaba la idea de que los demás se arriesgaran por ella.
-Cerremos las puertas del palacio- dijo Anna- solo mientras planeamos algo- añadió al ver la cara de sufrimiento de su hermana. Ésta asintió.
-Está bien- dijo Elsa.
x-x-x
-No dijiste nada de que la reina de Arendelle estuviera comprometida- dijo uno de los príncipes, irritado- quiero una explicación, Weaseltown…-
El duque de Weselton ni siquiera se molestó en corregir al príncipe por haber pronunciado mal su nombre. Estaba muerto de miedo desde que los dos príncipes lo habían "rescatado" de la prisión de Oeste, y lo llevaban con ellos para sacarle información sobre Leo y ahora sobre Elsa.
-Yo… yo no lo sabía nada de eso, su alteza- dijo el duque-le juro que no lo sabía. La reina Elsa siempre ha sido muy reservada y se rumoraba que nadie nunca podría acercarse a ella…-
-Tú dijiste que la llave de la reina Elsa es la princesa Anna- dijo el otro príncipe- que la reina Elsa haría lo que fuera para mantener a su hermana a salvo. Incluso sacrificar a su nación…-
-Seguramente lo es, porque por ella descongeló el invierno en esa ocasión. Yo mismo he sido testigo del apego que tienen las dos hermanas- dijo Weselton, temblando de miedo- por favor, sus altezas, no me hagan daño…-
-Probablemente tenga razón, pero ahora no podemos estar seguros gracias a esta nueva información- dijo Franz a su hermano, ignorando a Weselton- tenemos que saber si la reina Elsa reaccionará más a ese Hans o a Anna-
-¿Hans?- dijo Weselton de pronto, dejando de lloriquear- ¿la reina de Arendelle está comprometida con el príncipe Hans de las Islas del Sur?-
Los príncipes lo miraron, y sonrieron maliciosamente.
-Dinos todo lo que sepas de él, de ese Hans de las Islas del Sur- dijo Franz- y no omitas nada, si sabes lo que te conviene…-
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Hans miraba a Elsa durante la cena. No se explicaba como la joven reina estuviera tan tranquila, sobre todo después de escuchar lo que Anna le había contado. Si bien no conocía muy bien a la reina de Oeste, después de la última aventura en la que ella le había ayudado a rescatar a Elsa le había tomado cierto aprecio. Seguramente no le estaría haciendo nada de gracia haber perdido sus poderes, menos haberlos transmitido a su guardia que estaba al borde de la muerte.
Hans se puso a pensar que pasaría si Elsa perdiera sus poderes igual que Leo. Claro que en un principio la reina de las nieves creía que su don era más bien una maldición, pero Hans estaba seguro de que ya no era el caso. Los poderes de hielo y nieve eran parte de Elsa. Eran parte de lo que ella era. Y no tenerlos… tal vez no tendría que preocuparse por controlar sus emociones, pero no sería la misma Elsa, ¿o si?
¿Y que pasaría si sus poderes se transfirieran a alguien? ¿A Anna? ¿A él? Elsa se sentiría extremadamente culpable por ello.
-¿Hans?- preguntó Elsa, interrumpiendo de pronto los pensamientos de Hans- ¿te sientes bien?-
-Por supuesto- dijo el príncipe rápidamente, sonriéndole- estaba pensando en lo que Anna nos contó, eso es todo-
Elsa sonrió y tomó su mano.
-No te preocupes, todo se va a solucionar- dijo Elsa con una leve sonrisa.
Hans suspiró. Eso esperaba.
x-x-x
Kristoff estaba en los establos, alimentando a Sven, cuando Anna fue a alcanzarlo.
-¿Anna?- dijo el rubio- ¿qué haces aquí? Creía que estarías con Elsa…-
-Hans está con Elsa, y al menos así ya sé que está a salvo- dijo Anna. Kristoff dejó escapar una exclamación de fastidio, y Anna sonrió. Tomó una zanahoria y se la dio a Sven, para empezar a acariciar su cabeza.
-¿Estás bien?- preguntó el rubio.
-Estoy preocupada, Kristoff- dijo Anna- no se me ocurre que podamos hacer para defendernos de esos dos príncipes, si son tan poderosos como dijo Leo-
-Tan poderosos como Elsa, no lo olvides- dijo Kristoff- ella está tranquila, se podrá defender. Y ese… Hans, aunque no me agrade para nada, estará ahí para protegerla-
Anna sonrió. Sabía lo difícil que era para Kristoff decir algo bueno de Hans, así que se puso de puntillas y besó la mejilla del rubio. Éste sonrió, la tomó de la cintura para acercarla a sí mismo, y la besó.
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Leo salió de su habitación una vez que habían pasado un par de días del incidente. No quería que llamaran a su hermano de su luna de miel porque ella no salía a tomar nuevamente las riendas de su reino. Después de anunciar a madame Hilda que ese día se reuniría con el parlamento, bajó a desayunar.
-Buenos días, su majestad- dijo el ama de llaves al verla bajar al comedor.
-Buenos días, Ada- dijo la reina con un suspiro, tomando asiento.
-¿Desea su majestad esperar a su invitado?- preguntó Ada. Leo lo miró interrogante- el príncipe Georg de las Islas del Sur, su majestad. Todos los días, desde la boda de su alteza el príncipe, viene a desayunar aquí. Esperando a que usted aparezca, si me permite decirlo- añadió.
Leo puso los ojos en blanco.
-¿Aún sigue aquí?- preguntó, y Ada asintió- ¿porqué no se ha ido, como el resto de los invitados?-
No se dijo más, porque en ese momento el príncipe entró al comedor.
-Buenos días, su majestad- dijo el príncipe con una sonrisa- me da gusto volver a verla aquí. Le ruego me disculpe por abusar de su hospitalidad-
Leo no le respondió, solo lo miraba con curiosidad. El ama de llaves dejó el desayuno de ambos y se retiró.
-¿Qué haces aún aquí?- quiso saber la reina- ¿no tienes asuntos que atender en tu país?-
-Tal vez- dijo despreocupadamente Georg- es solo que no hay prisa por atenderlos. Creí que te vendría bien un poco de compañía, ya sabes, por si necesitabas hablar con alguien…-
Leo no sabía mucho de hombres, pero sí de príncipes que iban a su castillo a pedir su mano con la sola ambición de convertirse en reyes. Hans, el hermano de Georg, era el ejemplo perfecto. Desde aquel incidente, Leo siempre estaba a la defensiva cuando algún príncipe se acercaba a ella de alguna manera. Suspiró.
-En realidad, ¿porqué sigues aquí?- insistió Leo.
-No lo sé- dijo Georg sinceramente, encogiéndose de hombros- desde que llegué me he sentido atraído por… por ti- se aclaró la garganta- y después de lo que pasó, quise quedarme para ver si podía ser de alguna ayuda-
Ella lo miró. Recordaba que antes de que Eugene y Rapunzel volvieran a su país, el príncipe de Corona le había contado que Georg le había expresado su preocupación porque Leo había desaparecido precipitadamente de la fiesta y nadie la había visto, lo que derivó a su búsqueda.
-Supe que te diste cuenta que desaparecí, y que si no hubiera sido por ti, no nos habrían encontrado tan pronto- dijo Leo, y Georg se encogió de hombros- gracias. Y gracias por tus palabras….-
-¿Pero…?- comenzó el príncipe, alzando las cejas, aunque ya adivinaba que era lo que la reina iba a decirle.
-Pero no deberías albergar ninguna esperanza conmigo- dijo Leo con una sonrisa triste, a manera de disculpa- todo el mundo sabe que yo elegí quedarme sola-
Georg asintió.
-Por tus poderes, que ya no tienes- dijo el príncipe- y porque temes que solo quieran estar contigo por tu corona, que ese no es el caso. Eso lo puedo entender-
Leo lo miró sin responder.
-No pido que me aceptes, Leo. Solo pido que me des una oportunidad, de conocerte y de que me conozcas- dijo Georg, y Leo alzó una ceja- de quedarme… un tiempo, nada más- sonrió encantadoramente, como solo los príncipes de las Islas del Sur saben sonreír- no daré problemas, y tú no pierdes nada por dejarme-
La reina lo evaluó con la mirada, y tras unos segundos suspiró.
-Esta bien, si eso deseas- dijo Leo- pero no te recomiendo que esperes nada de mi-
Georg sonrió ampliamente. Para él, eso era más que suficiente. Por ahora.
x-x-x
-Deseamos una audiencia con la reina Elsa-
Kai miró alarmado a los dos príncipes que acababan de volver. Al mayordomo no le hacía mucha gracia verlos de nuevo, sobre todo por su extraña actitud, y porque él también estaba al tanto de lo que Anna les contó que sucedió en Oeste. Kai tenía un cariño paternal por Elsa y Anna, y no los quería ni siquiera en la misma ciudad, menos en el mismo palacio.
-Iré a informarle de inmediato, altezas- dijo Kai, inclinándose.
Hans fue el primero en enterarse de la presencia de los príncipes, y no le hizo ninguna gracia que estuvieran ahí. Le pidió a Kai que entretuviera a Elsa en su habitación mientras él averiguaba que estaban tramando esos dos.
-Buenos días- dijo el príncipe de las Islas del Sur, entrando a la sala del trono, donde Elsa iba a recibirlos- les ruego que disculpen a la reina Elsa, está detenida con un par de pendientes, pero estará aquí en cuanto se desocupe de sus asuntos-
Los príncipes lo miraron.
-¿Príncipe Hans?- dijo uno de los príncipes, el que estaba vestido con un traje azul. Hans asintió- hemos escuchado hablar mucho de usted-
-Debe ser muy afortunado en estar a punto de casarse con la famosa reina de las nieves- dijo el otro de los príncipes- y estar a un paso de convertirse en rey-
Hans hizo una mueca.
-Realmente Elsa prefiere que la llamen por su nombre- dijo Hans, algo molesto- y en cuanto a lo otro, estoy ansioso de pasar el resto de mi vida con ella, nada más. El resto no es de su incumbencia-
Los príncipes sonrieron maliciosamente.
-Que lástima que no podrá ser así- dijo el primer príncipe que había hablado. Hans frunció el entrecejo.
-¿Disculpa?- dijo Hans, olvidando toda cortesía.
-Lo que oíste, Hans- dijo el primer príncipe- estás equivocado, Elsa no se casará contigo, ni pasarás el resto de tu vida con ella. Tal vez, si cooperas, la podrías pasar en un calabozo en tu propio país…-
Hans se quedó helado ante aquella amenaza. Los príncipes habían llegado haciendo alarde de su cortesía, y comenzaron a comportarse de esa manera agresiva. Después de unos segundos Hans reaccionó, y sacó su espada.
-Eso lo veremos- dijo Hans, espada en mano- no dejaré que ninguno de ustedes dos se acerque a Elsa. Ni siquiera son dignos de mirarla-
El primer príncipe se echó a reír.
-No, Hans, te equivocas- dijo el segundo príncipe y, acto seguido, creó una bola de fuego entre sus manos- tú no eres digno de ella, ni de nosotros-
Mientras su hermano hablaba, el primer príncipe creó un par de relámpagos entre sus manos.
-Prepárate a morir entonces, Hans- dijo el primer príncipe.
-Ya veremos- dijo Hans, empuñando la espada con ambas manos, sin una pizca de miedo en su voz.
Los hermanos lanzaron sus poderes contra Hans, quien los rechazó con un golpe de su espada. Lo hicieron una segunda vez, pero en esta ocasión sus ataques no llegaron a Hans. Una pared de hielo se interpuso entre ambos contrincantes. No pasó mucho tiempo cuando Elsa entró a la sala y se puso de pie junto a Hans, mientras la pared de hielo que los dividía se derritió lentamente por órdenes no dichas de la reina de las nieves.
-Elsa, no deberías…- comenzó Hans, sorprendido y angustiado de que Elsa estuviera en la misma sala que esos dos.
-Shh, va a estar bien- susurró Elsa, sonriendo y tomando la mano de Hans de manera tranquilizadora.
Hans sonrió y la miró. Se veía hermosa, y sobre todo con ese vestido morado que no había visto antes. A Hans le gustaba su vestido de hielo, pero ese la hacía verse un poco más cálida. A pesar de su sonrisa tranquila hacia él, sus ojos azules estaban brillando de furia. Hans sabía que Elsa no iba a permitir que esos dos llevaran a cabo sus planes.
-Su majestad- dijeron los príncipes, recuperando la seriedad e inclinándose ante ella- le ruego nos disculpe por este pequeño… inconveniente. Estábamos muy ansiosos por conocerla…-
-Ojalá yo pudiera decir lo mismo- dijo Elsa- he escuchado hablar mucho sobre ustedes últimamente. Atacaron a la reina Leo de Oeste. Y ahora se atreven a atacar a Hans, mi prometido, en mi propio palacio-
-Le pedimos disculpas, su majestad- dijo el primer príncipe, e inmediatamente desechó el reclamo de Elsa para presentarse con otra inclinación- mi nombre es Franz, y él es mi hermano Ferdinand, el heredero al trono de Troms. Deseamos hacer una alianza con su majestad-
Antes de que pudieran responder, Anna y Kristoff entraron.
-¡Elsa, no!- gritó Anna. Elsa cerró los ojos y, con un movimiento de su mano, empujó suavemente a los dos con una brisa fría, obligándolos a salir. Una vez que estuvieron fuera, el viento cerró la puerta y Elsa la congeló para impedir que Kristoff o su hermana la abrieran- ¡Elsa, abre la puerta! ¡Elsa!-
Elsa sacudió la cabeza, ante los gritos ahogados de su hermana detrás de la puerta, y volvió la vista a los príncipes.
-No haré ninguna alianza con ustedes- dijo Elsa, volviéndose hacia ellos- mi padre me advirtió sobre ustedes, su padre y su país. Y después de lo que hicieron con Leo…-
-Debería tomar lo que le sucedió a la reina de Oeste como una advertencia, su majestad, sobre lo que sucede a quienes no nos obedecen- dijo Ferdinand, interrumpiendo a la joven reina y mostrándole una bola de fuego- a estas alturas ya debería saber que tenemos métodos para… persuadirla-
-Lo dudo mucho- dijo Elsa, produciendo copos de nieve con sus manos.
-Vaya, su poder es realmente hermoso, reina Elsa- dijo Ferdinand, asombrado. Franz puso los ojos en blanco.
-Vamos, hazlo- le dijo Franz a su hermano.
Ferdinand sonrió y lanzó una bola de fuego contra Elsa, que chocó con una bola de nieve que lanzó ella, y se volvió agua. Franz decidió atacar también, creando un gran relámpago entre sus dos manos, y mirando fijamente a la reina de las nieves.
Cuando se dio cuenta de lo que iban a hacer, Elsa empujó a Hans hacia un lado, haciéndolo caer sobre uno de los tronos, con sus pies colgando de uno de los descansabrazos, y dio una patada al suelo, congelándolo por completo. La joven reina esperó a que Franz soltara su descarga eléctrica y, cuando lo hizo, ella lo bloqueó con una pared de hielo y brincó sobre el otro trono para quitar sus pies del suelo congelado. El hielo en la pared recién formada y en el suelo de la habitación condujo la electricidad del relámpago, que se volvió contra Ferdinand y Franz. Los dos príncipes cayeron al suelo, gimiendo de dolor. Elsa y Hans, sobre los tronos de madera, resultaron ilesos.
Hans miró sorprendido a Elsa. La joven había usado sus poderes y los de su enemigo a su favor con tanta facilidad. Sonrió orgulloso de ella.
-Ahora les ordeno que se retiren de mi palacio y de Arendelle- dijo Elsa, mirándolos sin inmutarse- y que no regresen jamás-
Con un movimiento de sus manos, Elsa hizo congelar en grandes cubos de hielo las manos de los dos príncipes. Ambos se levantaron dificultosamente.
-Esto no se ha acabado aún, reina Elsa- dijo Franz, señalándola furioso- volveremos por ti y por tus poderes…-
Dicho esto, los dos príncipes se dirigieron a la puerta. Elsa sonrió y se volvió a Hans. No se dio cuenta que Ferdinand, antes de salir, creó una nueva bola de fuego, y la lanzó directamente hacia ella. Hans sí se dio cuenta, y la apartó del camino, siendo golpeado él y cayendo al suelo congelado.
-¡Hans!- gritó Elsa, bajándose de la mesa y corriendo al lado del príncipe, mientras los dos visitantes desaparecían. La puerta congelada se abrió. Anna le había ordenado a Kristoff abrirla por la fuerza, y ambos entraron alarmados.
-¡Elsa!- exclamó Anna- ¿qué sucedió?-
-Ya se fueron- dijo Elsa, alarmada, de rodillas junto al príncipe- pero atacaron a Hans-
Hans estaba en el suelo, con las manos sobre el pecho, con una expresión de dolor en el rostro. Segundos después, al parecer el dolor pasó, y se incorporó. No parecía tener ninguna herida.
-Estoy bien- dijo Hans, mostrándoles su pecho, hasta cierto punto sorprendido- estoy bien, ni siquiera me quemó-
Elsa respiró más tranquila, pero Kristoff lo miró con curiosidad. Aquello le parecía extrañamente familiar, pero nadie más pareció notarlo.
-Bueno, ya se fueron y estamos bien- dijo Elsa, aliviada- esperemos que no tengamos que verlos de nuevo-
x-x-x
Esa noche, Anna y Kristoff estaban charlando de lo que acababa de ocurrir. A ninguno de los dos le hizo mucha gracia que los dos príncipes de Troms fueran a amenazar a Elsa. Quizá sería buena idea escribirle a Leo y preguntarle si recordaba algún otro detalle de su ataque. También querría saber si Elsa estaba a salvo. Anna tomó papel y pluma, y comenzó a escribir.
Querida Leo:
Quizá te parezca raro que sea yo quien te escriba, pero debo confesarte que estoy preocupada por Elsa. El día de hoy vinieron esos dos príncipes y trataron de atacar a mi hermana, pero Elsa les dio su merecido, en parte gracias a tu advertencia. Aún así, dudo que sea lo ultimo que escuchemos de ellos, me siento intranquila, y quisiera saber si recuerdas alguna otra cosa importante que pueda ayudar a mi hermana.
Anna levantó la vista, pensativa. Kristoff le iba a decir algo, cuando fueron interrumpidos por un desgarrador grito masculino de dolor, proveniente de la habitación de Hans.
"Oh, no", pensó Anna "¿ellos otra vez?".
Anna y Kristoff corrieron a la habitación de Hans y abrieron la puerta de golpe. El joven príncipe se encontraba ovillado en su cama, apretándose el pecho con dolor con ambas manos. Unos segundos después de que llegaron, también entró Elsa.
-¿Qué sucede?- preguntó la reina, alarmada.
-Oh, no- exclamó Kristoff al ver a Hans.
-¿Qué pasa?- preguntó Anna.
Kristoff señaló el cabello de Hans. Si bien Hans era pelirrojo, uno de sus mechones de cabello se volvió de un tono de rojo muy brillante. Los tres lo miraron alarmados.
-¿Que es?- dijo Hans, haciendo una mueca de dolor- ¿qué está pasando? ¿Porqué me miran así?-
-Hans, tu cabello está cambiando de color- dijo Anna.
Los presentes se miraron entre sí. Ya sabían que significaba eso.
-Ese ataque de fuego te dio en el corazón- dijo Kristoff en voz alta lo que todos estaban pensando- igual que lo que sucedió con Anna la otra vez, cuando Elsa la golpeó accidentalmente con sus poderes de hielo…-
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Hola! Por Dios que espero que conforme vayan leyendo esto no quieran matarme o algo así, o tendré que construirme una trinchera. Espero que lo disfruten y nos seguimos leyendo.
Abby L.
