La historia original es de Nancy Warren y se llama A media voz, y yo solo la uso para entretenimiento de todas nosotras imaginando a los personajes de Sailor Moon que son propiedad de Naoko Takeuchi en esta historia
Capítulo 3
—Oh, Dios mío. Lo siento. Te he hecho daño.
Darien la sostuvo en sus brazos, maldiciéndose a sí mismo por ser tan torpe.
Sabía que Serena no había estado con ningún hombre durante mucho tiempo. Debería haberla tomado más despacio, haber dejado que se adaptara a él.
—No —sollozó ella—. No… —pero su voz se perdió entre los sollozos.
Entonces, Darien sintió pánico. ¿Le habría hecho daño, realmente?
— ¿Quieres que llame a alguien?
—No —ella sacudió la cabeza, y su pelo le rozó a Darien la barbilla—. Estoy bien. Es sólo que ha sido muy bonito.
—No quería ser tan bruto. Te lo juro.
Ella respondió con una risita nerviosa.
—No he dicho bruto. He dicho bonito.
Él tardó un minuto en darse cuenta, asombrado, de que estaba llorando de felicidad. Entonces dejó escapar un suspiro y se relajó contra ella, sintiendo el cosquilleo húmedo de una lágrima en el pecho. Le besó la cabeza, le acarició la espalda y la dejó llorar.
A él no le apetecía llorar. Le apetecía dar una voltereta y después otra. Ni siquiera había empezado a explorar todas las cosas que quería hacer en la cama con Serena. Aunque, cuando lo pensaba, con sólo abrazarla, desnuda y confiando en él de aquella manera, le bastaba.
—Te estoy mojando —suspiró ella—. No sé lo que me pasa, yo nunca lloro. Sólo que… nunca había pensado que pudiera ser así.
Él notó que se le hinchaba el pecho de orgullo. Le había dado algo especial. Quizá todo el tiempo que había tenido que esperar hiciera de aquello algo más especial de lo normal, porque él nunca había experimentado nada como aquello, tampoco.
—Todavía no has visto nada —le prometió él—. Dame otro minuto y verás.
Ella rió y se secó las mejillas con las manos. Después empezó a acariciarle el pecho con los dedos, con un ritmo suave que a él le pareció calmante y asombrosamente sexy. Tenía las manos pequeñas, pero muy hábiles.
Darien suspiró de satisfacción. Si, finalmente, tenían una vida, juntos, él podría tumbarse durante horas, con la cabeza de Serena sobre su hombro mientras ella le acariciaba el torso desnudo.
—Nunca había hecho nada como esto —dijo ella, suavemente.
— ¿Por qué no?
Ella pensó un momento en la pregunta, mientras continuaba acariciándole el vello del pecho.
—Supongo que me tomo la vida con demasiada seriedad. Nunca pierdo el tiempo… haciendo el tonto.
Era difícil mantener una conversación seria cuando él estaba obligado a susurrar todo el tiempo. Aquello ocultaba su identidad, era cierto, pero también le estaba irritando la garganta. Sin embargo, quizá ella escuchara a aquel extraño, aunque nunca se le hubiera ocurrido escuchar a su buen amigo Darien.
—Cada vida es un camino que hay que seguir —susurró—. Tienes que asegurarte de que tu camino es el que tú misma quieres.
—Guau, qué profundo. ¿Se te ha ocurrido a ti?
Él le tomó el lóbulo de la oreja con los dientes y se lo mordió suavemente, sólo para demostrarle que no iba a estar filosofando todo el rato.
—Piénsalo. Párate alguna vez a oler las magnolias.
— ¿Cuenta esta noche como una de esas paradas a oler las magnolias?
Su voz era tan juguetona y sensual como la fragancia que estaba describiendo.
—Oh, podría —convino él.
Le acarició con un dedo un lado del cuello, y sintió cómo ella se estremecía.
—Prepárate para oler las flores otra vez, para sentir la tierra temblar, oír los coros de los ángeles, ver…
Serena lo cortó besándolo en la boca con tanto entusiasmo que fue él el que empezó a oír los coros de los ángeles. Entonces ella levantó la cabeza.
—No sabía que los dioses del mar fueran tan fanfarrones. Nosotras, las sirenas, también tenemos nuestros propios trucos ¿lo sabías?
Lo siguiente que sintió fue que ella se colocaba a horcajadas sobre él, consiguiendo que pensara que era cierto que tenía algún truco mágico. Porque, asombrosamente, estaba más excitado que la primera vez, e igual de entusiasmado.
Ella lo estaba acariciando por todas partes, examinando su cuerpo, deteniéndose en cada rincón, conociéndolo. Cada roce era una caricia, y cada caricia le encendía la sangre.
Todavía tenía la sensación de que le había hecho daño antes, por su falta de control, así que se obligó a sí mismo a quedarse tumbado todo el tiempo posible mientras la mujer de sus sueños lo atormentaba. La abertura suave y dulce, por la que él deseaba penetrarla con todas sus fuerzas, rozaba la longitud de su miembro arriba y abajo, como sin querer, mientras ella le lamía el cuello.
Él empezó a levantar las caderas, pero ella se apartaba cada vez que él lo intentaba, acariciándole los costados y mordisqueándole los pezones. ¿Sabía hasta qué punto lo estaba afectando? Él estaba seguro de que sí lo sabía.
—Bruja sin corazón —le dijo entre jadeos.
—Dios egocéntrico del océano.
Al final, compadeciéndose, se levantó sobre él lentamente.
—Las sirenas mandan —lo informó mientras descendía con suavidad, dejando que él entrara en su cuerpo.
Entonces empezó a moverse y Darien sintió que su mente se abandonaba a las sensaciones exquisitas que aquello le producía. Ella estableció el ritmo, al principio lento, y después cada vez más rápido, cuando empezó a perder el control. Sólo con oír los sonidos de desesperación que le salían de la garganta, él notaba que estaba llegando al límite. Ella se movía cada vez más rápido, hasta que sus suaves jadeos se convirtieron en un sollozo y sus músculos húmedos se contrajeron alrededor del cuerpo de Darien, estremeciéndose.
Ni siquiera el mismo rey Neptuno pudo aguantar aquella clase de presión. Con un gruñido de agradecimiento, se dejó llevar…
XOXOXO
Serena se despertó lentamente, con una sonrisa en los labios.
Magnolias. Olía a magnolias.
Se estiró lánguidamente, intentando seguir con el sueño. Había sido un sueño maravilloso. Entonces dio un respingo y se obligó a abrir los ojos.
No había sido un sueño.
Había estado toda la noche haciendo el amor con un completo extraño.
Tiró de la sábana hasta cubrirse la barbilla y volvió la cara lentamente para mirar a la almohada. Sin embargo, estaba vacía. No había ni rastro del hombre misterioso que la había llevado a la luna. En la almohada sólo había una magnolia.
Sonrió al ver la flor como si le estuviera sonriendo a su amante. La tomó y aspiró su aroma. Sabía que desde aquel momento en adelante, el olor de aquella flor le recordaría lo que había pasado aquella noche.
Pero la sonrisa soñadora que tenía en los labios se desvaneció cuando miró el despertador. No sólo se había quedado dormida, sino que además, sobre la mesilla de noche había dos billetes de cincuenta dólares y otro de veinte.
Durante un segundo, sintió ira. ¿Se habría creído Neptuno que ella era una prostituta?
Entonces recordó que el hombre le había «comprado» la ropa interior por cien dólares, después de que le hubiese puesto los veinte en la cinturilla de las braguitas. Ella también había jugado, pero creyendo que él estaba de broma.
Saltó de la cama y se puso a buscar las bragas, pero no estaban. No eran nada especial, una prenda de algodón, así que el único valor que su amante misterioso podría darle sería como recuerdo.
Se tapó la cara con las manos y gruñó:
—Con mi suerte, seguro que terminarán en Internet.
Pero, por alguna razón, estaba segura de que no sería así. No podía decir por qué, pero confiaba en su amante desconocido. Esperaba que las braguitas terminaran en la basura, una vez que ya había terminado la diversión.
Se metió en la ducha y dejó que el agua caliente le aporreara los músculos, algunos de los cuales le dolían de no haberlos usado durante mucho tiempo. Aquel desconocido le había dado una noche que nunca olvidaría. Se había sentido tan libre, tan desenfrenada, Dios, incluso había lloriqueado en su pecho… Y ni siquiera sabía de dónde había salido.
Había sido perfecto. El sexo, el hombre, la ciudad. Le parecía casi el mejor momento de su vida, y saber que nunca volvería a repetirse casi la hizo llorar.
Mmm. Pero no por mucho tiempo. ¿Estaría él pensando en ella aquella mañana? ¿Preguntándose cuál era su identidad, exactamente igual que ella se preguntaba la de él?
Salió de la ducha y, mientras se secaba, se quedó observando su imagen en el espejo.
¿Y si él averiguaba quién era ella?
No era muy difícil. Sabía su número de habitación, y la máscara de sirena no la había escondido tanto a ella como la de Neptuno a él. Para ser una mujer que anteponía su carrera profesional a todo, acababa de poner en peligro cualquier esperanza de convertirse en socia. Dependiendo de con quién se hubiera acostado, y de lo grande que tuviera la boca y el ego, era posible que hubiera puesto en peligro toda su carrera.
Le temblaron las piernas, así que se sentó en el taburete del baño y se envolvió en la toalla.
De nuevo, tuvo la sensación de que confiaba en él. Dejó escapar un suspiro. Si tenía mucha, mucha suerte, aquello habría terminado ya. Él se había divertido, y ella también.
Así que continuarían con sus vidas. Ella se había curado la obsesión y nunca más en la vida haría algo tan estúpido. Ni siquiera volvería a pensar en él.
Se levantó y limpió un círculo en el espejo para poder mirarse. Sin piedad, empezó a cepillarse el pelo.
Se miró los ojos en el reflejo del espejo. A pesar de todo, tenían una mirada satisfecha. ¿Volvería a encontrárselo alguna vez? ¿Y si lo hacía, sabría quién era? ¿Funcionaría su intuición de mujer y la alertaría? ¿Miraría a los ojos a un extraño, alguna vez, o quizá oiría su voz y sabría que era él?
« ¡Aggg!», se gritó a sí misma, blandiendo el cepillo contra su imagen. « ¡Olvídalo ya!», se gritó.
XOXOXO
Cuando sonó el teléfono de su escritorio, Serena miró automáticamente la hora y anotó la interrupción en su horario.
—Serena Tsukino.
Sonrió al decir su nombre. Era un pequeño truco para intentar disimular la irritación que le producía que la interrumpieran, para que el cliente no se lo notara en la voz.
No era un cliente. Era Darien. Dejó de sonreír.
—Necesito que me ayudes en un caso de divorcio —le dijo.
Ella gruñó y puso mala cara.
—Sabes que odio…
—Todo el mundo odia los divorcios. Normalmente yo tampoco los acepto, pero en este caso, es la hija de un cliente de los más importantes, así que no queda más remedio.
— ¿Y por qué es eso problema mío? —él debería saber que estaba completamente cargada de trabajo.
—Vamos a representar a una mujer a la que su marido ha acusado, falsamente, de adulterio —la exasperación había desaparecido y su voz se había vuelto burlona—. Y tú, tal y como te gusta recordarme a menudo, eres feminista.
Ella no pudo reprimir una risa despectiva al oír su truco descarado.
—Oh, eres una comadreja. No me vas a convencer de que lo haga.
—Podría recordarte que soy socio de este bufete, y no estoy acostumbrado a que se refieran a mí como a una alimaña.
—Entonces serías más comadreja aún.
Ella se recostó en el respaldo de la silla y se imaginó a Darien haciendo lo mismo. Seguramente, se había quitado la chaqueta, se había remangado la camisa y se había aflojado la corbata. Estaría mirando por el ventanal, contemplando la vista que ofrecía el lago.
Ella podría disfrutar de la misma vista cuando se convirtiera en socia, y también podría empezar a delegar trabajo.
—De verdad, necesito que me ayudes en este caso, porque eres la mejor —le dijo él.
Oh, sí. Estaba usando todos los medios posibles.
—No me vas a camelar, Darien.
Se imaginó su sonrisa perezosa mientras intentaba cargarle sobre los hombros aquel caso que él no quería, sabiendo, como él, que finalmente lo haría, y lo haría muy bien. Pero no tenía que tener tanta cortesía con un viejo amigo como Darien. Y tampoco tenía que dejarle saber que estaba deseando trabajar con él, aunque fuera un caso de divorcio. Habían estado tan ocupados desde que habían vuelto a Chicago, una semana antes, que no habían tenido tiempo de verse.
Él se rió, suavemente.
—De verdad, te aseguro que te va a interesar. Te lo explicaré cuando nos veamos. ¿Te parece bien a las tres?
¿De verdad pensaba que se iba a salir con la suya tan fácilmente?
—Y si yo accediera a descargarte un poco de trabajo aceptando este molesto caso, ¿cuál sería la recompensa?
Oyó un suspiro de sufrimiento desde el otro lado de la línea, y supo que lo tenía donde quería.
—Dime tu precio.
Pensó en una cena en el Charlie Trotter's, unas entradas de primera para los Bulls, un estupendo par de zapatos… pero era una mujer práctica.
—El grifo de mi cocina gotea.
— ¿Quieres que contrate a un fontanero?
—Quiero que tú arregles el grifo. Puedes pasar por mi piso en cualquier momento. Tienes la llave.
—Nunca debí contarte que mi padre era fontanero —gruñó él, pero no la engañó. Serena sabía que le encantaba hacer aquellas cosas. Y ella no tenía tiempo de buscar a un extraño en la guía telefónica.
— ¿Trato hecho?
— ¿Cuánto gotea? Si es mucho, deberías…
—Es un goteo lento, y tengo un cubo debajo del fregadero. El trabajito puede esperar.
—Muy bien. Intentaré hacerlo esta semana. Trato hecho. Te veré a las tres.
Serena sonrió al darse cuenta de que había estado al teléfono tres minutos. Darien podría haberle dicho, simplemente, que tenía que ayudarlo en aquel caso. Estaba en su derecho, puesto que era un socio. Sin embargo, lo había hecho de una forma divertida, y había accedido a arreglarle el grifo.
Era un buen amigo.
XOXOXO
Serena se puso la chaqueta del traje y fue hacia el despacho de Darien a las tres, intentando no fruncir mucho el ceño.
Era hija de padres separados, así que odiaba los casos de divorcio. Esperaba que la pareja no tuviera niños.
Mientras caminaba, iba pensando en lo mucho que le gustaba ser soltera. No tenía que preocuparse de que su matrimonio acabara en divorcio, y tampoco tenía otro tipo de problemas.
Sonrió automáticamente a un analista que se aproximaba por el pasillo, mientras continuaba absorta en sus pensamientos.
— ¿Estás bien, Serena?
— ¿Mmm? Oh, sí, gracias. Sólo me he tropezado… —intentó disculparse, y miró a la moqueta, en la que no había absolutamente nada con lo que tropezarse.
Había transcurrido una semana desde su encuentro con el amante desconocido, pero en vez de curarse de su obsesión, la pasión se había intensificado.
Sabía que nunca lo vería de nuevo. Frase ridícula. Ni siquiera lo había visto la primera vez. Sólo había tenido sensaciones en la sombra. Calor y deseo, fundidos en uno. Allí donde la había tocado, el calor se había extendido en ondas por su cuerpo, hasta que el cuerpo había empezado a dolerle.
Nunca sentiría de nuevo su cuerpo fuerte moviéndose dentro de ella, ni lo oiría susurrándole sugerencias eróticas al oído, y le causaba terror saber que nunca volvería a sentir la pasión que había sentido.
Pero Serena no había llegado tan lejos sin disciplina. Superaría aquella locura, aunque fuera la última cosa que hiciera.
Agarró con fuerza su carpeta y siguió andando por el pasillo, concentrada en el trabajo.
A la entrada del despacho de Darien, oyó que él estaba hablando, así que llamó suavemente a la puerta, por si acaso estaba con un cliente. Asomó la cabeza, pero Darien estaba solo.
Él le hizo un gesto con la mano para que entrara, mientras continuaba hablando por teléfono.
—Por supuesto, Gerald. Es una situación muy desagradable para tu hija. Tengo a una de nuestras mejores analistas trabajando en esto las veinticuatro horas —le guiñó el ojo a Serena y ella le sacó la lengua—. Por supuesto. Prioridad total para este caso —dijo, y puso los ojos en blanco.
Serena se sentó a la mesa de reuniones, abrió la carpeta, tomó un bolígrafo y apuntó la fecha y la hora de la reunión al principio de una hoja en blanco. Después, observó a Darien mientras él continuaba con la conversación.
Llevaba una camisa blanca, impecable, sin una sola arruga. Ella se habría quedado asombrada por sus habilidades domésticas si no supiera que pagaba una fortuna para que le lavaran y plancharan la ropa.
Estaba pensando en mirar sus correos electrónicos en la agenda electrónica cuando él terminó la conversación.
—Guau —dijo, levantándose y ajustándose la corbata. Notó lo bronceado que estaba contra la blancura de la camisa. Sin duda, su piel y su pelo, negro y rizado, eran parte de su herencia italiana.
El bronceado intensificaba el color de sus ojos, y lo hacía muy atractivo. No había duda de por qué las mujeres se volvían locas por él.
Darien se desenrolló las mangas e intentó abotonarse los puños.
—Ese era papá, al teléfono. Quiere lo mejor para su hija, y lo mejor, aparentemente, es que salga de ésta sin consecuencias.
Ella tuvo compasión de la torpe mano izquierda de Darien, que estaba intentando abotonar el puño derecho, y cruzó la habitación para ayudarlo.
—Demonios, odio los divorcios —dijo él.
— ¿Por eso no te has casado nunca? —le preguntó ella, tirando de la manga para estirarla.
Después miró hacia arriba y se encontró con la mirada de Darien fija en su cara, con una expresión extraña.
—Es una de las razones —respondió, finalmente.
Ella dio un paso hacia atrás y tomó la chaqueta gris marengo que estaba colocada en el respaldo de una silla.
— ¿Un caso difícil? —anduvo hasta ponerse detrás de él y sostuvo la chaqueta para que se la pusiera.
—Gracias —él deslizó los brazos en las mangas—. Siempre lo son. Nuestra clienta, la señora Kou, tiene un marido que la acusa de adulterio. Lo cual, según su padre, no ha ocurrido.
—Los padres no son los testigos más fiables. Adulterio, ¿eh? Entonces, el marido va a ir por un divorcio rápido.
—Eso parece. Además, quiere quedarse con los niños.
A Serena le dio un vuelco el corazón.
— ¿Niños?
—Tres —por la forma en que él pronunció la palabra, Serena supo que se sentía igual de mal que ella por los tres niños inocentes, que iban a verse en medio de todo aquello. Ella haría todo lo posible por evitar que terminaran como peones.
— ¿Y va a hacerlo porque quiere vengarse? ¿O es que quiere casarse con otra rápidamente? Darien se encogió de hombros.
—Espero que la señora Kou nos ayude a averiguarlo. Su padre está más preocupado por el fondo fiduciario de su hija.
Serena se apoyó en la mesa para apuntar todos aquellos detalles, y en aquel momento, sonó el interfono de Darien y su secretaria lo informó de que la señora Kou estaba allí.
—Gracias, Mimet. Que pase.
Muchas gracias por seguir la historia, por sus rw SalyLuna, Beabi, Alejandra y Cristinadechiba y por las que me han agregado, como ven la historia, que les parece? Trataré de subir la historia mas seguidito a ver que opinan
Besitos Ángel Negro
