Capítulo 4- Cuida de mi
Temas: Shin-chan amable || Kise y Kasamatsu pelean
N/A: Como siempre, elegantemente tarde. En este caso no fue por excesos de la vida real y adulta, sino porque dejé este capítulo incompleto y no me dí cuenta hasta que terminé de traducir la primera sección. En el momento no sabía si me gustaba más Kise con su senpai o con Aomine, siendo sinceros... pero me dio un impulso de amor muy grande hacia Kasamatsu en fechas recientes y me decidí por tomar esa ruta. Además, uno de mis headcanons principales es que Kise y Kazu se vuelven muy buenos amigos después del primer año, y constantemente están jugueteando para poner a los otros dos algo celosos (en especial a Shin-chan jaja). Para ver un poco más al respecto, les recomiendo el capítulo 7 de mi fic Secreto a Voces, que ocurre en el mismo universo que Zona de Comfort. De hecho, Kise menciona brevemente los acontecimientos de ese capítulo casi al final de éste.
Espero disfruten éste muy largo capítulo, el próximo espero si tenerlo para el fin de semana ya que es más corto y ya está terminado... creo.
Les agradecería si me dejan un comentario :)
Los días pasaron rápidamente. No tener exámenes por un corto periodo de tiempo ayudaba a Takao a concentrarse en su entrenamiento, pero en cuanto el periodo de evaluaciones empezara de nuevo, Midorima sabía que la capacidad de atención de su capitán iría en declive rápidamente. Aun así, Midorima no tenía forma de saber cómo estaba Takao últimamente, ya que no se habían visto durante casi una semana más que para ir a entrenar o durante el receso. Por alguna razón, Takao parecía más ocupado de lo usual desde hace un par de semanas, corriendo del salón de clases a la oficina del comité de salud, y después se iría pedaleando a casa a toda velocidad con la excusa de que tenía cosas importantes que hacer. En otro momento, Shintaro se hubiera sentido muy indignado de que Takao lo hubiera dejado a su suerte, pero los casi tres años de estar juntos le habían enseñado a respetar la independencia de Takao. Eso no significaba que no sintiera un extraño vacío, ahora que su celular permaneció en completo silencio durante todo el fin de semana, quizá por primera vez desde que se volvieron amigos.
Sus tontos retos no habían disminuido, pero eran mucho más simples que los anteriores. Utilizar una camisa rosa por un día, comer algo que te desagrade, habla con los de primer año y ayúdalos a entrenar… cosas realmente sencillas. Por la poca evidencia que había juntado en esos días, sospechaba que algo había ocurrido que hacía que Takao estuviera disperso y sus pensamientos divagaran constantemente, pero era demasiado orgulloso como para preguntarle qué sucedía. Midorima no era un amigo posesivo, pero le parecía extraño pasar tanto tiempo sin estar juntos. Takao no lo había invitado a cenar recientemente, ni siquiera habían ido a casa de Shintaro a hacer tarea. ¿Estas distracciones lo estaban alejando de sus responsabilidades? Era poco probable, ya que Takao continuaba con las prácticas y entregaba todo a tiempo durante las clases. Empezó a preguntarse si algo estaba mal, pero no era propio de él preocuparse por cosas como esas. Así que Midorima guardó silencio.
No había juegos amistosos aproximándose, ya que el Inter-High estaba por comenzar. Por eso mismo tenían un viaje de exploración (o de espionaje descarado, como a Takao le gustaba llamarlo) para ver un partido de práctica de Kaijo en Kanagawa el próximo fin de semana. Midorima suspiró, pensando que sería problemático ir hasta allá sólo para ver un juego de Kise. De todas las personas posibles, tenía que ser él. Como alumnos de tercero, usualmente ya no tenían que ir en estas pequeñas misiones que Nakatani les encargaba a sus pupilos y se enfocaban más en la práctica. Los más jóvenes o la manager eran los encargados de esas tareas. Sin embargo, Takao instió en que ellos podrían tomarse el tiempo de hacer el trabajo por su cuenta. Era la primera vez en casi un mes que por fin podría estar más de quince minutos con Takao sin que éste huyera a algún otro lugar. Midorima volvió a suspirar mientras se acomodaba en el asiento trasero del autobús. El día prometía ser problemático.
-Ahhh ¡Qué bien se siente tomarse un descanso! ¿No lo crees, Shin-chan? -Takao preguntó mientras estiraba las piernas. El muchacho de cabello oscuro estaba agradecido de que Midorima no hubiera querido usar las bicicletas hasta la otra prefectura en esta ocasión.
-Preferiría estar en la práctica, sinceramente. -Se arregló las gafas y cruzó las piernas mientras el motor del bus rugía cuando el chofer lo echaba a andar y tomaba camino hacia su destino.
-Habla por tí mismo, ¡yo estoy molido! -Estiró los brazos en el respaldo del asiento e hizo una mueca triste. -He estado corriendo de la casa a la escuela a mis clases extra que ya siento que mi espalda se va a quebrar en cualquier momento.
-¿Clases extra?- Midorima preguntó, fingiendo no tener interés alguno. Esto respondía qué le había estado quitando tanto tiempo a Takao, pero creaba varias preguntas nuevas.
-Oh, claro. Creo que no te he podido contar ya que no he podido hablar mucho contigo desde que empezaron clases, más que en el gimnasio… es parte de mi propio desafío, ¿sabes? He estado visitando un centro de entrenamiento por casi un mes entero, tres días a la semana en las tardes y toda la mañana de los sábados. En los otros dos días estoy tomando una clase de idiomas, y el resto del tiempo lo dedico a descansar y a hacer tarea. -Takao explicó mientras contaba las actividades de su ajetreado horario con los dedos.
-Hm, interesante…- Midorima admitió, admirado por la determinación de Takao. -¿Qué piensas hacer cuando comiencen los exámenes?
-Pienso dejar el comité de salud. He apoyado por dos años, pero la capitanía del equipo y las clases nuevas me están robando todo el tiempo y la energía. Puedo usar ese tiempo para estudiar en la biblioteca.
-Es raro verte tan dedicado. ¿A qué se debe?
-Yo también tengo que preocuparme por mi futuro. Tengo que estar en mejor forma para seguirte el paso, necesito tiempo para estudiar para los exámenes y hacer los proyectos de la escuela, además de que quiero aprender cosas nuevas que en otro momento no podré hacer. Sólo quiero hacer todo lo que pueda ahora.
-Entonces… déjame ayudarte, a estudiar por lo menos. Si quieres, claro está. -Midorima le desvió la mirada y trató de alejarse lo más posible de Takao, pero ya que estaban sentados el uno al lado del otro, le fue prácticamente imposible. El menor se volteó sorprendido ante las palabras de Midorima.
-Pensé que te gustaría pasar tiempo solo. No quería molestarte y sentí que estaba imponiendo mucho lo de los retos las últimas veces.
-Me gusta, pero… -Los ojos de Takao debían de estarlo engañando, Shin-chan no podía estar tan sonrojado. Era realmente adorable. -... creo que extraño que estés allí, molestando. Respeto que quieras mejorar, pero…
-Shin-chan… ¿me extrañas?
-Nunca dije eso.
Ah, ahí va de nuevo con eso de lo tsundere…
Sus oídos también debían estar mintiéndole, Shin-chan definitivamente no había gruñido en protesta y había guardado silencio después, ya que su actitud parecía desmentir lo que acaba de decir. Takao estaba tratando con todas sus fuerzas no molestarlo o atacarse de risa, pero si no hacía ninguna de las dos, Midorima se estaba tensando tanto que Takao temía se quedara mudo por una semana.
-¡Hah! ¡Entonces tengo que hacer que mantengas tu promesa! Yo te haré el mejor jugador de la temporada y tú tienes que hacer que me gradúe con uno de los mejores promedios este año.
Midorima sonrió. Para verse y actuar como un idiota, Takao era un alumno brillante. No era por nada que habían permanecido juntos en la misma clase los tres años del instituto, en el grupo que sólo los alumnos con mejores promedios eran incluidos. Era irresponsable, distraído y poco comprometido con sus estudios, pero una vez que se lo proponía, Takao podía sacar tan buenas calificaciones como él. Shintaro rara vez tenía que ayudarlo con el contenido de la tarea, sino que más bien tenía que obligar a Takao a concentrarse para que la terminara a tiempo.
-¿También es otro de tus retos?- preguntó tranquilamente con esa sonrisa discreta en los labios.
-No… no como tal. Takao recargó la cabeza contra el cristal y suspiró empañando la ventana. Cerró los ojos con una sonrisa melancólica y le regaló a Shintaro una mirada decidida cuando los volvió a abrir. -Es más un favor que otra cosa. Por favor, cuida de mi para que no me vuelva loco con todo esto, ¿ok?
Como era de esperarse de otro miembro de la Generación de los Milagros, Kise no jugaba al 100% de sus habilidades durante una práctica amistosa como la que acababan de presenciar. Si acaso, Midorima sabía que Kise se estaba conteniendo casi a la mitad de sus habilidades, sin tomar la Zona en cuenta. No había sido una completa pérdida de tiempo el viajar hasta allá, ya que habían podido aprender bastante de los nuevos compañeros de Kise y la nueva formación que tendrían para los siguientes partidos. De acuerdo con las divisiones de esta temporada, Kaijou sería uno de los primeros equipos a los que podrían enfrentarse si su puntaje era lo suficientemente alto en la ronda inicial. Midorima sabía que esa nueva formación y su aparentemente muy unido trabajo en equipo iban a convertirse en una molestia en su próximo encuentro, y tenía que aprender a enfrentar dicho problema desde antes de que el partido fuera siquiera oficial.
Mientras que Shintaro estaba concentrado tomando notas mentales, Kazunari se había distraído al final del primer cuarto cuando notó que Kasamatsu-senpai estaba observando el juego de su antiguo kohai desde las gradas. Midorima tuvo que golpearlo en un par de ocasiones para recordarle por qué se encontraban allí y para detenerlo de lanzarse como una loca fanática sobre el base de mayor edad, pero al final del medio tiempo lo dejó correr a sus anchas hacia el universitario para que pudiera saludarlo. Takao regresó después de unos minutos con una sonrisa patética en la cara, lo que molestó a Midorima ampliamente.
-No te pongas celoso, Shin-chan, sabes que todavía te amo más que a Kasamatsu-san. -Takao bromeó, volviendo a tomar su asiento.
-Ya lo sé. Ahora guarda silencio. -Le contestó sin negar nada aunque rodó los ojos dramáticamente y Takao se sonrojó un poco. Parpadeó un par de veces, incapaz de comprender el cómo y por qué Midorima le había contestado así. Ante su sorpresa, el peliverde hizo una mueca arrogante y siguió mirando el partido.
Unos minutos después de que hubo terminado el juego, decidieron que sería mejor retirarse y encaminarse a casa antes de que se hiciera tarde. Takao insistió en llevarlo a cenar antes de tomar el autobús, pero reconocía que quería venir a Kanagawa solo porque existía una tienda de manga bastante famosa y un bonito café a un par de calles de alli. Midorima sintió la necesidad de golpearlo una vez más, pero si soportar a Takao en sus impulsos capitalistas iba a darle una cena gratis, lo acompañaría en su boba aventura de encontrar el último volumen de un manga poco popular en el cual se había enganchado desde hace meses.
-¡ESPEREN! -Una voz alegre pero molestamente familiar los interrumpió antes de poder abandonar el gimnasio. Kise se apresuraba a donde estaban a toda velocidad con Kasamatsu pisándole los talones con un gesto de desaprobación en los ojos. -¡Si, realmente están los dos aquí! ¡Senpai no estaba mintiendo!
-¡¿Por qué diablos te estaría mintiendo?!
-¿Midorimacchi y Takaocchi vinieron a verme?
-¡Por supuesto que no, idiota! Vinimos a observar a tu equipo. -Midorima contestó con hartazgo.
-¡No seas maleducado, Shin-chan! -Takao lo regañó y le dio un codazo en las costillas. -Recuerda que sólo tienes un acto egoísta al día este año y ya lo usaste hoy, ¡no hagas que te castigue!
Kise los miró, un poco perplejo por su extraña interacción. Podían ser una pareja muy extraña, como todo lo que involucraba a Midorima, pero eran un par de personas muy divertidas y entretenidas de estar alrededor, sin mencionar que eran rivales difíciles de vencer en la cancha. Sin embargo, ese día había algo diferente, mucho más inusual en la luz y sombra de Shutoku. Kasamatsu no parecía notarlo, pero Kise, que conocía a Midorima de más tiempo y se había llevado muy bien con Takao desde que se presentaron, ya tenía una sospecha y una teoría muy bien elaborada sobre el asunto. A pesar de su diferencia de entendimientos sobre la situación, Kasamatsu y Kise compartieron una mirada cómplice y de forma unánime decidieron que era mejor no interferir con sus planes. Ryouta insistió que tenía otros asuntos que atender con su senpai después del juego, por lo que estaría ocupado el resto de la tarde. De no ser así, le hubiera encantado acompañar a los dos muchachos de Shutoku por algo de cenar.
-Tomaremos tu propuesta para la próxima vez, Ki-chan. -Takao dijo animadamente, usando ese apodo que Momoi solía decirle a Kise y que sabía que no le era muy de su agrado. Takao tenía una especie de afición por hacer enojar a los milagritos con apodos tontos.
-Oh, ¡ya se! -Dijo, ignorando las intenciones pícaras de Takao. -El próximo mes es mi cumpleaños, ¿por qué no vienen? Estoy pensando en juntarnos a todos para una noche de karaoke, ¿qué piensan? Celebraremos ya que haya terminado el torneo, pero creo que es bueno si apartan la fecha desde ahora.
Takao ni siquiera se detuvo a preguntar la opinión de Midorima y accedió de inmediato a la propuesta de Kise. Tanto Shintaro como Yukio rodaron los ojos con exasperación.
-¡Tendremos que competir para ver quién es el mejor cantante! ¡Hay un bar en Shibuya que tiene trajes de marinera como castigo para el que tenga el menor puntaje! -Takao lo desafió y rió en voz muy alta, volteando algunas miradas. Kise insistía que no iba a perder de ningún modo, pero que sería todo un espectáculo ver a Takao usando un traje de colegiala por hablador. Midorima y Kasamatsu volvieron a gruñir, perdiendo la paciencia. El ex-capitán de Kaijo, quien era mucho menos paciente que el peliverde, evidentemente no podía mantener su ira contenida tan fácilmente. Pateó a Kise en las costillas y lo jaló hacia la salida del gimnasio sin siquiera dejarlo respirar, hasta que se perdieron de la vista.
-Vendrás con nosotros ¿verdad, Shin-chan?
-Odio el karaoke. -Shintaro se quejó, cruzando los brazos sobre su pecho mientras caminaban hacia fuera de la escuela y en dirección a la tienda de manga de Takao. -Podemos ir, pero tienes que jurarme que no usaras ese estúpido disfraz.
-Seguramente te gustaría verme así~
-Bakao.- Imitando a Kasamatsu, Midorima volvió a golpearlo en la cabeza. -Además, sabes que no pienso hacer el ridículo cantando.
-¡No seas así! Me aseguraré de retarte a que lo hagas. Tienes una voz muy bella, pero creo que nunca te he oído cantar. Apuesto a que eres bueno en ello.
-No tan bueno como tú, supongo. -Midorima volvió a evadir la mirada de Kazunari, mientras se rascaba el cuello nervioso.
-¡No puedo creerlo! ¡Midorima-sama está alabando mi canto! ¡¿Qué he hecho para merecer esta bendición?!
-... vamos a buscar tu manga y a largarnos de aquí.
Años atrás, Shintaro había descubierto que Takao era un comprador impulsivo. La primera vez que tuvo que soportar uno de los arranques capitalistas del menor, habían ido a comprar zapatos deportivos y Kazu terminó comprando una pareja de hamsters hipoalergénicos (con todo y su enorme centro recreativo), para que su hermana Suzume pudiera tener una mascota que no la hiciera estornudar cada cinco segundos.
Ese día Takao había vuelto a demostrar su falta de autocontrol, al punto en que Midorima tuvo que detenerlo de pagar con la tarjeta de crédito los quince volúmenes que había escogido además del que habían ido a buscar inicialmente. Tras múltiples regaños y lo que parecía una discusión de un viejo matrimonio, o de un niño de 5 años haciendo berrinche contra su cansado padre, Kazunari accedió a sólo llevarse cuatro. La amenaza de volver por el resto hizo que Midorima se arrepintiera de las negociaciones, pero al menos se quedó satisfecho de momento.
Mientras Takao discutía amenamente con la cajera sobre cuáles pensaba que eran mejor opción para llevarse a casa (No te pongas celoso, Shin-chan, ¡juro que no estaba ligando con ella! Yo solo tengo tiempo para un ñoño en mi vida…), Midorima observaba los estantes distraídamente. En su propio aburrimiento, decidió tomar un colorido tomo rosa y leerlo en lo que Takao pagaba, sin darse cuenta que había entrado en la sección de adultos.
-¡Deberías haber visto tu cara!- Takao reía desmedidamente al salir de la tienda, mientras su amigo lo miraba con desprecio. -¿Qué hacías en la sección gay de todos modos?
-No tengo nada que explicarte, imbécil.
-Ya, no te enojes. Te compré esa novela que habías estado buscando ¿no es así? Juro que ya no me burlaré. -Evidentemente, Kazunari estaba mintiendo.
-¿Podemos irnos?
-Claro, pero antes, ¡a cenar! -Takao llevaba la bolsa de sus compras en un brazo y el otro lo había enroscado en el codo de Shintaro, lo que provocó que cuando el menor se echó a correr en dirección a la cafetería, el otro dio varios tropiezos para seguirle el paso.
El local era bonito, Midorima no podía negarlo, decorado con plantas y flores en cada rincón. Algo romántico para su gusto, pero el menú no era caro y algunas cosas se escuchaban bastante apetitosas. Sin embargo, había algo en una de las mesas que hizo que Midorima quisiera darse media vuelta para huir de allí: Kise estaba solo en un rincón, aun con la chamarra de su uniforme sobre la espalda, y con una mirada que parecía le acababan de informar que le quedaban dos días para vivir y que en ambos iba a llover copiosamente. Había estado llorando, se podía deducir por los leves restos de maquillaje corrido debajo de sus ojos. Justo lo que necesitaba para arruinar su día un poco más: un idiota compulsivo y un idiota llorón.
-¿Ki-chan…?
-No, Kazu, ¡no!
-¡No seas grosero, Shintaro!
Midorima gruñó mientras Takao intentaba empujarlo dentro del local, pero Midorima puso su peso en contra del de Kazunari, quien terminó estampandose contra su espalda. El menor dejó salir una especie de alarido como si fuera un animal abandonado. Para castigar a Midorima por su terquedad, lo agarró de la cintura y empezó a hacerle cosquillas para que dejara de poner resistencia. El peliverde empezó a retorcerse e hizo su mejor intento por contener una carcajada, lanzando un codazo directo a la cara de Takao, quien lo evitó por poco. Sin embargo, con ésto ya había logrado que Midorima diera un par de pasos hacia el interior, y su confrontación había captado la atención de Kise.
-Tu reto del día de hoy es ser amable con Kise. Se ve que necesita un amigo y no quiero que se sienta peor, ¿entendiste?
-¡¿Me vas a dejar a solas con él?!
-¡Por supuesto que no! ¡Dije que no quiero que se sienta peor! ¿Crees que soy idiota? ¡Ni loco lo dejo a solas contigo, no quiero que se mate!
Takao lo empujó a la mesa, ignorando la triste y confundida mirada del rubio. A pesar de ello, Ryouta no se opuso a que lo acompañaran y sólo se hizo a un lado para dejar espacio en la mesa. Takao notó que había una taza de café enfriándose justo enfrente de Kise, pero él no estaba bebiendo de ella, ya que tenía una tetera vacía detrás del centro de mesa y una pequeña taza de porcelana entre los dedos.
-Pensé que se habían ido de regreso a casa hace unas horas.-Kise sonaba como si le hubieran dicho que Zunion Boy no trabajaría con él nunca más por verse demasiado viejo a los dieciocho años.
-Takao decidió detenerse a perder el tiempo. Íbamos a cenar. ¿Qué te pasó? -Como era evidente, la amabilidad de Midorima era demasiado corta. Takao rodó los ojos y le dio un codazo en las costillas. -¡Ugh! Quiero decir… ¿estás bien?
-¿Huh? -Kise preguntó extrañado, intercambiando una triste mirada entre Takao y su compañero. El de los ojos de halcón hizo un gesto con la cabeza como diciendo "Está haciendo su mejor esfuerzo" y Kise asintió inseguro. -Pues… no es nada que les incumba a ustedes, no quiero molestarlos.
-No molestas, Ki-chan.- Kazunari hizo un gesto al mesero para que rellenaran la tetera y trajera dos tazas más, así como para que se llevase el gélido café. Pidió un trozo de tarta de frutas para compartir que sabía que a Shin-chan iba a gustarle bastante.
-¿S-seguro? Midorimacchi siempre insiste en que soy muy dramático y desesperante…
-Sólo habla, por todos los… ¡ugh, deja de golpearme, Kazu! -Midorima negó con la cabeza cerrando los ojos y cruzó los brazos sobre su pecho. -¿Qué sucedió?
Kise les desvió la mirada y cerró los ojos. Midorima lo había visto llorar en múltiples ocasiones, pero si hacía memoria de sus años en Teiko, nunca estuvo tan destrozado como ahora. Algo ocurrió que Kise se había sumido en la desesperación por completo. Shintaro no era precisamente empático, pero odiaba ver a la gente llorar. A través de los dos años de amistad, aprendió a tolerar, aceptar y consolar a Takao cuando ese era el caso, pero era consciente de que Kazunari era un caso muy en particular. Kise, sin embargo, siempre lograba ponerlo de nervios en cuanto empezaba a chillar. Ahora no era el caso, ya que su dolor era tan desgarrador que inclusive empezaba a preocupar al frío y estoico muchacho de pelo verde.
-Yukio… err… Kasamatsu-senpai y yo habíamos planeado vernos, después de casi un año de sólo hablar por teléfono o por mensajes. Vino al partido y después íbamos a venir aquí a merendar y por algo de beber, pero… senpai está saliendo con una chica en su universidad.
-Oh. -Takao dijo, ahora entendía a qué se debía el drama. Midorima, un tanto más distraído, lo esperaba a que continuara. -Asumo que ese café era suyo.
-Si. Kasamatsu-senpai por fin había venido a verme y esa…- Kise se contuvo de insultarla de una manera muy vulgar. Hizo solo un par de gestos lascivos antes de continuar-...le llamó y se fue corriendo. Cuando estábamos juntos en el equipo, Moriyama-senpai siempre insistía en que fuéramos a coquetear con las chicas en las plazas o afuera del estadio antes del partido, era divertido porque Kasamatsu-senpai nunca podía dirigirles la palabra siquiera. No puedo creer que haya cambiado tanto.
-¿Estas celoso, entonces?
-Tan directo como siempre, ¿verdad, Midorimacchi?-Kise rió melancólicamente. -No precisamente. Es que realmente detesto a su novia, pero odio más que me deje plantado por ella. La ve a diario, pero no puede quedarse ni veinte minutos a platicar conmigo…
-En definitiva, estás celoso. -Midorima no sabía por qué estaba perdiendo el tiempo con este idiota. Lo que más le preocupaba, sin embargo, es que de alguna manera podía entender cómo se sentía el rubio. Ahora que Takao pasaba menos tiempo con él, Midorima sentía algo de resentimiento de no tener la suficiente atención como siempre. Cuando lo veía con otras personas, en especial coqueteándole a alguna insospechada muchacha, Shintaro sólo tronaba la lengua y se daba media vuelta para ignorar la situación. Sin embargo, todo era peor cuando Takao jugueteaba con otros hombres. Kise era el perfecto ejemplo de ello, y Midorima empezó a sentirse más y más irritado todavía.
-Si tú insistes, supongo que tienes razón. Dios, soy patético…
Takao volteó a ver a Midorima con desprecio, esperando a que dijera un arrogante "si, si lo eres", pero el más alto de los tres parecía estar sumido en sus pensamientos con el ceño fruncido.
-¿Por qué no te agrada su novia?- Takao preguntó, tomando la mano de Kise en un gesto comprensivo, y ambos sintieron la mirada de Midorima clavarse en ellos.
-Tú no lo conociste personalmente… pero me recuerda muchísimo a Shougo Haizaki.
Eso logró captar la atención de Shintaro de nuevo, quien volteó a ver a Kise con desconfianza. Takao los miraba interesado, ya que aunque no lo conocía directamente, sabía que Haizaki era de esos personajes a los que no debía acercarse nunca. Midorima se lo había advertido en múltiples ocasiones, casi con un tono protector que hacía que Kazunari se sonrojara un poco.
-Es una chica grosera, aprovechada y abusa de la confianza de senpai. Nos presentó en una ocasión y trató de ligar conmigo. Obviamente me rehusé. Decidí no decirle nada a Kasamatsu, quizá sólo habían sido alucinaciones mías, pero evidentemente no fue así. Hoy que le llamó, la puso en altavoz y esa… ella… le dijo que no debería juntarse con personas como yo, que sólo nos basamos en nuestra apariencia para conseguir lo que queremos.
-Me supongo que Kasamatsu-san le hizo caso y se fue.
-No fue solo eso, Midorimacchi. -Kise cerró los ojos con desesperación y dejó caer dos lágrimas pesadas. -Estaba tan enojado que le dije lo de la vez anterior y se molestó conmigo. Me dijo que quizá Setsuko estaba en lo correcto y que no debía estar cerca de mi. Creo que al final logró vengarse de que la rechazara, porque no me regresa ninguna llamada.
-Tienes razón, es igual a Haizaki. ¿Estás consciente que seguirá usando a Kasamatsu-san a su conveniencia a menos de que hagas algo? No sé por qué lo hace, pero por alguna razón Kasamatsu-san te escucha, si nadie más ha detenido que salga con esta mujer, es porque nadie ha estado en una situación abusiva como la que tú viviste. Para él es normal que lo trate así porque no conoce nada mejor, pero tú sabes que lo está utilizando.
Midorima se encogió de hombros, y los otros dos lo miraban embelesados. Les desvió la mirada y se puso de pie, insistiendo en que tenía que ir al sanitario antes de partir. En cuanto la tarta se acabara, caminarían a Kise a la estación y ellos tomarían otro autobús de regreso a Tokio antes de que se hiciera más tarde. No le pidió opinión a Kazunari.
-Nunca me había dicho algo tan… tan…
-¿Bueno? ¿útil?
-Amable. -Kise lo miraba con ojos de asombro y negaba con la cabeza. -¿Qué le has hecho a Midorimacchi? ¡Él no era así!
-No lo sé, creo que logré mi cometido. -Takao se encogió de hombros pícaramente y Kise rió de manera débil.
-¿Sigue molesto por aquella vez que te invité a bailar conmigo?
-Ni lo menciones, aún me regaña cada vez que insisto en que deberíamos venir a verte.
-No puedo creerlo… en serio debe gustarte para intentar todo esto por él.
Takao miraba nervioso la puerta de los servicios, precavido de que Shintaro no escuchara parte de su conversación. Lo último que quería era tenerle que explicar de qué demonios estaba hablando Ryota. En algún momento tendría que decirle la verdad. Pero ese momento no era aquí ni ahora, menos cuando el as de Kaijo seguía llorando por lo bajo levemente.
-Ki-chan… Shin-chan es un idiota, pero sabes que puedes ser honesto conmigo. No desvíes el tema. ¿Tú y Kasamatsu-san…?
-No quería decirlo en frente de él, pero confío en tí, Takaocchi. Es difícil de explicar. No es que esté loco por él así como tú y Midorima, pero… no lo sé. Puedo imitar todo en este mundo, desde como se ve y se mueve, hasta como se oye su novia, pero sé que hay una cosa que jamás podré cambiar para que me tome en cuenta. No puedo decirle nada, porque al final solo seremos amigos si bien me va. A él no le interesa estar con otros hombres, yo lo sé. Es triste, ¿sabes? Al menos en tu situación sabemos que la otra persona está interesada aunque esté en negación perpetua.
-¿Él sabe que eres…?
-¿Midorimacchi sabe de ti?
-Pues… Nunca lo hemos hablado directamente, pero intuyo que ya se dio cuenta en algún punto.
-Bueno, allí tienes tu respuesta. Si senpai lo sabe, no tendría que sospechar que yo… que él… bueno, que él me gusta. -Kise admitió tímidamente y ocultó su gesto de desesperación con ambas manos.
-¿Qué es lo peor que puede pasar, sinceramente? Hasta ahora, nunca te ha juzgado ni dado la espalda. No creo que nada cambie por que te diga que no. -Takao se cruzó de brazos y observó de reojo como Shin-chan se aproximaba a la mesa nuevamente.
-¿No estarás hablando por experiencia, Takaocchi? -Por primera vez desde que se sentaron a la mesa, Kise volvía a sonreír brillantemente.
-Hay que darle tiempo al tiempo. Después de todo, ver a Shin-chan ser amable no es algo que se consigue de la noche a la mañana.
-¿De qué demonios estás hablando, Takao? Ya vámonos. Kise, recoge tus cosas. El carro de tu hermana está en la entrada. ¿Cuánto tiempo llevas sentado allí?
-¿Eh? ¿Cómo supo Matsuri-neechan que estábamos aquí? ¿Tú le llamaste, Midorimacchi?
-No tengo su número. -Sin embargo, había algo de culpa y complicidad en el tono de Shin-chan.
Su ida al sanitario había tomado más tiempo del habitual, y aunque era probable que Matsuri Kise hubiera cambiado de número telefónico en el transcurso de cuatro años, Takao sospechaba que Midorima tenía algo que ver en todo esto. Ryouta se despidió de ellos y salió al encuentro de una guapísima rubia mayor que ellos que volteó más de una mirada al bajar de un flamante carro deportivo rojo (la de Kazunari incluida, para molestia de Shintaro). Matsuri lo saludó desde lejos y Midorima le regresó el gesto, pero la mujer subió a su lloroso hermano menor en el carro y desapareció de la vista en un instante.
Midorima tomó asiento frente a su amigo, quien lo miraba con una sonrisa pícara mientras el peliverde se terminaba los últimos trozos de tarta. Después de unos segundos, Takao se dio cuenta que Kise se había ido sin pagar ni su té ni el café de Kasamatsu.
-No te molestes. -Dijo Shintaro cuando Takao estaba sacando su teléfono para avisarle. -Ya pagué la cuenta.
-Vaya, qué amable. Es un poco raro de tu parte… ¿Entonces seguirás negando que tú le llamaste a la hermana de Ki-chan sólo porque te apena ser bueno con él?
-Desafortunadamente, no tengo el número de Matsuri-san. Lo perdí cuando tiraste mi viejo teléfono en el sauna el año pasado. -Midorima volteó hacia la ventana y Takao observó que había un dejo de orgullo en Shin-chan del que sólo tienen los niños después de haber hecho una travesura.
-Peeeeero…
Midorima frunció el ceño y se sonrojó mientras evadía ver a Takao a la cara.
-Puede o puede que no tenga el número de un tal Yukio Kasamatsu entre mis contactos por tu culpa.
Takao siguió sonriente pero sorprendido, y Shintaro le explicó que sólo le llamó para informarle que habían encontrado a Kise muy solo y triste en un café.
-Supongo que él fue quien llamó a Matsuri-san, creo que decirle que un senpai responsable siempre debe estar pendiente de los suyos hasta después de graduarse lo molestó un poco.
-¡Ouch! Directo al orgullo… -Kazunari se burló, pero Midorima le regresó una pequeña sonrisa. -Estoy orgulloso, Shin-chan, ¡en realidad fuiste muy bueno con Kise! No importa lo que la gente diga o lo que tú pienses de tí mismo, eres una persona muy amable. Me gustas mucho cuando eres así.
El peliverde se hizo ligeramente hacia atrás y Takao notó cómo su rostro cambiaba de un tono sonrosado a un carmín bastante profundo. Él mismo no pudo evitar sonrojarse cuando pensó en lo que había dicho segundos atrás y trató de enmendar su error enseguida. Shintaro sólo negó con la cabeza e insistió en que se fueran de allí pronto.
Kazunari lo siguió hasta la estación de buses y se encaminaron hacia Tokio en un silencio incómodo de casi una hora. Mientras tanto, Takao recordaba otras ocasiones en que el lado altruista de Shin-chan había salido a relucir. ¿Cuántas veces no lo había visto ayudando a los ancianos en la calle? ¿O aquella vez que enseñaron a los niños del vecindario a jugar basket? Midorima había sido el más paciente y cariñoso de los profesores, incluso más que Takao mismo y Kuroko. No había que olvidar que no había celebración de cumpleaños a la que Shin-chan no llevase un regalo para el festejado, ni había lucky item que no regresara o repusiera en perfectas condiciones si alguien se los prestaba.
En casos más particulares, Takao recordaba aquella vez que sirvió de intermediario para que Momoi recapacitara en dejar Touou, por lo que Aomine le estaba secretamente agradecido. O la vez que Murasakibara estaba de visita para un cumpleaños de Kuroko. El gigante y Kagami por fin se habían contentado para prepararle un regalo al jugador fantasma, pero faltaban ingredientes para la tarta. Midorima lo obligó a irse de la fiesta con él para ir a buscar su lucky item del día y discretamente traer los ingredientes que faltaban de la receta de Atsushi.
Shintaro Midorima era un hombre sumamente amable, quisiera admitirlo o no. La prueba más contundente de todo ello era el chico de los ojos de halcón sentado a su lado, que después de ese largo rato de silencio, notó que Shintaro le estaba ofreciendo tomar un dulce de una pequeña caja que había comprado en la tienda de manga mientras lo esperaba. Era tímido y torpe para expresar sus sentimientos, pero evidentemente no quería pasar más tiempo en una situación tan incómoda. En tres años, Midorima por fin había aprendido a tomar la iniciativa para enmendar un problema.
Takao sonrió y comenzaron a hablar y a discutir como siempre lo hacían.
Realmente estoy muy orgulloso de ti, Shin-chan.
N/A: Cada vez se pone más homosensual la cosa. Pronto llegaremos al romance lento y doloroso. En el próximo episodio: Shin-chan también es un HSK.
