El día había transcurrido normalmente en la panadería. Estuve casi todo el tiempo en la caja registradora, por lo cual lamentablemente no tuve mucho contacto con el equipo en general. De igual manera, no había interactuado con Naruto Uzumaki; de hecho, ni le había visto en toda la semana, más que un par de veces.
Kiba me había dado la mitad del día de hoy, viernes, porque me dio un catarro terrible y no pude evitar estornudar un par de veces en la cocina.
Bueno tal vez fueron más que un par de veces, pero es que la harina me ponía la nariz sensible.
Vi el auto de Neji estacionarse enfrente de la panadería, me hizo un pequeño cambio de luces para que lo identificase. Subí inmediatamente y me abracé con la chaqueta que traía puesta intentando generarme un poco más de calor.
— Si quieres puedo poner la calefacción— sugirió mi primo mientras me veía por el retrovisor. Negué y le agradecí sutilmente con una sonrisa.
El viaje continuaba en silencio, con una canción de rock como música de fondo. Neji y yo realmente no fuimos muy apegados nunca, y desde que regresó no habíamos charlado lo suficiente como para ser íntimos amigos. Lo único que sabíamos de nosotros eran cosas de cuando teníamos menos de 8 años.
El camino transcurrió en silencio total. Mi ansiedad disminuyó considerablemente cuando vislumbré mi hogar desde lejos, ¡vaya que Neji era serio!
— Adiós Hinata, cuídate el catarro y cualquier cosa que necesites algún día, me puedes llamar—
— Claro, muchas gracias. Pasa linda noche— cerré la puerta con cuidado y subí rápidamente las escaleras del frente de la casa. Dejé mi bufanda y mi abrigo en el perchero.
Sería muy lindo si tuviésemos un perrito que nos recibiese al llegar. La casa podía ser bastante solitaria a veces.
Me hice un té de limón y me eché sobre el sofá en la sala. Encendí la televisión, estaba un programa de cocina y estaban preparando tiramisú; tal vez sería buena idea anotar la receta.
Abrí el block de notas de mi teléfono y comencé a escribir. Realmente no me gustaba el queso mascarpone de la receta; pero seguro lo podría sustituir por algo más. Repentinamente un mensaje apareció en la parte superior de mi pantalla.
"+7******6789: Imagen Adjunta"
Titubeé un poco antes de abrir el mensaje. No solía dar mi número a gente que no conociese y nunca antes me había aparecido un número privado como remitente.
Con miedo, toqué el mensaje en la pantalla y la conversación se abrió enseguida. Era una imagen mía, con Kiba, sentados en la habitación de la fraternidad. Él tenía su mano sobre mi pierna y su rostro hundido en mi cuello, yo tenía los ojos cerrados.
¿Qué demonios estaba pasando? Estaba totalmente segura de que fue en el momento en el que él se durmió sobre mi hombro, no había sucedido nada más; pero no podía negar que podría ser fácilmente malinterpretado. ¿Había alguien más en la habitación en ese momento?
Vi que el usuario se puso en línea y la leyenda de "escribiendo" apareció debajo de su número.
"Vaya noche. ¿No es cierto, Hyuga?"
Sentí como mi sangre se heló y dejé el teléfono a un lado un momento. Tal vez solo era alguien jugando una broma; si esa foto era la que había llegado a mi padre, no sería raro que alguien más la tuviese.
Me tranquilicé un momento y tomé el teléfono de nuevo, pero cuando quise escribirle, el contacto había bloqueado mis mensajes. Tomé una captura de la pantalla y se la envié a Karin.
El dolor de cabeza que ya tenía por el catarro aumentó considerablemente. Busqué entre las pastillas del botiquín pero no encontré nada; subí a la habitación de mamá y papá y la caja de las pastillas que buscaba estaba reposando graciosamente en el buró. Vacía, cabe mencionar.
Mamá y papá no estaban, así que podría ir yo sola a la farmacia como un ser libre por primera vez. Tomé mi chaqueta y bufanda de vuelta del perchero, me abrigué y salí por la puerta para dirigirme a mi primera aventura autorizada por mí misma.
Caminé unas cuantas cuadras y empezó a oscurecer. Tenía un frío tremendo y mis mocos se habían congelado, cada vez que respiraba me dolía el pecho en demasía. ¿Qué pasaría si moría congelada a mitad del camino, sola, en la oscuridad de la noche? Tal vez papá y mamá tenían razón cuando me decían que salir por mi cuenta era riesgoso.
Intenté disipar los pensamientos de mi cabeza y justo cuando vi las luces del letrero de la farmacia reflejándose sobre la gélida banqueta me sentí protegida. Había llegado sana y salva.
Caminé a toda velocidad y me adentré al cálido ambiente del local. Inspiré felizmente, sintiendo como mis pulmones se llenaban de calor.
Me acerqué al mostrador, donde estaba una de las farmacéuticas. Decidí que iba a comprar mis propios medicamentos, porque mis padres arrasaban con los de la casa.
A veces pienso que todos los médicos son farmacodependientes.
—Buenas noches, una caja de Ibuprofeno, una de paracetamol y una de subsalicilato de bismuto. —
—Claro que sí señorita, pase a la caja para que se los cobren y en un momento vuelve conmigo para recogerlos. —
— Muchas gracias. —Respondí con una sonrisa y me acerqué a las repisas para escoger algo con lo que acompañaría un rico chocolate caliente más tarde.
¿Mantecadas o roles? o mejor algo salado como un burrito de microondas…
— ¡Esto no funciona! ¡Es una farsa! —
Mi atención se enfocó en el lugar de donde provino el ruidoso comentario. Parado frente al mostrador y arropado de pies a cabeza, se encontraba mi muy demacrado jefe, peleando con la farmacéutica.
— ¡Compré esta cosa confiando en que me aliviaría la gripe y no funcionó! —
— Pero señor, compró la presentación para niños… —
— ¡Me tomé todo lo que restaba del frasco, debió servir para algo! —El rubio individuo refunfuñaba ante la cara de horror de la señorita. Naruto le extendió el frasco de jarabe y la dependienta se tomó un momento para analizarlo.
— ¡Oiga! — Exclamó la encargada con sorpresa— ¡Pero si ésto caducó en el 2010! ¡Tiene siete años vencido! —
— ¿¡Siete años!? ¡Pero si el 2010 fue hace un par de años! —
No pude evitar soltar una pequeña risa, que rápidamente oculté cubriéndome la boca con la manga de la chaqueta. Naruto había volteado con una mirada molesta en mi dirección.
Me miró un segundo y su expresión cambió a confusión.
— ¿Hinata? —
Me sonrojé inmediatamente cuando me pescó riéndome de su desgracia. Lo supe porque pude sentir mis mejillas arder entre el frío.
— Na…— me detuve un momento. ¿Cómo debería llamarlo? ¿Jefe? ¿Señor? Sólo era un par de años mayor que yo, pero en mi situación... — ¿Naruto? —
Lo formulé como una pregunta en cuestión. Su gesto se aligeró y formo una sonrisa cansina.
— ¡Que gusto encontrarte! ¿Qué haces por aquí? —Me preguntó alegremente y de alguna manera se sintió diferente a la del trabajo. Más como si fuésemos compañeros… o amigos.
Tonterías.
— Yo, pues… vine…— Alcé nerviosamente el empaque de mantecadas como explicación. Él rio sonoramente y me di cuenta que nunca había notado que su voz era bastante varonil.
— ¡Si querías pan hubieras podido apoyar a la economía de nuestro local! — Exclamó con burla y yo pude sentir mi cara colorearse como un bizcocho de red velvet. —Vale, que es una broma. No te avergüences por mi culpa—
Pude notar un pequeño sonrojo en su rostro, que me puso más nerviosa de lo normal. Seguramente era por el frío o por la enfermedad, pero se veía incluso… inocente.
—Bueno, yo voy a…— Alcé de nuevo el empaque como explicación y asintió para denotar que había entendido. Me despedí con un gesto de mano y el me respondió con una sonrisa como era característico de él.
Pagué mis productos y posteriormente salí de la farmacia, topándome con la fría temperatura del exterior. Abrí la palma de mi mano y observé el tubo naranja brillante donde venían contenidas pastillas efervescentes de vitamina C.
Sería mi forma de disculparme por haber comprado pan en otro lugar, y aparte, industrializado. Sonreí al pensar que hace un tiempo no quería ni ver al que sería mi jefe y hoy me estaba preocupando por él.
Bueno, como cualquiera lo haría. ¿No?
Caminé un par de metros en la oscuridad. Realmente me sentía con miedo, no había farolas en la calle y el suelo estaba resbaloso; aparte, ¿cuántas historias hay de chicas asesinadas en una noche como ésta? ¡Muchas!
Traté de no ser víctima de la paranoia y seguí caminando segura de mi misma. Si venía un tipo o alguien, podría patearlo en sus partes bajas y salir corriendo como en los tutoriales de defensa personal de Youtube. Incluso, si lo dejase inconsciente, podría darle todas las pastillas que compré y eso lo dejaría mareado… ¿O lo mataría? ¿Me convertiría yo en la asesina?
Me impacté con algo por estar inmersa en mis pensamientos y se me cayó la bolsa de las compras. La levanté del suelo y me fijé, que había caído en los zapatos del hombre con el que me había tropezado.
Abrí los ojos desmesuradamente y tragué con dificultad. Un hombre solo, en la oscuridad, parado en una esquina no estaría ahí por nada bueno…
Traté de alejarme sin levantar la mirada hacia el sujeto pero antes de que pudiese correr predijo mis movimientos y me tomó del brazo, sus manos estaban heladas. Chillé con miedo y apreté los ojos esperando lo peor.
Y si me salvaba mis padres me darían una regañiza después, por salir sola.
— ¿Estás bien? —
Reconocí la voz de inmediato y alcé el rostro. Naruto me miraba con el mismo desconcierto con el que yo lo miraba.
— ¿Qué haces…?—
— Yo…pues…— se rascó la cabeza con nerviosismo —Pensé que venías con tus padres, pero no vi ninguno de los autos con los que te van a dejar en el trabajo así que solo…—
— ¿Me esperaste? ¿En el frío horrible que hay? — Me miró avergonzado y asintió. — ¿Sabes que pudiste haber empeorado por mucho tu resfriado? —
Me miró con sorpresa ante la dureza de mis palabras. Llevé las manos a mi boca, avergonzada. ¡Cómo se me ocurría hablarle así a mi jefe! ¡Me iba a despedir!
Mis ojos se inundaron de lágrimas, cómo siempre que sentía nerviosismo y vergüenza excesiva; últimamente no podía controlar eficazmente mis sentimientos, así que he de suponer que pronto estaría en mis días de chica. También, éste chico me había esperado en el frío, Hinata… ¡¿Por qué eres tan malagradecida!?
—Perdón Hinata, yo solo…—
—Gracias... — Pausé un momento, para calmar mis nervios y verme un poco más convincente —Gracias...por el gesto. — Le sonreí genuinamente y reemplazó su expresión por una gran sonrisa blanquecina.
Caminamos en silencio, la bolsa de la farmacia rebotaba en mis rodillas cada vez que daba un paso y el suelo se me hacía más interesante que voltear a ver a Naruto. Él caminaba con los brazos detrás de la nuca, despreocupado como siempre. A veces, juraba que podría sentir su mirada sobre mí; pero solo eran cosas mías.
Detuve mi andar cuando nos encontramos frente a mi residencia y él me imitó. Busqué las llaves en mi bolso y con torpeza las saqué para abrir la reja que delimitaba el jardín frontal.
— ¡Vaya casa tan enorme! ¿Qué acaso tus padres tuvieron hijos como conejos y los metieron a todos aquí? — Exclamó asombrado Naruto, a lo que no pude evitar soltar unas risitas. El también rio alegremente.
—Sólo somos mi hermana y yo, pero reconozco que la casa puede llegar a ser muy solitaria. No nos vendrían mal unos conejos. —
Los dos reímos por un momento. Su tono grave y mi risa suave hacían un balance, ni tan ruidoso, ni tan imperceptible. Cuando las risas cesaron, el ambiente que se había creado se sentía agradable.
Sus ojos eran muy azules; estaban vidriosos, por lo que se veían brillantes aún de noche. Cuando dirigió su azul al gris de mis ojos, aparté la mirada con vergüenza.
Ojos vidriosos, era por el resfriado. Hurgué en la bolsa hasta sentir la forma tubular de las pastillas de vitamina C y las estiré hacía él.
—Disculpa, no pude evitar escuchar lo de la farmacia. No te quitarán el resfriado pero te ayudará a fortalecer tus defensas; aparte saben a naranja, compensaran el sabor de todo el jarabe que tuviste que tomar. —
—No era necesario que…—Sonrió apenado y las aceptó. —Bueno, gracias. Soy un poco torpe. —Admitió con vergüenza.
— ¡Oh! —saqué las cajas de pastillas de la bolsa y corté un pedazo de las láminas de aluminio donde venían contenidas. — Ten, una me ayuda para cuando tengo dolor de cabeza intenso, otra cuando el dolor es más leve y la última para malestares estomacales. Por si el jarabe vencido te hizo algo. — Le estiré los cuadritos de aluminio y los observó con detenimiento.
— ¡Vaya! ¡Tener una madre doctora que te instruya en esto ha de ser genial!— exclamó con asombro— Gracias. Algún día iré a consulta con la doctora Hyuga. —Me sonrió y no pude evitar reírme. Me miró confundido.
—Verás…—traté de recuperar la postura y aclaré la garganta sutilmente. —Mi madre es ginecóloga. —
Su rostro enrojeció intensamente y desvió la mirada al suelo. Reí un poco, y posteriormente él también.
—Gracias por todo, Hinata—
—Gracias a ti por acompañarme. —Sonreí amablemente y el me miró desconcertado. Inmediatamente sonrió ampliamente.
— No es nada, enserio. — Se rascó la cabeza y sopló sobre sus manos, después las frotó entre sí con velocidad. —Nos veremos en el trabajo el lunes, buenas noches. — Se despidió alegremente y posteriormente retomó su camino.
Me adentré en la casa y me recargué sobre la puerta inmediatamente después de cerrarla.
¿¡Qué estaba haciendo envolviéndome con el enemigo!? ¡Él lastimó a mi mejor amiga!
Oh Dios, estaba siendo una pésima amiga.
Casi lo había olvidado. Naruto y Sakura tuvieron una relación; una muy larga. Y eso, por algún motivo me hacía sentir mal, culpable. Aunque no estuviese haciendo nada malo.
¿Pero como demonios podría evitar toda la vida al sujeto que me paga? ¡Es ilógico!
Me quité de nuevo el abrigo y la bufanda, estaban mojados por el hielo que se había derretido. Ésta noche de seguro nevaría, así que podría ponerme una de mis pijamas aterciopeladas; de solo pensarlo me hacía feliz.
— ¿Hanabi, quieres chocolate caliente? —Grité desde el pie de las escaleras para que mi pequeña hermanita lo escuchara.
— ¡Sí! —Afirmó desde arriba— ¡Pero que tenga malvadiscos! —
Sonreí por la palabra mal articulada. La inocencia abundaba en el mundo.
Mientras el chocolate caliente se hacía, subí a tomar un relajante baño con sales aromáticas. Elegí la de menta.
Mientras estaba en la bañera, tomé el teléfono para revisar los mensajes. Karin me había contestado.
"Karin: Hinata, qué mierda, me estás asustando."
"Karin: Quién sea que esté confabulando todo esto, te tiene bien ubicada. Investigaré."
"Karin: Pero está de puta madre para hacer una película de suspenso. Jeje!"
Reí por el comentario pero la sonrisa se disipó rápidamente. Me asomé por la ventana, había luna llena el día de hoy.
Sinceramente nunca había hecho nada malo a nadie en mi vida; por lo menos no de gravedad, y de eso estaba segura. Entonces, ¿por qué una sola noche de diversión, tuvo que causar tantos problemas?
De verdad, quien envió las fotos no puede ser Ino, ni Sakura… ¿no?
Ella me dijo que no había pasado nada por lo del beso. Sabe que ni siquiera reconocía quién era Naruto Uzumaki físicamente, creo que nunca lo vi antes; obviamente no lo pude besar a propósito.
Pasé mis dedos por el borde de la bañera, se deslizaban fácilmente por la espuma que creaban las sales en el agua. El pensamiento del beso me hizo sonreír.
La típica chica tímida y simple, besando a un universitario exitoso. Qué cliché, ¿no?
La imagen de ésta noche del rostro sonriente y gentil del rubio chico apareció en mi mente de repente. Sacudí mi cabeza.
¡Es cosa uno! A veces se me olvidaba. Pero ahora que lo recuerdo, ¿por qué Sakura lo odia tanto? Por más que intentaba enfocar mis recuerdos en aquella historia que nos relató sobre lo que él le hizo para que lo odiase, no pude recordar nada de importancia. Habían pasado más de tres años de eso, así que supongo que era normal olvidarlo…
Repentinamente una parte de la historia llegó a mi cabeza.
¡Naruto y Sakura lo habían hecho!
Me sonrojé por las imágenes representativas que se instalaron en mi cabeza y sumergí mi cuerpo en el agua. ¿Qué se sentirá hacerlo con un chico como Naruto Uzumaki?
¡Oh por Dios Hinata, qué piensas!
Levanté mi torso de forma repentina desde debajo del agua, sentándome de nuevo en la bañera. Un poco de agua se había desbordado, cayendo al suelo. Debería dejar de pensar tanto.
Me puse de pie en la bañera y envolví rápidamente mi cuerpo desnudo con una toalla. Con el pie hice a un lado el tapón y deje que toda el agua se fuera por las tuberías, quedando la bañera vacía.
Me puse el pijama, calcetines y cepille mi cabello mojado. Resguardé mis pies en mis pantuflas favoritas y bajé a tomar una taza de chocolate caliente con Hanabi.
Vimos una película en mi habitación y ella se quedó dormida en la cama, por lo que supuse que hoy dormiría conmigo. La arropé, tomé mi teléfono y me escabullí de las sábanas sigilosamente para no despertarla.
Me fui al estudio de papá y me recosté sobre el sofá, tomé el libro de frases de Shakespeare de la repisa y lo comencé a hojear.
"Hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, más sangrientos"
Una frase de traición, cinismo. Dicen por ahí que las traiciones más duras provienen de la gente más cercana.
¿A cuántas personas habría traicionado yo en mi vida? El rostro de Sakura se plasmó en mi cabeza, ni siquiera había hablado con ella en toda la semana.
Revisé la hora, 11:20 pm, Sakura siempre dormía tarde y aparte era viernes. Sin pensarlo, busqué su número en mis contactos y presioné la opción "llamar".
El sonido de espera sonó una, dos, cinco veces. Después una voz femenina me indicó que mi llamada había entrado al buzón de voz.
Tal vez ha de estar ocupada, o dormida.
Dejé el libro en la repisa de nuevo, me sentía un poco triste. Me acerqué a la salida del estudio y antes de cerrar la puerta detrás de mí, el tono de llamada entrante de mi teléfono se hizo presente.
Me introduje nuevamente al estudio, de forma rápida, para no despertar a Hanabi con el ruido. El nombre de Sakura aparecía en la pantalla; lo medité unos segundos y después contesté.
— ¿Hola? —
Ruido estridente se escuchó de fondo unos segundos, para dar paso a la voz aguda de mi amiga peli-rosa.
—Hinata, ¡hola! Qué gusto que me hayas llamado, ¡hace años que no escuchaba tu voz! ¿Qué sucede? — La voz alegre de Sakura me liberó la presión en el pecho. Al parecer no estaba molesta conmigo, como yo pensaba.
—Sólo llamaba para ver como estabas Saku. ¿Te llamé en mal momento? —
—No para nada... ¡Hey espera ese es mío! Perdón Hina, es que estoy en el club con unas compañeras de mis clases de canto, ¿pero te parece si hablamos mañana?—
—Sí claro Saku, es una buena…—
— ¡Ya te dije que la copa era mía!... Perdón de nuevo, ¿mejor salgamos mañana vale? Avísale a Ino y yo le diré a Karin, ¿te parece a las cuatro en la plaza del centro? —
—Sí claro que sí, estaría bien, yo…—
— ¡Devuélveme mi Martini! Lo siento Hina, una perra se está llevando mi orden y yo llegué antes que ella. Nos veremos mañana, besos. ¡Adiós! —
Sonidos intermitentes me hicieron saber que la llamada había terminado. Me quedé observando la pantalla un poco confundida, Sakura saliendo sin nosotras… me sentí un poco dolida. Aunque sabía que no me dejarían ir de todos modos si me invitase.
Le mandé el mensaje a Ino y me respondió inmediatamente que sí iría, también se ofreció a pasar por mí. Se sentía bien volver a comunicarme con mis amigas como antes, aunque pensándolo bien la que se había alejado era yo.
Decidí irme a dormir y dejar de pensar en tantas cosas. Mañana sería un día nuevo.
Mis padres habían llegado en la madrugada de su reunión, por lo que no habían desayunado con Hanabi ni conmigo. En la hora de la comida decidimos pedir pizza y me dieron el permiso para salir con mis amigas.
El día hoy estaba muy frio, había nevado toda la noche y parte de la mañana, por lo que me pude poner mi abrigo negro con felpa marrón en el reborde del gorro.
Cuando me subí al auto del padre de Ino, me dio mucho gusto ver a mi rubia amiga. Ella estaba usando su cabello suelto, cosa que nunca hacía, porque decía que la cubría del frío. Se veía muy bonita y femenina.
—Hina, de verdad que no te he visto en toda la semana pero tengo muchas cosas que contarte. ¿A que no adivinas quién me invitó a salir esta noche? — Me preguntó con entusiasmo. Un centenar de nombres y rostros masculinos que tienen que ver con Ino pasaron por mi mente, pero me enfoqué en los más recientes.
— ¿Aquél chico del equipo de football? —
—Nop. Intenta de nuevo. —
— ¿El que trabaja de Stripper? —
El padre de Ino frenó de forma abrupta y mi amiga abrió los ojos desmesuradamente en señal de alerta.
— Sí, ya sabes, el que es un famoso actor que hizo de stripper en su última película. ¿No es ese? Es un gran chico. —Disimulé la oración y el señor Yamanaka siguió avanzando normalmente. Ino suspiró en derrota.
— No Hina, verás, todos esos chicos cabeza hueca han quedado en el pasado. Creo que éste es el bueno, se llama Shikamaru. Es un chico muy inteligente e intuitivo, demasiado inteligente para una rubia tonta como yo. —Ino se dio un golpecito en la cabeza y sacó la lengua graciosamente, pero pude ver en sus ojos algo de tristeza.
—Vamos Ino, no conozco rubia más inteligente que tú. Seguro que eres mil veces más astuta que él. —
—Eso creía, ¿sabes? Pero siempre que hablo con él, me hace sentir como si fuera un bebé. Reduce mi ego sin siquiera intentarlo. —
—Oh Ino verás que todo sale bien. ¿A dónde irán? — pregunté de forma entusiasta para animar un poco a mi amiga. Su cara se iluminó de nuevo.
— Aún no sabemos, pero será algo tranquilo. Igual y se convierta en una cita múltiple y puedas ir con algún chico especial. — Ino me guiñó el ojo sugestivamente y yo sólo pude sonrojarme. Un chico especial…
Ha de ser lindo cuando tienes a alguien que te hace sentir feliz sólo por tenerlo junto a ti.
Llegamos al centro comercial y nos dirigimos hasta donde habíamos quedado con Sakura y Karin. Visualizamos sus estridentes cabelleras adentro de un local de maquillaje que estaba cerca del punto de reunión.
Estuvimos viendo los productos un rato y decidí comprarme mis primeras cosas básicas para comenzar a maquillarme, obvio con la excelente asesoría de mis amigas. Al final estuvimos conversando un buen rato, paseamos por el lugar y compramos también unas pulseras a juego, todas tenían un dije de trébol en común y uno más, diferente para cada quién; Ino un lápiz labial, Karin una guitarra eléctrica, Sakura una cereza y yo opté por uno en forma de cupcake color lavanda.
—Chicas, ¿a qué hora piensan irse? Para avisarle a mis padres. —pregunté. Ino sonrió maliciosamente.
—Aún no Hina, de hecho, chicas... —llamó la atención de Sakura y Karin. —Shikamaru pasará por mí en su auto y se me ocurrió que fuésemos a un lugar más. Algo que él elija, ya saben, es un chico más grande… podría llevarnos a algo más "cool" —
—No pienso ir a una orgía otra vez si a eso te refieres, rubia pantys flojas—mencionó Karin con toda la naturalidad del mundo. Sakura y yo solo alcanzamos a sonrojarnos.
—Claro que no cabeza de tomate. Shikamaru no es así, él es un chico tranquilo—
—Entonces como sea. Pero que se apure a llegar. —contestó mi amiga pelirroja mientras navegaba por internet en su teléfono.
Sakura estuvo de acuerdo y al final yo también accedí, con un poco de miedo a que mis padres lo descubrieran. Avisé que la madre de Sakura me iría a dejar a casa y esperamos pacientemente hasta que el chico llegó.
Se estacionó en la entrada con un Aston Martin convertible del año y temí por mi vida. No sería la primera vez que Ino se relacionaría, si es que fuese el caso, con alguien de la mafia o algo así; por lo que un adolescente de unos 19 años con tremendo auto no me dejaba nada más que intranquilidad.
Ignorando todas las señales de alerta me subí al auto con mis amigas. El famoso Shikamaru era un chico de facciones varoniles, tenía el cabello recogido en una pequeña coleta y unos ojos negros demasiado penetrantes. También tenía las orejas horadadas, un tatuaje en el pecho que se asomaba de su camiseta de cuello en V y un cigarrillo en mano, que dejaba reposar de vez en cuando hacia el exterior de la ventana.
A pesar de su aspecto poco confiable, al hablar era un chico culto, instruido e inteligente en demasía, como Ino comentó antes.
—Shika, mis amigas y yo paseamos por el centro comercial pero es un poco aburrido. —Ino se acercó a él y pasó un dedo por la quijada del muchacho. —Queríamos saber si podrías llevarnos a algo más…divertido. — Mi rubia amiga bajó su mano por su pecho y lo acarició un momento a la altura de la clavícula.
—Bien. —Respondió el chico con suma seriedad, ni siquiera inmutándose por el contacto con Ino. —Iremos a dónde unos camaradas, es un lugar tranquilo donde podrán conversar; así también podré devolverle el auto a mi amigo. —
— ¿Dices que el auto no es tuyo? — Ino se alejó del muchacho con clara sorpresa y cierto enojo. El chico volteó los ojos y soltó un largo suspiro.
—No, Ino. Me da pereza manejar usualmente, así que prefiero tomar el transporte público o caminar para despejarme. Aparte, tener un auto propio es muy problemático. —
— ¡Problemático será cuando te de un enfisema pulmonar por fumar! —Soltó Ino con notoria molestia, para después cruzarse de brazos en su asiento. Shikamaru rodó los ojos nuevamente y le dio una calada profunda a su cigarrillo.
Seguimos el trayecto tranquilamente, Sakura, Karin y yo platicábamos alegremente en el asiento trasero mientras Ino trataba de hacer obvio su enojo para obtener una disculpa de Shikamaru, que nunca llegó.
Estaba tan inmersa en la conversación que apenas me di cuenta que Shikamaru se había estacionado y había salido del vehículo. Para mi gran sorpresa y horror, se había estacionado frente a un lugar bastante conocido para mí y le estaba entregando las llaves a nada más y nada menos que el dueño del auto.
— ¿Nos trajo aquí? —Preguntó mi rubia amiga con notoria indignación.
— ¿El perro es dueño de éste bebé con ruedas? — preguntó Karin asombrada.
Sakura se mantenía indiferente y yo era un caos por dentro. Estaba sudando frío y mi estómago se retorcía.
¡De todos los lugares del mundo tiene que ser en la cuna de mis problemas!
—Vamos chicas, salgan. Hemos llegado a nuestro destino, la panadería "El Rayo de Konoha" —
¡Que me trague la tierra!
Shikamaru abrió la puerta de mi lado, por lo que quedé completamente desprotegida. Kiba se mostró atónito al verme bajar de su auto, seguida de Karin, Sakura y finalmente Ino.
— Hey chiquilla, que haces en mi…—
— ¿Desde cuándo me dices así, saco de pulgas? —preguntó Karin asumiendo que la oración iba dirigida a ella. Kiba suspiró en derrota, y saludó a Karin con un choque de manos, hecho que lo distrajo un momento de mi existencia.
Aproveché para adelantarme y me adentré al local por la puerta de servicio, en lo que mis acompañantes tomaban asiento en una de las mesas de afuera. En cuanto Kiba entró hacia el área de producción lo jalé de la manga de su camiseta.
— No me conoces. —
— De qué hablas Hinata, claro que te conozco. Trabajas aquí. —Me sonrió ampliamente mostrando sus filosos colmillos. Golpeé mi cara con la palma de mi mano.
— Es una metáfora. Simula que no me conoces y que no trabajo aquí, por favor, luego te explicaré. Si mencionan la fiesta, tú no recuerdas nada ¿entendido? —
Kiba me miró confundido pero finalmente accedió. Posteriormente fue a atender a nuestra mesa.
Me metí rápidamente a la sala del personal donde me encontré con Tenten y la abracé así sin más. Desconcertada, se quedó inmóvil por un momento y después de unos segundos me envolvió suavemente con sus brazos.
—Estoy en problemas Ten. ¿Está Naruto aquí? —
Tenten me miró confundida y después soltó un largo suspiro.
—No Hina, salió desde la mañana y no ha vuelto, ni creo que venga para tu buena fortuna. —
— ¿Cómo sabes que no quiero que esté aquí? —pregunté asombrada, a lo que Tenten sonrió orgullosamente.
— Te la has pasado escondiéndote de él desde el día uno. Tienes muchas cosas que contarme, pequeña Hinata; te ayudaré ésta noche, ve a lo que tengas que hacer. —
Sonreí ampliamente y agradecí múltiples veces a mi castaña compañera. Me escabullí lentamente por la puerta de la cocina y gateé por debajo del mostrador, para después salir como si nada por la puerta frontal.
— ¿En dónde estabas murcielaguito? —preguntó Ino amablemente mientras daba golpecitos en la silla vacía junto a ella, indicándome que me sentara. Tomé asiento y empecé a beber de la taza de café de Ino casualmente, como si nada hubiese pasado. ¿Desde cuándo tenían servicio a la mesa?... ¿Desde cuándo habían puesto mesas?
—Estaba en el sanitario, perdón si no les avisé, es que algo me cayó mal y tuve que irme corriendo. — Mentí. Sakura me miró con sospecha.
— Entonces ya conoces el lugar, como para ubicar el baño tan fácilmente. —
Escupí el sorbo de café que me había llevado a la boca y rápidamente me limpié con una servilleta. Karin e Ino me miraron extrañadas.
—Eh, sí algo así… es que mamá suele comprar pan aquí pero solo he venido un par de veces, no más de un par. —Contesté con falsa tranquilidad. Karin se encogió de hombros e Ino me alejó su taza de café y me acercó el menú. —De hecho ni sabía que tenían servicio a la carta. —
—Eso es porque sólo está disponible los fines de semana, señorita. —Respondió Kiba que recién había llegado con el té de flor de cerezo que había ordenado Sakura. Mi amiga miró a al castaño con sus ojos verdes cargados de sospecha. — ¿Ya está lista para ordenar? —
—Sí claro. Eh, dame un Chai latte de vainilla por favor, caliente; y un rol de canela glaseado. —
— Claro que sí señorita, esos son sus favoritos. — Le lancé una mirada asesina a Kiba, mientras que mis amigas me miraban cada vez con más sospecha. —Eso es lo que me ha dicho la doctora Hyuga siempre que viene a comprarnos. —El castaño se rió nerviosamente y mis amigas parecieron calmar su curiosidad, después de eso se marchó.
Ino me miró intuitivamente y yo decidí apartar la mirada. Me concentré en ver la pantalla de mi teléfono.
—Hinata, yo recuerdo que Kiba y tú se conocieron en la fiesta de fraternidad. Karin los presentó. — Mi corazón se detuvo un momento y sentí como mi temperatura corporal descendió hasta estar cerca de la del exterior. Sakura sonrió como si hubiese desenmascarado mi mentira.
— ¿Eh? ¿Él y yo? Realmente no recuerdo. Ese día fue la primera vez que tomé alcohol, y no recuerdo nada muy bien ahora. — Dije lo más tranquila que pude y miré a Karin en señal de ayuda, que rápidamente entendió.
— Así es chicas, yo misma la puse ebria y con tequila del barato. Aparte ni yo recuerdo que sucedió ese día, me metí tanto alcohol y tanta marihuana que ni sé cómo estoy viva el día de hoy. —Dijo Karin sin sumarle mucha importancia. Agradecí eternamente a mi pelirroja amiga.
—Pero incluso el día después charlamos de eso, de eso… y de lo de Naruto. —sentenció Ino decidida a saber la verdad. Sakura apartó la mirada un segundo y después me miró de una manera que no pude descifrar. —No me digas que no recuerdas lo de Naruto, por qué eso es mentira. —
—Disculpen señoritas, ¿todo bien con su orden? —
Mi recién llegado jefe estaba recargado con sus manos en el respaldo de la silla de Ino, mirando a Sakura fijamente. Ino se sonrojó por verse atrapada.
Sakura estaba atónita.
— ¿Naruto? —Balbuceó mi amiga de cabello color chicle. El rubio chico sonrió de lado.
—Sakura, un gusto volver a verte. Sigues preciosa igual que siempre. —
Me sonrojé por el comentario dirigido a mi amiga; nunca había visto a Naruto en ese modo tan… ¿masculino?
—Sí, yo… Muchas gracias, tú también estás muy…bien. — Dijo Sakura mientras jugaba con un mechón rosado de su cabello, su rostro estaba sonrosado. Naruto sonrió dejando ver sus piezas dentales.
—Si me disculpan, señoritas, iré a apresurar sus pedidos en la cocina. Tengan bonita noche y disfruten la estancia en nuestra panadería. —Exclamó Naruto como todo un caballero, dejando el ambiente embelesado por su carisma natural. Después, se retiró.
Mis amigas decidieron no volver a tocar el tema durante el tiempo en el que estuvimos en la panadería, pero el ambiente se había tornado un tanto tenso. Después de un rato, Shikamaru apareció nuevamente y acompañó a una molesta Ino y una feliz Karin a la que le había compartido un cigarrillo, a sus hogares vía transporte público. Eso nos dejaba a Sakura y a mí.
Esperamos a la señora Haruno pacientemente; Sakura se veía dispersa, mirando al infinito y yo estaba divagando en mis propios asuntos. Si bien el tema no había vuelto a la luz, algún día lo haría y ¿qué iba a decir?
La madre de Sakura llegó por nosotras y abordamos su camioneta. Ni Sakura ni yo nos atrevíamos a iniciar conversación alguna.
—Chicas… ¿cómo les fue? —preguntó la señora delicadamente para romper el hielo. Sakura contestó con un simple "bien" y yo me limité a sonreírle por el retrovisor, después el silencio se instauró de nuevo.
Podía notar que Sakura estaba distante y no pude soportar mucho tiempo más.
—No sabía que Naruto trabajaba ahí. —justo cuando iba a abrir la boca para hablar, formuló esa oración. No me miró a los ojos, simplemente jugaba con un hilo suelto de su suéter; cómo si le hubiese confesado aquello al aire.
—Yo…—
—Tú no lo sabías, ¿verdad? —Sakura me miró, tenía una mirada llena de esperanza. Sabía que quería que le dijera que yo no tenía idea. Bajé el rostro avergonzada.
—Ya veo. —la miré, estaba cabizbaja pero sonriente. —Claro que lo sabías, trabajas ahí ¿no es cierto? —
La miré completamente atónita. La máma de Sakura decidió ponerse sus audífonos para darnos cierta "privacidad" en el asiento trasero.
— ¿Cómo…?—
— ¿Cómo lo supe? Me lo dijeron. Te iba a felicitar por tu empleo, pero nunca me lo contaste; ahora veo por qué. —
Sentí una punzada al corazón, sus palabras venían totalmente directas, frías. Pude sentir mis ojos aguarse, pero retuve mis lágrimas. No tenía derecho de llorar, la que la había traicionado realmente era yo.
— ¿Sabes? Lo del beso no tuvo importancia. Realmente te lo dije de corazón, no me importó, sé que no sabías ni quién era. Pero esto es diferente, estabas totalmente consciente de quién era, aunque no recordaras la fiesta. Es obvio que si trabajas con él sabes quién es. —Sakura me miró molesta, expectante de una respuesta de parte mía. Yo no podía hacer nada más que mirar a otro lado para no llorar. —Hiciste a un lado nuestra amistad, la lealtad, todos estos años, por un sujeto que apenas conoces. Todo por la ilusión de que fue tu primer beso real, pero pensar que lo que pasó fue auténtico, es patético. Naruto nunca correspondería a una chica como tú. —
Levanté la vista sorprendida, las lágrimas bajaban por mis mejillas. Que Sakura me considerara como una chica que no vale la pena realmente me había herido.
—Él no es nada para mí, estás equivocada. Si no te lo dije fue porque tenía miedo de lastimarte de nuevo, ¡el trabajo fue un castigo, yo no lo elegí! —Alcé la voz esperando alguna reacción de ella, pero no hubo nada. Y lo entendía, todo lo que salía de mi boca parecían excusas.
—No importa, ahora eres lo mismo que él; más me duele la traición de la que consideré como mi hermana que la suya. El puesto número uno, ahora es tuyo. — Sakura me miraba con lágrimas de enojo retenidas y yo no pude hacer nada más que aceptarlo. Ya habíamos llegado al frente de mi casa desde hace un rato.
Me desabroché el cinturón de seguridad y abrí la puerta, encontrándome con la baja temperatura. Realmente ni me molesté en ponerme la chaqueta.
—Señora Haruno, muchas gracias por todo. —Se lo dije y asintió con los ojos cerrados, de manera triste.
La que había sido mi segunda madre sabía que ese agradecimiento, era el último. Me bajé del auto y cerré la puerta con cuidado, entré a la casa y me dirigí directamente a mi habitación.
Me tiré a la cama y abracé mi chaqueta, aún llena de pequeños cristales de hielo que no se habían derretido. Lloré, lloré como nunca había llorado y me juré a mí misma, que podría ser alguien que valiese la pena.
Me levanté la mañana del domingo, el día no estaba tan frío como el de ayer. Por lo menos una buena noticia.
Me miré al espejo, tenía los ojos hinchados y rojizos, el cabello enmarañado y la misma ropa de ayer. No me había bañado.
Tomé una ducha rápida y me vestí con un pantalón, un suéter amplio negro y unos tennis blancos. Usé el maquillaje que había comprado ayer para disimular lo demacrado de mi cara y quité el flequillo de mi frente para darle un poco de luz a mi expresión, me puse un gorrito negro para no verme tan simple.
Bajé las escaleras, Hanabi estaba viendo Lilo & Stitch en Disney mientras tomaba leche con chocolate y papá estaba dormido en el sofá, con una revista de economía y finanzas sobre sus piernas. Me asomé por la ventana al jardín trasero y vi a mamá, que estaba dentro del invernadero.
Decidí ir a donde ella, estaba recolectando algunas fresas que colgaban de los soportes de nuestro sembradío. Sin decirle nada empecé a recolectar las que estuviesen maduras y a depositarlas en la canasta.
—Esta temporada tendremos fresas de a montón Hina. ¡Hasta parece un homenaje a los Beatles! ¡Strawberry Fields Forever!… —Cantó mi mamá alegremente, a lo que yo respondí con risas sutiles. Las fresas no me gustaban mucho por sí solas, pero sí que las comía en postres; aparte, eran muy estéticas para adornar.
Mi rostro se ensombreció cuando recordé la panadería. Si bien no había ido por tanto tiempo, me había encariñado con todos y con el trabajo; pero a éstas alturas me planteaba dejarlo. Creo que sería lo más sensato que podría hacer por Sakura.
Mi mamá se puso frente a mí y acarició mi rostro con el dorso de su mano.
—Maquillaje, ¿desde cuándo? —preguntó con una sonrisa confusa. Le sonreí.
— Desde hoy; solo porque es necesario—
Mamá me alzó una ceja y posteriormente rio. La miré confundida.
—Ni poniéndote una máscara podrás escapar de tu madre; sé que estás triste, hija. —Miré avergonzada a mamá, tenía razón. Me acurruqué en su pecho y ella me sostuvo con sus brazos, acariciando mi espalda.
—Mamá, traicioné a alguien. No porque quise, sino porque oculté la verdad por miedo, pensando que era lo mejor. —
Mamá suspiró débilmente y comenzó a pasar sus dedos por las finas hebras de mi cabello lacio, desenredándolo en toda su extensión.
—Hija, a veces creemos que evadir la realidad protegerá a nuestros seres amados; pero la honestidad siempre es el mejor camino. Al principio puede doler, sí, pero es necesaria, aunque sea cruda o incluso cruel, una mentira no cambiará la manera en la que son las cosas.
Si mientes o evades la verdad por protegerte a ti o a los demás, cuando se enteren de la realidad no podrás huir de tu mentira; entonces serás tú la que habrá hecho el daño más importante. —
Miré a mamá con los ojos inundados de lágrimas, sintiendo que había dado en todas las heridas de mi corazón. Mamá me sonrió dulcemente.
—Si crees que algo es tan importante como para ocultarlo, entonces es lo contrario: es lo primero que deberías decir. Si crees que le debes una explicación a alguien, dile toda la verdad; y si no, no lo hagas, porque tampoco le debes explicaciones a todo el mundo. Discernir en qué posición estás, está aquí. —Mamá tocó mi pecho con su dedo índice. —Así que ahora piénsalo y ve a donde tengas que ir.
Le sonreí ampliamente a mamá mientras me limpiaba las lágrimas con la manga de mi sueter, llevándome también el maquillaje. Mamá me sonrió de la misma manera.
Tomé mis llaves y saqué mi bicicleta del garaje. Puse la canasta de fresas dentro de la canasta de la bici y emprendí mi viaje.
Pedalee lo más rápido que pude. El aire frío me golpeaba la cara sin delicadeza y no sentía mi nariz de lo fría que estaba, mis dedos también estaban engarrotados al manubrio.
Al llegar a mi destino encadené la bicicleta al poste de la esquina y tomé la canasta con fresas. Me fijé en la hora de mi celular rezando por haber llegado a tiempo.
Eran las doce y media del mediodía. Tal vez era muy tarde.
Abrí la puerta lateral de la panadería y me introduje al área de producción, busqué pero no había nadie. Apresuré el paso hacia el mostrador y tampoco estaban, ni en la sala del personal y ya habían quitado las mesas de afuera.
Me senté en la mesa del área del personal. Pensándolo bien, la situación tal vez era una señal para no regresar al lugar y dejar de una vez en paz a las personas que confiaron en mí; así no les causaría más problemas. Subí mis piernas a la silla y las abracé junto con la canasta de fresas; debía tomar un poco de fuerza para poder irme tranquila.
Solté algunas lágrimas que sequé de inmediato. Arreglé las fresas para que se vieran bonitas en la canasta y saqué mi delantal de mi casillero, lo doblé y lo puse junto con el gafete; me di cuenta por primera vez que el nombre no estaba impreso, si no escrito a mano. Sonreí con tristeza.
—Qué detalle. — susurré para mí misma. Me puse de pie y quité la llave del casillero de entre mis llaves, la puse sobre el delantal. Era hora de irme y retomar mi vida normal; sin Sakura y sin Naruto Uzumaki, aunque eso significase dejar atrás la panadería, a Tenten y a Kiba.
Salí por la puerta lateral y caminé hasta mi bicicleta; me di cuenta que no había traído conmigo la llave para abrir el candado así que se tendría que quedar encadenada. Seguí caminando hacia mi hogar, no podía evitar unos cuantos sollozos; de verdad amaba cocinar.
Caminé unos minutos más, observando el paisaje a mí alrededor, era muy bonito. Estaba esperando la señal del peatón para cruzar la calle. La sonrisa de Tenten, los colmillos de Kiba, el esfuerzo de preparar cosas con amor todos los días, adornarlas, la diversión en la cocina. Todo lo iba a extrañar.
La cara de Naruto Uzumaki se posó en mi cabeza. Todos los gestos, las sonrisas y los amables detalles que me había dado, creo que incluso a él lo extrañaría.
Y también me hacía pensar en si de verdad le debía explicaciones a Sakura… pero realmente la quería como mi hermana. Si abandonar esto me ayudaba a sentirme mejor…lo haría.
Me sequé nuevamente las lágrimas y puse un pie en la calle para seguir con mi camino. No iba a mirar hacia el pasado otra…
— ¡Hinata! —
Volteé para encontrarme con quién me había llamado. Detrás de mí y tratando de recuperar el aliento, estaba Naruto Uzumaki, recargado sobre sus rodillas.
—No… no te vayas. —Lo escuché decir con dificultad. Sentí una especie de calor en mi pecho.
Se incorporó y miró directamente a mis ojos grisáceos, inyectándoles el azul de los suyos. Sus finas hebras de cabello dorado estaban pegadas con sudor a su rostro, que estaba rosáceo por el ejercicio.
Se acercó a mí y posó sus grandes manos con un fuerte agarre alrededor de mis menudos hombros.
—No te puedes ir así cómo así, eres parte de la familia. Lo que sea que estés pensando, estás equivocada. —
¿Equivocada? ¿Y él que iba a saber? Yo no estaba equivocada.
Es más.
Si tenía problemas, era por él, por meterse con mi amiga y después lastimarla, por cruzarse en mi vida. Él tenía la culpa.
— ¡Tú que puedes saber! ¡No sabes el daño que has hecho! Mira a Sakura… ¡Dime que no recuerdas lo que le hiciste! —
Las lágrimas recorrían mis mejillas sin parar, una tras de otra. Naruto me miraba atónito, dejando ir el agarre de mis hombros.
—Yo no…—
— ¿Tú no qué? ¿Tú no lo hiciste? ¡La lastimaste! Y yo también lo hice, todo por aquella vez que yo…—
—Qué me besaste. —
Mi llanto se detuvo al escuchar esas palabras. El rubio me miraba directamente a los ojos, sin miedo; lo miré sorprendida.
—Desde cuándo lo sabes… quién te lo—
—Nadie me lo dijo. Lo recuerdo todo. — Naruto se acercó a mí y yo me alejé lo más que pude, hasta que mi caminar se vio obstruido por el fin de la banqueta. —Mentí sobre no recordarlo para protegerte. Y me arrepiento por haberte causado tantos problemas—
No pude hacer más que quedarme callada. El oji azul me miró arrepentido.
—Pero si me dejas, te prometo que te ayudaré a arreglarlo todo. Hinata, no puedo dejarte ir así como así; no me pidas explicaciones ahora porque no es el momento. —
Cuando me miró nuevamente, algo en él había cambiado. Me miraba como si quisiese decirme algo… y de alguna manera me hacía sentir nerviosa.
Me estiró la mano, para que la tomase. Lo pensé un momento y realmente sí podría ser gran ayuda para recuperar a Sakura; él la conocía al igual que yo.
Estiré lentamente mi delicada mano hacia él, y en vez de tomarla, dejo caer sobre mi palma una fresa que tenía contenida en la otra mano.
—Por ahora la única explicación que puedo rendirte es que las fresas que llevaste son las mejores que he probado. ¿De dónde las sacaste? —Me preguntó alegremente, yo también sonreí. Me había dado un poco de esperanza de que toda mi situación mejorase.
—Mi mamá las cultiva en casa, en un invernadero. — Le confesé tímidamente. No pensé que nuestras fresas fueran la gran cosa.
—Entonces, señorita Hyuga, le tengo una propuesta. ¿Le parece si nos provee de fresas durante ésta temporada y a cambio recibe una módica cantidad extra a su sueldo? —Naruto me hablaba con falso profesionalismo, lo que me causó gracia. Asentí un poco avergonzada.
—Oh, usted no creerá que nuestra panadería realiza tratos de palabra. Así que por favor, firme éste contrato. —
El chico de cabellos dorados me extendió una hoja en blanco, únicamente siendo adornada por su firma. Alcé una ceja, confundida.
—Está en blanco. —
—Así es señorita, porque después hablaremos sobre las condiciones del contrato. Por ahora solo requiero su firma y su nombre en la parte posterior izquierda de la hoja para sellar el compromiso con nuestra empresa. — Me extendió un bolígrafo y se puso de espaldas, en cuclillas, indicando que me apoyara en él para firmar. Puse la hoja delicadamente sobre su espalda y deslicé el bolígrafo anotando lo que se requería.
Una vez terminado el "proceso" le extendí la hoja a mi jefe. Sonrió.
—Debo informarle, señorita Hinata Hyuga, que acaba de firmar un contrato forzoso para ser nuestro proveedor hasta que el último brote de fresas del año se acabe. No hay marcha atrás, estaba en las letras chiquitas que próximamente escribiré—
Reí alegremente y el también. Al parecer, tendría muchos más bizcochos que hornear
¡Hola lectores!
Ha pasado un buen tiempo, ¡unos cuantos meses! una gran disculpa. Realmente entre todos los deberes de la escuela se me va la inspiración, pero éste fin de semana decidí escribir un capítulo más largo en compensación. ¡Las cosas se van calentando un poco en la historia!
Muchísimas gracias por entrar a leer éste fic. Va un poquito lento pero siento que así es más auténtico que poner todo demasiado rápido :D
Mil disculpas si hay errores que se me hayan pasado. Trato de mejorar con cada capítulo.
¡Anuncio!
Varios personajes del mundo de Naruto irán apareciendo lentamente, así que diganme. ¿Qué pareja les gustaría ver aquí? no importa si es inusual, a veces las parejas más raras son las más interesantes, ¡tomaré en cuenta su opinión!
¡Gracias a las personas que siguen y tienen en favorito a este fic!: GazettaKaorii1, MadeNaruhina26, BigBangCancerberus, JeffTheKiller-JTK-GoToSleep, Majo Guevara, Miriamalva-zus, NaruHina The Last, Unique95, Uzumaki Tsuki-Chan, Xrst, Aloh, Caic, Ilee-chan, Jonylol, Kaichou3, y perla gd.
¡Espero tengan una hermosa semana, vida, día, año y demás!
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Nos veremos pronto, firma
-Luameixa.
*Respuesta a reviews*
Aloh: ¡Así es! ya ves que vueltas da la vida jaja. ¡Que tengas bonito día y muchas gracias por los buenos deseos!
Ricka: ¡Me da muchísimo gusto que te haya gustado, gracias por leer y espero te guste el nuevo capítulo! ¡Saludos afectuosos!
Crayola 94: Ya viste que ni tan tranquila pudo estar jajaja. ¡Pronto se descubrirá quién es la persona que está haciendo la vida de Hinata imposible, saludos!
MadeNaruhina26: ¡Un trío amoroso de KibaxNarutoxHinata no suena nada mal! Yo la juntaría con todos jajaj, ¡muchísimas gracias por leer y que tengas un hermoso día! Saludos.
NaruHina The Last: Mil gracias por revisar la historia, ¡me alegra mucho que haya sido de tu agrado! Aquí esta la continuación por fin, ¡mis mejores deseos y un gran saludo!
