De amor y otras maldiciones
Por Muinesva
IV
Traición
21 de diciembre, 1872
La fiesta acababa de terminar. Había acompañado a Lynx hasta el vestíbulo y él se despidió con un delicado beso en su mano.
Isla suspiró. Sentada otra vez frente al espejo, acariciaba su nueva alhaja. Pensativa, tenía la vista fija en su reflejo sin mirarse realmente. Sacó de un cajón el regalo de Bob y lo observó, con una tímida sonrisa asomando en sus labios.
—Has estado realmente extraña hoy, Isla.
Isla odió la manera que tenía su hermana de entrar a su habitación sin llamar.
—No te escuché tocar la puerta —dijo sin levantar la voz, indignada.
—Jamás te había molestado —soltó sorprendida por la repentina molestia de su hermana.
—Jamás te lo dije.
Lo cierto era que Isla se había sentido amenazada ante la presencia de Elladora y con dedos temblorosos intentaba guardar el obsequio sin que ella se diera cuenta.
—¿Qué es esto?
—Nada —pero Elladora le arrebató de las manos el collar. Isla trató de recuperarlo sin éxito—, dámelo, Ella.
—Conozco todas tus alhajas, Isla, son heredadas, pero esto, ¿de dónde lo has sacado? —preguntó sin dejar de mirarla recelosa.
—Lo compré un día en el Callejón Diagón —contestó encogiéndose de hombros, tratando de restarle importancia al asunto a pesar de que ya sentía bombear el corazón en sus oídos.
Elladora le devolvió el collar y se alejó un poco.
—¿Me contarás lo que te sucede?
—No me sucede nada, ya te lo he dicho —replicó con cansancio— Ya es tarde, Marcus estará esperándote.
—Está hablando con padre.
Isla, ignorando a su hermana, empezó a deshacerse el peinado, dejando sobre el tocador la peineta.
—Estás enamorada.
La repentina afirmación hizo que Isla quedara inmóvil, mirando atónita a su hermana. A los pocos segundos reaccionó y sonrió.
—Por supuesto. Lynx es encantador.
—No hablo de Lynx —la cortó. Isla la miró sin comprender— ¿Quién es él?
Isla la miró con desaprobación.
—Esto no me hace ninguna gracia.
—Conozco esa mirada —continuó, ignorando la expresión indignada de su hermana—. Y los nervios. No son por el enlace, ¿verdad? Has estado pensativa y ya no quieres hablar de Lynx. Por eso te lo repito, ¿quién es él? ¿Lo conozco?
—Ella —empezó con tranquilidad, como si quisiera asegurarse de que su hermana la comprendía bien—, no hay nadie aparte de Lynx. Te lo aseguro.
En ese momento Lyra apareció en la puerta.
—Oh, aquí estás, Ella. Marcus te espera en el vestíbulo.
—Gracias, madre.
La tensión entre las dos hermanas no pasó desapercibida para Lyra y sin perder el tiempo les preguntó lo que sucedía. No importaron las respuestas tranquilizadoras de ambas, ella no creyó ni una palabra.
—Lo que pasa, madre —dijo Ella al final mirando a Isla, quien abrió mucho los ojos, alarmada—, es que estoy segura de que Isla tiene un amado que no es Lynx.
Isla soltó un respingo y miró a su hermana con reproche. Su madre se giró bruscamente hacia ella.
—¿Es cierto eso? —Isla negó con la cabeza repetidas veces— ¡Dilo! Di que no es cierto.
—No… —por alguna razón no fue capaz de continuar con su mentira— Es cierto. Hay alguien más.
Elladora abrió la boca, sorprendida por la confesión. Lyra quedó petrificada, mirando a su hija, sin poder creerse sus palabras.
—Es mentira — habló al final con seguridad—, estás mintiendo, ¿verdad, querida?
Isla tragó saliva. Podía negarlo una vez más y fingir como había hecho todos aquellos meses, pero ya no podía hacerlo. Su boda iba a celebrarse dentro de unos días y no era capaz de seguir con el plan. Amaba a Bob y no podía casarse con Lynx. Quizás había llegado el momento de que su familia se enterara. Tal vez, y solo tal vez, la comprenderían y aceptarían su decisión.
Pero cuando confesó toda la historia a su madre deseó no haberlo hecho y tuvo la certeza de que nadie la apoyaría.
Jamás borraría de su mente la mirada de su madre. Pudo ver tantas cosas en sus ojos. Sorpresa. Dolor. Decepción. Odio.
—Has traicionado a tu familia —dijo con la voz cargada de amargura. Isla hizo el amago de decir algo pero un gesto de Lyra hizo que callara—. Prefieres a un muggle cualquiera antes que a tu familia.
—Madre, si lo conocieras, verías que es el indicado…
—¡Un muggle jamás será el indicado! —exclamó con enfado— Eres una Black. Compórtate como tal.
—Si ser Black significa renunciar a ser feliz, entonces no quiero ser una Black —soltó. Elladora la miró escandalizada.
Lyra la observó sin decir nada, infinitamente decepcionada.
—Si decides fugarte con aquel miserable, ten en cuenta que jamás serás admitida de vuelta en esta familia.
—No importa. Seré feliz con él —respondió Isla con convicción.
—Estás obnubilada por algo que crees que es amor, querida —Lyra se acercó a su hija y le tomó ambas manos—. No hay nada como tu familia, con quienes estás segura. Un puñado de muggles desconocidos jamás podrá ser tu familia y siempre te sentirás fuera de lugar.
—El amor lo puede todo, madre.
Lyra miró a su hija con profunda pena y la soltó.
—Comprenderás tu error un día, pero ya será demasiado tarde.
Su madre abandonó la habitación mientras Isla sentía un vacío en el pecho.
—Estarás contenta —expresó Elladora con rabia—. Madre ya ha perdido a un hijo, ¿o ya no recuerdas a nuestro hermano Sirius?
—¡Elladora!
—Pero lo que no sabes es que murió justo antes de que nacieras —continuó, ignorando la protesta de Isla—. Viniste al mundo antes de tiempo y fuiste lo que hizo que madre no perdiera la cabeza. Fuiste su apoyo. Cuidándote, encontraba la manera de no pensar en su hijo muerto. Nos descuidó a Phineas y a mí por un tiempo, sí. Pero padre siempre ha estado ahí para velar por todos nosotros a pesar de su dolor.
—¿Por qué me estás diciendo todo esto ahora?
—Porque quiero que veas que lo que sientes no es real —repuso, tratando de que Isla comprendiera su punto de vista—. Que lo que tenemos aquí es real. Nadie te procurará tanto como aquí. Sabes que la familia es lo más importante, y formarás tu propia familia con Lynx, pero siempre estaremos juntos para apoyarnos mutuamente. Nos conocemos desde siempre y sabemos lo que podemos esperar. Confiamos en Lynx y sabemos que te protegerá siempre. ¿Quiénes son esos muggles? ¿Crees que te ayudarán en un apuro? Ese hombre que dices amar, ¿crees que estará contigo para siempre?
—Basta, Ella. Lo que haga con mi vida es cosa mía —dijo Isla con frialdad.
—Ese hombre —le interrumpió— ¿sabe que eres una bruja? —Isla enmudeció. Elladora entendió su silencio— No lo sabe. ¿Piensas ocultárselo?
—Se lo diré —Elladora abrió la boca para protestar, pero Isla siguió hablando—. No violaré el Estatuto. Solo lo sabrá él y será muestro secreto.
Elladora negó con la cabeza, mirando a su hermana como si no la conociera.
—Los muggles odian la magia. No la comprenden. Estás cometiendo una estupidez.
Isla le dio la espalda, cerrando los ojos. Y mientras su hermana no dejaba de hablarle de la importancia de la sangre, la clase y la calidad de vida, ella solo quería desaparecer.
