Abrí los ojos cuando escuché cómo la puerta de mi habitación se abría con cuidado, por ella se filtraba un poco de luz y pude distinguir la silueta de mi madre, pronto su perfume embriagó toda el cuarto. Se acercó a mí despacio, intentando no despertarme con el sonido de sus tacones, yo ya estaba despierta, pero ella no lo sabía, se agachó junto a mí al tiempo que me hacía la dormida y plantó sus cálidos labios sobre mi frente antes de acariciarme el pelo con ternura. Me arropó cariñosamente y salió con sigilo, le dijo algo a mi padre y al poco tiempo entró intentando ser tan cuidadoso como lo fue ella. Me dio un beso y me susurró que me quería, después salió y ambos bajaron la escalera para irse a trabajar. Cuando escuché el motor del coche, me quité las sábanas y miré la hora, eran las seis y cuarto, suspiré mientras dejaba el reloj en la mesa. Cuando me dieron el alta del hospital, el médico que me trató dijo que lo mejor sería que no saliera de casa hasta estar bien del todo, a mí me pareció una gilipollez, porque me encontraba perfectamente, pero mis padres no pensaban lo mismo, así que llevaba casi seis días metida en la cama, saliendo solo para ir al servicio, ya que mi madre se empeñó en que debía guardar reposo y no salir a no ser que fuera extremadamente necesario. Desde el accidente mi madre había estado prácticamente pegada a mí, hasta hoy, que tuvo que volver al trabajo, dándome un respiro.

Salí de la cama, corrí las cortinas y subí la persiana, mi jardín estaba completamente blanco y bonito. Decidí vestirme y salir fuera, para respirar algo de aire fresco, me estaba asfixiando ahí dentro.

Cogí mi anorak, unas botas, bufanda y guantes, y un gorrito marrón que me habían regalado mis tíos las navidades pasadas, bajé las escaleras rápidamente y casi corrí hasta la puerta que llevaba a la parte de atrás de mi casa. Me detuve ante ella respirando con dificultad, me dolía el pecho a causa de mi acelerado pulso y temblaba ligeramente, hacía casi siete años que no iba a esta parte de la casa y la verdad, aún no sabía si estaba preparada para ello. Extendí una mano trémula hasta el picaporte y lo agarré temblorosa, cerré los ojos y respiré hondo, intentando calmarme, la puerta sonó cuando la abrí y una fría brisilla me impactó de lleno en la cara, provocándome un escalofrío que me recorrió la columna. Salí dando pequeños pasitos y cerrando la puerta tras de mí, no parecía haber cambiado mucho: el enorme roble seguía en su sitio, sujetando el columpio en el que tantas veces jugué con Jerry, la caseta en la que mi padre guardaba las herramientas estaba en la esquina derecha, como siempre, los arbustos que lo rodeaban seguían estando, aunque desnudos a causa del invierno, lo único que eché en falta fue la barbacoa, la cual habían tirado hace un par de años.

Caminé insegura hasta la gran rueda sujeta con cadenas, las rocé suavemente con los dedos enguantados y luego, lentamente, retiré la nieve que había sobre el caucho para poder sentarme. Aquello me entristeció enormemente, pues la última vez que me había sentado aquí fue para que mi padre nos empujara a mi hermano y a mí. Empecé a balancearme despacio mientras tarareaba una canción que solía cantarme mi madre antes de dormir, la letra hablaba del amor entre dos jóvenes, un amor prohibido y maldito que acaba con la muerte de ella y la locura de él, claro que eso no lo entendí hasta muchos años después. Seguí cantando en voz baja hasta que noté unos ojos en mi nuca, pero en lugar de callarme, canté más alto para espantar al miedo, repetía las dos mismas estrofas una y otra vez, cada vez con más fuerza, hasta que en una de esas, olvidé la segunda parte y me callé, algo confusa, no entendía cómo había olvidado algo que llevaba cantando prácticamente una hora, pero mis pensamientos pronto cesaron cuando escuché algo que se hundía en la nieve. Mi corazón comenzó a bombear sangre con rapidez y la adrenalina no tardó en recorrerme entera, aunque no estaba segura de si aquello era real o simplemente era un producto de mi paranoica mente, pero un suspiro cansado me confirmó que lo que estaba detrás de mí no era una ensoñación.

Me giré y me encontré con un chico con sudadera azul, pantalones marrones y bastón, él me miraba fijamente sin expresión alguna, cosa que me molestó bastante.

—Hola —dije despacio. Jack no me respondió, es más, pareciera que ni siquiera me escuchaba, él simplemente me observaba atentamente—, hola —repetí, molesta.

El chico parpadeó un par de veces y me miró a los ojos con el ceño fruncido.

—¿Por qué has dejado de cantar? —Su pregunta me pilló desprevenida y no entendí a qué se estaba refiriendo, él entendió mi expresión y resopló irritado—. Estabas cantando una canción hasta que de pronto te has callado.

—Bueno, digamos que se me ha ido el hilo cuando has aparecido —la tensión estaba empezando a ser palpable y tanto Jack como yo estábamos bastante incómodos. La conversación cesó.

Estuve un rato indefinido jugueteando con la nieve que estaba a mis pies, tratando de ignorar las penetrantes miradas que me lanzaba el muchacho de vez en cuando, pero era prácticamente imposible concentrarse en otra cosa con el Espíritu del Invierno a menos de dos metros. El chico movía de cuando en cuando su bastón, haciendo así que la nieve cayera más o menos rápido. Nos pasamos un tiempo que creí eterno en silencio hasta que él habló:

—Será mejor que me vaya —levanté la mirada justo cuando se dio la vuelta para irse, y algo en mi interior se revolvió, me sentía culpable.

—Jack, espera —dije levantándome y caminando hacia él. El joven guardián se detuvo y ladeó la cabeza.

Yo abrí y cerré la boca varias veces, ni siquiera sabía qué quería decirle.

—Yo… —comencé nerviosa. Las manos, las cuales siempre tengo secas, comenzaron a sudarme y pronto los guantes empezaron a estorbar. No me salían las palabras. Él resopló con cierta indignación y comenzó a caminar de nuevo—. Jack… Gracias.

Jack se detuvo y se giró lentamente para mirarme, tenía una ceja levantada en señal de que no sabía a qué me refería, yo agaché la cabeza como una niña pequeña y me mordí un labio, solo Dios sabía lo que me costaba ese tipo de cosas.

—Ya sabes —dije con la boca pequeña—, por lo del otro día.

Jack me miró unos instantes sin decir nada, yo tenía el ceño fruncido y me retorcía las manos con nerviosismo, con la cabeza gacha aún.

—De nada.

Le miré a los ojos, pero estos no expresaban nada más que indiferencia, su semblante serio me hizo arrepentirme de mis palabras y enfadada me di la vuelta dispuesta a meterme en mi casa para olvidarme del estúpido Jack y de su estúpida arrogancia cuando oí que dijo mi nombre. Me detuve casi por instinto.

—¿Por qué? —Aunque no especificó, supe a qué se estaba refiriendo y eso me pilló completamente desarmada. Ladeé la cabeza como él había hecho antes y le respondí.

—Por todo —contesté sin más. Jack resopló con cierto desdén.

—¿Es que aún no lo has superado? —Se acercó a mí—. ¿No ves que no puedes seguir así, que no es sano ni para ti ni para tus padres? Tienes que aprender que las cosas nunca salen como uno quiere, que hay que saber afrontarlas sin miedo. No puedes quedarte en el pasado, lamentándote toda tu vida y diciendo lo desgraciada que eres. Ya no eres una niña.

Se acabó, la olla acababa de explotar. ¿Cómo se atrevía decirme aquello? Después de que desapareciera cuando prometió que siempre estaría cuidándome.

—Tú no sabes nada. ¡Nada! —Le grité con desprecio. Las lágrimas corrieron a mis ojos y vi cómo Jack se turbaba ante mi reacción, retrocediendo un par de pasos—. No sabes lo que es perder a un hermano, o lo que es estar solo durante años y años, que la gente solo te recuerde para humillarte y destrozarte. No tienes ni idea de esto, porque no eres humano, y como no lo eres no tienes ningún derecho de echarme nada en cara. Así que hazme el favor de desaparecer de mi vida, de irte a la mierda y de no volver a buscarme, porque no quiero saber nada de ti, quiero que desaparezcas para siempre.

Cuando acabé tenía el rostro enrojecido, por los gritos y el enfado, y mojado, hipaba con frecuencia y estaba temblando de rabia, pero los ojos de Jack dejaron ver atisbos de tristeza y en seguida me arrepentí por todo lo que le había dicho, el enfado se esfumó como la arena entre las manos y yo me puse a llorar como una niña pequeña. Me tapé la cara con las manos para evitar la triste mirada del muchacho.

—Muy bien —le miré fijamente a los ojos, pero ya no había dolor en ellos, tan solo... Rabia.

—¡Jack, espera! —Pero era tarde, él ya se había ido.


¡Hola, buenas! ¿Qué tal? n.n
Aquí está el nuevo capi, me ha costado bastante escribirlo, porque he estado haciendo el tonto mientras tanto xDDDDD, pero bueh, espero que os guste :D
Veamos, al principio había escrito un final muy mono en el que Jack no hace caso de las palabras de Violet y le abraza para consolarla, pero no terminó de convencerme, porque no veo a Jack como un tío sentimental, sino como un chico orgulloso y algo arrogante xDD, así que os quedáis con este, que es algo más seco pero también más auténtico.
Si atáis cabos descubriréis por qué se enfada tantísimo la chica cuando él le dice esas cosas, no os voy a decir nada xP

¡Muuuuuuuuuuuuuuuuuchas gracias por las reviews, chicas, sois geniales! :_
Bien, creo que esto es todo.

Lo de siempre, comentad, dadme follow/fav y todo eso que se suele decir x3

Un besazo muy grande!

NachDemWinter.