¡Por fin! Sé que tardé, lo sé, pero ¡ya! Me he decido y me he puesto una fecha límite que mi computadora se encargará de acordármelo todos los meses y con suerte lo obedeceré (haré todo lo posible, lo prometo) Pero al menos, ya actualicé, o sea que definitivamente no tengo este fanfic olvidado, nunca. Esperen pacientemente por más actualizaciones por favor y gracias. Los adoro. ¡ARRIBA AOKAGA!


Capítulo III

El almuerzo ha sido fantástico, como es costumbre en la familia, una gran variedad de platos que iban desde pastas hasta ensaladas caribeñas. El comedor desprendía celeridad por cada integrante allí comiendo. Y Kagami no se sintió reprimido por su inhumano apetito, comió todo hasta quedar satisfecho.

Esa misma tarde los abuelos de Aomine y su tía Sun le pidieron ayudar con el cultivo de melón y trigo. Para estas fechas el melón se daba en su mayor esplendor y su jugosa dulzura le brindaba placer a la familia. Una parte pertenecía al comercio y otra muy pequeña se quedaba aprovisionando los alimentos de la mansión.

Una vez terminado el trabajo, Aomine y Kagami decidieron regresar a pie. Los demás que habían participado en la ayuda se han quedado en la pequeña casa del guardián descansando un rato.

Bajando por el umbral se encontraba un estanque entre una masiva arboleda que dividía la mansión Kusakabe del bosque. Había un sendero de baldosas que iniciaba en el jardín Kusakabe y terminaba en el estanque que velaba la abuela Kusakabe personalmente. Flores y arbustos podados a su alrededor le daba un aire de jardín inglés.

- Pensé que esto lo habían removido hace mucho tiempo. – expresó un Aomine anonado por la sorpresa.

Kagami se volteó a él inquisitivo.

- Aquí aprendí a nadar. – decía mientras se quitaba la ropa.

- ¿Qué estás haciendo?

- A darme un chapuzón obviamente. ¿No vas a entrar?

Kagami se quedó pensativo un momento, con cara de desaprobación. Aomine se lanzó al agua causando un gran estallido de gotas que mojaron al mayor, ya no le quedaba cura alguna, estaba empapado tanto por su propio sudor que por el chapuzón de Daiki, terminó entrando el también.

- Escuché a mi madre decir que mi abuela haría algo con este estanque. Parece que se refería a que lo iba acondicionar.

Es la primera vez que Kagami presencia cierta luz en los ojos de su eterno rival, parece que estas aguas le traen recuerdos que él desconoce y probablemente siempre será ajeno. Conociendo lo poco comunicativo que es Aomine, no sabrá nada de parte suya. ¿Qué tanto sabe de él? ¿Qué es lo que sabe de él que puede auto loarse, en estos momentos como su pareja?

Probablemente lo único que comparten para que esta relación se mantenga a flote es que se atraen, y las curiosidades que sienten.

Nadaron un momento, aunque Taiga se la pasó refunfuñando en la orilla montando el teatro de no importarle un bledo. Una vez Aomine estuvo satisfecho con su nado, le acompañó manteniendo una distancia sensata.

- Ya casi es hora de cenar.

- ¿Cómo lo sabes?

- Deben de ser las seis y algo. – respondió dedicando una mirada perpetua en dirección a la mansión.

- Pues deberíamos ir yendo, así no se nos hace tarde para bañarnos. – aconsejó temeroso, sin siquiera atreverse a mirarlo a los ojos.

- Por qué la prisa… - se desperezó sosteniéndose de la orilla rocosa. – Da igual si llegamos tarde. – se acercó a él con la intención de ponerlo nervioso, esto siempre resultaba.

Kagami se mantuvo quieto, viéndole invadir su espacio personal. Pero al contrario, se arrimó cerca suyo, apoyándose de ambos brazos dándole la espalda al ocaso.

Clemencia tal que Kagami se crea el juego inmutable de Aomine cuando en realidad su presencia le hace más daño que cualquier otra cosa. ¿Es en serio? ¿No nota que siente antojos? ¿O acaso las señales que le ha lanzado como balas no las ha percatado?

Le mira con las cejas fruncidas, sin poder remediarlo y recuerda tal frase: 'Todo hombre que sabe querer, sabe dar y pedir a la mujer'. Bueno, irónicamente este no es el caso de una mujer, se trata de Kagami, una calamidad.

Se traga junto con su saliva, los pensamientos que le gritan negativas y simulando que ha sido una torpeza, roza su rodilla con la pierna del pelirrojo. Este se voltea de inmediato buscando una respuesta, pero Aomine le ignora rotundamente. Creyendo, tal menso, que realmente ha sido sin querer, se levanta preparado para salir, pero Daiki le sostiene la muñeca. Kagami se voltea para mirarlo de nuevo, él espera unos segundos para enfrentarlo y suavemente acercarse a él.

Aunque se siente confundido, Taiga no dice nada, no pelea ni se interpone. Deliberadamente, el peli azul entrelaza la mano que sostiene con sus dedos y cuando la distancia es suficientemente corta, encuentra sus labios con los suyos. Kagami pudo sentir como una tempestad abandonaba su persona y empezaba a sentirse tan liviano como una pluma.

En fracción de segundos el beso se convirtió en algo salvaje y viril. El moreno le atajaba con ambas manos en sus mejillas, como si este fuese a escapar en algún momento y el otro trataba de no asfixiarse presionando las caderas de Daiki. Luego, descendió a sus abdominales entre pequeños empujones y caricias. Obviamente fue el primero en dar el paso triunfal frotando la sexualidad de su compañero con increíble desosiego, pero Kagami no piensa quedarse atrás, pues repite lo mismo y pronto quedan fuera de sus hogares, cubiertas por el agua.

Por sus movimientos bruscos e improvisados, parecía una pelea entre bestias, aunque simplemente competían por quien domaría el beso. Aomine dio un fuerte jalón al miembro de Kagami, que le provocó gemir, abandonando los labios de Aomine, pero retomándolos en seguida, ignorando el dolor.

Tras un largo beso, que en sus mentes tardó menos de un segundo, pudieron respirar quedándose ahí frente a frente el uno al otro, sin decir nada, respirando como si el oxígeno le faltase en todos lados. Unos jadeos bestiales, incomprensibles ante la anatomía humana eran la razón de su silencio espectral.

- Kagami… - logró articular el moreno aun jadeando. - ... deja de hacerte el tímido, de…de verdad que me molesta. – y para terminar su petición, le besó muy fuerte en los labios.

Salió del agua después de arreglarse y seguido, le hizo una seña de espaldas para que le siguiera.

Cuando llegaron a la casa, la mesa estaba terminando de ser servida y una de las tías de Aomine fue en seguida a cuestionar su tardanza.

- Pensé que habían ido al pueblo sin avisar. – respiró aliviada. – No es que nos importe, pero si hacen eso, tienen que avisar. – miró a Aomine, sentenciando su significado. - ¿Van a cenar? – agregó.

- ¿Nos podemos duchar antes? – preguntó Kagami.

- Ah… - notó por fin, que no traían sus camisas encima, en cambio la llevaban en vueltas en su cintura, vistiendo solo una playera sin mangas los dos. – Apúrense, en 20 minutos todo el mundo estará aquí… aproximadamente.

Así lo hicieron y para cuando estuvieron de vuelta, los integrantes de la familia que faltaban habían regresado y la cena inició. Como era acostumbrado, una increíble variedad de platos internacionales abordaban la gran mesa familiar.

Tras una motivada y bullosa charla por parte de los que comían, cada quien regresó a su habitación, al parecer fatigados por las acciones de hoy en día, que recalcando fueron realmente movidas.

xxx

- ¿Quieres ir al pueblo mañana?

Kagami se volteó como rayo, sus ojos iluminados por una intriga incandescente.

- ¿A hacer qué?

- A pasar el rato. – se encogió de hombros, no hay una cosa que le arreche más que le cuestionen.

- Claro.

La idea de hacer algo nuevo realmente le animaba. Ansiaba que amaneciese ya. Pero obviamente no partirán hasta la tarde, después del almuerzo. El tío Gai les llevó en auto por la empinada autopista hasta el pueblo, que semejándolo con las condiciones de algunos rincones de la ciudad, tenía mucha vida.

Aomine le mostró varias cosas a su gusto y las que recordaba por conveniencia. Comieron mochi frio y el tempura especial que prepara una allegada legitima de la familia. Sim embargo, no tardaron en toparse con problemas o un mejor dicho, un pequeño fragmento del pasado y recuerdos del moreno.

Ya cuando se veían más alejados del área comercial, unos tipos habían reconocido la figura del más alto y no tardaron en auxiliarse con su presencia. Kagami bien distraído por el refrescante ambiente que le rodea, no pensó que la llegada de estos jóvenes traería complicaciones, de todos modos, Aomine tampoco lo pensó así.

Mantenía la calma, a unos metros de Kagami que endulzaba su boca con un aperitivo nativo. Eran tres chicos, de aspectos hoscos y casi tan altos como ellos, pero varios años mayores.

- ¡No puede ser! ¿Aomine? – dijo uno de ellos, el del centro de la manada.

- ¿Hōtarō? – preguntó en cambio este, imitando su actitud. – No has crecido.

- Y tú no has cambiado ese airecito tuyo. – se retractó de inmediato a cualquier agresión verbal figurada.

Kagami pensó que serían viejos amigos de él, algo extraño pues Aomine es muy intolerante y lo peor, difícil de tolerar. No puede pensar en alguien que él considere amistad, principalmente porque Aomine es escéptico del juego en equipo y sólo cuando es rotundamente necesario se le ve acompañado de una buena ayuda, mientras esté seguro de que basta por sí solo, así siempre será.

Este le sonrió desafiante.

- Con todas las personas que me podía topar ha sido contigo. – el rostro del moreno sucumbió a una actitud reacia y sombría mostrando la apatía que sentía hacia este personaje.

- Por favor, no es tan malo. Todos te extrañamos, ¿o no? – se dirigió a sus compañeros que rieron asintiendo.

- ¿Ah sí? – alzó una ceja. - ¿Cómo está Akane?

- Tú la dejaste, pregúntale tú. – este también optó por una actitud más seria.

Hasta ahora los dos muchachos y los otros tres han mantenido la distancia desde que llegaron allí, sin redimir una sola pulgada o centímetro.

- ¿Qué no piensas superarlo? – apartó la vista de su cara, mirando el suelo sumamente apático librando la cizaña de los otros tres.

- Eres un gilipollas. – rio por lo bajo. – Realmente pensé dejar esto así, Aomine. No busques que te cobre cuentas.

- No es que me importe, sabes. ¿Crees que no me di cuenta de lo que era realmente? – contraatacó este, soltando una risa mientras negaba con gracia. – Sé que no la celabas a ella, Hōtarō-chan.

- Maldito gilipollas. No busques lo que no se te perdió, Aomine, ¡vas a pagar! – esta vez, en vez de sentir furia y resentimiento, sintió temor e impericia ante sus palabras, que sólo ellos dos eran agraciados de conocer toda la historia detrás de ellas.

Antes de que los tres se fueran Aomine les sonrió, recibiendo a cambio una mirada de advertencia por los otros dos, ya que el principal se dio la vuelta en marcha justo cuando termino de murmurar 'Ya verás', algo que el peli azul no escuchó.

El pelirrojo, quien había mantenido silencio toda la escena, se insistió a sí mismo a preguntar de qué se trató todo el barullo y que ni siquiera preguntaron por su presencia. ¿Es que es invisible o solo es invisible estando cerca de Aomine?

Avanzó unos pasos hasta alcanzarle a ver los ojos.

- ¿Qué diantres fue eso?

Aomine le miró por el rabillo del ojo, con poca predilección a contestar su pregunta.

- Gente que conozco. – suspiró.

Evadió la pregunta diciéndole que le siguiera al próximo destino, ignorando el ocaso que asechaba por el horizonte.

- ¿No piensas decirme que fue lo que pasó hace rato? – insistió hastiado Kagami.

Aomine empezaba a retomar su papel insoportable y que Kagami no podía sentirse inferior y desafiado cuando él hacia eso.

- No es nada del otro mundo. – apartó su cara de sus insistentes ojos frotando su nuca con la palma de la mano.

Kagami gruñó.

- Esos tipos te estaban amenazando, Aomine.

- Por favor, Kagami…

- ¿Qué?

- No te preocupes por eso, es solo una bobada.

Se adelantó dejándolo atrás, acercándose a la tienda de un viejo conocido suyo. Todos sonreían al verle y le decían que ha crecido grandiosamente saludable.

- ¿Anda él contigo, Aomine-kun?

- Si, es un… amigo.

- Soy Kagami. – hizo una leve reverencia.

- El placer es mío, Kagami. Siempre es bueno conocer un amigo de Daiki.

Era una antigua tienda de discos que iba desde LP's de jazz hasta el actual visual-kei.

- ¿Pasaran el verano en casa de Ringo-san?

- Si, así parece. – apoyó su hombro en el mostrador acomodándose.

- Espera a que Akane te vea. Ahora mismo no está aquí, ha salido con unas amigas.

Aomine chasqueó la lengua en cuanto Kagami volteó al escuchar el nombre femenino deteniendo su indagación entre los estándares. Aomine se indignó a mirarlo para evitar sentirse más culpable.

- No le digas que estoy aquí.

- ¿Por qué? – se sorprendió el hombre.

- Que se dé cuenta por sí sola.

El hombre se encogió de hombros aceptando su decisión, ya que, aunque fuese su hija no tiene permitido intervenir en sus relaciones privadas y/o personales.

- Si es lo que quieres, sabes que soy un candado. – le guiñó un ojo sacándole una risa.

- ¿Y qué tal la-

- Aomine, voy a la tienda de celulares.

El aludido volteó y tras un contacto visual prominente, sin ninguna razón aparente por parte de los dos, Aomine arrastró un y este se fue disculpándose con el dueño.

- ¿No que era tu amigo? ¿Por qué le tratas así?

- Si, lo es, pero… - vaciló un momento, volviendo a acomodarse en el mostrador. – es mi contrincante también.

- Ah, basquetbol, eh.

- Sí. Es el único que ha logrado asimilarme, es como mi reflejo pero diferente… es molesto.

El hombre se rio unos instantes, avergonzando a Aomine un poco.

- ¿Por qué?

- Siempre quiere estar mejorando para vencerme. Aun no es capaz de vencerme en un 1-1. Pero si me venció, en la cancha, por un miserable punto pero, un punto es un maldito punto.

- Vaya. Tienes toda tu vida hecha en tokio, eh.

- Si, el basquetbol es todo lo que hago.

- ¿Y chicas? ¿Sigues siendo tan popular?

- Si, chicas también. – rio. – Tengo un club de fans en la escuela.

- Vaya. – le empujó con suavidad el hombro.

- Pero es por el basquetbol.

- Bueno, si es dedicado a ti es por algo. Aunque apoyen a todo el equipo. ¿Eres el as, no?

- Si, de hecho.

- Todo un triunfador, tu, jovencito.

- Me he esforzado. – se aduló el mismo, encogiéndose de hombros. – Bueno, me voy, Roko. Saluda a tu esposa por mí.

- Pásate de nuevo cuando quieras, Daiki. Estaremos aquí.

- Adiós. – se despidió mientras salía por la puerta con un gesto de mano.

Irá a alcanzar al tonto antes de que se pierda o algo malo le pase y toda su familia le culpe por irresponsable y mal anfitrión. Kagami necesitó dejar su teléfono en la tienda para que cargase ya que el cargador de su móvil lo ha dejado en casa sin querer.

La tienda de móviles estaba a unas cuadras de allí, pasando por una calle que mayormente se mantenía transitada por vehículos y personas.

- Eh, Aomine. – escuchó muy cerca de él provocándole voltearse.

Este se volteó y en un callejón del otro lado de la calle vio a los tres tipos que le visitaron antes. Le hicieron una seña para que fuese y este incapaz de rechazar su desafío tonto, accedió y fue.

- ¿Qué es lo que quieres? – le atinó apático con sus manos en los bolsillos, totalmente indiferente.

Los otros dos se dispersaron por ambos lados quedando el nombrado Hōtarō y él, aparentemente solos en aquel callejón.

- ¿Te crees muy superior, eh? Porque Akane no quita sus ojos de ti y eres el favorito de todos. Maldito mocoso. Lo único que no puedo soportar es niñatos como tú. – se le puso muy cerca, casi rozando ambas frentes, pese a que Aomine le llevaba mucho en tamaño.

- Yo no lo diría así, Ryūji. – sonrió sagaz. – Eso y que tú, el que no dejó de perseguir a Akane por más de tres años, cuando llego yo, tus hormonas no pudieron contigo y lo que sentías por Akane… - se rio aún más fuerte – se pasó a mí. ¿Crees que no lo sé, Ryūji? ¿Crees que no sé qué te mojabas conmigo? ¿Qué íbamos solos a hacer todas las idioteces que hacíamos porque querías estar a solas conmigo? Debiste creer que solo era un niñato.

- Eres un maldito bastardo, Aomine.

- Ya me lo han dicho.

- Te crees la gran basura, eres una basura, eso es lo que eres.

- Solo admítelo, mariquita-

El mayor no pudo controlar su ira y atinó con su puño cargado de venganza hacia la boca del moreno, pero que este esquivó por milagro. No dejó que se le escapase y con el otro, le golpeó el estómago, aunque no con la misma fuerza pero fue suficiente para hacerlo quejar y arquearse.

- Sí, siempre quise ese culo tuyo, Aomine. Siempre te quise follar y verte gritar como una zo-

Callándole, Aomine se repuso de furia y azotó su puño en su mejilla, haciendo que este cayera patético al suelo.

- Corrección: aquí, la zorra, eres tú. – le metió otra puñada de dolor en el estómago que este respondió quejándose y arqueándose de dolor. – Aprendí a meter cojones así contigo, ¿recuerdas? Y a aprovecharme de las situaciones, y no dejarme ridiculizar. Gracias, Hōtarō.

Cuando sus ojos se encontraron, los otros casi llorosos del dolor que sentía, Aomine le tomó del cuello de su chaqueta y le acercó a su cara.

- Si eres un marica, acéptalo. A nadie le tiene que importar.

El adulto se tragó su propia sangre, aunque perdido en esos ojos azules que le miraban con fervor y maldad.

Fue muy tarde para Aomine darse cuenta de la compañía que les abordó en ese instante, los otros dos chicos estaban de vuelta y preparados para hacer cualquier cosa en honor de su compañero.

- ¿A quién le dices marica, tu criajo? – ambos le apresaron los brazos acorralándolo en la pared.

Aomine no forcejó, se limitaba a observarlos con repugnancia y desdén en su acto de desesperación y auxilio moral a su jefe caído.

- Estos niños de ahora se creen la gran cosa. – susurró uno de ellos, lamiéndole la oreja al moreno.

El peli azul rio.

- ¿Niños?

Se sacudió intentando zafarse pero estos no le dejaron. Aomine intentó con más fuerza pero no encontraba resultado, esos dos iban en serio y posiblemente traspasarían una línea muy peligrosa.

Uno de ellos deslizó su mano con brusquedad hacia la parte trasera del moreno y apretó un glúteo de él. Aomine se volvió a reír.

- Me tienes que estar jodiendo… - murmuró.

Con su rodilla golpeó la entrepierna del culpable de tal osadía a su cuerpo, que cayó en seguida retorciéndose al suelo. El otro reaccionó rápido golpeándole la boca donde se abrió una herida decorando la piel morena de un rojo vivo. Daiki se enojó y le miró directo a los ojos dictando la sentencia que le brindaría suplicio eterno.

El otro intentó pegarle de nuevo, pero Aomine detuvo el golpe recibiéndolo con la palma de su mano, acto seguido le golpeó en la nariz y dio una patada en la pierna para que hiciera compañía a sus demás amigos en el suelo.

- ¿Creen que la vida en tokio es color rosa? Se equivocan, aprendí tanto aquí como allá. Un placer volverlos a ver, chicos. Cuídense.

E hizo el gesto de despedida que hacía con su mano, ya de espaldas.

Daiki se juntó con el pelirrojo varios minutos después, obviamente se alteró cuando le vio la herida en el labio inferior, aunque su humor se había arreglado en demasía. Este le prometió que le contaría todo con detalles cuando regresen a la mansión, antes de dormir.

Kagami elogió la sensatez de Aomine, porque por fin le profesaría algo él mismo, sobre su vida personal y al mismo tiempo su relación daría un paso muy importante, un paso que cavará en lo profundo de él y su devoción hacia su rival y/o amante crecerá marcando una diferencia radical en ambos, pues Aomine raramente se expresaba.

- Cuando tenía 14 años – empezó diciendo – hacia muchas travesuras, fumaba, pintaba en las paredes de la calle, asistía a lugares para mayores… y era parte de una pandilla, la pandilla de Hōtarō en ese entonces. Éramos unos 8, yo era uno de los menores, todos los demás tenían 16, 18, 15 y así. Hōtarō me enseñó a defenderme y aprovecharme de las personas en sí. –se rio de sí mismo a lo que Kagami le hizo una mueca de desaprobación – No duró mucho tiempo, yo solo venia en verano y vacaciones, así que solo en ese tiempo hacíamos cosas juntos. Akane es una amiga de infancia de Hōtarō pero el lleva varios años colado por ella, pero… el último verano que vine, que fue cuando la conocí, ella se enamoró de mí y Hōtarō se cabreó. Yo lo intenté, pasaba tiempo con ella y lo normal pero, no me gustaba, no es mi tipo. Así que después de un tiempo, Hōtarō empezó a odiarme porque después de que la hice sentir bien la deseché y nada más, pero en realidad era que… yo le gustaba – hizo una pausa para ver la cara sorprendida y horrorizada del pelirrojo – a él.

- ¡¿Qué?! ¿A él? ¿Y eso como tú lo sabes?

- Al principio era solo un presentimiento pero él actuaba muy extraño cerca de mí.

Kagami tragó saliva debatiéndose entre sí preguntaba qué clase de cosas hacia el mencionado para hacerle creer tal cosa a Aomine o si se quedaba callado.

- ¿Y qué fue lo que pasó hoy entonces?

- Le provoqué un tantito y se corrió la situación… - se acostó pareciendo muy relajado en el futón.

- ¿Qué pasó?

- Trató de violarme, creo… con sus amigos.

- ¿Violarte?

- Sí. – bostezó.

¿Cómo es que puede ser tan inoportuno e insensible ante semejante situación? ¿Cómo puede estar tan relajado?

- Aomine… - chasqueó la lengua. - ¿Cómo te has zafado de esos tres?

- Les pegué donde le duela, Kagami. Los deje tumbados en el suelo como las zorras que son.

- ¿No te hicieron más nada?

- Me pegaron en el estómago, me aruñaron el brazo y me partieron el labio.

- Te lo tenías merecido. – dijo por lo bajo, sin pensarlo, algo de lo que se arrepintió casi en cuanto lo dijo.

El moreno abrió los ojos con las cejas fruncidas, claramente se había molestado por las palabras de Kagami. Se sentó y le miró.

- Ellos me ridiculizaban, me maltrataban y me intimidaban, incluyendo a Hōtarō. Si no fuese porque se apiadó de mí, porque sintió lástima, yo no estaría aquí. Estaría muerto.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Taiga al imaginarse esas escenas y a un Aomine asustado, pidiendo auxilio. Daiki apartó sus ojos de su figura, avergonzado de todo lo que la ha revelado a Kagami en tan solo unos instantes. Esas palabras le han salido con tal espontaneidad que él mismo se ha asustado. ¿Qué es lo que ha hecho? Le ha contado su pasado carente de emoción a alguien, a su rival, a Kagami Taiga. ¿Por qué sintió la urgencia de que el entienda lo que está sintiendo o lo que sintió dos años atrás? ¿Por qué se sintió identificado o más bien… bienvenido?

Estaba tan perdido en su confusión que sólo el contacto de otra suave piel le trajo de vuelta a la realidad. Kagami le había besado.

- ¿Vas a sentir lástima por mi tú también? – trató de mofarse de la situación en la que él mismo se ha puesto.

- Eso es imposible. – dijo este muy serio.

Aomine clavó su mirada en sus ojos, sintiéndose tan seco y jugoso al mismo tiempo, lleno de un ardor que le traía serenidad.

Kagami le volvió a besar, hincándose en el colchón y con su mano derecha en su hombro le recostó. De inmediato recordaron la bestialidad que hicieron en el estanque, ese beso que Aomine forzó y que disfrutó tanto. Saborear la herida del peli azul le excitaba mucho más, su boca estaba salada y tentativa.

Sus brazos se enroscaron entre su cintura y espalda, mientras padece su lengua dentro de su boca, mientras le llena con su deseo y cobijo siempre disponible para él. Taiga se fue elevando sosteniéndose de su brazo, aun recostado de cuerpo entero sobre el de Aomine, el elevándose con él, temiendo abandonar sus labios.

Aomine quedó suspendido con el soporte de su codo y con la otra mano acariciaba el cuello del pelirrojo. Cada vez se le hacía más incómodo al mayor pero él no se daba por vencido, seguía besándolo ignorando completamente todo lo fútil. Sus bocas ansiaban la otra, continuando el insistente contacto, la saliva que iba y venía.

Temprano, Daiki profundizó la situación deslizando sus dedos por su dorsal y consagrando su apetito, Kagami respondió poniéndose de rodillas otra vez. Daiki se posicionó de forma que le quedase más conveniente, quedando sentado mientras hurgaba entre la camisa del otro.

De repente, unos pasos, fuertes y acelerados se escucharon fuera de la habitación, los niños pasaron corriendo por el pasillo, aterrando a Kagami quien paró en seco de inmediato.

Ambos se quedaron inmóviles, respirando forzoso por la falta de oxígeno. Pero Aomine estaba disgustado, no entiende porqué ha parado por algo tan simplista, estando allí dentro estaban más seguros que en el desierto de Sahara o en una cárcel en Rusia.

- ¿Qué te pasa? – preguntó con el entrecejo fruncido ya.

- Ah… - trató de buscar las palabras exactas que explicaran su controversia, pero estaba seguro de que cualquier cosa que diga fastidiará a Aomine. – No quiero que...

- Ay, Kagami. – se quejó abalanzándose hacia él otra vez y retomando sus labios totalmente abarrotado de lascivia.

Kagami cerró los ojos, tomando su cara entre sus manos, disfrutando del beso estremecedor del moreno, el aire caliente que desprendía su nariz por la emoción del momento y el contacto de él. Así fue sucumbiendo ante su cuerpo que le forzaba a acostarse.

Aomine sentía una tranquilidad inexplicable cuando estaba con él, es como si todo le sobrase y nada le faltara. Se preguntaba que era esto… ¿la felicidad de tener una pareja? ¿Amor? ¿Atracción sexual? Algo le decía que con el tiempo, lo sabrá, si es que perdura esto que tienen.

El beso tardó más de lo imaginable, se detuvieron solo cuando fue necesaria la ingesta de oxígeno y aprovecharon para desprenderse de sus prendas superiores. El peli azul trazó un sendero de besos y lamidas por el abdomen de Kagami hasta llegar a su pantalón, donde besó con suavidad y que luego se deshizo de un tirón. En sus manos pronto yacía el miembro del otro para más tardar ocupar su boca, deslizando su lengua y su saliva por el glande y toda su entidad. El único sonido en la habitación era las succiones y gemidos ahogados cuando entraba y salía de su boca, por parte de los dos.

Kagami cerraba los ojos y gemía mordiéndose el labio. Continuas lamidas, succiones y ligeros mordiscos que él estaba disfrutando, un placer que lo hacía convicto. En un momento se detuvo, Aomine, para alcanzar la mano del pelirrojo, la tocó y cuando este le atendió un poco dundo, la tomó y la dejó en su entrepierna exigiéndole placer también. Ese momento en que sus ojos se encontraron Kagami lo entendió todo.

Ambos se acomodaron en posición fetal y un servicio mutuo de placer fue bienvenido en ambos.

Taiga agradeció inertemente a Aomine que fue capaz de despertarlo de su letargo placentero y acordarle qué el también necesita atenciones, pues se sentía privilegiado, por más ínfimo que eso suene, le gustaba, le encantaba hacer sentir bien a Aomine.

Aunque el coito no se puede comparar con este servicio bucal, ya que ambos eran hombres, con el mismo sexo, conocían las altas y bajas de cada uno, los puntos fuertes y bajos, las tácticas especiales y maniobras conocidas para este método y efectivamente, triunfar.

Cuando rompieron en el orgasmo, cansados y satisfechos cayeron en un sueño profundo que rehabilitará sus músculos, humor y cuerpo para el día siguiente, que sin duda, será uno lleno de novedades.

Sin embargo, aunque ya sus problemas se habían perdido en lo hondo de su cuerpo, no podía evitar pensar en varias perspectivas de lo que le sucedió hoy. ¿Y si fuese Kagami quien estuviera en su posición? ¿Qué haría él si le hacen tal cosa a Kagami? ¿Cómo reaccionaría en una semejanza así?

Lo que le pase a Kagami, ahora le afecta a él y es algo rutinario, evidente e inevitable. Él solo podía mantenerse al margen y no perder la cordura si algo así pasara nuevamente, aunque fuese tan mínimo como esto. Pero si de algo se aseguraba, es que esos tipos no volverán a molestarle, jamás.

Y mañana será otro día.


¿Reviews? Sería de muchísima ayuda.

Ya para el próximo capítulo pienso darle un giro bien romántico, equis de.