Hola! Ya he venido luego de unas horribles evaluaciones. Como sea, ya sé que esta historia no era lo que esperaban, pero bueno. Ya les traigo el final, ojalá disfruten leyéndolo tanto como yo lo hice al escribirlo. La verdad siento que sí me esmeré un poco más (y eso que ya es la tercera vez que lo publico). Como sea, muchas gracias a todos los que le han dado seguimiento, eso me ha alentado a mejorar.
Bueno, sin más palabrería, a leer se ha dicho.
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, ni la canción Ten Black Roses. Son propiedad de Masashi Kishimoto y Lauri Ylönen, respectivamente.
Capítulo 4: I'll send you black roses
De vuelta a la realidad. Después de aquella noche de sexo desenfrenado, las cuatro siguientes se fueron en revelaciones que mi Danna contaba como si fueran quimeras de siglos atrás.
La primera trataba de los asesinatos de Itachi y Hidan. A decir verdad causó en mí el efecto que esperaba: pensé que mi corazón se rasgaría por completo al escuchar de sus labios los motivos por los que les arrebató la vida, pensé que sin los únicos amigos que tuve mi vida ya no tendría sentido, pensé que sería culpado por sus asesinatos y una vez más volvería a ese maldito agujero para ya no salir jamás.
La segunda narraba mi estancia en prisión: dijo que todos mis intentos de escape habían sido frustrados por él, gracias a que todos mis pasos los seguía a través de las cámaras de la torre de vigilancia. Las razones, muy simples: privarme de deseo de salir e intentar tomar venganza de quienes me denunciaron, de aquello que los hombres siempre confunden con la verdadera libertad, en fin, de todo mal pensamiento. Lo odié: lo odié por haberme retenido en ese maldito agujero aun cuando ya sabía que yo era inocente. Tenía razón: tenía unas enormes ganas de golpearle hasta privarle de todos sus sentidos, de dejarlo como una vil marioneta vacía que camina por la vida sin poder percibir todo lo que le rodea. Eso es: privarlo de todo sentimiento conocido, llevar su alma hasta las llamas del dolor y la desesperación… pero no lo hice: aunque ya no me ató a la cama, todavía seguía drogándome, por lo que no podía moverme aun con libertad.
La tercera historia era precisamente de cómo logró tomar mi cuerpo sin que opusiera tanta resistencia y el por qué. Todas las rosas que recibí de él no tenían ese característico color negro por casualidad, sino que aquella tinta tenía tres cosas más: la primera era una droga conocida como GHB, utilizada para doblegar a la persona y así abusar sexualmente de ella. La segunda era nada más y nada menos que su sangre. Dijo que me ofrecía su sangre como muestra de agradecimiento por salvarlo de sí mismo hace tiempo. Y la tercera es que el color negro en aquellas rosas que en un principio fueron blancas, significa eres mío hasta el final.
Sin embargo el último cuento que escuché de sus labios fue el que causó un mayor impacto: explicaba precisamente las circunstancias por las que había querido quitarse la vida y de cómo mi pequeña intervención fue suficiente para que recobrara el juicio. Me sorprendió de sobremanera: tantos años pasé intentando suprimir aquel maldito recuerdo y cuando pensé que ya lo había logrado, de nuevo apareció ese hombre de cabellos más rojos que el fuego y de mirada color de la miel. Y entonces lo supe, ese hombre y mi Danna son la misma persona: Akasuna no Sasori, un antiguo artista al que solía ver en el parque pintar algunas escenas, aquel hombre al que jamás me atreví a hablarle, aquel artista por el que todas las tardes salía de casa solo para observarle pintar, y que poco a poco fue relegado al olvido mientras yo crecía entre ladrones, prostitutas, homicidas y de más escoria. No lo podía creer, tras diez años de ese suceso le volvía a ver. No, no veía al hombre de 30 años que ahora es, sino al de 20 de ese entonces.
Lloré, lo recuerdo bien. Lloré como lo hacen los hombres, me ahogué en mis propias lágrimas hasta que mi respiración envenenara mis pulmones, y después de eso... silencio.
When you're sad
and no–one knows it
I'll send you black roses.
When your heart's
dark and frozen
I'll send you black roses.
(Cuando estés triste
y nadie lo sepa
te enviaré rosas negras.
Cuando tu corazón esté
oscuro y congelado
te enviaré rosas negras)
Debo reconocer que no esperaba eso de ti. Ha pasado tiempo desde que me asesinaste, y créeme, no te guardo rencor por ello. Sin embargo me encuentro justo en el medio, sé que no llegaré a ese monocromático cielo del que mi madre solía contarme infinidad de historias cuando yo era niño, y asimismo tampoco estaré en ese otro lugar donde –cuentan- arden las almas de los pecadores por toda la eternidad, no. En primera, no merezco el cielo por todos los crímenes que cometí; y en segunda, el amor que me ha movido a hacer todas estas cosas no es bienvenido en las puertas del averno. Desgraciadamente por estas dos condiciones mi alma sigue deambulando en esta tierra de corrupción y miseria aun cuando ya fui juzgado por Dios.
Por fortuna la policía jamás encontró mi cuerpo, y por ello no fuiste privado nuevamente de tu libertad. Pero, aun así, ya no has vuelto a salir de tu casa desde entonces. Vives cada uno de tus días peor que cuando estabas en prisión, despertando cada noche asustado y gritando, consciente de que has matado a un hombre que te profesó su amor de una forma un tanto extraña, pero que era amor al final de cuentas.
Te encuentras frente a la tumba qué tú mismo hiciste para mí en el sótano de tu casa. Has puesto unas rosas blancas sobre la lápida y luego de una breve oración subes escaleras arriba, de vuelta a tu cama, esperando que una vez más Morfeo te tome entre sus brazos y te lleve aunque sea por un instante a ese efímero mundo de los sueños.
Ten black roses…
ten black roses.
(Diez rosas negras…
diez rosas negras)
FIN
Eso ha sido todo. Muchas gracias.
