-El día que todo pasó, en Salem – dijo mirando a su expectante público- yo había ido a por algunas hierbas al bosque, tal y como me había pedido Wendy para un ungüento. Cuando volví, me encontré con algo de revuelo en el pueblo, y entre la multitud encontré a Vidar, que me invitó a tomar un té para explicarme lo que había pasado. Ya en su casa, me explicó que era cosa de los de nuestra condición, y que habría que ser cuidadosos.

Cuando salí a la plaza, de camino a casa, observé algo que… - sacudió la cabeza, como si eso pudiera borrar la imagen de su memoria, y miró a sus hermanas con tristeza.

Ingrid se llevó una mano a la boca.

-Oh dios mío- dijo consternada

-¿Salem?- dijo Freya sin poder creérselo- ¿Estuvimos en Salem? Peor aún, ¿nos quemaron en Salem?

Un silencio pesado y frío se apoderó del comedor durante unos interminables minutos. Poco después, volvieron a fijar la mirada en Nymeria, para que continuara con la historia.

-Cuando llegué a ese lugar… Una multitud furiosa me rodeó, me ataron y empezaron a hacerme acusaciones absurdas sobre matar ganado y secar cultivos. Dijeron que estaba maldita, como mis hermanas…

Me llevaron al río y me ataron a una silla, con unas pesas. Sabía lo que pretendían, intenté usar mis poderes, sin éxito.

-Vidar- siseó su madre con odio

-Eso mismo pensé yo. Ese té no era tan inocente como pensaba, y sospecho que entregó a Ingrid y Freya también.

-No te preocupes, tu madre le dio su merecido- dijo Wendy alegremente guiñándole un ojo.

Nymeria miró con admiración a su madre unos instantes, y continuó, algo más animada.

-Me sumergieron en el río y bueno, creo que esa parte os la podéis imaginar- dijo haciendo un gesto con la mano- Muchas horas después, en mitad de la noche, desperté. Seguía en el mismo sitio, atada a esa odiosa silla en el fondo del río, parecía imposible, yo acababa de morirme… Pero en esos momentos no podía quedarme meditando eso, seguía necesitando respirar. Mis poderes habían vuelto, de modo que me deshice de las cuerdas y salí del río empapada. Y confusa. Os busqué, pero os habíais ido, y mis hechizos de rastreo no me mostraban nada. Supuse que os habríais ido.

Se recordó a sí misma, aquella noche, mojada, confusa, triste y perdida, sin saber a dónde ir. Sólo que debía irse de allí. Se vio poniendo sus pertenencias en un petate y saliendo se Salem rumbo a lo desconocido.

-¿Entonces eres inmortal?- la voz de Ingrid la sacó de su ensimismamiento.

-No, soy mortal. De hecho siempre muero. Unas muertes horribles. Diría que más dolorosas de lo normal- dijo pensativa- pero a las horas vuelvo a la vida. No hay un límite de veces – dijo mirando a Wendy que parecía tener la pregunta en los labios.

-¿Esa es tu maldición?- dijo Freddie, que había estado muy callado, escuchando todo con mueca ausente.

-No y sí. Mi maldición es algo un poco peor que eso… Soy una viuda negra- dijo con voz apagada, apenas un susurro- Cada vez que me enamoro, en un tiempo esa persona muere. No importa lo que haga por evitarlo, siempre acabo sola. Sola en la oscuridad

Joanna se levantó a abrazar a su hija menor.

-No volverás a estar sola pequeña, te lo prometo- dijo besando su frente.