Pareja principal: Kuroko x Aomine x Kise (Yeeeei! Triángulo amoroso!) Mentira, en este capítulo salé la verdadera pareja.

Pareja secundaria de cajón *en el próximo capítulo, yeeei!*: Muk-kun x Akashi

La historia por ahora está ubicada poco antes de que se disolviera el "Kiseki no Sedai"

Disclamer: Desgraciadamente, los personajes no me pertenecen, solo la historia. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia xD


Make it for me anyway

−Es el mayor idiota del mundo.

−No, no lo es.

− ¿Kuroko-chi, qué no viste lo que acaba de pasar?

−Si pero es probable que lo que yo haya visto y lo que hayas visto sean dos puntos de vista muy diferentes.

Kise arrugó el ceño, en serio ¿no iba a intentar justificar a Aomine después de la estúpida manera en la que había actuado o sí?

−Kurokochi, estuvo a punto de golpearte. Y no me digas que no, porque tengo un moretón que muestra que es verdad.

−Él solo estaba actuando. No estaba ni medianamente cerca de mí y, prácticamente, fuiste tú quien rogo por ese golpe. No tenías nada que hacer allí…

−Debes de estar bromeando…−comentó Kise con indignación mientras dejaba escapar el dolor en un suspiro. Había aceptado el golpe sin pensarlo dos veces porque quería defender a Kuroko y ¿resulta que había sido innecesario?

Bueno, en realidad eso era basura, Kise no solo se metió para que Aomine no golpeara a Kuroko si no para que pararán y no se lastimaran más. Bien sabía Kise que de haberlos dejado, realmente hubieran dejado de jugar para empezar a lastimarse con más fuerza. Y bueno, con él allí, ambos tuvieron la cabeza fría y dejaron de pelear.

−Perdón−susurró Kuroko, poniendo un algodoncillo contra su labio y limpiando suavemente. –Gracias por detenernos.

Negó suavemente sintiendo el dolor en su herida. La sangre envuelta en el algodón, su herida abierta al exterior. Kuroko miró hacia la ventana, a fuera nevaba suavemente.

−Kise, ¿puedo preguntarte algo?

−Sí, claro.

−Mira… si tuvieras una joya muy hermosa y de repente se cayera y se rompiera en mil pedazos, a pesar de que te llevara años, ¿intentarías recoger hasta la última pieza para unirla y hacer que regrese a su forma original o simplemente la tirarías?

− ¿He? ¿De qué hablas, Kurokochi? ¿Para qué querría una joya dañada?

Kuroko sonrió con tristeza, asintiendo.

−Exacto, no la quieres y no es solo porque ya está fracturada si no porque tardaras años en repararla. Y, aun así, ¿Qué caso tendría repararla si lo hermoso que tuvo ya no está más allí?

Kise arqueó la cabeza, tocando suavemente sus labios mientras pensaba en la pregunta.

−Pero… supongo que pensándolo bien… ¿No significa eso que uno se está dando por vencido incluso antes de intentarlo? ¿Qué tal si puedes recogerlo, unirlo y hacer qué se vea más hermoso que antes? ¿No sería mejor obtener algo que sabes que se puede fracturar pero que igual puede regresar a una forma más hermosa si lo intentas un poco?

Kuroko apartó la mirada de la ventana, tenía los ojos ligeramente rojos y las lágrimas se deslizaban suavemente por sus mejillas. Kise lo miró sorprendido, ¿acaso había dicho algo malo?

Iba a preguntar si lo hizo, pero en cuanto lo pensó un poco más, lo entendió. Kuroko no hablaba de una joya en el sentido literal si no de una metáfora referente a su relación con Aomine… o quizá simplemente de Aomine como su joya.

−Probablemente solo sea un cobarde más…

Kise negó con la cabeza, acercándose hasta donde estaba Kuroko para intentar abrazarlo. Kuroko se alejó, negando.

− No quiero que me consueles más.

− ¿No sería mejor que tengas un hombro en el cual recárgate?

−No, basta de eso. Estoy enfermo de tanto llorar.

Kuroko se limpió las lágrimas con brusquedad, se levantó de la cama y abrió su closet. Sacó unas maletas y las puso encima de su cama. Kise lo miró sorprendido.

−No tienes que irte solo por ese idiota egoísta.

−No lo hago. Aomine sabía que me iría. Quizá por eso terminó conmigo.

Kise lo miró sin entender.

−Mis padres decidieron mudarse de la ciudad. Me pidieron que hiciera mis maletas desde hace meses pero la idea de hacer mis maletas cuando estaba con Aomine, me paralizaba. Íbamos a terminar, era inevitable, solo hubiera deseado que lo hubiera hecho con más delicadeza.

− ¿Esa fue la razón?

−Bueno, no hablé específicamente sobre la verdadera razón y él no me quiso decir. Supongo que no quería una relación a larga distancia, a pesar de que yo creí que lo haríamos. Parece ser que tres horas y media de distancia si pueden terminar una relación…

Abrió su maleta, Kise miró que estas ya tenían toda la ropa y objetos personales de Kuroko dentro de ella.

−Pensándolo bien, fue por eso que todo me sentó tan mal. Nunca pensé que terminaríamos, ni siquiera cuando fui a ver mi otra escuela.

La voz de Kuroko sonaba tan lastimera. ¿Era eso verdad o solo le estaba diciendo una parte de la historia? Honestamente, el tampoco creía que alguno de ellos tuviera muy clara la razón. Quizá ni siquiera Aomine. Pero conforme se iba dando cuenta, tampoco estaba seguro de querer saberla.

− Ahora que las cosas están tan mal en el equipo, creo que es una buena oportunidad para empezar de nuevo.

− ¿A qué escuela te iras?

−Seirin.

− ¿Seirin? Nunca había escuchado hablar de ella.

−Es nueva.

−Bien pero ¿qué no sigue estando dentro de Tokio?

−Está al otro extremo de Teiko.

Kise se quedó pensando un instante sobre ello. Iba a preguntar si tenían equipo de básquet allí pero dado a que Kuroko había dicho que ahora odiaba el básquet. Realmente lo mejor sería evitar hablar de ello.

Kuroko metió la mano dentro de su maleta, buscando algo con un poco de desesperación. Por fin saco una pequeña caja, la acaricio levemente. Levantó la vista hacia él.

−Kise… ¿Puedes hacer un favor por mí?

Kise asintió mecánicamente y Kuroko sonrió suavemente. Kise se sintió extraño de ver esa sonrisa después de tanto tiempo de verlo llorando y deprimido. No era una sonrisa completa, en todo caso, no lograba alumbrar todo su rostro, pero era un inicio. Hasta ese instante, Kise se dio cuenta que esa sonrisa lo inquietaba, sintió el impulso de negarse a escuchar el favor, sin embargo, ya había dicho que sí y no podría echarse para atrás. Menos con esa expresión de dolor y desconcierto en su rostro.

Kuroko sonrió más ancho, antes de pedir perdón y pedirle el favor.

Kise trago saliva. De todas las cosas ¿Cómo es qué se había visto envuelto en eso?


El timbre de la casa de Kise producía un sonido estático y repetitivo en toda la casa. No era una llamada discreta, en todo caso parecía más bien una llamada de auxilio.

Kise se acomodó su pijama antes de bajar a abrir la puerta. Del otro lado, Aomine estaba parado. Tenía una sudadera muy gruesa y su cabello estaba lleno de escarcha. Kise miró atrás de él, el jardín estaba lleno de nieve al igual que la calle y las casas contiguas.

−Aominichi, son las 3 de la mañana.

−Perdón−susurró Aomine, mirando fijamente su rostro. Kise bostezó, molesto. Realmente a la última persona que quería ver merodeando en la madrugada en su casa era a él, y ahora mucho menos después de tremendo moretón que tenía en su rostro.

−No sé qué quieras pero es mejor que te vayas.

−Quiero… quiero estar contigo.

Kise abrió los ojos, sorprendido. ¿De qué mierda estaba hablando?

−No voy a follar contigo.

Aomine ignoró la respuesta y entró, empujándolo dentro de la casa.

− ¡Hey! ¡No te he invitado a pasar!

Aomine volteó a verlo, tenía la mirada sombría y se veía muy serio. Kise suspiró, cerrando su puerta con un manotazo.

−Bien, ¿qué quieres?

−Ya te lo he dicho, quiero estar contigo.

−Yo no. Y te lo repito también, es mejor que te vayas.

Aomine enfoco su mirada hacia sus pies mientras mordía suavemente el labio.

−Kise… por favor, eres el único que siempre ha querido estar conmigo…

−Ese siempre ha sido Kuroko y lo haz tratado como basura así que… no, vete.

−Por favor… no me pidas que me vaya… no sé a qué otro lugar ir… no quiero estar solo…

−No seas tan egoísta. Yo tampoco quiero estar contigo… vete.

Aomine soltó un suspiró quejumbroso.

− ¿Puedo sentarme un minuto? Vine caminando desde mi casa hasta acá.

− ¿Heee? ¿Caminando? Eso está como a media hora en tren.

Aomine no respondió nada, simplemente se dirigió a trompicones hasta las escaleras. Se sentó en el primer peldaño, recargando su cabeza contra la pared.

Kise suspiró.

− ¿Quieres un vaso de agua antes de irte?

Aomine asintió débilmente, Kise dio media vuelta, dirigiéndose a la cocina.

Abrió el grifo de la llave, llenando el vaso mientras veía a través de la ventana. Estaba nevando con fuerza, si Aomine había venido caminando, seguramente estaría frio. Lo menos que quería era que se enfermara en su casa.

Camino hacia su cafetera y puso un poco de café…

Realmente, ¿Qué le pasaba a estos dos? ¿Por qué demonios había tenido la desgracia de verlos? No, de ser un maldito entrometido que no podía hacerse a un lado como todos los demás y dejar que sus dramas caminaran solos.

Kise siempre había querido a Kuroko, admiraba su determinación y a pesar de que era muy seco y callado, le agradaba estar con él. Por otro lado, fue por Aomine que él se había interesado a jugar en primer lugar. Estaba irremediablemente fascinado por la manera en la que él jugaba. Y quizá el que nunca pudiera ganarle era un plus a su propia determinación. Aomine era como un modelo seguir. Pero aun así ¿Cómo es que en los últimos días había adoptado una actitud tan mala, tan diferente a la usual? Ese no era el Aomine que le agradaba.

Sirvió el café en una taza y, apagando la luz de la cocina, entro al vestíbulo donde estaban las escaleras y se había quedado Aomine.

Iba a prender la luz cuando escuchó un llanto lastimero. Kise no podía creer lo que estaba pasando. ¿Realmente Aomine estaba llorando? ¿Era así de obstinado como para provocarse ese tipo de dolor? ¿Era masoquista, acaso?

Kise dejo la taza en una mesa esquinera y se hinco frente a él, sin saber del todo que hacer. ¿Por qué era que desde que los había visto ese día en el salón follando no sabía ni que hacer, ni qué decir, ni cómo actuar? Eso no le entrañaba a él y aun así… cada vez que se veía entrometido, se veía incapaz de actuar con naturalidad. De consolar a sus amigos o incluso de alejarse de ese drama que con él dentro, parecía ser simplemente parte de un triángulo amoroso. Pero no, era mentira, para ser un triángulo amoroso alguien de ellos debería de amar a Kise y realmente ninguno lo hacía.

Inconscientemente, se sintió deprimido por la idea de ser solo una pieza extra en el rompecabezas, se abrazó un poco más, buscando irónicamente un poco de consuelo.

− ¿Puedo… quedarme…?−preguntó Aomine, con la cabeza escondida en el cuello de Kise. El rubio sintió un escalofrió en su cuerpo y, sin estar del todo convencido, asintió.

Aomine lo abrazó más fuerte, sus manos apretando su espalda, su cabeza recargada contra su hombro.

−Aominechi, si amabas tanto a Kuroko, ¿por qué terminaste con él?

−Kuroko no se merecía algo tan bajo como yo…

− ¿No debía él de elegir eso?

−Lo hizo. Esta segunda vez… él… lo hizo.

Kise pensó un instante sobre ello. Realmente, Aomine tenía razón. Esta vez Kuroko había decidido por su bienestar sentimental y psicológico. A pesar de lo mucho que lo amara y lo extrañara, Kuroko sabía bien que es lo que quería.

Kise se levantó del suelo, tomando la mano de Aomine.

−Ven, vamos a mi recamara. No te vas a quedar toda la madrugada llorando allí.

Aomine lo miró con los ojos abiertos, sorprendido, antes de asentir y levantarse. Los dedos de Aomine se deslizaron dentro de la de Kise, la suya era suave y caliente mientras que la de Aomine estaba fría y rasposa. Kise sonrió, volteándolo a ver en las escaleras.

−Aominechi, guardaré tu secreto.

− ¿Cuál secreto…?

−El de que te ves muy lindo llorando. Pienso que si lloraras un poco más, podría comerte…

Aomine lo miró malhumorado, pero no refunfuño, simplemente se dejó guiar mientras veía la suave y clara espalda de Kise al descubierto.

Cuando por fin llegaron a su recamara, Kise soltó su mano y fue directo a su cama, acomodándose dentro de las cobijas.

−No te quedes allí parado, ven aquí.

Aomine se mostró indeciso, no obstante, fue donde Kise le señalaba, se dejó caer en la cama y se dejó tapar por Kise. En seguida, los brazos de Kise lo rodearon y lo obligaron a que su cabeza se acomodara en su pecho.

Aomine se sintió extraño, se sintió profundamente solo, se sintió profundamente deprimido. Kise acaricio su cabello con suavidad, dándole un beso en la frente.

−Aominechi, Kuroko estará bien y tú también lo estarás…

Aomine sintió sus lágrimas contra sus mejillas, hubo algo en ello que lo reconforto, sin embargo, no supo definir qué. Suspiró, pegándose más a su pecho, abrazándolo con fuerza.

Kise sonrió.

−No te exijas demasiado, la herida tiene que sangrar un poco antes de cerrar. ¿No?

Aomine sonrió, asintiendo suavemente. Nunca había esperado que le mostrara esta parte tan débil a Kise pero estaba feliz de haberlo hecho. Después de todo, era Kise, nada podía ir mal con él.

−Perdón por el golpe.

−No te preocupes. Me alegra que hayas dicho que querías estar conmigo...

Dicho esto, lo apretó un poco más contra él. Aomine podía escuchar el latido del corazón de Kise y sentir sus manos acariciando suavemente su cuello mientras sus lágrimas se quedaban retenidas en el cálido y desnudo torso de Kise. Suspiró con pesadez.

¿Por qué siempre estaba rodeado de chicos que no se merecía?

Continuará…


Y bien, ¿les gustó? Quiero decirles que originalmente la historia era Aomine x Kise. Así que disculpas a las personas que no les gusta esta pareja. Pero yo la amo y no pude resistirme. Y... próximamente habrá mucho de estos dos. No obstante, Kuroko se inmiscuyo en mi historia. Y ahora no sé bien que va a pasar después. Así que descubramos juntos con quien se queda mi lindo Kise ¿vale?

Y… Perdón por el retraso, el fin de semana fue mi cumpleaños y hubo party loco. *Mentira, solo no estuve en mi casa xD*

A todos, gracias por leer mi historia y gracias a los que comentan, son geniales! :3