¡Hola a todos! La historia va tomando forma y nos acercamos al final. Es triste, pero como ya les dije: el verano del 4º libro en casa de los Dursleys es corto.

Bueno, no los detengo mas.

DISCLAIMER: HP es de JR y la Warner.


CAPÍTULO IV - LA BROMA FINAL (PARTE 1)

Aquel día, el humor de Harry estuvo por las nubes. Disfrutó pasar la tarde de su cumpleaños como se merecía: degustaba cada bocado de torta imaginándose la vena palpitante de Tío Vernon, la expresión miserable de Dudley, los labios fruncidos de Tía Petunia... en fin, las caras de los Dursleys cuando tenían que soportar la "comida de conejo" (como Tío Vernon la llamaba) que el doctor le había recetado a Dudley.

Lo malo era que Harry tenía que fingir muchísimo que no se lo estaba pasando en grande. Esa misma noche no pudo evitar bajar a cenar de muy buen humor, lo que provocó que se olvidara de poner un falso gesto adusto cuando Tía Petunia le sirvió su plato de comida (el cual era la mitad de lo que comía Dudley). Tío Vernon lo miró con el ceño fruncido.

–No sabía que te gustaba tanto el repollo hervido, muchacho.

Harry tardó unos segundos en darse cuenta de su error y en hacer desaparecer su sonrisa.

–Ehh… pues tengo hambre–dijo simplemente antes de comenzar a atacar el horrible vegetal en su plato, ante las miradas inquisitivas de su primo.

Durante toda la cena, los tres Dursleys no dejaron de mirar a Harry de soslayo, como esperando que dijera o hiciera algo inesperado, pero el pelinegro simplemente se contentó con terminar su plato de repollo (con cierta dificultad ya que era asqueroso). Finalmente, Tío Vernon se aclaró la garganta.

–Bueno, familia. Como todos sabemos, hoy es un día especial.

Harry ya estaba acostumbrado a este tipo de cosas en su cumpleaños, y no iba a darle el gusto a su tío de sorprenderse. Tío Vernon volvió a aclararse la garganta para llamar la atención de todos los presentes, y Harry tuvo que resistir el impulso de rodar los ojos antes de darle el gusto y levantar la vista.

–Como Dudley se ha portado de maravilla con la dieta a lo largo de este mes, y además ha aprobado las materias que tenía pendiente, hoy le permitiremos romper con la dieta: ¡le permitiremos comer helado!–finalizó con júbilo y Dudley soltó un rugido de felicidad, mientras Tía Petunia sacaba del freezer un potecito de helado de frambuesa, sólo para Dudley.

Harry soportó estoicamente la visión repugnante de ver a Dudley comiendo helado y sonriéndole como idiota; ya tendría tiempo él de desquitarse con una comida como correspondía y un buen pedazo de tarta de melaza de postre. Mientras Tío Vernon miraba el noticiero de la noche y Tía Petunia lavaba los platos, aprovechó para levantarse de la mesa y volver a su cuarto, ajeno a que los ojos de cerdito de Dudley lo seguían muy de cerca.

Ya en su cuarto, Harry aprovechó rápidamente para sacar de debajo de la tabla de madera un pastel de carne y un trozo de la tarta de melaza, todas cortesía de la Señora Weasley. Harry sabía que si se habían mantenido en buen estado y frescas era debido al encantamiento de perdurabilidad que la Señora Weasley les había echado; no lo sabía al principio, pero haber hecho la tarea de Encantamientos este verano le había dado un mayor conocimiento sobre la materia.

De repente, un ruido en la escalera hizo que su corazón se detenga por unos segundos, con la tarta de carne a medio comer en la mano. El último escalón de la escalera siempre crujía, y más cuando Dudley lo pisaba, y efectivamente oyó luego de un segundo la voz de su primo excusándose con sus padres de que terminaría el helado en su habitación ¡Su primo Dudley venía en camino, y Harry se había olvidado de cerrar la puerta!

Con el corazón latiéndole furiosamente, repasó rápidamente sus posibilidades:

1) Cerrar la puerta. Ni pensarlo; tardaría mucho en ponerse de pie con ambas tortas en su regazo y posiblemente Dudley sospecharía de lo abrupto que eso sería.

2) Esconder las tortas debajo de la tabla. Tampoco; era difícil lograr meter las tortas y además cerrar la tabla antes de que Dudley pase por la puerta de su habitación y lo vea in fraganti.

Finalmente, dio con la solución: ¡la capa de Invisibilidad de su padre se hallaba tirada en el piso a pocos centímetros! Evidentemente la había sacado sin querer cuando sacó las tortas de debajo de la tabla. ¡Y justo a tiempo! Logró cubrir las tortas con la tabla cuando su primo finalmente pasó por su cuarto comiendo helado. Se detuvo para mirarlo socarronamente mientras degustaba su postre.

–Apuesto a que te gustaría un poco de esto, ¿no?–le preguntó mordazmente recostado sobre el alfeizar–. ¿Tienes hambre, enano?–volvió a burlarse mientras lamía la cuchara.

–Realmente sé que tú no lo tienes–repuso Harry entrecerrando los ojos, su ritmo cardíaco apenas regresando a la normalidad. –¿Qué fue hoy a la tarde? ¿Pizza en Lo de Luigi o hamburguesas en Cheese N' Chips?

Dudley abrió los ojos como platos.

–¿Cómo… cómo lo…?

–Por favor–replicó Harry, revoleando los ojos–. ¿Crees que soy como tus padres? En ningún momento me tragué el cuento del niño bueno.

Dudley se puso rojo de furia.

–Pues no veo que tú estés sufriendo mucho con la dieta. Hoy te vi muy contento para el día que es–agregó entrecerrando los ojos.

–Bravo–aplaudió sarcásticamente Harry–, veo que al fin aprendiste los días de la semana.

–¡Quiero decir que sé que hoy es tu cumpleaños!–espetó Dudley impaciente–. ¡Y si estás tan contento es porque tus odiosos amigos se han acordado y te han enviado algo! ¿Qué es, una torta?–preguntó recorriendo la habitación con ojos codiciosos.

–Bueno–dijo Harry, algo tenso–, fíjate por ti mismo y dime si ves algo diferente.

Por suerte, a Dudley le bastó unos segundos de recorrido visual por la habitación antes de encogerse de hombros.

–Bueno–dijo con una sonrisa maliciosa–, evidentemente sigues siendo un fenómeno aún entre fenómenos.

Dudley se rió de su propio chiste y salió de la habitación, no sin antes sacarle la lengua a su primo. Harry se apresuró a cerrar la puerta con todo y trabar la puerta antes de sentarse nuevamente en el piso. Ya no tenía hambre, más bien se sentía asqueado por todo: por la adrenalina que aún tenía, por la injusticia de sus tíos, pero más que nada por las burlas de su primo que parecía no haber aprendido la lección. Además de todo, tenía el descaro de no negar sus incursiones y como si fuese poco había intentado robarle su regalo de cumpleaños, de haberlo encontrado.

Se obligó a terminarse la tarta de carne pero guardó el trozo de tarta de melaza nuevamente debajo de la cama. Y cuando se disponía a guardar la capa de Invisibilidad, notó que la tarta había manchado un pequeño lugar de la alfombra.

Y entonces vino a su mente la mejor de las retribuciones para su primo…

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Tuvo que pasar un par de semanas antes de que Harry pudiese consumar su pequeña travesura. Entre tanto, le envió una carta a Sirius. En la misma, además de preguntarle sobre su exilio, le pedía consejos sobre cómo hacer la broma. La respuesta de Sirius no se hizo esperar: llegó en forma de otro guacamayo multicolor de enorme tamaño, que casi no pudo pasar por la ventana.

–Gracias–le dijo Harry al pájaro, dándole una golosina para aves.

Gracias… ¡prrr!–repitió el loro antes de extender orgullosamente las alas y salir volando nuevamente con el dulce en la boca. Hedwig erizó las plumas indignada, al menos hasta que Harry puso en su jaula la mitad de la tarta de carne que todavía tenía y comenzó a devorarla muy contenta.

Riendo, Harry abrió la carta de Sirius y la leyó:

Querido Harry:

Está todo de maravilla por aquí. Como te dije antes, intento mantener un perfil bajo en mi exilio. ¡Pero eso no me impide divertirme! Me afeité y corté el pelo, y pude disfrutar de lo que aquí llaman "carnaval", en el que uno va disfrazado y baila toda la noche. ¡Es fantástico! Pero bueno… luego tendré tiempo de contarte todo lo que hice aquí. ¡La broma es más importante!

Lo primero que debes tener en cuenta es que la víctima nunca debe saber qué la golpeó: nunca debe saber que fuiste tú el que se la jugó la broma, lo mejor es que piense que el que metió la pata fue él.

Lo segundo que vos tenés que conocer es lo que hace, donde va, cuando viene, todo lo que tiene que ver con su vida. Todo eso es muy importante, porque es la diferencia entre triunfo y fracaso. Todo debe ser milimétrico. ¡No exagero! Bueno, quizás un poco… pero no puedes estar seguro nunca.

Lo tercero que debes asegurarte es que sea MUY evidente, que no tenga forma de negar nada, de esconder nada. No creo que necesite entrar más en detalles, sabes bien de lo que hablo.

Sin más que decir, me despido Harry. Me alegra saber que resultaste ser todo un Merodeador. ¡James estaría orgulloso!

Un abrazo muy fuerte,

Sirius.

Nuevamente, la carta de Sirius logró arrancarle una sonrisa radiante. Sin duda, su padrino debía estar divirtiéndose a lo grande en donde sea que estuviese. Con respecto a la broma… bueno, era más o menos lo que estaba pensando. Lo único es que tendría que vigilar más de cerca los movimientos de Dudley para poder planear la broma y que no quede nada suelto.

Ya tenía planeado casi todo: el lugar, el móvil, el cuerpo del delito, la coartada… ¡si hasta parecía un criminal a punto de planear un robo a un banco!

Pero Harry no pudo evitar sonreír maliciosamente. Dudley nunca sabrá qué lo golpeó…