GUANTES NEGROS PARA MANOS BLANCAS
NOTA DEL AUTOR – Mi agradecimiento a Ymir's Freckles por su amable review; ése es el tipo de cosas que le animan a uno a seguir escribiendo. En serio, ¡gracias!
CAPÍTULO 4 – SOMBRAS Y MISIONES
Publicado el 29 de diciembre de 2015, con una extensión de 3.164 palabras.
–Unos guantes negros, para unas manos blancas. Así está bien.
Marco se dio cuenta, entonces, de que volvía a pensar en voz alta; guardó silencio, un tanto cohibido. Armin no pudo evitar que se le escapase una sonrisa.
"No es sólo de Mikasa de quien estás hablando, ¿verdad?"
Sin embargo, no quiso abusar de su momentánea buena suerte. En vez de atosigar al pecoso para que le dijese quién era esa otra persona, decidió asegurarse su ayuda para aquella "misión" que se había autoimpuesto Eren, y a la que el propio Armin había terminado apuntándose voluntariamente; así que le echó una mano a su compañero (incluso amigo) para que volviera a centrarse en el tema.
–Y dime –le tanteó–. ¿Cuándo crees que sería el mejor momento para hacer algo así?
Marco siguió mirando al frente unos instantes, en silencio; Armin estaba a punto de repetir la pregunta (quizás no le había oído) cuando por fin contestó.
–Hoy mismo.
El pecoso lo afirmó con una determinación que le recordó, por un momento, a la de Eren. No había oído hablar así muchas veces a Marco; pero generalmente, cuando lo hacía, terminaba consiguiendo lo que se había propuesto.
–Así que hoy mismo, ¿eh? –repitió Armin, dudando un poco–. No sé… Vamos a estar aquí por lo menos dos semanas. Seguramente puede esperar, no hay prisa…
–¿Que no hay prisa? –dijo Marco, muy serio, girando la cabeza con tanta rapidez que casi asustó a su camarada; había cierta cualidad sombría y dura en su mirada–. Armin, creo que el tema ya ha salido antes. Los titanes podrían atacar de nuevo en cualquier momento. Y no tiene por qué ser un día lejano. Quizás ocurra la semana que viene, o mañana mismo… Hay que aprovechar el tiempo de que disponemos, no desperdiciar oportunidades que tal vez ya no vuelvan a repetirse. Tendemos a dar demasiado por hecho y eso es un error. Si te paras a pensarlo, en realidad la vida es tan precaria, tan frágil… Lo raro es que las cosas no se tuerzan más a menudo, que casi siempre sigamos de una pieza al terminar el día.
Y después de eso, Marco volvió a guardar silencio; Armin no sabía qué decir. Aquellas cosas no eran tan distintas de las que él mismo solía pensar; pero oírselas decir en voz alta a su compañero, con esa convicción y vehemencia, impresionaba un poco.
–Es mejor no posponer –continuó el pecoso, algo más calmado, mirando al frente–. Dejar de buscar excusas y hacer de una vez lo que debe hacerse, por difícil o imposible que pueda parecer. Al menos hay que intentarlo… –de nuevo, pareció perderse en algún rincón apartado y oscuro de su mente; no debía ser un lugar muy agradable.
–Oye… –intervino Armin con timidez, tratando de animarle–. Todavía seguimos hablando de ayudar a Eren a buscarle unos guantes a Mikasa, ¿no? Porque, bueno, por cómo lo dices, parece tratarse de alguna misión de gran importancia…
Y entonces Marco se detuvo. No frenó un poco la marcha, no aminoró el paso; simplemente, dejó de andar. No pronunció una sola palabra. Su rostro quedó cubierto por una cuidadosa expresión neutra, como una máscara con la que pretendiese ocultar… ¿qué? Armin volvía a preguntarse qué pasaba en ese momento por la cabeza del pecoso; hasta que de repente recordó algo que le había dicho antes.
"Y oye, lo siento mucho, pero si ella decide estar con Eren, en vez de con Jean, o contigo…"
También recordó lo mucho que significaba para Mikasa su bufanda; y eso, unido a algo tan sencillo como que Eren le comprase unos guantes, para ella supondría otro paso en la misma dirección…
"Le estoy pidiendo a Marco que aplaste las esperanzas de su mejor amigo." Armin tragó saliva, dándose por fin cuenta, con una creciente sensación de horror en su interior. "Le estoy pidiendo que se convierta en un traidor."
Y supo por qué se le había ocurrido de repente; porque de algún modo podía intuir que lo que Marco ocultaba debajo de su expresión neutra… era culpa.
"¿Qué he hecho?"
Y cuando el pecoso fue girando lentamente la cabeza, hasta clavar sus ojos castaños en los azules de su compañero, Armin creyó ver un abismo que le devolvía la mirada; y aunque sólo fuera por un instante, estuvo plenamente convencido de que…
Y entonces, una vez más, aquella sombra se desvaneció y delante de él simplemente quedó Marco; el bueno de Marco, con su mirada cálida y sus alegres pecas, su amable sonrisa… y un algo de determinación tranquila y discreta, sutil, que quizás no tenía tanto que envidiar a la de Eren.
–Se dice a veces que "la Misión es un hombre"… –sonrió el pecoso–. O en este caso, una mujer. Pero esto podría llegar a ser mucho más. Como decías antes, "de gran importancia". ¿Por qué no? En realidad, puede que sea mucho más importante de lo que parece a simple vista, quién sabe… Como ondas en el agua, los efectos de ayudar con esto a Mikasa podrían terminar expandiéndose, hasta alcanzarnos a todos. Además, somos compañeros, estamos todos en el mismo bando… –de pronto pareció un poco más ansioso, como si necesitase que alguien se lo confirmara–. Se supone que es nuestro deber, ¿no? Ayudarnos los unos a los otros, acudir en auxilio de un camarada con razón o sin ella… –y dejó de sonreír–. Hacer lo que debe hacerse. Armin, tenías razón antes, cuando dijiste que Mikasa ya había decidido. Nos toca a todos tomar nuestras decisiones y vivir con las consecuencias… –un instante de silencio; luego continuó, sonriendo de nuevo con calidez–. Y Eren también ha tomado su decisión, aunque no sea consciente de todas las consecuencias. Todavía.
"Creo que aún no sabe lo que se le viene encima," parecía decir con aquella última palabra.
Armin… no sabía qué decir, no sabía cómo continuar después de todo aquello. "¿Y ahora qué?"
Al menos su cuerpo no se quedó paralizado como su mente y siguió andando; lo último que necesitaba era desobedecer la única orden explícita de Shadis y atraer de nuevo sobre sí la ira del Instructor Jefe. A su lado, pudo oír que Marco también reanudaba la marcha, en silencio, dándole tiempo a Armin para ordenar sus ideas.
El rubito de ojos azules empezó a darle vueltas a todos los consejos que había escuchado, tratando de sacar sus propias conclusiones.
"Centrarme en una sola cosa cada vez. No dejar para mañana lo que se puede hacer hoy, aprovechar el momento. Ayudar a Eren con lo de Mikasa, cueste lo que cueste. Contar con mis compañeros…"
Cada cierto tiempo, su mente volvía a una palabra muy concreta: misión, o más bien, Misión; antes casi se la había oído pronunciar a Marco con la mayúscula.
"¿Será esa la solución? Enfocar esto como un ejercicio, como una pregunta en un examen teórico… Bueno, eso sí puedo hacerlo. ¿Cuáles son los objetivos? ¿Qué factores debemos tener en cuenta? ¿Qué pasos debemos dar para garantizar el resultado…?"
Casi podía verlo todo delante de él, como si estuviese escrito con letra pulcra en un folio en blanco.
"El objetivo principal de la Misión es comprar unos guantes negros, de los buenos, para Mikasa. ¿Dónde? En Trost, en una tienda… Jean es de la ciudad, seguro que conoce alguna, puede preguntárselo Marco para evitar una situación incómoda. Thomas también es de Trost, no le conozco de mucho pero tampoco hace falta tanta confianza sólo para preguntar algo así. Habría que tener cuidado para no contar demasiado, no vaya a ser que alguien se vaya de la lengua, porque se supone que es una sorpresa.
"Vale, ¿y qué más necesitamos? Dinero, obviamente. Eren conserva la mayor parte de su paga de recluta, no como algo premeditado, sino porque no había encontrado nada en lo que mereciese la pena gastarla antes, así que eso no sería un problema… Y si hace falta, yo también ayudaría, es lo mínimo que puedo hacer por ellos. Pero una vez más está el factor sorpresa, se supone que Mikasa no debe saberlo, aunque quizás ya sospeche algo… En ese sentido, es como Marco, no habla mucho pero se entera de más cosas de las que uno creería.
"Bueno, vamos a suponer que Mikasa no lo sabe aún. El problema es que ella y Eren se pasan casi todo el día juntos, separarles aunque sólo sea un momento va a ser complicado. Quizás podría encargarme yo de buscar y comprar los guantes, con el dinero de Eren… No, le conozco y sé que querrá hacerlo él personalmente. Tal vez podría quedarme yo con Mikasa y distraerla, pero tengo la impresión de que dejar solo a Eren sería un error. No sé por qué, vamos, ni que él fuera a destrozar la ciudad sólo porque yo no estuviese a su lado… Eso sí, quizás se liaría a cabezazos con el primero que hablase mal de la Legión, no sería la primera vez ni la última.
"De acuerdo, entonces será mejor que me quede con Eren, por si acaso. Lo último que necesitamos es darle una excusa a Shadis, justo cuando estamos a punto de terminar la Instrucción. Hum… ¿Quizás Marco podría ocupar mi lugar? No, eso ya sería mucho pedir, seguro que él ya tiene planes para esta tarde, con Jean o con esa otra persona de la que no quiere hablar, je je… Ah, vamos. Céntrate, Armin. Entonces, lo más sencillo será que yo vaya con Eren, aunque tengo la impresión de que se me olvida algo…
"¡Pues claro! Incluso si encontramos la tienda, y Eren tiene dinero, y yo voy con él para que no se meta en líos, y consigo distraer a Mikasa el tiempo suficiente… ¿Qué guantes compraríamos? ¿Eren sabrá su talla? Para estar seguros debería probárselos ella, pero entonces ya no sería una sorpresa… ¿La tienda admitirá devoluciones si le quedan pequeños? Conociendo a Eren, querrá acertar a la primera. Hum… Quizás, si pudiésemos convencer a alguna de las chicas, con una talla similar, para que viniera con nosotros…"
Llegó un punto en el que, por más que seguía dándole vueltas a tantas cosas a la vez, ya no se le ocurría nada nuevo; lo único que iba a conseguir así, era que le saliese humo de la cabeza. Suspiró hondamente, dejando que su vista se perdiera en el horizonte; se pasó una mano por la cara, tratando de despejarse. Sentía un agotamiento tanto físico como mental, ante la sola idea de intentar resolver todo aquello ese mismo día; estaba tan cansado, que no se creía capaz.
"Por otro lado, si de verdad lo conseguimos… Ya estaría hecho y tendríamos una preocupación menos. Además, seguro que Mikasa se alegraría mucho con todo esto. Es mi mejor amiga, bien merece la pena hacer algún sacrificio por ella. Y también está lo que dijo Marco, cualquier día puede ser el último… ¿Y si luego no se presenta otra ocasión y paso las Fiestas de Invierno arrepintiéndome, por haber desperdiciado mi única oportunidad?"
Volvió a suspirar, pero ya había tomado su decisión. A veces, le parecía que llevaba toda la vida agotado, cansado, al límite de sus fuerzas; y sin embargo, siempre había conseguido salir adelante, de algún modo… o más bien gracias a sus amigos. Eren. Mikasa. ¿Marco?
Giró la cabeza y miró al moreno pecoso, que le sonrió con amabilidad y lo que parecía atención, o curiosidad, en sus expresivos ojos marrones. Armin se dio cuenta de que él también estaba sonriendo; no le costó nada.
"No estoy solo, puedo consultarlo con Marco. Él todavía está dispuesto a ayudarme, a pesar de todo. ¡Así ya no parece tan difícil! Incluso me siento menos cansando…"
–La Misión es ayudar a Eren a comprarle unos guantes negros a Mikasa –Armin decidió seguirle el juego a su compañero–. El primer paso sería encontrar una tienda donde los vendan. No conocerás alguna, por casualidad…
Entonces se detuvo, al ver que la sonrisa del pecoso se hacía aún más amplia.
–Armin, ¿crees en el destino? –le preguntó Marco.
Normalmente, al de ojos azules le habría aturdido un cambio de tema tan repentino… pero no era la primera vez que su compañero le sorprendía de aquella manera, en el mismo día; ya se había ido acostumbrando a esas situaciones, que a cualquier otro le resultarían bastante extrañas.
"Quizás Marco en realidad es así y sólo ahora me doy cuenta," razonó Armin. "No solemos hablar tanto tiempo seguido, ni siquiera cuando nos sentamos juntos para limpiar el equipo de maniobras. Además, tampoco podemos distraernos demasiado durante el mantenimiento."
Por otro lado, aquello no le resultaba molesto, más bien lo contrario. Se trataba del tipo de cuestiones que Armin se hacía a sí mismo, a veces, cuando estaba ocupado con alguna tarea mecánica y repetitiva, o cuando el sueño tardaba en llegarle aun después de una larga jornada de entrenamiento. En realidad, se alegraba de poder hablar con alguien de esos temas libremente, sabiendo que no le acusarían de estar "haciéndose el listo" ni le responderían con silenciosa confusión; estaba seguro de que Marco era capaz de comprenderle, si se lo proponía.
–Depende de la idea de "destino" que tengas –contestó al fin Armin–. Si te refieres a algo que ya está escrito, que está condenado a ocurrir sí o sí por mucho que tratemos de impedirlo… Entonces no, no creo en el destino. Sin embargo, si te refieres a varios caminos posibles, de los que sólo uno se hará realidad en el futuro, entonces sí diría que creo en el destino. Tal vez no tengamos un control absoluto sobre todo lo que está por venir, pero tampoco somos esclavos de una sola opción. Podemos elegir nuestro propio camino, decidir nuestro propio destino… Dentro de unos límites, naturalmente. Sé que no me van a salir de repente alas con las que volar, por mucho que lo desee.
Armin no estaba seguro de si se habría explicado con suficiente claridad, o por lo menos de forma no muy confusa. Sin embargo, a juzgar por la reacción de Marco, lo había conseguido; el pecoso sonreía, asintiendo ligeramente con la cabeza.
–Me gusta esa respuesta –Marco tenía un brillo entre aprobador y entusiasta en sus ojos–. Es una idea interesante… Significaría que, incluso si estás destinado a la grandeza, no basta con quedarse de brazos cruzados y esperar a que ocurra, tienes que esforzarte para hacer realidad tu destino… –entonces frunció el ceño; una sombra pareció cubrir de nuevo su rostro, aunque se desvaneció con la misma rapidez con que había aparecido–. Por el contrario, si estás condenado a un destino infame o cruel, quizás aún habría alguna posibilidad de evitarlo, cambiarlo por otro destino aunque sólo sea ligeramente distinto…
Armin sabía que no eran imaginaciones suyas; no era la primera vez que veía aquella sombría faceta de su compañero. De nuevo, tenía sentido que se diera cuenta ahora (y no antes), después de una conversación más prolongada con el pecoso.
¿Qué sería lo que preocupaba a Marco? A saber, ¡había tanto donde elegir! La visión del Muro Rose podría estar provocándole otra vez esos malos presentimientos, conforme iban acercándose cada vez más al implacable enemigo que acechaba al otro lado. Podría estar preocupado porque, desde cierto punto de vista, estaría ayudando a Eren a "conquistar" a Mikasa (o más bien al revés), acabando de un plumazo con las posibilidades de su amigo Jean.
Marco podría estar dudando sobre su decisión de alistarse a toda costa en la Policía Militar para servir al Rey. Armin intuía que esas dudas se deberían, en (buena) parte, a las conversaciones entre ambos durante las sesiones de mantenimiento; no se sentía orgulloso de ello, pero tampoco lo lamentaba. Tarde o temprano, su compañero se habría topado con la corrupción rampante en el supuesto "cuerpo de élite"; más le valía irse desengañando cuanto antes, para evitar llevarse luego una decepción.
"En realidad le habría hecho un favor," se dijo Armin para sí, con cierto cinismo que incluso él mismo reconoció como tal. "Por otro lado, la idea de un destino flexible parece haberle animado… como si eso le hubiera quitado un peso de encima."
En cualquier caso, se estaban desviando del tema. Otra vez.
"Y todavía no hemos llegado a Trost… ¡Parece que hayamos pasado una eternidad en este camino!"
–Oye, Marco –Armin habló no sólo para retomar el asunto de la Misión, sino también para despejar las dudas que ensombrecían el ánimo de su compañero–. Me preguntaste de pronto sobre el destino y, bueno, supongo que eso tendría algo que ver con lo de antes. Creo que te había preguntado si sabías de alguna tienda, donde poder comprar unos guantes…
–Precisamente –contestó el pecoso, ya más centrado, sonriendo de nuevo con alegría–. ¿Me crees si te digo que Jean me contó hace poco que su madre trabaja en una tienda de ropa, donde tienen una buena selección de prendas para el invierno?
–¡No fastidies! –Armin abrió mucho los ojos de repente–. ¿En serio? Vaya, pero… ¿Qué posibilidades había de que…? Vaya, creo que ahora entiendo por qué me preguntaste… ¡Vaya!
Ni siquiera se planteó la posibilidad de que su compañero estuviera bromeando; no con aquello. Por su parte, Marco sonreía cada vez más; incluso se le veían los dientes, como si fuese a echarse a reír en cualquier momento.
–Bueno, ah… –Armin, entre aturdido y (sólo un poco) molesto, consiguió recuperarse–. Supongo que eso resuelve uno de los problemas, pero… Lo he estado pensando y, en realidad, creo que hay una dificultad todavía mayor. ¿Cómo distraemos a Mikasa? Porque se supone que tiene que ser una sorpresa. Si Eren va a comprarle los guantes, ella no puede estar presente. Todavía no se me ha ocurrido nada, quizás tú podrías…
Y entonces se quedó paralizado. No por terror, no señor; pero se le parecía demasiado para su gusto.
Porque mientras hablaba con sus titubeos, Marco había estado prestándole atención, cada vez más serio y más concentrado; de nuevo, casi podían oírse girar los engranajes en su cabeza. Después volvió la vista al frente, con la mirada perdida en la lejanía o quizás buscando a alguien; y luego empezó a alzar las cejas lentamente, conforme algo iba abriéndose camino en su mente… hasta que, al final, ese algo se convirtió en algo casi real, tangible y sólido.
Y entonces Marco volvió a sonreír. Armin no sabía que el pecoso, con un solo gesto, pudiese inspirar aquello que no era terror (pero se le parecía demasiado).
Porque su sonrisa no era la típica de "el bueno de Marco", amable y cordial, reconfortante… No, aquella sonrisa, mostrando casi todos los dientes, tenía cierta cualidad de depredador; como un lobo disponiéndose a lanzar una dentellada.
Armin no se atrevió a decir nada; y fue Marco quien desgarró el silencio, con una voz suave que producía escalofríos.
–Se me ocurre una idea…
