XIII
- ¡Maldito gusano! ¡Cuando se lo enfrentan cara a cara huye!- Wölf estaba fuera de si, seguramente hubiera matado al asesino si tuviera la oportunidad, aunque Gato no se la hubiera dado
- ¿Puedo saber porque atacaste a mi contrincante? – Sheld no parecía enojado, pero la espada inspiraba bastante respeto como para calmar un poco a Wölf.
- ¡Era un maldito asesino!- Solo un poco.
- Si, y uno bueno, pero no creo que tengas que preocupar mucho…- Empezó Sheld hasta notar a Alan, a unos metros, yendo en su dirección.
- ¡Alan! ¡La carta de ese viejo decrépito te llegó! Es bueno verte de nuevo después de tanto tiempo muchacho
- También a usted comensal Sheld, Asternon me pidió que viniera a buscaros antes de marcharme a Geffen.
- Estoy enterado Alan, pero ahora ya no soy comensal de nada, de la misma manera que eres el heredero de nada, al menos hasta retomar esas tierras…
Alan nunca pensaba en sí mismo como heredero de un reino, pero las palabras de Sheld despertaron esa posibilidad en su mente, a la vez que una vergüenza por el comportamiento de sus ancestros más cercanos, que transformaron la ciudad en lo que era ahora
-… Aunque Asternon tiene teorías sobre el lugar, tendremos que discutir sobre eso en mi hostelería.
Wölf no estaba muy confortable. Entre la aparición del asesino y la falta de atención que los dos mostraban hacia su persona…
- Ah, y a propósito, ¿este herrero viene contigo?- Preguntó Sheld notando la situación
- Sí, es un muy buen amigo y mejor herrero, cuando sobrio, de nombre Wölf. Me acompañó des de Izlude.
- Placer, soy el Gran caballero Sheld Kriffen, hijo de Gaff Kriffen, servidor otrora del ejército de Glast Heim, enfrentado en todo el mapa, renacido por gracia de las hijas de Odín, a su merced. Dijo Sheld educadamente inclinándose ligeramente y ofreciendo la mano
- Emm… Placer, soy el herrero Wölf Wölfenson hijo de mi padre, servidor de nadie, estem… tampoco enfrentado… ni renacido… pero de todas formas a su merced. Respondió Wölf un poco descolocado frente a tan formal saludo, apretando la mano que se le ofrecía.
- Imagino que nos acompañará a Geffen, en la incursión a Glast Heim, buenos herreros son siempre bienvenidos.
-No, la verdad es que tengo asuntos importantes a tratar en Izlude, y no puedo acompañarlos. – Respondió Wölf imitando el tono formal con el que hablaba Sheld – Si tienen que discutir pormenores del viaje, me despido de ustedes por hoy.- Alan contenía la risa a duras penas
- Bueno, me temo que así sea, buena suerte maes herrero.
Wölf se despidió de los dos y se fue a la posada en la que se alojaban, pensando seriamente en ir a un bar a pasar el rato, sin beber claro está, sin beber.
- Sígueme Alan, estoy esperando a un… invitado en la hostelería en la cual me hospedo, ahí podremos hablar de los planes para el viaje a Geffen, aunque pretendo entrenarte aún antes de ir, tenemos 2 meses, y Glast Heim ya no es lugar para un espadachín.
- Muchas gracias comen… Sheld, hace tanto tiempo que dejé Glast Heim…
- Dime Alan, ¿Que fue de ti después de la batalla de Geffen? Sabía que una caza de kobolts era peligrosa para ti, principalmente en aquellas circunstancias…
- Asternon me llevó a Izlude, donde me dejó a cargo del gremio de espadachines, no estuvo más de dos semanas, lo suficiente para ver que yo estaba bien instalado. Allí me entrenaron y me hice amigo del herrero del gremio, Wölf el que me acompañaba ahora a poco.
- Hmm, al menos no descuidaron tu educación, a los 9 hablabas como un niño de 5 años, ¡Quien desconfiaría que con 13 ya hablarías como un adulto!- Dijo Sheld divertido, poniendo la mano en la cabeza de Alan.
- No sabes lo rápido que uno aprende entre armas, en el gremio son bastante estrictos- Ambos rieron.
- Disciplina Alan, disciplina es fundamental en un caballero, el mantenerse calmado y obediente ¡puede ganar batallas!... Aunque, tampoco hay que ser ciego- La alegría dejó el rostro de Sheld, recordando al rey último de Glast Heim.
- Emm… ¿y que fue de ti después de esa batalla?- Preguntó Alan tratando de aliviar la tensión.
- Cuando Pierre me advirtió que Asternon aconsejaba la retirada, me dí cuenta de la cantidad de enemigos que enfrentábamos, y ordené que retrocediéramos. Mis hombres pudieron cruzar a salvo pero estaba a pocos metros de la franja de tierra que nos unía a tierra cuando un caballero enorme cruzó mi camino…- Los puños del Grán caballero se apretaron, no parecía un recuerdo placentero- Ningún kobolt osaba aproximarse a nosotros, fue una batalla reñida, él tenía mucho más fuerza que yo, y mis golpes no parecían herirlo en lo más mínimo… al poco tiempo yo estaba en desventaja, con una herida abierta en el pecho que no me permitía moverme libremente, aunque él empezaba a sentir también los golpes de mi zweihander… él levantó la espada, sabía que defenderme sería inútil, así que ataqué. Ambos acertamos nuestros objetivos. El Caballero Abismal se desintegró en el piso mientras yo me retorcía con la lamina aún perforando mi vientre… creí que seria mi ultimo suspiro cuando la cosa más bella que vi en mi vida me recogió…
- ¡Una Valquiria!- exclamó Alan, que estuviera preso a la historia
- Sí, una Valquiria, me llevó a la presencia de un gran libro, y una voz angelical me indicó que lo leyera… El libro de Ymir, dentro de él sabiduría, verdades, ¡poder sin límites!... Pero un poder a ser controlado me indicó la voz, un poder que me era confiado.- Sheld cerró los ojos, ya casi llegaban a la posada – Luego de eso me encontré en Prontera, rodeado por los míos, que dijeron encontrarme en el campo delirante, con cicatrices enormes cruzando el pecho. Luego me enteré que poco del ejército pudo huir de Glast Heim, mis fuerzas aplastadas mientras yo no estaba, la ciudad tomada por monstruos de las tinieblas, el reino perdido…- Sheld tomó una pausa antes de proseguir- Liberé a los hombres de sus juramentos, les dije que los vería nuevamente peleando para retomar Glast Heim, aunque no los podía obligar, cayeron muchos para defender la ciudad, no caerían más para retomarla bajo mi responsabilidad.
La historia se vio interrumpida con la aparición de la puerta de la hostelería al doblar una esquina…
- Bardo Ciego, como es posible que al renacer ese caballero siguiera lo que era, sin volver a…. nacer realmente, ¡todos saben que así pasa!
- Pequeño, todo lo que conocemos era de otra manera sin el libro de Ymir, el volver a nacer, volver a empezar del cero fue el precio que cobraron las Valquirias cuando el poder de Ymir se nos fue confiado, esta historia tiene miles de años, más de doce vidas de este viejo, ahora déjame volver a ella…
Al pasar por el umbral, Alan distinguió a Ágata entrando en una habitación:
- Hola señorita Ágata- Saludó Sheld, sonriendo.
- Cállate- Respondió ella entrando en la habitación, sin girar la cabeza.
- No parece muy feliz- Dijo Alan, sorprendido por la reacción
- No le caigo muy bien, una vez trató de estafarme… pero es una historia para otro día- Respondió Sheld girando la llave en la cerradura, pero se detuvo al ver que ya estaba abierta – Condenados asesinos.
