DISCLAIMER: nada es mío... todo pertenece a la pelirroja, pero no me ofendería recibir un chucho para navidad.
Embry Call se siente fuera de lugar. Está incómodo entre ese montón de cursis en los que se han convertido sus amigos, derrochan miel por donde se los vea y son tan empalagosos que le entran unas enormes ganas de vomitar.
Se contiene y quita su mirada de la parejita de tórtolos que está casi a punto de protagonizar una película XXX frente a sus ojos. Dirige ahora su mirada hacia la hoguera que se encuentra delante de él y se pierde entre las llamas de color azul que danzan entrelazándose entre si con una gracia inusitada.
Y mientras observa el fuego no puede evitar pensar que sobra en ese lugar y que de repente ya no quiere estar allí. Mira a su alrededor como esperando que alguien lo detenga, pero sabe que nadie lo hará. Sam está demasiado ocupado dándole de comer a Emily en la boca, Quil juega con Claire sentada sobre sus piernas, Jared ríe a carcajadas de una Kim muy ruborizada, Paul protagoniza la película que antes mencionaba intentando meterle mano a Rachel sin que su hermano se de cuenta, Seth trata de ligar con la prima mexicana de Collin mostrándole cuanto aprendió en su clase de español (en la que por cierto su promedio es de dos sobre diez) y Jake, su mejor amigo, Jake, está en su mundo sonriéndole embelezado a la chica Swan que ya sabe, va a correr a los brazos del chupasangre de un momento a otro.
Un suspiro se le escapa entre los labios. El amor...el amor.
Se pone de pie. Sin que nadie lo note abandona el círculo iluminado por la fogata para dar un paseo por la playa. Se quita las sandalias. Adora la sensación de la arena entre sus dedos. Sonríe inconcientemente, el olor al salitre del mar lo hace sentir en casa.
Jamás podría abandonar ese lugar, ama esa playa y a la reservación por sobre todas las cosas. A pesar de que algunos lo observen por sobre el hombro murmurándole bastardo al pasar o preguntándose si la sangre que corre por sus venas es Ateara, Black o Uley. Pero el no lo sabe ni le interesa saberlo. Si ni Ateara ni Black ni Uley se preocuparon por averiguarlo, el tampoco lo hará.
Además ¿de que le serviría? De nada. No va a estar menos solo por el simple hecho de descubrir quien es su padre.
Decide que no quiere ahondar en el tema porque va a ponerse sentimental y hoy no está de humor.
Sigue caminando, mojando el bordillo de sus desgastados jeans de tanto en tanto cuando se acerca demasiado a la orilla. Quien lo viera diría que está loco. El frío viento del mar lo azota sin piedad y él sin camisa y descalzo, cualquiera estaría cerca de la hipotermia. Pero claro, con una temperatura corporal de 43º centígrados, esa no es una patología con la que esté muy familiarizado.
Levanta la vista y ve una pequeña figura que le resulta muy familiar. El cabello castaño corto revolotea alrededor de su rostro. Sus grandes ojos oscuros miran hacia el horizonte y tiene la barbilla apoyada sobre sus rodillas mientras se rodea las piernas con los brazos.
La única que nunca va a las fogatas de la manada. Leah. Y por primera vez la entiende. Porque puede que no tengan las mismas razones pero se sienten de la misma forma. Porque puede que Leah sea una arpía pero ¿quien no lo sería en su situación?
Se sienta a su lado y Leah lo observa por un segundo antes de volver a poner su vista en la nada. Y permanecen así. En silencio. Sosteniéndose mutuamente. Hasta que Leah apoya la cabeza en su hombro y él pasa la mano por su cintura. "Lo siento" dice Leah en un susurro tan bajo que Embry cree que se lo ha imaginado.
Al fin de cuentas no son tan distintos.
Quizás no sea el único que se siente solo...como un lobo sin manada.
Calypsso.
