Cap 04: El trato engendra amistad entre el humano y el gato.
El sonido de las hojas del libro al pasar era lo único que rompía el absoluto silencio de la casa. Seguramente no por mucho tiempo. Lo que tardara Naruto en deshacerse de las cuerdas que ataban sus brazos, piernas y sobre todo del pañuelo de la boca. Había sido una medida drástica, Sasuke lo sabía, pero fue la única manera que encontró de hacerlo callar durante un rato y poder al fin terminar de leer el libro de literatura del cual se tendría que examinar en un par de días. Necesitaba concentración, estaba en plena época de exámenes ¿Acaso no podía entenderlo ese dobe ruidoso?
Llevaría aproximadamente cinco minutos sentado en el sofá, leyendo el aburrido libro alzado entre sus manos cuando lo escuchó entrar en el salón. Lo miró por el rabillo del ojo y se reprendió mentalmente. A la próxima lo ataba y lo metía debajo del agua.
Intentó no prestarle atención y fingir que continuaba concentrado en el texto, pero era imposible. Su sola presencia activaba sus sentidos de alerta, adoptando una actitud de retaguardia, esperando que hiciera alguna de las suyas.
Sin apartar los ojos del libro, lo presintió merodeando a su alrededor, caminando sospechosamente silencioso por el lateral y la parte trasera del sofá. Observándolo detenidamente, cual animal a su presa. Sasuke no se inmuto. Durante unos minutos se dejo observar con aplomo. Esperando que ese desconcertante silencio estallara de un momento a otro. Pero los minutos pasaban y el neko no hacía nada, es más, había desaparecido de su vista y daba a entender que increíblemente, no había entrado a molestarlo.
-Sasuke –le susurró repentinamente al oído por detrás.
La calidez al pronunciar su nombre y el soplo que le rozó en la oreja le erizó por completo la nuca, haciéndole dar involuntariamente un perceptible bote del susto. Ni siquiera había notado la presencia a sus espaldas. Sasuke apretó los dientes y con un rápido movimiento giró el rostro fulminándolo con la mirada.
-¿Y ahora qué quieres, usuratonkashi?
-¿Hoy no vas a la universidad? – le preguntaba un curioso Naruto que recostaba los antebrazos y la barbilla en el respaldo del sofá, cerca del rostro del otro joven.
-No –negó en tono seco volviendo a retomar la lectura.
-¿Por qué no? –le escuchó pronunciar nuevamente. Esto presentía ser un sin fin de preguntas hasta que le diera una contestación convincente.
-Porque los domingos es mi día libre –se encogió de hombros y pasó página-. Nadie va a la universidad, dobe.
-¡Ahh! Eso es genial –Naruto se revolvió eufórico, acercando el rostro hasta tenerlo frente al del moreno captando toda la atención–. Entonces podríamos ir a algún sitio, caminar, pasear, jugar en el exterior…
-¿Y dejar que el resto de gente me vea contigo? De ninguna manera –lo apartó con un leve empujón sobre su frente.
-Vaya, entonces eres de esos -resopló Naruto como si nada.
-¿Qué quieres decir con "de esos", dobe? –ya lo había terminado de desconcentrar de su lectura, y ahora le picaba la curiosidad de sus palabras. Giro el rostro y lo escrutó con la mirada.
Naruto bordeó el sillón hasta sentarse al lado de él. Dejó caer el peso de su cuerpo hasta que la cabeza quedó apoyada en las piernas de su compañero. Un gesto que hizo sacar más de una vena palpitante sobre la frente pálida de Sasuke.
-Prácticamente todos los que han dicho ser mis dueños me han tenido encerrado como a un prisionero dentro de las casas y alguna que otra jaula –Naruto reseguía con una mano las marcas felinas de la mejilla, dejando la mirada fija sobre el techo-. Decían que era vergonzoso dejar ver a un bicho raro como yo. Que era mejor dejarme al margen de la sociedad.
Lo expresivos ojos de Sasuke se abrieron de par en par sorprendidos.
-Menos con Ero-senin –ronroneó cerrando los ojos con un suspiro–. Una vez me dijo que no tenía por qué avergonzarme de mi apariencia, sino todo lo contrario, sentirme orgulloso de ser diferente, de ser único en el mundo -hizo una breve pausa en la que giro el rostro hacia el lateral opuesto al moreno. Su tono de voz disminuía a medida que hablaba más, con en aspecto desanimado-. Las palabras eran difíciles de creer cuando a tu alrededor solo ves miradas de odio y asco, insultos y desprecios ante todos los aldeanos. Pero conseguí hacerme inmune, lograr que no me afectara. Por lo menos exteriormente.
Sasuke observó las orejas peludas y el rabo que reposaba tranquilo sobre el sillón, pensando lo duro que tuvo que ser para él sobrellevar la marginación que aún hoy en día resentía en su mente.
-¿Por qué eres así? –le preguntó el moreno rozándole una de las orejas.
Naruto abrió los ojos y varió su posición recostada quedando conectadas sus miradas.
-¿Así como gato te refieres? –le pregunto al tiempo que el moreno cabeceaba afirmativamente–. No lo sé. Siempre he sido así. El viejo me dijo que yo era alguien especial, que guardaba un secreto en mi interior, aunque nunca llegué a comprender esas palabras. Cuando Ero-senin murió… -detuvo el relato apretando los dientes, una mueca de angustia se formó en su rostro-. …la casa quedó reducida a cenizas por los aldeanos. Era de suponer que no querían volver a ver un monstruo como yo rondando la zona -sus ojos entrecerrados, casi no pestañeaban-. Vagué sin rumbo fijo durante varios años. Adquiriendo experiencia de un sitio y de otro. Me encontró entre cartones un hombre que me ofreció protección, poder y una vida nueva en otro país, en la villa del Sonido. Pero todo resultó ser mentira. Solo me quería para analizarme y descubrir mis orígenes. Pase tres años encerrado en un laboratorio para ratas, lleno de cables y drogado hasta las cejas. No fue muy agradable la verdad, me hacía bastante daño.
Se hizo el silencio entre los dos jóvenes. Un mutismo que Sasuke no interrumpió por falta de palabras, la historia lo había dejado sin argumentos. En ese momento Naruto desviaba la cara hacia un lateral impidiendo que pudiera ver la mueca de dolor que se le formaba en el rostro de tan solo recordarlo. Su cuerpo comenzó a temblar ligeramente y poco a poco se fue encogiendo sobre sí mismo haciéndose un ovillo.
Sasuke no daba crédito a lo que oía. Lo veía ahí, acomodado entre sus piernas, encogido sobre si mismo, contando aquella historia, y por una vez en la vida no supo qué decir ni qué hacer. Él también tuvo una dura infancia, pero ni por asomo tan macabra y cruel como la de aquel gato medio humano, repudiado por su apariencia exterior. Apretó la mandíbula y cerró el libro dejándolo en un lateral. Lo único que se le ocurrió para calmar el temblor de Naruto fue acariciarle con suavidad el cabello y las orejas peludas, hasta que las sacudidas se hicieron leves y el neko continuó el relato.
-Pude escapar en un descuido y me las apañe como pude para salir del país. Desde ese día me juré a mi mismo que nadie más me volvería a hacer daño. Pero la suerte, desafortunadamente no parece estar de mi lado -suspiró y su ceño se volvió a arrugar-. Volví de nuevo a las calles, sin rumbo fijo durante medio año. Sobreviviendo a base de trabajos esporádicos y restos de comida de contenedores. De nuevo fui recogido, pero esta vez por la fuerza. Kabuto, un traficante de estupefacientes que no tardó en venderme a otro traficante, Deidara. Luego me encontró tu hermano y me trajo a esta casa.
La naturalidad con la que contaba su historia produjo a Sasuke sentimientos contradictorios. Incomodidad, lástima, incluso algo en común con él. La soledad. Desde el primer día que lo conoció, Naruto siempre mostraba sus emociones, pensamientos y deseos con una facilidad pasmosa. Y eso no le gustaba. Por que cada vez que le abría su corazón, que le contaba algo de su vida, paso a paso, notaba como entraba en su alma, amenazando con quedarse por siempre en su frío corazón. Prefería alejarlo como hacía con todos, provocarle con su actitud desagradable que le cogiera odio. Pero en vez de eso, Naruto se acercaba más y más. Cautivándolo con su encanto personal.
-Aquí no estás preso ni encarcelado –aclaró Sasuke con más energía de la prevista–. Te puedes ir cuando quieras.
-Lo sé –Naruto volvió a girar sobre su cuerpo, levantando la vista que conectó con los profundos ojos negros.
En el rostro del neko se perfilaba una grata sonrisa. Algo que provocó un cosquilleo en la nuca del moreno, amenazando con expandirse por todo su cuerpo. Se vio obligado a desviar la negra mirada hacia un lateral un tanto cohibido. El neko estiró el cuello y se acomodó mejor entre las piernas con un suspiro.
–Pero aquí me encuentro muy a gusto comparado con mis otros hogares -prosiguió ronroneando de nuevo. Alzó una mano hasta tocar la de Sasuke, inmóvil sobre su cabello. Apretó levemente sobre sus dedos y le instó a que continuara rozándole la sensibilizada oreja peluda–. Aunque no salga mucho de esta casa, o tú seas un prepotente empedernido no me importa. Me recuerda a mi hogar natal junto a Ero-senin.
Impulsado por el estremecedor relato, Sasuke se levantó de sopetón tirando a sus pies al gato desprevenido. Salió del salón dejando un tanto desconcertado a Naruto, que alzaba receptivo las orejas escuchando como los cajones del dormitorio se abrían y se cerraban con velocidad.
Varios segundos después Sasuke volvió a entrar en el salón con una prenda entre sus manos.
-Vamos, levántate –le ordenó en un tono afable. Naruto lo miró confundido accediendo a su petición–. Iremos a dar una vuelta.
Sasuke moldeó la prenda de lana que llevaba entre sus manos y se la colocó al neko sobre la cabeza. Era un sencillo gorro de color negro.
-No te lo pongo porque me avergüence de tu físico –aclaró ocultándole las orejas de gato–. Pero si la gente te ve las orejas comenzará a mirarte y a preguntarte cosas, y ya no se convertirá en un tranquilo paseo.
Naruto le ofreció una gran sonrisa de dientes blancos en respuesta. No solo su boca, sino también sus ojos llenos de júbilo que resplandecían como dos preciosos zafiros. Llenos de alegría y vitalidad. Sasuke sonrió satisfecho, fascinado por esa fuerza de voluntad arrolladora a pesar de su cruel vida. De ser posible, querría que esa felicidad que mostraba nunca le fuera arrebatada. ¿Pero qué demonios estaba pensando? ¿Preocuparse por ese dobe?
Que remedio.
En un movimiento desprevenido Naruto le rodeó el cuello con los brazos, colgándose de él muy animado. Restregando una y otra vez la cara contra la suya propia completamente feliz. Turbado, Sasuke intentó apartarlo en un ligero movimiento.
-Ehh, no hagas eso, dobe –le reprochó comenzando a sonrojarse.
El animado gato volvía a saltar y a gritar de la alegría por toda la casa. Corriendo hasta la entrada dispuesto a salir. Fue entonces cuando se percató de otro inconveniente.
-Oe usuratonkachi, esconde la cola -y vacilante, Sasuke caminó junto a él.
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Por suerte para los dos, ese domingo de invierno en Konoha se despertaba con claros rayos de sol. Seguía haciendo frío y las bajas temperaturas lo corroboraban, pero a Naruto parecía no importarle y él simplemente se había resignado.
Sasuke continuaba leyendo su libro de literatura sentado en uno de los bancos del parque de los anbu. Llamado así por las peleas nocturnas que mantenían los distintos grupos de jóvenes en reyertas por mantener su liderazgo sobre la ciudad. De vez en cuando alzaba la mirada hacia uno de los árboles donde Naruto, completamente erizado, se había encaramado huyendo de un perro callejero que no dejaba de ladrarle.
Casi estalla en carcajadas contemplando como Naruto le insultaba y le pedía ayuda para deshacerse del animal. Pero no, el era Sasuke Uchiha y tenía una reputación que mantener. Muy a su pesar, mantuvo el tipo y le reprendió en su habitual tono hosco diciéndole que ese era su problema. Si no podía contra un mero perro callejero es que simplemente era un gatito asustadizo.
Continuó con su lectura varios minutos más. Hasta percibir un de sobra conocido aroma a mujer que le hizo arrugar el entrecejo y poner su más que irritante rostro de fastidio. Segundos más tarde, la persona llegó hasta su lado.
-No esperaba verte por aquí, Sasuke-kun.
-Créeme, yo tampoco a ti -pronunció con sequedad sin ni siquiera levantar el rostro–, de haberlo sabido no hubiera venido, Sakura.
-Oh, veo que sigues siendo tan amable como siempre.
Encaramado a una rama, Naruto se percató de la conversación entre los dos jóvenes. Quedó escrutando con atención a la joven pelirosa sintiendo un extraño desasosiego en la boca del estomago. Era la primera persona que veía tomar contacto directo durante todo este tiempo con Sasuke. Hasta ese momento, pensaba que nadie en su sano juicio se atrevería a entablar una conversación con el déspota y engreído Uchiha. Le sorprendió mucho más que fuera una joven tan hermosa.
Se mantuvo en la distancia durante largo tiempo. Observando minuciosamente todos los gestos y cada movimiento de ambos. Sasuke parecía no prestarle demasiada atención, nada fuera de lo común, esa era su actitud de todos los días. Pero esa extraña joven si parecía interesada en él. Demasiado. Acercándose cada vez más y más como las abejas a la miel. No supo bien a ciencia cierta por qué le recordó tanto a las prostitutas que traía Ero-senin de vez en cuando a casa en busca de dinero fácil. El coqueteo era descarado y visiblemente perceptible la cantidad de feromonas que pululaban alrededor del moreno, como dagas afiladas apuntando a su diana particular.
Una extraña sensación de incomodidad le invadió por dentro. Rabia, furia, como si estuvieran arrebatándole algo de su propiedad.
Bajó del árbol dispuesto a enterarse de quién era la joven que conversaba con él tan abiertamente. Se deshizo del perro con facilidad, animal que nada más ver los colmillos amenazantes y la actitud agresiva del neko salió huyendo por patas. Dio varios pasos acercándose hacia esa nueva intrusa que acaparaba más atención del moreno de la que él deseaba. A poca distancia, escuchó parte de la conversación.
-Te he llamado muchas veces pero tu línea de teléfono ya no esta operativa -pronunciaba la joven en actitud recriminante-. También me dijeron que te cambiaste de piso.
-Mi vida privada ya no es de tu incumbencia -Sasuke, visiblemente harto de esa conversación, cerró el libro con brusquedad y se levantó desabrido. Alzó la mirada dejándola clavada en la presencia que escuchaba toda la conversación tras la joven.
-Yo diría que sí, Me da la impresión de que todo eso lo haces huyendo de mi -los puños de la chica se cerraron con violencia y su mirada se entrecerró visiblemente enfadada por las palabras del moreno. Fue entonces cuando recayó hacia dónde miraban esos ojos negros. Desvió su colérica mirada hacia atrás, y allí inmóvil se encontraba Naruto.
-¿Y este quién es? –preguntó despectiva entornando los ojos.
Sasuke abrió la boca para replicar, pero el neko se le adelanto ante todo pronóstico.
-Uzumaki Naruto –respondió en él mismo tono provocador–. Su compañero de piso.
-¿Compañero de piso? –preguntó incrédula desviando la mirada hacia Sasuke intentando encontrar algo que refutara esas palabras. Pero este como siempre, se mantenía impasible. Eso era absurdo, simplemente imposible creerse que el frío bloque-de-hielo-Uchiha estuviese viviendo con alguien más que no fuera él mismo.
-¿Y tú eres? –le formuló la misma pregunta Naruto.
-Haruno Sakura, su novia –afirmó tajante.
-Ex novia -aclaró el moreno irritado.
-Un pequeño detalle sin importancia. Lo volveré a ser tarde o temprano –aseveró la chica.
-¿Comienzas a delirar de nuevo Sakura? –le cortó Sasuke serio-. Fui lo bastante claro hace seis meses como para que comiences a asumir que no volveré a inmiscuirme contigo.
Sasuke caminó hasta colocarse al lado de Naruto.
-Solo estamos pasando por un mal momento –la joven hacía ademán de acercarse a él pero por la actitud violenta del moreno no lo hizo–. Necesitas un poco de tiempo para darte cuenta de que soy la mujer de tu vida.
-De lo único que me he dado cuenta en todo este tiempo, es que estoy mucho mejor sin ti –sonrió punzante–. Cuando quiera una víbora me compro una serpiente de verdad, no una enfundada en un traje de marca –le dio la espalda dando por finalizada la conversación e indicó con un gesto de cabeza a Naruto para que lo siguiera.
Solo cuando estuvieron alejados lo suficiente de la joven como para que no los escuchara, Naruto se atrevió a pronunciar.
-Joder, Sasuke, tienes muy poco tacto con las chicas. No me extraña que no tengas novia.
El aludido se metió las manos en los bolsillos del pantalón sin contestar. Con su típica expresión de siempre, no-me-importa-nada.
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Durante el resto del día, Sasuke no se mantuvo demasiado comunicativo pese a la insistencia y preguntas de Naruto por saber más de esa chica que afirmaba ser su novia. Provocando en cierto modo, que Sasuke se enfadara, le contestara con frases cortantes y desapareciera durante toda la mañana y parte de la tarde.
-No te acerques a ella –inquirió en tono brusco sin mirarle a la cara.
Fue lo único que le advirtió Sasuke antes de cerrar la puerta de su casa con un portazo. Pero, ¿por qué? Las dudas y las suposiciones no dejaban de asaltarle la mente. Naruto no lo comprendía. De acuerdo, estaba claro que mucha gente, y más conociendo el rudo carácter de Sasuke, se enfadarían si una chica fuera contando a todo el mundo que es tu novia sin serlo. Pero lo que él se preguntaba eran los motivos que tenía la chica para ir contando cosas como esa.
¿Qué había ocurrido entre ellos para terminar así la relación? Porque Sasuke no lo había desmentido. Fue su novia…
¿Novia del prepotente estreñido? Comenzaba a pensar si el día que Sasuke aceptó la propuesta estaría borracho, drogado o las dos cosas. No por la joven, seguro que tendría muchos pretendientes ya que le resultó muy hermosa. Pero nunca se había imaginado que Sasuke aceptara mantener una relación seria con alguien.
Llegó la hora de la cena, y para su sorpresa la vuelta de Sasuke. Durante la comida se mantuvieron ambos en un incómodo y arduo mutismo. Ni siquiera le recriminó que tuvieran de nuevo ramen para cenar… por cuarta vez en aquella semana. Pero el neko se armó de valor atreviéndose a preguntar de nuevo.
-Neh, Sasuke. Esa chica… -no sabía si continuar. La mirada furiosa que le dedicaba el moreno cortaba hasta el hambre-. ¿Por qué dice esa chica que sigue siendo tu novia si no lo es? –preguntó en tono imperioso. No sabía por qué razón necesitaba con urgencia una explicación detallada y plena de todo lo que ocurrió con Sakura.
-No te metas en lo que no te importa –le respondió seco levantándose de la mesa.-Si vuelves a preguntarme sobre ese tema, te largas de esta casa.
Las orejas de Naruto cayeron en un gesto afligido. No le dolía que le contestara de esa manera tan brusca, en cierto modo, sabía que era una mascara tras la que el moreno se ocultaba. La misma que utilizaba él en muchas ocasiones. Lo que le punzaba es que no confiara en él. Que no compartiera sus secretos y continuara tratandolo como un extraño invasor en su vida.
Desanimado, se levantó y recogió los platos a medio comer que llevó al fregadero. Lastima, ese día había comenzado muy animado, y a estas horas y después de vivir ese encuentro inesperado con aquella joven, seguramente Sasuke no estaría de humor esa noche para jugar a ver dónde duerme el gato. Decidió mejor darle un poco de espacio personal y por una vez en aquella semana, dormir realmente en el sofá.
Después de apagar todas las luces y de camino hacia el salón algo especialmente curioso le llamo la atención. La puerta del dormitorio de Sasuke se encontraba medio abierta. ¿Se le habría ido la cabeza? Él nunca olvidaba cerrar la puerta, con los siete cerrojos todas las noches. Caminó en silencio, descalzo sobre el suelo hasta llegar a la puerta, mirando curioso por la abertura. La luz que desprendía la luna iluminaba tenuemente el dormitorio. Reflejando la silueta del moreno tumbado en su cama, de espaldas a él.
Desde la puerta lo contempló detenidamente. Dormía sin camiseta, ladeado, con la sábana a medio cubrir a la altura de sus caderas, desde donde resaltaba la parte inferior del pijama o posiblemente tan solo fuera ropa interior. No podía apreciarlo bien. Sus cabellos negros reposaban esparcidos sobre la almohada. La piel blanquecina resaltaba en esa oscuridad que inundaba la estancia levemente iluminada por el tragaluz de la ventana. Dándole un aspecto tremendamente excitante. Una imagen que tan solo él era honrado de ver en aquel instante tan íntimo.
Escuchó como se revolvía levemente y un gruñido de disgusto brotaba de su garganta. Por lo visto no estaba dormido aún.
-¿No vas a cerrar la puerta? –preguntó dubitativo Naruto en un murmullo.
-¿Para qué lo voy a hacer? –respondió el aludido sin moverse de su posición ladeada–. De todas formas mañana cuando despierte volverás a estar ocupando el lado izquierdo de la cama.
Esas palabras dieron un vuelco en el corazón del neko. Eso significaba que… que…
-¿Eso quiere decir que me dejas dormir a tu lado?
-Yo no he dicho eso –apresuró a replicar removiéndose con un gruñido apagado.
-Pues a mi me da la impresión de que sí.
Con una sonrisa de oreja a oreja, Naruto no dudó ni un segundo en quitarse la camiseta y recostarse junto a él. En su lado izquierdo de la cama. Comprobando como Sasuke no hacía ademán de sacarlo a patadas ni objetaba tal acción. El moreno tan solo giró la cabeza para mirarlo consternado, asumiendo que otra noche dormiría con él. Sus ojos negros brillaban en la oscuridad, los labios suculentos estaban humedecidos, dándole un aspecto extremamente sensual. Resultaba tan deseable en aquel momento.
Sasuke respiró hondamente y volvió a colocarse en su posición dándole la espalda.
No pasaron ni dos segundos en silencio cuando Naruto comenzó a hablarle flojito.
-Sasuke –lo llamó apacible removiéndose para estar más cerca de él. Aspiró el aroma y reconoció al instante la esencia del moreno. Comenzaba a ser una adicción permanecer a su lado. El moreno tan solo gruñó dándole a entender que le escuchaba–. Me lo he pasado muy bien hoy -volvió a susurrar contra su nuca–. Gracias.
Sasuke no contestó, era de esperar. Tan solo se dedicó a sonreír de medio lado, escuchando el hipnótico ronroneo que comenzaba a emitir su minino. Era tan tranquilizador. Antes de caer rendido, escuchó un leve "buenas noches" y por fin cerró los ojos satisfecho.
Ni dos minutos trascurrieron cuando la repentina voz enérgica del neko lo desvelada de sus adormecidos sentidos…
-Oe, me acabo de acordar de que mañana toca baño, ¿verdad? ¿te bañaras conmigo otra vez? ¿me volverás a frotar ahí abajo? –preguntó el neko riendo por lo bajo viciosamente-. Pero luego te frotaré yo a ti.
No una, ni dos, ni tres, muchas, muchísimas venas palpitantes se hincharon sobre la frente de Sasuke que abría los ojos colérico, con un extraño brillo rojizo resplandeciendo en sus pupilas, murmurando con ira mal contenida.
-Gato pervertido del demonio.
Cinco minutos después…
-¡Era una broma, bastardo! ¡No tienes sentido del humor! –Naruto gritaba y golpeaba insistentemente la ventana del balcón donde lo había encerrado nuevamente-. ¡Si lo decía por ahorrar agua, estreñido!
Continuará…
