Aclaración: Pokémon no me pertenece, es de "Satoshi Tajiri y Pokémon Company". Solo me encargo de crear la historia de mi fanfic sin lucros comerciales.
Capítulo 04: "Coraje, valor y una invitación"
Eran las ocho de la mañana en donde todos los jóvenes ingresaban al instituto más conocido de la gran ciudad brillante. En su interior, Clemont y Korrina caminaban tranquilos hasta su salón indicado, había pasado tres días desde que se inició el trabajo y ya estaban a un paso de culminarlo, tan solo faltaba detallar la parte más importante del tema; la creación de una nueva vida.
Las clases fueron normales hasta finalizar en el mediodía, el profesor de turno dio unas cuantas indicaciones para finalmente retirarse del plantel.
Clemont luego de acordar la hora a su compañera de ojos esmeraldas, pasaron a despedirse con un movimiento de mano. La relación de ambos había mejorado en estos últimos días a tal punto que la consideraba una fiel ayudante para sus nuevos inventos.
Había llegado a su hogar, encontrándose con su dulce hermana que lo esperaba ansiosa. Entonces, sin perder tiempo, el chico inició los preparativos para el almuerzo.
Korrina se encontraba en el mercado, había terminado de hacer sus compras para andar de nuevo con sus patines por las grandes calles de Lumiose.
Durante el camino se quedó pensativa en una sola persona; Clemont. Se debatía si había alguna chance de confesarse ante él, pero no encontraba el momento indicado para hacerlo, soltó un suspiro en resignación, le era complicado encontrar dicha oportunidad con el inventor. Enseguida alzó su vista observando el cielo claro, de pronto, sus ojos se abrieron en grande al contemplar un grandioso edificio que se localizaba en el centro de la cuidad, sonriendo, encontró la oportunidad que tanto esperaba, y solo tuvo que idear un plan para que esto se llevará a cabo. Y emprendió de vuelta a su hogar a toda marcha.
El cielo comenzó a ponerse de color anaranjado, en la casa del joven inventor, siendo en específico en su habitación. Ambos rubios estuvieron colocando los últimos detalles de su trabajo, cuando lo lograron, el chico de los anteojos finalizó con un simple "clic" en el informe, que al instante dio el aviso de guardado.
—¡Al fin terminamos! —Korrina estiró sus brazos con sumo aburrimiento luego de estar sentada por más de dos horas—. Con esta presentación tuya. Es seguro que tendremos asegurado nuestras notas de este Lunes.
—Querrás decir nuestro —la corrigió, levantándose de su lugar y observar por su ventana el bello atardecer—. Hemos roto nuestro récord, Korrina. No tuvimos que pasar toda la noche para acabarlo.
—Sí. Tienes razón —agachó un poco su mirada, pensantiva, para luego levantarlo—. Y... ¿Qué vas a hacer en estos dos días que sobran?
La bella joven había comenzado con su plan maestro, ahora solo faltaba la decisión del rubio.
—Ahora que lo mencionas... —de inmediato se acercó a su baúl para sacar una cantidad enorme de planos de construcción—. ¡Por fin lo encontré! Ahora podré realizar mis grandes inventos que tenía pendiente hace meses.
Sus esperanzas se esfumaron por completo, era obvio que el chico siempre tenía cosas importantes que hacer en sus días libres. Pero, aún con esa dificultad no quiso tirar tan fácilmente la toalla, no, Korrina era alguien fuerte que superaba cualquier adversidad, incluso si eso significaba tener la valentía de invitarlo a una cita.
—O-oye Clemont —volvió a su lado vulnerable, teniendo el corazón a punto de salirse de su boca con solo hablar. Pero el chico no escuchó su murmullo estando concentraba en cual plano elegir. Entonces ella respiró hondo, concentró sus palabras y decidió hablar—. ¡O-oye Clemont!
El chico volteó su mirada hacia su compañera que lucía algo pálida y nerviosa. Al instante se acercó con preocupación de que tuviera de nuevo alguna clase de enfermedad.
—¿Te encuentras bien, Korrina? —colocó su mano en su frente, sintiendo que ardía junto con su cara sumamente roja—. Suponiendo las circunstancias debes tener fiebre, ¿no?
Korrina retrocedió un poco su cuerpo logrando apartar la mano de Clemont, había sido una experiencia muy extrema para ella. Su rostro aún seguía ardiendo. Pero no por una enfermedad como lo suponía el inventor, sino por el roce de su mano en su frente.
La joven se imaginó la típica escena cliché del chico despistado con la chica tímida, donde sucedía un romance puro e inocente como en los animes que veía. Sacudió un poco su cabeza, ahora no era tiempo de pensar en fantasías, porque justo ante sus ojos estaba el chico que amó desde que entró a la misma escuela en esta misma ciudad.
—No te preocupes, Clemont. No estoy enferma ni algo parecido —rió de forma forzada, queriendo que el chico le creyera. Cuando eso sucedió, fue el momento de la verdad—. Sabes algo... Había pensado que podríamos aprovechar este día para... —tragó duro, en realidad le costaba decirlo—. Ir juntos a visitar la torre... Prisma... ¿Q-quieres ir?
Clemont parpadeó sus ojos ante la invitación de su amiga de ojos esmeraldas, era algo imprevisto y sorpresivo, puesto que en su mente no calculaba las probabilidades que alguien lo invitada a algún lugar a excepción de su familia. Aunque hubo un inconveniente, y eso era sus inventos por construir, nunca creyó que tendría una decisión tan complicada, ya que no quería rechazar su gesto de compartir un tiempo como amigos, pero su afición hacia la ciencia fue más fuerte que tuvo su respuesta.
—Pues, yo...
—¡Hermano! ¡Acepta la cita!
La puerta se abrió por completo, mostrando a la pequeña Bonnie, que había escuchado la conversación de casualidad. Se acercó apresurada al inventor, sonriéndole por la emoción, incluyendo un gran brillo en sus pequeños ojos azulados.
—¡Acéptalo! ¡Es tu gran oportunidad de tener a una hermosa y fuerte novia para que te cuide bien!
—¡B-Bonnie! —se avergonzó a gran medida por las ocurrencias de su hermana—. Ya te dije muchas veces que no necesito a nadie para que me cuide. Además, ¿por qué estabas escuchando detrás de la puerta? Sabes que es de mala educación escuchar la conversación de otros.
—Yo no estaba escuchando a través de la puerta. Solo estaba pasando de imprevisto a mi habitación hasta que escuché la voz alterada de Korrina. Pensé que estaba resfriada por la forma en que tartamudeaba, pero cuando escuché la invitación de la cita, fue ahí donde me emocioné tanto que, sin pensarlo, abrí inesperadamente la puerta —explicó, sacando un poco su lengua junto con una guiñada en su ojo derecho como era costumbre en la niña.
El rubio mayor suspiró al tratar que su hermana quitará esa manía de conseguirle pareja con cada chica que se le cruzaba en su camino, pero abrió los ojos al escuchar la palabra "cita". Nunca se le vino por la cabeza tal posibilidad, sintiéndose nervioso, pero enseguida respiró tranquilo puesto que se trataba de Korrina, su mejor amiga.
—Creo en tus palabras, Bonnie, pero tienes que disculparte con Korrina, ya que debió sentirse incómoda por mencionar sobre eso que dijiste —dijo como buen hermano, aunque no tenía mucho valor para mencionar la palabra novia.
—Lo siento mucho, Korrina —la pequeña se acercó a la muchacha, disculpándose apenada. Pero, en eso sintió la cálida mano de la patinadora sobre su cabeza.
—No te preocupes —le dijo con una voz llena de armonía y compresión, que impresionó a la niña—. Solo ha sido una pequeña travesura, ya que yo también lo he vivido a tu misma edad. Espera... creo que era distinto a como lo recuerdo. En fin, olvida eso último que mencioné. ¡Ha! ¡Ha! ¡Ha! —tras decir esto, le sonrió optimista.
—"Ella es tan linda y generosa. Mi hermano es tan ciego al no darse cuenta de lo grandiosa que es..."
Luego de solucionado aquel mal entendido, Bonnie se despidió de ambos con una señal de mano, dejándolos solos de nuevo.
—Tu hermana es muy linda, y veo que tiene gran curiosidad en tu futuro —le bromeó, provocando un leve sonrojo en el chico.
—No logró entender su interés en buscarme una novia, eso solo debe ser decisión mía si quiero tenerlo o no. Pero la comprendo, Bonnie solo trata de buscarme una chica para tener una figura materna con quien pasar el tiempo en casa —se sentó en su cama, recordando el comienzo de aquel interés—. A veces creo que ella extraña demasiado a nuestra difunta madre. Y, por eso, nunca se rinde en conseguirme una pareja a su misma imagen.
—Sí, puedo comprender como se siente Bonnie —mencionó, sentándose a su lado mientras observaba el techo—. ¿No crees que sea un lindo gesto de ella?
—Tal vez... —musitó relajado, pero luego observo como ella se levantaba.
—Creo que será mejor que me vaya ahora, ya falta poco para que anochezca.
—¡Espera!
Korrina se sorprendió ante el llamado del inventor, deteniéndose y mirándolo.
—¿Sucede algo?
—Acepto tu invitación de ir a la torre Prisma.
—¡¿Eh?! —aquella respuesta la tomó por sorpresa, sintiendo Vivillon en su estómago—. ¿En serio quieres ir conmigo? Pensé que estarías ocupado con tus inventos.
—A decir verdad tenía pensado hacer eso. Pero con la charla que tuvimos hace poco, me di cuenta de que no estaría mal relajarse por un día en la ciudad —ajustó sus lentes, mientras se levantaba para guardar sus planos de vuelta en el baúl—. En fin, es una bella tarde y sería un desperdicio que me quede solo en casa. Además, porque es importante estar con los amigos y hacer buenos recuerdos. Eso es lo que siempre dice Ash.
—Entonces... ¡Vayamos! —emocionada, abrió la puerta siendo acompañada del rubio de ojos azules—. "Esta mi única oportunidad para lograr confesarme. No puedo fallar. Haré lo que sea para conseguirlo."
Bajando por las escaleras, ambos notaron como Bonnie estaba en la sala viendo la televisión, siendo precisa la programación de las clases del profesor Oak.
Clemont avisó a su hermana que saldría, aunque evitando el comentario de la cita, para finalmente despedirse saliendo por la puerta principal. La pequeña les deseaba suerte en su paseo, pero en ese mismo tiempo, el programa fue interrumpido apareciendo un aviso del clima que anunciaba la pronta llegada de una tormenta.
Continuará...
