Disclaimer: Los personajes pertenecen a Meyer. Yo solo les he dado una historia alternativa.


Bad Things

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Capítulo 4

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Edward dormía plácidamente pero yo no era capaz de nada más que de dar vueltas y más vueltas. Debería haber caído rendida entre sus brazos, pero no podía dejar la mente en blanco.

Se le veía tan tranquilo y tan sereno… y yo no quería que le hicieran daño, no quería verlo sufrir. Pero era la única preocupada por eso. Él había perdonado, había dejado el pasado atrás.

No era como yo.

Me tumbé boca arriba mirando el techo sobre nosotros, la sombra de los árboles agitándose bajo la tibia brisa de verano.

Edward era el tronco o incluso las raíces, tranquilo, sin moverse un ápice, en paz con el pasado. Con el lema "lo hecho, hecho está" tallado en su corteza.

No podía negar que era una forma más sana y sabia de vivir.

Yo, en cambio, me conformaba con ser las delgadas ramas, tal vez las nerviosas hojas que se balanceaban ante el mínimo soplo de aire. El pasado era presente y también futuro. Recordándome constantemente aquello con lo que no podía lidiar. Atormentándome con los "y si" que ya no podía cambiar.

Suspiré e intenté no seguir más allá. No quería pensar en ello. No ahora. Tampoco luego. Aunque todo volvería. Siempre volvía.

Me levanté lo más silenciosamente posible y arrimé la puerta de la habitación para no despertarle. Calenté un poco de leche, a pesar de que ya no tenía intención de dormir.

El sol ya empezaba a asomarse entre las copas de los árboles.

Abracé la taza con mis manos para darme calor, arrebujándome más en mi bata. Las madrugadas de verano en Forks no eran cálidas.

Me paseé por el salón observando las fotos que Edward tenía sobre la chimenea. Su familia, sus amigos y… nosotros. La última la había añadido hacía unos cuantos meses, una declaración muda de su compromiso en nuestra relación. Nadie estaba en esa chimenea si no los consideraba familia de una u otra manera.

Sonreí y acaricié el marco de madera. Había sido una bonita tarde y se nos veía felices y enamorados. Embobados el uno con el otro.

Terminé la leche y decidí hacer el desayuno.

Sus fuertes manos me rodearon la cintura cuando estaba haciendo los huevos revueltos.

—Eso huele muy bien —me besó ligeramente bajo la oreja.

—Hay café recién hecho, y esto ya casi está. —Me giré para besarle en los labios.

—¿Te apetece dar un paseo por el río? —preguntó, sirviendo dos tazas de café.

—Sí. Parece que hoy el sol también nos va a acompañar.

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Tras un abundante desayuno y una rápida ducha, bajamos por el lateral de la casa hacia la orilla del río. No había paseo fluvial como tal. Pero allí las orillas eran anchas y podías caminar un buen trecho tanto aguas arriba como abajo.

Caminamos con cuidado sobre los guijarros y me acerqué a probar el agua con la mano. Estaba fría, pero nada comparado con las heladas aguas del mar en estas latitudes.

Se sentó a mi lado, mientras estaba acuclillada sintiendo el agua fluir entre mis dedos.

—Has dormido poco.

—No pude conciliar bien el sueño. Supongo que estaba intranquila.

—¿Por todo lo de Kathy? —inquirió serio.

—No… Sí… En parte. —No sabía muy bien cómo contestar a eso.

—No vamos a ir. Si esto te deja sin dormir, si te preocupa, no quiero hacerlo.

Le miré por encima del hombro.

—Empezó con Kathy, pero luego pensé en lo demás. —Hice una pausa y proseguí en un murmullo que se podría confundir fácilmente con el sonido de la corriente—. En casa.

—¿Quieres ir a casa? —Sus ojos verdes me taladraban, comprensivos y al mismo tiempo feroces.

—No. Pero después de lo que dijiste ayer… yo solo… —Me eché hacia atrás, sentándome—. Todo volvió un poco.

—Lo siento, no quería traerte recuerdos. Solo intentaba que vieras que ambos tenemos puntos de vista diferentes. —Me envolvió en sus brazos y me besó en la cabeza—. Lo siento.

—Lo sé. No te disculpes. —Me giré para mirarle—. Pero prefiero no hablar de ello ahora.

—Entonces nos vamos a levantar y a dar otro paseo antes de volver a casa y preparar algo de comer —dijo dando un último apretón a nuestro abrazo.

—¿Te duele el culo? —pregunté aguantándome las ganas de reír.

—Hay una piedra que se me está clavando en cierto sitio… —su voz estaba estrangulada cuando la dejó morir.

Nos ayudamos el uno al otro a levantarnos y esta vez tuve que reír cuando le vi frotarse el trasero con cara de dolor.

—Eso puedo hacerlo yo, ¿sabes? —le incité.

—Cada vez que quieras —su tono era bajo y provocador.

Echamos a andar con su brazo rodeando mis hombros y el mío su cintura. Aunque no pude evitar bajar la mano traviesamente para acariciarle la zona dolorida.

—Vamos a ir a comer con Kathy —rompí el silencio.

—Pero no…

—Sé que no es necesario —le interrumpí—, pero es algo que siento que debo hacer. Servirá para pasar página. Nunca me preguntaré cómo era ella si la conozco hoy, ¿no es cierto? —Asintió pensativo ante mi comentario—. Por cierto, ¿cómo os encontrasteis?

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Se habían encontrado en la cafetería que estaba al lado del hotel en el que se había alojado Edward. Kathy trabajaba allí. "¿No es casualidad?" había exclamado ella con voz chillona mientras comíamos en In Place. Vale, quizás no tenía una voz tan desagradable. Pero mi subconsciente quería que la tuviese.

—El sábado cambié de turno y para mi sorpresa aquel pelirrojo de la mesa del fondo se me hacía familiar —siguió contando sonriente—. Aunque debo admitir que al principio me dio reparo acercarme y estuve a punto de cambiarle la mesa a mi compañera.

Realmente parecía apenada, eso o era una actriz de primera. No podía decir que la hubiese calado aún.

—Pero al final me acerqué, para tomarles nota a él y a su compañero, y sorprendentemente no me mandó a la mierda en cuanto me reconoció.

—Edward no haría eso —le dije, acariciando la mano de él.

Yo sí, pero ella no tenía por qué saberlo.

—La verdad, hablamos muy poco porque a la hora del almuerzo siempre estamos hasta arriba. Pero quedamos en vernos por la noche para tomar un café.

Un escalofrío me recorrió la espalda. Intenté que no se me notase, pero juraría que mi mirada asesina no tenía precio. Será hij…

—Y le presenté a Félix. Cuando lo vi aquella mañana supe que tenían que conocerse.

Ella era todo sonrisas. ¿Pero quién era Félix? Edward debió ver mi confusión porque me lo explicó.

—Félix es el marido de Kathy.

Eso hizo que girase el cuello tan rápido en su dirección que fue un milagro que no me lo dislocase.

—¿Estás casada?

—Sí —dijo alzando la mano con el anillo—. Llevamos ya casi cinco años casados.

—¡Vaya! Enhorabuena —la felicité.

Mi mente estaba dándole vueltas a que entonces se había casado un año después de haber dejado a Edward, o menos. Al final había conseguido lo que tanto quería.

—¿Y tenéis niños? —pregunté para seguir con la conversación.

—No, queríamos esperar un poco a que la carrera de Félix despegase. Él es músico, ¿sabes? —El orgullo escapaba por cada sílaba y cada sonido pronunciado.

Tenía miedo a preguntar si había escuchado algo de él o su grupo. Y la expresión de Edward me confirmó que era mejor que me estuviese callada. Pero Kathy no se dio ni cuenta y siguió contándome los pormenores de la carrera de su flamante marido.

—Siguen tocando en pequeñas fiestas. Pero ahora están grabando su primer disco de estudio.

—Qué bien. ¿Con qué discográfica?

—Con ninguna. Lo están pagando ellos mismos. Hoy en día es la única manera de meterse en el mercado.

Sí, claro.

—Pues mucha suerte —no era una cínica, esperaba que les fuese bien, pero cuanto más lejos de aquí mejor—. Entonces, ¿os visteis aquella tarde?

—Sí, le debía una disculpa a Edward.

Mi mirada pasó de Kathy a él, que apretó levemente mi mano.

—Y yo le dije que lo que había pasado ya no tenía importancia. Hemos crecido y somos adultos —dijo mirándola antes de girarse hacia mí—. Además así pude conocerte, al final todo salió bien.

—Bueno, tu fama en el pueblo no es la mejor —no me lo pude callar.

Kathy miró nerviosa de Edward hacia mí, mientras él solo me miraba.

—Sí, bueno… No puedo hacer mucho al respecto. Por eso me disculpé con Edward.

—¿Y hablaste con tu padre? —Mi tono era duro y exigente. A mí no me servía una disculpa.

—Yo… le dije que venía a comer con vosotros —dijo en voz baja.

—¿E intentó disuadirte? ¿O quiso que vinieras a intentar salvarme?

—Él todavía cree que Edward… —lo miró con disculpa y yo la corté antes de continuara.

—Edward es un buen hombre —le tomé de la mano y lo miré a los ojos—. Siempre lo ha sido —una pequeña sonrisa se extendió sobre sus labios y su mirada me decía cuánto me quería. Me giré de nuevo hacia ella—. Solo que hace unos años decidiste que si él no quería seguir tu plan al pie de la letra merecía un castigo.

—Era una cría, tenía solo…

—Tenías mi edad —contesté áspera—. Y yo soy perfectamente consciente de que difamar a alguien por un capricho no está bien. Lo que me hace llegar a la conclusión de que en realidad el problema es que no eres buena persona.

Intenté ser civilizada, no mandarla a la mierda o soltarle el "jódete" que me picaba entre los labios. Pero ella se vio tan ofendida como si le hubiese dicho cada una de aquellas palabras. Se llevó la mano al pecho indignada.

—Me he disculpado y he venido hasta aquí…

—No te hagas la sufridora porque has aprovechado un viaje gratis para ver a la familia.

Empezó a rebuscar en el bolso mientras se dirigía a Edward.

—Lo siento, pero no tengo por qué aguantar esto. —Dejó un par de billetes sobre la mesa—. No puedo decir que haya sido un placer.

—En eso estamos de acuerdo.

Se levantó sulfurada y se marchó sin decir adiós.

—Eso ha sido interesante —Edward se había recostado en su silla y me miraba con una pequeña sonrisa dibujada en los labios.

—Tenía que decirle algo. Lo siento, sé que para ti ya no tiene importancia pero sinceramente me parece una idiota y…

Me besó, allí rodeados de un montón de vecinos. Me sujetó la cara y profundizó el beso sin importarle nada más. Le abracé y lo estreché todo lo que pude sin llegar a sentarme en su regazo.

Odiaba a esa chica por presuponer que todo se podía borrar con dos palabras aunque las consecuencias de sus actos perduraran.

Pero había dejado clara mi opinión y dudaba que a ella le quedaran ganas de volver. Al menos mientras yo estuviera con Edward, lo que esperaba que fuese mucho tiempo.

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Aquella semana la lluvia no nos había dado tregua y Rose ya estaba empezando a entrar en pánico.

—No sé para qué me estoy molestando. Tanto organizar para que al final acabemos todos empapados.

—Ya viste la previsión. Mañana deja de llover y se espera que el anticiclón se quede mínimo diez días —intenté tranquilizarla.

—¿Y desde cuando nos fiamos de lo que dicen en la tele? —contestó irónica.

—Desde que lo digo yo —añadió Angela acercándose a nosotras—. Fíjate en Emmett —señaló hacia la zona del billar—, está de lo más tranquilo.

—Eso es porque no le preocupa. Él no va a tener que levantarse tempranísimo para ir a la peluquería, ni hacer equilibrios sobre unos tacones considerables llevando un vestido que mojado debe pesar una tonelada —miró hacia él con recelo—. Cómo no va a estar relajado.

—Vale, cambiemos de tema antes de que mates al novio y ya no tengas boda que celebrar.

—Entonces seguro que la lluvia sería el menor de mis problemas… —fingió considerarlo.

—Sí, después todo se centraría es si te instalarías en la prisión de Olympic o en la de Clallam Bay —bromeó Angela.

—Yo votaría por Clallam Bay, dudo que la envíen a una prisión de mínima seguridad por asesinato —continué.

—Si como atenuante alego locura transitoria por estrés ante la inminente ceremonia puede que me dejen quedarme en Olympic.

Me reí y puse mi mano sobre la de Rose en la barra.

—Mejor piensa en lo bien que vas a estar en la luna de miel.

—Es una idea más atractiva, sí. —Alzó la mirada hacia mí y tenía que reconocer que me asustaba lo que se estaba maquinando tras esos ojos azules—. Entonces… —bajó la voz— ¿Es cierto lo que se dice? —E inclinó la cabeza ligeramente hacia el final de la barra donde Daniel y los demás veteranos se agolpaban mirando el partido.

No había hablado con ella desde el no-cumpleaños de Angela. Con esta última sí lo había comentado, pero no había coincidido con Rose hasta ese día.

—¿Que la llamé mala persona en uno de los pocos restaurantes del pueblo? Sí, lo hice.

—Ahora Bella es una chica mala —se burló Angela.

—Ríete lo que quieras, pero, por su reacción, cualquiera diría que la hubiese llamado de todo. Lo bueno es que no le quedarán más ganas de confraternizar con nosotros —sonreí satisfecha.

—Lo que no entiendo es por qué tuvisteis que ir a comer con ella. ¿En qué estaba pensando Edward?

—Al final fui yo la que quiso ir.

—¡¿Qué?! —Rose prácticamente gritó.

Miré hacia el final de la barra para asegurarme de que no nos estaban escuchando.

—¿Crees que Daniel lo sabe? —dijo en voz baja siguiendo mi mirada.

—Me imagino que habrá escuchado las habladurías, como todos. —Me centré en ellas de nuevo—. Y sigue siendo el mismo de siempre conmigo.

—Me alegro. El señor te cae bien —sonrió afable—. Debe recordarte a tu padre.

—¡No! —La negación salió demasiado rápido de mis labios, pero intenté arreglarlo—. Mi padre es moreno, ya sabes.

—¡Cómo si no supieras de lo que estoy hablando! —Miró hacia Daniel—. Es un buen padre, aunque las hijas hayan salido como han salido.

—Kathy es la oveja negra de la familia, no se parece en nada a sus hermanas —apuntó Angela.

Nos dimos cuenta a la vez de que las tres estábamos mirando fijamente al fondo y claramente no hacia la televisión.

—Así que… —Angela inició un cambio de tema.

—¿Cómo se tomó Edward tu primer escándalo en el pueblo? —le interrumpió Rose.

—¿El primero? Creo que ese fue empezar a salir con él… Pero no hubo ningún problema. Lo hablamos y no quiere a Kathy en su vida. Creo que, que nos conociésemos, en cierta medida, me ayudó más a mí.

—¿Ayudó?

—¿A saber cómo era Edward? —inquirió la morena.

—No, más bien a saber a lo que se había enfrentado. —Retorcí el trapo entre mis manos recordando la comida del otro día—. No es lo mismo haber escuchado hablar de ella que conocerla. Conozco a Edward, o creo que lo hago, y confío en él.

—Y ahora es cuando suena la música de violines —Rose imitó la postura de un violinista por unos breves instantes—. Pero la cuestión es… ¿cuándo te mudas con tu cepillo de dientes?

—Seguirá pagándole a la señora Cope solo por no tener que hablarlo, ya verás.

—¿Tenéis un complot en marcha y yo no me he dado cuenta hasta ahora? Quiero pensarlo bien antes de decírselo a Edward, vivir juntos es un paso importante.

—Dijo la que ya le cuelga los calzoncillos y se los guarda en el cajón. —Miré boquiabierta a Angela—. No me mires así. Sois los únicos que no os dais cuenta de que ya vivís juntos, por mucho que tengas alquilada la habitación y todas las demás excusas que quieras poner.

Estaba a punto de decirle que se metiese en sus asuntos cuando un cliente nos llamó desde el otro extremo de la barra y no dudé en aprovechar la oportunidad.

¡Salvada por la campana!

Ya había empezado a pensar en el tema, pero todo lo de Kathy había desviado mi atención. Sabía que las chicas probablemente tenían razón… Está bien, tenían razón. Pero quien tenía que dar el paso éramos nosotros y de momento nos iba bien tomando las cosas poco a poco y así era como lo haríamos. A nuestro ritmo, sin dejar que nadie nos metiese prisa. Aun así mi mente ya empezaba a fantasear con posibles escenarios y conversaciones. Solo me faltaba un poquito más de valor.

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Gracias DraBSwan por haberme ayudado con el capi siendo mi prelectora y a Anaidam que, aunque no tiene ni idea, aportó con uno de sus comentarios.

Nos leemos.

Ebrume.