Holaaa!

Vaya vaya… Alec besucón si que desató opiniones, especialmente mandarlo a dormir al sillón xD me alegra muchísimo que el capitulo les gustara y les divirtiera, y que me lo hicieran saber con tantos reviews n.n gracias a Hildiux, Guest, AnaM1707, montser257, Kaechan y Rebe Marauder por sus reviews, a todos los que dieron fav y follow al fics n.n contesto:

Guest: oh no creo que Rafael vaya de inmediato con el chisme a Magnus, aunque sin duda el brujo se va a enterar y ya veremos que actitud toma ;) gracias por comentar.

Kaechan: oh, si me atrase un poco u.u lo siento… pero ya veras a Rafe y Magnus aquí; gracias por comentar n.n un beso :3

Los demás por privado… por cierto que si alguien lee Por Un Mal Recuerdo, actualizaré el fin de semana.

En fin, dejémonos de habladurías y mejor vamos a lo que vinieron: ver Wil mordiendo almohadas ;)
¡A leer!

Capítulo 4: Quiero ser…

- Pá, date prisa – Exclamó Rafael desde la sala del loft colgando la llamada de su celular – El tío Jace dice que no te arregles tanto, que te necesitan de enfermero no de modelo.- Se giró hacia Max que parecía preocupado – Dice que tú también vayas.

El chico de piel morena había ido a prisa en busca de su padre y su hermano luego de la redada en Delirio's, habían tenido algunos heridos y Jace había intentado llamarlos al celular sin respuesta alguna. Al llegar Rafael los había encontrado dormidos en la sala con un juego en el televisor, pausado a todo volumen.

Magnus había corrido a prisa a para vestirse y tomar algunos ingredientes que podía necesitar mientras que Max se había acercado a su hermano para tenderle una de las estelas que su papá solía guardar en el departamento, tenía un rasguño feo en el rostro, pero nada más.

- ¿Pero todo salió bien? – Preguntó, Rafael asintió trazándose la runa – ¿Papá está bien? ¿Y Jocie? ¿Y los tíos? – Rafael fue asintiendo con cada pregunta - ¿Y Wil?

- Ese idiota tuvo lo que se merece – Gruñó, Max no tuvo chance a preocupase, en su lugar lo miró confundido: lo último que sabía era que ambos se llevaban bien - ¡Estaba besando a papá! – Exclamó indignado, bajando la voz y asegurándose que su padre no hubiese vuelto aun para escucharlo – Debí patearle el trasero yo mismo.

- No seas estúpido, seguro lo malinterpretaste – Lo desestimó Max.

- Yo sé lo que vi - Dijo molesto – Papá se besaba con ese idiota ¡Frente a mí! – La seguridad de Max vaciló para darle paso a la preocupación.

- Vale, estaban encubierto, quizás fue necesario...

- Necesarias mis nalgas, ¡Está engañando a Pá con esa estúpida zanahoria!

El sonido de un frasco de pociones haciéndose añicos los hizo voltear de inmediato; Magnus estaba en la entrada de la sala enojado, furioso y sus ojos brillaban en azul.

- Pá…- Lo llamó Rafael con cautela, Max lo codeó para que se callara.

- Dense prisa, tenemos que ayudar al instituto – Su voz era rígida, abriendo un portal en la sala por el que pasó de inmediato, claro que iba a ayudar a los Nefilims, y claro que iba a hacer barbacoa pelirroja. Max suspiró golpeando a su hermano con un zape.

- Eres un idiota – Gruñó, empujando a Rafael que protestaba, haciéndolo atravesar a prisa el portal, siguiéndolo luego. Estaba seguro que todo era un malentendido de su hermano, sabía que su papá amaba a su pá como a nadie, pero las palabras de Rafael solo había echado gasolina en el incendio que eran los celos de este; solo esperaba que todo se aclarara pronto aunque eso significara que terminarían enviándolo a comprar café de nuevo.

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La enfermería del instituto estaba en movimiento esa madrugada. La redada había sido un éxito pese a no poder atrapar al cabecilla habían capturado seis submundos implicados y rescatado al menos una docena de víctimas; por supuesto, la enclave había tenido algunos heridos, era por eso que los ilesos se apresuraban en atenderlos con Iratzes mientras esperaban la llegada de los hermanos silenciosos a quien Jace ya había llamado.

El rubio estaba en medio del lugar, celular en mano, hablando con Rafael a quien había enviado al loft para buscar a Magnus cuando ni este ni Max contestaron sus teléfonos. El rubio tenía un corte no muy profundo en el brazo, pero lo ignoraba por completo.

Wil vio a través de los doseles a medio correr, a Alec llegar hasta Jace, el chaleco y el saco de su smokin habían desaparecido al igual que la estola, el ojos azules en cambio llevaba la camisa remangada e intercambió un par de palabras con Jace antes que, resignado, este último asintiera y dejara que su parabatai le colocara un iratze en el brazo.

El pelirrojo habría suspirado de no tener la quijada apretada por el dolor, y se recostó en la camilla cerrando los ojos; se removió incómodo, no importa en qué posición se pusiera, el dolor no cedía.

- Quédate quieto – dijo Alec llegando hasta Wil y sentándose en la cama luego de cerrar los doseles para darle algo de privacidad al chico. El adulto llevaba un recipiente con un líquido espeso y un paño. El muchacho estaba sin camisa, con un par de cortes en el torso y abdomen, pero lo que le hacía apretar la quijada intentando contener las ganas de llorar de dolor era su brazo en ángulo totalmente extraño.

- Jace habló con Rafael, ya está en el loft: en cualquier momento Magnus estará aquí – Informó mojando el paño con el contenido del recipiente para limpiar los cortes en su torso. Wil se estremeció por la cercanía y Alec lo notó, suspiró – Hiciste un buen trabajo de encubierto – dijo, era importante desinfectarlas antes de cerrarlas – Lamento si te incomodé demasiado, pero no podía dejar que nos descubrieran antes de tiempo.

- Está bien – Susurró – La verdad es que todo ahí era incomodo – Intentó bromear, Alec sonrió estirándose para dejar el cuenco sobre la mesita junto a la cama. – A Cornhill lo hechizó un brujo, el señor Lightwood debería atenderlo a él primero.

- Max también vendrá, le pediré que se haga cargo de ti – Aseguró sacando su estela para trazarle una iratze al muchacho en el hombro – Eres un excelente arquero Wilhem, pero descuidas el combate cuerpo a cuerpo.

- Lo sé – Admitió bajando la mirada. Alec le colocó otra iratze en el costado para acelerar la cicatrización de los cortes – Entrenaré más, lo prometo.

- Debes cuidar más tus manos, como Nefilim y aún más como arquero ellas y tus ojos son tu principal arma – Wil asintió – Ahora toma esto, muérdelo – dijo tomando una de las almohadas y tendiéndosela. Wil obedeció sabiendo lo que se venía, ahogando con ella un grito de dolor cuando Alec traccionó su antebrazo para alinearlo de nuevo.

Alec trazó un par de iratzes sobre la fractura, con la magia del ángel tardaría un par de días en sanar, por eso esperaban que la magia de brujo acelerara el proceso. Inmovilizó el brazo del chico con un vendaje. El alemán mantuvo la mirada baja, avergonzado, lo último que quería es que Alec notara las lágrimas de dolor que pugnaban por salir de sus ojos.

- Alec – Isabelle abrió los doseles de pronto, introduciendo la cabeza a través de los doseles – Los hermanos silenciosos llegaron, Jace dice dejes a tu joven y guapo estudiante y te encargues de ellos.

- Izzy – Gruñó Alec en reproche, mientras se ponía de pie volviendo el rostro hacía Wil – Tranquilo, estarás bien antes de lo que crees – Aseguró revolviendo el cabello rojo en un gesto cariñoso saliendo del cubículo, Izzy enarcó una ceja al verlo, cerrando los doseles tras de sí donde su hermano la encaró – No digas tonterías, que si Magnus te escucha…- dijo; Wil se preguntó si realmente pensaban que él no los escucharía solo porque los separara un dosel.

- No te preocupes por mi sino por ese rumor que hay por ahí de que besaste al chico – Había cierto reproche en la voz de la mujer - ¡Por Raziel Alec, es un niño! - Wil, con el rostro encendido como un semáforo, quiso escuchar que respondería su tutor, pero debieron haberse alejado porque no pudo.

Era tan vergonzoso, y no sabía que lo abochornaba más: si el fulano rumor o su fractura. Un arquero al que le partían el brazo en medio de la batalla era un chiste, especialmente cuando Alec no había sufrido ni un rasguño. Suspiró, porque sabía que era su culpa, él se había distraído en medio del combate viendo asombrado como el mayor disparaba de a dos y tres flechas a la vez sin errar.

Lo había visto entrenar por días pero era la primera vez que estaban en una batalla donde no podían mantener la distancia, y era realmente increíble como en un segundo el arco era parte de su cuerpo como herramienta en un combate cuerpo a cuerpo y al siguiente se giraba incapacitando a dos submundos con sus flechas; era fantástico el nivel en que el ojos azules estaba, un nivel al que él quería llegar y al que vergonzosamente descubrió que aún le faltaba mucho, cuando una vampira lo tomó por sorpresa saltando sobre él y arrebatándole el arco. Wil había intentado luchar pero rápidamente el crujido del hueso y el intenso dolor lo sacaron del juego.

- ¿Dónde está mi paciente convaleciente? – Preguntó Max pasando a través de los doseles, fijándose en el estado del muchacho y en la camisa desgarrada a su lado – Vaya, hiciste un asco la ropa de Rafael, va a matarte - Bromeó sentándose en el borde de la cama tal como había estado Alec minutos antes. Wil se arregló para quedar lo más sentado posible apoyado al respaldo de la cama.

- Las cosas se salieron un poco de control – Admitió, Max hizo un gesto que decía "obviamente" mientras agitaba las manos, fuego negro las cubrió un segundo antes de restaurar las ropas de su hermano.

- Listo, misión cumplida.

- Se supone que cures mi brazo, no la ropa – Gruñó aunque realmente intentaba contener una risita.

- No seas malagradecido, intento evitar un asesinato – Bromeó, tomando el brazo de Wil con cuidado para estirarlo en su dirección; el alemán no pudo evitar notar el contraste de su piel pálida contra la azul del brujo, era un tono de azul rey más oscuro del que había notado – Tienes suerte de que Pá esté ocupado porque con ese rumor que hay sobre ti y papá, seguro te parte el otro brazo. – Bromeó, retirando el vendaje que Alec había colocado minutos antes.

Wil frunció el ceño por el comentario, pero no comentó nada cuando notó como el muchacho miraba con aprensión la runa de poder angelical en su antebrazo cercano a la fractura.

- ¿Qué pasa? – Preguntó preocupado porque no pudiera arreglarlo.

- ¿Qué? Oh nada – Negó él terminando de retirar el vendaje, suspirando luego antes de admitir – Si te lo cuento, promete que no te vas a reír.

- Lo juro – dijo Wil solemne, alzando la mano sana a modo de juramento. Max suspiró.

- Quiero ponerme una runa. – Admitió, pero no fue risa lo que obtuvo de Wil, sino una exclamación alarmada.

- ¿Estás loco? ¡Eso te mataría!

- Me refiero a tatuármela, al modo mundano – Explicó rodando los ojos. Wil soltó un avergonzado "ah" permitiéndole que continuara – Llevo tiempo pensándolo, observando las runas de otros para decidir cuál y donde colocármela – Admitió – Me gusta la runa de bloqueo que tiene papá en el cuello, pero al mismo tiempo pienso que es demasiado llamativa, una runa de parabatai en la espalda tampoco estaría mal, pero no tendría sentido si no consigo convencer a Tave que se tatué también – Wil parecía dispuesto a preguntar quién era Tave cuando sintió sus dedos azules recorriendo la runa en el antebrazo de Wil procurando no tocar en el lugar de la fractura - Supongo que la de poder angelical en el antebrazo se ve bien.

- No entiendo, ¿Por qué un brujo querría tatuarse runas? – Estaba confundido.

- He sido criado como un Nefilim toda mi vida – Susurró – He estudiado las leyendas, demonología, las runas, entrenado para el combate con tantas armas como Rafael o Jocie; no es justo que no pueda tener mi runa solo porque soy azul y con cuernos porque la merezco tanto como cualquiera – Susurró sin alzar la mirada, era algo vergonzoso de admitir en voz alta, solo lo había hablado con su pá una vez, y él le había sonreído afable diciéndole que ser brujo también tenía sus cosas buenas, que él podía hacer cosas que los Nefilims no, y debía estar orgulloso de eso. Y lo estaba, pero su discurso perdía poder cuando incluso él tenía la cicatriz de una runa en su mano, una que había usado hacía más de veinte años con su papá en medio de una batalla, la runa de la alianza.

- ¿Por qué no te pones la runa de alianza? – Preguntó Wil como si siguiera el curso de sus pensamientos – Esas pueden usarlas los subterráneos. - Max lo sabía, y lo había intentado hacía unos cinco años con su hermano, por unas horas se había sentido dichoso de ver la línea negra contra su piel, y Rafael también amó tener acceso a sus habilidades mágicas.

- Es una runa temporal – Fue todo lo que dijo mostrando el dorso de su mano – Y mi piel de brujo es muy gruesa, no me quedó ni la cicatriz – Suspiró – No le digas a nadie – Pidió – Rafael se burlaría y mis padres volverían con esas charlas sobre lo genial que es ser un brujo aunque toda tu familia tenga runas y tu no.

- No le diré nada a nadie – Aseguró – Pero la primera runa siempre es la de la visión en la mano, podrías comenzar con esa – Sugirió. Max sonrió.

- Lo pensaré. – dijo – Te la mostrare en cuanto me la haga – Wil asintió y el brujo se enserió de pronto – Ahora no me distraigas a menos que quieras que el brazo te quede torcido – Wil no supo si bromeaba o no por lo que simplemente no volvió a emitir palabra alguna, viendo como el joven susurraba en Centhoniam para cubrir el brazo del Nefilim con esas llamas negras que había visto antes, contrario a lo que habría esperado no eran calientes en lo absoluto.

- ¿No te molesta? El rumor, me refiero – Preguntó Wil de pronto recordando ese punto. Max no contestó de inmediato, tardó al menos un par de minutos en terminar el hechizo y que el fuego dejara el brazo del muchacho.

- Depende ¿Te gusta mi papá? – Preguntó sin rodeos. Wil sintió que se atragantaba con saliva.

- ¿Qué? ¿Por qué preguntas eso? – Saltó alarmado. Max se encogió de hombros.

- Tuve que prometer que iba a preguntarlo – dijo – Bueno, en realidad la pregunta era ¿Te gustan los hombres? Pero dada la situación… ¿Qué respondes a ambas? Y no puedes solo fingir demencia porque acabo de confesarte algo privado, es tu turno.

Wil pensó que, quizás si evitaba esa conversación, habría preferido tener en frente al Pá de Max, aun si le partía el otro brazo.

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Los hermanos silenciosos se habían hecho caso de la mayoría de los heridos. Rafael había visto a su papá salir junto al tío Jace y la tía Clary para encargarse del papeleo, dígase el informe que enviarían a Idrís, mientras que su pá terminaba con el chico que había sido hechizado por el brujo. Vio también a Wil salir poco después de su cubículo totalmente rojo, con el brazo pegado al pecho desnudo y evitando mirar a cualquier persona.

Max salió poco después del mismo cubículo, descorriendo los doseles pensativo. Rafael se dirigió hacía su hermano

- ¿Curaste a ese rompehogares? – Preguntó indignado.

- Papá me lo pidió y aproveche de averiguar algo para Pá – La expresión de Rafael mutó de inmediato a la total curiosidad.

- ¿Qué cosa? – Cuestionó de inmediato. Max miró en dirección en la que su amigo se había ido y luego volvió el rostro a Rafael sonriéndole afablemente.

- No es tu asunto. – Rafael gruñó - ¿Por qué no buscas a Jocie? Seguro te extraña.

- No me digas que tengo que hacer –Replicó

- Solo no le metas más el dedo en la llaga a pá ¿Bien? O te acusaré con papá – Le amenazó.

- ¿Es en serio? – Preguntó indignado – ¿Con idiotas europeos rompehogares cerca y tú te pones de su lado?

- En primera no generalices – Refutó encarándolo con molestia – En segunda, yo también soy europeo y tengo un par de cosas que decir sobre los argentinos.

- Ey, ey chicos – Simon llegó hasta ellos interviniendo. Había notado la discusión de los hermanos – Pensé que habían dejado atrás las discusiones estúpidas al pasar la adolescencia.- Los abrazó a ambos por los hombros, ellos bufaron.

- Tú sigues teniendo discusiones estúpidas con el tío Jace y ambos están llegando a la tercera edad – Lo picó Max. Simon decidió hacerse el desentendido con la insinuación sobre su edad.

- Pero ustedes dos son hermanos, y si Magnus y Alec los escuchan discutiendo así otra vez, los reñirán como si tuvieran diez años de nuevo.

- ¡Él empezó! – Exclamaron los dos a la vez. Simon sonrió.

- Mejor compórtense, los niños querrán verlos cuando se despierten.

- A mí me ven todos los días, vivo aquí – Masculló soltándose del mayor y apartándose de ambos para salir de la enfermería – Mejor busco a Jocie.

No estuvo seguro de cuanto le tomó encontrarla, solo que cuando lo hizo ya el sol naciente se filtraba por la ventana. Jocie estaba en la sala de entrenamiento, había escuchado su voz desde el pasillo, debía estar hablando con alguien. Rafael se dispuso a entrar, quería quejarse con su novia de Max, de Wil y su papá, pero se detuvo con una mano estirada hacía la puerta, al escuchar lo que ella decía.

- ¡Vamos Wil! Puedes confiar en mí – Rafael gruñó ¿También Jocie? Aunque pensándolo bien, mejor que ese pelirrojo estuviera ahí, quería dejarle un par de cosas claras. - ¿Acaso…fue tu primer beso? – Siguió ella, Rafael se heló ¿En serio estaban hablando de eso? El alemán debió negar porque ella siguió – Lo ves, no tiene por qué importar entonces.

- Es la primera vez que un hombre me…me besa – Bajó el tono tanto que Rafael tuvo que reforzar su runa de audición; el pulso le temblaba de ira ¿No que un malentendido? ¡Por favor!

- No le hagas demasiada cabeza si no significó nada…- Algo en la expresión del chico debió decir lo contrario porque Jocie soltó un gritito de emoción - ¡Por el ángel! ¡No me digas que si significó…!

-¡NO! – Prácticamente gritó de inmediato – No…no lo sé – Admitió luego, bajando el tono, avergonzado. Jocie suspiró, Rafael escuchó el sonido de pasos en el interior, apostaba lo que fuera que ella se había acercado a él, quizás incluso se había sentado a su lado. El chico moreno gruñó, en ocasiones Jocelyn era demasiado amigable para su gusto, tal como la tía Clary.

- ¿Te gustó que te besara? – Preguntó con cautela.

- No…no se supone que deba gustarme – Evadió. Incluso Rafael rodó los ojos – Él es un hombre, y mi madre…

- Tu madre está al otro lado del océano, déjala allá – Lo interrumpió la rubia, suspirando - Si te gustó, está bien Wil: pueden gustarte las chicas, como pueden gustarte los chicos, como pueden gustarte ambos o ninguno; como sea está bien.

El chico susurró algo que incluso con la runa, Rafael no pudo oír.

- Te lo prometo, no se lo diré a nadie.

- Ni siquiera a Rafael – Aclaró.

- Especialmente no a Rafael – Coincidió ella – No me corresponde a mí decirle nada; además cuando se pone en plan sobreprotector celoso es un tonto. – El moreno no tuvo tiempo a sentirse indignado porque ella continuó – Háblalo con Alec.- Sugirió.

- ¿¡Estás loca!? – Saltó de inmediato y Rafael no pudo estar más de acuerdo, ¿Cómo se le ocurría arrojarlo hacía su papá? Se suponía que más bien, debían evitar eso.

- Es tu tutor – Intentó hacerlo entender- Además sabe un par de cosas sobre esto de gustar de chicos ¿No?

- ¡No! ¡No puedes decirle eso a Alec! – Exclamó alarmado. Rafael no lo soportó más ¡¿Encima ahora también lo tuteaba?! Bufó dándose media vuelta en el pasillo – No puedes decirle que me gustó… - No escuchó nada más, estaba enojado ¿Cómo era posible que Jocie se prestara para eso? Ella sabía cuánto él amaba a sus padres, instar a Wilhem a hablar con su papá después de haberse besado, después de que el muy descarado acabara de confesar que le había gustado, era una traición a él y a su familia.

Se detuvo en el ascensor dispuesto a ir hacía su habitación; no importa que Max y Jocie fuesen unos traidores, no dejaría solo a pá; lo defendería y defendería su relación con papá así tuviese que hacerle la vida imposible en el instituto a ese rompe hogares europeo hasta que volviera a la granja de rosas de la que salió.

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Magnus se miró al espejo conforme. Luego de terminar de sanar al Nefilims hechizado había salido, había buscado a Alec para hablar, tenía que aclarar ese rumor de que había besado al chiquillo pelirrojo antes de que se tropezara con él y terminara encerrado por asesinato. Se encaminó a la oficina de su esposo deteniéndose afuera y retozando sus manos con ansiedad, era absurdo estar así de nervioso: llevaba casi veintidós años en una relación con Alec, veinte formando una familia y diez casados; su esposo no iba a arruinarlo todo por una aventura, Alec no era así de insensato.

Y sin embargo, si algo sabía de los mortales es que los años parecían más para ellos que para un inmortal. Veintidós años era un pestañeo para Magnus, una pequeña fracción de la infinidad de tiempo que quería vivir junto a su Nefilim de ojos azules, pero para Alec veintidós años era más de la mitad de su vida y estaba en ese punto en que los hombres querían rehacerla por completo.

Llamó a la puerta del despacho de su esposo solo para anunciarse, entrando sin esperar respuesta. Alec estaba metido de lleno en el informe que redactaba, sin alzar la mirada para verlo.

- Cariño...-Lo llamó Magnus; el Nefilim dejó de observar los papeles en su escritorio para mirar al brujo dispuesto a darle la bienvenida con una sonrisa, pero en cambio abrió la boca entre confundido y sorprendido.

- ¿Magnus que…?

- He estado pensando – dijo cerrando la puerta tras de si – Sobre ese rumor que hay en el instituto acerca de ti y el chico rosas.

- Rosenbauer – Lo riñó – Y sobre eso, quería hablar contigo…

- Está bien Alec – dijo acercándose – No tiene nada de malo, si quieres probar otras cosas, todo ese asunto prohibido del profesor/estudiante es bastante excitante… Pero no tienes que buscar en otro lugar para eso – dijo seductoramente, rodeando el escritorio de su esposo.

- ¿De qué demonios estás hablando? – Preguntó totalmente confundido.

- Que llega una edad en que todo hombre se cuestiona que ha hecho con su vida y que hará a partir de ahora...- Comentó, sus movimientos seductores acercándose a Alec, el adulto se confundió más al reconocer la ropa.

- Si pero... ¿Eso es un equipo de caza, Magnus?

- Shhh- Magnus lo acalló con un dedo en los labios, sentándose sobre el regazo de Alec.

- Me he dedicado a muchas cosas en mi vida - Dijo - Y creo que ya es hora que sea algo por lo que siempre he tenido curiosidad...

- ¿Te queda algo sin probar? – Preguntó con voz ahogada, sintiendo como Magnus le desabotonaba la camisa y como su cadera mantenía un suave movimiento sobre su regazo.

Si Alec quería experimentar con un estudiante, joven e inexperto cazador de sombras, Magnus se volvería uno.

- Quiero ser un Cazador de Sombras – Susurró sobre sus labios, Alec abrió la boca con sorpresa y Magnus aprovechó para jalar sus labios con los dientes - Y quiero que tú seas mi tutor.

_OO_OO_OO_

¿Qué? No era así como tenía que morder la almohada? Malpensadas todas xD

Bueno bueno… todo el mundo anda con crisis existenciales ahora, Magnus y Max quieren ser un cazadores de sombras y Wil apenas descubre que quiere.

En el próximo capitulo empezamos con los "Entrenamientos" de Magnus ;) de hecho así se llama el cap

Nos leemos pronto

Besos :3