-¿Porqué mi hermana te escribió una carta? –

Resultaba que ahora todo el mundo simpatizaba con Zim.

-…-

-No me hagas repetir mi pregunta Zim. –Le dije amenazante. Tantos secretos, nunca me decía nada. Y al parecer no tenía intenciones de hacerlo.

-No es nada que ver contigo mono. Esa es cosa de tu hermana. –

Y ahí estaba de nuevo, ignorándome.

-¿Nada que ver conmigo? ¿¡NADA!? Ella es mi hermana menor. –Lo volvía tomar por el cuello, esta vez lo zangolotearía hasta matarlo. –Dime ahora mismo.-

Zim mantenía una expresión neutral. Ni siquiera se había inmutado esta vez.

Aflojé mi agarre, no lograría nada. No pasaría nada. Nunca me diría nada.

Le di la espalda, no quería verlo.

-Nunca me dirás nada… ¿Verdad? – Me fui de ahí, sentía que si me quedaba, me iba a quebrar y no le daría el gusto de verme así. Nunca.

Llegué a aquel lugar al que empezaba a llamar mi habitación.

Era el único lugar al que Zim nunca entraba y eso me reconfortaba.

Pasé mi mano por aquella extraña marca que había hecho en mi hombro, estaba en irken. No estaba seguro de que decía, siempre había usado mi computadora para traducirlo, no lo había entendido de verdad. Solo entendía la letra de en medio. Era una "i".

Suspiré profundamente y mi estomago se revolvió. Y…y… ¿Y si decía Zim?

-¿Porqué no lo alejaste de ti? –Las estúpidas imágenes de la visita de mi otro yo me seguían perturbando. -¿Por qué me perturba algo tan tonto como eso?-

Pero lo había dejado estar tan cerca de él. Ni siquiera se había molestado en decirle que se alejara.

Y la puerta de mi habitación explotó.

-¿Qué carajos? –Pregunté mientras agitaba mi mano para quitar el polvo cercano a mi rostro.

Mis manos fueron tomadas con fuerza, evitando que se movieran.

Un cálido rose en mis labios fue suficiente para hacer que mi corazón latiera rápido. Mis ojos no creían lo que veían.

-¿Z-Zim? –

-Cállate Dib. – Ningún insulto. Solo…volvió a besarme.

.

Ambos mantuvieron un ritmo lento y tranquilo en aquel beso. Lentamente, Zim soltó las manos de Dib y comenzó a acariciar su pecho sobre la camiseta de tirantes negra que traía, arañando su pecho, pero sin lastimarlo.

.

No entiendo, estaba besando a mi peor enemigo. Pero se sentía tan bien y sus manos en mi pecho.

-Zim…- Gemí y no lo pude contener. Simplemente salió de entre mis labios.

Abrí mis ojos cuando Zim dejo de tocarme. Estaba sentado enfrente de mí, con aquellos ojos rojos completamente brillantes y un sonrojo púrpura en las mejillas. Nuestras miradas chocaron. Me perdí en esos malditos ojos rojos. El movía sus antenas.

-Per…Perdona si Zim te ha herido hasta ahora. – Bajó la cabeza, sus antenas se movieron un poco. Eso me tomó por sorpresa.

-Se…Zim sabe que todo salió mal. –Agachó más la cabeza, suspiró y me volvió a mirar con esos profundos ojos rojos. –Pero solo tú creabas esa no tan horrenda sensación aquí. – Colocó su mano en su abdomen, supongo sería eso que llamaba su Squeedly Spooch.

-Aunque fue muy divertida la parte de las pequeñas bestias. – Había inclinado su cabeza y me veía con gracia.

-No soy tu juguete Zim. –Le contesté fingiendo molestia.

Se acercó a mí, casi con movimientos felinos, podía sentir la sangre subir a mi cabeza.

-Claro que no eres mi juguete. Eres mi pertenencia. –

Zim empujó a Dib contra la cama, colocándose encima de él, con las piernas de Dib entre las suyas. Pasó sus dedos por aquella marca que le había hecho en el brazo.

Dib volvió a gemir. Arqueó la espalda juntando su pecho con el de Zim.

-¿Qu-que…es...eso? – Preguntó con la respiración entre cortada. Mordiendo sus labios mientras Zim seguía acariciando ese lugar.

Zim mantenía los ojos cerrados y sus antenas levantadas. Le encantaba cuando el humano hacía ese excitante sonido con la boca.

-Zim…de...detente…- Mantenía sus ojos cerrados y la boca entre abierta. Sus mejillas estaban completamente rojas. Con su mano libre, el irken retiró sus lentes y los dejó en la mesa que estaba al costado de la cama. Recargó su codo en la almohada, a un lado de la cabeza de Dib y comenzó a jugar con su mechón en forma de guadaña.

Lo jalaba un poco y lo enredaba entre sus dedos.

Dib apretaba su brazo derecho con su mano.

Entonces, por un segundo. La imagen de la reacción de Zim ante el otro Dib, hiso que su corazón dejara de latir.

El aire que había en sus pulmones salió y cerró la boca. Molesto empujó a Zim lejos de él. Y sintió el ardor de las lágrimas quemar sus mejillas.

El irken, que se había levantado del suelo, intentaba entender que era lo que había pasado. Todo iba tan bien según esa guía sobre el "apareamiento humano". Él le había respondido.

Dib cerró los ojos con fuerza.

Su cuerpo empezaba a temblar, sus brazos estaban tensos y sus puños cerrados.
Se sentía listo para gritarle al irken que si estaba caliente se fuera a revolcar con el otro. Que él no era su maldito juguete. No era su pertenencia. Que él no era nadie para él más que su indeseado inquilino.

Le dedicó una mirada llena de odio. Si, lo odiaba por haberlo rechazado tantas veces. Por haberlo separado de él, aún cuando ni siquiera estaban juntos. Odiaba el hecho de haber visto aquella imagen de Zim sediento ante el otro que ahora era su enemigo.

Y se odiaba a sí mismo por haber sentido placer al ser tocado por esas sucias manos extraterrestres.

Pero las lágrimas no se detuvieron ni un solo momento. Y tampoco apartó su mirada de él.

-Te odio Zim. – Pronunció lleno de resentimiento, desesperación y tristeza.

Zim abrió sus ojos escarlata, estaba completamente sorprendido. Volteó la cabeza y cerró sus ojos, sintiendo como una cuchilla se enterraba en su pecho. Y sabía que no podría morir. Si llegaba a hacerlo, su pak lo reviviría.

Pero era muy claro que lo odiaba. Siempre se habían llevado mal. Y técnicamente, desde su llegada, destruyó su vida.

Zim colocó su mano sobre su pecho. Podía sentir los fuertes latidos de su corazón. Apretó sus dedos con fuerza y se dejó caer al suelo de rodillas.

-Solo mátame…en lugar de usar tan crueles palabras. Zim no necesita esto. Zim no quiere esto. –Colocó sus manos sobre sus rodillas, las apretaba con fuerza. – Sácame computadora. –Susurró, justo después una luz lo absorbió.

-Eres…un idiota. –Susurró Dib mientras sostenía fuertemente las sabanas entre sus dedos. Tratando de ignorar la erección de su miembro.

.-.

Zim salió de la casa, era ya noche, pasaban de las 11. Debido a las lluvias que había habido, hacía más frio que de costumbre. Llevaba un abrigo largo y un bonete sobre su peluca.

Suspiró cansado, no podía eliminar aquella expresión de su memoria. Aquellos ojos dorados observarle con rencor.

Sus ojos comenzaron a arder bajo los pupilentes y decidió que tenía que relajarse.

Después de todo, ya estaba en la puerta de la casa de Dib.

Acomodó el bonete sobre su cabeza, suspiró de nuevo y tocó la puerta, esperó un momento.

-Um…Es la hora que indicó. – Observó el reloj de su muñeca y talló sus manos buscando calor.

-¿Zim? …¿Qué haces aquí a estas horas? -

Sintió su corazón detenerse al escuchar su voz.

-¿Puedo pasar? Zim se esta congelando. –Y entró a la casa sin tomar en cuenta al chico en la puerta.

Dib sonrió, ambos estaban solos en la sala enfrente del otro.

-Dime Zim, ¿Cómo te encuentras? – Dib recargó sus codos sobre sus rodillas y se inclinó hacia adelante.

-Zim se encuentra bien. ¿Puedes ir a llamar a tu hermana? – Seguía tallando sus manos, no sabía si por el frio o nervios.

-Claro…- Le dedicó una extraña mirada a Zim y se levantó.

-Humano idiota.- Pensó para sí mismo.

¿Por qué estaba Zim incómodo ante la presencia de ese Dib?

Por una muy simple causa.

El era muy diferente a su Dib.

De las pocas veces que había ido a la escuela. Solo lo había visto de vez en cuando ahí. Al parecer tenía un horario especial. Si bien, lo había visto "completamente bien" el día que fue a su casa, no era, técnicamente, la primera vez que lo había visto.

Simplemente había estado huyendo de él.

Había ganado una extraña obsesión con Zim, lo cual le ponía incomodo.
Y más porque de vez en cuando, solía enviarle regalos a la casa, dejarle o enviarle cartas. O llevarle los deberes.

Todo en cuestión de meses.

Y esa frustración ganada por culpa del nuevo Dib, la estaba desahogando en su Dib. Eso era el peso que tenían encima y le costaba liberarse de él.

-Llegaste temprano. – Dijo la joven del cabello purpura al ver a Zim inmerso en sus pensamientos. –Espero y el tarado de mi hermano no te haya causado problemas hasta ahora. – Dijo sentándose.

- Es peor que antes. –Dijo Zim sintiendo cañangas ñangas. Claramente hablando del nuevo Dib. -Este Dib tiene algo...raro.

Gaz le observó. -Así que no era cosa mía.

-¿Es segura nuestra conversación aquí?

-Está drogado, no despertará hasta mañana y papa no se encuentra aquí. –Sacó un pequeño aparato de color rosa. –Y según esta basura que me diste, no hay forma de que puedan escuchar o grabar esta conversación.

-¿Para que necesitas la ayuda de Zim, humana? –

- Tak –Respondió rápidamente, observando fijamente al irken. – Quiero comunicarme con ella.

-¿Tak? ¿Para qué quieres hablar con Tak? –Zim estaba alarmado. Ni siquiera sabía que la hermana de Dib tuviera contacto con ella. Se calmó un poco y seriamente contestó. –No creo que ella quiera recibir una llamada de mi parte. –

-Lo hará. Pero la inútil nave ya no me sirve. –Gaz comenzaba a molestarse, recordaba algo. – Por cierto, peleaste con él. ¿Verdad?

El irken se sorprendió ante la pregunta de Gaz.

-Lo sabía, son tan tarados los dos. –Gaz cruzó sus piernas y de entre sus ropas sacó una esfera morada. Apretó una zona y apareció un holograma.

-A comparación de la pobre ilusión que hiciste, esta es más limpia y más sofisticada. El holograma empieza a emanar un olor fétido dentro de unos días y la piel empieza a morir. –

Zim empezaba a entender el punto de la chica.

-¿Fingir tu muerte? – Preguntó con una sonrisa. – Terminarás clonada.

-Ese fue tu error, no el mío. Yo seré asesinada y dejaré esto en algún lugar. Papá no podrá clonarme así.- Gaz sonrió de forma tétrica. Amaba a su padre, pero la acción que había tomado con la falsa muerte de Dib, le había dejado en claro una cosa. Que solo eran una farsa de lo buen padre, que se supone que él era.

-Zim no puede esconderte en su casa. –Dijo el irken sin pensarlo mucho. Sería incomodo.

-No iba a quedarme en tu casa, me voy con Tak. –

-¿Con Tak? ¿Por qué con Tak? – Inclinó la cabeza y trató de pensar.

-Porque ella me prometió su primer planeta. Y no te importa lo demás, no es asunto tuyo.

.-.


En el camino de regreso a su base, Zim estaba tratando de generar una idea para disculpase con su Dib.

Aquel que no lo acosaba.

Atravesó un pequeño parque y se sentó en un columpio, comenzó a mover sus piernas para balancearse un poco.

Escuchó no muy lejos unas pisadas sobre la tierra detuvo el columpio y se colocó a la defensiva, sin sacar las patas del pak.

Entre los árboles se formó una silueta y bajó la guardia.

-Solo eres tu Dib-mono. – Y regresó a balancearse sobre el columpio.

-Si, solo soy yo Zim. Solo tú y yo. –

Dib le observaba con una amplia sonrisa en el rostro. Tenía la vista un tanto perdida y se acercó a Zim. Muy cerca.

-Lamento lo de hace rato, ya ni pude decirte nada. No fue mi intención.-

Zim no ponía gran atención en lo que le decía el humano, solo seguía meciéndose ahí.

Dib, al darse cuenta de que no le hacía caso, se colocó enfrente del columpio y con un pie detuvo su movimiento.

-¿Por qué me ignoras Zim? –

Y fue cuando se dio cuenta que no era Su Dib.

-¿No…estabas dormido...ya? –Preguntó nervioso sin levantar la cabeza.

-Um…solo me sentía un poco mareado y me acosté hasta que pasara. – El tono de voz que usó para decírselo, hiso que la piel de Zim se pusiera como de gallina.

-Ah… Y seguiste a Zim hasta aquí. – Levantó la vista para toparse con unos orbes dorados sin brillo. Estaban opacos y no se podían leer. Era una mirada fría. Aparte, aquella sádica sonrisa que mantenía ese Dib no ayudaba a mejorar su aspecto.

-¿Acaso tienes a alguien más en tu vida? – Dib colocó ambas manos en las cadenas de los columpios y acercó su rostro al de Zim. Esté le desafiaba con la mirada. No se dejaría intimidar por el humano.

-¿De qué demonios estás hablando humano asqueroso? – Se lanzó hacia atrás, alejándose del columpio y cayendo de pie.

-Hablo sobre nosotros, se que tenemos un nosotros. Lo veo en tus ojos. Por la reacción que tienes cuando me acerco. Aún cuando nos hemos visto tan poco. –

- Estas confundido Dib-cosa. –Contestó repudiándolo. - ¿Cómo habría de fijarme en algo como tú? – Sonrió victorioso.

Pero no contaba con el hecho de que se le lanzara encima, lo tomara del cuello y lo atrapara contra un árbol.

-Mira Zim…- Dib ignoraba el hecho de que ahorcaba a Zim. Empezaba a tomar poses extrañas intentando explicar algo. – Quiero que entiendas que lo nuestro es oficial. Solo somos nosotros y nadie más. Y si alguien se interpone, lo aniquilaré.

El irken sonrió y como pudo hablo.

-Si intentas asfixiarme así, estas muy, muy mal. – Intentó sacar las patas de su Pak, pero por alguna extraña razón no pudo.

-Claro que no. Así te tengo inmóvil y a mi disposición. – Dib fijó sus orbes doradas en los ojos azules de Zim. Dedicándole una enferma sonrisa y relamiendo sus labios.

-Tú estás loco…- Intentó patearle, pero estaba fuera de su alcance.

-No mi querido Zim…Solo lo hago por nosotros. –

Dib unió sus labios de forma violenta. Mordiendo con fuerza los de Zim, casi hasta el punto de hacerle sangrar. Zim se negaba a corresponder, pero Dib, de su gabardina, saco una especie de delgada navaja que enterró en su hombro. Haciendo que Zim abriera la boca para gritar. Tomando ventaja, metió su lengua en la del invasor.

El irken intentaba empujarle para alejarlo de él. Pero con un brazo herido no lograba mucho. Y no podría quitárselo con las patas del Pak.

Y por primera vez en mucho tiempo. Era él quien maldecía su suerte.


Esperen el siguiente, seguro estará interesante.

Sakura M.

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