Cuando los Santos Dorados llegaron a Piscis, se encontraron con una escena inusual: un perro negro revolcándose en las rosas mientras un Albafica histérico gritándole que se detenga.

El pobre de Shion regresó a la vida, metafóricamente, claro.

—¡Kagome! —exclamó alegre y aliviado. La canina se detuvo al escucharlo, lo miró y empezó a mover la cola feliz—Me preocupaste. —Se acercó a acariciarla y ella le lamió la cara causándole cosquillas con su nariz húmeda.

El Santo de Piscis se acercó a ellos, deteniéndose a unos metros y señaló a Kagome.

—Um... ¿y ese perro? —preguntó confundido y algo curioso.

—Es un ella —aclaró Dohko—Shion la encontró y Athena le permitió conservarla —explicó mirando al peliverde y dicha animal.

Kardia bufó—Según él la encontró, aunque para mí la robó porque tiene un collar. —Dégel iba a pegarle pero logró esquivarlo—¡Jajá! —Sonrió triunfante, mas la alegría no le duró mucho pues Manigoldo se acercó sin que lo viera y le encestó un zape—¡Auch! —Lo miró furioso—. ¡¿Y tú por qué me pegas?!

—Por idiota y porque se me da la gana —respondió Manigoldo con tono casual. (N/A: Aquí, kzual, golpeando gente)

El Santo de Aries detuvo las atenciones a Kagome un momento, a lo que ésta se quejó, y caminó hacia el pisciano—Lo siento por tus rosas, Albafica. —Se disculpó apenado.

—No es nada, Shion. —Suspiró éste—Por suerte no eran las venenosas —dijo sereno y un poco aliviado.

Manigoldo se acercó a Kagome—Hola, Kagome —saludó apacible intentando acariciarla, pero ella retrocedió desconfiada—Tranquila, no te lastimaré. —En poco tiempo ella le permitió su toque—Buena chica. —Comenzó a rascarle la barriga-Jejeje ¿quién es una buena chica? —Kagome ladró contenta y ya entrada en confianza—Sí, tú —murmuró cariñoso—Jaja... ¿qué? —preguntó desconcertado ya que todos lo miraban como si tuviera dos cabezas.

—Es que no imaginamos que tendrías un lado tierno y humano —dijo Kardia entre una mezcla de sorpresa y burla. Luego de unos segundos, miró a Dégel extrañado—. ¿Por qué no me golpeaste?.

—Estoy tan sorprendido como tú, Kardia. —Dió un vistazo a los demás—. Bueno, creo que todos lo estamos.

—No es para tanto. —El Santo de Cáncer cruzó los brazos con enojo y un sonrojo casi imperceptible.

Dohko caminó hacia la canina, que no se alejó de él, y rozó sus manos por el pelaje azabache—Nunca en mi vida me topé con un perro así —comentó maravillado—. ¡Ah! ¡Qué pelo tan suave!

Albafica enarcó una ceja ante ésto—¿En serio? —Él también se acercó intrigado y se unió a los mimos, aunque algo alejado del otro Santo—Wow, cierto, es el pelo más suave que he visto. —Apoyó acariciándola como en trance.

Segundos más tarde, Dohko sintió algo que envolvía el cuello de la canina. Curioso, sostuvo lo que creía era una cadena. Y al observar de cerca abrió lo ojos sorprendido ante el collar.

—Vaya. —Silbó impresionado—¡Oye Kardia! —El Santo de Escorpio lo miró confundido por lo que alzó un poco el collar—. Tal vez acertaste cuando dijiste que tiene un dueño ricachón.

Manigoldo caminó hacia el Santo de Libra y le arrebató el accesorio ignorando su queja.

—¿Saben cuánto dinero nos darían por ésto? —habló observando la joya con una mirada algo desquiciada sin percatarse del suave pero amenazante gruñido de la can.

—Seguramente lo suficiente para comprar tantas manzanas que llenarían mi templo —agregó Kardia con expresión soñadora.

—Hey, hey, hey. Alto ahí. —Shion caminó hacia ellos a zancadas y le quitó el collar al santo de Cáncer—Nadie va a vender nada —advirtió serio, Manigoldo y Kardia hicieron un puchero.

Dohko rió por la payasadas de ambos—Además, ¿cómo pueden pensar en hacerle algo así a una criatura tan linda? —dijo con voz melosa acariciando las orejas de Kagome quien respondió con un ladrido feliz.

Regulus, que hasta el momento estaba callado y un poco lejos, habló—Bueno, en eso estoy de acuerdo, es muy bonita. —Miró a Kagome con ternura.

—¡Oh! ¡Muchas gracias! —exclamó la voz de una mujer.

Al instante, los Caballeros se reunieron en un círculo en torno a Kagome mientras observaban atentamente hacia todos lados.

—¡¿Quién ha dicho eso?!

—¡Yo! ¡Estoy atrás de ustedes! ¿Son ciegos o qué? —repitió la voz con tono confundido.

—¿Eh? —Lentamente se voltearon y dirigieron su vista a la can—. A... acaso... ¿Kagome habló?

—¡Por supuesto que sí! ¿También son sordos? —Kagome inclinó la cabeza lindamente. Todos se apartaron de un salto completamente asustados—. Dije: muchas gracias, por el cumplido.

Entonces... ¿qué haría una persona si un perro habla? Pues una de las opciones es que se desmaye. Y justamente eso fue lo que les pasó a los Dorados.

Fin del Capítulo IV