Hola de nuevo,
Perdón por el retraso pero pues con el trabajo se me dificulta un poco actualizar. Sé que los mal acostumbré al actualizar diario y ahora sufrirán las consecuencias, mil perdones.
Bueno... sin más, los dejo leer.
El sol comenzó a bajar, estábamos a menos de una hora de llegar, la emoción poco a poco crecía en mí. Miré el asiento de Louis, tenía apuntes por todas partes, el libro estaba junto con todo lo demás. Parecía estar haciendo varias cosas a la vez. Hablaba para sí misma, yo no la interrumpía. Esperaba que algún día encontrara a alguien y se olvidara de mí. Noté que ya estábamos en la ciudad gracias a las casas, bodegas, árboles y el acantilado que se encontraba al inicio de la ciudad. Guardé mi libreta de apuntes.
-Estamos por llegar, deberías guardar todo.
-Ya casi termino. – Escribía algo. –No puedo dejar esto a medias.
-Sabes, puedes conocer a Esme ahora, te la puedo presentar.
Noté la tensión de ella al oír mi propuesta.
-Eh… no lo creo, la señora Smith me va a estar… esperando con el taxi. Ya nos conoceremos en el baile. – Me miró un instante y continuó con sus notas.
Volteé para bajar mi maleta.
– Aún no estoy lista para conocerla.
Escuché el leve susurro, para desgracia de ella lo había escuchado. No dije nada.
Minutos más tarde habíamos llegado a la estación, Louis aún tenía algunos apuntes en el asiento.
-Déjame ayudarte. – Tomé uno de los apuntes.
-No, no te preocupes. Ya deben estar esperando por ti. – Tomó el apunte que tenía en mi mano. – Esto es rápido. Anda, te veré mañana en la universidad. – Meció las manos hacia la puerta.
-Entonces te veré mañana. – Me acerqué y le di un beso en el pelo. – Me la pasé muy bien con tu compañía.
-Yo también. – Giró rápidamente y siguió recogiendo las cosas.
Pude notar sus mejillas rosadas.
Tomé la maleta y salí al pasillo.
-Edward, estoy al final del tren.
No quería que se demoraran en encontrarme. Salí y pude verlo, caminaba a prisa, también la vi a ella, estaba más atrás pero logré ver su sonrisa, definitivamente estaba bella. Edward llegó hasta mí y nos abrazamos.
-Me alegro de verte Edward. Los extrañé a ambos. Gracias… gracias por cuidarla, estoy infinitamente agradecido contigo.
-También me alegro de verte Carlisle y no tienes nada que agradecer, ha sido toda una experiencia estar con ella, es maravillosa.
Nos separamos y ambos la miramos. Avanzó hacia nosotros y se detuvo a unos cuantos centímetros. Quería abrazarla, pero me contuve.
-Hola Esme. – Tomé su mano y la besé, su aroma casi me embriaga, sonreí por esa reacción en mí.
-Hola Carlisle. Bienvenido, espero que no haya sido pesado tu viaje.
-Hemos viajado muchas horas en tren, verdad Edward? Esto no fue nada. – Miré a Edward. -Vamos a casa, ya quiero estar ahí.
-Es verdad. Les parece si vamos a casa?
Esme y yo asentimos al mismo tiempo. Creo que pensó lo mismo. Edward se adelantó, Esme y yo caminábamos juntos a paso lento. Recordé mi paseo ideal con ella, fue doloroso tenerla a mi lado y no poder hacer nada.
Llegamos al coche, le abrí la puerta y le ofrecí la mano para que se apoyara, la tomó y entró a la parte de atrás del auto. Subí a la parte delantera y fuimos a casa. Todos íbamos silenciosos. Al llegar, me mostraron el piano que ya se encontraba dentro de la habitación, Esme me mostró el boceto con el cual decoraría ha habitación, me parecía perfecto todo lo que decía.
Edward se quejó de que los muebles no estuvieran ahí.
-Edward, no la presiones.
Ella se disculpó, dijo que había tenido que hacer una compra de último momento. Edward le dijo que sólo bromeaba.
-Y podemos saber cuál fue esa compra de último momento? – Me crucé de brazos, ya me imaginaba lo que había comprado.
-Ah… bueno, no tenía nada qué ponerme, así que decidí comprar el vestido que usaré mañana en el baile. Afortunadamente encontré uno adecuado. – Sonrió.
Edward que estaba a un lado de ella movió los labios sin emitir sonido, "El vestido y ella se ven hermosos" le entendí.
-Y alguno de esos adornos que usan las mujeres, como joyas o algo así?
Al parecer, Edward no vio nada en la mente de Esme.
-No creo que sea necesario. Con el vestido es suficiente.
Algo me decía que estaba mintiendo, miré de reojo a Edward, puso los ojos en blanco. Hablaría con él más tarde para que me dijera sobre el asunto.
– Bien Carlisle, permíteme llevar tu equipaje a tu cuarto, deberías descansar también.
-No te preocupes, yo lo haré. – Me aferré a la maleta lo suficiente para que ella no pudiera quitármela si es que se atrevía.
-Bien, tengo que ir un momento a la cocina. Deseas algo de cenar?
Comería tierra por ella, pero no quise arriesgarme.
-He cenado en el tren, gracias.
Definitivamente no me gustaba mentirle.
– Esme, te parece si hoy empezamos con el estudio?
Quería seguir viéndola, dije lo primero que me vino a la mente.
-Sí claro, como gustes. – Salió de la habitación.
Miré a Edward.
-Podrías decirme lo que sucede?
-Ha comprado un hermoso vestido, se ve… divina con él. Le ha costado una fortuna según ella y no quiso comprar nada más. – Volvió a poner los ojos en blanco. – No debió limitarse.
-De qué color es el vestido? – Me acerqué a la puerta.
-Blanco con toques de azul.
-Azul como el color de sus ojos?
– Azul cielo.
-Creo que le ayudaré con ese detalle de los accesorios. Quizás una pulsera o un collar.
-Cualquiera de los dos le dará el último toque. Carlisle, quiero pedirte tu opinión. Se le ha ocurrido la idea de aprender a manejar, qué opinas?
Sólo había conocido a una mujer que sabía conducir, Louis.
-No me parece mala idea, quizás se está aburriendo un poco sola. Creo que es una persona responsable, no creo que tenga problema. – Sonreí.
-Entonces empezaremos ahora, así aprovecharás para buscar lo más adecuado para ella. – Se puso de pie y me siguió.
Vimos a Esme salir de la cocina.
-Saldré un momento Esme. Edward te hará compañía. Espero no demorarme. Te veré en el consultorio más tarde. – Caminé a la puerta sin dejar de mirarla.
-Claro, ahí te veo.
Me dirigí a mi coche, hacía mucho tiempo que no lo usaba. Giré la llave y arrancó, iba casi de salida cuando ellos aparecieron.
-Trata de mantenerla ocupada mientras regreso.
Edward asintió.
Me dirigí a la joyería París, había escuchado que era la mejor de la ciudad, también era la más cara aunque eso era intramuscular en ese momento. Afortunadamente seguía abierta. Generalmente ese tipo de lugares cerraba temprano, por seguridad. Entré al lugar y me atendió una mujer joven. Me miró y se alisó el cabello y la ropa.
-Buenas noches caballero, en qué le puedo ayudar?
No quería imaginar que esa pregunta tuviera un doble sentido.
-Buenas noches. Estoy buscando algo que tenga piedras azules, como zafiros.
-Tenemos una gran variedad de collares, brazaletes, aretes y anillos. Exactamente qué es lo que busca? – Se inclinó hacia adelante, la vitrina impedía que ella me alcanzara.
-Podría mostrarme los collares y brazaletes por favor? – Miré las joyas que habían en la vitrina. Los aretes y anillos me parecían demasiado pequeños, quería algo que sobresaliera.
-Permítame un momento. – Me sonrió ampliamente.
Poco a poco trajo varios estuches negros, unos más grandes que otros y fue abriéndolos. Todas las piedras eran azules pero en diferentes tonos, me llamó la atención un collar que traía un juego de aretes, eran de un azul claro.
-A mí también me encantan. – La mujer se recargó en la vitrina y su rostro quedó arriba del estuche del collar y los aretes. – Las piedras son zafiros azules traídos directamente de áfrica central y el metal es oro de veinticuatro quilates. Es toda una obra de arte. Déjeme mostrarle.
Giró la caja hacia ella y sacó los aretes, tomó uno en cada mano y los alzó a la altura de sus orejas. Posó para mí y sonrió coquetamente. Dejó los aretes y tomó el collar, lo acomodó en su cuello y después alzó su cabello. Imaginé a Esme en su lugar, lucía muy bien en su delicado cuello.
-Tiene razón, es perfecto. Me lo llevo. – Le sonreí.
Ella titubeó por un momento, pero después reaccionó y puso el collar en el estuche.
-No… desea saber el precio señor? – Cerró el estuche y me miró lentamente.
-Cierto, creo que no tengo suficiente efectivo, así que pagaré con cheque. – Saqué la chequera.
-Son 5, 480 dólares. – Escribí la cantidad sin hacer ningún gesto.
-A nombre de quién? – Escribí la cantidad en letras.
-Joyería París. – Terminé de llenar el cheque y se lo di.
Ella examinó el cheque cuidadosamente.
– Debo confesarle señor, que ésta es una de las joyas más caras que hemos vendido. – Me dio el estuche.
-Me alegro por usted. Buenas noches. – Salí de la joyería contento, era perfecto para ella y sabía que le gustaría.
Llegué a la casa y busqué a Edward y Esme.
-Estoy aquí. – Edward apareció en un segundo frente a mí. – Ella duerme, se enojó conmigo. – Rió por lo bajo.
-Vaya y eso a qué se debió? – Tomé asiento en el sillón.
-Me burlé de ella. Fue algo sin querer. – Se estaba aguantando la risa.
-Edward creo que un caballero no se debería de burlarse de una dama. – Lo regañé, no debió hacerlo.
-Tienes razón Carlisle, pero es que se veía tan chistosa conduciendo que fue inevitable. Te explicaré…
Comenzó su narración desde que subieron al auto, después cómo ella llevaba el auto, también lo apenada y sonrojada que estaba. Me pareció algo tierno y chistoso como había dicho Edward.
-A pesar de todo, debiste guardar compostura. – Miré el estuche. – Le he comprado esto, qué opinas? – Abrí el estuche para que viera el contenido.
-Es justo el azul de su vestido. No quiero saber el precio y mucho menos ella, le podría dar un ataque. – Sonrió burlonamente.
-Lo pondré en la caja fuerte. – Me puse de pie y Edward hizo lo mismo.
-Me voy, quiero ir a cazar antes de hacer todo lo demás. – Tocó mi hombro.
-Te veré mañana temprano. Por cierto, espero que no hayas tenido problemas con tu sed enfrente de Esme. – Me preocupé.
-Al parecer lo estoy controlando muy bien, me ha ayudado mucho el afecto que siento hacia ella. – Miró hacia la nada. – Tenías razón, ella está cambiando nuestras vidas. – Me miró fijamente. – Bien, ahora sí me voy.
En un segundo ya no estaba ahí.
Fui al despacho, jalé el cuadro que se encontraba en medio de dos libreros, abrí la caja fuerte y deposité el estuche. Me dirigí hacia el consultorio, ya extrañaba ese lugar. Todo estaba limpio y en su lugar, tal como lo encontraba todos los días después de llegar de la universidad. Me quité el saco y me puse la bata. Comencé a preparar todo lo que necesitaba para el estudio de Esme. Estaba terminando cuando llamaron a la puerta.
-Adelante.
Abrieron la puerta y aparecieron dos hombres, olían a alcohol. Uno de ellos sujetaba al otro de la cintura, mientras que éste se agarraba el brazo izquierdo, se quejaba mucho.
-Buenas noches doctor. Mi amigo necesita ayuda, creo que se rompió el brazo.
Me acerqué y vi que tenía raspaduras en la cara.
-Llévalo a la camilla por favor. – Fui al escritorio y saqué mi estetoscopio.
El amigo del paciente lo ayudó a sentarse en la camilla. Me acerqué y el amigo se sentó lejos de nosotros. Examiné el brazo, efectivamente estaba roto. Fui por las vendas de yeso, vendas normales y una tablilla. Escuchaba cómo el paciente le reclamaba a su amigo de ser un cobarde por no haberlo ayudado en su pelea con otra persona. El otro le daba sus motivos.
-Quizás le duela un poco esto. – Agarré el brazo y lo acomodé en su lugar, coloqué una tablilla para que el brazo no perdiera su forma, comencé a vendar primero con vendas normales, después utilicé las vendas de yeso, el paciente que quejaba pero no tenía opción. Remojé el brazo enyesado para que tomara la forma del brazo, esperamos unos minutos para secara. Al final, tomé una venda para pasarla por su hombro y su muñeca, era provisional, más tarde tendría que conseguir algo que le sostuviera el brazo durante su recuperación.
– Le haré su receta. - Me senté y escribí.
-Se va a recuperar Peter doctor? – Me preguntó el que estaba sentado en la silla.
-Claro, sólo se ha roto el cúbito* y no todo el brazo. – Puso cara de no entenderme. – No se preocupe, en cuatro meses ya estará recuperado.
No quería tomarme la molestia de explicarle, quizás al día siguiente no recordaría nada.
*El cúbito es uno de los dos huesos que conforman el brazo, el otro hueso recibe el nombre de Radio.
-Me quiero ir a casa. – El paciente se bajó de la camilla tambaleándose, su amigo lo ayudó a sostenerse y lo ayudó a sentarse frente al escritorio.
-Tranquilo Peter, ya nos vamos. – Le dijo al oído y volvió a su lugar.
-Peter, debes tomarte estas medicinas. Aquí está toda la explicación. – Señalé la receta, él la miró y luego me miró a mí. – Deben seguir al pie de la letra todo, así el dolor cesará. – De repente, escuché unos pasos que venían de la casa, por el aroma, sabía que era ella. Tocó la puerta.
-Adelante.
Abrió la puerta y entró, vio a los hombres que estaban conmigo. Cerró un poco la puerta, sentía que era inoportuna.
-Buenas noches. Puedo venir más tarde Carlisle si es que te interrumpo.
-No se preocupe señora, su marido ya curó a mi amigo. Nosotros ya nos vamos.
El amigo de Peter se acercó y lo ayudó a ponerse de pie, tomó la receta y la guardó en su bolsillo.
- Vamos Peter. – Lo llevó hasta la salida. – Gracias doctor Cullen, señora Cullen disculpe la interrupción.
Ella quiso decir algo, pero negué con la cabeza, me hizo caso y no dijo nada. Salieron del consultorio y me quedé a solas con ella.
-No te preocupes por ellos, no había necesidad de aclararles nada. – Me acerqué a ella. – Estás bien? Me comentó Edward que te hizo enojar. – Recordé lo que había dicho Edward, me hubiera gustado verla.
-Ya no importa, ya estoy bien. Empezaremos con el estudio?
Al parecer tenía mucha prisa por comenzar, eso me gustó.
-Sí, estamos atrasados. Comenzaremos con lo básico, peso, altura y demás. - Miré por un segundo su ropa, se tenía que poner la bata. – Ummm… Necesito que te pongas la bata. – La señalé con la mirada.
Pareció asustarse por un instante, no imaginé qué había pensado.
-Eh… sí. – Entró al baño para cambiarse, hasta ese momento no me había dado cuenta que estaría semidesnuda, sólo la bata impedía que estuviera completamente sin ropa, sentí algo extraño, quizás nervios? No me había sucedido eso con otro paciente, quizás porque era algo más para mí. Salió al cabo de unos minutos, tragué saliva cuando la vi.
-Estás bien? Estás un poco pálida. – Me acerqué tratando de controlarme, estaba pálida, le toqué la frente, a causa de los guantes no pude sentir su piel pero su temperatura estaba bien, lo que tenía no era otra cosa más que timidez.
-Estoy… estoy bien. Comencemos.
Su corazón latía a mil por hora.
-Sube aquí. – Tomé su mano para ayudarla a subir a la báscula, quería que se sintiera en confianza.
Moví los medidores y apuntaron cincuenta y cinco kilos por un lado y por el otro, un kilo. Anoté en la hoja cincuenta y seis. Medí su altura, era más pequeña que yo, anoté 1.60 metros. El calor que ella emanaba lo podía sentir en mi cuerpo, debido a la cercanía entre ambos, la tentación estaba presente pero resistí pensando en ella como otro paciente más. De repente, tuve un problema.
– Veremos cuánto tienes de cintura y cadera.
Aquí el contacto era inevitable, tomé la cinta métrica y rodeé su cintura con ella, tomé un poco de aire y medí, me concentré mucho. Pasé a las caderas, estaban bien definidas, tomé la cinta por un costado y la rocé con mis dedos, ella saltó.
-Lo siento, ahí tengo cosquillas.
Sonreí por el comentario, la miré y como imaginaba, estaba sonrojada.
Después de terminar con todas las mediciones, le hice unas recomendaciones para su alimentación y para las actividades que podía realizar, estando un poco lejos de ella me pude relajar, agradecía no poder sonrojarme o sudar, ya que estaría peor que ella. Le dije que se podía cambiar y así lo hizo, se vio un poco más relajada cuando salió del baño. Nos sentamos en el sofá, quería hablarle sobre el baile.
-Saldremos de casa a las 6:30, el baile comenzará a las 7, gracias nuevamente por acompañarme. Trataré de no dejarte sola mucho tiempo, nosotros los maestros supervisaremos a los alumnos para que no se metan en problemas. – Dudé un segundo, pero tomé sus manos y masajeé delicadamente, esperaba que le sirviera como a mí me estaba sirviendo. No era un contacto directo pero, la suavidad de su piel podía sentirla a través de los guantes.
-No te preocupes, no interrumpiré tu trabajo.
Su ritmo cardiaco comenzó a descender, se estaba relajando más y más, yo también. Veía nuestras manos, deseaba entrelazarlas y que nunca se separaran.
– Edward irá con nosotros?
-Sí, estará contigo en mi ausencia. A menos que no desees verlo, por lo que sucedió hoy.
Ambos estábamos relajados así que muy a mi pesar solté sus manos.
-Debería, pero la verdad es que ya no estoy enojada con él, quién podría estar enojado con ustedes.
No entendí su comentario.
- Es decir, han hecho muchas cosas por mí, no podría enojarme con ustedes.
Sonreí, era una persona muy agradecida.
-Bien, es todo por hoy. Te veré mañana lista para el baile.
Nos pusimos de pie.
-Estaré lista. – Ella se retiró.
Recordé la bata, se acerqué a ella y la olí, todavía tenía su aroma, de hecho, todo el lugar tenía impregnado su perfume. Abracé la bata imaginando que era ella, traté que el aroma también estuviera en mí. Era delicioso. Con ese aroma, regresé a mi lugar frente al escritorio y esperé a mi siguiente paciente.
Edward apareció temprano, antes que él, nadie llegó. Todo había estado tranquilo, era mejor, ya que no se mezclaría el aroma de Esme con el de alguien más.
-Veo que han comenzado con el estudio, todo el lugar huele a ella. – Se sentó frente a mí.
-Jazmines, su olor es a jazmines.
– Cierto, este lugar parece un campo de jazmines, acaso tiene poco tiempo que se fue? – Me miró sorprendido.
-No, pero por alguna razón su aroma persiste y eso no me desagrada. Siento que la tuviera a mi lado. – Miré la bata.
-Carlisle, perdón que insista pero seguro que podrás con esto? Cada día te noto más enamorado de ella y ni siquiera han pasado dos semanas desde que la conociste.
Lo miré extrañado.
-A qué te refieres?
– Quizás te vieras tentado a…
-No! No se te ocurra pensar algo así. – Lo miré fijamente. – Valoro demasiado su vida para hacerlo. Por el amor que siento hacia ella, no podría. Sé que algún día se irá y mi ser se romperá en mil pedazos, pero estaré feliz que pueda tener una vida normal con su hijo. – me incliné hacia él y alcé demasiado la voz.
-Lamento haber sugerido esa idea. – Se veía arrepentido. – Fue algo estúpido de mi parte.
-Discúlpame también a mí por gritarte. – Regresé a mi asiento. Tomé un poco de aire, nunca le había gritado a Edward. – Edward lo siento…
-Veo que la quieres demasiado, no volveré a hablar del tema. – Se puso de pie y yo me acerqué a él.
-Nos acompañarás al baile? – Lo miré a los ojos. – Espero que esto no influya. Te necesito cerca de ella, sé que la protegerás por mí. – Le imploré con la mirada.
-Ahí estaré, no te preocupes. – Me sonrió, me sentí mejor. – Debemos irnos. Pronto amanecerá.
Era verdad, los rayos del sol comenzaban a aparecer en el horizonte.
– Te esperaré en el coche.
Asentí.
Edward se fue, me quité la bata y me dirigí a mi cuarto para tomar un baño rápido y cambiarme de ropa. Mientras estaba en el baño, dejaba caer el agua sobre mi cuerpo, había sido una noche intensa con Esme aunque desde otro punto de vista, no había sucedido nada y después la discusión con Edward, el agua fría recorría todo mi cuerpo, eso me ayudaba a ordenar todo lo que había pasado. Terminé de bañarme y me vestí, ya había hecho esperar a Edward.
-Estaré contigo en un momento, quiero saber cómo está Esme.
Salí de la habitación y me acerqué a la puerta, no se oía ruido alguno; intuí que estaba dormida. Quise abrir la puerta, pero mi caballerosidad no me lo permitió.
-Que tengas dulces sueños querida Esme. – Puse la mano en la puerta, acariciándola como si fuera ella.
Rápidamente ya me encontraba con Edward. Arrancó y nos dirigimos a la universidad.
El camino como siempre, fue silencioso, Edward parecía estar calmado.
-Eres un buen compañero y amigo Edward.
Volteó a verme y sonrió.
-Tú también. – Fueron las únicas palabras que dijo.
Me encanta! Me encanta! Me sigo derritiendo cada vez que leo este fic... Carlisle es lo máximo y Edward no se queda atrás!
Espero que les esté gustando tanto como a mí.
Saludos! Ahhh y sigan dejando reviews, me encantan también!
