OPUESTOS SE ATRAEN
IV. PRIMERAS IMPRESIONES
Templo de Acuario, Santuario de Athena
A la mañana siguiente, Camus preparó algo de desayunar y fue a llevar un plato a la habitación de aprendices para Liliwen: sospechaba que la chica llevaba un buen rato sin comer, desde que había sido perseguida por los ángeles de Artemisa y transportada a Grecia por Apolo.
Cuando Camus entró a la habitación, se sorprendió mucho de ver a Liliwen ovillada en la cama, totalmente envuelta y enredada con las sábanas y la manta, como si tuviera mucho frío. Camus bajó la mirada, apenado. Su templo solía estar helado siempre, así era como le gustaba. Quizá debería tranquilizarse y subir la temperatura uno o dos grados para que resultara más agradable para ella.
Liliwen parecía dormir plácidamente, a pesar de estar enredada en las mantas. Camus puso el desayuno en la mesita de noche, y pensó en que la movería un poco para despertarla, pero cuando extendió su brazo hacia ella, el teléfono celular del santo comenzó a sonar, y Liliwen se despertó de golpe, asustada, y por estar enredada en las sábanas, cayó al suelo, llevándose con ella a Camus, quien había intentado detener su caída.
-¡Kyaaa!- gritó Liliwen, pataleando para salirse de la maraña de mantas en las que estaba enredada.
-Liliwen… ¡Liliwen!- dijo Camus en voz alta, deteniéndola por los hombros- tranquila, deja de moverte, no está pasando nada. Mira, mira- añadió, mostrándole el aparato- es un teléfono celular-
Liliwen tardó unos segundos en detenerse y entender que no pasaba nada. Camus la ayudó a deshacer la maraña de sábanas y mantas, y a ponerse de pie, con cuidado de no pisar su pie lastimado.
-¿Estás bien?¿no te lastimaste?- dijo Camus, y la chica asintió.
-Lo…lo siento, Camus- dijo Liliwen, acomodándose la ropa y pasándose los dedos por los cabellos para no estar demasiado desaliñada, cosa en la que fracasó completamente- creo que estoy un poco nerviosa por lo de ayer…-
Camus dejó escapar un largo suspiro, contando mentalmente hasta diez para no perder la paciencia. No podía creerlo. Suspiró, y volvió a contar hasta diez. Era normal que la chica estuviera un poco hiperreactiva y asustada. No era su culpa.
-No te preocupes más por ello, aquí te traje algo para desayunar- dijo el santo de Acuario, señalando el plato en la mesita de noche- y, por cierto, en un rato llegarán algunas de las chicas, te traerán algo de ropa-
-¿Las chicas?- dijo Liliwen, alzando las cejas.
-Las chicas de algunos de los santos dorados- dijo Camus en su habitual tono cortante y frío- ya conocerás a los demás-
La chica pelirroja asintió, y Camus alzó las cejas levemente al ver sus cabellos rojos como el fuego moviéndose de un lado al otro mientras ella movía su cabeza. Mientras tanto, Liliwen tomó el plato que el santo dorado le había llevado y comenzó a desayunar.
-Está delicioso, Camus- dijo ella- gracias-
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Templo de Géminis
Saga se cruzó de brazos, enfurruñado. No le gustaba la idea de lo que estaba a punto de pasar, pero sabía que no tenía nada que hacer al respecto. Casandra tampoco estaba muy convencida, pero Kostas estaba fuera de sí de emoción. Después de todo, hacía un par de meses había sido su cumpleaños, ya tenía cinco años, y Aioria ya estaba listo para iniciar su entrenamiento como futuro santo de Leo.
-¡Tío Aioria!- exclamó Kostas, corriendo emocionado hacia el santo de Leo. Aioria sonrió y le revolvió los cabellos al pequeño. Ya traía puesto el uniforme de entrenamiento que habían conseguido para él- ya estoy listo-
-Buenos días, Kostas- dijo el Aioria, y alzó los ojos al ver a los preocupados padres del niño- eh… no se preocupen demasiado, Kostas estará bien-
-Saga, ¿no podríamos esperar otro año?- preguntó Casandra, esperanzada. Saga tenía ganas de decir que sí, pero sabía que tenía que hacer las cosas correctamente. Era su deber. Solo atinó a rodear la espalda de su chica con su brazo, y la atrajo hacia sí mismo.
-No, Casy, ya es hora- dijo Saga- sé que Kostas parece pequeño, pero ya está en edad de iniciar su entrenamiento. No te preocupes- añadió, al ver que su chica comenzaba a hacer un puchero- no tengo la menor duda de que estará seguro con Aioria-
El santo de Leo asintió.
-Vamos, Kostas, despídete de tus papás- dijo Aioria- regresaremos en la tarde-
Kostas se despidió rápidamente de sus padres, y salió corriendo detrás de Aioria rumbo a los terrenos del Santuario. Saga infló el pecho, orgulloso de su pequeño, mientras que Casandra hacía un puchero. La atrajo hacia sí mismo y le plantó un sonoro beso en la mejilla. Como ella seguía enfurruñada, Saga repitió la acción varias veces.
-No te pongas así- le dijo Saga, suavizando la mirada y sonriendo algo maliciosamente- Kostas estará bien. Kanon y yo empezamos el entrenamiento aún más pequeños. Y Aioria es uno de los santos más responsables del Santuario. Kostas estará bien cuidado con él, estoy seguro-
Casandra se cruzó de brazos y suspiró.
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Terrenos del Santuario
Marín había tomado su ronda de vigilancia un poco retirada del recinto de las amazonas, y cerca de los Doce Templos. Sonrió enternecida al ver a Aioria entrenando con Kostas, y se cruzó de brazos, mirando a su chico en acción como maestro. El pequeño golpeaba repetidamente una enorme roca, dando chispazos de cosmo, bajo la atenta mirada del santo de Leo. Marín pensó que Aioros estaría muy orgulloso de su hermano menor si pudiera verlo en esos momentos.
Un cosmo la distrajo cuando pasaba muy cerca de la entrada. Marín alzó las cejas y se volvió hacia la entrada, poniendo su pose de defensa al sentir un cosmo que no pertenecía a un santo de Athena, pero que no era tampoco un cosmo enemigo o desconocido. La figura delgada, cabello rojizo alborotado y sonrisa serena que eran completamente conocidas para la amazona. La chica se apresuró a la entrada del Santuario, y abrazó al recién llegado.
Touma, quien no se esperaba ese abrazo con tanto impulso, cayó al suelo y su hermana cayó sobre él.
-Woa, ten cuidado, Marín- dijo Touma, riendo mientras intentaba incorporarse- la señora Artemisa estará furiosa si lastimas a su ángel favorito-
Marín se echó a reír también, y revolvió los cabellos de su hermano menor. ¡Vaya que lo había extrañado! Con eso de que su hermano menor se pasaba la mayor parte del tiempo en el Olimpo, como guardaespaldas de Artemisa, no lo había visto en mucho tiempo.
-Pero eres tú, Touma, así que no habrá problema- dijo Marín en tono de broma.
-Ja, ja, muy graciosa- dijo el ángel.
Ambos se pusieron de pie y se sacudieron las ropas, para después mirar hacia el Santuario.
-¿No te puedes quitar esa fea máscara?- dijo Touma, poniendo los ojos en blanco y dandole unos golpecitos a la máscara de plata que cubría el rostro de su hermana- sabes que detesto hablarte cuando tienes esta cosa. No sé si me estás poniendo atención o no…-
-Y tú sabes las reglas, Touma- le dijo ella antes de que terminara de hablar. El ángel se encogió de hombros y miró a su alrededor.
-¿Y dónde está tu enamorado?- dijo el chico, mirando a su alrededor- me extraña que no te venga siguiendo a todas partes con esos ojitos de cachorro enamorado-
Marín se ruborizó, y agradeció a los dioses el hecho de que su rostro estaba cubierto por la máscara. Touma lo adivinó, y se echó a reír.
-¿Y se puede que hacer que haces tú aquí?- dijo Marín- me extraña que hayas venido a visitar. ¿Estás de vacaciones?-
-Para nada- dijo el ángel, borrando de pronto su sonrisa- estoy en una misión para la señorita Artemisa, y debo decir, que es una misión un poco desagradable, pero no tengo nada que decir al respecto…-
-Oh- solo dijo Marín.
-En fin, detecté el cosmo que estoy siguiendo muy cerca de aquí, y aproveché para venir a saludarte- dijo Touma.
-Menos mal que recuerdas a tu familia- dijo la amazona, dandole un codazo.
-Supe que tu cuñado se va a casar por fin- dijo el pelirrojo, alzando repetidamente las cejas- ¿y tú para cuando?-
-Cuidado, Touma…- dijo Marín en tono de advertencia.
-De acuerdo, de acuerdo- dijo el ángel, levantando los brazos en señal de paz. Touma iba a decir algo más, pero de pronto sintió algo proveniente de los Doce Templos. Un cosmo. El cosmo que había estado siguiendo y rastreando. ¡Y estaba dentro del Santario de Athena! Lo sintió solo por un momento, pero eso bastó para identificarlo.
-¿Touma?¿qué sucedió?- dijo Marín, al ver a su hermano palidecer.
-Está aquí- dijo Touma- ella está aquí-
Marín frunció el entrecejo. Recordó lo que Aioria le había contado la noche anterior sobre la hija de Apolo y la situación con Artemisa. Se mordió el labio. Quizá no había sido tan buena idea dejar que su hermano entrara al Santuario. De hecho, había sido una pésima idea.
-¿Touma?- dijo Marín en voz alta. El pelirrojo bajó la mirada y se volvió a ella.
-¿Qué sabes de ella?- dijo Touma, pero vio que Marín guardaba silencio, e insistió- vamos, Marín, es mi deber-
-No te puedo decir ningún secreto de la señorita Athena, ya habíamos hablado de esto, Touma- dijo Marín.
-Ya me dijiste suficiente- dijo Touma, levantándose y comenzando a caminar hacia la salida.
-Touma…- dijo Marín, deteniéndolo por el brazo- Touma, no puedes decir nada a Artemisa. No debes…-
-Nos vemos luego, Marín- dijo Touma, quitándose la mano de su hermana con un gesto, y desapareciendo. Marín bufó, se cruzó de brazos por un momento, pero luego se apresuró a buscar al Patriarca. Si Touma decía algo, el Santuario tendría pronto otra visita divina, así que deberían estar preparado.
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Templo de Acuario
Poco antes
Una vez que desayunaron, Camus consiguió algo de ropa de civil para Liliwen que Lydia le facilitó, porque era la chica que estaba más cerca de su templo. La aprendiz de Piscis no había tardado en prestarle lo que necesitaba.
El santo de Acuario no estaba nada contento. No le gustaba ni un poco estar en esa situación. Si bien la chica se esforzaba por no causarle problemas, realmente no podía evitarlo. Después del incidente con el celular, la chica había descompuesto su cepillo de dientes eléctrico y había incendiado las cortinas de su habitación cuando encendió una vela. Camus había apagado el fuego antes de que las mantas de la cama también se encendieran.
-¿Porqué demonios encendiste fuego, Liliwen?- preguntó Camus enfadado- si quieres tener luz en tu habitación, solo enciende el interruptor. Aquí-
-Lo lamento mucho, Camus- dijo Liliwen, bajando su cabeza, su rostro tan rojo como sus cabellos por la vergüenza.
El santo dorado se sintió un poco culpable por haberle hablado así, pero no dijo nada, solo dejó la ropa sobre la cama, y salió de la habitación, dándole espacio para cambiarse.
Una vez que se quedó sola, Liliwen levantó la mirada, aunque estaba avergonzada por el regaño de Camus. Ella había vivido los últimos diez años de su vida, o más, en una choza en las montañas de Snowdonia, sin tener electricidad, aunque sí agua corriente. No conocía las cosas nuevas del mundo, estando tanto tiempo apartada. ¿Tenía Camus que ser tan incisivo con ella?
En fin, Liliwen se quitó su vestido del día anterior, sucio con manchas de tierra y pasto, y algo chamuscado en uno de los extremos, y lo dejó a un lado. Lo volvió a tomar en sus brazos, abrazándolo con cariño. Era, después de todo, lo único que tenía de su vida anterior. Suspiró y volvió a dejar el vestido sobre la cama. Escogió entre los vestidos que Camus le llevó uno de color negro, con mangas largas y algunos adornos en el cuello, las mangas y la falda. Se puso unas medias y unas zapatillas, las cuales le venían bien a pesar de que no le había dicho su talla al santo dorado.
Liliwen suspiró, y se puso de pie, tocando repetidamente la puerta de su habitación. Camus abrió y la evaluó con la mirada. Seguía con sus cabellos rojos alborotados como si fuera una fogata, pero se veía mucho mejor una vez que se hubo aseado y cambiado de ropa.
Camus no externó sus pensamientos, solo miró de reojo la venta en su mano.
-Si tus heridas están mejor- dijo Camus, ofreciéndole el brazo- pensé que te gustaría salir un poco a los terrenos del Santuario y tomar un poco de aire fresco-
Liliwen sonrió, agradecida, y tomó el brazo de Camus. Al hacerlo, sintió un leve escalofrío. No dijo nada, y ambos bajaron a los terrenos del Santuario juntos. Mientras bajaban, Liliwen miró a Camus de reojo, pero se sonrojó y apartó su mirada. Camus tenía una fría y dura mirada, en la que, ella estaba segura, jamás encontraría una sonrisa.
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Terrenos del Santuario
Horas más tarde
Kostas miró fijamente la piedra que Aioria le presentaba. Se cruzó de brazos, y entrecerró los ojos. ¡Esa maldita piedra no sobreviviría ese día, si de él dependiera! El pequeño cerró los puños, y un pequeño cosmo lo envolvió. El niño golpeó con fuerza la piedra, pero ésta no se rompió.
-No, no, espera- le dijo Aioria- recuerda lo que te expliqué hace un momento-
El niño suspiró, y volvió a mirar fijamente la roca. Encendió su cosmo, y en vez de golpearla, la tocó con el dedo índice, y ésta se rompió en pedazos. Aioria sonrió, orgulloso de su pequeño estudiante.
-¡Muy bien hecho, Kostas!- dijo Aioria. Kostas sonrió y se irguió contento.
-¿Puedo mostrarle a mi papá, maestro?- dijo Kostas. Aioria sonrió levemente y asintió. Sabía que Saga estaría muy contento al escuchar que su hijo había roto una roca en su primer día de entrenamiento.
-Vamos, enano, seguramente tu papá querrá escuchar todo sobre tu primer día- dijo Aioria, sonriente.
El santo dorado vio que Camus y la chica pelirroja habían bajado a los terrenos del Santuario, y que pronto fueron alcanzados por Milo y Cathy. Curioso, Aioria se encogió de hombros, y decidió acompañar al pequeño al templo de Géminis antes de hacer alguna otra cosa.
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Templo del Patriarca
Shion escuchó con creciente preocupación lo que Marín fue a decirle al respecto de su encuentro con Touma más temprano en los terrenos del Santuario. Shion sabía que, aunque era el hermano menor de Marín, el ángel pelirrojo era un fiel guardián de Artemisa, y no dudaría en pasar la información directa e inmediatamente a su diosa.
-De acuerdo- dijo el Patriarca- muchas gracias por la información, Marin-
-De nada- dijo la amazona- me preocupa Touma, espero que esto no nos haga pelear contra mi hermano menor-
-Estoy seguro que no llegará a eso, Marín- dijo Shion en un tono bondadoso- quizá sería buena idea avisarle a Camus, y hacerlo regresar con Liliwen a su templo. Si no me equivoco mucho y tu hermano le cuenta lo que sabe a Artemisa, la diosa nos visitará pronto-
Marín asintió y, tras inclinarse, se despidió del Patriarca y salió. Shion llamó por su cosmo a Camus, indicándole que debía regresar a los Doce Templos con Liliwen.
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Bosque del Santuario
Poco antes
Camus había decidido acompañar a Liliwen al bosque del Santuario, para que la chica se sintiera un poco más cómoda. Pronto fueron alcanzados por Milo y Cathy. El santo de Escorpión quería importunarlo, más que otra cosa, pero Camus agradeció bastante que Cathy se haya sentado a charlar con Liliwen. Sabía que una chica como ella podía hacerla sentirse mucho más aliviada y a gusten en el Santuario de Athena.
Ambas se habían sentado a charlar juntas, bajo la mirada de los dos chicos. Mister Darcy ladraba y se colocaba entre ellas, panza arriba, ansioso por las caricias de la nueva chica. El spaniel sabía como ser adorable y conquistar a las chicas de los santos dorados. Liliwen no se resistió, y comenzó a acariciar distraídamente al perro mientras charlaba con Cathy. Poco a poco, Camus fue suavizando su mirada. Se dio cuenta de que con Cathy, Liliwen incluso llegó a reír un poco.
-Gracias por invitarnos, Camus- le dijo Cathy en voz baja- después de varios meses encerrada, ya necesitaba tomar aire fresco-
-Lo sé- dijo Camus en un tono benévolo- no es nada, Cathy. Me da gusto que nos hayas acompañado-
-Entonces, vienes de Gales, ¿no es así?- dijo Cathy con una sonrisa, dirigiéndose a Liliwen.
-Y por tu acento, adivinaría que tu vienes de Escocia- dijo Liliwen, sonriendo.
Rufff, rufff
Mister Darcy seguía ladrando, pidiendo más caricias de las chicas.
-She's such a bonnie lass- dijo Cathy, mirando por un minuto a Camus, y luego se volvió de nuevo a la chica pelirroja- perdona que te pregunte, pero ¿tú sabías que Apolo era tu padre?-
Liliwen se ruborizó de nuevo, no estaba acostumbrada a que se refirieran a su padre de esa manera tan poco respetuosa.
-Por supuesto- dijo Liliwen- una de mis cuidadoras, Myfanwy, me contó la verdad desde que tengo memoria. Sobre quien es mi ilustre padre, y que mi madre era una de las cazadoras de la señorita Artemisa-
Milo tosió un par de veces para disimular una risita, pues le parecía muy extraña la manera en que la chica se refería a su padre. Cathy le lanzó una mirada de advertencia, que silenció al santo de Escorpión.
-¿Qué tanto hacías ahí?- dijo Cathy- ¿ibas a la escuela?-
Liliwen sacudió la cabeza.
-Mi ilustre padre decidió que era mejor que fuera solo con un tutor- dijo Liliwen- así que iba un par de veces a la semana a Caernarfon. El resto del tiempo estudiaba yo sola-
-¿Qué estudiabas?- quiso saber Milo.
-Idiomas- dijo Liliwen- latín, griego antiguo. Cultura general. Filosofía. Mi ilustre padre quería que fuera una persona bien educada-
La chica sonrió, algo apenada, y Cathy le sonrió. La chica escocesa se puso a tocar el violín, haciendo que todos los presentes se relajaran un poco. Incluso Liliwen parecía haberlo disfrutado. Camus se cruzó de brazos, algo aburrido de la conversación, cosa que no pasó desapercibida por el santo de Escorpión, quien alzó las cejas, extrañado de su amigo. Leyendo entre líneas, parecía que a Camus no le agradaba esta chica. Suspiró. Ahí iban sus esperanzas de que Camus encontrara a una chica que lo hiciera tan feliz como él estaba.
De pronto, Milo y Camus escucharon el llamado de Shion por medio de sus cosmos.
-Lo lamento, mademoiselles- dijo Camus de pronto, haciendo que Cathy dejara de tocar su violín- Liliwen tiene que regresar a los Doce Templos. Parece que tu tía nos visitará muy pronto, y tenemos que ocultarte-
Liliwen palideció importantemente, pero Cathy le puso una mano en el hombro.
-Tranquila, Liliwen- le dijo la chica en voz baja- estarás segura con Camus. Y cuando pase el peligro, iremos a visitarte de nuevo, ¿verdad, Milo?-
-Por supuesto- dijo el santo de Escorpión.
Liliwen sonrió, y aceptó la mano de Camus para ayudarla a levantarse del suelo. Milo ayudó a Cathy a levantarse, y después tomó a Mister Darcy en sus brazos, acariciándolo detrás de las orejas.
-Vamos, casanova- dijo Milo a Mister Darcy, mientras el perro lamía su rostro- ya te vi, que estás coqueteando con la chica nueva- suspiró, y se volvió a Cathy, quien miraba a Camus y a Liliwen alejándose de donde se encontraban ellos- cómo quisiera que fuera Camus quien la hiciera sonreír, no Mister Darcy-
Cathy sonrió levemente.
-Dales tiempo- dijo la chica.
-¿De qué hablas, Cathy?- dijo Milo, cruzando los brazos y alzando las cejas- creo que Camus la detesta. No tienen nada en común-
-Tal vez- dijo Cathy, pensativa- pero recuerda bien que lo opuesto atrae a su opuesto-
Milo hizo una expresión de incredulidad, pero no siguió discutiendo con su chica.
-Si tu lo dices- dijo el santo dorado, encogiéndose de hombros. Alzó la mirada al ver que estaba oscureciendo y, además, el cielo se estaba nublando- vamos, volvamos al templo de Escorpión: parece que va a llover-
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Habitaciones de Artemisa, Olimpo
Touma hizo exactamente lo que Marin creía que iba a hacer. Una vez que Artemisa escuchó lo que el pelirrojo le fue a contar, ésta se levantó de golpe y tomó su arco y su carcaj de flechas.
-Bien, excelente trabajo, Touma- dijo Artemisa, sonriendo ampliamente- vamos inmediatamente al Santuario de Athena. ¡Mi hermana menor me va a escuchar!-
El pelirrojo se mordió el labio. Si bien esperaba que reaccionara de manera violenta, no se imaginaba que también se la tomaría con Athena.
-Señorita Artemisa- dijo Touma- creo que le gustaría reconsiderar atacar a esa chica-
-¿Y porqué haría eso?- dijo la diosa, alzando las cejas.
-Señorita, es solo una chica- le dijo Touma- ella no tuvo la culpa de lo que hizo el señor Apolo, o Arienwen. Es como si… como si la señora Hera los hubiera perseguido, a usted y al señor Apolo, por lo que hizo el señor Zeus-
-Nos persiguió, Touma- dijo Artemisa, ocultando un poco de amargura en su voz- hizo sufrir a mi madre por lo que nuestro padre había hecho, y…-
-¿Y verdad que no se siente bonito?- dijo Touma, cruzando los brazos, hablándole en el tono más suave que encontró- ¿porqué no la deja ser?-
Artemisa se ruborizó levemente. ¿Qué se creía ese humano para estarle diciendo eso?
-No es de tu incumbencia, Touma- le dijo la diosa.
-Por supuesto que no, señora- respondió el ángel, bajando la mirada.
-Di a Teseo y a Odiseo que se preparen- dijo Artemisa- y llama a Fjore también. Le haremos una pequeña visita a mi hermana Athena-
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando mucho esta historia. Les mando un abrazo a todos. Nos leemos pronto!
Abby L.
