Disclamer: Hetalia: Axis Powers, Hetalia: World Series, Hetalia: The Beautiful World así como todas sus variantes y personajes no me pertenecen, ni al otro autor de este fic (Remus), pertenecen a su pertinente autor (al cual adoraré toda mi vida por haber creado esa maravillosa serie). Este fanfic ha sido creado sin ánimo de lucro, sólo es mero entretenimiento de unos fans para las fans. Aclaro de nuevo que este fanfic es un Inglaterra x Nueva Atlántida, Spuk (UKsp), Minoico x Chipre Griego, Escocia x Antiguo Egipto, Spamano de momento nada explícito, se da a entender, menciones a GerIta y como se está escribiendo sobre la marcha no se sabe cuántas parejas más, una serie de historias que Remus y yo estamos escribiendo por simple diversión y entretenimiento.
Capítulo 4. La propuesta victoriana y el asalto al Museo Británico.
Inglaterra, tras dos meses de esperar a que Atlántida se decidiera a cumplir su pacto formal y victoriano de noviazgo, seguía esperando ante el teléfono dando golpecitos con un dedo en la mesa cada vez más cabreado.
— ¡¿Por qué Atlántida no me ha llamado todavía?! –gritó el inglés.
— A lo mejor te has inventado esa relación, como a tus amigos imaginarios, ya me extrañaba a mí que tú fueras capaz de ligar con alguien, como nadie te soporta… –exclamó Francia sentado en el sofá de la sala y con los pies apoyados en la mesa sobre el mantelito de ganchillo que había tejido Inglaterra. Los hermanos de Inglaterra, quienes estaban sentados a su lado, apoyaban sus pies de la misma forma que su hermano francés dándole la razón. Inglaterra cruzó como un rayo toda la sala y llevo sus manos al cuello del francés.
— ¡¿Qué demonios haces en mi casa frog?!
— ¡Encima que honro con mi belleza esta lúgubre casa me insultas! ¡Además limpia de vez en cuando idiota! –exclamó Francia sin hacer mucho caso a su estrangulamiento.
— ¡¿Cómo me has llamado?! –en ese momento sonó el teléfono de la casa e Inglaterra casi voló aplastando a todos sus hermanos para alcanzarlo – ¡¿Atlántida?!
— Inglaterra, soy yo, tu hermano España, quería preguntarte si tenías protección solar, Atlántida, Chipre, Romano, Ita-cha, Grecia y yo nos hemos quedado sin ella, ya sabes, por eso de llevar dos meses en la playa y Atlántida dice que no quiere quemarse su piel o no se la acercarán más los chicos, ya sabes cómo son los guiris en Benidorm –la cara de Inglaterra era un poema ante aquellas palabras, su color rojo ira conjuntaba con las cortinas victorianas con las que le estaban cubriendo sus hermanos la cabeza, estaban jugando con fuego de tal manera que las cortinas se incendiaron.
— ¡¿Qué Atlántida qué?!
— ¡Uy! ¿He dicho algo que no debía? –se escuchó al otro lado de la línea la voz de Romano regañándole.
— ¡España, bastardo! ¡Se supone que no podíamos decirle nada de eso a Inglaterra che palle! –gritó el italiano estrangulando a España… o eso parecía oírse al otro lado de la línea.
— ¡Romano! ¡Has tomado demasiados mojitos! –a saber lo que le estaba haciendo porque en ese momento la línea se cortó.
3… 2… 1… ¡BOOM!
La casa de Inglaterra salió volando en pedacitos.
HETALIA
Después de este suceso tan lamentable, Inglaterra viajó a Benidorm lleno de indignación a buscar al grupo de mediterráneos que descansaban en la playa desde hacía mucho tiempo. Romano estaba sentado encima de España intentando hacerle cosas impropias que el inglés decidió ignorar para su bienestar mental, Chipre y Grecia estaban jugando en el agua y pensaréis que qué curioso que Grecia no estuviera dormido, pues sí lo estaba, de hecho se estaba ahogando por dormir bajo el agua, Chipre hacía señales de socorro ante el socorrista que estaba ligando con unas cuantas chicas ignorándole (era italiano), de hecho, Italia del Norte estaba a su lado ligando con unas cuantas chicas también, pero no había ni rastro de Atlántida. Entonces, el inglés, se fijó en un gran grupo de hombres que se encontraban agolpados en un mismo sitio. Receloso, se acercó a ver qué sucedía para encontrarse para su sorpresa (aun que no debería sorprenderse por algo así) con que eran unos ingleses compatriotas suyos ligando con Atlántida precisamente y dándoles su número con excusas como que tampoco se lo tomara muy en serio (tsunderes todos).
— Dejad vuestros números en ese montón de ahí –dijo ella tumbada en bikini y con gafas de sol señalando un montón de papeles con números de teléfono y expresión de desinterés en el rostro. Los ingleses salieron corriendo a dejar su número en la montaña.
Inglaterra, iracundo, eligió entre su equipo pokemon a Escocia para atacar, pero fue rápidamente fulminado por el Sol español que tanto calentaba y acabó tendido sobre la arena con pose de caballero medieval con una palita de playa a modo de espada entre sus manos.
— ¡Atlántida! ¡¿Qué estás haciendo aquí?! ¡Ni si quiera has respondido a mi carta! –gritó este señalándola furioso. Atlántida saltó del susto al escucharle.
— ¡I-Inglaterra! Esto… es que… yo… –oh no, tengo que pensar en alguna forma de escaquearme sin que se enfade y me venga a incordiar más, ¡ya sé! A mi padre no le hará gracia que yo salga con él –es que para salir conmigo antes debes preguntárselo a mi padre.
— ¿Qué? –preguntó Inglaterra, hacía mucho que él no escuchaba esa frase y no se la esperaba por parte de la atlante.
— De verdad, ¡qué indecoroso por tu parte habérmelo pedido en primer lugar y encima haberme venido a buscar para saber mi respuesta sin haberte podido si quiera imaginar el protocolo que siguen estas cosas, y eso que han pasado dos meses! ¡Te imaginaba más caballeroso Inglaterra! –exclamó ella melodramática.
— Uy… perdón, no quería faltar al honor de tu familia, voy ahora mismo a preguntárselo a España –dijo sonrojado por no haber pensado antes en la "obviedad" – ¡España, ¿puedo salir con tu hija Atlántida?! –exclamó gritando y sin moverse del sitio el inglés.
— ¿Eh? Por mí no hay problema, cuídala mucho fusosososo –le gritó el español sin poder prestarle demasiada atención ya que estaba atento de que Romano estaba intentado quitarle torpemente el bañador – ¡Romano, quita! ¡¿Qué estás haciendo?! ¡Agh! –Atlántida se quedó fría ante eso paralizada en el sitio con rayitas de incomodidad made in Germany que tapaban sus ojos.
— B-bueno, lo lógico sería que también preguntases a mi otro padre, ¡es tan protector conmigo! –exclamó la atlante, en ese preciso momento ya estaba Inglaterra marcando el último número del teléfono móvil de Prusia para preguntarle.
— Prusia, ¿puedo salir con Atlántida? –preguntó el inglés al aparato.
— Kesesesese por mí perfecto, así te enseñará a cocinar y a ser tan awesome como el gran yo –expresó el prusiano colgando acto seguido. En Alemania, el propio Alemania escuchó a su hermano en su habitación en ese momento decir "qué guay que soy".
— Bueno, entonces ahora… estamos saliendo querida Atlántida jeje –se rió Inglaterra sonrojado y nervioso. Atlántida estaba fría de la impresión.
— P-pregunta a Chipre si…
— Me parece bien –dijo Chipre apareciendo a su lado antes de que terminara, con Grecia cargando sobre su espalda.
— ¡Traidor! –gritó Atlántida tirándose al cuello de Chipre para estrangularle.
— Tranquilízate Atlántida, esto puede venirnos muy bien, pídele que tengáis una cita en el museo británico y podremos recuperar nuestras riquezas.
— Entonces… no tendría que hacerme cargo de vosotros nunca más –entendió Atlántida separándose al instante de Chipre y sonriendo feliz a Inglaterra –me encantaría entonces salir contigo querido Inglaterra –dijo echándose en sus brazos tan feliz, Inglaterra se sonrojó mucho y la soltó pronto porque decía que no podían ir tan rápido, que tenía que ser cortés.
HETALIA
— ¡Qué desastre! –gritó Chipre al volver a su casa llevándose las manos a la cabeza.
— ¿Qué… pasa… Chipre? –preguntó Grecia adormecido.
— Mi economía ha colapsado, me duele mucho el estómago por eso –dijo el pobre chipriota agarrándose esta parte del cuerpo –estaba guardándole el dinero ilegal a Rusia porque me lo pidió sonriendo y me dio mucho miedo, y entonces vino la Unión Europea (Alemania) y me lo quitó en impuestos. Rusia se va a enfadar ahora mucho.
KOLKOLKOLKOL
— Chipre, ¿no habrás perdido mis ingresos verdad? –preguntó Rusia apareciendo a su espalda y agarrándole con demasiada fuerza el hombro con esa sonrisa tensa y amenazadora de cuando está molesto.
— ¡N-no! ¡S-señor Rusia! ¡No es culpa mía! ¡Me lo ha robado la Unión Europea! ¡No he podido hacer nada para evitarlo! –se excusó Chipre aterrorizado.
— Alemania… que le gusta… quedarse con el dinero… de otros países y arruinarlos –dijo Grecia –tal vez no aprendió de cuando… le destruiste Berlín –dejó caer Grecia con "inocencia" bostezando y volviéndose a dormir. Rusia se ensombreció y empezó a soltar más "Kolkolkolkol" mientras se hundía misteriosamente en la tierra, si es que… es un gigante con pies de barro.
AFUTALIA
— Es… aquí –exclamó Atlántida mirando un papelito con la dirección que le había dado Inglaterra innecesariamente sobre dónde se encontraba el lugar de la cita, el "British Museum" en realidad.
— Recordando las excusas que has dado la última vez intenta estar tranquila y natural, pero no demasiado –la aconsejó Chipre detrás suyo. España, entre tanto, se puso un periódico delante de su cara con unos agujeros para pasar desapercibido.
— Vale, pero… ¿por qué lleváis ambos unos bañadores del siglo pasado y un flotador con forma de patito para entrar en un museo? –preguntó la atlante con una gota de incomodidad sobre su cabeza.
— Nos pareció un buen complemento, nos lo dio Rusia, al parecer era de unos espías comunistas suyos –explicó España alegremente mientras su hija se daba un zape a sí misma.
— Ve~ no me parece bien hacerme pasar por otra persona delante de Inglaterra –inquirió Italia del Norte con el bañador puesto.
— ¡Che palle! Estúpido fratello, ¡eso es precisamente lo que hacía el cejón ese en nuestra casa! –replicó Romano a voz en grito.
— Chst, que quiero dormir –les regañó Grecia en sueños tumbado junto a una de las columnas jónicas del edificio para escándalo para las autoridades.
— Bueno, entonces será mejor entrar –suspiró la atlante caminando hacia el pórtico y casi matándose con los escalones de la entrada, al final, para subirlos, necesitó que España la llevara en brazos por si no habían llamado suficiente la atención.
— Nadie ha querido escuchar mi opinión –lloriqueó Portugal a un lado de la entrada al ver que pasaban de él. Los guardias cerraron la puerta antes de que pudiera pasar al pensarse que no quedaba nadie.
CHIBIHISPANIA
— Hola, soy Portugal, aun que mis hermanos insisten en llamarme Lusitania y soy el próximo marido de Inglaterra, he estado muchos años casado con mi hermano España…
— INCESTO~ –gritó una voz proveniente del mar que más parecía salida de ultratumba.
— Pero no ha salido bien el matrimonio, pensaba que iba a mejorar mi economía pero España me ha dado muchos problemas y me ha causado muchos enemigos, ahora estoy enamorado de Inglaterra y me voy a casar con él –inquirió Portugal emocionado.
— Eso, eso –dijo una princesa portuguesa no muy convencida, esta está más recelosa.
Portugal miró con una gota de incomodidad a su princesa mientras avanzaban hacia un austero altar (si es que estos protestantes [los protestantes protestaron por esto]) en donde Inglaterra y su rey ya se encontraban un poco en plan macarrillas (sólo un poco).
— Saludos hermano Inglaterra, me alegro mucho de verte, aquí está mi princesa –sonrió Portugal poniéndose un velo en su coleta.
— Sí, sí, por cierto, ¿va a venir tu hermano a la boda? –preguntó el inglés desinteresado mirando a todos lados buscando a cierto español.
— Sí, muchas gracias, ¿dónde está la dote? –preguntó el rey Carlos II de Inglaterra.
— Aquí está –dijo Portugal desplegando un saco de patatas que había estado cargando, en el que llevaba a la India atado y secuestrado (es que también tenía mucha fuerza, estos brutos íberos [lo dicen otros íberos]).
Los dos ingleses se tiraron ansiosos por su nueva y rica colonia el cual lloriqueó sabiendo que pasarían muchos siglos antes de que pudiese liberarse.
— No me hagas mucho caso, pero creo que estos se quieren aprovechar de nosotros –dijo la princesa con dramatismo.
— Bueno, no creo… Inglaterra, ¿tú me quieres no? –preguntó Portugal indeciso.
— ¿Tú quién eres? –cuestionó Inglaterra. Y así fue como empezaron a olvidarse de Portugal.
HETALIA
— ¡Hermano! ¡Inglaterra se ha aprovechado de mí y me ha quitado todas mis colonias asiáticas! –lloriqueó Portugal abrazando a España de sus piernas, el cual mostraba un aspecto de pirata destartalado.
— ¿Acaso te sorprende? Por cierto, ¿tú quién eres? –inquirió el español despistado.
— ¡¿Tú también hermano?! ¡Soy Portugal!
HETALIA
Inglaterra daba vueltas en círculos mal hechos alrededor de la entrada del museo esperando a Atlántida sin dejar de acomodarse la corbata e intentar alisarse el pelo con la mano inútilmente (es que siempre hay mucha humedad en su ambiente), hacía muchos siglos que no salía así con nadie y con Atlántida nunca sabía cómo llevar el protocolo. De pronto, escuchó un pitido extraño procedente de la entrada del museo junto con una riña un poco escandalosa de las autoridades. Curioso, se acercó al portón para ver que sucedía sólo para ver a un hombre vestido con un bañador del siglo pasado sacando montones y montones de cobre de sus bolsillos ante el escándalo de las autoridades y a Atlántida a su lado intentando ponerse los zapatos tras pasar por el detector y escurriéndose en el intento. El inglés corrió a recogerla sorprendido consiguiendo parar su caída a pocos metros del suelo.
— ¡Atlántida, ¿estás bien?! –preguntó Inglaterra desconcertado.
— ¡Claro que mi genialidad está bien, aparta! –respondió la atlante apartándole mu brutica ella.
— Em… ¿vale? –inquirió Inglaterra desconcertado ante la actitud de la atlante.
— Bueno, ¿vamos a esa cita o no? –cuestionó muy campechana terminando de ponerse los zapatos apoyada en Inglaterra.
— Eh… supongo…
— ¡Atlántida, espéranos! –gritó un hombre acercándose a la atlante. Inglaterra frunció el ceño molesto al ver que aquellos hombres extraños que la acompañaban eran los que vestían ese traje ridículo y cuyo rostro estaba tapado cutremente con unas gafas con narices y bigotes falsos.
— ¿Quién es esta gente? –preguntó el inglés sin querer mirarles demasiado, le daba vergüenza, pensaba que le podrían pegar algo.
— Eh… son… atlantes ¡sí! Vienen de turismo, es que estamos en crisis Inglaterra, hay que ahorrar en transportes –se rió Atlántida nerviosa y temblando con las manos en jarra sobre sus caderas.
— Como sea… pero… ¿por qué visten de esa manera… y llevan… esas cosas? –siguió preguntando el inglés desconcertado.
— ¡Ah! Esto… ¡es la última moda en la Atlántida! ¡Sí! ¡¿Es que no lo sabías Inglaterra?! ¡Sí que estás anticuado! Fusesesese –se rió Atlántida más nerviosa aún y gesticulando. Inglaterra sabía que era un poco hortera con sus modas, ¡pero eso era demasiado exagerado!
— Bueno… será mejor que… sigamos –concordó Inglaterra un poco exasperado.
Empezaron el tour por el museo que era un lugar muy laberíntico (de hecho perdieron al resto del equipo de esperpentos en la primera esquina, de lo cual Inglaterra se alegró, Atlántida también lo hizo, pero por diferentes motivos). Todas las salas estaban decoradas muy monumentalmente y llenas de reliquias de otros países, prácticamente no había nada Inglés.
— … y estas son las joyas de mi casa –explicaba el inglés pomposamente señalando una vasija claramente no inglesa, de hecho salía Antigua Grecia durmiendo dibujada en ella.
— Parece que te gustaba robar cosas de otros países cuando eras pirata –señaló la atlante mirándole con una gota en la cabeza y rayas de incomodidad made in Germany.
— ¡Eso no es cierto! –se apresuró en desmentir el inglés –yo no soy un vulgar ladrón, soy un caballero –inquirió él con orgullo.
— Em… –exclamó Atlántida señalando un cuadro al fondo de la estancia en el cual se veía a Inglaterra pirata con un montón de objetos y tesoros robados de otros países a sus pies.
— … Sabía que no hacía bien en dejar ese cuadro ahí –dijo Inglaterra.
MIENTRAS TANTO, EL PATÉTICO GRUPO DE LADRONES MEDITERRÁNEOS…
— Papá, ¿esto era tuyo o era mío? –preguntó Chipre sujetando una pequeña estatuilla de una diosa griega.
— No sé, mira en la base… a ver que pone –dijo Grecia en un bostezo tirado por ahí. Chipre miró extrañado en la base de la estatuilla mirando raro a su padre donde ponía "made in China".
— ¡Qué pasada! –gritó Chipre sorprendido.
— ¡Grecia, idiota! No tenemos mucho tiempo, podrían pillarnos en cualquier momento –gruñó Romano recogiendo unos cuantos tesoros de Pompeya.
— Ve~ tengo miedo de que Inglaterra se enfade con nosotros… ¿tú qué piensas hermano España? ¿Hermano? –preguntó Veneciano buscando a su hermano mayor que estaba sobre un montón de tesoros encima que iba recogiendo.
— Esto es mío, mío, mío, mío… –exclamaba España apropiándose tesoros que ni si quiera eran suyos.
— Ve~ ¿cómo es que no ha saltado la alarma después de romper las vitrinas? –preguntó Italia al ver la que estaban montando.
— Ah… eso se debe a que… mientras me quitaba el cobre en el puesto de seguridad dejé libre a Leviatán y le encargué una misión espía.
No muy lejos de ahí, una pequeña lagartija mordisqueaba los cables de seguridad con saña y apagaba las alarmas sufriendo algún que otro chispazo. En otro lugar, Atlántida miraba a todos lados cada vez que cambiaban de sala no tuviera que hacer otro numerito de los suyos, que siempre acababan mal.
— …Y aquí está la Puerta de Babilonia –explicaba el inglés orgulloso dándose aires. Atlántida miró las esfinges de ocho metros de altura con una gota de incomodidad en la cabeza.
— ¡Para eso podrías haberte llevado también los portones! Ah… no… que están aquí también –exclamó señalando una puerta de madera de diez metros con una imagen grabada del propio Babilonia con expresión de "El Grito".
— Sí… bueno, no creí que nadie se diera cuenta –inquirió el inglés con una gota en la cabeza.
— ¡Nadie se da cuenta si te llevas una estatuilla enana! ¡Son unas puertas de diez metros Inglaterra! –exclamó la atlante escandalizada –malditos piratas ladrones –resopló rascándose la cabeza.
MIENTRAS, CON LA PANDA DE LADRONES MEDITERRÁNEOS…
Llegaron finalmente a una nueva sala dónde había arte del mediterráneo oriental así como un montón de estatuas egipcias y hasta un templo griego entero que Grecia intentaba guardar en su bolsillo.
— ¡Ay mira, un armario, me pregunto qué habrá guardado dentro Inglaterra! –Romano intentó detenerle antes de que abriera un sarcófago egipcio, pero era demasiado tarde. Dentro del sarcófago salió un montón de niebla a lo película de terror y unos ojos perezosos brillaron en la oscuridad. Y entonces España recibió un vasijazo del que salió también un país amodorrado de pelo largo, negro y un poco rizado – ¡Qué pasada! ¡Habían países dentro! –gritó España en el suelo por el vasijazo arreado. Entre tanto, el país que había salido disparado cayó encima de Chipre que fue aplastado sin remedio.
— Yaoi~ –exclamó Grecia entre las ruinas del templo señalando a su hijo y al moreno. Del sarcófago salió una mujer egipcia blandiendo una vasija de un metro de altura y amenazante y con expresión perezosa apunto de rematar a España con ella.
— ¡Kyaaaaa!
— ¿Qué ha sido eso? –preguntó Inglaterra metiéndose en la misma sala en la que estaban todos.
— ¡Pillada! –gritó Atlántida horrorizada.
La pareja se encontró al grupo de mendrugos mediterráneos sepultados bajo antiguas estatuas egipcias que Antiguo Egipto les había lanzado acusándoles de ingleses. Entre tanto, Chipre se había puesto a hablar con el chico moreno que tenía una expresión seria y no hacía mucho caso, aun que llamaba eso mucho la atención porque el moreno aún estaba encima suyo e iba prácticamente desnudo. La egipcia, que llevaba sus pechos al descubierto, miró a Inglaterra con expresión de odio al reconocerle y tomó otra vasija minoica para golpearle con ella.
— Me suena de algo esa mujer –exclamó Atlántida confusa.
— ¡¿Pero qué demonios pasa aquí?! –preguntó el inglés mirando el panorama asustado – ¡Atlántida! ¿Es esto culpa tuya? –acusó el inglés volviéndose hacia ella.
— Más o menos… –respondió Atlántida. Inglaterra, muy molesto, intentó tirarse a por ella a ponerla un collar de colonia, pero por haberse olvidado de la egipcia acabó con una vasija por cabeza – ¡ah! Ya me acuerdo, eres Antiguo Egipto fusesese, soy la reencarnación de Atlántida, mucho gusto –se presentó Atlántida pasando de todo.
— … Es un placer encontrar a alguien conocido –dijo la egipcia con sus asuntos al aire dándola la mano mientras Inglaterra se chocaba contra las paredes por la vasija.
— ¡Ah! He encontrado las columnas que el inglés me robó de la Mezquita de Córdoba –dijo España. Todos le miraron con espanto, hasta Egipto y el joven moreno.
— ¡España, bastardo! ¡Que eso es una viga de carga! –dijo Romano señalando la columna que claramente era del siglo XX, pero el techo de la sala les impidió seguir hablando al caérseles sobre las cabezas con estruendo.
HETALIA
N/A: Ok, ahora sí me podéis matar y a Antonio también por tonto, que cada día demuestra que es más tonto. Tenemos que mostrar más de su tontería... aun que es difícil después de lo de la viga de carga pero estoy segura de que se puede y dejarle peor seguro que lo podemos hacer hasta mejor (¿?) aun que Eternia también está haciendo sus pinitos. Lo que no sé es cómo se la creen. Bueno, como sé que me vas a matar ya sabéis que los reviews están en ese cuadrito de abajo tan mono, sí, ese. Pues ya (¿?).
