El tren no llegará hasta dentro de dos semanas, en estas dos semanas me la paso cazando, comiendo, llorando y apenas durmiendo. También intento hablar con mi madre por lo menos cada 3 días, es aun algo difícil encontrar algún tema de conversación que no sea doloroso, pero intentamos recuperarnos y ayudarnos. Como esta en el Distrito 4 se que probablemente le guste el mar aunque nunca hablamos de nuestra vida actual, nos dedicamos a decir que hicimos durante el día y que nos ha mantenido alejadas de los recuerdos. Solo he visto a Haymitch unas pocas ocasiones, cuando esta borracho que se asoma por su ventana y me grita alguna incoherencia, pero no he entablado una conversación con él a fondo. El Dr. Aurelius indicó que aunque aun no me encontraba perfectamente, dijo que podíamos hablar cada dos días y eso está bien. No he hablado con Peeta desde que rechazo totalmente mi compañía en algo que nos ayudaría a los dos. Un día antes de que llegará el tren, ya estaba desechando completamente la idea, la verdad es que mi letra no es de lo más bonita, no puedo grabar mi voz en un libro y no se dibujar, pensé que Peeta me ayudaría pero sabe que soy un monstruo, sabe que destruyo personas y es mi culpa que sean infelices, a excepto de Haymitch, él solito se lo busco.

Estoy desayunando, siempre ignoro a Peeta hasta intento evitar mirarlo.

-Katniss. – No volteo a mirarlo directamente y me limito a seguir jugeteando con la comida de mi plato –Katniss, te estoy hablando.

-¡Que! –a pesar de que lo dije con coraje, no salió ni de grito, es como si hubiera hablado normalmente.

-Se que estas molesta por lo de hace unos días, pero quiero que sepas que le pregunte al Dr. Aurelius y el dice que si puedo ayudarte, que si me servirá –dice esto alegre, como si fuera bueno estar conmigo.

Intento reprimir una sonrisa, no sé porque intento evitarla, pero al final una pequeña sonrisa se forma en mi cara. Hace tanto que no sentía emoción por el día que me esperara mañana.

-Que bien –digo en un susurro aun con la sonrisa en mi cara, me levanto rápidamente, tomo mi arco y carcaj de flechas y cuando estoy a punto de irme, escucho

-Haré un pastel, deberías llegar temprano para probarlo –dice esto sabiendo que aunque me diga que debería cometer suicidio, probablemente le haría caso. Escuchando eso me comprometo a llegar antes para ver cómo termina el glaseado y salgo a cazar.

Después de varios días cazando regularmente, he mejorado bastante, tengo un tiro más limpio, escucho mejor las presas y se donde disparar para asegurar una muerte sin dolor. Me recuesto sobre la hierba, mirando las nubes y veo el sol, deben de ser alrededor de las dos. ¡DOS! Debo llegar antes para ver a Peeta. Tomo mis cosas y corro hacia la alambrada, la cruzo y voy hacia mi casa.

Llego sudando, terriblemente cansada y mareada.

-¿Katniss? –Es Peeta mirándome preocupado, como si una vez más se me hubiera zafado un tornillo.

Estoy muy mareada, me duele la sien, coloco mi mano sobre ese punto donde duele mucho y me dispongo a repetir mi juego de palabras.

Mi nombre es Katniss Everdeen. Tengo diecisiete años. Vivo en el Distrito doce. Estuve en los Juegos del Hambre, dos veces. Peeta Mellark fue un vencedor conmigo. Es mi vecino. Es mi amigo. Me gustan sus rizos dorados y ojos azules.

Abro los ojos lentamente y me encuentro con su cara, no tan cerca para asustarme pero está sosteniendo mis hombros como temiendo que me cayera.

-¿Estás bien? –dice frunciendo el ceño

-Me maree… Corriendo hacia acá –digo en un murmullo. Peeta comienza a reír. Suena bastante bien, suena… normal, casi sonrió pensando en su risa.

-Debes de tener una buena razón para correr hacia tu casa –ríe un poco más, me ruborizo – ¿Te perseguía un oso? –bromea conmigo pero sé que por debajo de la broma, tiene curiosidad.

-Venia a ver el pastel –se queda callado pero con una ligera sonrisa

-Se está horneando –dice viendo el horno –Dije que me gustaría que lo comieras, no que arriesgaras el botín del bosque para verlo terminándose de hornear.

Me convierto de un rosa a un rojo que me quema las mejillas y Peeta ríe más. Bajo la mirada.

-Eh… Quisiera ver… -me quedo callada, dejando la frase inconclusa.

-Quisieras ver… ¿Cómo quemo el pastel? –sonrió y niego lentamente

-Como… lo terminas –levanto la cara y veo en su cara confusión

-No sabía que quisieras ver el glaseado –dice frunciendo el ceño

-¿Por qué? –me confundo, ¿Tiene algún recuerdo de mi odiando su glaseado? Suena improbable.

-Olvídalo - Peeta me sonríe de forma cálida. Suena la campanilla del horno, haciendo que los dos sonriamos, rompiendo la tensión del momento.

Peeta saca el pastel y lo pone en la mesa, es común, pan blanco, pero no por eso menos rico, me pregunto si algo que cocina no le saldrá bien.

-Debemos esperar, como acaba de salir está muy caliente –me hace una sonrisa ligera. Asiento.

-Prim te arrastraba a la panadería a ver los pasteles –dice, intento no llorar -¿Real o no real?

-Real, ella… -me aclaro el nudo de la garganta – Ella era muy feliz viéndolos, era lo único bonito del distrito y no le quería arrebatar eso.

Volteo a ver a Peeta y a pesar de estar parado, sostiene muy fuertemente la mesa, está viendo el suelo pero veo sus ojos con nubes y oscuros. Sé que estoy en peligro, por lo que todo lo que se me ocurre es alejarme lentamente de él, no me pone atención lo que es bueno porque quiere decir que no me va a matar. Estoy casi saliendo cuando escucho su voz.

-Lo siento, ya acabo –duda un segundo – Suelo tener uno por día, no te preocupes.

No digo nada, no sé que tanto recordó o que fue lo que lo alteró

-Por tu culpa fue ese bombardeo en el Distrito –me duele que piense eso -¿Real o no real? -

¿En serio no puede ver eso?

-No real –quiero agregar algo y solo se me ocurre –Yo no sabía lo que había pasado, estaba inconsciente.

Peeta me mira, asiente y sonríe

-Perdón, sé que es difícil, pero lo superaremos.

Me quedo callada, no sé porque usa un nosotros, el ya no me ama, ni si quiera sé si somos amigos, solo sé que podemos intentarlo, esta vez no hay presiones, no tenemos que relacionarnos si no quisiéramos, pero hemos pasado tantas cosas juntos que decidimos ser amigos.

Me muevo estáticamente hacia él y como yo nunca he sido buena con las palabras lo único que hago es sonreír, una sonrisa sincera y buena, como si en verdad lo sintiera.

Me sonríe igual pero un poco tembloroso y se voltea

-Debería comenzar con el glaseado –me dice sacando las cosas y diferentes tonos.

-Estaba pensando en decorarlo de forma natural, algo no muy complicado, ¿Tu qué crees?

Me mira con sus ojos llenos de dudas, así me siento yo acerca de él.

Asiento, y me quedo pensando un segundo

-Me gustaría que le pusieras algunas flores – digo de todo corazón, en verdad sus decorados son preciosos, nunca entenderé la forma en que unas manos que parecen tan toscas puedan hacer tan pequeños intricados y figuras

-Está bien, solo para complacerte –me dedica una sonrisa totalmente autentica de Peeta.

Saca los ingredientes y comienza a mezclarlos, parece increíblemente feliz, debe de serlo, así como yo me siento para cazar, el se siente así cocinando, decorando y horneando, la única diferencia es que él sabe hacer un millón de cosas más que yo. Estoy tan sumida en mis pensamientos que tiene que repetir mi nombre dos veces para que lo escuche

-¿Katniss? –dice sonriendo

-¿Qué pasa? –volteo a mirarlo, tiene en sus manos varios colores.

-¿Cuál te gustaría? –Tiene un azul, un verde, amarillo y rosa –A mí me gusta más el azul, se ve mejor.

El azul va perfectamente con los ojos de Prim, es un azul tan bonito que solo me puedo sentir feliz de verlo, uno creería que todos los ojos de la misma tonalidad son lo mismo, pero no es así.

Los ojos de Peeta y Prim son azules, pero no el mismo azul. Los de Prim eran color azul cielo, totalmente sin nubes. Los de Peeta en cambio eran de un azul un poco más oscuros, el azul que parece mar. Los dos azules me parecen hermosos y me llenan de tranquilidad.

-El azul es perfecto –digo con un nudo en el estomago. Extraño a Prim

Peeta le agrega el colorante azul a la mezcla y lo revuelve.

-Ya está. Ahora es tiempo de decorar.

Se sienta en la mesa con el pastel alado y el glaseado, saca un cuchillo y comienza a untar. Me siento enfrente a él, viendo como sus manos trabajan.

-Así que, esto es una terapia para mí –me mira sonriendo -¿Cuál será la tuya?

-Estoy cazando –digo seria después lo recuerdo –Y estaba pensando en algún tipo de memoria, donde pueda guardar recuerdos.

-¿Cómo tu libro familiar de plantas y bayas? –dice curioso. La verdad no lo había visto de esa forma.

-Sí. –Parece una buena forma, dibujar recuerdos o las personas y poner que hicieron y quienes fueron.

-Y… ¿Cómo puedo ayudar yo?

-¿Dibujando? Estaba esperando que se te ocurriera algo –Peeta ríe suavemente.

-Si… Puedo dibujar y tú escribir

-Está bien

-¿Es un trato?

Sonrió durante unos segundos –Si.

La tarde pasa lentamente mientras veo a Peeta hacer el glaseado, ambos estamos muy callados, sé que mi cabeza no piensa en nada, pero Peeta frunce el ceño y después lo relaja y sé que algo le pasa. Le sonrió dándole seguridad. Abre la boca y dice

-Katniss, ¿Por qué te quería? – trago saliva, no sé porque cuando dice esto, me quema.

-Una vez dijiste que cuando cantaba, hacia que los pájaros dejaran de hacerlo. –Veo la mesa, apretando los puños e intentando no llorar

-¿No es porque eras fuerte, valiente y bonita? –me dice confundido

-No lo sé, nunca lo he entendido.

Nos quedamos en silencio de nuevo.

-Listo –se levanta y empieza a recoger las cosas, veo el pastel, tiene flores de un azul más oscuro que lo demás, es precioso.

-Puedes probarlo, es para comerlo. –Me sonríe dándome valor, me sirvo en un plato y comienzo a comerlo.

-Peeta… -Me debato en que decir, el pastel es realmente rico, pero siento que hay algo detrás de mis palabras –Esta delicioso.

-Qué bueno que te guste –se sonroja. ¿Desde cuándo Peeta se sonroja cuando yo digo algo?

Termina de recoger la cocina y se sirve un trozo.

-Bueno, debería ir a casa, le llevaré algo a Haymitch –me mira y me hace una sonrisa cordial

Quiero decirle algo, pero no tengo ni idea de que.

-Está bien. Adiós

Subo lentamente a mi cuarto, voy por ropa nueva interior y por una camisa vieja para dormir. Me meto al baño, me doy una ducha con agua caliente haciendo que me relaje, en verdad que tantas emociones en un día me dejaron cansada y me duele la sien. Me aprieto suavemente la cicatriz de la cabeza y rápidamente se me quita el dolor. Salgo de la ducha, me pongo la ropa y me trenzo el cabello que está muy húmedo aun. Entro a mi cuarto y me tiro a la cama, durmiendo rápidamente.