Capítulo IV
Tirar una piedra a una paloma:
El comienzo de una guerra.
—¿Qué sucede? ¿Por qué tanto alboroto? —exigía saber Rachel, ese comportamiento tan raro por parte de los soldados la ponía nerviosa.
—Durante la fiesta los invitados han sido atacados por los gitanos, nos tomaron por sorpresa, nunca nos hubiéramos imaginado nada igual, la guardia junto con sus padres y algunos otros nobles guerreros han dado la cara para pelear, pero igual hubo muchos heridos entre ellos su madre, Princesa —explicó el guardia seriamente.
—¿Los gitanos? pero si esa gente es pacífica —dijo Rachel sin comprender, y luego pensó en su madre, ¿Qué le había pasado a su madre?
—Todos creíamos eso, pero ahora nos han demostrado lo contrario y esta debe ser la verdadera cara de esas personas, salvajes, lo debimos haber sospechado desde un principio por sus costumbres tan extrañas, no sabemos que tribu fue la que nos atacó exactamente, pero los estamos buscando —anunció con temple el soldado.
Después de escuchar aquello Rachel inmediatamente pensó en Bestian y sintió mucha confusión y tristeza. Llegaron rápidamente al palacio, en el transcurso del camino había comenzado a llover. Rachel fue recibida por Sizta, quien la esperaba con una capa para cubrirla y cara de preocupación en la entrada.
—Mi niña Rachel ¿se encuentra bien?, yo estaba demás de angustiada —dijo abrazando a la niña.
—Sí, estoy bien Sizta —aseguró Rachel sintiendo que Sizta la apretaba como sino creyera que estaba ahí —Quiero ver a mi madre Sizta, los guardias me dijeron que estaba herida ¿Ya la han curado? llévame a su habitación de seguro querrá verme —pidió Rachel tranquilamente, sin imaginarse siquiera lo mal que estaba su madre, en su mente infantil era probable que pensara que nada podía dañar a sus padres.
Sizta miro con lastima a la pequeña inocente sin que ella se percatara.
—Claro Princesa, la llevare con su madre —dijo la nana mostrando una sonrisa triste.
Sizta subió con Rachel y algunos guardias a los aposentos de La Emperatriz. Todos estaba en completo silencio lo que le permitió a Rachel escuchar con claridad los gritos que daba alguién en un pasillo que estaban próximos a pasar, y fue en el momento en que lo hicieron que divisó la figura de su amiga Kory, la dueña de esos gritos; estaba bañada en llanto tratando de abrir una puerta a golpes mientras dos sirvientas luchaban por contenerla.
—Kory —pronunció Rachel que quería ir a ver que le pasaba, pero Sizta la obligó con suavidad a que siguieran con su camino. —Pero ¿qué...
—Luego le explicare —Fue todo con lo que se excusó la nodriza.
Cuando por fin llegaron a la habitación real, el panorama que vio la niña no era nada alentador. Su padre estaba sentado en una silla tapándose el ojo izquierdo con un bulto de trapos ensangrentados, era la primera vez que Rachel veía a su padre con una apariencia tan lastimera y derrotada. Detrás de él estaba el médico de la familia, aparentemente tratando de que El Emperador le dejara ver la herida, pero él se negaba.
—¿Padre, qué te han hecho? —chilló Rachel soltándose de la mano de Sizta para correr al regazo de su padre.
—¡Mi niñita, estas viva! —exclamó en tono ahogado, pero emocionado, abrazando a Rachel con la mano que tenía libre. —Pensaba que te había perdido a ti también —dijo tristemente aliviado.
Rachel se separó un poco de su padre y lo miró compungida.
—¿Y mamá? —preguntó temerosa de la respuesta.
Trigon hizo el intento, pero no le salieron las palabras, por ello solo levanto su mano y señaló a su hija que fuera hasta la cama. Rachel camino lentamente hasta su madre, las finas cortinas blancas de la cama estaban corridas y Rachel solo las abrió lo suficiente para poder subirse a la cama y sentarse junto a su madre, la cual estaba tendida en el medio de la cama, completamente palida, con el abdomen cubierto por un montón de vendajes que tenían una mancha de sangre que cada vez se hacia más grande; una hemorragia incontenible, del otro lado de La Emperetriz se encontraba una criada colocándole paños de agua fresca en la cabeza.
—Madre —susurró Rachel tomándole delicadamente la mano a su mamá, temiendo terminar de romperla.
Arella abrió los ojos con dificultad y le sonrió levemente a su hija.
—Mi niña, me alegra tanto que estés bien —habló casi sin fuerzas. —Ahora me puedo ir tranquila —dijo serenamente.
—¿Irte? ¿A dónde? —inquirió Rachel llena de miedo, con los ojos vidriosos.
—A un lugar que esta muy lejos y que es muy hermoso —dijo Arella como si le contará un cuento a su hija, le acarició el cabello como pudo y agregó —Sera mejor que te de tu regalo de cumpleaños ahora.
—Yo solo quiero que te pongas bien, madre —lloró quedamente Rachel, acurrucándose en el hombro de Arella.
Arella le siguió acariciando el cabello intentando consolarla, «Como me apena el verte llorar, toma mi mano, siéntela, yo te protejo de cualquier cosa, no llores más aquí estoy» le cantó a Rachel volviendo a tomarla de la mano y luego deshaciendo el agarre dejando una cadena en la pequeña mano de la niña.
—¿Madre, por qué me das tu collar favorito? —preguntó La Princesa examinando la prenda a la vez que las lagrimas corrían lentamente por sus mejillas.
La cadena era larga, hecha de fino oro blanco y de ella colgaba un medallón redondo, que en el borde tenía grabados unos símbolos que poseían pequeñas piedras de aguamarina incrustadas, y en medio del círculo había un flecha que giraba cuando Rachel movía el collar, decorada con las mismas gemas que los signos a su alrededor.
—Ahora es tuyo, Mi Ángel, yo ya no lo necesito a donde voy —razonó la mujer hablando con suavidad. —Ese no es un simple collar Rachel, tu abuela Atenea me lo heredó cuando me convertí en una hija de Menchi al casarme con tu padre, lo llamaba "El corazón de Menchi"y me contó una historia sobre el. Me dijo que toda Emperatriz debía tenerlo, debido a que con su ayuda seria capaz de guiar siempre por el buen camino a su pueblo, porque una soberana que escucha a su corazón y al de su gente nunca tienes dudas de sus decisiones. También me dijo, que el medallón tiene dos hermanos, cuyo paradero se desconoce, pero que si alguna vez Menchi necesitara realmente la ayuda de su corazón, los tres collares encontraran la forma de reunirse y, según la leyenda, se desatara un gran poder que ayudara a las dueñas de cada parte del corazón a combatir y vencer a aquello que amenace con perturbar la paz de esta tierra. —concluyó La Emperatriz con un hilo de voz.
—¿Qué significan estos signos? —indagó Rachel, ya que jamás había visto los símbolos que estaban en el medallón.
—Más adelante, el mismo te lo dirá —dijo misteriosamente Arella.
De repente la mujer tuvo una terrible oleada de dolor, que la hizo gemir y toser sangre, manchando la cama aun más de lo que estaba.
—¡MAMÁ!
—No me queda tiempo Rachel, solo quiero que siempre recuerdes que sin importar lo que pase yo siempre estaré contigo y que siempre te cuidaré, ahora tú serás la nueva suprema gobernante de nuestra nación y la dueña de esta responsabilidad —dijo levantando el medallón desesperadamente, tratando de buscar fuerzas, pero su brazo de inmediato volvió a caer. —Te amo, Mi Ángel —respiró sus ultimas palabras La Emperatriz de Menchi, para luego partir para siempre de aquel plano.
Rachel se había quedado helada, mirando a su madre con las pupilas dilatadas, la criada que segundos atras colocaba los paños de agua en la frente de su señora ahora le cerraba los ojos con delicadeza. Rachel no podía creer que su madre acabara de morir, de inmediato sintió un horrible dolor en el pecho, como si su corazón se partiera en dos, en pedazos fríos que se encogían en su interior y las lagrimas que brotaban de sus ojos no tenían control alguno.
—¡Madre! ¡Madre, por favor no te vayas! ¡Te necesitamos, madre! ¡MADRE!—gritaba Rachel totalmente desconsolada zarandeando el cadáver de su madre.
—Guardias —llamó El Emperador atormentado una vez que supo que Arella había muerto —Llévense a mi hija a su cuarto y también a lo otra niña, Sizta quiero que las alistes para el funeral —ordenó en tono sepulcral.
—Como diga Mi Señor —acató Sizta cubriéndose la cara con un pañuelo para secar sus lagrimas —Traigan a Rachel, por favor y búsquenme a Korian.
Rachel gritaba a todo pulmón mientras se la llevaban a la fuerza de la habitación.
—¡MADRE! DEJENME, QUIERO ESTAR CON MI MADRE, ¡SULTENME, DEJENME CON ELLA!
Horas después se realizó el funeral de La Emperatriz Arella y los dos nobles que habían entregado su vida por proteger a la corona y a su hija, El Barón y La Baronesa de Tamaran, los padres de Kory. Las niñas bajaron junto con Sizta, ambas estaban vestidas de negro y sin muchos adornos, la niña de Tamaran lloraba con desaforado dolor, pero Rachel ya no lloraba, llevaba su tristeza en silencio, se sentía seca. En el funeral, estaba reunida toda la raza, afligida, y todo el lugar estaba cubierto de flores que dejaban caer gotas que habían agarrado a la lluvia, era como si ellas también llorarán.
—Hoy es un día triste para Menchi, porque nos hemos reunido para dar el ultimo adiós a una gran gobernante de esta tierra, La Emperatriz Arella, esposa de Trigon y madre de Rachel, y a dos grandes guerreros nobles a la corona, muy estimados por nuestra soberana, El Barón y La Baronesa Myan y Luany de Tamaran, padres de Korian, ellos pelearon valientemente por su reino, por su gente y sus memorias deben ser honradas y recordadas con respeto —expresó el sacerdote con pesar.
Al decir esas ultimas palabras, los ataúdes empezaron a descender.
—NO —gritó Kory tratando de lanzarse sobre los féretros de sus padres.
Los guardias la contuvieron al instante.
—Quiero ir con mis padres, me quiero morir con ellos, ¡No entienden! ¡No me queda nada!—gritaba la pelirroja a todo pulmón.
En ese momento Rachel le paso la mano por la cabeza y le acaricio el pelo demostrándole su apoyo, porque la verdad era, que aunque ella parecía distante, la invadía el mismo dolor que ha Kory. Ese gesto calmo un poco a la pequeña tamaraniana.
—Sizta, llévate a las niñas a la habitación de Rachel, ya fue suficiente —ordenó Trigon sin poder soportar más aquella escena.
—Sí Señor.
—Y por favor explicale a la pequeña de Tamaran cual será su destino de ahora en adelante —agregó antes de que Sizta fuera por las niñas.
Una vez en la habitación de Rachel, Sizta preparo a las dos tristes niñas para dormir, las metió en la cama y les empezó a conversar para distraerlas.
—Ya pequeñas —Les habló dulcemente —Es normal que estén tristes, pero tienen que entender que estas cosas pasan y no se puede hacer nada. Korian, ahora vas a vivir aquí en el palacio con nosotros y serás tratada igual que en tu casa, ahora eres la dama de compañía de Rachel, bueno, damita —Se corrigió simpáticamente —Veras, en breve toda la fortuna de tu familia pasara a una de las bóvedas acorazadas del Emperador, él velara por multiplicar ese dinero del cual tú podrás disponer en cuanto cumplas la mayoría de edad, El Emperador también vera que te cases con un buen partido y te eduques bien, que cuidara de ti fue uno de los últimos deseos de La Emperatriz antes de morir —reveló Sizta.
—No quiero vivir de la caridad, quiero irme a mi casa —riñó Kory dolida.
—Trate de entender, niña.
—No me digas niña, esclava, mi nombre es Korian —La regañó, tenía los ojos verdes enrojecidos de tanto llorar.
—Kory calma, se que la gente de Tamaran es algo ortodoxa, pero ella es mi nodriza y te pediré que las trates con respeto ya que ahora se encargara también de ti —Le dijo Rachel severamente.
—Le daré tiempo, ya se acostumbrara a mí, niña Kory —manifestó optimista la cuidadora.
—Kory ¿Tu madre era gitana? —Rachel había querido hacerle esa pregunta Kori desde el funeral.
La eludida desvió la mirada hacia la ventana, miraba como nuevamente la lluvia resbalaba por los cristales, meditando su respuesta.
—Sí, mi madre nació en una tribu gitana en Azarath, de ahí se conocían ella y tu madre —comenzó a contar la niña —Pero aunque antes las relaciones entre gitanos y civiles eran aceptadas y llevaderas, igual había reglas, un gitano no se puede unir a un noble, ni viceversa, pero mis padres se enamoraron y querían estar juntos, por eso la comuna de mi madre la renegó por querer a un uniformado, eran una tribu muy arraigada en sus costumbres. Así que mi madre se fue con mi padre a Tamaran donde se bautizo como hija de Menchi y de esa manera se pudo casar con él y recibir el título de Baronesa —Kory concluyó, he hizo una pausa antes de agregar —Nunca conocí a mis abuelos maternos y antes tenía curiosidad de saber como eran, pero ahora... No quiero saber nada sobre esa gente, yo soy descendiente de una noble cuna, mi madre era una gran mujer, no una salvaje traicionera, ni yo tampoco lo soy —dictaminó Kory de manera sombría, con la carita demacrada.
—Se que no lo eres —aceptó Rachel y abrazo a Kory. —Ahora esa gente, solo es merecedora de nuestro desprecio.
—Princesa, no debe expresarse de ese modo.
Rachel se para en la cama y ve severamente a Sizta.
—¿Y cómo debo expresarme de esa gente, Sizta?, me quitaron a mi madre, hirieron el orgullo de mi padre, encendieron la llama del caos en Menchi y por eso juro que mientras yo gobierne y sea La Princesa Rachel de Menchi aprenderé a pelear y voy a acabar con todos ellos, sus vidas no valen nada comparadas a lo que valía la vida mi madre —sentenció Rachel.
Kory la miró con admiración y aprobación.
—De ahora en adelante rodaran cabezas en busca de la venganza —auguró La Princesa viendo por la ventana como un rayo rompía el negro cielo y un trueno lo acompañaba en un estruendoso espectáculo.
Con la luz que entró por la ventana provocada por el fenómeno natural, Kory se percato de la larga cadena que colgaba del cuello de Rachel.
—Ese collar se me hace tan familiar —susurró contemplándolo.
—Era de mi madre, nunca se lo quitaba, seguro ya se lo habías visto —resolvió Rachel volviéndose a sentar en la cama junto a su amiga, mirando el collar con cariño.
—Debe ser —estuvo de acuerdo la pelirroja —parece sacado de un sueño —dijo con ensoñación.
Tarde logro Sizta calmar a las niñas con un té que les preparó, y por fin pudo acostarlas para que durmieran. Kory se quedo a dormir esa noche con Rachel, pero al día siguiente fue trasladada a una habitación propia. Ahora dos niñas en antaño llenas de alegría, estaban inundadas en tristeza, decepción y rabia. Kori se decepcionaba de llevar sangre gitana en sus venas, la repudiaba con total desprecio. Rachel lamentaba el hecho de haber pensado en algún momento en ser amiga de un de "esos salvajes", pero ya él no le importaba ni siquiera un poco, más bien esperaba que sus hombres lo hubieran matado.
Desde ese día las niñas vivían juntas en aquel palacio, se ayudaban a soportar el dolor mutuamente y se hicieron inseparables, como hermanas, lo hacían todo juntas, así no se sentían solas. Con el tiempo fueron superando lo de sus padres, Kory volvía a sonreír, pero Rachel aun albergaba mucho odio en su interior y este era alimentado por su padre, quien luego de aquella batalla había perdido el ojo izquierdo y vivía sumido en una eterna nostalgia y desdicha.
Agradezco a Rachelgarf y Nieve Taisho por ser las primeras en acompañarme en esta historia = )
