Siento muchísimo la tardanza. Les prometo que no he pensado en ningún momento abandonar esta serie, pero recientemente he tenido problemas familiares y no era capaz de ponerme a traducir. Mil perdones. Pero aquí traigo el siguiente capítulo y espero que lo disfruten. Hay algo de sangre, así que advertidos quedan ;)
Capítulo 4
Nunca era una buena experiencia despertar después de haber sido golpeado por más de una docena de orcos. Atontado, levanté la cabeza, e inmediatamente hice una mueca cuando parecía que varios clavos me taladraban el cráneo. Sentía el lado izquierdo de la cara hinchado y no pude evitar gemir.
Esto no es bueno, nada bueno.
Tardé varios segundos en darme cuenta de que colgaba del hombro de un orco, atado y amordazado. Los rápidos pasos de la bestia hacían aumentar mi dolor de cabeza, y la forma en la que colgaba boca abajo solo empeoraba mi estómago. Empecé a sentir náuseas y todo mi cuerpo gritaba de dolor por todos los golpes que había recibido.
Antes de poder empezar a pensar en cómo escapar de la situación, el orco que me llevaba gritó de repente.
"¡Está despierto!"
Todos se detuvieron, gruñendo y refunfuñando. Sin previo aviso, mi captor me soltó y me arrojó a sus pies, haciéndome gritar por el impacto, con los ojos llorosos.
Todos ellos me rodearon, mirándome con odio puro. Su líder, un orco con aspecto horrible y un cuerno corto que sobresalía de su frente, se acercó.
"Así que el principito está despierto –se burló-. ¿Cómo te sientes? ¿Disfrutas nuestra compañía?"
Amordazado, solo pude devolverle la mirada y, con una carcajada, 'Cuerno-romo' me golpeó varias veces en el costado con su bota, haciéndome gemir. Entonces gritó:
"¡Vamos! ¡Levántate! ¡No vamos a llevarte todo el tiempo! ¡Caminarás tú solo de ahora en adelante!"
Otros dos de ellos me levantaron y me dejaron allí de pie, balanceándome. Casi no fui capaz de mantener el equilibrio cuando me empujaron hacia adelante.
"¡Muévete, escoria!"
Y así, mi pesadilla comenzó. Caminamos sin parar durante leguas, incluso cuando el sol ya se había ocultado para dejar paso a la luna y las estrellas. No conocía el camino por el que me llevaban, pero tenía la terrible sensación de que íbamos a Dol Guldur, directamente a su guarida.
Estaba exhausto, debilitado por el largo ayuno y había tropezado un sinnúmero de veces, incluso me había caído una vez. Pero los orcos siempre me agarraban por el pelo y me mantenían en pie, para luego darme un fuerte empujón, riéndose y burlándose de mí.
De vez en cuando me golpeaban en la cabeza solo por diversión, para oírme gritar de dolor. Deseaba tanto enfrentarme a ellos, pero sabía que sería una tontería, así que soporté el abuso en completo silencio, hirviendo de ira por la posición indigna en la que me encontraba.
Me dolía el estómago por no haber comido desde el desayuno de esa mañana y tenía la garganta seca, abrumado por la sed. Los orcos no me habían ofrecido ni un sorbo de su cantimplora, aunque tampoco podría aceptarlo. Solo el hecho de saber que los orcos habían bebido de ahí me daba náuseas.
Sin embargo, recibí otro golpe en la parte posterior del cuello. Se me humedecieron los ojos por la agonía repentina y se me doblaron las rodillas. Vi el duro suelo acercándose hacia mí con rapidez, pero no tenía la fuerza suficiente para detener mi caída.
Debí desmayarme bastante tiempo, porque lo siguiente que supe es que estaba sentado y atado contra un árbol. La cabeza me latía sin cesar, pero la levanté poco a poco, intentando orientarme.
Solo había oscuridad y el bosque estaba terriblemente tranquilo. Ni siquiera las criaturas nocturnas encontraban razones para hacer ruido, con la desagradable presencia de los orcos. Habían montado un campamento para pasar la noche y una hoguera ardía en el centro del área. Curiosamente, las viles criaturas parecían estar discutiendo algo, gruñéndose en su oscura lengua.
¡Bien! ¡Luchad! ¡Mataos unos a otros para que pueda alejarme de aquí!, pensé con alegría. ¡Tan típico de los orcos! No solo odiaban a los elfos, sino que ni siquiera podían soportar estar en presencia de su propia especie.
Mi sonrisa se desvaneció cuando uno de los orcos con la nariz más grande que había visto nunca vino hacia mí. Entonces se puso en cuclillas y me miró, relamiéndose.
"Me pregunto a qué sabes" –dijo, alargando la mano para tocarme la cara.
Yo me encogí, intentando alejarme de sus sucias manos, pero 'Nariz-grande' sujetó mi mandíbula y me mantuvo inmóvil.
"Muy bueno –dijo-. Lo suficientemente bueno para comer."
Sin previo aviso, agarró el cuello de mi camisa y tiró, rasgando la tela. Yo di un grito ahogado de sorpresa, preguntándome, temeroso, qué iba a hacer a continuación. 'Nariz-grande' miró mi hombro desnudo con lascivia y sonrió con deleite.
"Qué piel tan cremosa. ¡Tu carne parece deliciosa! ¡Oh, tengo que probarte!"
Mis ojos se abrieron con horror, justo antes de que él abriera su sucia boca y hundiera los dientes en la parte superior de mi brazo. Grité de agonía a través de la mordaza, sacudiéndome para intentar quitármelo de encima, pero 'Nariz-grande' me sujetó y hundió los dientes más profundamente en mi carne.
Escuchaba el desagradable sonido del orco chupándome la sangre, que fluía en abundancia. Luego me miró y sonrió, con la boca y la barbilla ensangrentadas.
"Tenía razón. ¡Eres tan dulce! ¡Mi cena perfecta!"
'Nariz-grande' volvió a abrir la boca para morderme, pero de repente alguien le dio una patada en la cabeza, lanzándolo lejos de mí.
"¡No es para comer! –gruñó 'Cuerno-romo', mirando a 'Nariz-grande' que se estaba poniendo de nuevo en pie-. ¡Es nuestro rehén, nuestra arma contra los elfos! Lo mantendremos con vida hasta que Mordhuk haya visto al pequeño príncipe, nuestro jefe sabrá qué hacer con él."
Girándose hacia mí, 'Cuerno-romo' sonrió.
"Desearás estar muerto, elfo. Cuando Mordhuk te vea te hará la vida tan miserable que querrás matarte. Y qué buena moneda de cambio serás para conseguir el reino de tu padre, ¿no te parece? Thranduil no dudará en renunciar a su reino por la vida de su bebé, ¿verdad?"
Tragué varias veces, a la vez que la culpa y la vergüenza brotaban en mi interior. ¡Valar! ¡Debí dejar que me mataran! ¡No solo había creado problemas en mi casa, sino que ahora iba a ser la causa de la caída del Bosque Negro!
"¡Pero tengo hambre! ¡Hemos estado comiendo el mismo pan mohoso durante días!" –se quejó 'Nariz-grande' con el ceño fruncido. Los otros orcos le dieron la razón.
'Cuerno-romo' gruñó, exasperado.
"¡Entonces id a cazar, como os dije antes, y traed un poco de carne!" –le gritó.
Gruñendo de rabia, 'Nariz-grande' se dio la vuelta y cogió una ballesta antes de desaparecer en la oscuridad, seguido por un par de orcos. 'Cuerno-romo' me sonrió, burlón, y se alejó hacia el fuego.
Solté un suspiro de alivio mezclado con desesperación y dejé caer los hombros. Las marcas de mordeduras en mi brazo sangraban y escocían como locas. Para ignorar el dolor, observé el campamento y vi que solo quedaban diez orcos. Estaban tumbados en el suelo, descansando. Algunos ya estaban durmiendo, mientras que el resto comían sobras de pan esperando a que volvieran los cazadores.
Tiré de mis ataduras intentando aflojarlas un poco, pero no sirvió de nada. Mis muñecas ya estaban raspadas y sangrando y otro rollo de cuerda me ataba al árbol, apretándome tanto el pecho que tenía dificultades para respirar. Dejaron mis pies sueltos, pero me sentía demasiado débil como para moverlos.
Mirando hacia el cielo, vi a Elbereth brillando entre las miles de estrellas y tuve la esperanza de que enviara a alguien a salvarme. Pero después de todo un horrible día en las garras de los orcos, mis expectativas de ser rescatado habían ido disminuyendo según me alejaba del Bosque Negro. Ya empezaba a imaginarme lo peor.
A lo mejor Valahir no pudo llegar a casa a tiempo y murió antes de poder decirle a nadie lo que pasó, pensé atemorizado. O tal vez Blancanieves no pudo avanzar con la pata herida y Valahir no tiene medios para llegar a casa, con lo gravemente herido que estaba.
O simplemente ya no le importo más a Padre y a Kel y se niegan a venir a salvarme.
Me mordí los labios temblorosos ante ese pensamiento y me obligué a detener las lágrimas que brotaron de mis ojos.
¡No! ¡No serían tan crueles! ¡No importa lo enfadados que estén, todavía me aman y vendrán a por mí! ¡Van a hacerlo! ¡Tienen que hacerlo!
¿Pero y si ya no te quieren?
Me atraganté con un sollozo cuando el pensamiento surgió en mi mente y ya no pude contener las lágrimas. Cerré los ojos, respiré profundamente y solté el aire.
Basta, me dije. Deja de torturarte así. No te hará ningún bien. Cree en padre y Kel. Ellos te aman. Vendrán.
Vendrán…
