Capítulo 3:

Cuando Rose regresó a su habitación, después del encuentro con Scorpius, se encontró con que James y Lauren finalmente se habían dormido cada uno en su cama. La chica también se acostó, y logró conciliar el sueño con facilidad.

A la mañana siguiente la despertó el sol que entraba por la ventana. Su primo roncaba con la fuerza de un gigante con la boca totalmente abierta. Lauren no estaba en su cama, ni en el baño. Rose supuso que ya habría bajado a desayunar. La chica se dispuso a hacer lo mismo.

Encontró a su amiga en la confitería/restaurant del hotel. Estaba sentada en la mesa junto a sus tíos y a sus padres. Ninguno de los primos de Rose, ni tampoco su hermano, habían bajado a desayunar aún. Lauren no parecía incómoda por estar rodeada de adultos, sino que mantenía con ellos una conversación bastante fluida, llena de sonrisas y risas.

– Y por eso dejé el equipo de Quidditch – terminó Lauren, en el momento en que Rose se sentaba frente a ella.

– Me parece correcto, después de todo lo más importante es que cumplan con las materias – dijo la madre de Rose, muy convencida.

– No le hagas caso, es insufrible – la interrumpió su marido, revoleando los ojos.

– Y tu no comprendes la importancia de los MHB – repuso Hermione – Buen día, cielo. ¿Qué quieres para desayunar?

Hermione miró sonriente a su hija, quien le devolvió la sonrisa.

– Ehhh… – Rose no tenía apetito – Sólo unas tostadas, pero nos iremos a otra mesa y los dejaremos conversar ranquilos – dijo, refiriéndose a ella y a Lauren.

– Pero yo estoy bien aquí – protestó Lauren.

– No molestan, Rose – su tía le dirigió una auténtica sonrisa.

– Igual, necesitamos hablar cosas de chicas – dijo Rose, fingiendo sentirse incómoda delante de su padre y tío.

No era que estaba mintiendo tanto… Después de todo, realmente pretendía hablar con Lauren de algo privado. Su amiga tomó su taza y sus tostadas con mal humor, y se las llevó a dos mesas de distancia, donde ya no podrían oírlos.

– Ok… ¿de qué quieres hablarme? – preguntó Lauren, tomando un sorbo de su té.

– ¿Qué fue lo de anoche? – Rose estaba seria, iría al grano.

– ¿Lo de anoche? – Lauren no entendió, por supuesto que no.

– ¡Estabas en la cama, con mi primo! – exclamó Rose con reproche, aunque lo hizo muy bajo, por miedo a que alguien oyera.

Lauren escupió su té, se puso colorada y rió con ganas.

– ¡Diciéndolo así suena a cualquier cosa, Rose! – dijo entre cortadamente.

– Estaban como…– Rose no sabía ni cómo describirlo, por la indignación.

– No estábamos haciendo nada malo, y no hicimos nada más que besarnos un poco… bastante…– se corrigió Lauren, y sus ojos brillaron – Así que, si esa era tu preocupación, no voy a ser tan tonta como para acostarme con él.

Lauren habló con soltura, y dijo lo que Rose no se atrevía a mencionar abiertamente.

– Por ahora…– agregó la rubia encogiéndose de hombros, mientras masticaba risueña la tostada – Quién te dice que mi primera vez no sea con él, ¿No sería romántico? La bella e inteligente chica de Ravenclaw con el apuesto capitán de Gryffindor, es casi un cliché…

Rose tuvo que contenerse para no pegarle. Había veces que Lauren resultaba desesperantemente ingenua y hueca.

– Lauren, ¡James TIENE novia! ¡Está jugando contigo! – Rose lamentaba tener que bajar a su amiga de esa forma a la realidad.

La sonrisa risueña de Lauren desapareció de repente. Dejó la taza en su lugar.

– Me dijo que la dejó – contestó – En el tren, cuando volvíamos del colegio.

– ÉL dice eso – le dijo su amiga, desesperada.

– Rose…– Lauren parecía que comenzaba a impacientarse – Tienes una mala mirada sobre tu primo, y en todo caso, es mi problema.

– No es que tengo una mala mirada, es que lo conozco, además…– no sabía cómo expresarlo – No quiero que te lastime.

Lauren revoleó los ojos, y la miró con aires de superioridad.

– Tu no tienes ni idea de relaciones, no vengas a darme consejos – le dijo.

– Ahh, y tú con quince años eres una experta, ¿no? – Rose comenzaba a enojarse enserio con Lauren. Su amiga también parecía enojada.

– No, pero yo he tenido novio y tu no. Sé cómo manejar las cosas – le dijo, adoptando un tono de desesperación.

Rose iba a recordarle lo mal que había acabado para ella el año anterior su relación con el chico de Hufflepuff, cuando apareció un mago a interrumpirlas, quebrando el ambiente hostil que se empezaba a formar entre las dos amigas.

– Disculpen, jovencitas – dijo, con un tono alegre. Las dos chicas voltearon, asombradas de verlo parado a lado de ellas – Estamos invitando a los huéspedes del hotel sobre una fiesta que se celebrará mañana por la noche – explicó, y les mostró un folleto:

"¡Vive la experiencia de ir a una fiesta muggle, entre muggles!"

Continuó.

– Saldremos mañana a media noche de aquí, e iremos directo al centro del pueblo muggle, donde se celebrará una fiesta. El objetivo es que los magos puedan aprender a mezclarse entre muggles, y comprender que pueden disfrutar con ellos y como ellos. Así, ayudamos a crear tolerancia sobre los que no tienen magia sobre nosotros – les dijo, aún con su gran sonrisa.

– Ehhhh – Lauren lo miraba boquiabierta, sin saber qué decir.

– Gracias, lo pensaremos – Rose tomó el folleto, y lo dejó sobre la mesa.

El hombre agradeció y se marchó. Rose no tenía nada que pensar, en realidad: sus padres no la dejarían asistir ni en cien años.

– ¿Sabes? – Rose tomó una tostada, y la untó. Volvió al tema que interrumpió el mago – Puedes hacer lo que quieras respecto a mi primo, tienes razón, ya eres grandecita.

Tal vez Lauren iba a retrucar, pero Lily apareció frente a ellas.

– Muero de hambre – fue su saludo, y se sentó junto a su prima – ¿Cómo durmieron? – les preguntó, mientras que untaba una tostada para ella – Mi hermano ronca como un monstruo, y Hugo es el ser más molesto que hay: una vez más que venga con "se lo diré a mi madre" y te juro que lo embrujo cuando me devuelvan la varita.

Ni Rose ni Lauren contestaron. Era mejor no volver a sacar el tema sobre la noche anterior.

Terminaron el desayuno en silencio.

– ¿Qué es esto?

Rose no tuvo tiempo de responder. Su prima tomó el folleto que había dejado ella sobre la mesa.

– ¡Wooow! ¡Qué genial! – exclamó emocionada, al leer.

– No te emociones, que no nos dejarán ni salir de la habitación – le comunicó Rose.

Lily miró desilusionada el folleto. Se levantó de golpe y fue derecho hacia sus padres. Rose vio cómo la chica se sentaba junto a ellos, con una gran sonrisa. Quería ser amable, quería convencerlos. Rose dudaba que pudiera hacerlo…

– ¡No! – minutos más tarde, se escuchó la voz cansada de Ginny – ¡Te dije que no!

– ¡¿Por qué?! – Lily se había levantado, enojada. Estaba preparada para hacer un berrinche como la noche anterior.

– Porque eres muy chica, Lily… – la voz de Harry llegó flotando hasta Rose y Lauren.

– ¡Para lo que les conviene! – gritó Lily, enojada, y se marchó igual que en la cena, echa una furia.

Rose revoleó los ojos. Si de caprichosos iba la cuestión, estaba rodeada de ellos.

El resto de la mañana resultó tranquila para Rose. Volvieron a ir a la playa. Aquella vez Lauren se perdió de vista rápidamente. Tal vez en un acto de terquedad, o tal vez porque no quería hablar con Rose por miedo a que volviera a surgir el tema, Lauren se fue con la única persona con la que congeniaba en aquel lugar, además de Rose; James. Por supuesto, no tuvieron tiempo ni lugar para repetir lo de la noche anterior. Por más que varios metros los separaban de los adultos, estaban demasiado cerca de ellos como para hacer alguna demostración de afecto, por lo que sólo se dedicaron a conversar. Rose pensó que aquello no estaba mal.

La chica estuvo parte de la mañana con Lily. Albus fue el último en aparecer durante el desayuno, y el primero en desaparecer después de él. Rose estaba segura que se encontraría detrás de algún arbusto con Scorpius, fumando ambos sus cigarrillos alejados de los adultos y sus normas.

Era pasado el medio día cuando Lily abandonó también a Rose. Ella, sola y aburrida decidió meterse al agua. La tarde anterior no lo había hecho, pero aquel día tenía muchas ganas. Se adentró lentamente en el mar.

El agua estaba algo tibia, perfecta para el calor que hacía. Sin embargo, había algunas olas que estaban un poco altas para Rose, que no sabía nadar. Se aseguró de no adentrarse demasiado, sin embargo la corriente la hacía ir cada vez más mar adentro.

¡Plaf! Una ola que no vio venir la empujó y la hundió en el agua. Rose salió a la superficie enseguida, sintiendo su nariz ardiendo. Respiró con rapidez una bocanada de agua, e intentó hacer pie sobre la arena. Apenas se recuperó ¡Plaf! Otra ola, más grande, apareció. Una vez más, hizo que se hundiera, y la revolcó de allá para acá. Un poco más asustada, Rose salió para respirar y darse cuenta que se había alejado de la costa bastante más de lo que pretendía.

Oyó una risa. Volteó. Scorpius se había acercado, otra vez, sin que ella lo viera. Se hallaba a escasos metros de ella.

– ¿De qué te ríes? le preguntó Rose enojada, intentando mantenerse en pie. El agua le llagaba hasta el pecho.

– De ti – Scorpius no lo ocultó. Tenía su típica sonrisa burlona en el rostro – ¿Para qué te metes al mar si no sabes nadar?

– ¿Y quién te dijo que no se nadar? – preguntó Rose, ofendida, pero su ego se vio afectado cuando la marea volvió a cubrirla.

Bajo el agua, perdió el sentido de la orientación. Sintió que una mano la tomaba por la cintura y la arrastraba. Cuando salió a la superficie, lo hizo tosiendo. Tenía la garganta y la boca llena del agua salada. Le ardían los ojos y la nariz.

– ¿Por qué no vas a la orilla? – Scorpius la miró preocupado, seguía sujetándola.

– Métete en tus asuntos, no me toques – le pidió, enojada. Era más la vergüenza que sentía por haber sido encontrado por Malfoy en aquella situación que otra cosa.

Empujó al chico con la poca fuerza que tenía. Aún estaban lejos de la costa.

¡Plaf! Otra ola, aún más grande, arrastró a Rose, haciendo que a ésta se le parara el corazón del susto por un instante.

– ¡Ayu…! – enseguida otra ola la tapó.

Una vez en el agua, volvió a sentir cómo una mano la tomaba, esta vez por las costillas. Salieron a la superficie de nuevo.

– ¡Eres una terca! – la regañó Scorpius, e intentó arrastrarla hacia la orilla. Ya comenzaban a llegar a la misma.

– ¡Suéltame!

– ¿Para que te ahogues?

– ¡Que me sueltes!

Por segunda vez, Rose lo empujó. En su afán de no liberarla, Scorpius la agarró más fuerte, pero casi se cae él también: para aferrarse a ella, la tomó del lugar menos esperado.

Rose abrió los ojos de par en par al sentir cómo la mano de Scorpius se cerraba sobre uno de sus pechos. Se sintió enrojecer, llena de ira y vergüenza. Nunca supo cómo se las arregló, mientras intentaba no ahogarse, para propinarle un puñetazo en la cara al chico.

– ¿Qué demó…? – Scorpius se cubrió la cara, sorprendido.

– ¡Cerdo! – chilló Rose, enojada.

Y le dio un rodillazo en el medio del estómago.

Ambos cayeron. Otra ola los cubrió, pero esta vez fueron arrastrados hacia la orilla.

– ¡Rose!

La chica llegó a la misma tosiendo y escupiendo agua salada. Estaba muy mareada, se sentía realmente descompuesta y mortalmente humillada. Sus padres fueron los primeros en llegar a ella.

– ¡Rose! ¿Estás bien? – chilló su madre, histérica. Hermione y Ron se arrodillaron para socorrer a su hija.

– Si… – contestó débilmente la chica.

– ¡Oooh, santo dios! – sus tíos llegaron junto a ellos – ¡Les dijimos que tuvieran cuidado! – exclamó horrorizada Ginny, con una mano en el pecho.

– Estoy bien…

Con pesar, Rose vio que toda su familia la miraba desde arriba, mientras su madre la acurrucaba en su pecho ¿Qué podía ser peor?

– ¿Qué haces aquí? – su padre se dirigió a alguien que era ajeno a aquella postal familiar.

Eso. Aquello era lo que podía ser peor…

– Gracias, ¿no?

Rose se deshizo del abrazo de su madre, para ver cómo Scorpius se levantaba tembloroso del suelo. Estaba empapado y cubierto de arena, igual que la chica. Sin embargo, él estaba doblado en dos, sosteniendo su estómago. Habló con verdadera furia.

– Gracias, Weasley… O no estarías viva – le espetó a Rose.

– Cerdo – contestó la chica, enojada. Aún recordaba la mano del chico sobre su pecho como algo realmente desagradable.

– Desagradecida – gruñó Malfoy.

– Animal – siguió ella.

– Idiota.

–Bueno, basta – Hermione intervino, al ver que los dos chicos podían seguir insultándose toda la tarde de quererlo así – ¿Te rescató Scorpius, Rose? – preguntó.

La chica no miró a nadie de su familia, y se puso aún más colorada. Antes de admitir que el rubio la había ayudado, prefería volver al mar a enfrentarse con más olas.

– Gracias, Scorpius – Hermione interpretó el silencio orgulloso de su hija como un sí.

Fue la única que pronunció aquellas palabras. Ron se movió incómodo. Todos sabían que lo último que haría sería agradecer a un Malfoy.

– ¡Scorpius! – una potente voz interrumpió el aire tenso que había caído sobre el grupo.

Voltearon, y el chico se puso pálido para sorpresa de todos. Su padre se acercaba hacia ellos.

– ¿Qué estás haciendo? – preguntó Draco Malfoy, mirando con recelo de arriba abajo a su hijo, cubierto de arena. Dirigió una mirada asqueada hacia los Weasley, y fingió pasar por alto a los Potter.

– Problema mío – contestó su hijo entre dientes.

– Siempre rodeandote de gente indeseable, ¿no? – ahora Draco sí miró a Albus, por un segundo.

Ron y Ginny comenzaron a ponerse colorados. Rose presintió peligro, y su madre también.

– Scorpius salvo a Rose – dijo, convencida de querer ayudar – ¿No es cierto? Fue un héroe – miró al joven Malfoy, quien le devolvió una mirada fría llena de rabia. Por más que sus intenciones eran buenas, ninguno de los Malfoy entendió.

– ¿Héroe? – Draco Malfoy levantó una ceja y largó una carcajada – Es lo más cobarde que hay. Además… – miró a su hijo, sonriendo con malicia – ¿Por qué lo hiciste? La hubieras dejado en el mar.

– ¿Por qué no te ahogas tú, Malfoy? – espetó Ron, acercándose peligrosamente al hombre. }

– Siempre tan simpático, Weasley – Draco también avanzó, amenazante.

Harry se interpuso entre ambos.

– Igual que tú – le espetó Ron, con rabia – Márchate, déjanos en paz.

– ¿Por qué? Vete tú Weasley, a visitar a la gorda de tu madre – dijo con malicia Draco.

Ron se abalanzó sobre Draco. Rose, Hermione y Lily gritaron de la sorpresa, pero Ron no llegó a tocar a Malfoy.

– ¡Basta! – Harry se puso entre los dos hombres, y casi liga la trompada que era para Malfoy. Sujetó como pudo a su amigo – ¡Ron, detente!

Harry forcejeó con Ron por unos minutos, hasta que este cedió. Se deshizo del brazo de su amigo, pegó media vuelta y se fue totalmente enojado hacia el hotel.

– Draco – Harry recuperó el aliento y enfrentó a Malfoy. El hombre lo miraba con una sonrisa de superioridad, y con los ojos fríos como un témpano de hielo. Con el correr de los años, Draco Malfoy se había vuelto mucho más cruel que durante su juventud – Vete. No puedo impedir que estés en este lugar, pero te advierto que tomaré medidas si te acercas a nuestra familia.

Por un segundo ambos hicieron un duelo de miradas.

– Como usted quiera, señor jefe de Aurors – dijo Malfoy con rencor, e hizo una reverencia exagerada y cargada de odio – ¡Scorpius! Ven conmigo – tomó del brazo a su hijo, y pretendió arrastrarlo.

– ¡No! – su hijo se desprendió de él, tal vez inspirado por la seguridad que le confería la presencia de Harry y la influencia que éste parecía tener sobre el hombre – Ni lo sueñes.

Pegó media vuelta, y se fue en dirección contraria al hotel. Draco lo miró con rencor por un instante, pero se marchó dando zancadas hacia el lugar en que se había refugiado Ron.

Albus gruñó con claridad, y siguió a su amigo, tal vez porque era la única persona que lo entendía hasta el momento…

– ¿Héroe? – preguntó Lily, riendo con ganas – ¡Tu madre sí que se sobre pasó al llamar "héroe" a Malfoy!

– Terrible idiota – murmuró enojada Rose.

Hermione había ayudado a subir a su hija hasta su cuarto, y la había obligado a tomar un baño caliente, para que se relajara y descansara después del susto.

Rose no quiso volver a salir del cuarto en toda la tarde. En aquellos momentos se encontraba cubierta hasta el cuello por una manta, aún sintiéndose humillada. Lauren y Lily -quien se había escondido allí aprovechando la ausencia de su hermano- no paraban de hablar sobre los acontecimientos de la tarde. Rose sólo quería que se callaran.

– A ver, cuéntame de nuevo… – Lauren también reía, pero por otro motivo.

– Ya te lo dije, no hay más que contar. Espero que le haya dolido ese rodillazo, por cerdo degenerado – gruñó Rose.

A las únicas que les había contado todo lo que había pasado era a Rose y a Lily. A Lauren le había causado mucha gracia que Scorpius le hubiera tocado un pecho.

– ¿Por qué? Sólo te tocó una bubi sin querer ¿No quisiste agregarle al momento unos besitos, tal vez? – preguntó su amiga, conteniendo la risa nuevamente.

– ¿Acaso tienes la idea fija, Lauren? – Rose estaba mal humorada – No fue gracioso. Fue más bien… asqueroso… – en su cara se formó una mueca de disgusto.

– ¡Por Merlín! – Lily parecía horrorizada – Hubiera hecho lo mismo, Rose – apoyó a su prima – Asqueroso… Lauren… – miró a la chica rubia con el entrecejo fruncido – Con esas cosas no se bromea. Nada sería más asqueroso que salir con Malfoy.

– Yo no dije de salir, dije que sólo unos besitos – Lauren volvía a reír, mientras fingía besar a alguien invisible.

Rose y Lily produjeron un sonido de asco.

– Antes besaría a mil babosas – dijo fríamente Rose.

– Tal cual – volvió a apoyar su prima – Además, tú estás para alguien mejor que Scorpius Malfoy.

Rose se cubrió hasta la cabeza con la manta. Ya tenía suficiente con el tema Scorpius para el resto del verano.


Nota: Hola! Es la primer nota de autor que dejo. Espero que, si han llegado hasta acá, estén disfrutando la historia. A mi me entretiene escribir sobre este grupo, especialmente sobre esta pareja. Espero que me digan qué les va pareciendo, siempre se puede mejorar con las opiniones de otros.

En realidad, la nota tenía otra finalidad. Quería avisar que el próximo capítulo va a demorar un par de días, porque parece ser que será mucho más largo que los otros. Es toda una secuencia, importante, que merece no ser dividida…

Para adelantar un poco… los chicos se dividen en grupos pero terminan todos metidos en el mismo gran aprieto…

De nuevo, espero que estén disfrutando. Saludos!