No esperaban eso ¿Verdad?


Vida y sentimientos

Cien años después

Las creaciones del la Fiera Deidad fueron evolucionando y cambiando con el tiempo. La tierra de Termina fue floreciendo desde una tierra decadente a una tierra llena de vida. Desde ese momento los Dioses y demonios no pisaron mas esa tierra, en si todos los entes se quedaron en shock, por que la Fiera Deidad había vencido a su destino produciendo vida, empezó a ser respetado por todos, pero aun así seguía siendo temido y aun considerado como un monstruo.

Como la paz estaba hecha, eso provoco que Oni se quedara completamente inerte, pero el Dios nuca bajo la guardia, nunca se confiaba. Paso el tiempo y el Dios decidió observar todo otra vez desde la Luna.

-Ya tiene un siglo que no observo nada, quiero ver como siguen.

El Dios observa desde los cielos, desde la luna y una vez que lo hace.

-Todo sigue igual, aun hay ambiciosos y siguen siendo débiles… Soy un tonto solo son mortales no pueden ser fuertes, tienen ambiciones y debilidades, ¿Pero qué es lo que ven las demás Deidades?, no lo entiendo.

*****Mientras tanto en Termina*****

Oni observaba aun a sus creaciones desde su edén. Mientras en las tierras inferiores la gente pasaba, iban para un lado y para el otro, se dedicaba a cultivar, a pescar. Cosas cotidianas, vender, comer, dormir, reproducirse. Todo iba normal. Pero no todo era bueno. Así como esta la luz, esta tiene su contraparte, la oscuridad. Algunas veces la maldad siempre ha estado en incontables milenios y esta dimensión no era la excepción. La maldad también suele presentarse de diferentes formas y versiones; Había ladrones, asesinos que amaban lo ajeno y le quitaban a los demás que con su sudor se lo ganaban y si no fuera poco algunos los asesinaban.

Pero lo antes dicho la maldad llega de diferentes formas.

-Una rupia, por favor, una rupia.

En las tierras del Reino Ikana había un niño que venía de los Dominós Garo que mendigaba, se podía ver que era huérfano y se podía ver necesitado, por los ropajes que tenia. El Dios siguió observando todo del niño, ganando su atención. El niño tenía el cabello largo negro y estaba alborotado, su tez era morena, sus ropas eran unos pantalones sucios y una camisa blanca con manchas, la ropa ya estaba muy desgastada.

El niño seguía vagando en un mercado pidiendo dinero, pidiendo comida en algún restaurante, solo para ser recibido por ofensas de aquellas personas que el infante pedía ayuda. El destino no tenia piedad de aquel niño, que se encontraba hambriento y siguió divagando, hasta que el infante encontró un puesto de frutas y legumbres.

-¡Pase, pase mi buen público le ofrezco la mejor en todo el Reino… no en toda Termina!- Decía el dueño que trataba de llamar la atención de la gente, para vender.

-Señor me podía dar una rupia para comer.- Decía el niño con tristeza, que se había acerco pidiendo ayuda.

-Lárgate, solo espantas a mis clientes, vete de aquí.- Dijo el señor al ver al niño.

El niño se tuvo que ir, aceptando de nuevo el cruel rechazo.

Después de un rato con las rupias que personas amables le habían dado el niño pudo comprar algo de comida, pero aun así no era suficiente, el infante tenía aun más hambre. Después el niño seguía, otra vez mendigaba, pero cada vez el hambre lo molestaba más y más. Hasta que otra vez paso por el puesto de verduras y legumbres. El destino también orilla a las personas hacer cosas para sobrevivir, no importa quien sea.

El niño de nuevo se acerco para pedir ayuda, solo para ser recibido por otro rechazo, el niño ya harto de siempre recibir lo mismo, rápidamente agarra una de las frutas y se va corriendo.

-¡Hey ladrón!

El niño corrió y corrió hasta alejarse lo mas que pudo, una vez que estaba solo se comió la fruta desesperadamente, por el hambre que él sentía.

-¿Con que así es como se hace la maldad?- Dijo el Dios que observaba todo.

El tiempo seguía su curso. Oni observo todo de aquel infante, el niño se le hiso más fácil robar que pedir sin recibir nada a cambio, la sociedad transformo al niño en un ladrón que mejoraba cada vez mas y mas, hasta convertirse en adulto, en esa etapa tenía algunas veces que asesinar para conseguir su botín. El Dios que observaba solamente suspiraba.


Veinte años más tarde

Hasta que un día el ladrón pasaba al mercado, para poder comprar, aunque era muy buscado por todos, el siempre llevaba su capucha para que no lo reconocieran, el siempre robaba sin la capucha, la gente pensaba que era otro garo cuando tenía su capucha puesta. El señor observaba mientras se metía en las masas de gente que había en el mercado. El señor mientras caminaba entre la gente empezó a sentir como alguien entre las personas le quitaba algo y si alguien le quito su saco de rupias, esa persona al hacerlo se fue corriendo del lugar. El Ladrón al sentirlo, no grito para llamar la atención ya que el también era un ladrón. La persona corría y corría sin parar, pero no se daba cuenta que estaba siendo perseguido por el dueño de aquel saco. Pasaron cinco minutos y la persona quien robo el saco estaba en un callejón.

-¡Wow, son cien rupias!- Decía esa persona impresionada.

Hasta que el dueño apareció de repente, la persona al ver al dueño se espanta y corre hasta al fondo del callejón, dejándolo sin salida.

-Te tengo.- Dijo el ladrón enojado al ver.

El ladrón empieza a sacar una cuchilla para asesinar a la persona. Pero el hombre ve a la persona quien le robo y esa persona era un niño, el niño tenía ropajes gastados, un cabello corto de color negro, tez clara y unos ojos cafés , veía aterrado al ladrón, empezaba a rogarle de que no lo matara, el niño le lloraba al señor.

-¡Por favor, no. Tome!- El niño le avienta el saco de rupias al ladrón para que no lo matara.

El ladrón al recibir las rupias se quedo viendo, pero también se quedo conmocionado, el niño le recordaba a el, como tenia que pedir para sobrevivir, le daba mucha tristeza verlo a los ojos, como el niño le lloraba para que no le hiciera daño, como iba a matar a alguien que cargaba con ese sufrimiento. El ladrón estaba a punto de matar al niño, pero el señor no lo hiso.

-Tómalas, no las necesito.- Dijo el señor de forma seria.

-¿Por qué?- Pregunto el niño desconcertado.

-Solo hazlo quieres.- Dijo el señor de forma un poco más severa.

-Mu, muchas gracias.- Dijo el infante sin creer lo que oyó acepto las rupias.

El ladrón se va sin decir nada al respecto. Mientras ambos mortales estaban siendo observados por el Dios.

-¿Por qué no lo asesino?- Oni estaba desconcertado de lo que vio.- Si tenía la oportunidad, ¿Por qué no lo hiso?

La Fiera Deidad se preguntaba, algo lo había golpeado de repente, en toda su inmortal vida se le había olvidado que era la compasión asía los demás. Pero a pesar de todo Oni sigue observando.


Unos días más tarde

Pasaron unos días. El ladrón estaba muy desconcertado, sus pensamientos nunca se apartaba de o que le había sucedido ese día. También algo lo había golpeado, un sentimiento, algo que también no conocía y era compasión, también con la tristeza, sentía lastima por aquel niño huérfano, que tenía que compartir el mismo destino que el. Pero a la vez el ladrón sintió rabia al saber que la sociedad no hacía nada por aquellos niños y ahí fue donde él se dio cuenta que él era parte de esta. El ladrón se puso a meditar unos días y llego a una conclusión.

El señor fue rápidamente asía aquel callejón y no encontró a nadie ahí, después se puso a buscar como desesperado aquel infante y lo encontró, estaba huyendo de un vendedor, el niño había robado un saco lleno de pan, pero fue acorralado en un punto. El niño no se iba a salvar, esta vez iba a recibir un castigo.

-¡Alto!

Pero el ladrón intervino, poniéndose al frente, protegiendo al niño.

-¿Dime que te robo?- Pregunto el señor.

-Este niño vino a mi tienda y robo el saco de pan, que justamente le iba a dar a una señora.- Conto el panadero enojado.

-¿Es cierto lo que dice?- Pregunto el ladrón al niño.

El niño solo asiente y reconoció al señor que estaba justamente al frente, lo reconoció por la voz.

-Ya veo. Yo comprare tu pan, ¿Cuánto va a ser?

Al final el pleito se resolvió, el ladrón compro el pan y se lo dio al niño para que comiera.

-Muchas gracias señor.- Dijo el niño alegremente mientras comía su pan.

-No te metas en problemas quieres.

El niño traga el pan -¿Pero cómo?, no hay nadie quien se compadezca de mi, trato de buscar un trabajo y nadie me acepta por mi apariencia, lo único que recibo solo son insultos. Yo trato de no robar y es difícil, el hambre me mata y yo no tengo a nadie.

El ladrón se compadeció de ese niño, pero eso era lo que él estaba esperando.

-Sabes, no todos son malos, también entienden tu sufrimiento.- El ladrón le toca la cabeza al niño y la sacude.

-¿Quién?- Pregunto el niño viendo al señor.

-Yo.

-¿Usted, por qué?

-Porque yo era igual que tu.

-¿Enserio?, no se nota.- Dijo el niño sin creer al ver la apariencia de la persona.

El ladrón se quita parte de su capucha dejando ver su rostro.

-¡¿Usted es…?!- El niño es interrumpido, el ladrón le tapo la boca, reconoció al hombre de tras de la capucha, lo había visto en un cartel de se busca.

-Shhhhh, cállate.- Dijo el ladrón para no llamar la atención y se vuelva atapar su rostro.- Prométeme que no dirás nada.

El niño espantado asintió con la cabeza, en señal de que no dirá nada. El ladrón le quita la mano de la boca.

-Porque me salvo, he oído de usted, usted no es compasivo, que incluyendo mataba a niños.- Pregunto el niño, no lo creía lo que veía.

-Si lo soy, yo no le robo a las personas que no tengan y menos asesino a niños, si no lo hubiera hecho contigo.- Respondió el señor un poco molesto por los rumores falsos.- Ven conmigo, ¿Quieres comer?

-¡Sí!- El niño asintió al oír eso.

El ladrón lleva al niño de la mano como si fuera algo más.

Y así fue el inicio de una relación que fue creciendo, el ladrón y en aquel niño con el tiempo. El señor se fue encariñando con aquel infante. Hasta tal grado que el niño consideraba al ladrón como un padre. El ladrón también fue cambiando, al saber el cargo que el ocupaba se dio cuenta que el ya no podía robar, si lo atrapaban o lo mataban el niño se iba a quedar de nuevo solo, aparte ese no era un buen ejemplo y eso lo preocupaba. El ladrón dejo de robar y se dedico hacer un hombre de bien, fue cambiando en su forma de vida. También el señor decidió empezar de nuevo y se mudo de la ciudad al campo ahí nadie lo encontraría por sus crímenes. El niño se alegro del cambio que fue adquiriendo su padre, porque gracias a ese ladrón el no se hubiera convertido como este.

-¿Con que esta es la compasión?, ya tenía mucho tiempo que no la veía. Los mortales me la recordaron. Tengo que admitir que no se qué pensar al respecto.

La Fiera Deidad observo todo, no sabía que pensar al respecto, el Dios quedo fascinado por ese comportamiento. El Dios siguió observando a sus creaciones.


Diez años después

La vida de los mortales suele ser muy distinta al de los Dioses, los mortales suelen ser más amables que sus Deidades o pueden ser igual de crueles que estos. Pero Oni aun no comprendía que era ser un Dios y para eso observaba y qué papel jugaban las creaciones. Aun no sabía qué era lo que veían los demás Dioses cuando crean. Oni iba descubriendo cada sentimiento que tenían sus hijos, algo que él no conocía, el Dios que conocía los sentimientos negativos a la perfección.

Hasta que el Dios vio uno de esos sentimientos que caracterizan mucho a los mortales, algo común. Algo que muchos Dioses incluyéndose no tienen asía su linaje.

Este fue el caso de un niño de la edad de diez años de las tierras de Ikana.

El niño estaba sentado al frente de su casa, aburrido, desmotivado sin nada que hacer, eso era todos los días. El niño era de cabello castaño, unos ojos cafés también, de tez clara, un poco bronceado. El niño era normal, pero él era uno de esos niños que no hablaban, un niño solitario. Todos los niños jugaban, mientras él se quedaba sentado sin decir nada, viéndolos. El niño siempre tenía una mirada seria casi triste.

Pero la vida de ese infante cambiaría.


Al Día siguiente

El niño volvía de su casa, el estaba en el mercado, traía cosas que le había mandado su madre y al regresar veía a personas que estaban al frente de su casa bajaban cosas de una carretilla grande, una carretilla de carga. Eran personas que bajaban sus cosas, se estaban mudando al frente de su casa, el infante solo los veía mientras caminaba, mientras traía sus bolsas. Hasta que el pequeño infante sin darse cuenta piso mal, eso provoco que casi se cayera, pero no se cayó, pero el niño no se dio cuenta que solamente salió una naranja de una de sus bolsas. La fruta rodo y rodo hasta la casa del frente y otra persona al ver esa naranja la levanta.

El niño estaba a punto de llegar a su casa estaba algunos metros.

-¡Hey!

Una voz lo llama pero el ignora. La persona al ver que lo ignoraba decide ir corriendo asía el antes de que se metiera.

-¡Hey!- la persona grito un poco más fuerte.

El niño voltea y la persona llega a donde él estaba, justamente al frente.

-Se te cayó esto.

La persona era una niña de la misma edad que el niño. La niña tenía el cabello rojo largo que llegaba a su espalda, de tez clara, pero sus ojos los tenia diferentes, eran de color miel, eran algo oscuro, mientras una sonrisa adornaba su rostro. La niña le sonríe y alza la mano y le da la naranja que se le cayó al niño. El infante al ver a la niña que era bonita se sonroja, pero para que ella no se diera cuenta se voltea y decide tocar su puerta, el niño la patea levemente debido a las bolsas que el traía.

-¿Por qué me traes eso?- Pregunto el niño de una forma seria, casi fría.

-No es obvio, porque es tuya jejeje.- Dijo la niña sacando una carcajada.

-Quédatela si quieres, solo es una naranja.- Respondió el niño aun de una forma seria.

-¿Enserio?, gracias. Apenas llevo unos minutos aquí y ya alguien me regala algo.- La niña sigue sonriendo, pero a espaldas del niño ya que este no la veía.- Hola mi nombre es Roció.- se presento la infante.

El niño se queda un poco desconcertado, por el comportamiento de la niña. El no decía nada, esta vez estaba nervioso.

-¿Y cuál es tu nombre?- Pregunto la niña sin bajar aquella sonrisa.

El niño se queda callado sin saber que decir, pero responde.- Mi nombre es David.

-David. Me da mucho gusto en conocerte David.

Pero el niño no voltea a verla, esta vez estaba serio. David vuelve a tocar la puerta.

-¿Por qué tocas la puerta con los pies?- Pregunto Roció, sacando una leve carcajada, era un poco gracioso para ella ver eso.

-Que no vez, es porque tengo las bolsas.- Respondió David de forma seria.

-Vamos no te enojes.- Dijo la niña un poco deprimida al ver ese comportamiento.

-No estoy enojado, solamente soy así.- Respondió el niño de la misma manera.

La niña se queda sorprendida.- ¡Ohh!, ya veo. Eres algo raro.- Roció de nuevo sonríe, pero aun así es ignorada.

David no dice nada, Roció se le quedaba viendo.

-Permíteme ayudarte.- Roció le quita una de las bolsas a David, la niña roso su mano con la del niño y este se ruboriza un poco.

El niño se queda un poco desconcertado ante eso.- Gracias.

-De nada.

La madre abre la puerta y al hacerlo ve a su hijo con la niña que le ayudaba.

-David ya llegaste y veo que también con una amiga.- Dijo la madre que sonríe a ambos.

David no dice nada.

-Hola soy Roció. Su nueva vecina, vivo al frente.- Dijo la niña expresando su educación y alegría.

Mucho gusto en conocerte Roció. Y Gracias por ayudarle a mi hijo.- Dijo la señora que agarra la bolsa de la niña.

-No es nada, no ayude mucho, apenas la estaba agarrando.

La madre de David le sonríe a la pequeña niña, parecía agradable.

-David dame la bolsa. ¿Por qué no sales a jugar un rato?

-Pero, pero…- David fue interrumpido.

-Nada de peros, tú nunca sales de esta parte, ni juegas con los demás niños.- Dijo la madre un poco molesta por el comportamiento de su hijo.

David se avergüenza y se sonroja, Roció solo escuchaba sin decir nada, pero también la niña se desconcertó al oír eso.

-Vamos, no seas tímido, ven vamos a jugar.- La niña de nuevo sonríe al niño.

David voltea y ve a Roció, como se lo pedía, solamente sonreía. David no sabía qué hacer, solamente le devolvió la sonrisa a la niña.

-Está bien saldré.

La niña alegremente le sujeta la mano y se lleva al niño. La madre veía felizmente a la niña, se alegro que alguien le hablara a su hijo, el nunca salía y era muy reservado con los demás, también nadie le hablaba por eso.

-¿Qué jugaremos, que jugaremos?- Decía Roció pensando.- A saltar la cuerda o con la pelota, ¿Qué se te ocurre?

David se ponía nervioso, no sabía que decir.- ¿Por qué no decides?

Roció se queda un poco callada con una mirada seria, viendo al niño.- Eres raro, pero no importa.

David de nuevo se avergüenza, pero a la vez empezó a sentir una alegría en su ser, cada vez que la niña le sonreía.

Desde en ese momento se hiso una amistad, que fue cambiando al niño y todo fue gracias a una niña.

-¿Con que a eso se le llama amistad?, Nunca la conocí, que es un amigo para mi.- El Dios seguía observando todo.- (Suspiro), Sera que yo no tengo amigos, por que doy miedo. Pero que importa yo no necesito eso, la amistad se basa en la confianza y en la convivencia, nadie me quiere hablar, ¿Por qué yo hablaría con ellos?, si ellos me consideran que soy un monstruo que empuña una espada torcida.

El Dios recuerda ese apodo, alguien se lo había dado, un mortal que había atacado en la dimensión de Dyntos en los días de guerra. Pero Oni no era así, hace tiempo en aquella dimensión también alguien lo había invitado a una boda, y todo porque esa persona estaba agradecido con él, pero el Dios no se daba cuenta de ello, el ya estaba nublado por la maldad que corrompió su alma.

Oni aun seguía inconforme, pero aun así empezó a observar a los niños que jugaban. Mientras observaba y pasaban los días, el Dios se dio cuenta como el niño fue cambiando y eso fue gracias a su pequeña vecina que se había mudado.


Años más tarde.

Ambos ya tenían quince años, en ese tiempo los niños fueron creciendo, Roció se empezó a volver más hermosa, era muy alegre y dulce asía las demás personas, provocaba alegría a todo aquel a quien la hablaba. David se volvió menos reservado asía los demás, pero aun así era serio, a excepción con Roció su primera amiga. Con el tiempo se volvieron mejores amigos, atándose a un gran lazo casi intimo contándose todo, pero David se sentía inconforme de ser solo un amigo, se había enamorado de Roció ya no la veía por apariencia si no por lo que ella era, una persona amable, dulce y alegre. Y Roció ella siendo una chica que todos los hombres se enamoraran de ella por su belleza, provocaba que David se sintiera algo desmotivado por eso.

*****Una tarde en el mercado*****

Esta vez estaba Roció, ella esta vez tenía las manos ocupadas, tenia bolsas grandes en cada mano. Mientras ella caminaba de regreso se encontró con su mejor amigo.

-¡Hey David!

Pero David no hacía caso estaba con la mirada fija.

-¡David!

Esta vez el joven voltea y ve a Roció y al verla se dirige asía ella.

-Hola.- Saludo David al llegar.

-Tú no cambias, sigues siendo una persona distraída.- Dijo Roció algo molesta.

-Perdón.- David sonríe. Pero después ve a su amiga con las manos ocupadas.- Te ayudo.

Roció de nuevo sonríe.- Pensé que nunca lo dirías.- Dijo pero esta vez fingiendo estar molesta.

David se acercaba más a su amiga para recibir la bolsa, apenas y tocaba la bolsa solo para ser envestido de repente, empujándolo haciendo que David cayera al suelo goleándose de frente.

-Vete de aquí estorbo.- Otro joven algo robusto, tenia mas condición física y mas alto, un año mayor que David y Roció, de pelo negro y tez morena llega.- Yo te ayudare.- Dijo esa persona.

Pero apenas esa persona iba a agarrar la bolsa, solo para que Roció retrocediera de aquel joven, después se acerca a David y se agacha dejando a un lado las bolsas.

-Estas bien.- Dijo la joven preocupada.

David se voltea, le sangraba la nariz por el golpe que se dio, el se agarraba la nariz al ver su sangre, la joven saca de las bolsas algo de papel y se dispone a secar la sangre de su amigo. Después Roció lo ayuda a pararse.

-¿Qué haces Roció?- Pregunto el otro joven enojado al ver como Roció se interesaba por el otro.

Pero Roció se queda callada, no dice nada y empezaba a ver de forma enojada a la persona que agredió a David.

-¿Por qué ayudas a ese debilucho?, es muy poca cosa para ti, mereces a alguien mejor.- Decía el joven sonriéndole.

-¡Cállate!- David se repone completamente y quita las manos de su amiga y lleno de ira se dispone a defenderse pero…

-¡No lo hagas!- Roció le jala el cuello de la playera a su amigo.- Por favor no vale la pena. Mejor ayúdame con las bolsas sí.

Roció miraba triste a su amigo que estaba enojado, David voltea y ve la mirada de su amiga como le decía que no lo hiciera.

-Por favor.- Pedía aun Roció.

David se tranquiliza al ver a su amiga que se preocupada por el.-Esta bien.- Dijo sonriéndole.

Roció al verlo también le sonríe. David agarra una de las bolsas de su amiga. Después ambos le dan la espalda al otro joven.

-¿Que le vez a el?, dime.- Dijo el otro joven agresivo, enojado al ver como Roció prefería mas a David.

Roció para, pero sin voltear responde.- Lo que tú nunca serás.

La joven le agarra la mano a su amigo y lo jala asía su lado, cerca de ella y después lo besa en su mejilla y se lo lleva. David se sonrojo y quedo en shock por eso, mientras ambos dejaban aquel idiota abandonado.

Después de unos minutos mientras ellos caminaban, asía la casa de Roció.

-Muchas gracias por ayudarme.- Dijo David.

-De nada, no quisiera que nada malo te pasara.- Dijo Roció mientras caminaban, aun tenían agarradas las manos.

Ambos jóvenes llegan a sus casas. Pero David deja Roció en la suya. Una vez al llegar.

-Si quieres ya te puedes ir.- Dijo Roció que suelta la mano de su amigo.

-No, hasta que te abran la puerta.

-Ohh, que caballeroso.- Roció saca una leve carcajada burlándose un poco de David.

Pero cuando abrieron la puerta la madre de Roció sale.

-Ya llegaste. Hola David.- Dijo la madre al abrir.

-Hola.

-¿Ya trajeron todo?- Pregunto la madre de Roció.

-Si solo faltan las manzanas que pediste, ya no había.- Respondió la joven.- Pero ahorita me iré a un manzano a bajar algunas.

La madre se pone a pensar un poco.-Bueno está bien, pero ten cuidado.

-No te preocupes David me acompañara.

David se queda desconcertado.

-Conociéndote no tienes nada que hacer y ya saliste de ayudar a tu padre. Así que acompáñame por favor.

El joven se quedo sin palabras, su amiga si lo conocía bien. Aparte no la iba a dejar sola y ella lo sabía, solamente se burlaba de él.

Ambos jóvenes caminan de nuevo, pero algo alejado de la ciudad, caminaban asía el campo que quedaba cerca para ellos. Ambos jóvenes llegan a un manzano, pero el manzano si era algo grande aun para ellos. (Lo doble de un árbol común, solo que aun más viejo)

-Vaya manzano.- Dijo David impresionado con la vista alzada.

-Sí, pero hay que bajar algunas manzanas.- Dijo Rocio al ver también el árbol.

-Bueno me tendré que trepar para ello.- Dijo el joven aun con la mirada alzada.

Pero cuando el joven bajo su mirada vio a su amiga que ya empezaba a trepar.

-¡Eres lento, mejor quédate aquí y recibe las manzanas que caigan!

David se queda molesto al ver que su amiga se le adelanto. El joven sin quedarse atrás decide trepar asía el árbol también, pero más rápido para alcanzar a su amiga.

Una vez en la cima.

-Ja, te gane.- Dijo Roció feliz como de costumbre.

-Esto no era una competencia.- Dijo David molesto por la forma en que su amiga se comportaba.

-Yo pensé que lo era, ya que tu subías muy rápido.- Dijo la joven sin cambiar su tono de voz.

-No te podía dejar, este árbol es como uno de los Cuatro Gigantes.

-No seas exagerado.- Dijo la joven con algo de sarcasmo riendo por las palabras de su amigo.

-Qué tal si algo malo te pasa, al menos me debías de esperar.- Dijo David sin bajar también su tono de voz.

Roció se le queda viendo a su amigo con una mirada coqueta y algo maliciosa da media vuelta y salta asía otra rama, solo para molestarlo. David se molesta aun más y la sigue, mientras Rocio arranca una de las manzanas y la deja caer al suelo.

-Te digo que eres lento.- Dijo Roció con un tono burlón.

-Al menos escuchas alguna palabra de mi boca.- Dijo David molesto.

-Claro.

-Entonces, ¿Por qué lo haces?

Roció voltea, dándole la espada y dice en forma de susurro.- Porque sé que mi novio se preocupa por mi y no dejaría que nada malo me pasara.

Pero David si escucha eso y se queda en shock, sin moverse, se sonroja. Roció vuelve a sacar una leve carcajada y salta a otra rama. Después de unos momentos.

-¿Qué no me vas a ayudar?- Pregunto Roció fingiendo estar molesta al cortar las manzanas.

David mueve un poco su boca, se queda algo noqueado. Pero sin decir nada corta también las manzanas.

Una vez que cortan las suficientes, David se disponía bajar el árbol, pero al no ver a su amiga, se queda desconcertado, la podía ver que ella estaba al frente algunos metros de el sentada en una rama viendo el atardecer. David se le queda viendo y se acerca a ella.

-¿Qué tienes?- Pregunto David que se sienta a su lado.

-Nada.- Dijo ella forma algo triste.

David se queda desconcertado, sabía que algo andaba mal con su amiga, no era normal verla triste.

-¿Enserio que tienes?, te conozco, tú no eres de aquellas personas que se deprimen.- Dijo el insistiéndole, mostrando su preocupación.

Roció de nuevo saca una sonrisa, pero débil.- Vaya que me conoces también, mejor que nadie.

Ambos jóvenes veían el atardecer, desde ahí se podía observar el Árbol Del Inicio que estaba justamente donde se empezaba a ocultar el sol.

-¿Enserio que tienes?- Siguió insistiendo David.

Roció saca un suspiro y dice de forma molesta.- Eres un tonto.

David se queda confundido.- ¿Por qué me dices así?

-¿Por qué los hombres son así con las mujeres?- Respondió la joven aun molesta con otra pregunta.

-No sé de que hablas.- Dijo David aun más confundido.

-Dime algo, quiero que me respondas con toda sinceridad.- Dijo la joven aun molesta.

David asiente, pero aun seguía confundido, Roció siempre había sido alegre con el pero esta vez no sabía que pasaba con ella.

-¿Te has enamorado de alguna persona?- Pregunto la joven de forma delicada, que voltea su cara y ve a su amigo.

De repente los nervios de David se empezaban a subir asía la cabeza con esa pregunta, pero sin voltear a su amiga responde.- Si.

Roció se le queda viendo aun a su amigo sin apartar la vista.- ¿Y cómo es esa persona?

David no dice nada y se sonroja de los nervios, solamente tenía una mirada triste.- ¿Por qué quieres saber eso?

-Solo contesta.- Roció también se empezaba a sonrojar.

-Bueno… no sé cómo decirlo.

-Por favor dime.- Dijo Roció en tono delicado, ella pone una de sus manos encima de una de su amigo que estaba de lado.

David empezaba mas sonrojarse, volteo y vio a su amiga que estaba en la misma situación que él, el joven al ver la cara de su amiga, como tenia roja sus mejillas, que se lo pedía, que no apartaba la vista de el.

-La persona que estoy enamorado es dulce asía las demás personas y pura, es también alegre y risueña, es muy activa y siempre me muestra una sonrisa, también a los demás, muestra también su preocupación asía mi. La persona con quien me enamore fue la primera persona quien me hablo sin importar yo como fuera.

Roció se empezó sonreír mas, mientras miraba delicadamente a su amigo.

-¿Y, y, tú te has enamorado?- Pregunto ahora David.

-Si. Y sé que me vas a preguntar como es, así que me adelantare. La persona quien me enamore es una persona seria, algo callado, algo distraído, pero también es una buena persona. El es único para mí y lo sé por la forma en que el siempre me trata y en la forma en que el siempre se preocupa por mí, sin importar los ratos en que lo hago pasar y no me ve por belleza, siempre me lo demuestra y siempre está a mi lado.

David empezó a apretar más la mano de su amiga.

-Y esa persona ahorita está conmigo, como siempre.- Dijo Roció sacando una leve carcajada.

Roció con su otra mano le toca el rostro, la mejilla a David.

-Esa persona también está conmigo.- David hace también lo mismo.

Después ambos se acercan poco a poco y concluyen su amor mutuo, cerrándolo con un beso, ambos no se soltaban después. Pero una vez que lo hicieron.

-Te amo Roció.- David se libero sin ningún problema.

Roció fingiendo estar molesta.-Mph, Hasta que te atreves a decírmelo. Yo también te amo David.- En eso último lo dijo delicadamente.

Ambos jóvenes se abrazan, Roció se acurruca en el pecho y cuello de David, mientras este la abraza recibiéndola, mientras ambos veían el día que se empezaba a apagar.

-¿Con que a ese sentimiento se le dice amor?

El Dios observo todo. Oni se sintió un poco incomodo al ver a esos jóvenes algo que a él nunca le había pasado, pero aun así no lo demuestra seguía observando de esa forma fría y sin misericordiosa.

-Entre las demás Deidades no existe mucho ese sentimiento afectuoso, siempre somos muy creídos aun en nuestro linaje, nos rechazamos. Hay algunos que tienen ese amor atreves de su preocupación. Mph, Palutena tú te pasas, tú eres muy cursi. Yo nunca tendré amor, siendo yo un monstruo, también no lo necesito. Es mejor ser temido a que ser amado.

Oni no conocía ese sentimiento, nunca sentía esa clase de atracción asía las demás Diosas, siempre las vio como enemigas ya que trataban de matarlo también, el Dios solamente conocía el odio, era un Dios catalogado como un monstruo, pero aun así la Fiera Deidad empezó a comprender que era lo que veían las demás Deidades a sus creaciones.

La Fiera Deidad seguía observando mientras veía los sentimientos de las demás personas, aprendiendo a la vez de estas. Pero así como hay sentimientos de alegría, amor, bondad. Hay sentimientos negativos como tristeza, odio, envidia.


Quince años más tarde.

Aquella pareja vivía feliz, en el pasar de los años ese amor fue creciendo, hasta convertirse en un compromiso. Cuando esos dos jóvenes se casaron y empezaron hacer una familia. La pareja tenía un niño de diez años y una niña de cinco, ellos no tenían lujos, eran de una clase media, pero no lo necesitaban para ser felices, eran una familia normal, David se dedicaba a trabajar en el mercado, en el negocio que le había dejado su padre. Mientras Roció se quedaba, también salía e iba por las frutas, del campo de su abuelo, con eso también le ayudaba a David en su negocio.

Pero nuca falta una tragedia, no todo suele marchar bien.

Un cierto día, en que la pequeña familia paseaba por el mercado, se habían ganado una mirada de una persona, una persona sin buenas intenciones.


Al dia siguiente en la mañana.

-Bueno ya me tengo que ir, ya es hora.

David había terminado de desayunar, se estaba parando de la mesa, ya estaba listo para su día.

Pero una vez que está en la entrada su hija pequeña lo abraza.- Adiós papi.

-Cuídate mucho.- Dijo Roció.

-Si espero que los Gigantes nos den bendición para estas cosechas, últimamente escasean para vender y comer.- Dijo David algo desmotivado.

-Qué suerte que tenemos un cultivo también, no sufrimos mucho por eso.- Dijo Roció tratando de animar a un poco a su esposo.

David le sonríe poco por esas palabras, su esposa siempre lo animaba, desde que eran niños.

-David antes de que te vayas, quiero que traigas estas cosas.- Roció le da una lista a su esposo.

-Bueno está bien. Adiós cuídense.

El esposo antes de irse le da un abrazo a su hija que no quería que se fuera, que no lo soltaba y le da un beso, también le da un beso a su esposa e hijo. David se va de su casa a ganarse el pan de cada día.


Al anochecer.

Desgraciadamente, hay siempre un lado malo en todo. No todo es bueno. En esa parte no tienen que ver los Dioses sobre las decisiones de sus creaciones, pero todo tiene un límite.

-¡Hola!

David volvía de su casa estaba feliz por su día, pero se llevaría algo que nunca, jamás olvidaría. El hombre, padre de familia abre la puerta, la cara de felicidad se transforma. El señor tira la bolsa del mandado que le encargo su esposa al ver algo horroroso, una naranja salia de esa bolsa, la fruta rodo y rodo hasta llegar en un charco de sangre.

David se quedo más que petrificado como una estatua y esa estatua se empezó a destrozar.

¡NOOOOOOOO!

Su familia estaba muerta, Roció tenía una mirada perdida, una mirada triste, su hijos también estaba muertos, la familia de David se desangraba a al frente de el.

La familia de aquel humilde hombre estaba muerta, fueron asesinados. David se acerca a su mujer.

-¡Roció, Roció, háblame, háblame por favor!

El hombre movía el rostro de su esposa a que el tanto amo. Los vecinos oyeron el grito de desesperación y acudieron a ver también se llevaron tan ingrata sorpresa. Nadie lo creía.

David sentía una gran ira, el odio, sentía como recorriendo su ser, mientras le llegaban recuerdos de su esposa, momentos alegres, momentos en que se conocieron en que se dieron un beso, cuando se casaron, en que tuvieron su primer hijo, su hija.

-¿Qui, qui, quien haría algo como, esto?- Se pregunto aquel pobre mientras sollozaba y sostenía a su esposa e hijos, pero también los que estaban con él se preguntaban eso.

David abrazaba a su familia, a su pequeña hija la tenía en brazos. Pero el corazón de David se empezó a llenar de odio, ira y rencor.

¡TE MALDIGO ONI!

El hombre dio un grito asía los cielos, asía su Dios creador por no hacer nada y por habérselos quitado. El grito fue tan poderoso y lleno de ira, odio y rencor que llego aquel Dios.

-Esto es lo que yo conozco.

El Dios aun seguía observando, pero al fijarse de la situación, se dio cuenta de algo.

-Esto está mal.

Mientras tanto David le lloraba a su familia caída, como los abrazaba.

-No esto no tiene que ser así. No hay ningún sentido.- Decía el Dios sin creerlo.

Pero sucedió un pequeño milagro, mientras David lloraba, la pequeña niña movió sus dedos y gimió un poco.

David alza la vista y la desvía asía su pequeña.- ¡Carla!- Reacciono.

La niña aun seguía respirando, eso dibujo una sonrisa a David mientras lloraba, pero sin perder más tiempo pide ayuda a aquellos que estaban presentes y estos reaccionaron, ayudando a su vecino.

-La pequeña se salvo.- Dijo el Dios que aun veía.

David se lleva a su hija para que fuera atendida, dejando los cadáveres de su esposa e hijo. Oni al ver a la madre e hijo, también le empezó a dominar su ira, algo que a él siempre lo caracterizo, pero esta vez era diferente. El Dios no estaba de esa manera desde la Guerra Divina, esta vez si había alguna razón. Oni apretaba sus puños, la furia de David, se convirtió en la furia de Oni.

Toda la tierra de Ikana se puso alerta buscando aquel asesino, pero para la desgracia el ya había escapado, de su vista. David sentía gran rabia, pero no podía hacer nada, era el momento en que su hija ahora necesitaba más que nunca a su padre.

****Mientras tanto en la pradera de Termina****

Un hombre cruzaba la pradera que dividía la Tribu Garo con el Reino De Ikana. Ese hombre estaba huyendo. En la cara de aquel asesino dibujaba una alegría al ver la cara de aquella mujer y sus hijos que el mato, sintiéndose satisfecho.

-¿Y ahora como te sientes David al saber que Roció ya no está con nadie?, dime.


Quince años atrás.

-¿Que le vez a el?, dime.- Dijo el otro joven agresivo, enojado al ver como Roció prefería mas al otro joven.

Rocio para, pero sin voltear responde.- Lo que tú nunca serás.


Al dia siguiente después de eso.

David y Rocio ya salían juntos como novios. La pareja caminaba en el mercado. Pero para su desgracia se encontraron con aquel muchacho que había agredido a David.

-Roció aun sigues con ese bueno para nada.- Dijo aquel joven, burlándose a la vez de David.

Ese muchacho se acercaba mas y mas asía Roció queriéndola besar forzosamente, David al ver eso iba a interponerse, pero Roció aprieta mas la mano de su amado y lo jala haciendo que ambos retrocedan.

-¿Tu no cambias verdad Héctor?- Dijo Rocío enojada al terminar de retroceder.

-Vamos, no sé por qué lo prefieres a él, en lugar de a mí.

-Todavía tienes el descaro de decírmelo de nuevo.

-Jejeje.- Héctor se acerca otra vez asía Rocío, pero esta vez David se mueve y se pone en medio, protegiendo a su amada.

-Lárgate de aquí David, ella es mucha para ti.

-Tal vez tengas razón. Pero también es mucha para ti y por mucho mas, tú no eres nada para ella.- Dijo David con valor.

-¡Cállate!

Héctor le da un golpe en la cara a David, pero este no se aparta de Rocío. Héctor vuelve a golpear otra vez y esta vez sí lo mueve, haciendo que se aleje.

-¡David!- La joven mostraba la preocupación asía su amado, pero cuando se dirigía asía él, Héctor le sujeta el brazo.

-Déjalo, mejor vete conmigo, prometo que yo te cuidare y mejor. El que tiene, no te puede dar nada como yo lo haría si te conviertes en mi novia.

Rocío zafa su brazo de la mano de Héctor, después la joven le da una cachetada. Y sin decir nada Rocío va asía David que escurría sangre en uno de sus labios. David el sentir el sabor de su propia sangre se iba a dirigir asía Héctor para golpearlo también, pero al avanzar Rocío lo agarra a espaldas abrazándolo.

-¡Suéltame!- Dijo David molesto.

-No lo hare. Tranquilízate por favor.- Dijo Rocío sin soltarlo.

-Qué vergüenza das David, hasta Rocio te tiene que defender.- Dijo Héctor que se burlaba.

-No lo hagas, por favor, entiendo tu enojo, solo hazlo por mí.

Las palabras de Rocío tuvieron efecto asía David que se empezaba a tranquilizar, por su amada.

-Lo que tú digas.- Dijo David desanimado.

Rocío lo suelta y se pone a su lado.- Muchas gracias.

Héctor solo veía esa escena, lo asía enojar más.

-No eres un verdadero hombre.- Dijo Héctor.

Pero esta vez Héctor no hiso enojar a David.

-¿Y crees tú que por que yo lo detenga y me preocupe por él no lo hace hombre?, ¿Crees que tu siendo como eres puedes conquistarme?- Esta vez dijo Rocío.

-Vamos como dije el que te puede dar, yo soy mucho mejor que en todo aspecto. Y tú no eres como las demás, eres muy hermosa, tan solo me enoja que él te tenga y no te sepa apreciar.

-Eso a mí no me importa, tal vez lo tengas todo, pero en el fondo estas podrido. Aparte el me aprecia mucho más de lo que crees. Tu solo eres de una familia de rateros que son buscados de la Tierra de los Garo, ¿Crees que no lo sabemos?, ¿Crees que por tener más riquezas y porque todas las chicas bobas se enamoran de ti te hacen mejor que él?, pues qué pena, David tiene razón tú no eres nada para mí y David es mucho y todo para mí.

La pareja se aleja de aquel pobre infeliz que se quedo callado. Lo peor para él es que todo era cierto y mas lo hiso enojar viéndolos después como Rocío le secaba la sangre a David y como ellos después se besaban.


Un dia antes del asesinato.

Los años transcurrieron. Héctor no tenía a nadie con quien estar, estaba en el mercado solo. Al final todos se enteraron quien era en realidad, un estafador y un ladrón infeliz, que tenía que robar atravez de palabras o asaltando para sobrevivir, sin trabajar humildemente como debió ser, pero el escogió su camino.

Pero lo que más le hacía enojar a Héctor es que cada vez que veía a David y a Rocío durante los años, siendo felices entre ellos y el no, como el no tuvo el amor de aquella chica que lo atraía.

Pero Héctor ya no veía a Rocío con ojos de amor, si no con odio y envidia, también a David. Viendo que a pesar que el tenia todo, el estaba solo y ellos a pesar de que no tenían lujos eran felices. Y la gota que derramo el vaso eran verlos de nuevo que reían, con sus hijos, mientras David cargaba a su hija sobre sus hombros mientras esta reía con él, mientras el pequeño iba sujetando la mano de su madre viendo a su padre, eso también lo asía feliz. A pesar de todo para Héctor era como se lo restregaran en la cara.


Horas antes del asesinato

Fue por eso que los asesino, viendo la cara de Rocío espantada al ver a alguien adentro de su casa y a sus hijos que se habían levantado, viendo con cara de terror como su madre era asesinada, como el pequeño trato de ayudar a su madre, y Héctor burlándose pateándole su rostro, para después asesinarlo también. Y la pequeña que trataba de correr para esconderse, para solo después tratar de asesinarla dándole una puñalada.


Actualidad

Mientras el asesino caminaba en la pradera, avanzando con una mirada seria, nada mas pensando en lo que haría después. Pero para su desgracia iba a hacer visitado, el asesino alza su mirada al ser apuntado por un rayo de luz, como si fuera un sol.

-Qué raro, se supone que la luna no tiene que salir.- El asesino miraba la luna.

Héctor seguía viendo la luna, mientras él se preguntaba. Pero al bajar su mirada, vio algo indescriptible, alguien había aparecido. Si Héctor era un monstruo, la persona que había bajado desde la luna era mucho peor que el.

-¡Tú, tu, tu!

El Héctor quedo atónito con la vista un poco alzada al ver a su Dios en persona y sin dudarlo se humilla, arrodillándose completamente y bajando. Era tal y como se lo había dicho y leído en las escrituras. Oni había bajado desde los cielos para castigar al asesino, tenía su mirada fría que expresaba seriedad sin misericordiosa.

-¡Dios De La luna!- El asesino se quedo en shock.

El Dios sin perder tiempo dice -¿Por qué lo hiciste?- Pregunto el Dios hiendo al grano.

Héctor se queda callado pero después responde con miedo en su voz y aun en el suelo responde.- ¿No se a que se refiere mi todo poderoso Dios Oni?

-¿Dime, sabes con quien estás hablando, verdad?, Tu bien sabes que los Dioses podemos ver todo lo que pasa en nuestra tierra, no te sirve de nada que intentes ocultarme las cosas. Yo lo sé todo y se todo de ti y tú no eres nada, tu eres una creación mía, que eso te quede claro.- Oni se mostraba serio y frio mostrando su enojo ante la falta de respeto por aquella persona.

-Si mi Dios. -El asesino ya no dice nada y empieza a llorar, tenía miedo pues sabía que su Dios tenía la fama de ser la Fiera Deidad, el presentía lo peor.

-¿Por qué lloras, dime?- Oni ve el comportamiento de su creación, mientras veia de forma fría mientras una leve sonrisa dibujaba su rostro.- ¿Tienes miedo de que yo te mate?

Héctor tenía tanto miedo, se podía como temblaba, como si de un niño se tratase. No podía hablar.

-No te preocupes, no te matare.

La persona alza la mirada, quedándose en shock, por lo que las palabras de su Dios.

-Mu… mu… muchas gracias mi todo poderoso Oni.- Hector lo vuelve a alabar y se humilla de nuevo.

-Pero…

Al terminar las palabras el silencio se hace dejando solo el viento que hablara.

-Quiero que sientas el dolor de ese pobre hombre y yo personalmente te lo daré. En todo el tiempo que he visto a asesinos y criminales, ellos roban y dejan a sus víctimas en paz o simplemente los matan ya sean por diferentes razones, algo que tengan que ver sus víctimas o simplemente los matan y dejan sus cuerpos en paz. Pero tú eres el que más me ha llamado mi atención, tú mataste a aquella familia de una forma cruel, fría y sanguinaria. Digna de ser de un demonio y todo simplemente por envidia, porque esa familia era muy feliz y tu, un pobre miserable que solo se preocupa y ve por su ser, robando, matando y simplemente por querer ser como los demás, ya sea teniendo sus posiciones y tener sus riquezas. Esa familia te dejo en claro que no bastaba de ser rico para ser feliz.

Oni se agacha y le toca la cabeza a Héctor.

-¡Por favor deme otra oportunidad, se lo ruego!- El asesino suplicaba.

-Sabes muy bien que no soy un Dios compasivo. Aparte ya tuve mucha compasión de tan solo dejarte vivir. Simplemente…

El Dios transforma a ese hombre. Lo deforma, su cara era casi la de un demonio.

-Te daré una apariencia digna a tu ser. Las personas que te vean te tendrán miedo, no te podrás a acercar a ellos ya que tendrán miedo al verte. Un demonio sin compasión que asesina por envidia eso es lo que eres. Tendrás suerte si alguien se te acerca y confía en ti.

Héctor voltea a un charco y ve su reflejo en el agua.

-¡No por favor eso no!- Héctor le rogaba y se ponía a los pies de su Dios.

-Está bien, lo quitare.

La cara de Hector expresaba alegría, se le dibujaba una sonrisa al escuchar eso, pero con su nueva apariencia era algo maliciosa, veía a su Dios directo a sus ojos.

-En cuanto a aquel padre de esa familia que tú asesinaste te perdone.- Esa fue la condición de Oni.

-¡¿Qué?!- El asesino se quedo viendo a su Dios, el no podía hacer nada ante eso, pero cuando Héctor cerro sus ojos solo por un segundo vio que la Fiera Deidad se había ido.

El asesino se para y al hacerlo de nuevo alza su mirada, solo para ver que la luna había desaparecido. Héctor al ver sus manos vio que una tenia uñas largas negras, algo esquelética era un poco mas grande. Un ojo lo tenía rojo con el fondo negro.

-¡POR FAVOR DIOS ONI, NO ME DEJE ASÍ!

El asesino le gritaba a su Dios, pero este lo abandono. Oni al regresar a la Luna.

-Vamos a ver cómo te va.- Oni se dispuso a ver mientras una sonrisa de malévola que dibujaba su rostro, iba a disfrutar al ver a Héctor sufrir.

El tiempo paso, Héctor ahora tenía que seguir su vida y mientras lo hacía era discriminado por su apariencia ante las demás personas, cuando llego a la tierra de los Garo, nadie lo reconocía, ni su familia que le costó trabajo creerlo, pero también cuando Héctor les conto su historia sobre el Dios que le hiso esto, al principio no lo creyeron puesto que decía que su Dios había bajado solo por él, pero al enterar se de lo que sucedió en la tierra de Ikana y más aun que se confirmo, le creyeron y al hacerlo lo echaron de su casa por matar a aquella familia.

-Tú nunca será bienvenido a esta casa si el Dios De La Luna te castigo, no podemos seguir interponiéndonos en su sabia decisión, nos das pena. Ni tu padres eran así, robaban para que tu no vivieras en sus mismos pasos dándote lujos y ese fue su error, que vergüenza nos das, ¡Lárgate!, lo único que podemos hacer por ti es no delatarte, con aquel pobre hombre y con tu madre que está muy enferma para aguantarlo.

Héctor sin tener a nadie, divago por días en soledad, mientras algunos niños le aventaban piedras en su rostro. El hombre mitad demonio se dedico en lo mejor que asía y era robar, pero eso ya era más difícil por tratar de ocultar su rostro.


Diez años más tarde

Los años pasaron y Héctor ya no podía robar, ya que una vez una familia al ver que se metía a su casa, habían lanzado sus bestias domesticas para que lo atacaran, aparte fue herido en un pie por una flecha, eso ya le impedía que ya no pudiera mas seguir robando. Cuando el hombre mitad demonio buscaba trabajo, nadie lo aceptaba ya que espantaba a sus clientes, aparte habían oído rumores sobre un ladrón con cara monstruosa.

Pero ahora el hombre mitad demonio tenía que mendigar para sobrevivir, mientras era discriminado por los demás, por su apariencia, el hombre llego a un punto máximo de depresión a tal grado que decidió acabar con su sufrimiento. Pero Oni no lo dejaba, el Dios quería seguir viendo al hombre sufrir.

Pero un día algo perseguiría a Héctor. Un día el hombre mitad demonio estaba mendigando, mientras recibía insultos de unos niños, sin darse cuenta alguien lo estaba viendo.

-Mira aquí está el monstruo. ¡Vete de aquí monstruo!

Un niño arroja una piedra al hombre, pero a pesar del dolor que sintió, Hector lo ignora ya estaba acostumbrado, tenía la vista asía abajo.

-¡Hey!- una voz de una joven interrumpe.- Déjenlo en paz a ustedes no les gustaría que los trataran así.

Los niños se quedan callados, pero al ver a la joven la obedecen y se retiran, embabobados. La joven se le queda viendo al pobre hombre.

-Tome esto.- La joven se acerca y le deja una pieza de pan y una fruta a Héctor, este al ver se quedo desconcertado.

-¿No me temes niña?- Pregunto Héctor, con una voz rasposa.

-¿Por qué te debería de temer?- Pregunto la joven con un poco de duda en la voz.

-¿No sabes quién soy?, ¿No sabes porque me temen?

-No sé el por qué te temen. Yo no te tengo miedo, te veo aquí diario sin hacer nada.

El hombre mitad demonio alza su mirada y ve a la joven.

-¿Ahora me temes?- Pregunto Hector mirando a la joven.

La joven saca una leve carcajada.- No te temo, eso es solo apariencia. Hay peores personas a la que verdad hay que temer y no por la apariencia… Un ejemplo nuestro Dios.

Héctor se le quedo viendo a la joven y al verla le trae recuerdos. La joven era de quince años, de altura casi media, tenía una tez clara y unos ojos color miel, un poco oscuros. Héctor al ver a la joven se queda en shock, esa joven le recordaba a alguien.

-Unas personas me enseñaron que nunca tenía que juzgar a las personas por su apariencia.

-¡Carla!- Otra voz interrumpe, llamando a la joven.

-Ya voy.- Dijo la joven que voltea y ve a su padre.- Bueno ya me tengo que tengo que ir hasta luego.

-¡Espera!- Dijo el monstruo, Clara voltea a verlo.- Muchas gracias.

-Mph.- Carla da una sonrisa.- No fue nada, hasta luego.

Héctor se le queda viendo a la joven que se iba. Héctor de nuevo veía a Rocío en persona, solamente que la única diferencia era el color del cabello, el cabello de Carla era castaño, como el de su padre. Después Héctor ve al padre y ese era David, lo veía después de tantos años.

-No te vuelvas a desaparecer así entendido.- Dijo David regañando a su hija.

-Por favor, solamente me fui unos segundos, Tú siempre me vigilas y casi no me dejas sola.- Dijo Carla molesta.

-Tengo razón ahorita estabas con ese tipo, no sabes que es lo que él quiere.

-Vamos no seas exagerado. Tú antes me decías que nunca juzgara a alguien por su apariencia, también me lo decía mi madre.

-Te comportas igual que ella, pero entiende que lo hago también por tu bien.

-No te culpo, pero también tengo derecho a ser libre, no tiene sentido la vida si vivo con miedo.

El padre suspira, fue derrotado por su hija.- Creo que tienes razón.

Héctor solo los veía, pero esta vez no tenia odio en su corazón, tampoco envidia, ahora solo tenía tristeza, por que se empezaba a arrepentir de lo que había hecho. Le daba rabia su ser, al saber que separo a una buena familia, mientras imágenes horrorosas le llegan a su cabeza, como Rocio le suplicaba que no lo hiciera, como su hijo lo trato de detener y como Carla cuando era pequeña gritaba de terror, lo empezó a comprender pero ya más tarde. El ladrón empezó a llorar se sentía destrozado. Una vez que Héctor se retiraba mientras sollozaba asía un callejón oscuro, donde vivía.

-Veo que ya has entendido, ¿Ya sabes que se siente?

Oni estaba en aquel callejón, solo se podía ver su silueta y nada mas remarcaba sus marcas faciales y sus ojos blancos.

-¡Di, Di, Di, Dios De La Luna!- Hector se quedo en shock. Acto seguido se arrodilla al verlo.

-¿Sabes que se siente cuando tu familia te deja, sabes lo que se siente cuando las personas te discriminan, sabes que es lo que se siente que te odien?- Pregunto el Dios.

El asesino solo asiente viendo arrodillado a su Dios.

-Puedo sentir tu dolor hijo mío y todo lo que has pasado.

-¿Por qué somos así?- Pregunto Héctor mientras lloraba.

-Eso no lo sé. Ustedes al principio salen a mi imagen, pero después son corrompidos por el tiempo, ustedes escogen sus caminos, no yo. Yo solo bajo para poner orden y tú rompiste ese orden.

-Lo entiendo. Rocío y su hijo no merecían ser asesinadados, ella era una maravillosa persona, aun la recuerdo, yo nada mas la veía por apariencia, David nunca lo hiso. Ya entiendo su castigo asía mi.

-Solo eso quería oir.

Oni se acerca y le toca la cabeza a Héctor y lo transforma dándole su forma original.

Héctor al ver cómo era en un espejo se queda en shock, se toca su cara ve su manos y volvió hacer el mismo.

-¿Por, por, porque lo hiso?- Pregunto Héctor desconcertado y confundido.

-Yo no lo hice, fue el destino y también Carla la hija de Rocío.

El hombre se queda desconcertado ante el hecho.

-Ella siempre reza por ti, siempre reza que nada malo te pase y yo como Dios me encargo de esas peticiones puras de corazón, solo que esta vez tenía que esperar, quería que sufrieras y por mi seguirías sufriendo hasta la muerte.

-Pe, pe, pero no es justificación para usted y lo sé porque usted no es compasivo.

-Todos merecen una segunda oportunidad. Pero esta vez Carla te la dio, ya que ella te perdono. Ahora cumple con tu parte, ya sabes cuál es.

El Dios se desvanece por completo.

Después de eso Héctor fue a confrontar sus problemas declarándose como el asesino que había matado a la familia de David, hiendo personalmente a la casa de David. Obviamente tanto el padre como la hija no lo tomaron nada bien. Esto produjo una confrontación en la cual había golpes que David de nuevo le invadía la rabia que sentía ese día, David se abalanzo sobre Héctor y lo golpeo sin parar, Héctor no se defendía ya no le importaba si lo mataban o no, pero sorprendentemente para él la única que lo había perdonado era Carla que detuvo a su padre, a pesar de todo lo que Héctor le había hecho, pero Héctor había entendido lo que su Dios quiso decir, que la hija de Rocío lo había perdonado. El asesino aun inconforme, sintiendo como la culpa lo dominaba y se lo comía, se entrego para su castigo, que era la muerte. Carla trato de impedirlo lo más que se pudiera para que no se entregara, a pesar de todo Carla entendió el sufrimiento y castigo que tuvo después del asesinato, pero al final no pudo. Fue una gran tristeza para la joven al ver a ese hombre que respeto, porque siempre y más ahora que supo la historia de que él era aquel monstruo que mendigaba en el mercado maldecido por su Dios. Oni vio todo y ya no tenía más dudas sobre sus creaciones, se sintió orgulloso de aquel asesino por confrontar sus errores, Oni solo lo impulso para hacerlo.

Desde aquel día en que Héctor había asesinado a la familia de David cambio algo en Oni. La compasión había vuelto en la Fiera Deidad, el la había perdido hace millones de años. El Dios lo recupero al ver a sus creaciones y se dio cuenta que era lo que veían las demás Deidades es estas. Era la belleza que suelen representar, pero también el horror que pueden lograr traer y todo atreves de sus acciones y pensamientos en los cuales Oni hiso un movimiento. El Dios quiso saber más sobre sus creaciones, para él era algo nuevo y para saber que se siente hiso un enlace.

Las creaciones siempre han sido una parte para los Dioses ya que estos las crean, pero antes los Dioses y las creaciones asían un enlace como uno solo, el Dios podía saber que los pensamientos de sus creaciones y estos atravez de los rezos podía llamarlos. Pero debido a las Guerras Divinas pasadas eso ya no se podía hacer, los Dioses optaron otra opción de ver a sus creaciones, pero a la vez no podían saber todo de estas. Pero Oni lo retomo convirtiéndose en uno solo con su gente, la Fiera Deidad se convirtió en un Dios omnipresente como lo eran sus antecesores. Sabiendo que piensan cada uno de sus hijos.

-Lamentablemente esto aun no acaba no tengo nunca que bajar la guardia.

Pero no todo es paz y eso Oni lo sabe siempre tendrá enemigos, a lo cual la Fiera Deidad nunca baja la guardia y siempre está en su luna vigilando a sus creaciones.


Esta vez si me dedique hacer un capitulo largo, lo iba a publicar antes, pero mejor decidí esperar a ver que ocurría. Le puse un poco de romance a este capitulo y quise hacer una tragedia, hice una pareja que no sea siempre Zelink (De en vez en cuando es bueno romper la rutina). Quise hacer a Oni como un Dios omnipresente, como saben todo empezó como una teoría que publique en mi primer fic, obviamente invente algunas cosas como el árbol del inicio que no tienen nada que ver, solamente para hacer una historia un poco más interesante.

Bueno creo que eso ya es todo me despido, cuídense y hasta la siguiente actualización.