Disclaimer y advertencias generales en el primer capítulo :_D

N/A: ¡PERDÓN! TOT ESTRÉS, COSPLAYS, ESTRÉS, MÁS COSPLAYS, MÁS ESTRÉS TOT!! RIÑAS Y COSPLAYS! Y lo peor de todo es que me faltan dos cosplays por terminar aún xD y son para la semana que viene ;_; ¡Pero que le den!¡Quiero escribir!
Por cierto, he decidido hacer cosplay de la prota de Harvest Moon: Island of Happiness, es tan cuca (Kyah! Kyah!), pero será para el año que viene n_n
Y el fic llega a la mitad de su contenido con el cuarto capítulo n.n Sí, serán ocho capítulos cortitos :3 Lo tenía pensando, más o menos, desde un principio aunque ahora ya me he decidido del todo y sé que rumbo seguirá nvn
Gracias por los comentarios n3n!!
Y perdón TOT

Atracción

Cuarto capítulo.

Ken saltó en el sillón una vez más.

–¡Eso ha sido falta! –gritó a pleno pulmón.

Se tapó la cara con las manos y pateó el suelo repetidas veces. Alcanzó el mando del reproductor de video para rebobinar la cinta y ver la jugada de nuevo.

La noche anterior había pretendido ver el último partido de la selección, que se perdió por tener que realizar una misión a última hora, pero con la interceptación de Omi y el malhumor que había adquirido después de su conversación se había olvidado completamente.

Después de comer, aprovechando la modorra de sus compañeros de piso, se había acomodado en el salón para disfrutar de hora y media de chutes, pases, tiros a puerta y paradas de balón.
Sólo llevaba quince minutos y un par de gritos cuando el primero de sus colegas apareció. O algo así.

Fujimiya Aya se hizo presente en el hueco de la escalera. Caminó silenciosamente, esquivando sillas y revistas de videojuegos que alguien había dejado olvidadas detrás del sofá.
El pelirrojo se prometió a si mismo que se olvidaría de los tigretones de Tsukiyono cuando fuera a hacer la compra.

–¡No me lo puedo creer! –volvió a quejarse Hidaka– ¿Y a eso le llaman fuera de juego?

Negó con la cabeza mientras esperaba que ralentizaran el momento para demostrar que él estaba en lo cierto, pero algo más obtuvo su atención.

–Nh. –saludó Fujimiya, sentándose al otro lado del sofá.

Hidaka giró su cabeza inmediatamente, casi con salvajismo. Sus ojos castaños se abrieron tanto que Fujimiya pensó que saldrían a dar un paseo por la habitación en cualquier momento.

«¿Eh?» pensó Hidaka «¿Desde cuando…?»

Ken se removió un poco en el sofá, bajando los pies de la mesa que tenía delante y sentándose más erguido.
No era la primera vez que Aya ocupaba el salón para leer, pero había dos factores que en ese momento se estaban dando y que nunca se daban cuando el pelirrojo decidía tal cosa. Primero: nunca había nadie más usando la televisión. Y segundo: Siempre se sentaba en su sillón preferido.

–Hola… –terminó por saludar Hidaka, volviendo sus ojos hacia la pantalla.

El castaño vio los siguientes cinco minutos de partido en un silencio incómodo y sepulcral, mirando de reojo al otro hombre, que seguía con lo suyo como si tal cosa.
No tardó mucho en observar más al propio Fujmiya que al partido en sí, deleitándose con el movimiento de sus dedos cuando pasaba una página más del libro.

En algún momento se olvidó de que el televisor estaba encendido y de cual era su propósito en aquella estancia. No en vano, mirar a su jefe de alabastro era uno de sus pasatiempos preferidos.

–¿Ese gol no es válido? –preguntó Fujimiya sin levantar la vista de su lectura.
–¿Eh?

Hidaka se sorprendió, mirando hacia la pantalla y tomando torpemente los mandos, que casi se le cayeron de las manos. Rebobinó la cinta y observó la jugada, sintiéndose estúpido por momentos.

–No hay fuera de juego –empezó a explicar Ken, un poco más animado–, pero el árbitro había pitado falta antes de…

Volteó su rostro con una sonrisa en los labios, feliz por poder hablar de algo que sí comprendía a la perfección delante del pelirrojo. Sus palabras se perdieron cuando la sombra de Fujimiya se proyectó sobre su cuerpo.
Aya se había movido de sitio mientras Ken estaba entretenido y ahora se encontraba justo a su lado. Kenken podía notar su rodilla chocar contra el muslo del mayor.

Su expresión formó un interrogante. No estaba seguro de que estaba pasando. Tal vez se había quedado dormido mientras veía el partido y estaba soñando.

Fujimiya giró su cuerpo, apoyando el codo izquierdo en el respaldo del sofá y la mano derecha entre las piernas de Hidaka.

Definitivamente se había quedado dormido…

El cuerpo de Ken dio un respingo, intentando fusionarse con el tapizado de los cojines. Fujimiya lo miró muy fijamente y sus ojos volvieron a acercarse, de la misma manera en que lo habían hecho esa mañana.

… y sin ninguna duda estaba soñando.

–¿¡Cómo va el partido, Hidaka!?

El grito los alteró a ambos, haciendo que el castaño se levantara de repente, arrollando todo lo que se encontró por delante.

–¡Ah!¡Kudou! –Ken dio la vuelta al sofá, apoyando su peso en el respaldo del mismo– ¿Dónde vas tan pronto?

El mayor de todos levantó una ceja, abrochando el puño de su camisa y alisando la parte delantera antes de mirarse por undécima vez en el espejo.

–Tengo una cita –canturreó– ¿No es obvio?
–¿Tan pronto? –preguntó desesperado– ¿No quieres ver el partido antes de irte?
–¿Para ver otra vez como pierden? –rió Yohji– No, gracias.

Hidaka frunció el ceño.
Había conseguido que nadie le dijera el resultado antes de verlo con sus propios ojos. Al menos hasta ese momento.

–¡Kudou! –regañó con los mofletes hinchados.

Para cuando el ligón se despidió con besos al aire y guiños y Hidaka se giró a observar el sofá y los mandos en el suelo, Fujimiya había desaparecido del salón.

El corazón de Kenken latía demasiado fuerte y la saliva que tragó no deshizo el nudo de su garganta.

Estaba seguro de que su jefe se había enterado de su pequeño secreto y tenía algo que decir al respecto. Sólo esperaba que se decantase por una muerte rápida y sin dolor.

Continuará…

Próximo capítulo: En la tienda esa misma tarde.