Holitas! Ohhh~ Soy feliz! 5 reviews! Muchas gracias :') Me alegré mucho con cada uno de los comentarios que dejaron, enserio. Cataclismo para todas! Okayno -sólo si quieren-.

Gracias a: AmutoxVivi, Dulce-Airs, ELF-CLOUD, AI tsukiyomi y Milenary.

Bueno, sin más distracciones les dejó el Declaimer y justo después el capítulo cuatro.


Rated: T

Advertencia: Universo alterno

Parejas: AmuxIkuto-centric-, KukaixUtau

Declaimer: Shugo Chara © PEACH-PIT (#Respect). Sakai City Cultural Hall, si existe y no me pertenece tampoco.


Capítulo IV: Cuando encuentras indeseados

Sentía cosquillas en el estómago, y que sus manos sudaban un poco. Estaba nerviosa y esto era evidente, demasiado evidente.

Sacó en su celular de su bolso de mano y activó la cámara para mirarse por "n" vez en el trayecto. No tenía nada mal en el rostro y parecía que estaría bien, parecía. Se estaba torturando a ella misma al no haber traído audífonos para no pensar mucho en el camino.

—Amu-chan~ Tranquila, llegaremos pronto~—canturreó su progenitor a su lado, que conducía casi con los mismos nervios que su hija.

Ella asintió con una extraña sonrisa en la cara. Si alguien más la hubiese visto, se habría asustado de aquella expresión o habría supuesto que ese vestido no la dejaba respirar bien o que tal vez tenía cólicos menstruales. Pero la verdad es que ella estaba así por la ansiedad, estaba ansiosa, nerviosa y emocionada.

Cuando Hinamori padre e hija salían juntos con esas expresiones en sus rostros sólo significaba una cosa: Papá ha sido elegido para exponer sus fotos en un museo/galería/villa y estará presente algún fotógrafo/artista reconocido. Y en este momento estaban a sólo minutos de llegar a la gran galería de arte, a la cual querían ir desde hace mucho pero siempre pasaba algo. Pero esta sería la oportunidad perfecta para disfrutar. Tampoco ayudaba el hecho de que no se hallaba en Osaka exactamente, sino en el ciudad siguiente, a donde se dirigían en ese mismo instante.

—Llegamos.

Ambos habían dicho al mismo tiempo la palabra, y habían visto como la gente bajaba de sus autos vestidos elegantemente. Aparcó el auto en el espacio desocupado que encontró primero y se miró en el espejo retrovisor acomodándose la corbata verde olivo. Su hija también miró su reflejo en la cámara de su celular, se había peinado especialmente para la ocasión…

—Amu, cariño, debemos bajar—le recordó su padre saliendo por su lado.

Asintió la pelirrosada mientras ponía lentamente sus pies en el suelo con la puerta ya abierta, una vez afuera se encaminaron juntos a la entrada de la gran galería. Su papá saludaba a la mayoría de gente, que de inmediato se le acercaban a felicitarlo y también cámaras tomando muchas fotos. Su hija era halagada y él orgullosamente decía que estaba en sus venas ser la mejor en lo que se dedicara.

—Papá, falta casi una hora aún—comenzó cerrando los ojos—, ¿tú crees que pueda ir dar un paseo?

—Claro, Amu-chan, pero regresas dentro de una hora—dijo sonriéndole.

Asintió la menor y se encaminó a perderse entre las obras de Mucha.

Con cada paso sintió que la piel se le erizaba.

Sus ojos iban de un lado a otro, perdiéndose con cada imagen en la pared. Los colores fríos de otra pintura capturaron sus ojos, matizados en escalas hacia la luz lo hacía más interesante para ella. En el Ayuntamiento Cultural de Sakai podías admirar el "Museo de Alphonse Mucha" y el "Museo de Yosano Akiko". Juntaban tanto arte como literatura. Ella estaba disfrutando mucho de las técnicas de las litografías. Este museo era una de las razones por las cuales prestaba suma atención a sus clases de historia, sabía que una ciudad como Sakai era perfecta para la influencia que había tenido el artista con la cultura japonesa.

Las pinceladas de otro cuadro la llamaron, tuvo que reprimir la necesidad de tocar la pintura… aquellos trajes neoclásicos habían llamado siempre su atención. El artista se destacaba siempre por retratar mujeres jóvenes y…

—Hinamori Amu.

Y esa horrible y seca voz la sacó de su mundo de fantasías…

Al voltearse se encontró la imagen que no podría negar era –casi- perfecta. Y decía casi porque su orgullo le recordaba que a quien estaba viendo era nada más ni nada menos que su estimado profesor.

—Tsukiyomi-sensei—dijo mirándolo de arriba hacia abajo sin ningún disimulo—, es raro verlo con corbata blanca…

Es que no sólo era la corbata, sino el chaleco que suponía venía con el conjunto y era de igual color que la corbata. Camisa negra de mangas largas y pantalón de vestir de igual color, zapatos a juego. Pero todo parecía a medida por cómo se entallaba a su esbelta figura, si bien le parecía delgado antes, podía comprobarlo ahora. Sus flequillos rebeldes que usualmente cubrían su frente, estaban peinados a un lado y no tenía puesto sus lentes como en la preparatoria. Tenía que admitir –con el dolor de su corazón y más que nada de su arrogante orgullo- que se veía atractivo y hacía notar que aún le quedaban buenos años jóvenes por delante. Él tenía buen gusto.

—Sólo en eventos importantes…—dijo restándole importancia—Vino al evento.

Más que pregunta le sonó a afirmación. Arrogante. Ella se limitó a sonreír con orgullo.

—Sólo vine a felicitar a mi padre, sus fotos son… el evento—dijo acomodando un mechón rizado que caía rebeldemente a un lado de su rostro.

—Su padre…

—Sí, mi padre es el fotógrafo por el que están haciendo este evento. Hinamori Tsumugu.

Lo dejó mudo, simplemente perfecto.

—No sabía que usted visitaba galerías de arte los sábados por la tarde y tan lejos de la ciudad.

—En realidad me invitaron y como vivo cerca de aquí—aclaró mirando la pintura que parecía haber estado mirando su alumna minutos atrás—. Me quedo con mi madre de lunes a jueves y viajo en tren a Osaka cada viernes y lunes…

Pero si no se lo pregunté…

—Ya veo.

Se recriminó internamente por darle esa información, después de todo a ella qué podría importarle donde vive.

Disimuladamente dirigió sus zafiros hacia la más baja, quien aún tenía sus ojos en la pintura frente a ella. Parecía entretenida con algo que él no podía ver, porque de hecho que ya se había dado cuenta que el artista, de quien sinceramente no recordaba el nombre, estaba obsesionado con las mujeres. Nunca había sentido interés por el arte neoclásico, después de todo sólo intentaban un nuevo clásico… ¡Nooo!—pensó con sarcasmo—Soy un genio. Lo que no podía entender es cómo en casi todas sus obras había una mujer con casi el mismo perfil, ¿por qué llamaba tanto la atención a personas como… -por ejemplo- Amu? ¿Está bien tutearla? No estamos en horario escolar después de todo.

Otra vez miró a su lado y cómo ladeaba su cabeza, parecía querer ver algo, o tal vez buscaba algo. Debido a que la estaba mirando se pudo dar cuenta –recién- de su peinado.

— ¿No me digas que te peinaste para la ocasión?

Su voz cargada de sarcasmo la habría hecho rabiar, pero sólo podía pensar en por qué la había tratado de tú, tan repentinamente.

—Pues si—dijo dándose media vuelta, intentando no dar muchas vueltas al asunto.

Su madre había puesto mucho esfuerzo en ese look sólo porque por primera vez en su vida quiso llevar su cabello, totalmente lacio, de una forma distinta. Aunque si fuera rubia o castaña, ayudaría más a que se pareciese a una de las mujeres que pintaba…

— ¿Te enamoraste del artista o algo así?

Tomó aire profundamente y contó hasta diez mentalmente, debía de estar viviendo una de sus pesadillas.

—Para tu información Alphonse murió hace setenta y siete años.

— ¿Necrofilia?

Se giró bruscamente a encararlo, se sentía algo más alta por los zapatos taco nueve que tenía puestos. Pero siendo tan petiza no podía llegar a mirarlo directamente a los ojos a esa altura, así que elevó ligeramente su mirada hacia la de él.

—Si te conociera, aseguraría que estás coqueteando conmigo—dijo cruzándose de brazos sin apartar su mirada, y aunque le gustaría ser insensible, aseguraba que sus mejillas habían adoptado un ligero rosa.

Enarcó una ceja y soltó una risa seca.

—Tranquila, no tienes tanta suerte—dijo dando ligeros golpes en su cabeza—. Eres muy joven, tal vez en unos diez… pero eres la peor de mis alumnas así que no lo considero una opción—dijo pasando de largo.

Oh, genial. Fui rechazada. Aunque no fuese lo que ella había intentado.

Se giró en su lugar y miró como caminaba hacia un grupo de personas que parecían hablar entretenidos. Tal vez fueran amigos de él, al verlo lo saludaron amenamente y con algunas bromas, por como comenzaban a reír. Aunque él sólo había sonreído.

Recordó su risa del día anterior y no pudo evitar sentirse nerviosa nuevamente. Debía admitir que la fama la tenía bien ganada. Empero ella no era alguien a su altura, eso estaba claro para ambos.

La vio de lejos con la mirada perdida, parecía muy pensativa, y él no se debía de preguntar el por qué, pero así era.

Había asistido a la exposición en lugar de su padre, unos alumnos de este mismo estaban presentes y había quedado con ellos. No tenía nada mejor que hacer, porque las notas de todos los alumnos estaban en el sistema de la preparatoria. No recordaba la última vez que había asistido a una galería, mucho menos una cerca a su casa. Seguía sin entender por qué le había dicho a Hinamori donde vivía, se podría meter en problemas… ¿Quién sabe qué hará con la información?—pensó preocupado—Si se la da a alguna loca estaré perdido. No estaba en sus planes ser acosado por adolescentes con problemas mentales, sabía que ella no se preocuparía por visitarlo… Pero no podía asegurar que no compartiría sus datos con alguna compañera, lo estimaba tanto (nótese el sarcasmo) que podría torturarlo de miles maneras ahora.

—Soy patético.

— ¿Dijiste algo?

Miró a la castaña a su lado y negó mientras volvía a mirar al frente. Estaba a punto de empezar la ceremonia de reconocimiento antes de que pasaran mosos con bandejas de bocadillos. Muero de hambre.

La ceremonia empezó, le hicieron entrega de un premio a mejor concepto. Al padre de su alumna. Quien parecía nervioso y tenía una cámara profesional colgada del cuello. Le hicieron una broma sobre nunca dejar el trabajo de lado ni en momentos importantes para él. Sus compañeros cercanos rieron con él mientras una señorita se acercaba a él para pedirle la cámara. Nada más ni nada menos que su hija mayor.

— ¿Ella no va a la escuela?

La pregunta de la castaña a su lado no la respondió, supuso que era una pregunta retórica por como seguía mirando al frente.

—Se ve muy guapa.

¿Sí?

Estaba usando un vestido blanco y daba ese aire que tenían las pinturas. Supuso el profesor que era también a propósito al igual que el peinado, si no fuesen rosados sus cabellos… pareciera una imagen viva de las pinturas.

La pelirrosada había tomado la cámara con maestría y había comenzado a tomar fotos, retratando el momento en que su padre era reconocido. Los aplausos habían cedido, pero ahora los murmullos se hacían presentes mientras las bandejas de bocadillos habían comenzado a aparecer.

—La mayoría cree que Hinamori-san seguirá el camino de su padre… ¿Tu qué crees?

—Hmp.

—Lo sospeché—dijo rodando los ojos la más baja—. Iré con el resto, prometieron llevarme devuelta a casa. Nos vemos el lunes, sensei.

Él se giró en su lugar, no tenía por qué preocuparse ya. El padre de la chica que había estado con él era un viejo amigo de su padre y también tenía un taller que reparaba violines. Había prometido cuidarla si es que se encontraban y eso había terminado cuando ella se había alejado. Ahora lo que capturaba su atención era la imagen que había estado mirando anteriormente la pequeña fotógrafa. ¿Qué se supone que debía de ver? Ladeó la cabeza un poco como había hecho la menor pero siguió sin encontrar-

— ¿Puede moverse, sensei?

Suspiró cansado antes de hacer lo que le había pedido la más baja.

—Gracias—dijo volviendo a tomar la cámara con ambas manos.

— ¿No sería mejor activar el flash?

Ella lo miró incrédula, realmente no lo podía creer.

—No se toman fotos con flash en los museos…—dijo pasando a su otro lado y tomándole foto a la siguiente obra.

He aprendido mucho hoy—se dijo internamente.

La muchacha siguió con su camino, mirando atentamente cada foto después de tomarla. Debido a la tenue luz debía jugar un poco con la sensibilidad de la cámara, y las fotos salían aceptables para ella. Quien las mandaría a imprimir el lunes

—Amu-chan, tu mamá llamó, es hora de irnos… ¿un amigo?

Ella se sorprendió ante aquella pregunta, pero tuvo que adivinar que su maestro seguía a su lado. ¿Amigo?

—Papá, él es Tsukoyomi-sensei, profesor de música de la preparatoria—dijo mientras este mismo inclinaba levemente la cabeza hacia su padre.

—Gusto en conocerlo, Hinamori Tsumugu-san, felicitaciones por el evento—dijo con una voz que Amu reconocía como la del habitual profesor.

—Un gusto también—dijo el mayor presente inclinando la cabeza—. Espero mi Amu-chan destaqué en su área.

—Mucho, a decir verdad.

Ella sonrió, internamente sabía que no se refería a algo positivo como su progenitor creía. Estaba segura de que él estaba hablando en doble sentido.

—Esa es mi Amu-chan, me gustaría charlar más pero me temo que debo llegar a casa con mi esposa y mi otra hija—dijo volviendo a hacer una ligera venia al igual que el de cabellos índigos—. Para otra oportunidad será.

—Espero sea así.

—Amu-chan, despídete de tu sensei, no seas descortés—susurró su padre haciendo un puchero infantil.

Se mordió la lengua antes de reír por la gran actuación.

—Nos vemos en clase Tsukiyomi-sensei—dijo al levantarse de la venia.

—Hasta el lunes.

El mayor, que aún planeaba encontrar lo que había tenido tan ensimismada a su alumna, los observó alejarse. Hinamori Amu podía ser obediente cuando se lo proponía, le resultaba cómica la situación en la que se habían encontrado y tal vez una extraña anécdota que no le gustaría que se repitiese.

En el auto de camino a Osaka, estaban el señor Hinamori muy contento y entretenido con la canción que sonaba en la radio. Todo había salido bien y ahora volvería para disfrutar de una deliciosa cena con su familia, no habría de qué preocuparse.

Muy por el contrario la señorita Hinamori estaba preocupada, había estado en el museo que con tanto anhelo había querido ir. Había visto las pinturas y también había estado tomando las fotos que ella quería. Era como ella habría querido que fuese… Pero lo que no se podía creer era que siguiese recordando a su profesor.

"—…eres la peor de mis alumnas así que no lo considero una opción."

La peor. Lo era, era muy consciente de ello… Empero no podía dejar de pensar en que tal vez la mejor de sus alumnas si tendría oportunidad. Eso también la dejaba pensando en que si ella fuese la mejor de sus alumnas- ¿Qué…? Creo que el vestido si me ajusta después de todo. No encontraba otra explicación para seguir pensando en las palabras de su maestro, después de todo el vestido estaba algo apretado. Sí, es eso, no llega oxígeno a mi cerebro. Tal vez por eso no podía pensar con claridad.

Demoraron bastante en llegar a casa, bueno, así lo vio ella que no podía pensar en cualquier cosa que no fuera azul índigo o zafiro… Lo peor fue que su padre al encender la radio se le ocurrió dejarla con música clásica, antes ese género la habría hecho dormir. Ahora no. Fue una tortura. Y se recriminó por segunda vez el hecho de no haber traído audífonos. Fue un grave error. Por eso el viaje fue tan largo.

—Debió de ser muy joven para que lo confundieras con un amigo de Amu-chan.

Lo peor de la cena fue que su padre sacó el tema a flote, obviamente no había ninguna mala intención. Sus padres siempre acostumbraban a contarse todo en la cena para que sus hijas también fueran receptoras de sus vidas diarias. Pero ese no fue el mejor tema de conversación que había salido, es más, lo pondría en la lista de: "Peores temas de conversación en la cena". Encabezaría la lista. Más aún porque su madre no paraba de hacer preguntas de: ¿Es joven? ¿Está casado? ¿Qué enseña? ¿Y eres buena en su curso? ¿No sueles tener bajas calificaciones en música? No era un tema que le gustara discutir con su madre, quien parecía tener interés por el maestro. Tal vez si fuera a mi escuela en vez de mí, estaría en su club de fans. Y desde luego que comenzó a preguntar cómo era el docente, así que las preguntas: ¿Es alto? ¿Es apuesto? No le sorprendieron mucho, y a pesar de eso la pregunta que dijo cuando ya estaba a punto de levantarse la dejó-

— ¿Qué?

Su madre siguió comiendo un poco más, mientras que su padre recién tomaba interés del tema. Ami seguía prestando atención a la televisión. Ya que su hija mayor no contestó volvió a preguntar.

— ¿Te gusta?

Pestañeó un poco al igual que su progenitor, quien obviamente esperaba le dijera que no pensaba casarse hasta los cuarenta. Cuando ni si quiera habían tocado ese tema.

—No—dijo levantándose de la mesa—. Me toca lavar hoy, así que cuando terminen me pasan la voz.

— ¿Acaso no es buen profesor?

Amu quiso chasquear la lengua pero sabía que su madre odiaría ese gesto. Realmente no quería seguir con el tema.

—No es eso, enseña bien—respondió llevando sus platos a la cocina.

— ¿Entonces?

Era una típica pregunta, su madre quería saber si le gustaba ese profesor, una pregunta como cualquier otra. Una pregunta que cualquier padre haría a su hijo, porque de eso dependía el desempeño en el curso. Pero ella desde el principio lo había tomado en otro sentido, uno más personal y recién ahora se daba cuenta de que había arruinado las cosas desde el comienzo.

—Pues, es uno de esos profesores que no me caen.

Y se había salido con la suya esta vez. No era mentira lo que había dicho, después de todo.

—Dijiste lo mismo de Sanjo-san—dijo su madre negando con la cabeza.

—Eso fue porque me quitó el celular en clase cuando ni siquiera fui yo a la que le mandaron un mensaje—refutó, había perdido la cuenta de cuantas veces había dicho esa excusa.

—Sí, pero tampoco te gustaba su curso—acusó la mayor, señalándola con los palillos.

Ella sintió que era inútil debatir con su progenitora, así que se encogió de hombros antes de agradecer por la cena y subir por las escaleras. Descansaría un poco antes de lavar platos.

Su madre tenía razón, antes no podía ver ni en pintura a su profesora de matemáticas, sentía que esa mujer era la peor de todas. Ese odio mutuo entre profesor alumno, que según algunos padres y adultos es inexistente, pues ella podría demostrar lo contrario. Ella odiaba a esa profesora y la profesora la odiaba a ella, claro que su madre tenía razón con eso de que no le gustaba su curso… ¡Pero se suponía que debía hacer un buen trabajo como maestra y no complicarle más la vida! ¿Qué culpa tenía Sanjo Yukari de que ella se llevara mal con los números desde el inicio de los tiempos? Pues ninguna, porque la pelirrosada tampoco ponía de su parte cuando la mayor quería que prestara atención. Al fin y al cabo las matemáticas y sus problemas sólo podían resolverse de alguna manera: practicando.

—No quiero hacer la tarea~

Sin embargo, las cosas habían cambiado cuando tuvo que tirar su orgullo al final de su primer año en la preparatoria. Tenía tan malas calificaciones que tuvo que pedir ayuda a su profesora de aula.

Sí, esa era la peor parte de la historia, o al menos, lo había sido cuando no se llevaba bien con ella. Pero cuando vio el interés por aprobar el curso… Hasta había descubierto que su profesora era buena persona, que tenía un buen corazón y era muy simpática. Le seguía yendo mal en el curso pero ahora se llevaba bien con Sanjo-san.

—Igual no haré la tarea—dijo cerrando sus cuadernos y estrellando su cabeza contra su escritorio.

Ya que no había tarea que hacer podría descansar o dormir temprano para reponer sus fuerzas de la semana escolar. O simplemente perder el tiempo en Facebook o Line (*)No dormiré si entro a cualquiera de los dos.

Se puso de pie, dirigiéndose a su balcón y se percató de que su amigo castaño llegaba de hacer su típica rutina antes de dormir. Se preguntó si cenaría con Utau, o si ella tal vez estaría fuera, era sábado por la noche y estaba segura de que su profesora tenía juventud por aprovechar. Al igual que supuso que su profesor de música también estaría fuera en-

¿Qué? ¿Otra vez en mi cabeza?

—Tal vez no sea tan malo hacer la tarea…

Así fue como Hinamori Amu, como nunca antes había pasado, terminó haciendo su tarea, mantendría su cabeza ocupada en logaritmos.

Mientras que este mismo profesor de música se encontraba paseando por las calles sin rumbo fijo, nunca había sido muy amiguero. Tenía un par de amigos de cuando estudiaba en preparatoria, eran a quienes conocía desde finales de primaria. Pero cuando entraron a la universidad, fue difícil reunirse, ahora más que cada uno estaba trabajando y tenían sus vidas. No quería decir que no quedaran en reunirse, al menos una vez a las quinientas. Pero no había salido porque se sintiera solo, había salido para despejar su mente… Una vez que Hinamori padre e hija se habían marchado, había hecho lo mismo para poder investigar. Encontró bastante información de Alphonse Mucha en Wikipedia y hasta una partitura que le pareció bastante interesante, había terminado escuchando música neo clásica… Y todo había sido debido a los acontecimientos de la tarde, ir al museo había sido una buena idea después de todo.

"—Si te conociera, aseguraría que estás coqueteando conmigo."

No se había esperado eso, sabía que podía ser atrevida, pero por un momento lo había desencajado totalmente. Se sorprendió de sí mismo cuando prácticamente le dijo que si fuera la número uno de su clase no se lo pensaría dos veces. ¿Qué tenía en la cabeza? Porque obviamente no había pensado con claridad, aunque él lo había dicho porque sabía que nunca llegarían a llevarse bien y daba igual lo que dijera… Su orgullo había intervenido para lograr que se quedara callada. No había sido la mejor idea, se había comportado infantilmente y no había pensado dos veces al decir eso. Era raro para él ser tan precipitado con algo, no era un adolescente con hormonas alborotadas.

El domingo se pasó tan aburrido como siempre, se dedicó a practicar la partitura que había encontrado y ahora descargado en su celular. No parecía tan complicada, el compás partido tal vez era la única dificultad. De esta manera llegó el lunes, se levantó temprano, debía bañarse, desayunar, y tomar el tren a Osaka como todos los lunes. Así podía llegar tranquilo a la preparatoria, sin ningún problema como cualquier inicio de semana.

— ¡Amu-chi!

Su vista pasó de Yuiki que estaba delante de él junto al castaño, a una pelirrosada que parecía estar en la luna. Siendo sincero, era la primera vez que se percataba de ella en las mañanas.

—Buenos días~—saludó la pelirroja cuando Hinamori los alcanzó.

—Hinamori—saludó su mejor amigo con una sonrisa.

Parece que todo había vuelto a la normalidad.

Caminó hacia la entrada a la gran construcción, asintiendo por cada saludo que hacían los alumnos que llegaban y se topaban con él. No era el tipo de profesor que los saludaba animadamente, como por ejemplo Nikaidou-san, quien además de responderles, movía su mano con una sonrisa. También querían a ese profesor, en especial la alumna que no lo tragaba a él.

—Tsukiyomi-sensei, buenos días.

Levantó su mirada hacia su cuñado-alumno. Quien estaba ya con los zapatos para la escuela puestos, a su lado estaban sus dos amigas de siempre.

—Buenos días…

Si ya era inesperado que hubiese llegado temprano un lunes, pues ahora les parecía más raro verla y oírla saludar al profesor… ¿Saludar? ¿Ella a Tsukiyomi-sensei?

—Buenos días—respondió levantando la mano, pasando de largo hacia el salón de profesores.

Mientras sus amigos seguían sin salir de su ensoñación, no podían creer que Amu había dicho buenos días al maestro de música.

— ¿Es el fin del mundo?

—Yo creo que si—concordó la bailarina.

—No exageren—dijo rodando sus ojos, siguiendo con su camino al aula donde empezarían sus clases con su maestra de matemáticas.

—Pues debes admitir que fue raro, es como un acontecimiento importante.

—Sí, has venido temprano, saludaste a Tsukiyomi-sensei… Sólo falta que hayas hecho la tarea de logaritmos.

Ambos rieron con diversión, les pareció raro que Hinamori no y que se les quedara viendo y asintiese…

— ¿¡Qué!?

Y las sorpresas siguieron por el resto de la semana, Amu estaba muy rara, no porque no fuese ella misma. Sino por hacer tareas complicadas y no llegar tarde, pero sobre todo por saludar al profesor de música. Y aunque sus amigos se preguntaran cual era la razón para ese nuevo cambio, no le dieron más vueltas cuando se dieron cuenta de que había comenzado a hablar con Kirishima Fuyuki. Era obvio el cambio, sólo que hacía un buen tiempo había dejado de pasar, Amu parecía tener una buena razón. Así todos se tranquilizaron. Excepto la misma señorita, que no podía dejar de intentar hacer mil y un cosas más para mantener ocupada su mente.

—Hinamori-san.

El comentario la sacó de sus pensamientos, era recreo, jueves, estaban viendo a Kukai jugar contra un grupo de otro salón.

Levantó la vista para encontrarse con una chica que realmente no conocía, no sabía de su existencia y menos cómo supo su apellido. Era una chica castaña, tenía su cabello sujeto en dos coletas que terminaban a cada lado de su cabeza, sus ojos verde olivo la miraban chispeando. Y ahora que se concentraba, podía jurar que la había visto pero nunca en la preparatoria.

—Mi nombre es Kotone, llámame así—dijo sonriendo.

—Amu, dime Amu—pudo decir aún sin poder recordar donde había visto a aquella castaña.

—Sólo quería decirte que las fotos de tu padre fueron lo mejor que he visto—admitió aun sonriendo.

Fotos. Padre. ¿Dónde la he visto? Sinceramente no estaba prestando atención a lo que le decía, sólo se empeñaba en recordar dónde la había visto.

—Y tu vestido era hermoso~ Te veías idéntica a una de las pinturas de Mucha, estabas realmente linda~—dijo acunando su rostro con ambas manos.

Oh.

—Era la idea—respondió al fin al corriente de la conversación.

—Le mandas mis felicitaciones a tu padre. Nos vemos—dijo despidiéndose con una mano, volviendo con sus amigas.

La siguió con la mirada hasta que la perdió de vista. Ella estaba al lado de Ikuto.

— ¿Qué pasó aquí?—preguntó su amiga pelirroja.

—Primero saludos a Tsukiyomi-sensei por las mañanas y ahora hablas con la presidenta de su club de fans…—apuntó la más baja de estatura—…¿todo bien?

— ¿Club de fans?

Sus amigas la miraron ahora más relajadas, parecía que realmente había sido una confusión y ellas habían pensado otra cosa.

— ¿De dónde la conoces?

—Fue a la exposición de mi padre—aseguró ahora que la recordaba—, la que les comenté que sería el sábado pasado. Pero no hablamos, yo estaba más pensando en-

—Alphonse Mucha—repitieron Yaya y Rima al unísono, como una especie de mantra. Y es que Amu se había encargado de recordarles toda la semana sobre aquel evento. Porque estaba emocionada. Porque quería ir a ese museo desde hace mucho. Porque su padre sería reconocido…

Ella río algo avergonzada antes de volver a pensar en lo que habían dicho antes.

— ¿Habían dicho algo de presidenta de un club?

La rubia asintió mientras levantaba la mano hacia el rubio que se encontraba buscándolas al otro lado del patio.

— ¿No lo sabías?—preguntó Yuiki incrédula.

—Es la presidenta del club de fans de Tsukiyomi-sensei.

— ¿Presidenta? ¿Ese club es un club oficial en esta escuela?

—No, pero igual existe en esta escuela—respondió Mashiro nuevamente—. Está en tercer año, no se sabe quién tendrá el puesto de presidenta el siguiente año.

—Es ridículo, ¿por qué llegar al punto de hacer un club?

Ambas se encogieron de hombros.

Pronto llegó el Rey, quien se sentó al lado de Amu cuando la Reina se movió.

— ¿Están chismoseando?

Las tres miraron al oji rubí, que parecía divertirle la pregunta que él mismo había hecho.

—Sólo informando a Amu—corrigió quien estaba a su lado.

—Amu-chi no sabía que había un club de Tsukiyomi-sensei, que tenía presidenta.

— ¿Kotone-chan?

— ¿La conoces?—preguntaron las tres curiosas mirándolo atentamente.

Él asintió recordando muy bien a la castaña. La había conocido después de que sus supuestos amigos –Amu, Rima y Kukai- lo habían nominado de delegado de aula. Kotone había sido también delegada de su clase y en las reuniones de delegados la había conocido lo suficiente como para considerarla una buena amiga.

Así que por eso sabe que existo…

—Aunque si lo piensas, tú serías cómo su némesis, Amu-chan—opinó Hotori.

— ¿Por qué lo dices?

—Porque es la mejor de la clase de música en toda la escuela, lo ha sido por tres años seguidos según escuché.

Por "n" vez en la semana perdía el hilo de conversación de sus amigos y su mente comenzaba a divagar con lo que había dicho su amigo. Kotone era la mejor alumna, lo contrario a ella. Recordó automáticamente cuando lo vio a lo lejos, a Ikuto, antes de quitarle la cámara a su padre aquel sábado en la premiación. Estaba mirando a una castaña a su lado, aunque rápidamente había dejado de mirar porque él había vuelto a mirar en su dirección. Los pudo ver sentados juntos. Creyó en ese momento que eran una pareja, se veían bien juntos y parecían llevarse bien por como sonreía ella. Pero en este momento ya pasaba otra locura por su cabeza.

"—…eres la peor de mis alumnas así que no lo considero una opción."

Ya que era la mejor alumna, quería decir que la consideraba una opción… Era presidenta del club de fans de él, tenía sentido que lo fuera porque era la mejor de sus estudiantes. Además que ese sábado al verlos juntos había pensado que era su novia o algo así. Tal vez lo eran, no faltaba mucho para que se graduara y sería legal que salieran, ya no serían profesor y alumna… O tal vez si tenían una relación… ¿Pero eso por qué me importaría?

— ¡Amu-chi, el timbre! ¡Apura!

Y ahora tenían dos horas de clase con su… "cuñada".

La clase de la pasó completamente callada, como antes que solía perderse entre sus pensamientos, o eso es lo que le gustaría decir. Rayos. Si bien su cabeza no se encontraba en la clase… estaba pensando en su querido profesor. Y toda la semana había tenido ese mismo problema, razón por la que sus amigos se habían preocupado considerablemente. Al punto de acompañarla todos a su casa el primer día de la semana, querían evitar cualquier tipo de problemas. Amu solía ser muy imprudente cuando estaba con la mente en las nubes.

Había comenzado a hablar con Fujuki, el amigo de Kukai, simpático, inteligente, algo tímido, atractivo y no sólo por esa sonrisa amable que dejaría sin habla a muchas… Sino por otras cosas más que ella no lograba entender aún. Y es que el chico si bien era lindo, no le gustaba. ¿¡Por qué soy tan idiota!? Hasta recordaba como el día del examen había ayudado a una compañera en el examen… claro que lo habían descubierto.

Y esta era la primera vez que le pasaba aquello. Si el chico era lindo en todo sentido de la palabra y con buenas intenciones –según Kukai-, ¿por qué no le gustaba? Era el príncipe que había estado buscando, su caballero en armadura de plata. Porque tenía que admitir que parecía el tipo de chico que se preocupaba por los demás y lograba lo que quería a toda costa. Que Amu haya aceptado salir con él el sábado era un ejemplo de ello… Aunque esta misma se arrepentía en este momento porque no quería ilusionarlo, simplemente era él alguien a quien querría como su mejor amigo… ¿¡POR QUÉ SOY TAN MALA!? ¡ESTÚPIDO CORAZÓN! Definitivamente debía enamorarse con la cabeza, porque estaba segura de que Kirishima Fujuki era un buen chico, pero (por más cursi que sonase) no podía engañar a su corazón. ¿Y entonces por qué me siento tan ansiosa?

—Hinamori-san…

La voz y risas la sacaron de sus pensamientos, Utau la estaba llamando y por las risas de los demás apostaba que por un buen rato. Se sintió avergonzada como de costumbre.

You have to stay after class, I want to talk to you about the exam…

Algo que la mayoría se esperaba también, era de esperarse que tal vez la alumna había desaprobado el examen. En esta ocasión –por primera vez en su vida-, estaba completamente segura esta vez que no había nada de malo en su examen. Lo que la hizo maquinar más de la cuenta –por n vez en la semana-.

El timbre sonó y todos comenzaron a ponerse de pie.

Yaya se acercó a la adolescente que se quedaría después de clases, prometiendo esperar por ella en la entrada de la preparatoria con el resto del grupo, se retiró al igual que todos.

La docente esperó a que todos se retiraran para finalmente relajarse, se quitó los lentes y se acercó al asiento al lado de Hinamori. Se sentó a su lado y le entregó la hoja de su examen con una sonrisa.

—Felicitaciones.

El cien en rojo en la parte superior de su hoja la hizo sonreír divertida, había valido la pena estudiar con ella aquel lunes.

—Espero continúes con este rendimiento, tu promedio subirá considerablemente—animó aún con una cálida sonrisa en el rostro.

Se sentía bien recibir ese reconocimiento.

—Pero esa no es la razón por la que quería hablarte, Amu.

Lo sabía.

—Me gustaron las fotos que le tomaste a tu padre al ser reconocido… esas que me mostraste el lunes… Y necesito un favor que sólo tú puedes hacerme.

Eso, no lo sabía.


Y ahora... un poco de geografía: Sakai es una ciudad de la prefectura de Osaka, que es como decir departamento (no sé como se diga en vuestros países). Osaka también es otra ciudad en Osaka prefectura. Sakai y Osaka -ciudades- están una al lado de la otra.

Estas fueron las clases de Geografía de Kiriha-sensei :v

Y bien, ¿qué favor le pedirá Utau-chi? Ya de antemano les digo que es IMPOSIBLE que Amu-chi se niegue, quiere caerle bien a la cuñada ;) Es la mejor opción.

Espero reviews.

Attn. Kiriha-chan.

Dato: El museo oficial de Alphonse Mucha queda en Praga ^_^