Marlene no había vuelto por casa desde su última discusión con Sirius. Yo había ido a su pequeño apartamento en más de una ocasión, tratando de hacerla entrar en razón, pero era demasiado cabezota y orgullosa como para escucharme. Estaba hecha polvo y parecía que un huracán había pasado por allí. Aquella tarde me negué a marcharme de allí solo –principalmente porque Lily había optado por chantajearme si no tomaba cartas en el asunto–, así que me senté en una butaca y me limité a observarla en silencio mientras ella iba de un lado hacia otro parloteando y despotricando contra Sirius.

"Yo hubiera hecho lo mismo", le dije, ganándome así una mirada dura y fría por su parte.

Después continuó recogiendo la sala como si no hubiese dicho nada. Cogí una botella de agua vacía y se la lancé a la cabeza. Se giró con las manos en la cadera, amenazante, con una furia en los ojos que hizo que comenzase a arrepentirme de mis actos.

"¿Qué quieres, James?", se acercó lentamente y apoyó sus manos sobre el respaldo de la butaca que estaba frente a mí. No apartaba la mirada de mí, y eso me ponía muy nervioso.

"Ven hoy... Por favor..." Le dije con una voz suave. "Lily me matará si no vas". La observé y suspiré. Me pasé la mano por el pelo, despeinándome, distraído. "Vale, no me matará, pero sí tiene intención de dejarme sin sexo y no es justo que tenga que pagar yo por que tú no vengas a cenar..."

"Mañana tengo que marcharme a Gales con Moody", musitó, con resignación, dejándose caer sobre el respaldo y manteniendo el equilibrio sobre su vientre. "Está últimamente más raro que de costumbre y no me deja sola ni a sol ni a sombra..."

"Quédate a dormir en casa... Vamos. Yo aviso a Moody para que te vaya a buscar allí". Sonreí. La había ganado. Aunque no dijo nada, sabía que había aceptado la proposición. Puso los ojos en blanco y dejó caer la cabeza como si de una muñeca de trapo se tratase.

No me habían pasado por alto las ojeras que tenía, ni las nuevas marcas que tenía en el cuello y brazos, que era toda la piel que quedaba al aire. En ojo izquierdo tenía aún un ligero tono amarillento después del último ataque que había sufrido allí mismo, en su casa. Siempre pensé que era una inconsciente, pero ahora mi visión de ella había cambiado. Era admiración lo que sentía por Marlene, por la que siempre había considerado mi hermana. Sí, era terca, cabezota, incapaz de dar marcha atrás aún a sabiendas de que estaba equivocada, pero era, por encima de todo, valiente.

"Espero que no haya pescado...", musitó antes de perderse tras la puerta de su habitación. Crucé las manos sobre mi estómago y me deslicé levemente hasta quedar medio tumbado. Una victoria para mí. Ahora, sólo hacía falta que Lily consiguiese localizar a Sirius y lo llevase para la hora de la cena. Moody se había quejado de que el chico parecía tener la cabeza en otra parte desde que había conseguido el álbum de los Gaunt... Desde el día en que discutió con Marlene.

"¿Te queda mucho, Marls?" Como toda respuesta obtuve una bolsa de deporte sobre el vientre, que cayó pesadamente. "Ouch..."

"Lárgate... En media hora iré a tu casa, pero necesito... Bueno, hacer algo con esto". Alzó los brazos, señalando a su alrededor. Distinguí ropa sobre los taburetes de la cocina americana, una playera bajo la mesa y otra cerca del televisor, cajas vacías de comida para llevar allí donde hubiese un hueco para ello,... Distinguí algunas fotos bajo las revistas amontonadas en sobre el sillón alargado. Tiré de una de ellas y no pude evitar sonreír.

Aprovechando que estaba distraída, metí la instantánea en mi bolsillo y me puse en pie y cargué la bolsa sobre el hombro antes de desaparecerme. Abrí los ojos cuando mis pies tocaron el suelo. El olor del asado de Lily llegó hasta mí. Dejé caer la bolsa que Marls me había dado y me acerqué por detrás a mi esposa. La besé suavemente en el cuello mientras ella continuaba moviendo la verdura de la sartén.

"¿Cómo ha ido?" Preguntó, sin girarse, pero con una suave sonrisa en los labios.

"Ha cedido... ¿Ha vuelto?"

"", musitó suavemente, haciendo un gesto con la cabeza hacia la planta de arriba. Volví a besarla, esta vez en los labios, acariciando suavemente su mejilla, y salí de la estancia. Subí las escaleras y entré en la habitación de Sirius sin llamar.

Oía el sonido del agua en la ducha, por lo que me senté en el borde de la cama a esperar. Me froté los ojos, cansado como estaba. Llevaba una semana sin dormir bien. Comprendía perfectamente a Sirius cuando no quiso que Marls participase en algunas misiones de la Orden. No podía imaginarme que haría yo si fuese Lily quien tuviese que salir hacia Gales en búsqueda de una manada de licántropos bajo las órdenes de Greyback...

Creo que me debí quedar algo dormido, porque cuando volví a alzar la vista tenía a Sirius, ya vestido, frente a mí. "¿Estás bien, James?"

"¿Dónde diablos has estado?", le pregunté de mala gana. Hice un gesto con la mano y contemplé el moretón que tenía en un costado. "Da igual... ¿Estás bien? ¿Necesitas algo? Tengo díctamo y alguna poción revitalizante..."

"No, no te preocupes...", dijo, atándose los botones de la camisa de manera distraída. "Tu señora esposa es muy persuasiva, ¿lo sabías?", dijo, sonriendo de medio lado. Lancé una carcajada mientras me levantaba de la cama y le palmeaba en el hombro. "Siento no haber dado señales de vida pero no tenía ganas de nada..."

"Eres mi hermano y aquí tienes tu casa, no necesito explicaciones", le dije a modo de despedida, mientras salía por la puerta, aunque tuve que dar marcha atrás y volver a entrar. "Por cierto, cenamos en media hora".

Bajé a la sala, donde Lily ya estaba poniendo los platos y los cubiertos. Me acerqué a ella y saqué del bolsillo la foto que había "tomado prestada" de casa de Marlene. Cogí uno de los marcos que había sobre la chimenea y retiré la foto que había (el paisaje que se veía desde la casa de Marlene en Carlston). Noté la presencia de Lily detrás de mí, mirándome con curiosidad, así que la pasé el marco. Sonrió. "¿De dónde has sacado esto?"

"Aunque te cueste creerlo, Marls es un poco sentimental... También ella tiene su corazoncito", dije, burlón. Apoyé el marco sobre la repisa de nuevo, esperando que los muchachos se percataran de ello. Se les veía tan felices a los dos... La foto no tenía nada especial, simplemente se les veía a ellos. Marlene miraba a la cámara y Sirius la miraba a ella. Los dos sonreían felices, despreocupados. Yo hubiese dado lo que fuera por volver a verlos así. Lily me miró sonriente y se acercó para abrazarme. El pelo la olía a fresa y a verdura, y aún así me resultaba irresistible. La alcé con suavidad la barbilla para besarla con dulzura.

No, nosotros nunca nos separaríamos. Y jamás le ocurriría nada a ella. Un suave carraspeo atrajo nuestra atención. Lily se sonrojó y se separó rápidamente. Se acercó a Marlene y la dio un suave abrazo. Después del ataque en su casa, Lily había desarrollado una actitud muy maternal con la chica. Acarició el moretón del ojo de Marlene y la llevó a la cocina para que la ayudase con la cena. Dos minutos después apareció Sirius en el rellano. Me miró con una ceja alzada y muy serio.

"¿Qué hace Marlene aquí?"

"Cenar..."

"A esto se le llama una emboscada, James..."

"¿A caso te molesta que esté aquí?"

El chico se pasó una mano por el cuello y entró en la sala. "No", dijo, sonriendo, "pero no sé si ella opinará lo mismo". Fue un susurro casi inaudible, pero entendí perfectamente a qué se refería ante el ceño fruncido de Marlene, que se había quedado parada en la puerta, con la bandeja del asado en las manos y me miraba reclamando una explicación.