Capítulo 4: Como en los viejos tiempos
Kagura amaneció algo alborotada en todo sentido (no sólo por su cabello): sus emociones con respecto a lo que había pasado ayer aún no estaban resueltas, no sabía qué pensar sobre Gin-chan, sobre Shinpachi, sobre todos los que se habían ido del distrito... Ni siquiera sobre las cosas que le había dicho al sádico. Sentía que le faltaba información por todos lados, que le estaban ocultando algo. Después de todo, antes de que ella se fuera, las cosas estaban "más o menos bien", y al menos ninguno de la Yorozuya debía andar tan a las escondidas del gobierno: si bien no eran bien vistos, mientras se mantuvieran sin hacer nada más que vivir su vida y no interrumpir en cosas del gobierno, no les iban a hacer nada. Estaba visto que personas como Zura se habrían tenido que retirar o andar escondidos porque no dejarían de tener ideales diferentes, pero podría decirse que al de la permanente esa situación le daba igual.
Pero bueno, al fin y al cabo, quizá debía dejar de pensar tanto, de darle tantas vueltas a todo. En vez de eso, se le ocurrió que lo mejor era ir de frente y sin miedo alguno, como solía hacer.
—Oh, Kagura-sama, ha amanecido. ¿Hoy le toca partir, ya? —dijo la robot, bajando el tono al final de la oración, haciendo que se oyera bastante triste.
—Aún no lo sé-aru.
—¿No ibas a irte ayer u hoy? No es que te esté echando, pero tampoco te he visto bien en estos días —Otose, siempre con su cigarrillo, posó apoyándose en la pared, entrecerrando los ojos, y luego apuntó su mirada a Kagura.
—Creo que me quedaré algunos días más-aru. Pero debo hablar algo contigo antes.
—Genial, Kagura-sama. Iré a limpiar su habitación entonces.
Luego de retirarse Tama, la señora ya mayor y la chica de los pelos algo rojizos quedan solas en la habitación.
—Dime, ¿qué es lo que quieres saber? —preguntó Otose, mirando en otra dirección e inhalando de su cigarro.
—¿Dónde están Gin-chan y Shinpachi?
—Ya te dije que no estoy segura.
—Eso es mentira-aru. Es obvio que Gin-chan te diría a dónde va antes de irse, después de todo, debería al menos pagarte una parte de la renta que te debía de todos estos años-aru.
—Él no haría semejante cosa —rio Otose—. Y deja el acento, ya no eres una niña.
—Me es imposible dejarlo estando aquí-aru. Y con respecto a Gin-chan, sé que al menos tiene algo de decencia: si no te dio el dinero de la renta, al menos se despidió de ti con un fuerte abrazo.
—Ja... Claro —le corrió una lágrima a Otose por la mejilla. Kagura no entendía la situación.
—¿Q-qué ocurre-aru? —preguntó la chica, agarrando a la vieja con ambos brazos; se veía tan frágil, que pensó que podría caerse.
—Dije que... Dejaras de hablar así... Me recuerdas a aquellos días, que no volverán.
—Qué.
—Nadie ha vuelto a ver a Gintoki desde un año después de que te fuiste de aquí, Kagura-chan. O sea, hace dos años.
Kagura no quería creer lo que estaba oyendo. Acaso se trataba de... No. No podía ser eso.
—Dime, ¿por qué no lo han vuelto a ver? Nada le pasó, ¿cierto?
—Que no lo sé. No tengo idea.
—¿¡Cómo que no tienes idea!?
—Nunca se despidió de mí.
Los ojos de la chica quedaron increíblemente abiertos, y la misma quedó boquiabierta. No sabía qué decir.
—Sabes, Kagura-chan, deberías volver a lo tuyo. Te recomiendo que no vuelvas a la Tierra, es por tu propio bien.
—¿Y Shinpachi?
—Se ha ido con su hermana. Luego de un mes de que Gintoki desapareciera, el chico de los anteojos no se mostró más por aquí, aunque al menos vino a decirme adiós antes. Según tengo entendido, se fueron muy lejos.
Ahora la chica entendía el porqué Otose había evadido tanto el tema. Entendía el porqué la había sorprendido con Sadaharu aquél día. Todo empezaba a cobrar sentido. Básicamente, nadie sabía dónde estaba Gintoki. Podría estar muerto, vivo, lo que fuere. Y la señora no querría ver a Kagura más deprimida de lo que ya estaba, luego de tales noticias. Por eso había decidido aplazarlo bastante.
—Pero Otose, ¿tú crees que Gin-chan esté...
—Conociéndolo, no creo. Siento que es más del tipo que morirían de diabetes y no porque una katana les atravesara el cuerpo.
—¿Y por qué crees que Gin-chan ha hecho eso?
—Mi teoría siempre fue que hizo algo malo, algo que hizo enfurecer aún más al gobierno, por lo que si no se iba, posiblemente terminaría afectándonos a todos nosotros o algo así. Se oye como algo muy propio de él.
Kagura entendía todo mucho mejor ahora. Se sentía más completa en información, sí, pero aún así no sabía qué hacer a continuación.
—¿Y crees que no podré volver a verlo-aru?
—No creo que pronto. Por lo que dije, deberías irte de aquí, al menos por ahora. ¿Por qué no das un paseo, aclaras tu mente, y ahí decides si hacerme caso o no? El clima está bastante bonito afuera.
—Creo que si podr… —ahí Kagura recordó que debía ir al puente, ¡y ya había pasado bastante tiempo del mediodía! Agarró su paraguas rápido y, despidiéndose momentáneamente de Otose, se marchó del Bar.
En el camino le vino a la mente que era posible que el sádico complementara su información ─o no─, pero al menos ya tenía algo en sus manos. Se dirigió al lugar de encuentro, cubierta con un pañuelo en su cabeza.
—Maldita China, le dije que llegara al mediodía, y ya pasaron dos malditas horas. ¿Cómo volveré a mentir ahora sobre haber llegado más temprano? Es obvio que se dará cuenta —murmuró Okita en voz alta.
—Lle... Llegué-aru —se sentía agitada, luego de apurarse bastante para no llegar tanto más tarde. Sin embargo, ya había pasado mucho. Era raro ver que el sádico estaba ahí, de seguro la había esperado algunas horas.
—Oh... Sí... No sé para qué te apuras igual.
—Qué.
—¿Tantas ganas de verme tenías? Si hubiese sido tú, llegando tan tarde, ni me hubiera molestado en llegar simplemente.
—¿Acaso estás molesto porque pensabas que te dejaría plantado? Oh, lo siento, de seguro te lo hacen muy seguido —respondió la China, riendo por dentro, y acariciándole la cabeza al sádico.
—No soy un perro —dijo el sádico, quitando la mano de Kagura de su cabeza, molesto. La chica mandó una risilla luego de dicha situación. En parte, y aunque no quisiera admitirlo, pelear con el sádico le divertía. En el pasado, era mayoritariamente a través de golpes; ahora, las palabras eran las que predominaban en sus peleas─. Te veo algo más animada hoy, ¿qué ha pasado?
Kagura no sabía bien qué decir. Quizá contarle al sádico, ¿no era buena idea? ¿Quizá Otose pretendía que todo esto fuera un secreto, pero se había olvidado de decírselo?
—No, nada-aru.
—Como digas. Ya tengo la información que te interesa.
Kagura asintió.
—Verás... Al parecer Danna hizo desatar furia en el gobierno por haber matado a alguien de ellos, y así fue cómo se vio obligado a abandonar Edo, y quizá hasta el mismo país. No era lo que él acostumbraba, pero era obvio que si no lo hacía, algunos de sus conocidos correrían peligro. Pensó más en los demás que en él mismo. Al menos eso es lo que mi subordinado supo, apenas tuve tiempo de hablar con él sin que nadie nos vea. De todas formas, nadie sabe si está muerto o vivo con certeza, lo que sí se sabe es que aún lo andan buscando aquí, así que de seguro no podrás verlo... Lo siento ─finalizó, algo triste por la China.
Kagura volvió a asentir.
—¿Alguna otra cosa? —preguntó.
—¿Q-qué? Eso era todo. ¿Por qué no te sorprendiste?
—Oh, oh, oh, sí, lo sé, es terrible. Bueno, al menos no creo que esté muerto, sabes. A ese hombre sólo lo mataría la azúcar-aru —terminó, riendo entrecortadamente.
—Oye, ¿me mato andando a escondidas para obtener semejante respuesta?
—L-lo siento —Kagura dudó un segundo, pero supuso que podía confiar en él, algo dentro de ella se lo decía—. Es que ya lo sabía-aru.
—¿Qué? ¿Cómo? —preguntó el sádico, frunciendo el ceño.
—Otose me lo comentó. Lo había estado ocultando, quizá porque no quería ponerme peor de lo que estaba los primeros días al llegar aquí-aru. Como hoy se ve me vio menos deprimida, estoy segura que por eso decidió que era momento de actuar.
—Oh. Esperaba que estuvieras más triste por saber eso.
—De hecho, no lo sé. Me pone mal saber que no veré a Gin-chan al menos ahora, pero si sé que la chance de que siga vivo es alta, creo que confío más en él. Nunca ha defraudado con ese tipo de cosas, supongo. Además, ahora la información que tengo es más certera que antes-aru.
—... Creo que no te entiendo. Pero supongo que está bien mientras no estés llorando por ahí. ¿Planeas irte ahora? —el sádico de alguna forma ocultaba el hecho de que lo único que quería hacer era ver sonreír a la China de nuevo. No entendía qué le estaba dando esperanza, ¿unas falsas suposiciones de que Danna estuviera vivo aunque no pudiera saber dónde estaba? De todas maneras, no quiso ahondar mucho en el tema por el momento.
—No hay mucho que hacer-aru... Prefiero irme antes que pueda para no encariñarme lo suficiente con este sitio de nuevo y no tener ganas de irme. Supongo que mañana me iré-aru.
—Ah.
Sougo se sorprendió. Quizá en ese momento quería que la China le dijera 'vienes conmigo, ¿no?', cosa que no hizo. Creía que de alguna forma estaba arreglado: él escaparía de Kabuki, dejaría de ejercer su 'profesión' allí. Sin embargo, le daba vergüenza tocar el tema; sentía que estaba perdiendo su orgullo o algo así.
—Bueno, gracias por ayudarme-aru. Adiós.
—Espera —se cruzó de brazos el sádico, mirando ahora a la dirección de la China.
—¿Ajam? ─se volteó Kagura.
—Por si lo habías olvidado, habías dicho que fuera contigo. O algo así.
—¿En serio te creíste eso? —empezó a reírse fuerte la China. Se podía ver el enfado de Sougo reflejado en su rostro— Fue sólo un desliz del momento. Ahora ya estoy mejor, así que no te necesito— burló Kagura. Era increíble cómo el sádico había caído en tan fácil broma, y no sabía qué hacer para que quedaran 'empatados'.
A falta de palabras y acciones, se dio vuelta.
Unos segundos después, pudo sentir un par de manos que se apoyaban en sus hombros y, a continuación, ¿un par de piernas que hacían lo mismo? Recordó un escenario familiar.
Era la China que se había sentado en sus hombros, agarrándolo de la cabeza y molestándolo, como hacía antes.
—¿Sabes qué? Eso fue mi venganza por las bromas de ayer. No eran graciosas, maldito sádico —dijo, enfurecida y cinchando su largo cabello.
—Oye, sabes que pesas un montón, ¿cierto?
—Lo sé, por eso he decidido que molestarte sería buena idea.
—¡Ya bájate! —exigió el sádico, aún enfurecido por lo anterior y con el ceño fruncido. Entre tanto intentar que se bajara de sus hombros, terminaron ambos cayendo al suelo. La China quedó encima de él, en posición de gateo. Por suerte nadie se encontraba cerca.
Ambos se miraron intensamente a los ojos en esos segundos. Sin dudas habían crecido mucho en este tiempo, ya no eran 'niños' (aunque Sougo no lo era en ese entonces, pero sí se comportaba como tal.)
Luego, se dieron cuenta de que se estaban observando demasiado, y decidieron que era una mejor idea cortar aquello. No querían saber qué podía pasar si seguían en aquella posición. Kagura fue la primera en dar ese paso, corriéndose para atrás.
—L-lo siento-aru.
—¿Ves lo que provocas?
—Créeme que no era lo que yo quería-aru.
—Siento culparte, China, pero fuiste tú la que se abalanzó sobre mi. Sin dudas era lo que tú querías. Y no te culp... —en eso, Sougo pudo sentir un golpe en su cabeza.
—¡Cállate!
Sougo rió. Él había ganado al fin y al cabo.
—Así que al final iré contigo, si tanto insistes China.
Kagura decidió no responder. Después de todo, en el fondo sí era lo que ella quería.
Al llegar al bar de Otose, no podía creer lo que estaban viendo sus ojos.
