Martes, 18:49.
—¡Ka-ri-ssa! — Amira llamó a su amiga, después haber hablado sola como por diez minutos —. ¿Estás segura de que te sientes bien? Podemos decirle a Quirón que no quieres participar hoy.
Karissa negó.
—Estoy... — Una repentina tos la interrumpió, haciendo que se doblara sobre su estómago ligeramente —. Pensándolo bien... Por favor dile que lo siento.
Amira alzó una ceja y la empujó a la enfermería, donde Will las recibió. Sé le ordenó descanso a la hija de Hades, tomar una medicina cada 6 horas acompañada de un poco de néctar y comer los suficiente a la hora de la cena.
Mientras Will le daba instrucciones a su hermana, Karissa pensaba en los mentados romanos que llegarían el jueves. Los Stoll decían que los mejores eran sin duda los "legados" -aún no entendia bien eso- y los hijos de Mercurio. Nico le habló sobre Hazel, quien parecía ser una buena chica, Frank, el pretor junto a Reyna y Jason, el hijo de Zeus.
Sólo oír hablar sobre el hijo de Zeus le ponía los pelos de punta.
¿Y si resultaba ser un idiota arrogante?
Esperemos que ninguno de mis pensamientos se cumplan o no pasaré de esta noche por los nervios...
Amira acompañó a Karissa a la Cabaña 13, donde después de tomar la pastilla se acostó a dormir, mientras su amiga velaba su sueño en silencio.
Saliendo se encontró con Nico, a quien le indicó que hiciera silencio y no despertará a Karissa.
Lidiar con Chris iba a ser una molestia, pero si eso ayudaba a Karissa estaba dispuesta a aguantar las ganas de golpear al sobreprotector hermano de su amiga.
Miércoles, 06:18.
La mañana llegó, Amira se levantó, se duchó, se vistió, se cepilló, se peinó y salió de su cabaña en dirección al pabellón y luego a la Cabaña de Hades. Mientras dejaba la comida para Karissa, se aseguró de dejarle una pastilla para que se la tomara cuando se levantara, más una nota para Nico diciéndole que se asegurara de que Karissa se comiera todo lo de la bandeja, bebiera el néctar y se tomara la píldora.
Se marchó en dirección al campo de arquería, donde estaban ya la mayoría de sus hermanos.
Miércoles, 8:02.
Karissa de levantó con un ligero dolor de cabeza.
Se quedó mirando el techo con expresión vacía, sintiendo sus sienes palpitar. Suspiró y miró la Cabaña de reojo, notando que Nico estaba saliendo del baño, vestido y con el pelo húmedo.
—Buenos días — Nico saludó, y ella agradeció que su tono de voz fuera bajo y calmado —. ¿Cómo te sientes?
Quiso responder, pero al final sólo se encogió de hombros con cansancio, enrollándose en las sábanas.
Nico la miró con el ceño ligeramente fruncido, acercándose a ella y tocando su frente.
—Estás algo caliente, pero no creó que sea fiebre. Levántate, debes comer para tomarte la medicina.
Karissa se quejó, pero aún así se incorporó.
Nico le puso la bandeja en las piernas y ella comenzó a comer con lentitud, bebiendo néctar entre bocados, dejando sólo una pequeña porción de carne. El chico se vió satisfecho con eso y le pasó la pastilla, la cual ella se tomó acompañada de un largo trago de jugo.
Nico le tomó la temperatura una última vez antes de irse.
Al cabo de unos minutos, Karissa se durmió, escuchando superficialmente las voces frente a la puerta.
Miércoles, 14:34.
Amira gruñó con frustración cuando Clarisse volvió a tumbarla, sintiendo en su nuca la mirada de Chris.
Te lo dije.
Se lo estaba restregando en la cara, estaba segura.
Se levantó con ayuda de Clarisse, con el ceño fruncido. Odiaba perder.
Amira se acercó a Malcolm, hijo de Atenea, y le preguntó la hora.
14:36.
Maldijo por lo bajo después de agradecerle y empezó a caminar rápidamente en dirección a la Cabaña de Hades.
Era hora de que Karissa se tomara su medicina y ella haciendo rabietas porque perdió una pelea insignificante.
Que gran amiga eres, querida.
Llegó a la Cabaña de su amiga y la buscó con la mirada, encontrando sólo a un bulto envuelto entre las sábanas.
Suspiró y se acercó, moviéndola un poco.
—Karissa, cariño — Le habló tranquila pero firme, sacudiéndola con más fuerza —, despierta, debes comer.
Karissa empezó a moverse, y su cabeza salió de su escondite.
Amira tocó su frente, estaba cálida, pero no tenía fiebre. Su rostro pálido y con ojeras era una vista que tenía mucho tiempo sin presenciar.
Tomó la bandeja de comida que suponía que le había traído Nico, y la puso sobre la mesita de noche. Empezó a darle la comida con lentitud, en porciones pequeñas, dándole un sorbo pequeño de néctar también.
Era esa actitud maternal lo que hacía que Karissa se sintiera tan cómoda con Amira en ese tipo de situaciones. Esa preocupación genuina por su bienestar.
Ese tipo de cosas, Karissa las apreciaba.
Terminó de comer y se tomó la pastilla, aún con el cansancio tatuado en el rostro.
Amira le sonrió con cariño, acomodando las sábanas alrededor de su cuerpo.
—Que duermas bien, cariño.
Acarició el cabello oscuro de su amiga, besando su frente con suavidad antes de levantarse e irse en dirección al lago.
Ahí se encontró a Chris, quien la miraba preocupado.
—¿Cómo está Karissa? ¿Tiene fiebre? ¿Cólicos? ¿Garganta inflamada?
Amira alzó una ceja, caminando junto a Chris mientras trataba de ignorar la voz insistente del hijo de Hermes.
—Amira, ¿Ya comió? ¿Le diste la medicina? ¿Sé tomó el néctar?
Amira empezó a apretar los puños con cada pregunta que Chris le hacía, tratando de mantenerse calmada.
—¡Amiraaaaaaaa!
La mencionada sólo atinó a voltear y tomarle del cuello antes de empezar a hablar en un tono que podría pasar por normal, pero que era sin duda amenazante.
—Escúchame, Rodríguez. Si no quieres que te corte en pedacitos y te tire a la hoguera como ofrenda a los dioses, más te vale que dejes de ser tan intenso. En serio. Karissa está bien. He lidiado con ella por el suficiente tiempo como para saber qué necesita, a qué es alérgica y muchas otras cosas. No necesito tenerte pululando a mi alrededor como una plaga para cuidar bien de ella. Ahora, hazte un favor y déjame en paz.
Soltó al hermano de su amiga y se marchó con el ceño fruncido.
Ese tipo podría pasar por un acosador.
Se encogió de hombros y fue al pabellón para poder almorzar.
Jueves, 14:57.
El procedimiento se repitió los últimos días, y gracias a los cuidados de Nico, Chris y Amira -aunque fue Amira más que nada- Karissa us había mejorado, y a pesar de que aún tenía un pequeño ardor en la garganta y dolor en el cuerpo, empezó a asistir a los entrenamientos.
El tiro con arco no se le daba mal, la lucha cuerpo a cuerpo sin duda era cansina y le quedaba mucho por aprender, el entrenamiento de espada no iba tan mal y, bueno, nunca fue muy dotada en las artes así que si fuera una asignatura, tendría las calificaciones por el piso. Decidió que prefería quemarse en el muro de escalada que tener que volver a pescar un resfriado cayendo al agua en la carrera de canoas.
Le hubiera gustado montar los Pegasos, pero cada vez que se acercaba a uno relinchaban como si estuvieran poseídos.
—No les agradan mucho los hijos de Hades — Comentó Annabeth, quien de casualidad pasaba junto a ella cuando le explicaba a Amira el problema —. Quizás si hablas con Percy podrá convencer a Blackjack de que se montar por tí.
Karissa inclinó la cabeza con confusión.
—¿Blackjack?
—Sí. Es el Pegaso de Percy.
La hija de Atenea sonrió ligeramente y se fue en dirección al lago.
Ahora que pensaba en ello, no había visto al hijo de Poseidón desde que cayó en cama.
Bueno, no había visto a casi nadie, solo a sus hermanos y Amira.
—Hey, veamos quién sube más rápido y con menos quemaduras — Sugirió Amira, mirando a su amiga con una sonrisita maquiavélica.
La hija de Hades rió, sacudiendo la cabeza.
—Hecho.
La ganadora por experiencia fue obviamente Amira.
A la hora de la cena, se sentó en la mesa de Hades junto a Nico, mirando de reojo hacia Percy, quien también comía en gran cantidad.
Hizo su ofrenda a su padre luego de haber comido, y se plantó frente a Percy.
—Necesito un favor.
Esto pareció llamar la atención de Percy, quien la miró con la boca llena de comida y las mejillas algo sucias.
El hijo de Poseidón tragó con dificultad mientras tomaba un sorbo de su bebida azul.
—¿En qué puedo ayudarte?
Karissa de puso de cuclillas junto a él, con sus ojos negros fijos en los verdes de él.
—¿Podrías, por favor, por favor, por favor convencer a un Pegaso de que me deje montarlo?
Percy abrió los ojos con sorpresa, sus labios temblaron, se estiraron y formaron una sonrisa que se transformó en una carcajada.
Karissa frunció los labios, viendo como Percy reía con fuerza.
El chico comenzó a calmarse y le sonrió con más calma.
—Lo siento, no me río de tí. Es sólo... — Percy se levantó, tirando las sobras de su comida como ofrenda a su padre, indicándole a Karissa que lo siguiera —. No necesito convencer a los Pegasos de nada, estoy seguro de que si les hablas y tratas de acercarte a ellos, al final les caerás muy bien.
Karissa escuchó todo, dudando de las palabras de Percy, aún así lo siguió y se dió cuenta de que iban a los establos.
—¿Percy?
El chico la tomó del brazo al ver que se detuvo u empezó a jalonear para que caminara, lográndolo sin mucho esfuerzo.
—Vamos, vamos — Le alentó con una sonrisa, cada vez acercándose más a los establos —. Debemos empezar la misión "Ayudemos a Karissa a hacerse amiga de los Pegasos" antes de que lleguen los romanos.
—Pero...
La queja murió en sus labios cuando los caballos alados empezaron a relinchar, habiendo detectado su presencia.
Percy la soltó y se acercó a los Pegasos, manteniéndose junto a uno negro que se frotó contra su costado.
—Hey chicos, ella es Karissa, es una hija de Hades.
"Créame jefe, eso lo sabemos. El olor a muerto lo sentimos desde que salieron del pabellón."
—Blackjack — Regañó Percy — Ella es una buena persona, ¿De acuerdo?. Quiere ser su amiga.
Karissa observaba desde atrás, considerando la opción de huir por un momento.
"Ya, claro. ¿Que viene ahora? ¿Quirón se vestirá con un tutú?" Blackjack resopló y Percy le miró con más seriedad.
—Hablo en serio, Blackjack. Por lo menos traten de no hacer mucho escándalo mientras ella les habla.
Una vez más tomó a Karissa del brazo y la alentó a acercarse a los caballos alados.
—Vamos, diles algo.
Karissa le miró con duda, pero decidió obedecer.
—Eh... Bueno, como Percy les dijo, mi nombre es Karissa Rodríguez, soy hija de Hades, uh... Siempre... — Tomó valor para decirlo —. Siempre me han gustado los caballos, pero nunca les he agradado. Siempre quise tener una mascota, mi madre nunca me dejó porque siempre huían de mí. Supongo que ahora es obvio porqué. Lo que sea, sólo... De verdad me gustaría mucho poder ser su amiga.
Les sonrió a los animales, mientras todo permanecía en silencio. Percy la miraba de manera indescriptible y los caballos alados parecían estar congelados en el tiempo.
Después de lo que pareció una eternidad, el Pegaso negro, Blackjack, sé acercó un poco y extendió su ala en dirección a Karissa.
—Está dándote permiso para que lo acaricies, Karissa.
La hija de Hades abrió los ojos con sorpresa, mirando el ala frente a ella. Estiró la mano y acarició las plumas con algo de miedo, tomando más confianza luego, acercándose un poco a Blackjack y tocando su ala con ambas manos, admirando la suave textura de las plumas.
Percy rió ante el comportamiento casi infantil de la pelinegra. Tenía los ojos muy abiertos y brillaban con emoción.
Después de unos minutos, Percy decidió que era suficiente.
—Bien Karissa, es hora de irnos — La susodicha volteó y le miró con tristeza, su labio inferior ligeramente estirado en un puchero incompleto —, aún debemos recibir a los romanos y deben estar por llegar.
Karissa suspiró y sonrió a los Pegasos, alejándose lentamente de Blackjack.
—Muchas gracias.
Percy esperó a que Karissa estuviera a su lado para empezar a caminar en dirección a la entrada del Campamento.
Empezaron a hablar de cosas sin mucho sentido, como por qué el agua era transparente y no azul, por qué el cielo era azul y otras tonterías.
Su amena charla fue interrumpida, sin embargo, por la llegada de los romanos.
Karissa sintió su estómago resolverse cuando Nico se paró a su izquierda y entre él y Percy le señalaban a todos con nombres y padre/ancestro divino.
—Y ella es Hazel, nuestra hermana — Señaló a una chica de color y rizados cabellos, de ojos brillantes y bastante baja.
No que ella tuviera mucho que decir.
—¡Nico!
Hazel se acercaba a máxima velocidad al hijo de Hades, a quien abrazó con fuerza. Nico suspiró y palmeó la espalda de su hermana.
—Tengo mucho que contarte, Nico.
—Yo también tengo mucho que contarte — Sonrió un poco, tomando a Karissa de la mano y acercándola a ambos —. Ella es Karissa, nuestra hermana.
Hazel la miró con los ojos abiertos y luego se lanzó a abrazarla, haciendo que ambas cayeran al piso.
Amira corrió a su amiga y empezó a preguntarle si se encontraba bien, recibiendo risitas tontas de su amiga.
—¡Genial, ya se rompió! — Gruñó Amira, mirando a Hazel de reojo, quien por cierto, seguía abrazada su hermana.
—¡Estoy tan feliz de tener una hermana! Quiero decir, Nico es increíble pero no es lo mismo.
Karissa rió mientras se incorporaba, aún con Hazel pegada a ella.
—Te entiendo, a veces los hermanos no comprenden lo que sentimos las chicas.
Ambas rieron, incorporándose lentamente. Amira tomó la mano de Karissa, ayudándola a levantarse de suelo, mientras Nico hacía lo mismo con Hazel. Las dos chicas se adelantaron a la hoguera, dejando a Nico y Percy atrás junto con Amira.
El camino a la hoguera fue silencioso, al menos para Percy, Amira y Nico, quienes escuchaban a Karissa y Hazel hablar con entusiasmo sobre distintos temas como la escuela, la cocina -ni idea de dónde salió el tema-, y ese tipo de cosas.
Amira suspiró, mirándolas como si estuvieran locas cuando mencionaron algo sobre una comida rara llamada builebés o algo así. Lo único que sabía era que era francés y no tenía idea de como se pronunciaba.
Karissa estaba tan ocupada en su conversación con su hermana, que casi no prestó atención al hecho de que la hija de Apolo cayó sobre su trasero al no estar prestando atención al camino por mirar al cielo nocturno.
Casi.
—Ay... — Se quejó Amira, levantándose sin más, mirando a Nico sonreír ligeramente —. Sí, ríete di Angelo. Ya veremos cuando seas tu quien caiga.
Karissa la escuchó murmurar unos cuantos insultos por lo bajo mientras caminaba más rapido, esta vez mirando al suelo. Rió y siguió hablando con Hazel.
Después de la fogata, los hijos del dios del Inframundo se dirigieron a su cabaña. Nico se acostó casi inmediatamente y las dos chicas continuaron hablando hasta que se quedaron dormidas.
Viernes, 8:53.
Karissa caminaba con pereza, dirigiéndose a la arena, donde entrenaría con Clarisse, o mejor dicho, donde Clarisse limpiaría el suelo con ella una vez más. Esperaba mejorar eso o los entrenamientos la matarían en lugar de los monstruos.
Llegó a la arena, donde se encontró también con varios romanos, algunos exageradamente corpulentos, por lo que supuso que serían hijos de Marte o sus legados.
Después del calentamiento, Clarisse la llamó al frente para hacer una demostración.
"Bien" Pensó, caminando hacia su cuñada con pesadez.
Llegó frente a ella, y se mantuvo en posición de defensa. Clarisse buscó darle en el costado izquierdo, consiguiéndolo, seguidamente lanzó un mandoble a los pies de Karissa que, por suerte, vio venir y saltó antes de que llegara a sus pies. La hija de Hades atacó por la derecha, tratando de golpearla, Clarisse fue mas rápida, esquivando con facilidad el golpe. Su cuñada la distrajo con un movimiento de su espada para luego hacerla caer con sus pies.
Karissa jadeó al sentir la madera de la espada en su cuello.
—Seis minutos con dieciséis segundos — Comentó Malcolm, hijo de Atenea, con un cronometro en la mano izquierda, mirando a Karissa, quien seguía en el suelo, respirando con rapidez —, mejoraste un minuto completo tu resistencia, Karissa.
—Sigue siendo debilucha — Gruñó Clarisse, tomando a la azabache por el brazo, levantándola con facilidad —, y con esta masa muscular es imposible que mejore en algún futuro cercano. Debes entrenar más, niña, ¿Qué haces con tu tiempo libre?
Malcolm suspiró, quitando la mano de Clarisse del brazo de Karissa, alejándolas.
—Ella apenas llegó apenas hace unas semanas, ¿De acuerdo?, es normal que le cueste llevar el mismo ritmo que nosotros.
Clarisse bufó, murmurando un "Lo que sea".
La voz burlona de un chico se alzó sobre las demás.
—¿Y se supone que ella es hija de Hades, el poderoso dios del Inframundo?
El tipo era grotesco en toda la extensión de la palabra, desde su grasoso cabello oscuro hasta sus grandes y gordos pies.
—Una niñita delicada como ella jamás podría ser buena en este tipo de cosas — Continuó el tipo con una sonrisa come mierda en su rostro lleno de cicatrices —. ¿Por qué mejor no vas con los hijos de Deméter a hacer sus ridículas coronas de flores?
Karissa se mantuvo callada mientras el tipo reía con su voz rasposa e irritante, Malcolm le indicó que volviera a su lugar y el entrenamiento continuó sin contratiempos.
Antes de dejar la arena, Karissa y Amira lograron captar al mismo tipo decir: "La supuesta hija de Hades apenas y sabe mover una espada como es debido, debe estar por ahí llorando o retocándose el maquillaje".
Los que estaban con él rieron, pero su risa fue la más... llamativa, por decirlo de alguna manera no ofensiva.
Amira rodó los ojos, tomó a Karissa del brazo y la jaló para apurar su paso hacia el campo de arquería.
Amira siempre había tenido una buena puntería desde que Karissa la conoció. Sería la única que podía lanzar una bola de papel desde el otro lado del salón y que te diera justo en la frente o que cayera en la cesta de la basura.
Por eso le sorprendió el hecho de que no hubiera atinado al centro del objetivo, y todos parecían igualmente anonadados.
Pero ella sabía que no era su puntería. Lo sabía por la manera en que sus ojos marrones se entrecerraban levemente y parpadeaba rápidamente.
—¿Te falla la vista? — Le preguntó, soltando la flecha. No en el centro, pero tampoco la falló. Bien.
—Sí.
Amira soltó su flecha, fallando en dar en el blanco de nuevo. Podía sentir la mirada de sus hermanos en su nuca, pero no le importaba mucho en realidad. El objetivo se veía borroso a sus ojos y por más que intentara no podría ver mejor a menos que se acercara.
Maldijo por lo bajo, apretó el arco con fuerza y lo dejó por ahí antes de irse del campo.
Karissa se mantuvo en su lugar, disparando flecha tras flecha, mejorando un poco según su optimista punto de vista.
Al término de la práctica, Karissa fue en busca de su amiga. Ella estaba sentada en los establos, acariciando a un Pegaso blanco y con pelaje de igual color.
Karissa se acercó con lentitud, guardando distancia con los animales.
Ellos guardaron silencio, por lo menos.
—Hey — Saludó. Amira volteó —, ¿Estás bien?
—Sí, yo... Lo siento. No debí irme así.
—No te disculpes, está bien.
Se quedaron calladas por unos minutos, antes de que empezaran a llegar los demás campistas.
Karissa suspiró.
—Sabíamos que esto pasaría, Amira.
—No — La castaña soltó al Pegaso, apretando las manos —. No se suponía que esto pasaría, el doctor dijo...
Karissa la interrumpió.
—El doctor dijo que mejorarías pronto, pero que no debías forzar la vista.
Se dirigió a Katie, hija de Deméter y empezó a hablar con ella.
Amira gruñó, se levantó y acompañó a Karissa, saludando a Katie Gardner.
18:04.
Karissa suspiró con aplomo, mirando a los robustos romanos. Algunos parecían simpáticos, sin duda, pero se veían mucho más... Eran diferentes.
Quizás era ella, siendo griega y ellos romanos, probablemente sería la falta de aquella sensacion de familiaridad que tenia cuando hablaba con sus compañeros.
Sacudió la cabeza mientras Annabeth y Percy explicaban la estrategia que tenían preparada.
—Karissa — Percy dijo, llamando la atención de ambos hijos de Hades —, tú protegerás la bandera junto a Malcolm.
Ella miró al hijo de Atenea, estaba mirando los alrededores con ojo crítico. Malcolm pareció captar su mirada y se la devolvió junto con una sonrisa serena.
La voz de Annabeth la hizo desviar la mirada.
—Amira y Nico se encargarán de la guardia fronteriza. Giselle — Una chica desde el fondo gritó "¡Aquí!" —, ayudarás a los Stoll a armar unas trampas por todo el bosque.
Siguieron detallando cosas y dando lugares a los demás, pero Karissa no escuchaba. No quería pelear, y parecía que Percy y Annabeth lo sabían.
Suspiró cuando todos empezaron a movilizarse. Siguió a Malcolm a través del bosque, teniendo cuidado al pisar, no queriendo caer en una trampa.
La dichosa bandera era gris, pintada con un búho de brillantes ojos -muy realista, de hecho- y con el numero 6 encima del animal.
La bandera se situaba en el tronco roto de un árbol, que si no fuera por las claras marcas de garras, diría que fue por un pájaro carpintero.
Suspiró y se quedó en su lugar, observando los alrededores y escuchando atentamente a cualquier sonido fuera de lugar.
Al cabo de un rato, Karissa escuchó las hojas romperse desde el flanco izquierdo. Le hizo una seña a Malcolm, quien sigilosamente se acercó.
Un hijo de Marte salió de su escondite con la lanza en alto, pero Malcolm no se dejó amedrentar. Con un movimiento de su espada rompió la lanza, acto seguido golpeó al romano en el abdomen y le puso el filo de su espada en el cuello.
El romano trató de forcejear, pero Malcolm apretó más la espada, sin llegar a herirlo.
—¡Oye, ten más cuidado!— Gritó. Malcolm rodó los ojos.
—Karissa— La llamó, señalándole que se acercara —, toma esa cuerda que está cerca de la bandera y tráela.
Karissa acató la orden, extendiéndole la cuerda, la cual él utilizó para atar al hijo de Marte al árbol más cercano.
Malcolm sacó un frasco del bolsillo izquierdo de su pantalón y obligó al rehén a beberla. El tipo cayó rendido al instante y el rubio volvió a guardar el frasco.
—¿Qué fue eso?— Karissa estaba sorprendida. No lo habría matado... ¿O si? No, no, no. Malcolm no haría eso, ¿Verdad?
Estaba empezando a entrar en pánico cuando el hijo de Atenea le sonrió con serenidad.
—Es una poción que les pedí a los hijos de Hécate. Despertará en unas dos horas como máximo.
Karissa se permitió suspirar con alivio. Ambos estaban dirigiéndose a sus posiciones cuando escucharon pasos apurados.
Malcolm se puso en guardia y Karissa apretó a Kalosýni con fuerza, esperando a que los intrusos se presentaran ante ellos.
Cada uno era de diferente contextura. Unos más altos y repugnantes con su cabello grasoso y sonrisas confiadas, y algunos más bajos pero igualmente arrogantes. Eran seis.
Entre ellos estaba el tipo que se había burlado de ella en el entrenamiento esa mañana. Y la miraba fijamente.
Malcolm se situó a su lado, empuñando la espada con seguridad. Karissa le imitó, algo dudosa, pero dispuesta a evitar la victoria de los romanos.
—Pero miren a quien tenemos aquí— Habló el burlón legado de Marte, acercándose y con los ojos fijos en Karissa —, ¡La hija de Hades!, ¿Quiere que me incline ante usted, majestad?
Karissa apretó la boca para no perder la paciencia y lanzarse como estúpida hacia él.
—¿Estás enfadada?, ¿Vas a llorar, princesita?— Rió escandalosamente, y sus compañeros siguieron su ejemplo.
Una sensación de Deja Vu invadió a Karissa. Ah, cierto. Se parecían tanto a los críos que la molestaban en la escuela primaria que empezaba a creer que eran parientes.
—¿No piensas responder?, ¿Acaso tu madre no te enseñó que es de mala educación dejar a alguien hablando sólo?— Él seguía acercándose y Karissa no estaba segura de que podría defenderse en caso de que la atacara.
El tipo sonrió más ampliamente, si eso era posible.
—Bueno, lo más seguro es que tu madre haya sido una loca más del montón. Parece que todas las madres de los hijos de Hades terminan o son locas de remate. No me sorprende, con esos hijos tan raritos que tienen. Y ni hablar del padre de éstos...
Los idiotas de atrás rieron, y Karissa sentía su cara enrojecer. Bien, su relación con su madre no era la mejor -de hecho, dudaba que hubiera relación alguna que rescatar más que la biológica-, pero seguía siendo quien la crió. Además, por hijos de Hades se refería también a Nico.
Malcolm estaba aún en posición de defensa, preparado para saltar ante cualquier cambio y los otros romanos estaban más atrás del legado, riendo como los retardados que eran.
Él continuó hablando.
—Dan asco— Escupió, y la sangre de Karissa ardía por sus venas. Los latidos de su corazón retumbaban en sus oídos, pero aún así podía oír —, son los hijos de la muerte, y lo único que traen es destrucción y odio.
Karissa bajó su espada, con la mirada en el suelo, sintiendo todo temblar por la furia que sentía.
Malcolm abrió la boca con sorpresa. El suelo temblaba y Karissa tenía un aura amenazadora alrededor de ella.
La tierra se agrietó justo frente a ella, la fisura se abrió más y más, y de ahí salieron seis esqueletos. Se movían de forma lenta, pero segura.
Karissa tenía el ceño fruncido, miraba al legado de Marte fijamente y no parecía estar consciente de que acababa de invocar a los muertos.
Los esqueletos se acercaban al romano, y cuando éste los atacaba se armaban de nuevo. Otros dos esqueletos salieron del suelo, justo detrás del robusto chico, tomándolo de los brazos.
Malcolm miraba todo esto sorprendido, al igual que los otros romanos. Escuchó unos pasos y volteó, encontrándose a Nico y Quirón.
Nico se acercó a paso lento a los esqueletos, mientras más se acercaba, los esqueletos se alejaban del romano y se encaminaban hacia el lugar del que salieron. En cuanto los muertos regresaron al Inframundo, Nico se encargó de cubrir aquellos agujeros en el suelo.
Karissa reaccionó cuando Quirón puso su mano en su hombro, mirándola seriamente. Nico se acercó a ambos, observando pensativo a su hermana.
Poco a poco, los demás campistas fueron llegando para observar la escena, murmurando sus teorías sobre lo sucedido.
—¡Casi me matas!— Gritó el legado —, ¡Loca! ¡Eres un monstruo!
—¿Karissa?— Quirón habló, ignorando las acusaciones del tipo ese. La hija de Hades tenía la mirada fija en el chico, quien estaba bien alejado de ella —, ¿Hay algo que quieras decir?
La pelinegra suspiró. Podía decir lo que pensaba y ganarse unos cuantos enemigos, o bien podía mantenerse callada como siempre lo había hecho. Pensó.
"—Créeme Karissa— Le dijo Hades esa vez —, el Campamento es el único lugar seguro para ti."
¿Por qué debo callar? Yo no soy quien esta haciendo mal. Tengo derecho a defenderme. Tengo derecho a hablar. ¿Por qué disculparme?, si él es un idiota conmigo entonces se lo tenía bien merecido.
—No fue mi intención el invocar a los muertos y casi matarte, pero eres un imbécil y te lo mereces— Dijo, fulminando al tembloroso chico con su oscura mirada—, y si yo soy un monstruo, entonces tú también lo eres, y todos lo somos, porque somos iguales. Deja de comportarte como un debilucho, ¿O acaso necesitas retocar tu maquillaje ahora que ya chillaste como la florecilla que eres?
Amira rió sonoramente, algo sorprendida de que Karissa tuviera el valor de decir eso en frente de todos. Algunos siguieron su ejemplo, como Connor, Travis y Jake. Otros, como Chris, se quedaron boquiabiertos ante la actitud de Karissa.
—Me disculpo por los inconvenientes causados, Quirón.
Se dió la vuelta y se marchó junto a Nico y Hazel. Antes de irse, Nico le envió una mirada al legado de Marte.
Definitivamente, ese chico no iba a tener una noche tranquila.
Clarisse rugió con una sonrisa en el rostro.
—¡Eso es, pon a los idiotas como él en su lugar!
Amira se limpió una lagrima imaginaria.
—Estoy tan orgullosa.
Karissa durmió mejor que nunca esa noche, pero estaba segura de que el día siguiente sería mucho más complicado.
