Capítulo 4: Primer día

La mañana siguiente no fue mejor que la anterior, sobretodo cuando se despertó recordando la horrible pesadilla que había tenido. Automáticamente llevó las manos a sus orejas hurgando en ellas intentando encontrar el más mínimo vestigio de la presencia de las arañas en ellas, pero después de minutos se dio por vencida y se levantó de la cama con un fuerte gruñido.

Se miró en el espejo viendo como unas leves ojeras se comenzaban a formar debajo de sus ojos. No era normal en ella tener problemas para dormir o en su defecto pesadillas, pero ¿quien podía culpar después del día anterior? Inconscientemente llevó su mano al colgante de la estrella jugando con él mientras lo veía a través del espejo, lo observó intentando desentrañar sus secretos pero sabía que en el fondo era inútil así que con un profundo suspiro se despojó de la ropa dispuesta a ducharse.

Pasó mas tiempo del necesario bajo el agua intentando que sus músculos se relajasen y disfrutando del calor abrasador contra su piel eliminando cualquier resto de suciedad que podría existir y en el fondo consiguió relajarse, por lo menos en parte, pero cuando bajó a desayunar, preparada como cada día y sintió las miradas penetrantes de sus padres sobre ella, se encogió en si misma y retrocedió levemente.

-Siéntate –dijo con firmeza su padre pero sin perder el tono de dulzura que siempre empleaba con ella.

Quinn caminó arrastrando los pies hasta que se dejó caer en la silla frente a sus padres esperando a que empezaran a hablar sin ni siquiera mirarles.

-¿Qué es lo que ocurre? –preguntó su padre después de unos segundos sintiendo su mirada penetrante.

-Nada –murmuró ella mordiéndose el labio.

-No nos mientas –le advirtió.

-Solo tuve un mal día ayer papá, no es nada de que preocuparse –dijo ella después de un largo suspiro mirándolos por fin a los ojos.

Él la evaluó con la mirada intentando averiguar si eso era realmente todo.

-¿Estas segura que eso es todo? –insistió.

-Completamente –afirmó Quinn.

-De acuerdo –dijo por fin Russell acomodándose en la silla para comenzar con su desayuno- Ahora desayuna, que vas a llegar tarde.

Quinn sintió como un profundo peso se quitaba de sus hombros y sin decir nada mas comenzó a desayunar mientras sus pensamientos vagaban sin poder evitarlo. Todo lo ocurrido el día anterior se repetía en su cabeza buscando de alguna manera extraña y confusa una conexión o una explicación, pero no conseguía hilar los puntos para conseguirlo, quizás después de todo, solo había sido un mal día y hoy regresaría la normalidad a su vida, de la que siempre se quejaba pero que ahora ansiaba ante todo.

Mientras tanto sus padres la miraban de reojo aun confusos por el comportamiento extraño de su hija, si bien no era muy habladora, sobretodo por las mañanas, nunca la habían visto tan distraída y retraída. Ellos nunca habían sido una familia en la que se hablase abiertamente de sus sentimientos, pero siempre que alguien necesitaba ayuda, consejo o apoyo, todos ellos estaba allí incondicionalmente y que su hija se negase a hablar con ellos sobre algo que evidentemente le estaba afectando los confundía seriamente, pero no querían insistir sabiendo que cuanto mas lo hicieran, ella mas se cerraría en si misma, un rasgo que evidentemente había heredado de los Fabray.

Quinn se dispuso a levantarse después de unos minutos, pero la voz de su padre hizo que se sentase de nuevo con rapidez.

-¿En que quedamos ayer? –le regañó.

La rubia suspiró y continuó comiendo su desayuno hasta que no quedó nada en el plato aunque fuese a regañadientes. Después se despidió de sus padres y se dirigió hacia el instituto sintiendo como el estomago se le revolvía ligeramente ante la cantidad de comida que había ingerido y que no le estaba sentando muy bien.

Su organismo parecía haber cambiado desde el día anterior o por lo menos se encontraba desestabilizado, no dormir apenas, no tener apetito, sus fuerzas era notablemente menores y sentía una pesadez en el pecho que no terminaba de entender. Aunque seguramente solo necesitase el fin de semana para descansar y reponerse, si las cosas seguían así no sabía como iba a ser capaz de pasar los días y los duros entrenamientos mas las practicas de Glee sin desmayarse.

Cogió aire con fuerza mientras aparcaba frente al instituto y después de coger las fuerzas que necesitaba, salió del coche y se internó en el instituto para un nuevo día.

A los ojos de los demás todo seguía como siempre, nada había cambiado, ella seguía siendo la jefa de animadoras, la que manejaba a las multitudes a su antojo y que no tenía compasión para nada ni por nadie, pero Quinn se sentía diferente, mas humana quizás, no lo sabía con exactitud.

Confirmó que todo era diferente cuando mientras caminaba hacia su taquilla vio en la lejanía como un grupo de deportistas se acercaban velozmente a Rachel con unos granizados en sus manos. No había que ser adivino para saber lo que iba a ocurrir a continuación y el grito de sorpresa de la morena no dio posibilidad a equivocación. Segundos después se encontraba totalmente cubierta por aquella horrible bebida, temblando ligeramente y con los ojos cerrados con fuerza y seguramente intentando contener las lágrimas que amenazaban con salir.

No tardó mucho en salir corriendo por el pasillo en dirección al baño más cercano justo pasando al lado de Quinn sin ni siquiera prestar atención a su presencia. La rubia no pudo evitar seguirla con la mirada sintiendo un remordimiento que no estaba acostumbrada a sentir. Se mordió el labio observando la puerta del baño que acababa de cerrarse y después dirigió su mirada al gran charco de granizado que había dejado aquel ataque y una carpeta que había soltado de sus manos al ser sorprendida de aquella manera.

No hubo dudas, no lo pensó siquiera, con paso firme recorrió el corto camino hacia la carpeta mientras el resto del pasillo la miraba, la cogió y después retrocedió hasta internarse en el baño que acababa de tomar Rachel.

Pero cuando lo hizo fue como si atravesase un portal que la llevó a otra parte. Se encontraba en el baño, efectivamente, pero era diferente a como lo recordaba. Los grifos, los lavabos, todo era mas antiguo, como si hubiese sido creado hacia mas de 50 años. Miró todo confundida mientras buscaba con la mirada a la morena e intentaba oírla, pero el silencio era absoluto. De repente se dio cuenta que a través de una pequeña ventana en el lado superior se podía apreciar la oscuridad de una noche apacible y eso fue como un golpe en el vientre de Quinn, literalmente.

El golpe la hizo gritar de dolor, mirando a su alrededor con los ojos totalmente abiertos sin entender nada, pero entonces se fijó en sus manos, llenas de sangre, de su sangre y como comenzaba a sentir la misma resbalar por sus piernas y manchar el camisón blanco que llevaba en ese momento y que no sabía de donde había salido.

Otro pinchazo de dolor la invadió e hizo que cayese de rodillas aferrándose a su estomago con fuerza sin saber que es lo que ocurría. El dolor continuó sin descanso durante un tiempo que le pareció eterno acabando sentada en el suelo mientras la sangre se filtraba ya sin cesar de entre sus piernas. Su vista se encontraba nublada por el dolor y la visión de la sangre a su alrededor, sus sentidos ya no le servían, todo era dolor y dolor y no sabía que hacer para detenerlo. Hasta que de repente cesó y el llanto de un bebé se hizo eco en el pequeño baño. Parpadeó varias veces eliminando las lágrimas de sus ojos intentando encontrar de donde procedía el sonido hasta que vio un pequeño bulto entre sus piernas. Levantó el camisón ensangrentado y vio como un pequeño bebé se removía sin cesar y lloraba a pleno pulmón también totalmente cubierto de sangre. Lo miró con curiosidad sin saber que hacer hasta que un instinto que no conocía hizo que lo cogiera entre sus brazos, acunándolo y consiguiendo apaciguar el llanto de la pequeña. Comenzó a sentirse como anestesiada mientras seguía acunándolo contra su pecho. Los parpados le pesaban y no conseguía mantenerse despierta, sus miembros se sentían entumecidos y apenas podía soportar el peso del bebé. Se acostó mas contra la pared dejando que la pequeña apoyase todo su peso contra su pecho y justo cuando iba a cerrar los ojos por fin deslumbro una figura acercarse a ella rápidamente y gritar su nombre, pero no fue capaz de responder, de hablar o siquiera moverse, solo cerró los ojos por fin, después de eso, todo simplemente desapareció.

Después de un tiempo que le pareció eterno sintió como la zarandeaban y unas manos frías tocaban su cara intentando que abriese sus ojos. Una voz reconocida la llamó una y otra vez hasta que frunció el ceño y abrió los ojos parpadeando varias veces hasta que su vista se enfocó y se encontró a Rachel aun cubierta de granizado mirándola con terror y preocupación.

-Gracias a Dios –dijo soltando un suspiró aliviada y abrazándola con fuerza.

Quinn automáticamente se encogió ante el frio de las ropas mojadas de la otra, pero después de unos segundos en los que la morena no la soltaba, cerró los ojos y correspondió al abrazo, sintiendo como su corazón se relajaba ante ese acto.

-¡Me has dado un susto de muerte! –se quejó Rachel golpeando su hombro y mirándola con la ceño fruncido.

La rubia la miró confundida por el cambio de animo de la otra y porque no sabía a que se refería hasta que de repente los recuerdos de lo que acababa de vivir regresaron a su mente con fuerza.

-¿Qué… qué pasó? –preguntó mirando a su alrededor y dándose cuenta que estaba de vuelta al baño que tanto conocía.

-Me estaba limpiando este asqueroso granizado, porque ya que siguen insistiendo en atormentarme de esta manera por lo menos tendrían la decencia de elegir un sabor mas acorde conmigo, pero no, insisten en elegir este sabor horrible –Quinn la miraba parpadeando varias veces intentando seguir la divagación de la otra- En fin, estaba limpiándome cuando oí que la puerta se abría y luego se cerraba y segundos después comenzaste a gritar como si te estuvieran matando –la miró preocupada durante unos segundos y después prosiguió- me acerqué a ti a toda prisa y te encontré tirada en el suelo, retorciéndote y gritando, parecías estar en un estado catatónico y no conseguías regresar a la realidad, hasta que de repente te quedaste totalmente quieta y a los pocos segundos abriste los ojos. ¿Qué ha pasado?

Quinn seguía mirándola, frunciendo el ceño levemente mientras recordaba con detalle todo lo que acababa de vivir y que a pesar de haber sido unos segundos por lo que parecía a ella le había parecido un mundo. El dolor que había sentido aun lo sentía como un cosquilleo en su piel y el suave latir del corazón del bebe golpeaba su pecho sin cesar.

-¿Quinn? –susurró Rachel haciendo que regresase a la realidad.

-Yo… -comenzó a decir intentando encontrar una explicación- no lo sé Rachel… no lo sé.

Rachel la evaluó durante unos minutos, seguramente intentando averiguar si sufría algún daño cerebral o algo por el estilo pero no pareció llegar a ninguna conclusión así que decidió seguir otro camino.

-De todas maneras ¿Por qué entraste al baño? Se para que se usan los baños pero soy una persona observadora y tú no sueles usar estas instalaciones a las tempranas horas en las que nos encontramos, mas bien las usas a medía mañana o en las últimas horas, además me he dado cuenta como agarras con fuerza mi carpeta, cosa que me parece extraña porque según creo se me cayó cuando me lanzaron esto –se señaló a si misma- así que… ¿Qué haces aquí Quinn?

No sabía muy bien porque, pero siempre se sentía estúpida cuando hablaba con Rachel, sobretodo cuando soltaba esos discursos interminables y que ella tenía que prestar especial atención para enterarse de lo que de verdad estaba hablando, pero en esos momentos todo parecía aun mas confuso para ella y aunque por lo menos si tenía una respuesta a esa pregunta, no sabía como hacerlo. ¿Cómo explicar a la chica que siempre has rechazado y odiado en apariencia que te preocupas por ella?


Aclaración: La güija (según la grafía recomendada por la RAE) o ouija (pronunciado /uíya/ o /uísha/) es un tablero dotado de letras y números con el que supuestamente se puede entablar contacto con los difuntos.

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SaraChana1