Esta es la adpatcion de uno de mis fics preferidos ,espero les guste.
Creadora Stamie.
Descansa
El profesor de literatura tuvo que venir a sacarme a rastras de mi cuarto tras tres días sin salir de él. No iba a clase, no baja a comer, no aparecía por ninguna parte. Me había encerrado y me negaba a enfrentarme al mundo.
Llegó en compañía de la directora y me encontró agazapada en una esquina, con el uniforme empapado. Había necesitado más de una dosis de realidad aquellos tres días de aislamiento y no me había preocupado por cambiarme de ropa. Tiritaba y me había subido la fiebre por mis duchas de agua helada. Tenía un aspecto horrible, hambre y sueño, pero me negaba a dormir.
-Bella, por Dios, escúchame. Tienes que ir a la enfermería- me insistía el profesor. Yo negué con la cabeza, nerviosa, abrazándome las rodillas. Él me agarró las muñecas y yo quise gritar, pero no tenía voz.- ¿Qué ha pasado? ¿Alguien que hizo algo, algún chico? Tienes que decírnoslo.- Negué de nuevo, no había nada que pudieran hacerme que me aterrorizara más que cerrar los ojos y verla a ella.
Su cara cambiaba. Negro sobre blanco primero, pero había alguien más, una chica tras ella, menuda, pálida y de cabello castaño. Una belleza terrena, una muchacha sonriente que no parecía una verdadera amenaza. Ya la había visto antes, pero no la recordaba. Haber hecho encajar las piezas del puzzle de mis pesadillas me estaba haciendo perder la cabeza.
Finalmente cedí y dejé que me llevaran a la enfermería. Allí me puse un camisón y me envolvieron en mantas eléctricas. Tres días sin beber habían logrado deshidratarme y tuvieron que ponerme suero intravenoso, no era la primera vez. Seguía temblando, seguía estando nerviosa y no quería ni cruzarme con el doctor de Greenwood, pero tarde o temprano tenía que enfrentarme a él.
Que si no había ido a verle, que si yo misma provocaba mis problemas de salud, que si no colaboraba iba a ser peor para mí y blablablá. Me ponía de muy mal humor, hasta tal punto que prefirieron sedarme antes que provocarme un ataque de ira.
…
Cuando desperté tenía delante de la cara una mata de pelo rubio. Olía a jazmines y provenía de la chica que respiraba helio. Parecía haberse quedado dormida a mi lado y no entendía por qué. No quise moverme, para no despertarla así que tardé en darme cuenta de que había alguien más allí.
-Buenas noches, Bella Durmiente- Edward estaba allí, sentado en una butaca al lado de mi cada, mirándome con una gran sonrisa y una ojeras aún más grandes, si cabe.
-¿Qué hora es?- pregunté algo desorientada.
-Las tres y media de la madrugada del viernes- respondió tras echar un vistazo a su reloj de pulsera.
-¿Qué? Pero eso significa que…
-Que llevas 21 horas durmiendo, sí. Por lo visto lo necesitabas.
No me lo podía creer. Casi un día completo, del tirón y relajada. Ojala pudieran sedarme cada noche.
-No lo entiendo ¿qué pasó?
-Te encerraste en tu cuarto, yo fui el último en verte. Ayer te bajaron aquí y te sedaron porque necesitabas descansar- ¿Esa era la versión para menores de trece años? Debía serlo, porque yo la que recordaba era la de mayores de dieciocho. – Rosie se empeñó en quedarse contigo y ahí la tienes…- la miré y no pude evitar sonreír, enternecida, aunque no fuera nada propio de mí.
-¿Por qué te has quedado tú?
-Me gustan los misterios… y tú eres todo un enigma.
-No soy un sudoku, Edward, no intentes jugar conmigo- más que una amenaza o un comentario desagradable, sonaba a súplica. No soportaría que me utilizara todo un curso. Él me agarró la mano, teniendo mucho cuidado de no tocar la vía y me miró. Sus ojos parecían brillar en la oscuridad y nuestras voces no eran más que susurros.
-No he estado aquí todo el día, Newton estuvo por la tarde.
-¿Quién?
-Mike Newton- ¡Ah! Mike, el chico palido de la sonrisa perfecta, haber empezado por ahí. Sonreí cansina y negué- ¿Qué ocurre?
-Llevo aquí ¿cuánto? ¿Una semana? Y sólo he salido de mi cuarto un par de horas… he tratado de ser desagradable con todo el mundo y de repente me despierto en la enfermería y tres personas se turnan a los pies de mi cama. No lo comprendo.
-Qué quieres que te diga. A lo mejor estás muy buena- me hizo sonreír, sabía que no era cierto, pero logró hacerme sonreír.
-Eso no explica lo de Rosalie
-A lo mejor sí- le miré desaprobadora, no consideraba a Rosalie el prototipo de lesbiana.- A lo mejor, simplemente, nos has gustado.
Estuvimos un rato en silencio, un rato en el que me solté de la mano del chico. Para mi resultaba mucho más violento de lo que cualquier pueda imaginar. Le di mil vueltas a todo, traté de aclarar mi cabeza y, a pesar de todo, no me moví ni un ápice para no despertar a Kensington.
-Cuarto individual número cuatro- susurré finalmente, atrayendo la atención de Edward.
-¿Qué quieres saber?
-Todo- dije mirándole con pesar. Ya no era sólo lo que Rosalie y Mike habían dicho, había algo más en ese cuarto.
-Verás- dijo tras aclararse la garganta- El individual número cuatro era el cuarto de una chica llamada Millicent McDonald. Millie era… era la novia de Emmet. – Le miré extrañada y le interrumpí, tenía un mal presentimiento.
-¿Cómo era?- el sonrió, entrelazando las manos y acomodándose, daba la impresión de que iba a ser largo.
-Era… preciosa- dijo negando con la cabeza, entrecerrando los ojos y tratando de recordarla- Si no hubiese sido la novia de mi hermano hubiese intentado que fuera la mía.
-Vaya, que buen hermanito.- Ignoró mi comentario sarcástico y siguió.
-Menuda, delgada, morena y de ojos grandes y marrones que te hacían creer que todo iba siempre bien. Su sonrisa era simplemente encantadora… estar con Millie te aseguraba una especie de paz interior muy difícil de conseguir. Era muy extraño…
-Sí que te gustaba.
-No te creas. Era guapa, pero perdí gran parte del interés cuando formalizó lo suyo con Emmet- había cientos de peces en el mar…ya, ya.- El caso es que hacia finales del curso pasado algo pasó que hizo que Millie comenzara a cambiar.
-¿Algo con tu hermano?
-No, no…creo que no. Las cosas iban bien, créeme, no me hubiera extrañado que el pensara en boda o algo así- ¿tan pronto?¿tan joven?- Era ella, algo en su cabeza dejó de funcionar correctamente y, literalmente, enloqueció. Veía cosas, decía cosas que… no tenían ningún sentido. Nos asustamos, pero no sabíamos que hacer.- Yo me estaba asustando ¿ver cosas? Me era demasiado familiar.- Un día, sin venir a cuento, rompió con Emmet y les dejó claro a todos sus amigos que no quería tener nada que ver con ellos.
-Dios…- musité- ¿Cómo se lo tomó tu hermano?
-¿Tú que crees? Pero quien peor lo pasó fue Newton- dijo señalando a Rosalie con un gesto de la cabeza- Todos sabíamos que Millie era un pilar para ella, la ayudaba a mantenerse en pie y a luchar y en cuanto le dijo que no quería saber nada más de ella se derrumbó. Dejó de comer… y tuvieron que ingresarla. Por eso ella no estaba aquí cuando pasó- Edward paró de hablar y tragó saliva, estaba segura de que tenía algo importante que decir, pero no sabía cómo, no quería saber cómo.
-¿Cuándo pasó qué?
-Nunca lo entenderé. Ella era una chica sana… la más cuerda de todos- hablaba casi para sí mismo, reflexionando, ignorándome. Quise apremiarle, pero no me escuchó- Emmet estaba destrozado, nunca le había visto llorar.
-Edward…- supliqué.
-Y Newton, todos saben que estaba loco por ella…
-Ed- me miró y sonrió.
-No tiene importancia.
-Para mí sí la tiene. Por favor…- insistí una vez más.
-Millie se suicidó, se cortó las venas.
-¿Qué?
No, no fue el hecho de que se suicidara de ese modo, era demasiado familiar para mí, aunque no en un sentido tan ligado a la muerte, me sorprendió que no estuviéramos hablando de la chica del pelo negro, la que había visto una y otra vez en mis sueños.
De repente sentí a Rosalie sollozar, estaba despierta, llevaba un rato despierta.
-La hecho de menos- musitó, tratando de taparse la cara. Yo le acaricié el pelo.
-Vamos, no llores- no sabía que decir, sólo miré a Edward, esperando que él hiciera algo.
-¿Por qué lo hizo?- Rosalie comenzó a retorcerse en la camilla y sentí una fuerte punzada en un costado. El chico lo notó y al fin intervino. Se levantó, bordeó la cama y cargó a la rubia en brazos. Ella pasó sus brazos alrededor del cuello de él y se encaminó a la puerta mientras yo me enderezaba.
-¿A dónde vas?- pregunté.
-No puedo dejarla aquí, está confusa y cansada. Descansa, volveré por la mañana.
Y se fue, y me dejó pensando…Millie McDonald… sonaba a personaje de cuento, sonaba dulce, tan dulce como él me la había descrito y, de repente, sin motivo aparente enloquece. Me producía auténtico terror.
No pude volver a dormirme, pero no me preocupó. Tras veintiuna horas estaba más que descansada y despejada y, además, tenía mucha hambre. Tuve que esperar hasta las siete de la mañana a que apareciera la enfermera con un saludable desayuno de copos de avena con leche y un zumo. No es que fueran mis preferidos, pero el hambre era el hambre y tras cuatro días de ayuno todo me sabía a
gloria.
Comía rápidamente, sin casi masticar, me daba vergüenza que alguien me viera, pero es que de verdad necesitaba terminarme toda aquella comida.
-Hoy sí tienes hambre ¿eh?- dijo una voz familiar acercándose cada vez más a la camilla. Era Mike. Sonreí y paré de comer, notando como se me subía el rubor a las mejillas. Tenía los carrillos hinchados de copos de avena como si de un hámster se tratase, probablemente era gracioso… o asqueroso, para gustos.
-Sí- dije tras apresurarme a tragar y claro, no me entro bien y comencé a toser. Él se acercó para darme unos golpecitos en la espalda, pero yo no le dejé- No, tranquilo, estoy bien.
-Eso parece… dormiste mucho- asentí y bebí un trago de zumo. ¡Puag! Era de pomelo.- Rosie no quiso separarse de ti… le caes bien, le recuerdas a Millie.
-¿Porque he enloquecido?- mierda, debía tener más tacto, noté que le dolió cómo lo dije.
-No, simplemente te pareces, quizás no en el físico… el pelo no es igual y eres más alta, pero tus ojos, tu sonrisa… algunos gestos. Eres muy parecida a ella.
-Gracias- Edward me había hecho idealizar a McDonald y eso para mí era un halago. Mike sonrió y se sentó en la butaca, clavando sus ojos en mis antebrazos. Obviamente no pude evitar sentirme incómoda y mal por él, ahora la oscuridad no era mi aliada, había claridad por todas partes.
-Creí que no era verdad- musitó.- Que era una invención de los amigotes de Cullen…- no supe que decir, pero el apetito se me fue de golpe.- ¿Por qué?- quiso saber, perdiendo su mirada en algún punto de la habitación.
-…- Respiré profundamente y negué- No recuerdo lo que pasó, sólo recuerdo a mi padre echando la puerta abajo. Yo sangraba y sentía muchísimo dolor en las muñecas… me llevaron al hospital y…- no pude seguir, era muy difícil y a penas le conocía, no sabía si podía confiar en él.
-¿De verdad no lo recuerdas?
-No- negué de nuevo- Ni siquiera tenía motivos para hacerlo, simplemente un día me encerré en mi cuarto y…- estaba triste, sí, tenía pesadillas, dormía mal, comía mal… estaba deprimida, pero nunca pensé de verdad en suicidarme y un día, de repente, traté de hacerlo. Ni yo misma lo comprendía. –Ni me acuerdo- repetí, por si no había quedado claro ya.
-Es raro…- volví a escuchar la historia de Millie de labios de Mike. No me aportó nuevos datos interesantes, pero escuchar a los demás hablar de aquella chica, no sé por qué, me fascinaba.
A lo largo de la mañana Rosalie volvió a verme. Me gustó verla porque venía comiéndose una manzana. No era demasiado, pero si en verdad tenía problemas, que comiera algo le haría bien. Traté de ser paciente y de no mencionar en ningún momento lo alto que estaba el volumen de su voz y lo molesto que podía resultar. Se interesaba por mí, era bondadosa, y aunque yo me resistiera, era imposible no confiar en una chiquilla como ella.
Me peinó y me coló un par de chocolatinas sin que el médico la viera. Me comí una y la obligué a comerse la otra. Lo hizo de mala gana pero lo hizo. Estuvo un rato hablándome de Millie y logró hacerme sentir realmente extraña cuando, sentada a mi lado, me tomó el brazo y pasó su dedo índice derecho por encima de todas y cada una de mis cicatrices. No parecía molesta o aterrada o sorprendida, sólo curiosa, de una forma sana y sin malicia, por eso no me molestó.
Lo raro sobrevino cuando Emmet entró en la enfermería y nos vio. Para él nos regocijábamos en algo tan serio como un intento de suicidio, pero no era así, no era lo que el creía.
-Será mejor que me marche- mustió Rosalie, evitando los ojos de Emmet. Noté algo extraño entre ellos, una forma de evitarse poco común, cómo si algo del otro les molestara. Él se sentó en la butaca y me miró, yo traté de colocar los brazos de forma que no se vieran las marcas.
-Tranquila, no te esfuerces- cierto, él ya sabía que estaban ahí.- Creo que ya te han hablado de Millie…
-Sí- y más de lo que él creía.
-Siento cómo me comporté el otro día en la cafetería.
-Descuida, no tiene importancia- Cualquier otra persona hubiera seguido insistiendo, pero desde ese momento noté que tenía algo en común con Emmet, y era que ambos hacíamos caso rápidamente de lo que nos decían. Y si digo 'no tiene importancia', no la tiene e insistir no vale la pena.
-¿Por qué?
-No lo sé- claramente eso era un ¿por qué lo hiciste?- Tengo una gran laguna de aquel día. No recuerdo nada hasta casi la ambulancia… fue como si no lo hubiera hecho yo.
-Cuando la encontramos aún estaba viva- abrí los ojos y me quedé fría, me habían contado cosas, pero nada como eso.- Cinco minutos más tarde y no habría podido escucharla por última vez… cinco minutos antes y ahora estaría a mi lado.
Quise llorar, quise saltar de la cama y abrazarme a Emmet con todas mis fueras, pero no me moví. Contuve las lágrimas y me miré, embargada por la pena. Él se derramaba poco a poco, parecía que iba a romper a llorar en cualquier momento y no quería que yo lo viera. Se puso de pie y respiró.
-Bueno, me voy…tengo una clase ahora. Sólo quería saber cómo estabas.
-Claro, gracias.- No dije nada más, sólo le vi irse y después me quedé contemplando cada rincón de la enfermería, en espera de poder salir de allí para reanudar mi vida justo dónde la había dejado cuatro días atrás.
Espero les haya gustado ,espero subir mañana o el lunes no lo se ,tengo el finde semana muy ocupado besotes y gracia por todo.
