(La historia no me pertenece es propiedad de Sarah J. Maas y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)

Capitulo 3.

Los ojos del príncipe la miraron divertidos ante su desparpajo, pero se demoraron en su cuerpo un instante más de la cuenta. Candy podría haberle clavado las uñas en la cara por su descaro, pero que se hubiera molestado en mirarla a pesar de su aspecto… Lentamente, una sonrisa asomo su rostro.

El príncipe cruzo las piernas.

- dejarnos a solas – ordeno a los guardias -. Albert, quédate donde estas.

Candy dio un paso al frente mientras los guardias abandonaban la estancia y cerraban la puerta. Albert permaneció impasible. ¿De verdad pensaba que seria capaz de contenerla si intentaba escapar? La muchacha irguió la espalda. ¿Qué tramaban y por qué se comportaban de un modo tan irresponsable?

El príncipe se hecho a reír.

- ¿No te parece imprudente mostrarte tan descarada conmigo cuando es tu libertad lo que está en juego?

De entre todas las cosas que Terrence podía haber dicho, aquella era la que menos s esperaba.

- ¿Mi libertad?

Al mencionar la palabra, vio una tierra cubierta de pinos y nieve, acantilados bañados por el sol y mares bordeados de espuma, una tierra donde la luz fundía con el verde aterciopelado de promontorios y hondonadas…, una tierra que ya había olvidado.

- Si, tu libertad. Así que te recomiendo, señorita White, que controles tu arrogancia si no quieres que te devuelva a las minas – el príncipe descruzo las piernas -. Aunque quizá tu actitud nos resulte útil. No voy a fingir que el imperio de mi padre se construyo sobre las bases d la confianza y el entendimiento. Pero ya sabes – Candy cerro los puños a la espera de que el príncipe reanudase el discurso. La mirada de Terrence se encontró con la de ella, sagaz, penetrante -. A mi padre se le ha metido en la cabeza que necesita una campeona.

Candy tardo unos maravillosos segundos en comprenderlo.

Luego echo la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada.

- ¿Vuestro padre quiere que yo sea su campeona? ¡No me digas Que se las ha arreglado para eliminar a todos los nobles de ahí afuera! Debe de quedar al menos un caballero cortes, un señor de corazón y valor inquebrantables.

- cuidado con lo que dices – la advirtió Albert.

- Y ¿Qué pasa contigo? – le pregunto la chica al capitán arqueando las cejas. Aquello si que tenia gracia. ¡Ella…, la campeona del rey! -. ¿Acaso nuestro rey bien amado los considera algo torpe?

El capitán se llevo una mano a la espada.

- Si te callas, podrías escuchar lo que ha venido a decirte su alteza.

Candy miro al príncipe.

- Y ¿bien?

Terrence se arrellano en el trono.

- Mi padre necesita un poco de ayuda con el imperio. Alguien que lo ayude a abordar los casos más complicados.

- O sea, que necesita un criado que le haga el trabajo sucio.

- En resumidas cuentas, si – contesto el príncipe -. Su campeona mantendría callados a sus adversarios.

- Callados como una tumba – apunto ella con dulzura.

Terrence esbozo una sonrisa, pero no mudo de expresión.

- Sí.

Trabajar para el rey de Adarlan como su leal servidora. Candy levanto la barbilla. Aquello suponía matar por el, ser un colmillo en la boca de la bestia que ya había destruido media Erilea…

-Y ¿si acepto?

- Después de seis años de servicio, te concederá la libertad.

- ¡Seis años!

Sin embargo, la mera mención de la palabra "libertad" la hizo volver a estremecerse.

- Si no aceptas – dijo Terrence adelantándose a la siguiente pregunta -, te quedaras en Endovier.

Su mirada color azul zafiro se endureció y Candy trago saliva.

Solo le había faltado añadir: "Hasta que mueras"

Seis años convertida en la daga mas letal del ray… o acabar sus días en Endovier.

- Ahora bien, hay un apaga – añadió el príncipe. Candy permaneció impasible mientras el jugueteaba con uno de sus anillo -. Mi padre no te esta ofreciendo el puesto a ti. De momento. Solo quiere divertirse un poco. Va a celebrar una competición para elegir al campeón. Ha invitado a veintitrés miembros de su consejo para que cada unos patrocine a un aspirante a titulo. Mientas durante el concurso, los patrocinadores serán entrenados en el castillo de cristal. Si ganas tú – añadió medio sonriendo -, serias oficialmente la Asesina de Adarlan.

Ella no le devolvió la sonrisa.

- Y ¿Quiénes exactamente serán mis rivales?

Al advertir la expresión de la chica, la alegría del príncipe se esfumó.

- Ladrones, asesinos y guerreros de toda Erilea – Candy abrió la boca para hablar, pero el se adelanto-: Si ganas y demuestras que eres hábil y digna de confianza, mi padre ha jurado concederte la libertad. Además, mientras seas su campeona, recibirás un sueldo considerable.

Candy apena había oído las ultimas palabras. ¡Una competición! ¡Contra un elenco de muerto de hambre procedentes de quien sabe donde! ¡Y asesinos!

- ¿Qué otros asesinos? – quiso saber.

- No los conozco. Ninguno es tan famoso como tú. Y eso me recuerda… que no competirás c el nombre de Candy White.

- ¿Cómo que no?

- Competirás bajo un alias. Imagino que no te has enterado de lo que sucedió después de que se celebrara tu juicio.

- No es fácil estar al tanto de las noticias cuando trabajas día y noche en una mina.

Terrence soltó una carcajada y negó con la cabeza.

- Nadie sabe que Candy White es una chica joven. Todos piensan que eres mucho mayor.

- ¿Qué? – volvió a preguntar ella, ruborizada-. ¿Cómo es posible?

Debería de estar orgullosa de haber engañado a todo el mundo y son embargo…

- Mantuviste tu identidad en secreto durante todo el tiempo que estuviste en activo. Tras el juicio, mi padre pensó que seria más… sensato no informar a Erilea quien eras en realidad. Y quiere que siga siendo así. ¿Qué dijeran nuestros enemigos si se enteran de que una chiquilla nos tenía a su merced?

- ¿De modo que me estoy matando a trabajar en este agujero por nombre y un titulo que ni siquiera me pertenecen? Y ¿Quién piensa la gente que es la Asesina de Adarlan?

- No lo se y tampoco me importa mucho. O que si se es que en su día fuiste la mejor, y que la gente aun baja la voz cuando pronuncia tu nombre – se quedo mirándola fijamente -. Si estás dispuesta a luchar por mi, a ser mi campeona durante los mese que durar la competición, me encargaré de que mi padre te libere dentro de cinco años.

Aunque el príncipe intentaba disimularlo, Candy advirtió que estaba tenso. Quería que aceptara. Necesitaba que aceptara tan desesperadamente que estaba dispuesto a negociar. A Candy le brillaron los ojos.

- ¿Cómo que "en su día fui la mejor"?

- Llevas unos años en Endovier. Tal vez hayas perdido facultades.

- A mía facultades no les pasa nada, muchas gracias – contesto Candy, y empezó a hurgarse las uñas rotas. Lucho contra las arcadas al ver la mugre que acumulaban. ¿Cuándo se había lavado las manos por última vez?

- Eso esta por ver – dijo Terrence -. Conocerás todos los detalles sobre el torneo cuando lleguemos a Rifthold-

- Dejando a un lado lo mucho que se vana divertir ustedes los nobles intercambiando apuestas, la competición me parece innecesaria.

¿Por qué no me contratas y en paz?

- Ya te he dicho que debes demostrar que eres digna del tirulo.

Candy se llevo la mano a la cadera y tintineo de las cadenas resonó en toda la sala.

- Bueno, creo que el hecho de ser la Asesina de Adarlan es prueba más que suficiente.

- Si – contesto Albert con un destello en sus ojos de color azul -. Eso prueba que eres una criminal y que no deberíamos confiarte un asunto privado del rey.

- Juro solemnemen…

- Dudo mucho que el rey confié en la palabra de la Asesina de Adarlan.

-Claro, pero no entiendo por que tengo que someterme a entrenamiento y a la competición. Es normal que este un poco… desentrenada, pero… ¿Qué se puede esperar de una persona que lleva tano tiempo en este lugar entre picos y rocas?

Miro a Albert con rencor.

Terrence frunció el ceño.

- Entonces, ¿no vas a aceptar la oferta?

- Pues claro que la voy a aceptar – replico ella. El roce d las manillas contra la piel de las muñecas le arrancaba las lágrimas -. Seré su absurda campeona, pero solo quizás si acepas liberarme dentro de tres años en vez de cinco.

- Cuatro.

- Está bien – repuso Candy -. Trato hecho. Tal vez esté cambiando mi forma de esclavitud por otra, pero no soy ninguna necia.

Iba a recuperar la libertad. Libertad. Comenzó a sentir el aire fresco del mundo exterior, la brisa que soplaba desde las montañas y la empujaba. Viviría en el campo, lejos de Rifthold, la capital que un día fue su reino.

- Esperemos que tengas razón – repuso Terrence -. Y esperemos que estés a la altura de tu reputación. Tengo intención de ganar, y no me complacerá que me dejes en ridículo.

- Y ¿si pierdo?

El brillo desapareció de los ojos del príncipe cuando contesto:

- Volverás aquí para cumplir el resto de tu condena.

Las hermosas visiones de la muchacha se convirtieron en nubecillas de polvo, como si hubiera cerrado un libro de golpe.

- Antes me tiro por cualquier ventana. Un año en este lugar me ha destrozado. Imagina lo que sucederá si regreso. Al segundo año estaré muerta – echo la cabeza hacia atrás -. La oferta me parece justa.

- Ya lo creo que es justa – dijo Terrence, y le hizo un gesto con la mano a Albert -. Llévala a sus aposentos par que se de un baño – añadió, y luego se quedo mirándola fijamente -. Partimos hacia Rifthold por la mañana. No me decepciones, White.

Todo aquello era absurdo, por supuesto. No le costaría nada eclipsar, dejar evidencia y después eliminar a sus competidores. No sonrió, pues sabia que de hacerlo estaría cediendo el paso a una esperanza que llevaba mucho tiempo evitando. Aun así, tenia ganas de coger al príncipe y ponerse a bailar. Intento pensar en alguna pieza musical, en una melodía alegre, pero solo consiguió recordar un verso de los tristes lamentos que entonaban los esclavos de Eyllwe mientras trabajaba, profundos y lentos como miel que cae de un tarro: "Y volver por fin a casa…"

Apenas se dio cuenta de que el capitán Andley la guiaba al exterior de la habitación, ni tampoco de que recorrían pasillo tras pasillo.

Claro que iría, a Rifthold y a cualquier parte; cruzaría incluso las puertas de Wyrd y entraría en el mismísimo infierno si eso la ayudaba a conseguir la libertad-

"Al fin y al cabo, por algo te llaman la Asesina de Adarlan!

Continuara…

El libro se llama: Trono de Cristal, Escritora: Sarah J. Maas

Gracias a todas las chichas que me mandaron sus Reviews, me encanta la idea de que compartamos las mismas ideas, es bueno a veces hacer cambios…

Nos vemos en el siguiente capitulo!.