• • Kawaii Kitsune ••
By
Yu-chan
Capítulo 4:
Una regla más, un secreto descubierto.
—¡Ahh! —un gemido salió de aquellos labios, siendo escuchado por una única persona…
Las manos pálidas del hombre tocaron aquel cuerpo delgado que sólo era para él. Un cuerpo que estaba marcado con su escancia y que demandaba ser suyo para siempre. Lo acariciaba tan sutilmente que hacia estremecer al menor, llevó su mano izquierda hasta el mentón de su amante y lo alzó para que unos ojos negros miraran sus iris amarillos.
—Sigues siendo tan deseable como siempre… —dijo el domínate y acercó su rostro para morder los labios de su acompañante, devorándolos con hambre —dilo… —ordenó y llevó una de sus manos hasta la parte baja del muchacho —dilo en voz alta y clara… ¡¿de quién eres?!
El menor sintió estremecer ante cada caricia y con dificultad pudo pronunciar:
—S-soy… de usted… —tartamudeó.
—¿Qué? —cuestionó el hombre aunque las palabras había llegado a sus oídos tan claras como el agua.
Notando que hubo una espera, el peli-largo apretó con su mano el miembro de su amante por sobre la tela.
—¡¡Aahh!! —un gemido audible hizo satisfacer al mayor —le… le pertenezco a usted… Orochimaru-sama.
—Así es… —se acercó al cuello y lo olió —a mi y sólo a mi…
El joven cerró los ojos con fuerza y el mayor tras morderle la oreja dejó de acorralarlo. Se levantó de la cama en la que reposaban y comenzó a vestirse, su acompañante por su parte, se incorporó y acomodó el kimono blanco que llevaba. La rutina diaria que vivían esos dos había concluido por hoy.
—Ve a hacer tu trabajo —ordenó el pelinegro sin mirar al otro, tal como si nada hubiera pasada entre ellos.
—Hai… Orochimaru-sama —el peli-plateado se levantó de la cama e hizo una reverencia.
—Necesito noticias de ese zorro —indicó.
—Hai —asintió el sirviente y al hacer de nuevo una reverencia, salió de esa oscura habitación…
—Ese zorro no puede desaparecer de la nada —expresó para si, quedando a solas en ese sitio, sólo con sus pensamientos.
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El viento sopló repentinamente y jugueteó con las hebras de su largo cabello castaño, el pequeñito miró al cielo, clavando sus ojos marrones en las nubes grises que daban la señal de que llovería mientras que al mismo tiempo, en sus pensamientos se preguntaba por el paradero de su nii-chan. Ya era común que Naruto se escapara en medio de los deberes que se le asignaban, pero al fin de cuentas siempre regresaba antes de que Orochimaru se diese cuenta, sin embargo… el pequeño rubio no daba señales de aparición, ayer no había vuelto.
El usagi suspiró cansado, le tenía preocupado, Naruto era demasiado descuidado y cualquier cosa podía haberle pasado… se mordió un poco los labios pesaroso. Alzó su vista para mirar alrededor, sus compañeros se veían apresurados, caminado de aquí para allá, haciendo lo que en un día monótono debía completarse, las órdenes de Orochimaru eran 'ley' y nadie las desobedecía… o casi nadie, algunas excepciones eran Naruto y otros pocos, raramente casos especiales… pero al final de cuentas, nada grave.
Era un lugar habitado casi únicamente por Servants, rodeado por árboles y de acuerdo a una ubicación en el mapa, exactamente en medio del bosque que se encontraba en las afueras de la Ciudad de Konoha. Y Konoha era por supuesto, la ciudad por excelencia en donde se podían encontrar los mejores Servant que para estos tiempos, eran sirvientes tratados como mascotas.
Los Servant podían ser el regalo perfecto para un niño, para la novia o simplemente capricho de poseer uno… Tener un sirviente personal era tan común como llevar zapatos y como todo lo común se vende, ellos no eran la excepción a la regla. Por ello y únicamente así, existía lo que se llamaba "Home Servant"; que no es otra cosa más que un lugar dónde se crían seres con apariencia humana pero con orejas de algún animal. Sitio que sólo existía en el país del Fuego y en las fronteras de Konoha. Se podía decir, que en términos rápidos; "Home Servant" era la empresa que se dedicaba a la venta del sirviente perfecto. El dueño de dicha corporación era desconocido, pero el encargado era la figura que hacia de ese lugar lo que era ahora.
Para todos los pequeños Servant que eran educados en aquella esfera, se les tenía estrictamente prohibido salir de aquel bosque, siendo sometidos a cumplir trabajos mayoritariamente domésticos, para que de ese modo, terminaran con los conocimientos completos para la absoluta comodidad de un Master.
Una vida rutinaria era aquella...
Una vida que parecían haber aceptado aún a costa de su libertad…
Una vida que era dedicada completamente a un Master por sobre de ellos…
El pequeño oji-marrón levantó una rama más para leña y se dispuso a caminar hacia el sendero que lo llevaría a la "casa principal" con su monto respectivo de madera. Caminó hundido en pensamientos externos que involucraban a cierto kitsune, ante la distracción tropezó y cayó al suelo.
—Ita ta ta —se había quejado quedamente mientras trataba de incorporarse.
Una regla más para ellos era no quejarse ante el dolor, de lo contrario podía llegar a ser molesto para el Master.
—Moh Haku —una pequeña voz le habló y le tendió la mano, era Kiba que parecía hacer el trabajo de recolectar frutos —estas muy distraído —reveló el lobezno con una mirada preocupada.
El usagi aceptó aquella ayuda y tras tomar la mano de su amigo pudo levantarse por completo, se sacudió un poco las ropas y después le miró con su sonrisa de nuevo instalada en el rostro.
—No es nada Kiba-kun —le respondió amable y comenzando a recoger la leña que ahora estaba esparcida por el suelo.
El castaño de cabello corto dejó su canasta a un lado y comenzó a ayudarle.
—Es Naruto ¿verdad? —afirmó haciendo su labor —ayer no regresó y eso es extraño… por más que sea Naruto, él no se iría sin antes despedirse.
—Lo sé… —Haku entrecerró los ojos intranquilo —por eso pienso que tal vez… le pudo haber pasado algo…
Kiba colocó las ramitas que había juntado sobre las que Haku tenía en sus brazos para después coger de nuevo su canasta.
—No lo creo, Naruto es descuidado pero eso no lo hace tonto… —dijo para levantarle el animo a su compañero, aunque eso era cierto… también era cierto que Naruto seguía siendo demasiado inocente y que ignoraba muchas cosas (como igual ellos) de la ciudad.
—Tienes razón pero…
—No hay 'peros', Naruto esta bien… —le interrumpió e hizo una pausa —recuerda que no ésta sólo…
El castaño apretó con fuerza las ramas en sus manos —eso es lo que más me preocupa… —reveló intranquilo y miró hacia las nubes grisáceas —que él aparezca de nuevo… —una gota de agua cayó en su mejilla y en lo gris del cielo comenzaron a verse los estruendosos relámpagos.
Su compañero también miró a la infinidad, quedando pensante y tras sentir pequeñas gotas caer sobre su rostro agitó su cabeza.
—Ya comienza a llover —indicó y el crujido de las hojas al ser pisadas llamó la atención de ambos.
Los dos chibis voltearon en la dirección de aquellos sonidos. Alguien caminaba hacia ellos y mientras se acercaba, sus miradas permanecían atentas.
—Haku —se escuchó de pronto.
De entre las sobras que los árboles proporcionaban salió un chico delgado de cabello plateado, de ojos negros que veían a través de unas gafas cristalinas, vestido con una especie de quimono blanco y que a simple vista se notaba como un joven delicado. El muchacho se paró cerca de un árbol, tocando el tronco de éste. Aquella persona era la mano derecha de Orochimaru y aún más que eso, ambos compartían e lazo Master-Servant, siendo Kabuto un sirviente fiel a los mandatos de su amo.
—Kabuto-sama —ambos pequeñitos hicieron una reverencia ante aquella presencia que casi siempre salía de la nada.
—¿Aún no llega Naruto? —preguntó serio.
—A-aún no —respondió el usagi con la mirada baja.
El muchacho se acercó al conejo, quedando parado frente al niño, mirándolo despectivamente.
—Será un problema si no regresa, Orochimaru-sama ha sido tolerante con él hasta ahora.
El pequeño castaño alzó su rostro para mirar al chico, mientras Kiba sólo miraba al suelo.
—Al final, ese zorro terminó por escapar, pero ¿qué puede hacer un insignificante servant solo en el exterior?
—¡¡Naruto-niichan no escapó!! —Exclamó el usagi y dándose cuenta de lo que había terminado por hacer bajó la mirada rápidamente y cerró los ojos —l-lo siento… siento haber sido tan imprudente ante Kabuto-sama —se disculpó enseguida.
Kiba también se tensó, mirando como la mano del peli-plateado se colocaba sobre la cabeza del menor, tomando algunas hebras de aquel largo y suave cabello, acariciándolo sutilmente.
Haku se tensó por eso, era una sensación escalofriante y nada agradable.
—Eres hermoso pero aún sigues aquí, una actitud como esta es imperdonable para un Servant… eres uno que no "sirve", uno que no es digno de un Master —expresó hiriente.
El pequeño agachó sus orejas blancas ante aquellas palabras. Kabuto, con aquellas manos pálidas le alzó el rostro para que el pequeño le mirara.
—Lo sabes ¿verdad?.. —agudizó sus ojos —que no existes hasta el momento en que le pertenezcas a un Master.
Esos ojos le daban miedo, esos ojos con que Kabuto le miraba le paralizaban y lo hacían sentirse frágil e insignificante…
Las pequeñas gotas ya se habían convertido en lluvia y sólo se escuchaba eso… una pausa enorme y un cruzar de miradas era la escena que se presentaba.
Una ambiente nada agradable…
—Unos días más… —dijo el joven —sólo unos días le daremos, si ese zorro no regresa por su cuenta… mandaremos a Zabuza por él.
—¿Eh? —Kiba alzó un poco la mirada…
—Así que si saben dónde esta el zorro, es mejor que lo digan ahora… —unas palabras que parecían amenaza.
El usagi bajó el rostro cuando el muchacho le soltó el mentón.
—No… sabemos nada —declaró por último, con una mirada melancólica.
—Tsk —son unos inútiles —expresó por último y comenzó a caminar en dirección a la casa principal, se detuvo un momento y miró a los dos niños que seguían estáticos —¡¿qué esperan?! —dijo después de poco —apresúrense a terminar sus labores —ordenó.
—Ha-hai —expresaron al mismo tiempo los dos servant, ya semi-mojados y con la preocupación de su amigo zorruno.
Si Naruto no volvía por su cuenta, Zabuza Momochi iría en su búsqueda…
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—Maldición —dijo el moreno entre dientes mientras esperaban que la lluvia se detuviera o al menos se calmara, pues de un momento a otro comenzó a llover cómo si fuera la furia del cielo.
Las ondas que formaban los charcos de agua se movían bruscamente, las gotas de lluvia golpeaban el suelo y cualquier cosa que se le cruzara. La ciudad se veía envuelta en el manto lóbrego que el cielo proporcionaba y ellos se encontraban atajándose de todo aquel espectáculo en la lona que la florería Yamanaka brindaba a los clientes, no eran los únicos, pues se hallaban acompañados por todos a los que la lluvia había tonado por sorpresa.
—Esto es de lo peor —un bufido más salía de los labios del azabache —parece que la lluvia no cesará.
Su compañero le tocó el hombro y sonrió tratando de calmarlo.
—No sirve de nada que te desesperes —dijo.
—Siento no ser de ayuda, Suigetsu-sama —se disculpó el gran muchacho de cabello anaranjado mientras hacia una reverencia.
—No es tu culpa Juugo —expresó el joven oji-violeta al voltearlo a ver y le acarició la cabeza, una escena curiosa, pues el peli-naranja era mucho más alto que su amo.
—La lluvia… está borrando el rastro del kitsune —informó el servant —si esto sigue así, no podré encontrarlo.
—Lo que faltaba… —Sasuke golpeó la pared del local, haciendo que las personas colocaran su atención en él.
—No podremos hacer nada mientras esta lluvia siga… —Suigetsu miró a su servant —el agua limita las posibilidades de búsqueda, si Juugo tiene una debilidad… esa es esta.
Sasuke miró al cielo, aquel cielo oscuro que brindaba una vista melancólica. Apretó el puño y miró su reloj.
—Hemos estado aquí casi media hora… —expresó preocupante —Naruto… probablemente ésta muy lejos ahora…
Suigetsu no dijo nada ante aquello, esas palabras eran ciertas y muy probables. Lo mejor ahora sería rendirse ante la idea de volver a ver ese lindo servant.
—…será mejor… —comenzó a decir el oji-violeta.
—Aún así —interrumpió el moreno —aún así… no abandonaré.
Tras aquellas simples palabras salió del abrigo que daba la lona.
—Gracias por la ayuda —le miró de reojo y comenzó a correr, siendo observado por todas las personas que aún seguían ahí.
—Sasuke se ha vuelto muy imprudente —dijo Suigetsu al verlo correr bajo la lluvia —pero… yo haría lo mismo —reveló y volteó a ver a Juugo con una sonrisa.
—Estoy listo cuando usted desee —el servant se acercó a su amo.
—Bueno… creo que no puedo a dejar a Sasuke mojarse sólo… —sonrió —vamos Juugo.
—Hai —asintió el chico y ambos salieron tras el Uchiha.
Los jóvenes de ahora disfrutaban mojarse bajo la lluvia… aquel era el pensamiento de las personas que por instantes los miraron desaparecer entre tanto barullo. Sí, definitivamente esos chicos estaban locos como para salir con semejante clima…
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Era temprano aún y llovía, la mañana había comenzado tranquila y había terminado en una horrorosa lluvia repentina. Fue muy mala idea salir de la casa y caminar por la ciudad para ver que había de nuevo, sí… lo suyo no era estar quieto y ver la televisión mientras bebía un buen vaso de cocoa caliente… no, definitivamente ese no era Sai.
Estaba sentado y miraba por la tienda de aquel café que lo había salvado de mojarse. Suspiró cansado al mirar el reloj que descansaba en lo alto del mostrador.
—13:20 —susurró y colocó de nuevo su mirada negra en la ventana en la cual resbalaba el agua de la lluvia.
Había planeado salir y recorrer la ciudad ya que tenía algunos días libres antes de entrar al colegio oficialmente, pero sus planes habían caído por la borda cuando comenzó de una mortecina lluvia a un diluvio… sí, porque según su punto de vista aquello era un diluvio. Y más aparte, para empeorar su asunto, se había perdido tras haber corrido cuando el maldito clima se puso en su contra.
Suspiró cansado y resignado.
—Joven —le llamó la voz dulce de una chica, Sai le miró, una muchacha de cabello castaño y ojos verdes con el típico vestuario de camarera —¿desea algo más? —preguntó con una sonrisa.
—No, gracias… —negó el muchacho y tomó un sorbo del café que había pedido minutos antes.
La chica hizo una reverencia y se retiró, dejando al joven sumido de nuevo en sus pensamientos, tenía mucho que dialogar y pelear con su subconsciente, porque al parecer, la bendita inclemencia no terminaría pronto…
—Buenos tardes, Bienvenida a "Café Miler" —se escuchó de pronto y Sai parecía dormir.
—Buenas tardes, mmm… quiero dos Flavoured Latte de vainilla para llevar por favor —dijo una chica rubia al entrar al sitio y acercándose al mostrador, pidiendo las cosas amablemente y con una sonrisa en su rostro que parecía suave y a simple vista delicado.
—En un momento… —asintió la camarera y extendió su mano hacia una mesa libre —por aquí por favor —la chica la encaminó hasta el lugar para que la jovencita esperara mientras tenían listo su encargo —¿también desea una silla para su servant? —preguntó al mirar el pequeño acompañante de la rubia.
—Sí, por favor —asintió con aquella sonrisa.
—Bien, en un momento le traemos su pedido —avisó la chica tras colocar una segunda silla cerca de la mesa.
La rubia se sentó y miró curiosa la mesa del frente, el único cliente (a parte de ella) que se encontraba en el lugar. Sus ojos se abrieron enormemente al reconocer al chico que estaba ahí.
—¿Sai?.. ¿eres tú? —preguntó emocionada y rápidamente se paró de su asiento y enseguida lo abrazó.
Para esos momentos el chico apenas se había dado cuenta que moría por falta de aire. El peli-negro la se separó de él y aún conmocionado por el repentino abrazó que lo sacó de sus pensamientos la miró, al principió con un poco de enojo, luego fue extrañeza que se convirtió después en duda para que al final, reconociera ese rostro tan familiar.
—¿Me recuerdas? —preguntó la chica emocionada y esperando una respuesta positiva.
Sai para esos momentos comenzó a sacar el archivo de su mente que involucraba aquella rubia, teniendo por fin la información completa que lo hacia recordarla del todo… claro, cómo olvidar las torturas que había sufrido de niño por causa de ella, para aquellos días, esa chica era una pequeña monstruo cuyo objeto de diversión era él.
—I-Ino —respondió por fin, pero no con la tanta emoción que la chica mostraba.
—Que alegría que estés aquí —la rubia se sentó en una silla, en la misma mesa que él para quedar frente a frente —¿y por qué esa repentina sorpresa? —siguió preguntando con interés.
No quedándole de otra, el peli-negro dejó salir un suspiró resignado y entrecerró los ojos medio cansado…
—Pues… mis padres salieron del país y vine a vivir un tiempo con el tío Fugaku… —lo pensó mejor y recordó a su primo —aunque en realidad, con el que voy a convivir más es con Sasuke.
—Vaya, eso suena genial —aprobó la rubia y giró su rostro para mirar la mesa en donde se iba sentar al principio, antes de encontrarse y darse cuenta de la presencia del moreno —Gaa-chan, ven aquí —dijo amable.
Un pequeño pelirrojo con orejas y cola de mapache caminó hasta ahí y se paró justo al lado de la rubia.
—Este es Gaara, a qué es mono ¿verdad? —presentó la muchacha, haciendo resalte a la preciosidad del pequeñito.
El peli-negro miró a la hermosa criatura de ojos aguamarina, una ternura andante, eso era seguro. Completamente de acuerdo con la rubia.
—Gaa-chan, él es un amigo de la infancia —señaló la oji-azul.
—Domo —saludó el moreno y el pelirrojo solo le miró, silencio es lo que obtuvo Sai como respuesta —parece que no le agrado —dijo al no escuchar ni un 'hola' por parte del menor.
Ino sonrió y acarició la cabeza pelirroja —no te molestes mucho por eso —miró al pequeñito con ojos de ternura maternal —Gaa-chan casi no habla… es muy serio —explicó tras haber presenciado la mudes de pequeñito, sacudió la cabeza al recordar que la platica no trataba sobre el mapache —pero… más importante ¿entonces vivirás por un tiempo aquí?
—Así parece…
—Señorita, aquí tiene su pedido —la camarera colocó una bolsa de plástico sobre la mesa, la cual llevaba dentro los dos vasos que había pedido de Flavoured Latte.
—Gracias —expresó la muchacha.
—¿Algo más?
—No, con esto esta bien.
La camarera hizo una reverencia y se retiró. Ino miró a Sai y después su reloj.
—Lo siento, tendrás que disculparme pero tengo que irme, me quedé de ver con unas amigas… pero te visitaré después —expresó aún con esa sonrisa que hasta ahora no había borrado de su rostro.
Sai sonrió con un tic en el ojo —E-estaré esperando… tú visita —dijo más obligado que de ganas.
—Me alegra oír eso —se levantó —vamos Gaa-chan.
—Ah, espera —Sai la llamó haciendo que la chica le mirara curiosa —no tendrás un croquis o un mapa de la ciudad, parece que todo en Konoha está cambiado —explicó sin mencionar que no sabía como volver a la casa Uchiha.
La oji-azul sonrió —lo siento, no tengo un croquis pero puedo ayudar a un viejo amigo —miró al pequeño pelirrojo —puedes llevarte a Gaa-chan contigo, él conoce cada rincón de ésta ciudad, te será de gran ayuda.
—¿En serio?
—Claro, en la tarde iré por él, vives en la casa de Sasuke ¿no?
—Sí… gracias… "supongo".
—Esta bien, no agradezcas, esta hecho… —acarició de nuevo la cabeza del menor —Gaa-chan, ya has escuchado, nos veremos más tarde.
El pelirrojo asintió con la cabeza, con aquella seriedad que lo envolvía.
—Bien, nos vemos.
Ino se dirigió al mostrador y después de hablar un momento con la camarera salió del sitio. Sai miro desde la ventana como la rubia extendía su paraguas y comenzaba a caminar por la banqueta y se perdía al dar vuelta en la esquina.
•:•:•:•
El cielo había dejado caer su tristeza sobre la tierra… las cristalinas gotas resbalaban por su rostro y él sólo tenía la vista al frente sin ver algo en especifico, con ojos opacos y enajenados… sin importarle siquiera el estar empapado.
Había permanecido sentado ahí, cerca de un riachuelo… sintiendo lo frío de la lluvia. Debía regresar a "Home Servant" pero, por ahora sólo quería estar tranquilo, sin pensar en nada… aunque le resultaba difícil.
-:- …lo diré una vez más y sólo una vez más, no tengo intención de tener un servant, es fastidioso cuidar a un segundo como si fuera una mascota… -:-
Aquellas palabras moraban por cada rincón en su mente… eso le resultaba familiar, alguien ya le había dicho eso…
-:- …no necesito una compañía molesta que cambie lo tranquilo de mi vida… -:-
Juntó sus piernas y las abrazó, recargando la barbilla sobre sus rodillas y recordando cada palabra que el azabache había pronunciado.
—Duele… —dijo para sí y en voz alta —¿por qué esas palabras duelen? —preguntó y de sus ojos comenzaron a caer lágrimas que se mesclaban con la lluvia.
"Duele porque así lo quieres"
"Duele porque te importa demasiado"
"Duele…"
"Duele porque estas vivo"
—Yo… en verdad quería quedarme con Sasuke… —declaró triste.
"No llores… no esta bien llorar por una persona así"
Naruto apretó los dientes mientras ahogaba su llanto.
"Déjamelo a mi"
El rubio sintió una pequeña caricia sobre su mejilla.
"Duerme… Duerme y olvídate de todo… yo estoy aquí para protegerte"
Naruto se talló los ojos y después los cerró lentamente.
—No quiero… que esa persona me odie… —dijo casi en susurro —no quiero ser odiado y abandonado de nuevo…
"No estas sólo… me tienes a mi, yo nunca te abandonaré…"
—¿Hontoni?
"Hai"
El pequeño se sintió abrazado y aunque la lluvia había empapada cada centímetro de su piel… tenuemente, una calidez lo cobijó y se perdió, hundiéndose en un sueño profundo.
"Todo estará bien"
Escuchó aquel último susurro del que fue consiente...
—Ya no dejaré que nadie más te lastime… —salió de sus labios —nadie…
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Suspiró cansado de nueva cuenta… ¿Cuántas veces ya había suspirado en todo el día?
Miró de reojo al pequeño que se había sentado en la silla que la rubia había utilizado. Sai colocó sus codos sobre la meza y recargó su barbilla en las palmas de su mano, mirando de frente al niñito. Ya lo había decidido, definitivamente tenía que conseguir un servant, si todos eran igual de lindos que Naruto o que el pequeño en frente de él, de ninguna manera se quedaría con las ganas de poseer uno.
El niño miraba la mesa, como si algo importante tuviera. Ese momento era aprovechado por Sai para observarle con más detalle. Un niñito pelirrojo, de ojos aguamarina y de piel clara y ligeramente blanca, sin llegar a ser pálida como la suya propia, con aquellas orejitas y cola de mapache, adjuntándole aquellas ojeras dibujadas alrededor de sus ojos, un ser lindo ante los ojos de cualquiera… Su atención se fijó principalmente en el kanji rojo que el niño llevaba sobre la frente, parecía ser lo que más resaltaba cuando se le miraba de cerca.
Ya había permanecido un considerable tiempo mirándole de esa forma tan examinante, cuando el pequeño alzó la vista y también le miró. Sai se vio reflejado en esas pupilas y después miró hacia el cristal de la ventana, ese juego de miradas tal vez no era buena idea, el pequeño parecía tener todas las de ganar.
—Parece que esta lluvia no cesa —comentó para hacer del ambiente algo menos tétrico, sin embargo, un nuevo silencio fue lo que obtuvo como resultado —en serio que eres muy serio… —le dijo el moreno y ni aun así obtuvo respuesta —bueno… ¿y se supone que tu serás mi guía?
Ante la mudes del menor volteó molesto para ver de nuevo la lluvia caer…
—Seré su guía porque Ino-sama lo ha ordenado —dijo por primera vez desde que lo había conocido.
Sai le volteó a ver, era una voz ciertamente agradable, quería oírlo de nuevo… pero sus esperanzas decaían al comprender que el niñito no era de muchas palabras, suspiró por quién sabe que vez en el día.
—Pareces de la misma edad que Naruto —expresó sin esperar a que el niñito le respondiera, después de todo lo dijo más para sí que para el pequeño… además, ese niñito no conocía al kitsune.
—Ie —negó el pequeño para sorpresa del moreno —Naruto es un año mayor que yo… —declaró sin preguntar de dónde Sai conocía a kitsune.
Por otro lado, el chico si se sorprendió.
—¿Conoces a Naruto?
Gaara asintió con la cabeza, sin verlo ni sorprenderse tanto como el joven en frente de él.
—Vaya, el mundo si que es pequeño —enunció y se colocó una mano en la barbilla —entonces… tu debes tener entre cuatro, cinco o quizás seis años… —indagó curioso.
Los ojos aguamarina del mapache se posaron en los negros del joven y tan serio como su apariencia mostraba le respondió.
—Ie, tengo catorce años —expresó simple y directo.
Esta vez el silenció fue de su parte, se había quedado helado por aquella respuesta… Movió la cabeza como para despertar de un sueño, pero aquello no era más que la verdad…
—¿Es una clase de broma que hacen los servant? —preguntó tras unos minutos de asimilación —es decir… quién creería que tienes 14 años, si te vez como un pequeño de cinco… —negó con la cabeza —deberían ponerse a pensar en mentiras más creíbles.
—No necesito mentir —respondió seco y neutral, mirándole serio.
—Mmm, a ver… si tu tienes 14… deberías tener más o menos la altura adecuada de un adolecente —dijo aún no convencido —¿Por qué ese tamaño miniatura? ¿cómo lo explicas? —preguntó casi desafiante.
No viéndose obligado contestó de todas formas.
—Ino-sama desea verme de esta forma… si ella lo desea por mi esta bien —dijo.
Eso no respondía a las dudas de Sai, y el pelirrojo, mirando aquel rostro de incomprensión comenzó a explicar… algo que no hacia desde hace tiempo.
—Formo parte de a lo que ustedes llaman servant, poseo la habilidad de controlar mi apariencia, no importa la edad que tenga… por eso nunca se ve a un servant con apariencia de un anciano —explicaba serio —un servant… siempre debe llevar el aspecto de un niño cuando NO posee un master, y cuando lo tenga… sólo si es deseo del maestro, el servant puede permanecer como un infante, adolecente u adulto… pero jamás como anciano, del mismo modo que podemos ocultar las orejas y la cola si casusa desagrado.
Palabras que escuchaba y estaba por asimilar correctamente. El pelirrojo no esperó a que el muchacho terminara por comprender sus palabras y comenzó a hacer una especie de sellos con las manos, tras una nube de humo, en el lugar donde el pequeño había estado, se encontraba un chico delgado y de apariencia adolecente… ese parecía ser Gaara pero en su versión normal.
Los ojos del moreno le miraban anonadado… ese chico era aún más bello que el pequeño mapache…
—Eso… —meneó su cabeza —eso quiere decir… que Naruto… ¿Naruto tiene… quince años?...
•:•:•:•
—Es débil… pero su aroma proviene de ahí —dijo Juugo tras llegar al río que servía de separación entre ella y el bosque.
—Bien hecho Juugo —dijo su master.
Sasuke miró a todos lados, estaba empapado y sentía los huesos entumecer… pero se olvidó de todo aquello a ver la melena rubia de una persona sentada cerca del borde de aquel río.
—¡¡Naruto!! —gritó mientras se acercaba… pero mientras más lo hacia, algo le parecía extraño, cómo el hecho de que el pequeño no volteara a verlo.
Era cierto que el niño debía estar enojado… pero por lo menos una mirada debía de mostrar. Sasuke llegó hasta su lado y al estar tras él comenzó a hablarle…
—Naruto… —llamó de nuevo y tocó su hombro izquierdo.
El niño volteó, pero en su mirada no se apreciaba aquel azul celeste que le había conocido… sino uno color carmesí, tan rojo como la sangré… tan rojo como nunca creyó ver en esa mirada.
Continuara…
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Bueno... no creo que alguie me extrañe por aquí pero bueno T^T aquí traigo la continuacion de esta la histori ^^
Comentario, sugerencias y criticas constructivas son bienbenidas ^^.
Gracias por leer.
