CAPÍTULO 4: Disculpas, pedidos, peleas.
Era un domingo gris y lluvioso fuera del castillo, y en las salas comunes algunos estudiantes aprovechaban para ponerse al día con los deberes mientras otros pasaban el día sin hacer nada en particular. En una habitación del séptimo piso cuatro personas tomaban té mientras comían algunos bocadillos tomados del Gran Comedor.
Lily, Sirius y Annie escuchaban divertidos a Peter relatando su última visita a San Mungo ese verano, al parecer después de que él y su madre se hubieran aparecido en la casa de una tía a la que iban a visitar, el dedo meñique del chico había quedado en el camino. Como si esto fuera poco, el perro maltés de su tía había tomado su dedo extraviado y sólo después de forcejear con éste durante largo rato pudieron recuperarlo.
-En serio, no fue nada divertido en ese momento… - respondía él ante las sonrisas de sus amigos, sin embargo él también encontraba chistosa la anécdota una vez pasada la desesperación momentánea.
-Te entiendo Peter, la despartición duele muchísimo, una vez también me pasó con un dedo del pie – dijo comprensivamente Annie, comprensión que no duró mucho ya que luego volvió a reír estrepitosamente – ¡Pero lo del perro eso sí que no lo había oído nunca!
Peter no pudo evitar reírse también, acompañando a sus amigos. Para variar se sentía bien ser él quién causara esa diversión en los demás, ya que siempre era más bien él quién reía de los chistes que sus amigos hacían. No es que eso le molestara, se divertía muchísimo siendo parte de los merodeadores y a pesar de las bromas pesadas que a veces le jugaban, él sabía que sus amigos lo querían y sabía que podía contar con ellos ante cualquier necesidad. Eran amigos de verdad, y los amigos están presentes siempre que se los necesite. Sólo había que ver lo que habían hecho por Remus cuando descubrieron su condición de licántropo. Además de romper miles de reglas y leyes, habían tenido que trabajar duro durante mucho tiempo para lograr transformarse. Claro que lo primero fue más bien un incentivo para James y Sirius, esos dos realmente disfrutaban la adrenalina de lo prohibido, no como él o Remus. Éste siempre fue bastante serio y centrado, pero muchas veces Peter pensaba que su actitud sería otra si nunca hubiera sido mordido, quizás sería tan rebelde como sus otros amigos. Él, al contrario de ellos, no entendía aún muy bien porque estaba en Gryffindor. Si había algo que no se consideraba era valiente, él estaba mucho más cómodo siendo espectador de las travesuras ajenas y sin meterse en líos.
-Chicos yo me voy, creo que a Remus le gustarán un par de estos bizcochos, ya saben la comida de la enfermería es un asco – los demás asintieron mientras Peter guardaba algo de comida en su mochila y salía por la gran puerta de roble.
-Aún no entiendo porque está en la enfermería, ¿qué es lo que tiene Sirius? – Lily miraba al chico intrigada, por alguna razón las constantes enfermedades de su amigo le parecían realmente dudosas.
-Ya te lo dije, tiene una extraña alergia, siempre que se estresa o se pone muy nervioso le pasa lo mismo – Sirius había ensayado esa mentira tantas veces que ni siquiera dos chicas astutas como las que tenía enfrente podrían haber notado que ocultaba algo. Aunque Lily aún lo miraba pensativa.
-Chicos – la voz dudosa de Annie les llamo la atención a ambos, ella los miraba algo indecisa mientras jugueteaba nerviosamente con un mechón de su cabello – Quiero hablar de algo con ustedes, ahora que estamos sólo los tres. Ustedes saben que son las dos personas en las que más confío aquí en Hogwarts…
Ambos aludidos asintieron rápidamente dándole a entender que continuara, mientras que Lily le tomaba cariñosamente la mano dándole confianza. Ella, por su parte, parecía estar repasando una y otra vez en su cabeza lo que quería decirles. Estuvo un rato en silencio con la mirada perdida en algún punto de la pared, hasta que finalmente tuvo el coraje de hablar.
-Escuche algo anoche, en la sala común. Unos chicos de mi año estaban hablando sobre…ustedes saben quién – la voz de la chica tembló ligeramente, pero luego de tomar una bocanada de aire continuó – Me detuve y les preste atención porque escuche el nombre de la organización en la cual estaba Albert. Estaban hablando de cómo los mortifagos habían tomado prisioneros a varios de sus miembros. Ya saben, para sacarles información.
-¿Prisioneros? O sea que quizás… - Sirius había dejado el sillón individual en el que se encontraba y arrodillado en el suelo cerca de sus amigas, no podía creer lo que escuchaba - …¿quizás Albert pueda estar retenido aquí en Gran Bretaña?
-También pensé eso – por un breve instante los verdes ojos de la chica se llenaron de esperanza – Pero no podemos estar seguros de nada.
-¡Hay que hacer algo! Hay que averiguar si realmente ellos lo tienen – dijo Sirius decidido parándose de golpe.
-Tranquilo, hay que evaluar la situación antes. No te precipites – Lily lo tomó de la muñeca y lo obligo a que volviera a sentarse junto a ellas, mientras agregaba duramente – No podemos arriesgar nada en este momento, las cosas están muy feas allá afuera. Y todos sabemos que aquí dentro también hay varios fanáticos de lo oscuro.
-Se que tienes la razón Lils, sé que no es conveniente arriesgarse sin tener información segura, pero entiéndeme… es mi hermano – los ojos de Annie no soportaron más y empezaron llenarse de lágrimas.
-Lo siento, lo siento… te entiendo cariño. Sólo estoy preocupada, por tu seguridad – Lily había cambiado su mirada usualmente seria y observaba con pesar a su amiga, al mismo tiempo que la abrazaba maternalmente.
-Debemos cuidarnos unos a otros. Lily tiene razón. – murmuró Sirius pensativo para luego mirar a sus amigas con determinación – Y para que nadie se arriesgue innecesariamente, primero debemos saber si Albert realmente está aquí.
De un salto, el joven se levantó del suelo y agarrando su mochila salió disparado de la habitación, susurrando a modo de despedida un escueto `Ya les contaré´.
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Su hermoso cabello rojo caía libre sobre su espalda y su pequeña mano parecía volar de una punta a otra del pergamino sobre el que estaba escribiendo. No entendía cómo, pero a pesar de que un par de las mesas de la biblioteca los separaban, igualmente podía sentir su perfume.
Hace casi media hora que estaba allí sentado, observándola, juntando coraje. Ahora que la tenía frente a él no sabía cómo empezar a disculparse. A decir verdad, ella lo intimidaba bastante, desde el día de la fiesta cada vez que le hablaba parecía estar fulminándolo con la mirada.
-Bueno ¿vas a hablar o no Potter? – soltó la pelirroja impaciente y con una expresión dura, cuando él finalmente decidió acercársele.
James tragó en seco y empezó a balbucear una disculpa casi inaudible, mientras sentía como un gran nudo se formaba a la altura de su garganta. Tomó aire y decidió volver a empezar, tenía que ser valiente como siempre lo había sido y enfrentar esa situación.
-Lo siento mucho Lily, me comporte como un tremendo idiota – dijo esta vez claramente y con mucha seriedad en su voz, haciendo que la mirada furiosa de la chica se suavizara un poco y pasará a ser una mueca de duda – De verdad, lo lamento…
-No sé si creerte James – le cortó ella esquivando su mirada, mientras sus labios se tensaban en una mueca de enojo - ¿Cuántas veces antes hemos tenido una conversación como esta? Muchísimas ¿Y cuántas veces ha vuelto a suceder luego de un tiempo? Parece que nunca fueras a madurar.
-Lo sé… Pero yo intentaré… - él instintivamente puso una mano en hombro, intentando que volviera a mirarlo, pero ella bruscamente evitó el contacto.
-Claro, lo intentaras ¿durante cuánto? Durante un día, a lo sumo. Y luego volverás a ser el mismo patán de siempre, al cual no le importa nada más que él mismo – las mejillas de la chica estaban coloradas por el enojo y su dedo índice apuntaba acusador hacia el pelinegro – Y no tengo más ganas de soportar a una persona para la cual lo único importante son sus caprichos y su propio bienestar. A ti no te importa nada más.
Las palabras de Lily cayeron como un balde de agua fría sobre la despeinada cabeza de James, dejándolo inmóvil y sin habla durante un par de minutos. Dentro de él dos sentimientos demasiado fuertes luchaban por imponerse, por un lado el cariño que le tenía a aquella chica y por otro el enojo que sus palabras provocaban en él. ¿Cómo podía decir eso? El bienestar de sus amigos y el de ella misma le importaban muchísimo más que cualquier tonto capricho. Sabía que a veces podía ser impulsivo y algo orgulloso, pero nunca sería esa clase de persona que no valora lo que tiene alrededor, que no valora a quienes tiene junto a él.
-Está bien Lily – dijo luego de que durante un rato la chica no le quitara la mirada de encima, como esperando una respuesta, y mientras el nudo en su garganta alcanzaba alarmantes proporciones - Lamento que pienses eso de mí, y desde ahora trataré de no molestarte más con mis actitudes…
-Eso espero, porque ya estoy harta de ti Potter – la despectiva manera en que esos hermosos labios pronunciaron su apellido hizo que James no pudiera soportar más, y bastante avergonzado bajo la mirada intentando ocultar sus ojos empañados. No podía soportar que ella le hablara así. De todas las personas dentro de ese enorme castillo, de la única que no podría soportar con entereza ese desprecio era de ella.
Levantó la vista sólo una vez más, por última vez, para mirarla a los ojos. Esos ojos verdes esmeralda, profundos y hermosos, lo observaban con una mezcla de enojo y decepción. Pero cuando se cruzaron sus miradas los vio dudar. Al instante ella bajo la cabeza y unos segundos después y farfullando una apresurada despedida, se dio media vuelta y se fue de allí.
Lily siguió caminando sin rumbo fijo durante unos cuantos minutos más, totalmente hundida en sus pensamientos y sin saber porque sentía ese fuerte peso en su pecho. Pensó que luego de haberle dicho a James todas esas cosas que desde hace mucho tenía guardadas se sentiría aliviada, pero no, sentía que se había extralimitado. Antes de dejarlo solo allí parado, cuando él levanto la vista para mirarla a los ojos, había prestado atención por primera vez a la mirada de su amigo. Sus ojos eran pequeños y transmitían una ternura que ella nunca había visto, un par de sinceros ojos color avellana a los que jamás le había prestado atención.
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Nunca jamás en su vida se acostumbraría a la enfermería, pensaba Remus Lupin. Quizás el clima no fuera de lo mejor ese día para estar haciendo algo más que estar allí tirado, pero si estuviera bien por lo menos podría ponerse al día con las tareas que aún no había hecho. Lamentablemente su estado en ese momento no era el mejor, gracias a Merlín que la noche anterior había sido la última del ciclo porque había sido una de las peores en mucho tiempo.
La llovizna fuera del castillo paraba por momentos y el tenue brillo del sol luchaba por asomarse, pero nunca lo lograba por mucho tiempo. La humedad que había en el ambiente era espantosa, y el joven licántropo sentía como su cuerpo le pasaba factura por los golpes recibidos durante su transformación. Trabajosamente se incorporó y extendió su brazo hacia la mesa que se encontraba al lado de la cama. Una bolsa con dulces y otra con unos cuantos bizcochos se encontraban allí, un poco más lejos de ellas un libro grueso de tapa roja fue alcanzado por el merodeador.
Nunca se cansaba de leer ese libro. Había pertenecido a su madre, ella se lo había regalado para su décimo cumpleaños y tantas veces, cuando él se recuperaba de sus malos días, lo habían leído juntos. A veces echaba de menos su niñez, poder refugiarse en los brazos de su madre todo el tiempo que quisiera sin remordimiento ni culpa. Con los años había empezado a sentirse realmente mal por todo el sufrimiento que sus padres pasaban por él, por toda la angustia que su condición les causaba. Sabía que ellos lo querían tal cual era, pero no podía evitar sentir que cada vez que se transformaba los decepcionaba un poco más.
Un fuerte estornudo sacó al chico de sus pensamientos e instantáneamente levanto la cabeza, ya que hasta donde recordaba no había nadie más en la enfermería.
-Disculpa, ¿no sabes dónde está la enfermera? – una chica bajita y delgada con la nariz bastante colorada y su cabello negro algo alborotado se encontraba parada cerca de la entrada.
-Hace unos minutos salió, seguro vuelve enseguida – respondió él con una sonrisa amable, mientras volvía a concentrarse en su lectura.
-Ah…está bien. La esperaré aquí entonces – la chica se sentó a un par de camas de distancia de la suya mientras sacaba un pañuelo rosado con estampado florar de su bolsillo y haciendo bastante alboroto se sonaba la nariz – Lo siento. No puedo más con este resfriado.
-Está bien, no me molesta – contestó él mirándola más detenidamente tratando de recordar su rostro - ¿Tu eres la nueva prefecta de Ravenclaw, no es cierto?
-Sí, así es – la chica sonrió orgullosa – Me llamo Julia.
-Remus – ella se había acercado hacia la cama donde él seguía acostado y ahora ambos estrechaban sus manos formalmente.
-¿Tu ya estás en el último año no? – preguntó ella pareciendo saber de antemano la respuesta – ¿Eres amigo de los premios anuales verdad?
-Sí lo soy – él sonrío, ya veía por donde venía el asunto, la mayoría de las chicas de Hogwarts se acercaban a él para preguntarle sobre sus amigos. Ese año, con James como premio anual, había recibido muchas preguntas sobre él y su estado civil.
-¿No te incomodaría si te hago una pregunta? – él negó con la cabeza divertido - ¿Sabes si tu amiga, la chica pelirroja, está saliendo con alguien?
Okey, eso era inesperado, se dijo a sí mismo el merodeador bastante sorprendido antes de contestar – Pues no lo sé realmente, lo siento.
-Oh, está bien, no te preocupes – contestó ella intentando restarle importancia al asunto. Justo en ese momento la enfermera entro al lugar llevando consigo algunos frascos llenos de un liquido azul – Un gusto haber hablado contigo, hasta luego Remus.
-Hasta luego Julia – contestó él, devolviéndole la sonrisa a la chica que ahora le contaba su problema a Madame Pomfrey.
Distraídamente volvió a tomar su libro y siguió leyendo. La lluvia había vuelto a caer sobre los terrenos del colegio y la luz del día empezaba a desaparecer. Él bostezó y decidió que lo mejor era descansar, mañana sería un día largo.
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James Potter caminaba rápidamente por un largo y desolado pasillo con destino al segundo piso. Otra vez llegaba tarde a transformaciones, McGonagall lo mataría lenta y dolorosamente. Iba tan concentrado, tratando de lograr inventar alguna excusa creíble, que no notó que alguien lo seguía de cerca. Sólo cuando sintió que pronunciaban, o más bien gritaban, su nombre se dio vuelta.
-Canuto, hermano, casi me matas de un susto. ¿Por qué no estás en clase? – su amigo había empezado a caminar apresuradamente a su lado mientras tragaba de un solo bocado una rana de chocolate.
-Tenía hambre – contesto él con simpleza levantando los hombros – Además me entretuve hablando con Claire, ya sabes, la chica de la fiesta…
-Ah ah sí, ya la recuerdo – se apresuró a contestar él cambiando la mueca de desconcierto que había puesto al oír el nombre de la chica. La verdad era que no la recordaba, a la única que le había prestado atención esa noche era a Lily.
-Eres un mal mentiroso amigo, pero yo te quiero igual – rió Sirius mientras giraban a su izquierda para tomar un atajo.
-Que desagradable sorpresa – una voz cargada de desprecio les hablaba desde el medio de aquél pasillo. Un joven Slytherin de cabellos negros los miraba con odio mientras los apuntaba con su varita.
-Quejicus hazme el favor de salir de nuestro camino – exclamó James algo irritado por la presencia del chico, pero sin querer empeorar la situación, por lo que continuó desarmado.
-¿Y quién crees que eres tú Potter para darme ordenes? – respondió él con una mueca de asco en su rostro – Oh claro, ahora que eres premio anual crees que eres una especie de héroe ¿no es así Potter? Que imbécil.
-Imbécil serás tú, serpiente asquerosa – Sirius no había guardado la compostura como su amigo y también tenía la varita en alto – Deja de molestar si no quieres que todo el colegio vea tus lindos calzones de nuevo…
-Cállate Black, ya no dejare que me vuelvan a humillar… Pronto saldrán al mundo real y se darán cuenta que allí no son más que unos malditos fracasados – los oscuros ojos de Severus destilaban ira y su mano se aferraba cada vez más fuerte a su varita – Unos idiotas que nadie más protegerá, piénsenlo, ya no tendrán al director para que los cubra en sus travesuras infantiles.
-¿De qué diablos hablas Quejicus? Nosotros no somos unos cobardes como tú – James continuaba intentando controlar su genio pero ya estaba sosteniendo su varita dentro de su bolsillo, mientras que a su lado su amigo parecía a punto de maldecir a quién hablaba.
-No crean que soy tan estúpido como ustedes. No me engañan. Sé que se escabullen fuera del colegio cuando se les antoja, y sé también que Dumbledore los apaña – él los miraba con una sonrisa triunfadora, haciéndoles temer a los dos amigos lo peor - ¿Y qué creen que diría el consejo escolar si se entera que el mismo director les permite a sus alumnos exponerse a los peligros de la noche y del bosque prohibido?
-Oh, querido Quejicus, tú siempre tan preocupado por nuestra seguridad… Realmente me conmueves - Sirius se acercaba peligrosamente al chico con su varita aún apuntándole, por suerte su presentimiento era errado y Snape no había descubierto el secreto de Remus.
-¡Aléjate de mí Black! O te juro que…
-¿O qué? – James también se acercaba a él amenazadoramente, aunque sin apuntarlo - ¿Nos acusaras con tu mami pequeño llorón?
-Aléjense, o le juro que lamentarán haber nacido malditos traidores – la mirada de Snape no mostraba una pizca de miedo y la mano que sostenía en alto no temblaba ni un poco. Era una actitud bastante distinta a la que solía tener con ellos - Y sobre todo lamentarán todas esas saliditas nocturnas que suelen hacer. Los he visto meterse por debajo del sauce boxeador y les juro que averiguare que hacen allí.
-No me intimidaré con amenazas de un miedoso como tú – Sirius había perdido completamente la calma y había logrado agarrar al chico del cuello de la camisa. Ese maldito no iba a salirse con la suya y hablarles como si ellos fueran unos delincuentes, cuando él sabía muy bien en que estaban metidos él y todos sus compañeros de casa – Si tanto te interesa saber que hacemos por las noches fuera del castillo ¿Por qué no nos sigues? ¿O es que no tienes las agallas suficientes? ¿Al bebé serpiente le da miedo la oscuridad y las arañitas del bosque?
Snape observaba encolerizado a su interlocutor. Su labio temblaba ligeramente, señal de que la ira acumulada estaba a punto de estallar, y su respiración entrecortada era lo único que se escuchaba en el lugar.
-Cállate maldito traidor - susurró arrastrando las palabras mientras empujaba violentamente al chico de ojos grises.
-Me callaré cuando me demuestres que no eres más que un cobarde Quejicus, lo que creo que nunca sucederá – rió burlonamente Sirius mientras su amigo intentaba evitar que se acercara nuevamente al slytherin – Si tienes tantas ganas de saber que hacemos… síguenos, debajo del sauce hay un pasadizo ¿sabes? Si eres tan valiente como quieres que creamos, ¿por qué no vas y averiguas que hay allí?
-Es suficiente Sirius, nos vamos – James tuvo que respirar profundo unas cuantas veces, y luego contar hasta diez, para lograr aplacar su enojo y las ganas que tenía de maldecir a ese idiota. Pero eso había sido demasiado. Trabajosamente logró mover a su amigo de su lugar y tomándolo del brazo lo arrastro escaleras abajo. Sólo esperaba que ese maldito, y por su propio bien, no se tomara tan en serio el reto que Sirius acababa de plantearle.
¡Hola a todos! Bueno, acá les traigo un capítulo más que, como siempre, espero sea de su agrado (y si les gusta, que lo comenten, vamos que no cuesta nada :D). Sobre la historia, solo les puedo decir que me gusto mucho escribir este capítulo y sobre todo la escena de Lily y James (en los cuales me centrare mucho en los próximos capítulos) y también que el capitulo que se viene será muy movido, no deberían perderselo! En fin, espero que alguien este leyendo esta historia y le este gustando tanto a como a mi (¿que puedo decir? disfruto mucho escribiendola). Les prometo más acción y más romance para las próximas entregas, esto sólo esta empezando :D
Saludos, y ¡muy buen lunes! (que si bien es un día horrible, tratemos de llevarlo adelante lo mejor posible)
