CAPÍTULO CUATRO: DECLARACION

Habían pasado tres meses desde que Rosalie se había dado cuenta de sus sentimientos hacia Emmett, y aún no había reunido el valor para decírselo.

Sabía que el chico sentía algo por ella, o al menos lo intuía, y prefería arriesgarse a seguir con esa incertidumbre de no saber nada. Dentro de poco se tendrían que separar, ya que iban a ir a universidades distintas, pero no quería quedarse con la cosa de no haberle confesado que le quería.

- Hola cara bonita.

Emmett le había puesto como unos 20 apodos distintos y todos, sin excepción, conseguían hacerla ruborizarse, especialmente viniendo de él.

Rosalie tapó inmediatamente el lienzo sobre el que estaba trabajando, y Emmett, que se dio cuenta, suspiró.

- ¿Cuándo vas a dejarme ver uno de tus cuadros?

- Cuando esté terminado. – replicó.

- Vamos a dar una vuelta.

Emmett ya no se molestaba en preguntarle si quería ir a algún sitio, porque por pocas ganas que Rosalie tuviese de salir, al final acababa cediendo.

No podía resistirse a sus argumentos y el chico se aprovechaba de eso.

- ¿A dónde?

- Al acantilado. Tengo algo para ti.

Rosalie se puso nerviosa.

Emmett había resultado ser un amigo muy detallista, y eso, unido al hecho de que en varias ocasiones al principio de su amistad la había defendido, anteponiéndola a sus amigos sólo hacía crecer más y más sus sentimientos hacia él.

De alguna manera quería demostrarle lo mucho que le importaba y lo que realmente significaba para ella, pero nunca hallaba nada que fuese suficiente para él. Y era por eso que había decidido regalarle un lienzo. Pero no uno cualquiera, si no uno en el que reflejase todo lo que lo quería.

Y se lo daría el día en que le confesase sus sentimientos.

Emmett la ayudó a montarse en el coche, y justo después de arrancar le tomó la mano. Otro de los detalles del chico que a Rosalie le confundían más.

Y es que si Emmett sentía algo por ella, ¿por qué no se lo había confesado ya?

Había tenido muchas oportunidades, como en una de esas noches en las que uno de los dos había estado mal y el otro lo había consolado, o en una de sus salidas, donde Emmett siempre acababa regalándole un detalle insignificante, pero que para ella significaba un mundo, o en una de esas despedidas suyas en que Emmett le besaba la mejilla, muy cerca de la comisura de los labios y extendiendo el beso más allá de lo que debería hacerlo un simple beso de amigos.

- Ya hemos llegado. – dijo Emmett al tiempo que le soltaba la mano y bajaba del coche.

Había estado tan metida en sus pensamientos que ni siquiera se había dado cuenta de que ya estaban cerca del acantilado.

Caminaron en silencio, aun agarrados de las manos. Rosalie se sentó en el saliente de una roca, y Emmett lo hizo justo al lado de ella. Sus hombros podían tocarse de lo cerca que estaban. Otra de las manías de Emmett era que parecía no saber lo que era el espacio personal y siempre estaba encima de Rosalie, lo cual no sería un problema si no acelera su corazón a mil por hora cada vez que la rozaba.

- Ten – dijo Emmett al tiempo que le daba a Rosalie un sobrecito de color plateado, con una moña de color azul.

- Sabes que no tienes que regalarme nada – dijo Rosalie sin poder ocultar una radiante sonrisa.

Emmett correspondió su sonrisa, encogiendo los hombros, como quitándole importancia.

- ¡Oh, Emmett! ¡Es precioso!- dijo la chica sacando un bonito collar.

De la cadena colgaba una mariposa. Las alas estaban adornadas con pequeños zafiros y en el centro una perla destacaba.

- Me recordó a ti. Las piedras tienen el color de tus ojos. – Rosalie se volvió hacia él, conteniendo las lágrimas. - ¿Te gusta?

- Si, muchísimo – le contestó.

Emmett la abrazó y la chica correspondió su abrazo, sin poder evitar inhalar su olor. Rosalie cerró los ojos, apretando aun más su agarre

- ¿Me lo pones? – dijo entregándole el collar.

- Claro.

Rosalie dio media vuelta y se recogió el pelo. Emmett le colocó el colgante, no sin antes rozarle un poco el cuello, lo que hizo que su vello se erizara.

Rosalie lo miró profundamente, plasmando en esa mirada todo lo que sentía por el.

- Gracias – Emmett sonrió.

- Supongo que las gracias tengo que dártelas yo a ti. – Rosalie frunció el ceño, instándole a continuar. – Mi padre ha aceptado por fin que no voy a ser médico y que no voy a estudiar en la misma universidad que él. Tú eres la única que me ha apoyado desde el principio y que me animó a perseguir mis sueños. Eres la única que me ha dado alas – terminó dándole un pellizquito cariñoso en la mejilla.

- Oh, por eso la mariposa, ¿no?- Emmett sonrió – lo hice sin esperar nada a cambio.

- Lo sé.

- No tenías que regalarme nada, tú a mí también me has apoyado.

- Ya – dijo asintiendo.

Rosalie volvió a abrazarlo, apoyando la mejilla en su hombro.

- Gracias – dijo sin poder evitar ya que se le saliera una lágrima.


Alice se acercó a Emmett dando pequeños saltitos.

- Felicítame. – dijo, intentando pasarle un brazo por encima de los hombros. - ¿Qué estás haciendo para estar más alto por días? Estás enorme – masculló.

- Sólo crezco, no como tú. – contestó burlonamente.

- ¡Qué gracioso! Aun puedo regodearme pensando en que eres debilucho y flaco. – dijo sacándole la lengua.

- ¿Por qué te tengo que felicitar? – replicó Emmett con una sonrisa.

- Victoria por fin ha accedido a tener una cita contigo.

- ¡Vaya! – exclamó el chico – y solo te ha costado convencerla, ¿cuánto? ¿tres meses?- terminó sarcásticamente.

Alice lo miró entrecerrando los ojos.

- Di lo que quieras pero al final he conseguido tu cita.

- Lo cierto es que no sé si quiero salir con una chica a la que has tardado tres meses en convencer de tener una cita conmigo. – Alice chasqueó la lengua.

- No seas tonto, Em. Victoria tenía una idea completamente errónea de ti. Sólo tuve que mostrarle como eras realmente y quedó encantada.

Emmett arqueó una ceja. Lo cierto era que ya no estaba tan interesado en Victoria. Era una chica muy guapa y aun le gustaba, pero como le había dicho a Alice no estaba seguro de querer salir con una persona que había necesitado tres meses de persuasión para salir con él.

- Alice…

- Me he tomado la libertad de reservaros una mesa el viernes en Giovanni's.

Emmett intentó discutir eso, pero para cuando reaccionó Alice ya estaba saliendo. Otra vez saliéndose con la suya.

Y el viernes llegó mucho antes de lo que Emmett hubiese esperado. Podría haber sido una semana larga, pero al pasar tiempo con Rosalie los días se le hacían cortos y antes de siquiera pensarlo ya estaba en la puerta de Victoria para recogerla.

- Hola Emmett – dijo Victoria al abrir la puerta, intentando sonar sexy y fracasando en el intento.

- ¿Qué hay?

- Llevo toda la semana esperando el viernes con ansias.

Emmett se quedó mudo, ¿acaso no era eso lo que había estado él esperando también tiempo atrás? ¿No era él quien anhelaba una cita con Victoria para así poder demostrarle que era el mejor para ella?

Entonces qué diablos pasaba ahora que todo lo que podía sentir por ella era… nada.

No supo que contestarle, así que simplemente asintió con la cabeza, sonrió y dijo:

- ¿Nos vamos?

- Por supuesto – contestó, pestañeando exageradamente.

La cena fue bastante incómoda. Victoria demostró ser bastante maniática, egoísta y un poco creída. La chica apenas probó la comida, estaba demasiado ocupada revisando quien la miraba y quien no y descalificando al camarero, al que ella consideraba "inferior". Emmett se sintió tremendamente mal por su sentido de superioridad y comprendió que si antes Victoria no había accedido a salir con él era porque lo consideraba poca cosa para ella, y no porque le odiase, como él había pensado.

Pagó la cuenta apresuradamente y la instó a levantarse al tiempo que lo hacía él.

- ¿Quieres dar un paseo?

No, lo cierto era que no quería dar ningún paseo. Lo que realmente quería era acabar esa cita de una vez por todas. Pero no quería ser maleducado con ella, especialmente pensando que la insistencia de que saliese con él había sido suya, indirectamente, así que acabó accediendo a ese paseo.

- Hace una noche preciosa.

- Seh – asintió cansinamente, sin escuchar mucho de lo que hablaba. Había desconectado hace un rato, en cuanto ella empezó a hablar otra vez de sí misma.

- … Rosalie.

"Un segundo" pensó. ¿Por qué salía Rosalie en esta conversación? Debió prestar más atención.

- ¿Qué has dicho? – paró en seco.

- Digo que no entiendo cómo puedes ser amigo de Rosalie. – dijo con los ojos abiertos como platos.

- ¿A qué viene eso?

- Pues no sé, tu eres guapo y ella es… - Emmett frunció el ceño, estaba empezando a enfadarse seriamente – es una marimacho. Por favor, va siempre vestida y peinada al instituto como si se acabara de levantar. No se preocupa nada de su aspecto y sus gustos…tss – chasqueó la lengua – siempre va con esa dichosa carpeta con dibujos y fotos de motores. ¿Acaso no puede ser una chica normal?

- Rosalie es muy normal. Puede que no haya tenido una madre que le diera consejos de moda aunque visto lo visto supongo que es mejor así. No quiero siquiera imaginármela de otra manera porque entonces ya no sería mi Rosalie. Y debo dar gracias que no le gusten las mismas cosas frívolas que a ti o debería esperar que fuera una niñata mimada y egoísta como tú.

Emmett se fue, furioso, y dejando a Victoria con la palabra en la boca.

¿Quién se había creído que era para hablar así de Rosalie?

Estaba muy cabreado. Había dejado de hacer lo que solía hacer los viernes para esto.

Los viernes solía ver la tele con Edward, comían algo y después iba a ver a Rose para…

Mierda. Se había olvidado de decirle a Rosalie que no iba a poder ir a verla.

Todos los viernes quedaba con ella porque normalmente su madre llamaba esos días. Rosalie se sentía decaída tras sus llamadas y Emmett siempre estaba ahí para sostenerla. Le hablaba un poco, la abrazaba y siempre conseguía levantarle el ánimo.

Había estado tan metido en su cita con Victoria que no se había acordado de ella, pero aún no era tarde y puede que Rosalie aun estuviese despierta.

Corrió hasta su casa y vio luz en su ventana.

Sin molestarse en llamar a la puerta trepó por el árbol que daba a su ventana y cayó dentro de la habitación formando un pequeño estruendo.

Rosalie se volvió asustada hacia el ruido y descubrió a Emmett en el suelo.

- Emmett, ¿qué haces aquí? – dijo la chica bajando el rostro, ocultando su mirada.

- Vine a verte. Siento mucho no haberme acordado que tu madre llamaba hoy.

- No importa – dijo volviéndose – no he hablado con ella.

Pero sí que importaba, porque cuando su madre llamó Emmett no estaba con ella, y no pudo evitar derrumbarse. Las lágrimas aún mostraban su rastro en sus mejillas.

- Rose…- comenzó Emmett, agarrándola del brazo para darle la vuelta. Rosalie volvió a bajar la cara, pero Emmett se lo impidió, sujetándole la barbilla y alzándole el rostro. – claro que importa, porque tú eres muy importante para mí – susurró y Rosalie alzó su mirada hacia él, esperanzada. – No soporto verte llorar.

Rosalie no tenía palabras para responderle, simplemente se deshizo de su brazo y enredó sus manos con las de él.

- Ven, quiero mostrarte algo.

Había llegado el momento. Al fin se sentía preparada para decirle sus sentimientos a Emmett.

Se encaminó con él hacia el rincón de su habitación donde guardaba el lienzo ya terminado. Su regalo para él.

Rosalie se sentó cuidadosamente en la cama, con el lienzo enrollado en una de sus manos y palmeó suavemente el colchón en el lado izquierdo, invitando al chico a que se sentara junto a ella.

Emmett fue a su lado y se sentó sin apartar la mirada de ella.

- Hace poco que acabé mi cuadro y… - suspiró, tratando de coger fuerzas – es un regalo para ti. – Emmett le dedicó una sonrisa enorme al tiempo que cogía, entusiasmado, el lienzo que le tendía.

- ¡Vaya! Es… - se había quedado sin palabras – impresionante.

Rosalie había dibujado a un Emmett sonriente y había conseguido plasmar en su piel un brillo especial, como si el sol le acariciara uno de los lados. Parecía una imagen real y Emmett sentía que en cualquier momento su yo dibujado en el lienzo saldría para saludarle.

- Has perfeccionado muchísimo tu técnica Rose, es lo mejor que he visto en mi vida.

- Bueno, no exageres…- dijo ruborizada – tampoco has visto mucho arte – completó con una carcajada.

- No te menosprecies Rose, ¡esto es fantabuloso!. – Exclamó y Rosalie rió.

- Tú y tus palabrejas.

Emmett se puso serio, pero aun conservaba un poco de su sonrisa.

- Rose, me encanta que me hayas dibujado. Es un honor, pero… no entiendo por qué a mí.

Rosalie tragó saliva. Era ahora o nunca. Suspiró.

- Eres muy importante para mí, Emmett. Hace unos meses apenas había hablado contigo y de repente te convertiste en alguien imprescindible para mí. Has sido mi mejor amigo, me has apoyado en todo… cuando he estado mal, cuando me insultaron… - Emmett quiso decirle algo, pero no le salieron las palabras. – te has convertido en mi sol personal, y es eso lo que quería plasmar en ese lienzo.

- Y lo has hecho muy bien – murmuró.

Sin darse apenas cuenta, Rosalie se había acercado poco a poco a Emmett y ahora estaba a solo unos centímetros de él.

- Emmett… yo... he empezado a sentir cosas.

El chico abrió los ojos, arqueando las cejas sorprendido.

- Yo… - continuó – estoy enamorada de ti.

Emmett separó los labios para contestarle y sólo un momento después se dio cuenta que Rosalie había acortado la distancia que los separaba. Estaban cada vez más cerca hasta que finalmente lo besó.


Y finalmente pude acabar el capitulo, jejeje. Espero que os haya gustado. Intentaré actualizar lo más rápido posible.

Mil besos