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-¿Disculpa?- lo mire furiosa –Tú fuiste el idiota que se atravesó a mitad de la calle-
-Un momento que dijiste- me miro como si estuviera loca y se acerco de manera amenazante al punto de que solo el volante de la moto nos separa.
Tal vez en otras circunstancias dejaría el asunto y me iría a casa, pero en definitiva no estaba dispuesta a dejar esta situación.
-Dije que eres un maldito imbécil que no sabe que el rojo significa alto y que la carretera no es para atravesarse como animales sin cerebro-
No me importo que estábamos en medio tráfico y mucho menos que me superaba de altura, lo desafié con la mirada llena de odio
-Y si no te importa, quítate de en medió imbécil- acelere alejándome pasando casi sobre él, quien por suerte se había hecho a un lado.
No mire atrás, simplemente seguí adelante, no me interesaba que tanto me estuviera maldiciendo solo quería alejarme de él lo más pronto posible y calmar mi reparación.
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Había sido un día agitado, la escuela y después de ella habían sido devastador. Me dolía la cabeza desde la madrugada y el estrés y el ruido no favorecieron en nada.
Mi encuentro con Bardock fue mucho más problemático de lo que esperaba. Como era de esperar Fasha al enterarse no se quedo con los brazos cruzados y junto con otros chicos fueron a desbalijar mi moto, profanaron mi casillero y tiraron todas mis cosas en el bote de la basura, convirtiéndome de nuevo en la burla semanal del colegio.
Lo peor de todo fue cuando sacaba mis cosas de la basura porque en ese momento él estaba pasando en el pasillo y me miro con una cara llena de burla y egocentrismo puro.
Después de mi fatal día escolar tuve que regresar a mi casa caminando, ya que no tenía dinero para tomar el autobús.
Al llegar a casa encontré un gran desorden en la entrada y era signo de que mi padre había vuelto de su viaje de negocios y de que había tomado y bastante.
-¿Dónde estabas?- pregunto desde la sala, su voz sonaba a que estaba borracho y furioso.
-Te pregunte ¿Dónde demonios estabas?- se levanto tambaleante del sillón en el que estaba, quedando frente a mí, a pocos metros de distancia permitiéndome oler su aliento a alcohol
-ÁNGELA- grito- QUE ME RESPONDAS MALDITA SEA -azoto el vaso de licor que tenía en las manos, convirtiéndose en tan solo pequeños fragmentos de vidrio y se acerco peligrosamente hacia mí, dispuesto a golpearme, así que corrí lo más rápido posible a mi habitación, él corrió torpemente para alcanzarme pero no lo logro.
Una vez en mi habitación cerré la puerta con seguro y me deje caer al suelo cansada, llorosa y asustada. Golpeo la puerta por un buen rato y temo que un día pueda abrir la puerta en ese estado y que me golpee pensando que soy mi madre, ya una vez paso, cuando iba en secundaria y estuve hospitalizada por tres días. Es algo por lo que no quiero volver a pasar.
La noche había sido muy larga, no sé a qué hora me fui a dormir pero no me importo…
…A veces desearía no despertar nunca…
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Hoy era viernes, mi padre estaría con reseca y toda la mañana estaría insoportable. Salí por la ventana siendo apenas las seis y media de la mañana, y como el viaje al colegio seria caminando tendría que ir con tiempo.
Durante uno de los descansos fui al baño a lavarme el rostro me sentía un poco mareada y veía borroso. Me mire en el espejo, me veía fatal tenia ojera y estaba pálida, ahora que recordaba no había comido nada desde ayer y no había dormido bien.
El sonido de la campana que anunciaba que el descanso terminaba fui de regreso a al aula sin importar mi estado, tenía que cumplir con todas mis clases y ser la mejor para ganarme aquella beca.
En el descanso del almuerzo las bromas de Fasha hicieron presencia cuando unos chicos por detrás me dejaron caer una cubeta llena de pintura en la cabeza causando burlas y risas de la gente que me miraba.
No pude mas, quería llorar y gritar ya no podía soportarlo. Corrí a la azotea, llore lo más silencioso posible escondida en un punto donde nadie pudiera verme.
Llore, llore por bastante tiempo y el descanso había acabado, ahora todos estaba en clases, así que decidí volver sin importarme el regaño del profesor, pero antes pasaría a los baños a limpiarme un poco.
El pasillo estaba en silencio total y aquel silencio me gustaba, sería maravilloso que así fuera siempre, mi cuerpo me pesaba, la cabeza me daba vueltas y caminaba cada vez más lento, no me sentía bien.
-¿A caso tu no piensas disculparte?- su voz se oía como siempre egoísta y fría. Disculparme, ja está loco si cree que lo hare.
Voltee a verlo con la cabeza baja, estaba cansada, todo esto era su culpa, inhale, levante el rostro con la intención de decirle algo pero no dije nada, lo mire directo a los ojos por menos de un segundo, se veía sorprendido y confundido o eso vi en ese fugaz momento antes de desvanecerme y que todo se volviera oscuro…
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Por favor no me maten por favor.
Juro que el próximo capítulo no tomara
