PASIÓN AL AMANECER

Un aroma metálico y salado se sentía flotando en el ambiente, podía incluso paladearlo; sangre, intoxicante y embriagadora al mezclarla con ese empuje de adrenalina recorriendo su cuerpo entero, embargándola de una sed malsana y diabólica, el aroma de la sangre y de algo acre y amargo inundando se nariz, algo que reconocería en cualquier lugar del mundo, miedo.

Kanae se movilizaba a gran velocidad, acabando con todo ser viviente junto a ella, destazándolos a todos con sus fuertes y afiladas garras sin dejar de moverse a cuatro patas como si realmente fuera un tigre y no una persona, estaba eufórica saltando de un lado al otro, incapaz de detenerse o ponerse en pie, incapaz de diferenciar los uniformes y rostros de las personas a su alrededor, sin saber donde estaba mientras una sola cosa llenaba sus pensamientos, matarlos a todos.

No sabía cuánto tiempo había pasado, no sentía cansancio alguno, solo sed y adrenalina, su cuerpo pegajoso debido al sudor y la sangre seca que la cubrían, nada importaba, no había más pensamientos que seguir adelante, matarlos a todos, ni siquiera lograba diferenciar las voces gritando a su alrededor, no sabía si eran hombres o mujeres, si eran órdenes o súplicas y no le habría importado tampoco, si la única voz que podía reconocer consciente o inconscientemente no hubiera interferido.

-¡KANAE!

Aquella voz grave y profunda la había obligado a detenerse en seco, el campo de batalla, los soldados, los gritos, el ruido de las armas, los escombros, los cuerpos mutilados tras ella, el hedor a humo y cenizas y miedo, todo a su alrededor iba desapareciendo mientras ella daba vueltas aun a cuatro patas, buscando y gruñendo sin encontrarlo, sus pensamientos se habían detenido un momento para enfocarse en aquella voz, en aquel hombre oculto entre las tinieblas.

-¡KANAE!

Había vuelto a llamar aquella voz mucho más cerca, con más urgencia, haciéndola sentir angustia y no solo sed, no solo adrenalina, no solo ansias de matar, debía encontrarlo, ¡necesitaba encontrarlo!

-¡KANAE!

Giró sobre sus talones, saltando y escalando, buscando en la oscuridad sintiendo su angustia aumentando, ahogándose en desesperación, acelerando al captar un aroma cítrico y varonil entremezclado con el metálico de la sangre que la cubría, una vuelta en una esquina y lo que vio la estremeció hasta la médula.

-¡Ka, nae! - Soltó aquella voz en un susurro mientras su dueño iba cayendo en cámara lenta, sus larguísimos cabellos negros ondulando sin control siguiendo a su dueño en su próximo encuentro con el suelo, dejando tras de sí el sonido de un golpe seco que no dejaba de hacer eco en la cabeza de la castaña.

La guerrera del tigre se incorporo entonces, temblando de pies a cabeza, tan sobria como el día en que había enfrentado cien adversarios en el dojo de los Aira, con el corazón encogido en un puño justo antes de salir corriendo hacia aquel cuerpo maltrecho.

-¡EIJI! - Sonó su grito agudo y lleno de terror al alcanzar su objetivo, tratando de ignorar el enorme charco de sangre debajo de ambos.

Con no poco esfuerzo, logró voltear al pelinegro para poder besarlo por todo el rostro llena de angustia, intentando hacerlo reaccionar mientras evitaba prestarle atención alguna a los múltiples cortes y agujeros de bala en el traje de matador tan característico en aquel hombre, negándose a notar los cuernos antes largos y orgullosos, ahora quebrados, uno por la mitad, el otro cerca de su cráneo, el moretón sobre el ojo izquierdo, la oreja faltante al otro lado y esa molesta vocecilla al fondo de su cabeza gritándole desesperada que los muertos no hablan, no besan, ni respiran, ni se mueven.

-¡EIJI, EIJI NO, POR FAVOR NO, por favor no! - Sollozaba la guerrera mientras se abrazaba de aquel cuerpo inerte y frio, sintiendo al instante varias costillas rotas bajo su peso y el filo de un hueso afilado y sobresaliendo junto a su propio muslo - ¡EIJIIIIIII!

Repentinamente el aire le llenó los pulmones como si acabara de salir del agua luego de alcanzar su límite sin respirar, su corazón estaba desbocado, había tanta luz que le costaba enfocar las cosas, la espalda y la cabeza le dolían por haberse levantado tan de golpe.

-¿Eiji? - Murmuró asustada y con el corazón roto justo antes de notar las lágrimas brotando de sus ojos a raudales, el cómodo y familiar futón para dos personas bajo su cuerpo y la playera blanca de algodón que usaba de pijama.

Un poco más tranquila volteó despacio a su alrededor, el televisor frente a ella se encontraba encendido con el menú de inicio de la última película proyectada parpadeando en un silencio casi total, la luz de la habitación prendida, las sábanas estaban enredadas y rasgadas a su alrededor, su almohada mostraba una enorme marca amarillenta, prueba de las tres o cuatro noches que había padecido de pesadillas, decidió lanzarla contra la puerta para asegurarse de llevarla a lavar en cuanto amaneciera, las lágrimas y el sudor tendían a arruinar las cosas.

Finalmente estiró su mano hacia a la pequeña mesa de noche donde había dejado el celular para leer la hora, las 3 de la mañana.

Kanae tomó su rostro con una mano antes de devolver el teléfono a su sitio, estaba furiosa y avergonzada mientras algunas lágrimas seguían cayendo, como ese idiota no volviera pronto, ella misma se encargaría de ir a buscarlo, o al menos, eso era lo que estaba pensando cuando la puerta de la habitación se abrió despacio.

-¿Kanae? ¿qué haces desp...

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Era de madrugada en Japón, cerca de las tres de la mañana cuando el genio de la masacre llegaba a su edificio en un taxi luego de pasar casi una semana en el campo de batalla, más exactamente en Sudamérica.

El pelinegro se sentía completamente exhausto luego del largo viaje, aún si estaba acostumbrado, no era menos cansado dormir sentado, no importaba si era en un avión, un camión, un taxi o una carreta.

La ciudad donde vivía era ruidosa como toda ciudad grande, sin embargo el edificio donde residía estaba ubicado en una zona tranquila, había pocos autos a esa hora y el silencio era relativo.

Eiji Kashii siempre se había distinguido por disfrutar del silencio, aquello le facilitaba pensar de manera práctica y aguda, el silencio le ayudaba además a notar hasta el más minúsculo detalle en su entorno, manteniéndolo alerta, llevándolo a ser un excelente cazador al poder leer las escenas que lo rodeaban con relativa facilidad, obsequiándole con todo tipo de información que solo debía clasificar entre útil o inútil, así había sido casi toda su existencia.

Para cuando salió del elevador y llegó a la puerta de su departamento, el silencio en el pasillo era tan profundo, que al abrir la puerta le habían llegado claramente el sonido de quejidos demasiado ligeros viniendo del interior, el cual estaba casi en penumbras, había una línea de luz escapando por debajo de la puerta de su habitación, justo al fondo de la sala, a la izquierda desde su ubicación en la entrada.

Ingresó entonces, olía a limpio, con un ligero aroma a sake proveniente de la cocina a su derecha, haciéndolo sospechar del contenido del bote de basura y la cantidad de botellas en su interior.

Cerró la puerta, acercándose a su habitación mientras se retiraba el abrigo blanco para dejarlo pulcramente doblado en uno de sus sillones junto con su bolsa de viaje, llevar sus uniformes y el abrigo a la tintorería era lo primero en su lista para hacer después del desayuno.

Finalmente tomó la manija de su puerta, el leve murmullo de la televisión le informó que Kanae había estado viendo películas en el cuarto, muy seguramente habría cenado ahí... quizás devolver la tele a la sala sería lo primero en su lista antes del desayuno.

El exceso de luz y la silueta de su novia sentada sobre el futón le llamaron la atención, distrayéndolo de su minuciosa planeación de los pendientes a atender en cuanto saliera el sol, realmente había contado con que la castaña estaría profundamente dormida a esas horas de la madrugada.

-¿Kanae? ¿que haces desp... - Se interrumpió Eiji mientras era tacleado por la aludida, recibiéndola entre sus brazos y reajustando sus pies y su cuerpo para no ser derribado, sonriendo sorpresivamente ante el efusivo recibimiento -¿Mi gatita me extrañó acaso? - Preguntó el recién llegado a modo de broma.

- ¡Eres, un, idiota! - Soltó la joven en sus brazos dándole un puñetazo en el pecho con cada palabra, preocupándolo al instante.

-¿Kanae?, ¿estás bien?

-¿Bien? - Soltó Aira sujetando con fuerza la torera de Kashii y pasando de verle la ropa a verlo a los ojos - ¿BIEN?

El pelinegro la tomó de las muñecas, tragando con dificultad al darse cuenta del desastre en el rostro de la mujer a la que no había visto por varios días, completamente desconcertado ante la ira que aquel par de expresivos ojos verdes le estaban mostrando, tan similar a la primera vez que la había visto como una guerrera.

-¿Kana...

-¿COMO CARAJOS VOY A ESTAR BIEN AQUI SOLA?, ¿ES QUE TIENES MIERDA EN LA CABEZA?, ¡ÉSTA ES LA ÚLTIMA VEZ QUE TOMAS UN TRABAJO TÚ SOLO!, ¿ME OYES?, ¡ES LA ÚLTIMA, PEDAZO DE IDIOTA!, ¡ESTÚPIDO!, ¡COMO SE TE OCURRA HACERLO DE NUEVO TE JURO QUE IRÉ POR TI, TE DARÉ UNA GOLPIZA, MATARÉ A LOS QUE TE HAYAN CONTRATADO Y TE TRAERÉ A CASA!, ¿HE SIDO CLARA?

-… ¿Estuviste llorando? - Fue lo único que atinó a decir el guerrero del buey luego de un prolongado silencio que había seguido al reclamo y antes de recibir otro puño sobre el pecho para luego ver la espalda de su novia, completamente furiosa y sonrojada.

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Un rato después la habitación se encontraba a oscuras, la televisión apagada, la ropa del guerrero yacía sobre un bote de plástico junto a unos pantalones de mezclilla rotos, una chamarra negra de cuero y una playera anaranjada de cuello demasiado amplio.

Kanae le daba la espalda a su novio, negándose rotundamente a enfrentarlo mientras el cornudo yacía al otro lado de la cama en ropa interior, acariciándole el brazo en completo silencio, esperando pacientemente por una explicación o bien sacando sus propias conclusiones mientras analizaba su entorno.

Si bien, todas las preocupaciones de la guerrera del tigre y todos sus miedos se habían esfumado en el preciso momento que su pareja había aparecido por la puerta de la recámara, una furia ciega y un sentimiento similar a la traición la habían hecho su presa por un rato considerable, en este momento, sin embargo, estaba avergonzada por el escándalo que había armado, además de estar un poco resentida aún por haber sido dejada atrás.

-¿Podemos hablar, por favor? - Le susurró Eiji al oído sin cambiar el ritmo con que le acariciaba el brazo en un intento por calmarla.

-¡Me dejaste sola! - Acusó Kanae en voz baja.

-Estabas ocupada planeando el viaje, no quise distraerte con este trabajo.

-¡Te fuiste sin decirme nada!

-Era un trabajo pequeño, demasiado rápido como para agobiarte con los detalles.

-¡Me dejaste preocupada Eiji!, ¡es la primera vez que no me llevas a cubrir tu espalda desde que trabajamos juntos!

-Es cierto y me disculpo por eso Kanae, no creí que te preocuparías.

-¿Cómo no iba a preocuparme si repentinamente me dices "acepté una misión en Colombia, vuelvo en un par de días" para luego salir por la puerta con tus cosas como si fueras a comprar leche mientras yo lavaba los trastes?

-Kanae -Suspiró Eiji cansado antes de depositar un beso en la nuca de su novia, acercándola para envolverla en sus brazos- en verdad lamento haberte preocupado, tienes mi palabra de que no volveré a irme sin avisar.

- ¡Ni avisando, ni sin avisar, nunca, jamás vuelvas a dejarme aquí sola!

- Kanae...

-¡Júramelo!

La sentía temblando ligeramente contra su pecho, la vehemencia con que le exigía aquello sin atreverse a mirarlo, en aquella oscuridad relativa, lo errático en su respiración, Kashii decidió acunar el rostro de su amante con una de sus manos para deshacerse de sus sospechas, comprobando que Aira estaba luchando por contener las lágrimas que amenazaban con salir de nuevo.

-¿Kanae, qué te pasa?

Su tono preocupado, la cercanía de su cuerpo y su calor, lo embriagante de su aroma sin estar camuflada por la colonia que acostumbraba a usar terminaron por quebrarla y hacerla confesar.

-Te vi morir, te vi una y otra y otra vez, cada noche desde que te fuiste no he tenido más que pesadillas donde me convierto de nuevo en una bestia sin voluntad solo para verte morir de todas las formas posibles, ¡estaba completamente aterrada ante la posibilidad de que no volvieras!

-¿Tan débil me crees Kanae? - Preguntó el buey sintiendo su orgullo herido repentinamente.

-No - Soltó el tigre de forma lastimera - sé que no me necesitas en batalla, sé que eres uno de los más fuertes guerreros, sino es que el más fuerte de todos, pero, eso, eso a, a mi subconsciente, no le importa, ¡no eres inmortal! - finalizó ella bañada en llanto, incapaz de contener el estrés y la angustia que había acumulado ante todas aquellas visiones sin haber recibido noticias sobre lo que realmente estaba pasando al otro lado del mundo.

-Te juro -comenzó Eiji con dulzura - que es la última vez que tomo un trabajo en solitario sin tu autorización, ¿te parece bien?

Ella asintió, girando para quedar finalmente uno frente al otro, refugiándose unos segundos en el espacio entre cuello y pecho para embriagarse en el aroma de Eiji con la misma desesperación con que se había refugiado en las botellas cada tarde los últimos días, enderezándose para robarle algunos besos mientras el llanto aminoraba.

-Kanae.

-¿Mmh?

-¿Cómo voy a llevarte conmigo a luchar si llegas a quedar embarazada?

Los besos se detuvieron, Kanae se enderezó para mirar a su novio como si le hubiera salido una segunda cabeza, o intentando verlo, ya que solo alcanzaba a distinguir su silueta y un ligero brillo en sus ojos.

-¿De qué estás... embaraza... Eiji?

Él la imitó en ese momento, enderezándose para tomarla de las manos, sintiendo algo extraño en su interior, nervios, náuseas y una extraña preocupación al darse cuenta que sus pensamientos lo habían llevado repentinamente a terreno peligroso.

-Yo... estuve pensando... si tuviéramos hijos...

-¡Alto ahí!

Silencio, tensión y un sudor frío bajando lenta y tortuosamente por la columna de Eiji le dieron a entender que había cometido un error al escoger sus palabras, no sabía realmente porque se había sorprendido a si mismo fantaseando con Kanae embarazada o bien con algún chiquillo correteando alegremente por la casa, la posibilidad de una familia era algo que jamás se había planteado antes, y el hacer el comentario ahora solo delataba aquello a lo que su mente le había dado vueltas las últimas noches lejos de casa.

-Eiji, creo que tenemos que poner un par de cosas en claro.

-Estoy de acuerdo - Soltó el aludido ligeramente sorprendido de que fuera su compañera quien dijera aquella frase que en los últimos años había sido principalmente suya.

-Creo - Comenzó Kanae de forma insegura - que, bueno, si llegáramos a casarnos en algún momento, no quiero perder mi apellido, no quiero ser parte de tu clan.

Aquellas palabras, increíblemente, le habían caído como un balde de agua helada, molestándolo incluso, podía sentir enojo nacer de aquella herida infringida sin ninguna intensión, optando por ignorar todo sentimentalismo para apoyarse en su criterio analítico y evitar una discusión airada.

-¿Tu razón?

-Soy la guerrera del clan Aira, si dejo de serlo, elegirán a alguno de mis primos para sustituirme en la Taisen dentro de siete años... Me niego a dejar que alguien más en mi familia participe y muera mientras yo siga con vida.

-Sabes que pueden elegir a otro guerrero del tigre...

-No lo harán, la razón de que le dé reportes de nuestras actividades a mi padre es para asegurarme de que nadie más de mi clan esté en peligro de asistir.

Aquello jamás se le había pasado al pelinegro por la cabeza así como la posibilidad de que los Kashii pudieran elegir a otro guerrero del buey.

-Así que tendremos que enfrentarnos de nuevo – Murmuró reflexivamente el pelinegro con un dejo de tristeza en su voz.

-En realidad pensaba que trabajamos tan bien como equipo, que podríamos acabar con todos antes de tener un duelo – Soltó la ojiverde intentando dar algo de consuelo a su compañero.

-No deseo matarte.

-Yo tampoco deseo matarte a ti, claro que, si uno de nosotros gana, siempre podemos tomar ventaja de las reglas o del deseo para seguir juntos.

-Estoy de acuerdo... Ahora, Kanae, sin importar cuantas precauciones tomes, aun podrías quedar embarazada.

-No, no, Eiji no podemos... Lo lamento mucho si quieres hijos pero no pienso darte ni uno.

Aquella molesta sensación de hacía un rato se estaba repitiendo en su ser con más potencia que un momento atrás, sentía la necesidad de abofetearla pero la ignoró, estaban hablando después de todo, quería saber sus razones.

-¿Por qué Kanae?

-¿No lo ves acaso Eiji? Aira o Kashii, no importa, si tengo un hijo, sea o no tuyo será obligado a seguir nuestros pasos... Sin importar cuanto lo ame, sin importar cuánto me duela, si tenemos un hijo en algún momento lo enviarán a los campos de batalla, y si acaso sobrevive, irá a dar a la Taisen... No soportaría perderte a ti, no soportaría tampoco darte un hijo para luego celebrar su funeral, por favor Eiji...

No la dejó continuar, apenas comprendió las preocupaciones de su amante la jaló con fuerza para besarla, sintiendo una súbita admiración por el nivel de sensibilidad y preocupación que la guerrera del tigre le estaba mostrando; él, que años atrás había albergado el deseo de ser salvado, ahora se daba cuenta del enorme deseo que esta mujer albergaba de mantener protegidas a todas las personas que amaba, del dolor tan grande al que la estaría sometiendo si se dejaba llevar por aquel capricho nacido por un par de palabras dichas semanas atrás en el lecho...

Conforme ambos se besaban, el miedo, el enojo, los nervios y todo rastro de preocupación iban desapareciendo.

Sus bocas se negaban a separarse más allá de un segundo mientras las manos de ambos paseaban por el cuerpo del otro ante la necesidad de sentir y dar afecto, prodigando algo de confort ante aquella dolorosa verdad, todo en esta vida viene con un precio, y para ellos, que eran guerreros representantes de las casas zodiacales, el precio era mucho más alto de lo habitual.

La poca ropa que se interponía entre ambos cuerpos no tardó en salir volando, sus cuerpos no tardaron en fundirse el uno en el otro en un intento desesperado de convertirse en un solo ser y alejar el dolor de perder aquello que solo podían imaginar.

Kanae se mecía con fervor dentro de aquel abrazo en que los dos se hallaban, ignorando las lágrimas que no dejaban de brotar de sus ojos, aferrándose con pies y manos a la espalda de su amante sin atreverse a separar su rostro de aquel cálido y fuerte hombro que parecía mantenerla viva y cuerda en aquel momento.

Eiji por su parte se negaba a soltar las caderas de su mujer, ayudándola a mantener aquel ritmo frenético y agridulce en que se mezclaban, susurrándole palabras dulces al oído al estar consciente de la respiración ajena en su cuello y las lágrimas en su hombro.

El pelinegro fue el primero en alcanzar el clímax, quedándose callado e inmóvil de manera repentina mientras la castaña seguía moviéndose con insistencia antes de incorporarse lo suficiente para tomar aquel rostro usualmente estoico y comenzar a besarlo, forzando a su compañero a darle una respuesta mientras ella dejaba de moverse poco a poco luego de haber alcanzado el clímax también.

-¿Kanae?

-¿Mmh?

-Tú, eres toda la familia que necesito para ser feliz.

-¡Eiji!

-No voy a negar que estos días sin verte, me pregunté lo que sería formar una familia contigo, por momentos consideré la opción de verte con un niño en brazos, sin embargo, eso no es lo que necesito...

La castaña lo interrumpió con un beso, envolviéndolo en sus brazos y escondiendo el rostro sonrojado mientras emitía una especie de ronroneo, frotando su rostro contra la piel del otro en un gesto gatuno que le sacó una sonrisa al pelinegro, el cual correspondió al abrazo, usando una de sus manos para peinar aquellos rebeldes cabellos cortos de su compañera.

-He combatido solo por tanto tiempo, Kanae, que pensé que podría volver a hacerlo, la realidad ha resultado ser otra, pensé que estaba siendo egoísta al desear tenerte a mi lado en todo momento, que lo correcto sería liberarte para vivir en paz, ciertamente podría conformarme con luchar solo y volver a casa sabiendo que tú me esperarías, que podrías tener una vida más pacífica...

-Y no quiero eso, no puedo tener algo como eso, si me dejas aquí de nuevo, voy a enloquecer de angustia, y si los dos dejamos de luchar, no podría verte a los ojos nunca más, la culpa de retenerte acabaría conmigo, y no estoy muy segura de que nuestra vida fuera a ser muy pacífica.

-Eso es verdad, sin importar cuantos inocentes salvemos durante las guerras, siempre hay personas a las que dejamos marcadas con odio y deseos de venganza, es el karma que todo guerrero ha de cargar.

-Y aun así, te amo con todo lo que tengo y con todo lo que soy.

-Siendo así, - Susurró el buey mientras tomaba delicadamente el mentón del tigre para poder mirarla a los ojos, sonriendo con tristeza mientras su mente iba cambiando algunas palabras del discurso que llevaba tiempo armando- Aira Kanae, ¿aceptarías ser mi compañera en cada batalla, mi soporte en tiempos de paz, la risa y los gritos en mi casa y vivir y morir a mi lado?

-¡Carajo Eiji!, ¿porque siempre tienes que ser tan formal y tan correcto?

-Solo responde.

-Parece como si me estuvieras pidiendo matrimonio, ¡solo falta que saques un anillo de la nada!

El pelinegro soltó un bufido exasperado sin dejar de ver a la castaña, el ceño ligeramente fruncido y una sonrisa casi imperceptible al notar el enorme sonrojo bajo aquellos brillantes ojos verdes que siempre le gritaban cuanto pasaba por la cabeza de su dueña.

-Bien, bien, acepto, te cuidaré la espalda en todo momento, te haré reír, te molestaré a veces, te convenceré de hacer cosas que no acostumbras y tendré sexo contigo siempre que sea posible, y si mueres antes que yo, vengaré tu muerte y te seguiré apenas termine.

-¿Quien está siendo exagerada ahora?-Preguntó Kashii reprimiendo una sonrisa y alzando una ceja,

-¿Y quién dijo ese discurso tan cursi para empezar?-Contestó Aira mientras se colocaba ambas manos sobre la cintura, acercando su rostro con una sonrisa torcida.

Ambos rieron divertidos ante la complicidad del momento, compartiendo un beso más antes de desenredarse para ocultarse entre las sábanas dispuestos a dormir, el buey no tardó mucho en envolver al tigre con un brazo antes de cerrar los ojos, esperando a que su compañera se relajara aun más.

-Casi lo olvido.

-¿Mmh?

-¿Cuando nos vamos de viaje?

-La otra semana Eiji, así que no aceptes más trabajos, no me gustaría llevarte al hotel con la nariz y los dientes rotos.

-... ¿Y planeas visitar a tu padre antes o después del viaje?

-Antes, ¿por?

-Oh, por nada, tal vez acepte su invitación para conocerlo esta vez.

-¿QUÉ? - Profirió Kanae incorporándose y volteando para encontrarse con un Eiji relajado, sonriente y aparentemente dormido, observándolo con insistencia por unos minutos hasta que finalmente se volvió a acomodar en su sitio sin saber muy bien cómo reaccionar -¡idiota!

Minutos después ambos estaban completamente dormidos, descansando de verdad por primera vez desde que el genio de la masacre saliera sólo algunos días atrás.

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NOTAS DE LA AUTORA:

¿Han escuchado hablar del sexo de reconciliación?, bueno, creo que esto fue similar, pero a la vez no, ¿de consolación tal vez?, porque si este cap fuera un fic one shot tendría que clasificarlo como de dolor y consuelo, en todo caso, espero haya sido de su agrado, muchas gracias por leer si has llegado hasta aquí, muchísimas más si además tienes esta historia agregada a Follows o a Favoritos, créanme, se aprecia el apoyo.

Y bueno, no dejen de darse una vuelta por el foro "Zodiac War Chat Room" que abrí aquí en FFNet, estoy demasiado sola discutiendo conmigo misma xD.

SARABA