Y vuelta a lo mismo de siempre... :(

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"Entonces, ¿ya te encuentras mejor?"

Bebiendo de su delicada taza de porcelana, Vainilla miró a Grisam y alzó una ceja. Cierto que el chico estaba preocupado, pero no hacía falta que siguieran preguntando. Lo que pasó el día anterior había sido un desliz de sus emociones, un episodio de ansiedad. No había que darle más focos a algo tan insignificante como eso. Dejó la taza en la mesa y sonrió.

"Claro que sí. Lo de ayer fue..." miró a Jim, sentado a su lado, y compartieron una mirada cómplice antes de que Babú volviera a mirar a su hermana y a Grisam. "un poco descabellado por mi parte. Siento haberos preocupado." se sirvió un poco más de té y ofreció silenciosamente la tetera para servir a alguien más. Rechazaron la propuesta.

"¿Estás segura?" preguntó Vi. "No quiero que... bueno, te entre otra crisis."

Vainilla fijó su mirada en su taza, ahora en sus manos, y dio golpecitos en la porcelana. Suspiró. "Es simplemente la fatiga de... bueno, ser un Sinmagia."

Grisam dio un respingo por lo fría que sonó esa frase. "Babú, no eres un Sinmagia. Josseff se llevó parte de tu luz, no toda. Si se hubiera llevado toda tu luz..." se calló súbitamente, mordiéndose la lengua al ver a Jim alarmado de repente.

El inventor entrecerró los ojos. Antes de que pudiera preguntar, Pervinca captó la señal y habló, tomando algo de su té. "Seguramente no habría vivido para contarlo."

Las palabras no parecieron hacer un efecto alarmante en Jim. En realidad si lo tuvo, pero supo enmascararlo bien. Tragó saliva con todas sus fuerzas. "¿Cómo es eso?"

Aunque estaba agitada por una mezcla de miedo, ansiedad y cansancio, pudo explicarse. Vainilla habló. "Verás, las brujas y los brujos somos humanos, pero una media parte de nosotros es pura magia. Imagina un círculo relleno de cables. Los Sinmagia como tú sois un circuito entero de cables, pero nosotros somos un círculo de dos colores, por explicarlo de alguna forma. Así, si nos quitan la parte mágica el círculo queda incompleto." explicó.

"Y una parte no puede vivir sin la otra. " añadió Pervinca. "El 'circuito' de Babú se arreglará con el tiempo, pero por ahora está buscando el otro extremo para reconectarse. Su magia no volverá a ser tan poderosa como antes, pero al menos no ha... colapsado. Si le hubieran quitado toda su magia el desequilibrio en su cuerpo la habría matado. Es difícil de explicar."

"¿Y no hay ninguna manera de devolverte toda tu magia, de repararte?" preguntó Jim, cogiendo la mano de Babú inconscientemente. La chica se sonrojó suavemente.

Grisam torció el gesto. "Puede haberla, pero la desconozco. Josseff es un iniciado en la magia. Cuando descubra su poder, quizás lo abrace, o quizás acabe por matarle. No es tan fácil como arrancar partes de un circuito y meterlas en otro."

Sonó el timbre en la casa de los Periwinkle. Vainilla se levantó a abrir la puerta. "No pasa nada, de veras." dijo, restándole importancia. "Lo mejor es que descanse un poco y ya se me pasará. Ha sido un bache pasajero."

La Bruja de la Luz abrió la puerta. Quiso sonreir al visitante pero el gesto se quedó parado a medio camino. Al identificar al joven que tenía delante, la respiración se atascó y no dio oxígeno a la chica. Palideció considrerablemente y, murmurando cosas imposibles (algo que empezaba a hacer a menudo) cayó al suelo inconsciente en la entrada de su casa.

"¡VAINILLA!" gritaron hermana, novio y amigo al mismo tiempo. Corrieron a cogerla pero llegaron tarde, la chica ya había caído al suelo y ahora nadaba en la oscuridad de la inconsciencia.

Todos alzaron la vista para ver a la visita, y todos se quedaron sin habla. Un Josseff confundido miró a la chica desmayada, con una mezcla de confusión y preocupación. "¿Está la chica bien?"

Grisam y Jim se miraron un par de segundos, "Vi, ocúpate de tu hermana, nosotros tenemos a alguien del que tenemos que ocuparnos." dijo Grisam, dirigiéndose con Jim hacia el joven castaño.

Cad uno cogió uno de sus brazos y le arrastró calle abajo hacia la casa del tío de Grisam, queriendo derribar su puerta para sacar a ese demente de la villa. Ignorando las quejas de Josseff sobre el maltrato por su parte, golpearon violentamente la puerta y esperaron un par de minutos. El señor Duff salió de la casa, preparado para ver quién había interrumpido sus labores domésticas.

"¿Qué diablos...?" farfulló mientras se asomaba. "¡Grisam, Jim! ¿Qué-? Oh." concluyó el tío de Grisam al ver al joven 'forastero' cogido por los otros dos muchachos. La mirada que le dio Duff al chico le confundió aun más.

"Soltadle." ordenó. Ambos reaccionaron instantaneamente y Josseff se frotó sus antebrazos, confuso y mirando a los chicos. "¿Qué haces por aquí, chaval?"

La mirada que le dio el hombre debió ser muy amenazante. El chico de pelo castaño dio un respingo y tragó saliva. "Hace un tiempo aparecí cerca de este lugar. La chica que me ha recibido hoy en su casa fue la que me encontró en aquel sendero." recordó. "Era muy guapa. Tenía el pelo del color de la canela y su voz era tan bonita como el sabor de la propia canela." Jim cerró los puños y encajó la mandíbula. "El caso es que me dijo que siguiera el camino norte, pero andé unos días hasta que me dí cuenta de que no había muchos caminos seguros. Acabé volviendo a pedir direcciones."

Grisam y su tío se miraron, miraron a Jim y luego miraron a Josseff. Grisam le fulminó con la mirada y le dio un empujoncito. "¿Y qué hacías justo en casa de los Periwinkle? ¿Ibas a ver a alguien?"

Josseff frunció el ceño. "Repito que vine a buscar direcciones." se cruzó de brazos. "Mirad, no sé qué rollo os traeis los de este pueblo con interrogar a forasteros, pero sólo quiero direcciones y, como mucho, una cama dónde dormir."

Los tres residentes miraron al cielo. Desgraciadamente, unas nubes muy grises se cernían sobre el cielo de Fairy Oak, y probablemente otra tormenta caería por segunda vez en dos días. Analizando el rostro de Josseff, el chico de verdad parecía amnésico, y debían tratarlo como otro más. Un momento de pensamiento bastó y Duff tomó una decisión. Les indicó a los chicos que se acercaran a él y los tres se apartaron unos metros para hablar privadamente.

"Tenemos que acogerle. Será una sola noche, y estoy seguro de que alguien querrá acogerle. Lamentablemente, después de todo lo que nos hizo, solo una familia estaría dispuesto a acogerle." y los tres supieron a quiénes se refería.

"¿¡Qué!? ¡No!" exclamó Jim, negando con la cabeza enérgicamente. "Me niego a que ese... demente comparta techo con mi novia. ¡Por encima de mi cadáver!"

"Jim, a mí tampoco me hace nada de gracia que duerma en casa de Ví y Babú, pero mira el lado bueno." intentó convencer Grisam. "Es la casa de los padres de la chica que capturó. No creo que le quiten el ojo de encima. De hecho, la casa de los Periwinkle será la más segura para que se quede, por irónico que suene."

"Grisam, pero-"

El chico de pelo con el color de las avellanas le puso una mano en el hombro al inventor. "Es una noche, Jim. Una noche y dejará a tu novia en paz. Sé que Babú es importante para tí, para mí también lo es, pero es el mejor lugar para que se quede."

"Decidido pues." sonrió Duff. "Llevemos a Josseff a casa de Cícero. Les explicaré el problema y estoy seguro de que aceptarán si se lo explicamos." se giró a mirar a un confuso Josseff. "Vamos, hijo. Sabemos un lugar en el que puedes quedarte esta noche."

El chiquillo sonrió como un niño. "¡Muchas gracias, señor!"

Y los cuatro andaron hacia la gran casa de la bondadosa familia. Los tres andaban satisfechos, pero un cuarto iba muy descontento y en profundo pensamiento. Al llegar, tocaron la puerta. Dalia abrió la puerta y tras un pequeño intercambio de saludos, entraron.

Duff se llevó al chico a la cocina para hablar con los padres y la tía Tomelilla sobre el tema. Mientras tanto, los jovenes chicos se dirigieron al sofá, donde Ví descansaba con una hermana inconsciente en el regazo. Pero al acercarse, vieron que Vainilla no estaba del todo ida. Tenía un trapo con agua caliente en la frente, con las mejillas sonrosadas y a veces murmuraba sílabas sin sentido. Vi acariciaba el pelo de la chiquilla para tranquilizarla – parecía estar pasando por una pesadilla.

"Qué casualidad. Traeis a Josseff y se altera aún más." comentó Pervinca con un tono ligero.

"Igual la presencia de la luz de Vainilla en otro cuerpo pero cerca de ella la altere." teorizó Grisam. Se acercó a Babú y acarició su mejilla rosa. "¿Cómo se encuentra?"

La bruja de la Oscuridad suspiró. "Va y viene. Desperatará dentro de poco." después de eso, arqueó una ceja y miró por detrás de Jim para ver a Duff hablando con su padre. "¿Qué ha pasado?"

Grisam hizo una mueca, sabiendo ya la reacción de su novia antes de verla con sus propios ojos. "Josseff se va a quedar en el pueblo una noche. Mi tío tuvo la idea de que duerma en vuestra casa."

"¿¡QUÉ!?" Vi saltó del sitio, lejos de preocuparse ya de su hermana en su regazo. "Será broma, ¿no?"

Jim se pasó una mano por su mata de pelo. "Lamentablemente, no lo es."

"Grim, Babú va a ponerse histérica cuando oiga las noticias." dijo Vi, claramente en contra del método de Burdock para refugiar al antes villano. "No quiero que vuelva a pasar por los ataques por los que ha pasado estas semanas. No pienso permitir que duerma bajo el mismo techo que mi hermana."

"Vi, ten en cuenta que es lo más seguro para Babú. Tus padres no van a quitarle el ojo de encima a Josseff hasta que le saquen de Fairy Oak, lejos de tu hermana. Aquí estará segura." explicó su novio, usando el mismo tono imponente que usó con Jim.

"No. Bajo ningún concepto." volvió a negarse Pervinca. "Y mis padres no van a permitirlo. Estoy segura de ello."

En ese momento llegaron los padres de las gemelas. Cícero se acercó a los dos chicos con una amplia sonrisa. "Hola, chicos, ¿qué tal os va todo?" sin esperar respuesta, el metereologo se dirigió a una de sus hijas. "Hey, Vi, ve a por sábanas. Hoy vamos a tener a un invitado en casa esta noche."

"¡Papá! ¡Pero-!"

"Vamos Vi, tesoro." la animó Dalia, seria. "Te lo explico después."

Refunfuñando, Pervinca fue a una habitación en donde guardaban sábanas y ropa de cama de sobra. Cuando la chica se fue, los padres observaron en silencio a su dormida chiquilla. Jim hizo lo mismo. Estaba tan tranquila que parecía un ángel. Sus mejillas estaban sonrosadas por el calor y dormía apaciblemente con su cabecita en el brazo del sofá. Al menos ahora dormía completamente y no se balanceaba entre la consciencia y el sueño. Al verla así de estable, tranquila, decidió que quería verla así todos los días. Curaba el dolor que había sentido días anteriores con mucha eficacia.

El chico de pelo azabache se rascó la sien, pensando unos instantes antes de dirigirse a los padres de familia. "Eh... ¿señores Periwinkle?"

"Oh Jim," Cícero soltó una risa bonachona. "por favor, basta de formalismos. De todos modos, ¿pasa algo?"

Jim rió, nervioso. Se pasó una mano por su mata de color negro con inocencia. "Había pensado que... bueno..." ambos Dalia y Cícero sabían lo que quería, pero preferían esperar para ver la manera que tendría para desenvolverse. "igual Babú descansaría mejor en mi casa esta noche. Quiero decir, no me gustaría ver a Vainilla bajo el mismo techo que... ese." terminó con una voz fría.

Los padres se miraron, con una pequeña mueca de satisfacción en sus rostros. Pero no hablaron ellos, a pesar de querer con toda su alma aceptar su propuesta. Confiaban en Jim demasiado como para no hacerlo. A pesar de ello, les daba miedo por cómo se podía comportar Vainilla. Estaba extremadamente sensible últimamente, y aun sabiendo que el chico seguramente podría apaciguarla, la duda estaba ahí.

"Claro que sí, Jim."

Todos se giraron para ver a una tranquila y sonriente Tomelilla. Esta se acercó a Jim lentamente y se posicionó delante de él. "Me parece una excelente idea. Estoy segura de que tu casa es el lugar más seguro para que se quede esta noche."

Lala acarició el antebrazo del inventor y señaló a la dormida Bruja de la Luz. "Llévatela ya. Se hace tarde y lloverá en poco tiempo."

Jim reaccionó inmediatamente y cogió a Vainilla en sus brazos, dejando que una leve sonrisa se dibujara en sus labios. Grisam, que hablaba con su tío a unos metros de ellos, se adelantó al verles acercarse a la puerta. Les abrió la puerta con una sonrisa socarrona.

Ya fuera, el inventor se dio cuenta de que las pesadas nubes se iban haciendo cada vez más grises y no tardarían en descargar sus aguas. Se apresuró a llegar a su casa, con su ángel caído en sus brazos aun durmiendo. Se paró un segundo delante de la puerta y se las apañó para abrirla. Tardó un poco, pero lo consiguió.

Dentro de la casa, Jim dejó a Babú suavemente en el sofá mientras encendía las luces. Después, la recogió y se dispuso a subir las escaleras con cuidado de no hacer ruido y no despertar a Vainilla. Subió lentamente cada escalón robándole alguna mirada que otra y maravillándose de la armonía que desprendía.

Abrió la puerta de la habitación de invitados y la dejó encima de la cama. Cogió una manta del armario y la arropó con ternura. Observó, satisfecho, como se acurrucaba en la gruesa manta verde selva. Fue a una estantería con cajones y sacó una de sus muchas camisetas que le estaban grandes. Acarició su pelo con adoración y fue de las primeras veces en las que se dio cuenta de lo afortunado que era de tenerla ahí, a su lado, dormida y sana y salva. Le robó un beso a su frente y se fue lentamente de la habitación.

La calma se asentó poco a poco en la casa Burium. El dueño pasó la tarde leyendo en su habitación, tapado con una manta y con un grueso tomo en sus manos. Leía concentrado y rodeaba y subrayaba conceptos que encontraba interesantes. De todos modos, una esquina de su mente seguía dándole vueltas a lo aliviado que estaba por tener a Babú segura en su casa. Josseff no iba a tener agallas para meterse en su casa. No después del mal que había causado y sobre todo, porque se supone que no tenía razones.

Entonces se le ocurrió que igual no era mala idea hacerle una visita a la bella durmiente. La lluvia caía fuertemente fuera de la casa y tronaba a ratos. Le sorprendía que no se hubiera despertado con el sueño tan ligero que tenía a veces. Suspiró, preguntándose si Vainilla le contaría algún día qué pasaba por su mente cada noche.

Justo entonces, oyó una voz. "¿Jim?"

Babú estaba en el umbral, con una mirada que oscilaba entre la confusión y el miedo. Agarraba un cojín con ambos brazos y el chico se dio cuenta de que vestía una de sus camisetas. Se anotó que también haría que se quedara esa. Aunque la noche anterior se había llevado su camiseta sin tener que decirla nada. Todavía se acuerda de la cara de Pervinca al verla aquella noche con la camiseta en la mano. No se le iba a olvidar en la vida. "Hey, Babú, ¿pasa algo?"

Cerró la puerta detrás de ella y se acercó al diván. Se sentó en él y apoyó la sien en la ventana que había detrás del diván, notando la frialdad del cristal empañado. Era extraño ver a aquella chica rota bajo la lluvia el día anterior y verla después en tal sincronía con la tormenta que se desataba fuera. Suspiró. Jim lo tomó como señal para acercararse, y se sentó delante de ella en el diván, quedando uno enfrente del otro.

Ambos estuvieron en silencio, ella mirando la lluvia y el inventor repartiendo su atención entre Babú y la tormenta. Ella abrazaba el cojín con ansia. "No sé qué me pasa, Jim... debería ser capaz de poder enfrentarme a Josseff pero..."

El chico la miró, dejándola seguir. "Lo noto a diario, que la energía me abandona. Me está ganando la batalla, Jim. Y..." unas pequeñas lágrimas brotaron a presión de las orbes verdes de Vainilla, aunque no hizo nada para pararlas. "no quiero perder."

Tocado por la voz rota y cansada de la siempre feliz y energética Vainilla, supo que no hacía falta para preguntar qué era exactamente lo que sentía. Babú estaba creciendo, y ahora parecía haberse estancado en un momento que le iba robando la energía poco a poco. Temía que no fuera a poder vivir mucho tiempo si seguía así. Y el pensar en vivir un día sin ella le mataba. Había experimentado ese dolor y no iba a poder aguantarlo de nuevo. Estaba convencido de ello.

Se inclinó y cogió su mano. La chica de pelo canela le miró, medio sorprendida medio conmovida, como si no supiera qué sentir. "No vas a perder, Babú." ahora fue él el que miró a la lluvia mientras acariciaba su mano y ella le miraba. "No mientras estemos aquí. Y sobre todo, no mientras yo esté aquí.".

Por primera vez, Vainilla soltó una risita parecida a la que soltaba sin ton ni son hace unas semanas. Y fue también la primera vez en la que sintió sus palabras llegar hasta lo más profundo de su corazón. La voz de Jim solía tener esa habilidad tan bonita de poder evocar emociones en cualquier momento con esa voz tan suave que poseía. El tono que usó ahora, aun así, era distinto: llevaba un deje determinado y lleno de emoción, y la manera en la que daba caricias a su mano con el pulgar... Aunque estuviera mirando al infinito, era consciente de que estaba preocupado por ella. Y eso la desgarraba.

"Jim, por favor..." suspiró ella, atrayendo su atención. "No te preocupes por mí. En serio. En el fondo estoy bien. Son... ya sabes, las pesadillas. Me tienen molida." explicó, cortada. "Es eso. Tiene que ser eso."

El chico de ojos dorados se acercó a ella, cogiendo su mejilla con dulzura pero con una fuerza que hizo ver que estaba preocupado a más no poder. Y eso dolía y destruía a Vainilla. Lágrimas volvieron a brotar y empezaron a correr por las manos de Jim, que las retiraba con el pulgar. "Babú, eres lo más importante para mí en este mundo. Si no querías que me preocupara, tendrías que haber evitado que nos conociéramos en un principio."

La chica bajó la mirada y se mordió el labio. "Igual habría sido lo mejor."

Esta vez, el inventor agarró ambas mejillas con fuerza y levantó su mirada. "No digas eso." dijo, frío. "Ni en broma."

Y Vainilla notó sollozos rebotando en su garganta hasta salir por su boca, llorando ahora visiblemente y rompiendo el sensible corazón de Jim en mil pedazos. La agarró con fuerza y la estrechó en su pecho, poniendo su cabeza encima de la suya. "Perdona, he sido algo duro con eso. No sé qué me pasa."

"Tenía que haberme contenido y así nada de esto habría pasado. Nadie se preocuparía y seríais más felices." dijo ella, calmándose un poco.

Acarició su pelo y la cogió en brazos. "No digas eso. Además, prefiero que me lo digas y saber qué pasa antes que verte así de mal sin saber porqué."

Jim se apoyó en el cabecero de la cama con su novia en su pecho, abrazados estrechamente en un momento de paz. Cuando había ruidos muy altos desde fuera, Vanilla daba un respingo. Afortunadamente, Jim estaba ahí para acurrucarla en sus brazos y hacerla sentirse agusto de la manera que solo él sabía. Babú suspiró.

Levantó la mirada y besó ligeramente los labios del inventor mientras él les tapaba con una manta. "Sabes que te quiero, ¿verdad?"

Rió suavemente mientras la abrazaba aún más. "Me lo suponía. No hace falta que te diga que el sentimiento es mutuo, ¿no?"

"Claro que no."

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Aquella noche, la lluvia paró de caer en Fairy Oak. Durante unas horas, el valle descansaba apaciblemente y el pueblo se hallaba vacío. Lo único que quedaba en las calles era el sonido del viento frío llevándose la humedad de la lluvia a otra parte.

Pero además de eso, una persona se levantó de la cama. Estaba cubierta en sudor y una expresión asustada cubría sus facciones. Con lo cómodo que estaba acurrucado con su novia en la cama y tenía que tener una pesadilla. Una pesadilla en la que salía ella, y le habría gustado hablar con ella de ello porque seguramente ella tampoco habría podido conciliar el sueño. Raro sería que justo en casa de Jim no tuviera pesadillas.

Pero Jim nunca pudo hablar del tema. Porque Vainilla, esa noche, había desaparecido.