pausa #1.
"and I set fire to our bed" - florence + the machine.
(=)(=)(=)
Lana era su última oportunidad.
Lex lo sabía, a la perfección. Con cada oleada de la fragancia a frambuesa, que Lex respiraba de su delicado cuello; con la suavidad en que sus cabellos chocolate se sentían contra su rostro cuando dormían juntos; con cada caricia que Lex utilizaba para trazar el recuerdo de su diminuto rostro de muñeca. Con cada beso, con cada abrazo, con cada mes que transcurría y ese vientre aumentaba de tamaño; Lex lo sabía.
Lana era su última oportunidad.
No había sido una recompensa justa, ni ganada limpiamente, no. Lex la había jalado en el momento más vulnerable, en el instante en que sus trampas habían surgido efecto—y no la había soltado desde entonces. Celosamente, la había mantenido escondida en un abstracto castillo de cristal, atrayéndola con promesas que hablaban de completa confianza entre los dos, de eterna lealtad, de libertad nunca obstruida... de eterno amor. Para mantenerla cerca y complacida, Lex le había bajado el cielo, las estrellas, todos los tesoros del mundo, y todo lo que Lex había logrado ofrecer.
Desde su corazón y sus pulmones, hasta la última moneda de su riqueza.
Y Lana lo había aceptado todo. Extasiada. Con ojos llenos de ambición. Con emoción, anticipante a colocarse la corona de "Sra. Luthor" alrededor de su estereotipado halo. Con satisfacción, por finalmente ser tratada como ella pensaba que merecía. Lana había escogido poder, al contrario, de la sobrevalorada inocencia que nunca la había llevado a ningún lugar.
Le había respondido con noches y dulces amaneceres, donde hacían el amor sin el nombre de Clark en sus cabezas, y con la posibilidad de crear una familia para los dos.
Era por eso que, ahora, Lex no comprendía qué demonios sucedía con ella.
"¿Dónde has estado?"
Lana le estaba mostrando las espaldas, desde su lugar frente a la cuna de tonos dorados, que recién habían comprado después de varios meses de indecisión. Lex se acomodó sobre el marco de la puerta, disfrutando de la imagen que el vientre de Lana creaba, bajo el satín púrpura de su bata de dormir. Aunque era más tarde que el medio día, Lana ya difícilmente se sentía con ánimos de cambiarse de ropa, o salir de la mansión. Estaba consciente, que en cuestión de días, el parto llegaría inadvertidamente.
"Tuve que ir a arreglar unos asuntos de Richard." Lex no quería mencionar a Clark, pero resultaba inútil, sabiendo que Lana ya había sido informada del nuevo empleo que su ex había recién aceptado. La lengua de Chloe Sullivan trabajaba como locomotora, después de todo. "¿Cómo te sientes hoy?" Desde que Lex se había enterado del embarazo, no había transcurrido un día en que Lex no realizara tal pregunta, y cada vez que lo hacía, Lana rolaba sus ojos, frustrada e impaciente.
En esta ocasión, Lana no gastó energías en responderle. Sólo se encogió de hombros, después de darse la media vuelta, sus largos mechones recogidos en un elegante chongo. Sintiendo una opresión de deseo y adoración en su pecho, Lex se dejó guiar hasta los brazos de su prometida, abrazándola con delicadeza.
Lana tembló ligeramente, en la protección de sus brazos.
Lex conocía de su temor, de sus inseguridades, de la melancolía que la había atrapado desde los últimos dos meses de embarazo. Lex no era ciego, ni tonto, ni mucho menos, ingenuo. Lana estaba sintiendo una aglomeración de emociones que la habían tomado por completa sorpresa; rotundamente, con la guardia baja.
Había días en que Lana extrañaba a Clark. En que extrañaba su vieja vida.
Otros días la odiaba. Otros días odiaba a Lex.
Otros días, Lana hasta odiaba el recuerdo de sus padres.
Y otros días, por más doloroso que fuera darse cuenta de ello, Lex sabía que Lana odiaba a su bebé.
"… Pero, la angustia de perderte acaba en la inmensa ternura de tu abrazo.(1)" Ésta era una mentira que Lex había susurrado durante la primera noche que habían compartido; más siendo un desesperado deseo de su inconsciente corazón, que un hecho verídico. Una mentira que, aunque en un principio había guardado un sabor dulce y prometedor, sus labios en este momento la habían liberado con acidez.
Porque actualmente, al tener a Lana en sus brazos, se sentía más como un sueño escurriéndose por entre sus dedos, que una angustia siendo embalsamada.
Lana rio sin humor contra su pecho, al reconocer la línea poética, liberándose de sus brazos momentos después. Su pequeño ceño se frunció, en cuanto su mirada se concentró en el rostro de Lex, sorpresa con sospecha, brillando de sus grandes ojos almendrados. "Luces… diferente."
Lex se sentía diferente. No lo podía negar.
"¿Por qué no debería? Todo será diferente en cualquier día de éstos." Siempre que posaba su mano sobre el hogar que abrigaba a su futura heredera (¿por qué creía tanto en Clark, todavía?), una energética patadita le respondía, y ésta vez no fue la excepción. Hasta Lana sonrió, al sentir a su bebé jugar con su padre, chocando su cabeza de un lado a otro, con ternura. "Nuestras vidas están a punto de cambiar por completo, Lana."
Lana colocó sus manos sobre su cintura, su mirada bajando hasta la altura del pecho de Lex. "No me refiero a eso, y lo sabes, Lex."
Lex suspiró. Sabía a qué Lana le estaba dando efusión. Sin embargo, Lex no cedió ante sus demandas de sinceridad—No sería la primera vez—Porque este recuerdo, éste momento que había compartido con Clark hacía unas horas, le pertenecía solamente a él; cada molécula de su ser se rebelaba contra la noción de confesarle a Lana sobre el nuevo juego de alas, con el que Clark estaba comenzando a despegar hacia la adultez. Verlo la mañana de hoy, había sido estremecedor.
No, ésta pieza de su memoria se lo guardaría Lex, con murallas de acero.
Para callar más cuestiones, y limpiar la oscura expresión de su prometida, Lex la atrapó en un beso infalible, que siempre la dejaba sin aliento, y con sus bellas mejillas enrojecidas, su mano nunca apartándose del impaciente huésped dentro del vientre de Lana.
Horas después, con el atardecer dándole el paso a la noche, volvieron a hacer al amor en su recámara, cada susurro extasiado de Lana sintiéndose como arañazos a sus entrañas, puesto que cada vez que ambos cerraban sus ojos, claramente era para imaginar a otra identidad llevándolos por los senderos del placer. Alguna vez, ambos habían sentido amor―verdadero amor―verdadero deseo uno por el otro; pero desde que Lana había comenzado a deslizarse de la presencia de Lex, como si su mera proximidad le lastimara, Lex había ido degustando la realidad de sus sentimientos. Se había comenzado a resignar.
Si después de recuperarse del parto, Lana seguía estando arrepentida de sus decisiones, Lex la dejaría ir. De vuelta con Clark, si era lo que ella deseaba (aunque Lex sabía que esa puerta ya había cerrado, con una llave perdida en lo profundo del mar del pasado).
Aunque, de ninguna manera, Lex le permitiría desquitar sus frustraciones en su bebé.
No como su madre lo había hecho con Julian.
Si Lana quería odiar a alguien, podía odiar a Lex todo lo que deseara. Pero, si quería abandonarlo y desechar todo el futuro que habían planeado, se iría sola. Completamente sola.
(=)(=)(=)
fin de pausa #1.
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nota (1): Extraído del poema "Al tiempo" de Conchita Unanue.
nota (2): Estoy triste y esto fue lo que resultó. Quería una pequeña pieza para explorar el ángulo Lexana antes de proseguir con el capitulo siguiente, pero no pensé que me saldría tan deprimente. XD. Aunque, ése es el karma para ustedes, Lex y Lana. Supongo que en mi mente, ambos aman a Clark pero, habían tenido la esperanza que el amor que ambos sentían mutuamente lograra algún día opacar el guardado por Clark. Y puede que tal estrategia no haya funcionado. [suspiro] En fin, no es como si hubieran tenido un mejor final en la trama original de Smallville, ¿cierto? Su relación parecía estar destinada a fracasar.
