Errores

Por: GirlSchiffer


Pareja: RivaillexPetra (Rivetra)

Disclaimer: Shingeki no kyojin y sus personajes no son de mi posesión, estos pertenecen a Hajime Isayama. Lo único que me pertenece son las ideas planteadas en el fic, cualquier parecido con otro fanfiction es mera coincidencia.

Los comentarios entre comillas (" ") y cursiva son pensamientos de los personajes.


Capítulo IV: Papeleo

"Su solo recuerdo la horrorizaba, como algo atroz que la hubieran obligado a cometer."

—Horacio Quiroga


Rivaille caminaba tranquilamente de regreso hacia el lugar de entrenamiento mientras leía atentamente los informes que había dejado botados anteriormente en su habitación; si algo lo distinguía era ser un poco cascarrabias al momento, sin embargo siempre cumplía con las tareas que le eran designadas, un poco tarde pero las hacía. Y esta vez no habría excepción, aunque tuviera sueño, estuviera molesto por tener que ser niñera de un par de novatos y que no lo respetasen tendría que cumplir con su asignación quisiera o no. De todas formas le debía la vida misma a aquel Comandante. Levantó su vista y observó claramente como Petra hablaba con Erwin, no pudo evitar apresurar el paso para oír lo que comentaban pero cuando estaba a punto de llegar el Comandante se marchó sin hacerle caso omiso.

Frunció el ceño y caminó hacia la muchacha de pelo marrón.

—¿Yo? Como haría eso, si aquel mini sargento es toda una bestia incontrolable —percibió a la perfección como la chica decía entre risas.

Un ligero tic se apoderó de uno de los ojos del mayor al saber que hablaba de él. Se acercó a la chica y con suma rudeza presionó su hombro.

—¿Se podría saber de qué se ríe soldado? —notó al instante como la pequeña chica se retorcía de dolor y sorpresa ante el acto.

—C-cosas sin importancia sargento —contestó temerosa mientras se separada de él.

—Eso espero, ¿te que hablabas con Erwin?

—¡Ah!... ¿Yo? De nada —su nerviosismo se hacía cada vez más notorio.

—¿Por qué haces eso? —interrogó Rivaille—. Me molesta.

—¿Q-Que cosa —tragó saliva—… señor?

—Poner es cara de temor y tartamudear como niñata espantada, dime ¿acaso doy tanto miedo? —frunció el ceño.

—Pues... Pues vera... —Petra dudó pero al fin habló firmemente—. Para ser honestos, sí. Solo basta con ver lo que le hizo a mi compañero Auruo y es más, conmigo es igual de violento. ¿Acaso no le enseñaron modales, señor? —Petra no era una mujer sumisa, así que simplemente reprochó indignada.

"Mátala... ¿qué esperas?" pensó Rivaille para sí, mientras trataba de no perder los estribos.

—¿Modales dices? —contestó entre dientes—. Dime, exactamente quién de los dos fue el que agredió a un superior ¿eh?

—Fue un error a cualquiera le pasa... —fue interrumpida.

—No, no a cualquiera le pasa. Solo a un idiota le ocurre. Mocosa, si no te gusta todo esto entonces lárgate con tu papi a llorar sobre lo cruel que es tu jodida vida —dijo sin pensar.

Petra no dijo nada, solo se dio media vuelta y se alejó de allí tranquilamente.

"¿Acaso me ignora?" se cuestionó el pelinegro. "¿O es que dije algo malo?"

—¡Oye, no olvides que todavía no acaba el entrenamiento! —le gritó enojado.

—Lo sé... —dijo la chica en susurro mientras se alejada del lugar.

"Mocosos" pensó el pelinegro mientras seguía leyendo sus papeles.


Ya pasados los 10 minutos el patio se volvió a llenar de gente. Todos se posicionaron en firmes mientras el sargento al mandó se acercaba a dar órdenes nuevas, sin embargo, faltaba alguien entre todos ellos, aparte de Auruo que seguía en la enfermería. Aun así el sargento no dio importancia a la ausencia de Petra y siguió la rutina tranquilamente.

—Ahora que todos están limpios, van a dirigirse al salón de estrategias para que empiece su formación teórica. Sin embargo, cabe recalcar que el lugar esta asquerosamente sucio, así que ustedes se encargaran de limpiar todo y poner las cosas en orden. Iré en una hora a supervisar que todo haya quedado impecable, y si es así; aunque lo dudo, podremos iniciar a trabajar. ¿Ha quedado claro mocosos?

—¡Si señor! —asintieron todos.

—Por cierto, no irán a almorzar hasta que terminen la limpieza adecuadamente. Bien, ahora largo —concluyó para después irse a paso lento.

Los demás caminaron cansados hasta aquella habitación sin reproche alguno, sabían bien que si se quejaban terminarían igual que Auruo.


Petra después de charlar con su superior perdió cualquier gana de seguir allí y muy desanimada se dirigió al gran salón. Suspiró agotada y se sentó en una de las sillas mientras recargaba su cabeza en la mesa.

"¿Y si mi padre tenía razón? Debería haberme quedado en casa. No creo durar aquí mucho tiempo y más si un hombre tan cruel es quien me enseña, supongo que debería darme por vencida" bufó.

—Así que aquí estabas ¿eh? —oyó a lo lejos. Al instante reconoció aquella voz, aun así no dio importancia y prefirió ignorar a aquel odioso hombre.

—Te estoy hablando mocosa —volvió a escuchar, pero no hizo nada.

"¿Por qué se empeña tanto en molestar?" preguntó para si la chica.

—Bien, si así lo quieres —Petra levantó la cabeza rápidamente al sentir como azotaban algo a su lado—. Maldición, quieres ponerme atención por un segundo.

—¿Qué es lo que desea ahora sargento? —contestó monótonamente.

—Necesito que llenes esto por mí —ordenó mientras señalaba un folder con algunos papeles en la mesa—. He de creer que conoces a la perfección a tus compañeros. Por cierto, parece que no te ha importado en lo más mínimo asistir a tu clase de estrategias. Dime ¿acaso estas buscando problemas?

—¿Por qué no llena todo este papeleo usted? ¿No se supone que es su trabajo? —reclamó ignorando la otra pregunta.

—Y a ti que te importa si lo es o no —respondió molesto —. Deberías agradecer que no te hice lo mismo que al podre idiota de hace rato, prefiero dejarte este castigo. Lee bien todo lo que dice allí y contesta los informes a la perfección.

—¿Y qué hay de la clase de estrategias? —se excusó la chica.

—Luego, personalmente te daré una. Ahora a trabajar, cuando termines vas a mi oficina y me lo entregas —aclaró mientras se iba.

—¿Dónde está su oficina señor?

"Bien, ahora resulta que me tratara como su secretaria. No creo poder soportar estar mucho tiempo con este patán" pensó Petra mientras hacía pucheros.

—Ese no es mi problema, espero que esos informes estén bien cuando me los entregues —sin más salió del lugar.

—Malditos seas —susurró Petra mientras se paraba e iba directo a su habitación para llenar los informes.

"Si esto sigue así, supongo que me largare de aquí, con alguien como él jamás aprenderé nada."


"Puede que haya sido un poco aprovechado, pero que va... luego se lo compensare. Tal vez una palmadita en la cabeza y decirle 'buena chica' sirva de algo" pensó el pelinegro mientras caminaba un tanto agotado a sus aposentos.

—¡Oye Rivaille! —lo llamaron a lo lejos.

"¿Y ahora qué?" maldijo internamente mientras volteaba la cabeza de donde prevenía aquella molesta voz que conocía a la exactitud.

—¿Qué quieres cuatro ojos?

—¿Que acaso no puedo venir a hablar con mi peque sargento favorito? —comentó la pelirroja mientras gimoteaba.

—No. Jódete Hanji —insultó mientras retomaba su andar.

—Ya, vamos, no seas así. El comandante me dijo que quería los papeles antes de las 10:00 p.m. —informó—. ¿Ya los has empezado? —no obtuvo respuesta—. Supongo que a aun no —agregó burlonamente—. ¿Cómo te fue? ¿Has encontrado a alguien más pequeño que tú? —preguntó curiosa.

—¿¡Quieres callarte!? Lárgate de aquí ¡ahora!

—Pero...

—¡Ahora he dicho!

—Está bien. Como quieras —dijo Hanji mientras salía corriendo del lugar.

El azabache caminó molesto a su habitación hasta que recordó lo que esa loca había dicho: "Antes de las 10:00 p.m." Se paró en seco y cambio su rumbo aún más molesto.

Después de un par de minutos llego a donde quería. Los dormitorios de las chicas.

"He de pensar que esa chica ha venido aquí, ahora... ¿cuál de todas estas cabañas será la suya?" preguntó mientras bufaba.

Para ser honestos a aquel hombre no le importaba en lo más mínimo si lo tachaban de pervertido al estar cuchichiando en ese lugar. Lo único que quería era decirle a esa mocosa que quería esos informes antes de las diez para después retomar su trabajo como "niñera".


Petra se encontraba recargada en su escritorio leyendo detenidamente cada hoja y siguiendo las instrucciones al pie de la letra. Al parecer no era tan pesada la cosa, solo tenía que poner las actitudes y habilidades de cada uno de los soldados. Fácil para ella que los conocía desde hace varios años. Estaba a punto de empezar a escribir mientras remojaba la pluma en la tinta cuando: "¡Pum!" un gran golpe se oyó al otro lado de la puerta para que a continuación se escuchara un gran grito que si no mal entendió decía: "Pervertido."

La chica curiosa se levantó de su silla, abrió la puerta y asomó su cabeza hacia el pasillo. Y allí estaba tendido en el suelo su sargento al mando con una canastilla en la cabeza y a su lado una joven un tanto enojada.

—Diablos —escuchó que él decía.

—¿S-Sargento Rivaille? —preguntó Petra aun sin creérselo.

Él se quitó aquel objeto de la cabeza y la observó con disgusto. Se reincorporo inmediatamente y le arrojo el canasto a la chica indignada a lado suyo.

—Toma tu porquería —después se dirigió a Petra —. Con que aquí estabas —tomó a Petra de la mano y la jaló de vuelta a su habitación.

—Pero sargento ¿qué hace aquí?

Rivaille cerró la puerta de un portazo una vez dentro del dormitorio y soltó a la chica del agarre.

—¿Sargento qué hace aquí? —preguntó de nuevo Petra muy sorprendida.

"Ahora resulta que es un pervertido" pensó Petra mientras subía su guardia.

—Vine a buscarte pero parece que esa chica de haya se molestó solo porque entre sin permiso a su "habitación" —explicó encogiéndose de hombros.

—Pero sargento. ¿Que acaso no le enseñaron modales? —regañó —. Usted no puede entrar a la habitación de una dama sin antes tocar primero.

—Que importa no tengo tiempo para formalidades —se evadió—. ¿Ya has empezado el papeleo?

—Estaba a punto de... —fue interrumpida.

—Que bien, apresúrate ahora mismo que los necesito para antes de las 10:00 p.m.

—¿Pero quién se cree que es? —reclamó muy indignada.

—Tu superior —dijo frunciendo el ceño aún más—. Apresúrate, ahora mismo.

—Pero sargento, yo... —su explicación se vio callada de nuevo.

—Petra ¿verdad? —preguntó y la chica solo se limitó a asentir—. Voy a serte sincero —el pelinegro caminó a la litera y se recostó en la cama de abajo—. No suelo hacer esto y menos con chicas como tú, pero en verdad —bostezó— estoy cansado, así que, buena suerte —se dio media vuelta y se dispuso a dormir.

—S-Sargento, en realidad no está pensando dormir en mi cama ¿cierto? —dijo Petra un tanto sorprendida.

—Sí, ¿algún problema? —comentó somnoliento—. Despiértame en media hora.

Petra se quedó allí parada, completamente estática. "¿En verdad él es la esperanza de la humanidad?"


Rivaille no lo negaba en lo absoluto, tenía ganas de echarse a reír en cualquier momento al ver la cara de aquella chica.

"Luego lo compensare. Ahora a dormir" se acomodó y cerro en los ojos. Tiempo después quedo dormido.

...

El pelinegro abrió los ojos pesadamente mientras se reincorporaba y bostezaba perezosamente. Al fin había logrado descansar un poco, se levantó de la cama y tallo sus ojos. Era tarde pero no tanto para dejar aquella habitación en completa penumbra. Saco su reloj de bolsillo y observo la hora: 6:40 p.m.

"Mmh no es tan tarde... todavía hay tiempo" agregó.

Volteo a todas partes en busca de aquella chica de estatura baja y la encontró recargada en la mesa. Al parecer se había quedado dormida.

"Más le vale haber terminado mis deberes" se acercó a ella y recogió con cuidado los papeles de la mesa. Observó detenidamente cada informe y notó que faltaba una a llenar, era la de ella. "Bueno por lo menos es honesta" pensó y enfocó su vista en la chica. "Ahora que lo pienso, siento que conozco a esta mocosa de alguna parte, pero la pregunta es ¿de dónde?" agitó la cabeza en señal de negación y dejo los papeles de nuevo en la mesa.

"Supongo que sería desconsiderado dejarla aquí, después de todo hizo lo que a mí me dio flojera hacer" suspiró con pesadez.

Tomó a la chica fácilmente entre sus brazos y caminó hasta la cama. Estaba a punto de llegar a la parte baja de la litera cuando sintió como Petra lo abrazaba del cuello inconscientemente y se acurrucaba en su pecho.

Rivaille ante esto le dio un ligero tic en el ojo. "Al demonio la voy a soltar" y cuando estaba a punto de hacerlo oyó como la muchacha hablaba entre sueños.

—Por favor madre... —se aferró más al sargento— no me dejes...

El soldado por mucho que quisiera arrojarla al suelo, tomar sus papeles e irse no pudo evitar sentirse incomodo por la sensación que le invadió; un sentimiento de odio a si mismo. Bufó y después la deposito en su cama. Con suma delicadeza quito las manos de Petra de su agarre y la arropó con las cobijas.

—Por favor... no te vayas —volvió a oír a la chica hablar entre sueños.

Se maldijo internamente. Tenía que salir de allí, esa chica le hacía recordar cosas que él había prometido olvidar. Se reincorporó, tomó las hojas y las metió en el folder para después salir de la habitación cerrándola silenciosamente.

—Sargento Rivaille, con que aquí estaba —percibió al instante como una chica lo veía curiosamente mientras terminaba de cerrar la puerta.

"Mierda, sabía que algo se me olvidaba" se abofeteó imaginariamente, al parecer Petra había olvidado despertarlo para que prosiguiera con la formación de los novatos.