Robando tu corazón
4. Dos amigos y una muy mala noche
- ¡Pichit! ¿Dónde estás?- Yuuri entró a toda velocidad a la casa buscando a su amigo.
- Yuuri… estoy aquí
En el sillón de dos cuerpos que estaba en la sala, se encontraba Pichit. Yuuri se acercó a él al oír su voz. El pobre tenía los ojos rojos e hinchados de tanto llorar. Tenía una manta encima y estaba hecho bolita hacia un costado. Tomó asiento al lado de su amigo, el cual de inmediato puso su cabeza en el hombro del japonés. Yuuri rodeo al tailandés con sus brazos en un fuerte abrazo y empezó a acariciar sus cabellos con la yema de los dedos en un intento por calmarlo.
- Todo está bien, ya no estás solo Pichit
- Yuuri… snif… él ya estaba así cuando yo llegue… no pude hacer nada
- Tranquilo, no es tú culpa. Lamento que pasaras por esto solo… yo debí haber estado aquí
- ¡No! No digas esas cosas, sabíamos que tarde o temprano esto sucedería
- Si… ¿Dónde está?
- Arriba, en el mismo lugar de siempre. No fui capaz de…
- Está bien, yo me ocupare del resto, tú descansa por hoy
Pichit se aferró a los brazos de su amigo. Cuando Yuuri comprobó que este se encontraba profundamente dormido lo acomodó en el sillón y lo cubrió con la manta. Se dirigió a su propio cuarto en busca de una cajita que ya habían preparado de antemano. La encontró y fue hacia la habitación del tailandés.
El cuarto de Pichit era un poco más grande que el de Yuuri, pues este tenía más cosas y necesitaba espacio para sus computadores. El japonés dirigió la mirada hacia un rincón de este, ahí se encontraba lo que venía a buscar. Camino hacia dos pequeñas jaulas, estas albergaban los tesoros más queridos de su amigo, sus hámsteres. En la Primera jaula había tres bolitas peludas acurrucadas durmiendo, en la segunda estaba él. El hámster más querido por Pichit y por el mismo Yuuri, el Sr. Sneebels. Tieso y frío. Yuuri no pudo evitar sentir una opresión en el pecho al verlo en ese estado, abrió la pequeña puerta y depositó el pequeño cadáver en la cajita.
Mientras se encaminaba hacia la cochera para dejar al hámster que mañana enterraría con Pichit, no pudo evitar pensar en lo importante que fue el animalito en sus vidas, sabían que este momento llegaría pues el pequeño ya tenía más de 5 años, lo cual pasaba enormemente la edad promedio que estos suelen vivir.
El Sr. Sneebels, el primer hámster que su amigo adopto una vez se instaló en Detroit, cuando aún no vivían juntos. Según Pichit el animalito era especial, pues podía distinguir los cambios de animó de las personas, eso fue muy reconfortante para el tailandés cuando pasó por el periodo de adaptación en el nuevo país.
Cuando se mudaron juntos Yuuri estaba en mitad de su depresión por no poder seguir patinando. Por esa época Pichit solía poner al Sr. Sneebels entre sus manos para que el japonés lo acariciara cuando se sentía triste. El moreno decía que era el mismo hámster el que le avisaba cuando su amigo se encontraba mal, y así siempre llegaban los dos a su habitación para reconfortarle. Yuuri nunca supo si eso era verdad o no, pero no podía negar que ellos siempre aparecían cuando él se encontraba sumiéndose en la tristeza.
Con el tiempo el mismo Yuuri se encariño con el roedor. Cuando Pichit no estaba o llegaba tarde solía sacarlo de su jaula para que le hiciera compañía. Realmente fue un gran salvavidas en esos días, así que en el fondo estaba muy agradecido de lo que el Sr. Sneebels significaba para él y su amigo.
Al día siguiente se dirigieron al cementerio de mascotas de la ciudad, que por suerte no quedaba lejos de su casa, lo que significaba que podrían ir a visitar al recién fallecido hámster con relativa facilidad. Hubo una pequeña ceremonia auspiciada por los dos, y cada uno le dedico unas últimas palabras al amado Sr. Sneebels. Por último se fueron a casa en silencio, una vez ahí, en forma automática se sentaron en el sillón de dos cuerpos de la sala.
- ¿Qué quieres hacer hoy Pichit?
- No lo sé- el moreno se notaba visiblemente deprimido aún- Tal vez… ¿Emborracharnos? No parece una mala idea
- ¿A esta hora? Apenas si son las dos de la tarde y… está bien, vamos- Yuuri no pudo decirle que no a su amigo, si él quería emborracharse para olvidar un rato su dolor, lo acompañaría.
Fueron a un pequeño bar del centro, se sentaron en una mesa y pidieron unas patatas fritas y cuatro cervezas. Las primeras se la bebieron en silencio y casi de un trago, la segunda un poco más calmados y comiendo de las papas.
Al cabo de tres horas la mesa estaba llena de latas de cervezas. Eran cerca de las 7 de la tarde y el bar comenzaba a llenarse. El par de chicos, que ya estaban un poco ebrios, decidió subir el grado alcohólico pidiendo unos shots de tequila. Cuando llego la primera ronda a la mesa, el mesero no se resistió en preguntarles cual era la razón de que estuvieran bebiendo desde tan temprano.
- Un buen amigo se ha ido- respondió Pichit
- ¡Oh! Lo siento- se disculpó el mesero- … la casa invita la siguiente ronda
- Gracias- dijo Yuuri levantando su vaso- ¡Por el Sr. Sneebels!
- ¡Por el Sr. Sneebels!- Secundó Pichit y de un solo trago bebieron el tequila.
El mesero no pudo evitar pensar en qué clase de nombre era ese, pero lo más probable era que se tratase de un sobrenombre, uno muy gracioso por cierto.
- Ese nombre me recuerda a mi hámster- susurró el mesero.
- ¡¿Qué?!- Preguntó Yuuri en un tono más fuerte de lo que en realidad quería.
- No… yo decía… ¿Ya vieron el periódico de hoy? Tengan se los dejo- si algo le había enseñado su profesión, era a no meterse con los ebrios, así que la mejor idea por ahora era emprender la retirada- Que disfruten sus tragos, les traeré la siguiente ronda
Cerca de las diez de la noche ambos estaban visiblemente ebrios, pero aún consientes, así que decidieron continuar bebiendo en la comodidad de su hogar. Pagaron la cuenta y se fueron dando tumbos hasta su casa. Una vez ahí ambos se echaron en el sillón de la sala con una cerveza en la mano.
- ¡Yuuri! mira esto- Pichit sostenía el periódico del bar entre sus manos y se encontraba señalando un artículo de este.
- "Las joyas más originales que estuvieron en Detriot abandonaran hoy en la noche la cuidad para dirigirse a su próximo destino Las Vegas a 3240 km de distancia. Nos referimos a las peculiares joyas "Los ojos del Hámster"- Junto al artículo aparecía la foto de un hámster tallado en piedra y en el lugar de sus ojos había un par de relucientes esmeraldas verdes. Yuuri miró desconcertado a Pichit.
- ¿No lo vez Yuuri? ¡Son perfectos para el honrar la memoria del Sr. Sneebels!
- ¿Qué?... tú estás loco ¿Cómo piensas conseguirlas? ¿Acaso vas a robarlas?
- No. Yo no, eso lo harás tú
- Pff… -Yuuri escupió la cerveza que tenía en la boca en ese momento- ¿Qué yo que? ¿Qué pasa si nos descubren? ¡Iremos a la cárcel! ¿Por qué no lo haces tú?
- No tú tienes mejor estado físico, además yo puedo hackear el sistema de seguridad, dándote acceso al recinto. Aquí- dijo apuntando al periódico- sale a qué hora y en que sitio estarán las esmeraldas. Solo tienes que entrar, tomarlas e irte, yo me encargo de que nadie te note ¡Vamos Yuuri! ¿No suena emocionante?
El japonés era consciente de que habían bebido mucho, y que tal vez era el alcohol hablando, pero al ver la cara e emoción de su amigo, no pudo negarse. Total si veía que era muy difícil, solo se iría de aquel sitio y Pichit lo dejaría tranquilo.
- ¡Está bien! ¡Hagámoslo!- dijo envalentonado gracias al alcohol.
