- Dos semanas... ¡dos jodidas semanas! - gritaba Sanji mientras pateaba la arena seca de la playa.

Zoro se limitaba a observarle calmado, sentado en una roca.

- ¿¡Por qué tardan tanto!?

- Quizá tu querida navegante, no es tan buena como pensábamos – respondió el peliverde, terminando la frase con un ligero suspiro – De todos modos, no deberías preocuparte tanto, sabes que no nos dejaran aquí.

El cocinero caminó hacia él, aún envalentonado – No por propia voluntad, pero, ¿¡y si la corriente nos trajo al quinto coño del mundo?!

Zoro volvió a suspirar. Sanji siempre era insoportable, pero esa mañana estaba bastante peor. Llevaban dos semanas en la isla, y no había pasado nada. Su rutina era simple: levantarse a la hora que quisieran, cazar, comer, descansar, cenar y volver a dormir. Amén de todos esos ratos que pasaban peleando. Aunque lo cierto, es que salvo por esa mañana, casi todos los días pacíficos. No se peleaban, no discutían (apenas) y conseguían mantener conversaciones entretenidas disfrutando de la compañía del otro.

Todo era muy raro. De hecho, algo tenía que estar yendo mal, al menos en la cabeza del rubio, dado que éste volvió a su actitud estúpida e insoportable de siempre, cuando Zoro le dijo de cachondeo que ahora eran algo así como BFFs (N/A: Best friends forever= Mejores amigos para siempre). Es aquel momento, Sanji había palidecido y se había puesto de mal humor casi al instante.

Sanji sabía que esto iba mal, que no podía estar pasando. Llevaban tantos días tan calmados y agradables, que asustaba. Empezaba a acercarse demasiado al espadachín, y eso no era bueno. No, no lo era. Con él, no era como estar con Usopp, o Luffy, o Franky, o Brook. Se le hacía distinto, no sabía por qué, quizás por la rivalidad, por tener la misma edad... Pero había algo raro en ello.

Tenían que volver al barco, lo antes posible, volver a la normalidad.

Además, para agravar más aún la situación, no había mujeres, y tenía que pasar la mayor parte del tiempo con Zoro, ya que sino se perdería, lo cual no le daba tiempo ni espacio para... aliviarse.

El cocinero se preguntaba si el espadachín no tenía problemas con eso, siempre tan estoico.

Además, durante el día, Zoro no hacía más que "provocarle". Él sabía que lo estaba haciendo sin querer, después de todo, su comportamiento de ahora en comparación con el que tenía abordo, no era distinto. Se quedaba sin camiseta durante casi todo el día. ¿Que por qué? Oh, bien, Sanji obtuvo la respuesta un día cualquiera:

- Oi, tengo una duda existencial... - Zoro asintió, y el rubio prosiguió – Si no estás haciendo ejercicio, y no hace excesivo calor, ¿para qué demonios te quedas sin camiseta? No hay mujeres ante las que puedas lucirte aquí, marimo.

- Bueno, yo sudo bastante, no sé por qué, e intento ser considerado, ya que cada noche duermes con mi camiseta, de no dártela apestando a sudor.

"Estúpido marimo, ¿qué mierda... ?" No volvió a mencionar ese tema. Estúpido espadachín, estúpida alga.

Aquel día, al caer la noche, Sanji y Zoro se metieron en la cabaña. El rubio había estado todo el día esquivo, dándole vueltas a la cabeza, y contestando borderías a diestro y siniestro.

Una vez estuvieron los dos tumbados en sus respectivas hamacas...

- Oi... Marimo...

- ¿Hm?

- Estás muy callado, ¿pasa algo?

- No – se acomodó dándole la espalda a Sanji, pero en seguida volvió a girarse - ¿qué es lo que ha cambiado... hoy? - preguntó con curiosidad – No es que me importe. Estoy acostumbrado a nuestras peleas, pero así tan de repente volver a la rutina... ha sido un shock – rió un poco.

- No lo sé – mintió – Quiero volver al barco... sólo... eso...

- Ya, bueno, yo también – rió – no es que no me guste éste sitio... podíamos haber acabado en un sitio peor. Este es el tipo de lugar que te buscas cuando te retiras de la piratería... ya sé donde me vendré yo – rió de nuevo.

- ¿Aquí solo? Muy ermitaño por tu parte, pero supongo que es lo tuyo – rió el rubio – Yo... cuando encuentre el All Blue, porque lo encontraré – aclaró – pondré un barco restaurante allí... como el del viejo.

- Típico de un cejillas.

- Típico de un marimo.

Ambos se miraron, y rieron, casi en un suspiro.

- Además, se me está acabando el sake... queda una botella creo... moriré si no nos encuentran ya.

- Sobreviviste a Mihawk y a Thriller Bark, sobrevivirás a la abstinencia de alcohol - "Pero yo no se si sobreviviré a la abstinencia carnal" pensó el rubio.

- No es lo mismo. Dos requieren aguante y fortaleza física, el otro, requiere fortaleza mental, cosa que tengo, pero que es más fácil de debilitar en ciertos casos. Por ejemplo, el aislamiento, como ahora.

- Gracias por la parte que me toca – respondió Sanji.

Zoro sonrió – En fín...

Sanji se quedó un largo minuto pensativo - ¿qué te parece si mañana hacemos una cena abundante?

- ¿Huh? ¿Qué celebramos?

- ¿Que no estamos muertos?

- Supongo que es un buen motivo... al menos es mejor que los que da Luffy cuando quiere hacer una fiesta.

- Cierto

- Eso me recuerda... ¿Cómo va tu herida, cicatriza bien?

- Sí, ya apenas hay marca... – tras ésto, se hizo un silencio sepulcral, que el rubio rompió - ¿Me dejas tu camiseta... otra vez?

Zoro volteó para mirarle, y asintió pensativo en silencio. Sin dejar de mirarle, de deshizo de su camiseta y se la acercó a su hamaca. La mirada que compartieron era tan intensa que Sanji ya había entrado en calor. "Mientras mi pene esté frío todo irá bien" pensó. Se puso la camisa y se recostó de nuevo.

- Buenas noches – comentó el peliverde.

- Buenas noches.