Beyblade no me pertenece...
Dejo un capítulo más, espero que lo disfruten y que me dejen conocer sus opiniones y propuestas, así como sus quejas XDDD
¡Saludos, gracias por sus lecturas y Reviews!
¿Papá? ¿Debo llamarte así? ¿Me criaste? ¿Me cuidaste? ¿Velaste por mí?
-oO0( ¿Papá? )0Oo-
Por Kiray Himawari
Capítulo IV. Shhh… Nos Vemos en el Torneo
Soñar y dormir son las principales actividades que se realizan por las noches, sin embargo las personas a veces optan por contar anécdotas, contar historias, para recordar viejos tiempos y para platicar sobre los actuales. Dicen que conocer a una persona en su totalidad es imposible, pero en ocasiones, como esta noche, es posible descifrar comportamientos a través del pasado.
– Ritsuka ya nos ha demostrado que juega muy bien BeyBlade, y ¿qué hay de ti, Kazumi? – cuestionó Ray.
– ¿Yo?... Pues… Creo que sé algo. A decir verdad no sé mucho, no es algo que haga a menudo, pero a veces Ritsuka quiere jugar y no siempre está Kai, así que me ha tenido que enseñar un poco – respondió la pelilavanda.
– ¡Qué sorpresa! Ritsuka y Kazumi, beyluchadores y alumnos de Kai, ¡quién lo diría! – exclamó Max.
– A mi me parece que Kai siempre ha estado dispuesto a ayudar – agregó Hilari.
– ¡Claro que no! – replicó Tyson – A nosotros nunca nos quiso enseñar nada. –
– Eso no es verdad, Tyson – refutó Kenny – Kai siempre ha querido entrenarnos, pero nunca aguantamos su ritmo o más bien no entendemos muy bien su forma de entrenar. –
– Cierto jefe, nos has querido enseñar pero no conoces muchas formas de hacerlo, eres muy exigente con nosotros, bueno eras, ¿eres así con Ritsuka y Kazumi? – cuestionó Ray.
– No es mi culpa que ustedes sean perezosos para entrenar; si mal no recuerdo me ignoraban todo el tiempo… Y respondiendo a tu pregunta, Ray, Ritsuka se esfuerza mucho, debo decir que me asombra a mí también, es muy fuerte y muy hábil con el BeyBlade, él es quien me exige más de lo que podría soportar su cuerpo. Es testarudo, pero eso le permite ser constante. Y Kazumi… Bueno… Lo aprende porque Ritsuka quiere jugar casi todo el tiempo y se ha visto en la necesidad de aprender, es buena sí, pero no te agrada del todo ¿verdad? – preguntó a Kazumi.
– Es un poco complicado todo lo que se tiene que hacer para un rato de diversión. Tiene su lado divertido. – respondió.
– Y ¿desde hace cuánto que entrenan? – inquirió Max.
– Bueno Ritsuka se interesó hace unos seis meses y yo sólo tres, gajes del oficio – rió la pelilavanda.
– ¡Qué raro que no hayas dicho nada Hilari! – protestó Tyson – Regularmente estarías defendiendo a Kai, como es tu costumbre o regañándome. –
– ¿Yo? – respondió, parecía distraída. – No… Yo… – se sonrojó un poco – ¡Déjame en paz, Tyson! Yo hablo cuando quiera, no necesito que… –
– ¡Ya Hilari!, estás loca – interrumpió Tyson – ¡Oigan ya se terminó la pizza! – exclamó desviando su atención.
– Te la terminaste, querrás decir – acotó Ray.
Tyson no había parado de comer, al igual que los otros, pero el moreno lo hacía de manera desmedida…
– Aún es temprano y la comida se acabó – Tyson.
– Nunca cambiarás, Tyson – Max.
– Nunca cambiará porque es un tonto – dijo ácidamente Hilari.
– ¡No soy ningún tonto! – Tyson.
– ¡Eres un…! – Hilari.
– ¡Basta! Si Ritsuka llega a despertar por su causa, no quiero pensar en lo que les haré… – interrumpió el ruso molesto.
– Lo siento Kai, no me di cuenta de que estaba gritando – se disculpó la castaña.
– Todo es culpa de Hilari, siempre me está molestando y… –
– Y ¿por qué no le haces caso, Tyson? – lo interrumpió Kazumi.
– ¡¿Qué? – Tyson y Hilari gritaron al unísono.
Todos los miraron, ambos estaban ruborizados a más no poder…
– Y dime Kazumi ¿cómo te va en la escuela? – inquirió Ray para no seguir con un tema tan penoso para los agraviados.
– ¿La escuela?... Pues... Bien supongo… – respondió notando la intención del chino.
– Y ¿tú, Kai? – siguió Max.
– Igual que siempre – contestó secamente.
– Vamos, ¿por qué no les presumes un poco, Kai? – Kazumi.
– ¿Presumir qué? – preguntó Tyson.
– Diles Kai… – insistió la pelilavanda.
– ¿Decir qué? Todo está normal – dijo con una mirada fulminante.
– Vamos Kai… – viendo la negativa a contestar – Verán, Kai tiene el mejor promedio de la preparatoria – dirigiéndose a los demás – Eso es digno de presumir, Kai, padre y estudiante modelo – dijo volteándolo a ver.
– ¿Eso es cierto, Kai? – inquirió Hilari.
La única respuesta que obtuvo del bicolor fue un ligero rubor en las mejillas.
– ¡Bah! – exclamó Tyson – Ahora resulta que eres toda perfección – sugirió con ironía – Yo creo que haces trampa en los exámenes y por eso tienes buenas notas. –
– ¡Tyson! En vez de que hagas esos comentarios, deberías aprender de Kai, porque tú tienes el peor promedio aprobatorio – defendió Hilari al bicolor.
– ¿Les parece si cambiamos de tema? – Max en un intento de calmar la riña – ¿Por qué no nos platicas de Dranzer, Kai? –
– ¿Dranzer?, ¿qué hay que decir? Ustedes la conocen – respondió el ruso.
– No, Max se refiere al ave de felpa de Ritsuka, es muy bonita, ¿de dónde la sacaste? – aclaró Kenny.
– Bueno es el juguete favorito de mi hijo, nunca la suelta y no le gusta que la toquen. Fue un regalo de su madre – respondió.
– Tal vez por eso la lleva a todas partes, es muy bonita – agregó Ray.
– Sí, es la pesadilla de Kai por eso. No sale, no duerme, no come y no se baña si no tiene ese juguete – Kazumi.
– Es su juguete favorito, no deberías molestarlo con eso –replicó el bicolor.
– Algún día la tendrá que dejarlo, Kai, y no lo puedes consentir con eso – Kazumi a la defensiva.
– Si lo deja, será porque quiera y no lo consiento, si la quiere llevar a todas partes es su problema – Hiwatari comenzaba a sonar molesto.
– No puede ser sano que te aferres a un objeto material – Kazumi elevaba su tono de voz.
– No es solamente un objeto material, ¡es un recuerdo que le dejó su madre! –
– Entonces… Tú… – paró de gritar la pelilavanda al ver fijamente a los ojos de Kai. – Yo no sabía, discúlpame... – dijo bajando la mirada.
– No importa… – dijo de mala gana el ruso.
– ¿De qué hablan? – preguntó Ray extrañado.
– Nada – cortó Kai volteando a otro lado.
– ¿Nada?... Verás, Ray, Kai conserva un recuerdo de su madre también, por eso entiende a Ritsuka, pero, como es su costumbre, no habla de eso con nadie. – Kazumi.
– Eso no tiene nada de malo, ¿Sabes? En ocasiones ayuda a sentir que tienes cerca de tus padres o algún ser querido – explicó Max. – Es probablemente lo más normal. –
– Pues no lo creo – cortó Kazumi – Yo no tengo nada de eso y no me afecta en lo más mínimo. –
– No es que te afecte tenerlo o no, es sólo que te ayuda a no olvidar – respondió Kai – Mi madre murió cuando era de la edad de Ritsuka, mi abuelo tiró todas sus fotografías, su ropa, todo lo que le recordara a ella. Era muy pequeño para grabarme su rostro, sus facciones y lo único que pude conservar fue… – se cortó su voz.
– Tu bufanda – terminó Kazumi.
– De no ser por ella, todo se hubiera ido al demonio… Tenerla cerca me recuerda su aroma, sus abrazos, su voz… – las lágrimas querían salir – Yo entiendo a Ritsuka, no es un juguete cualquiera, Kazumi, en ocasiones queremos olvidar todo, pero hay cosas que nos ayudan a seguir adelante. Tú quieres olvidar, pero yo no – terminó con voz firme.
– Perdón Kai, a veces se me olvida que todos sentimos, tienes razón, yo quiero olvidar todo y en el camino estoy hiriéndote con mis palabras – agregó Kazumi un poco avergonzada.
– No… Está bien… No es tu culpa… – pronunció el ruso evitando su mirada.
– Por eso me gustas tanto – dijo la pelilavanda pícaramente.
Todos la miraron como si hubiera dicho algo grave. Kai hizo una sonrisa extraña…
– Mejor déjate de bromas y… – decía el bicolor.
Un extraño golpe se escuchó cerca de las escaleras, voltearon todos enseguida, vieron a un pelirrojo sentado en el piso tocando su cabeza… Un llanto profundo, agudo y molesto se escuchó. Kai corrió a ver lo que ocurría. Ritsuka se había caído de las escaleras. Con regularidad se despertaba a mitad de la noche para buscar a su padre, para que éste lo arrullara de nuevo, lo hacía adormilado; la diferencia, en esta ocasión, es que Kai no estaba en su recámara por lo que el pequeño decidió ir a buscarlo a la sala, en donde había escuchado su voz… El bicolor lo alzó y notó que se sobaba su frente, entonces lo revisó asustado…
– Ritsuka, no te muevas, déjame ver que te pasó… – lo sostenía en brazos y el niño manoteaba ante el dolor intenso que sentía en su frente. – Déjame ver… – Lo revisó cuando el pequeño al fin se tranquilizó un poco.
Ritsuka tenía la frente roja y caliente a causa del golpe, fue cuando Hiwatari notó una protuberancia en el lugar. Luego de unos minutos el color púrpura de un moretón surgiendo en compañía de un chichón hizo que Kai lo acurrucara y le sobara la cabeza, lo besó a favor de la recuperación del pequeño. Kazumi se dirigió hacia la cocina, regresó con un mortero, un hielo y varias especias y hierbas…
– ¿Qué haces? – preguntó Tyson.
La pelilavanda se sentó en el piso, cerca de donde ahora estaba sentado Kai con Ritsuka. Colocó el hielo en el mortero, comenzó a colocar algunas especias y trituraba el hielo con el pilón, poco a poco fue agregando algunas hierbas más que llevaba consigo. Pronto se formó una pequeña pasta de color verde, era un tanto desagradable…
– Estoy preparando una pequeña pasta para que se baje ese chichón y se quite pronto ese moretón. – respondió sin detenerse.
Una vez que la pasta parecía estar lista, comenzó a untarla en la frente del pequeño…
– Está fría, Kazumi… Kazumi… Está fría… – lloraba Ritsuka, el cambio de temperatura no le había hecho gracia.
– Ya sé que está fría, pero te servirá para que ya no te duela tanto… – le decía mientras seguía untando aquella pasta verdosa.
– ¿Estás segura de lo que haces? – preguntó Kenny.
– ¡Claro! Verán que para mañana habrá desaparecido por completo. –
– Nunca había escuchado de un remedio como ese. – replicó Ray.
– Tal vez sea porque lo inventó mi madre. – respondió.
– ¿Tú madre? – repitió Max.
– Sí, verán, mi padre golpeaba mucho a mi madre y como no le permitía ir al hospital, mi madre buscaba la manera de curarse y, como no podía salir, experimentaba con varias sustancias y de pronto salió esto. Es bastante efectivo… ¡Listo! –
– Gracias, Kazumi. – dijo el bicolor.
– De nada, con esto bastará, mañana ya no te dolerá tanto. – dirigiéndose a Ritsuka.
De repente desde un punto diferente…
– ¡Miren que dejó Ritsuka por aquí! – dijo Tyson con una sonrisa burlona. Tenía a Dranzer entre sus manos.
Kai y Kazumi miraron fijamente a Tyson…
– ¡Ah! – gritó Tyson de dolor.
Todos miraron la razón por la que el chico de gorra gritaba… Un pequeño pelirrojo mordía su brazo izquierdo. Nadie supo como había llegado hasta allí, fue sólo en un segundo el que pasó. Tyson derribó a Ritsuka con un empujón soltando así a Dranzer… Ritsuka volvió a llorar desconsoladamente…
– ¡Mira lo que hiciste Tyson! – le reclamó Hilari.
Para ese momento se acercó Hiwatari, alzó de nueva cuenta a Ritsuka y recogió a Dranzer… Cuando tuvo una de sus manos libres, dio a Tyson un golpe seco en la cabeza, aunque no muy fuerte, frunció el ceño y se alejó de él…
– ¡¿Qué rayos fue eso? ¡¿Y por qué rayos hiciste eso? – Tyson.
– Eso te pasa por tocar a Dranzer sin permiso. – le respondió Kazumi con una sonrisa burlona – Y el golpe fue por hacer que Ritsuka llorara de nuevo. –
– ¡Pero yo qué iba a saber! Además creo que la reacción más natural, cuando alguien te muerde, es arrojarlo… – se defendió.
– Es sólo un niño, Tyson – le dijo Max.
– Niño o adulto ¡da igual! –
– No, no da igual. La próxima vez dejaré que Ritsuka de arranque la mano. – le dijo Kai molesto.
Ritsuka lloraba, parecía que no pararía.
– Cálmate, deja de llorar, por favor. – pidió el bicolor.
– Sabes que no lo hará. – agregó Kazumi.
– Creo que es un niño muy llorón. – dijo Tyson, quien contemplaba la marca que le había dejado el pequeño.
– ¡No soy un llorón! – replicó en medio del llanto.
– No, no eres un llorón, es tan solo que estás muy cansado – le dijo el ruso abrazando fuertemente al pelirrojo.
– ¡Papi! – sollozaba.
– Sólo cálmate, ya pasó, mañana desaparecerá el golpe con lo que Kazumi te puso. –
El pequeño no paraba, realmente estaba muy irritado, cansado de los días anteriores. El pequeño pelirrojo comenzó a acurrucarse una vez más, sus pequeños suspiros no paraban, jalaba aire a fuerzas…
– Creo que es todo por hoy. – agregó finalmente Kazumi.
– Eso creo. – apoyó Ray. – Lo mejor será ir a descansar, mañana regresaremos a casa y Ritsuka debe dormir al igual que tú, Kai. –
Kai sólo asentó con la cabeza. Se dirigió hacia las escaleras con el pequeño todavía en brazos, comenzó a ascender sin decirles algo. Mientras tanto los que se quedaron únicamente lograron escuchar algunos susurros que probablemente Kai le dedicaba a su hijo.
– ¡Qué situación más complicada! – exhaló Kenny.
– ¿A qué te refieres con eso, Jefe? – Max.
– Bueno, ser padre. Kai es muy joven y no dudo que sea muy responsable y eso, pero creo cometió un error al hacerse de responsabilidades a tan temprana edad. –
– Es cierto, por más que no me guste admitirlo, Kai esta vez sí se equivocó. – ese fue Ray.
– Les pido que no juzguen de esa manera a Kai. Aunque no lo crean es muy maduro y… –
– No lo juzgamos, Kazumi, solamente decimos la verdad. Desde que conozco a Kai jamás creí que pudiera pasar algo así, tan frío, tan distante y pensar que para ese entonces ya tenía un hijo… Eso me hace pensar en muchas cosas… – interrumpió Hilari.
– No sé desde hace cuanto lo conozcan, tampoco sé mucho de ustedes y su relación con él, lo que sí sé es que no permitirá que nada malo le pase a Ritsuka, si tan solo pudieran darse cuenta de lo mucho que se esfuerza para cubrir su 'error', como ustedes lo llaman, entonces sería diferente y lo apoyarían. –
– No te exaltes, Kazumi. Nosotros apoyaremos a Kai porque es nuestro amigo, no importa si se equivocó o no, contará siempre con nosotros – ese fue Tyson sorprendiendo a todos con sus maduras palabras.
– Eso es verdad, Kai es nuestro amigo y lo apoyaremos, pero debemos admitir que se equivocó esta vez. – Max.
– Espero que sea cierto, Kai tiene ya suficiente tratando de sobrellevar la situación y hace falta más que madurez para afrontarla. Como quiera que sea, debemos ir a dormir. – Kazumi.
– De acuerdo, mañana tenemos que irnos y hoy fue un día muy largo. – Hilari.
– Bien, vayan a dormir. – Kazumi, sonaba cansada.
– Claro que no, te ayudaremos a recoger todo este desorden – ese fue Ray.
– No es necesario, yo… –
– Vamos, Kazumi, no vinimos a aumentar el trabajo de esta casa. – intentó bromear Hilari.
Kazumi asentó. Comenzaron a recoger lo que había en la sala, donde habían estado cenando. Cajas de pizza, migas, vasos, platos, etc., iban siendo recogidos. Estaban acomodando los sillones que, por alguna extraña razón, estaban desalineados. El jefe aprovechó para ir a la cocina a dejar la última entrega de platos al fregadero, ya mañana tendrían la oportunidad de lavarlos. La cocina era bastante amplia, colocó los platos. No contuvo la curiosidad y comenzó a fijarse en los aparatos, todo parecía lujoso, lo último en tecnología de blancos. En ese momento escuchó a alguien llegar a la cocina. Kai venía con el pequeño Ritsuka, una vez más, en brazos. No le prestó mucha atención al Jefe, así que sentó al pelirrojo en la orilla de la barra-mesa del centro…
– Creí que habías ido a dormir, Kai – dijo tímidamente.
– Eso hice, pero Ritsuka tiene hambre. – respondió mientras se acercaba a la alacena.
– ¿No es un poco noche para cenar? – inquirió.
– Los niños no tienen noción de si es muy noche o no para comer, además está en pleno desarrollo. – sonaba bastante serio.
– Debe ser difícil cuidar tú sólo de Ritsuka. – decía mientras se sentaba en uno de los bancos de la barra-mesa.
– No lo cuido yo sólo, Kazumi es su nana y también cuida de él. –
Para ese momento Kai mezclaba la fórmula para darle al pequeño, la agitaba en un biberón…
– Es cierto, pero igual debe ser difícil entre la escuela, la casa y Ritsuka. –
– Lo es, pero no por esa deja de ser una grata experiencia. –
– Eso creo, te ves muy feliz con él – decía mientras pasaba su mano por la cabeza del pequeño.
Kai únicamente esbozó una sonrisa, sabía perfectamente eso. Ritsuka cambió su vida, le llenó un vacío que por años y años se había formado en su ser. Le dio el biberón al pequeño y lo alzó de nuevo…
– No vemos mañana. – fue todo lo que dijo.
Kenny lo miró salir de la cocina, su amigo estaba feliz, eso podía verse a kilómetros. Al igual que Kai salió de la cocina para encontrar a los chicos aún en la sala, afinando lo último de la limpieza. Se despidieron y fueron a dormir. La casa una vez más quedó en silencio.
A la mañana siguiente el primero en despertar fue Max, definitivamente no fue por dejar de tener sueño, sino que una necesidad fisiológica clamó por atención. Un poco somnoliento se dirigió al baño del pasillo, eran más o menos las ocho de la mañana. Al salir del baño logró escuchar el arranque de un motor, pero no prestó mucha atención a ello. Una vez más se dirigió a la habitación que compartía con los chicos y volvió a dormir. Dieron las once de la mañana y un delicioso aroma despertó a más de uno. Ray, Max y Kenny sintieron el olor de unos panqueques recién horneados, chocolate, café y tocino. Se arreglaron tan pronto como tuvieron acceso a la ducha. Se acercaron a la cocina y Kazumi junto con Hilari ya preparaban los platillos.
– ¡Buenos días, chicos! – saludó Kazumi.
– ¡Buenos días, chicas! – respondieron al unísono.
– No pensé que despertarían antes – dijo Max en medio de un bostezo.
– Bueno, ya era tarde y no podía dormir más, no acostumbró dormir hasta tarde los fines de semana – Kazumi.
– ¿Por qué no? – inquirió Ray.
– Porque Ritsuka y Kai se despiertan muy temprano, ya saben Ritsuka no desaprovecha cualquier oportunidad para pasar tiempo con su padre – aclaró Hilari, había estado conversando con Kazumi sobre el tema.
– ¡Qué rico huele! – se escuchó a Tyson acercarse, la comida hace un buen trabajo como despertador.
– ¡Vaya, Tyson! Por fin te despiertas sin la necesidad de que te griten. – molestó Hilari.
– Ya vas a empezar – replicó con fastidio.
– Mejor dejen de pelear y tomen asiento, ya llevo los platos. – indicó Kazumi.
– No te preocupes, te ayudaré – sentenció Max con entusiasmo.
– Muchas gracias – Kauzmi.
– Por cierto, Kazumi, ¿dónde está Kai? Dijiste que se despertaba temprano. – Ray
– Kai no se encuentra, salió desde temprano. – respondió al tiempo que se ponía en marcha hacia al comedor. – No debe tardar en regresar, regularmente vuelve antes del almuerzo. –
– ¿Y a dónde fue tan temprano? No me digas que a entrenar – Tyson ironizó.
– No, no fue a entrenar. Fue al cementerio. – dijo para avanzar y llegar a su sitio.
Nadie quiso agregar algo luego de esa respuesta. Se sentaron todos y cuando se disponía a comenzar a ingerir sus alimentos se escuchó la puerta de la entrada abrirse…
– ¿Me quieres? – preguntó el pelirrojo a su padre.
Kai paró en seco, el pequeño lo miró directo a los ojos. El bicolor se inclinó hasta quedar de frente a Ritsuka…
– ¿Qué clase de pregunta es esa? Sabes que te amo. –
– ¡Yo también, papi! – y le dio un tierno abrazo.
Llegaron al comedor y con sorpresa observó que todos le dirigían una mirada al verlo llegar…
– ¡Hola, Kai! – saludó Hilari.
– Hola – respondió secamente. – Vamos a lavarnos las manos para comer – se dirigió a Ritsuka.
El pequeño sólo asentó con la cabeza. Fueron y vinieron con rapidez. Tomaron asiento. Kazumi ya había colocado su almuerzo. El pequeño comenzó a comer animosamente mientras miraba a su alrededor el calmado ambiente…
– ¿Papá? – llamó.
– Dime –
– ¿Por qué me ven así? –
Ritsuka se había percatado de que lo miraban curiosamente, estudiando cada uno de sus movimientos, tratando de descubrir algo en él, se sintió un poco intimidado…
– Buena pregunta – respondió al notar de lo que hijo estaba hablando.
– Es que eres un niño muy lindo – se arriesgó Hilari.
– ¿Lindo? – replicó confuso. – ¿Papá? ¿Soy lindo? –
– Eso parece – dijo un poco divertido por la confusión del pequeño.
– ¿Tú también eres lindo? –
– Sí, tu papá también es lindo. –
– Deberías dejar de molestarme, Kazumi. – replicó Kai.
– Pero es divertido hacerlo. – se defendió.
– Para mí no lo es. – dijo sereno, no parecía molesto, pero tampoco a gusto con la situación.
– ¿Papá? – intervino el pelirrojo.
– Dime. –
– ¿El tío Ray se va a quedar para jugar conmigo mañana? – parecía esperar una respuesta afirmativa.
– No, Ray tiene obligaciones que cumplir y no podrá quedarse. – respondió.
– ¿Por qué? – inquirió con un dejo de tristeza.
– Bueno… Ray tiene que ir a la escuela, además vive un poco lejos y no puede venir sólo a jugar contigo. –
– ¿El tío Ray también va a la escuela? – preguntó sorprendido.
– Sí, Ray también va a la escuela. – parecía un poco fastidiado.
– ¿Papá? –
– Dime. –
– ¡Te quiero mucho! –
El bicolor sonrió brevemente, algo parecía molestarle… Entonces el teléfono sonó…
– Yo contesto. – se levantó rápidamente Kazumi.
El ruso asentó mientras veía a Ritsuka comer su almuerzo.
– Te levantaste muy temprano, Kai, veo que no has perdido la costumbre. – comentó Max.
– Prefiero estar despierto. – comentó en el mismo tono de fastidio.
Todos notaron su molestia, pero nadie se dignó a decir algo acerca de lo del cementerio, aunque todos sentían curiosidad, de alguna forma intuían que ese era el motivo de su desgano…
– ¿Kai?, – se acercó Kazumi luego de atender la llamada – te llaman de la compañía. – dijo para pasarle el teléfono inalámbrico.
Kai se levantó y se dirigió al estudio que estaba a unos cuantos metros de las escaleras. Ritsuka lo vio alejarse y no pudo evitar la tristeza…
– ¿Qué te ocurre, Ritsuka? – preguntó Max al notar que dejó de comer.
– Nada. – respondió sin mirarlo.
– ¿'Nada'? Te ves desanimado. – continuó Hilari.
– ¿Kazumi? – ignoró el pequeño a la castaña.
– Dime. – pidió la aludida.
– ¿Me va a dejar solito? – preguntó mientras la miraba a los ojos.
– No, es sólo que tiene que enviar algunos archivos, pero no se irá. – le dijo mientras revolvía sus cabello y limpiaba una de las lagrimitas que se formaban en sus ojitos carmín.
– ¿Entonces se va a quedar conmigo hoy? – volvió a preguntar con un poquito de ánimo.
– No voy a ir a ningún lado hoy, Ritsuka. – le respondió Kai.
Había terminado su conversación y estaba de vuelta, no pudo sentir una opresión el pecho al ver la tristeza en el pequeño…
– ¡¿Te vas a quedar conmigo? – inquirió muy animado.
– Es domingo, ya sabes que no me gusta dejarte los domingos. – eso definitivamente era una afirmativa.
Sin pensarlo saltó para abrazarlo del cuello, definitivamente estaba feliz.
– ¿Y bien?, ¿qué querían? – interrumpió Kazumi.
– Necesitan las gráficas para la reunión de mañana, las enviaré al terminar el almuerzo. – respondió.
– ¿De qué están hablando? – se agregó Tyson, realmente sonaba confundido.
– Trabajo. – fue la respuesta seca del bicolor.
– ¿Trabajo? – la castaña estaba desconcertada. – ¿También trabajas? –
– El dinero no se da en árboles. – fue su respuesta burlona, ya no sonaba con tanto desgano.
– ¿Y en dónde trabajas? – preguntó Max.
– Trabajo en la compañía de mi padre. – respondió, al parecer se ha vuelto más comunicativo.
– Creí que no te estabas llevando bien con él. – asumió Tyson.
No recibió respuesta, definitivamente ese era él de nuevo…
– Kai no le habla a su padre. Trabaja allí porque su padre se lo ofreció, realmente no estaba muy seguro, pero dadas las circunstancias tuvo que doblegar un poco su orgullo. – aclaró Kazumi.
– Ya veo. – dijo Tyson fijando su mirada en el plato. – No sabía que tenías problemas económicos. – agregó luego de un rato.
– No los tengo. – replicó Kai – A pesar de todo Voltaire dejó un fondo bastante considerable, sin embargo debo trabajar, la vida no se trata de vivir derrochando dinero, además quiero mantener una buena vida para Ritsuka, ¿no voy a quedarme sentado a ver si el destino me pone una olla de oro enfrente o sí? –
– No, creo que no – dijo un poco apenado Tyson.
Para esos momentos Ritsuka ya había dejado de comer y ahora se dedicaba a jugar con Dranzer, de un lado a otro la hacía volar. La mayoría observaba la gracia con la que disfrutaba la compañía del ave rojiza.
– Creo que ya es tiempo de volver a casa. – dijo la castaña finalmente.
– ¿Se van tan pronto? – preguntó la pelilavanda.
– Sí, mañana tenemos que regresar a la escuela, todavía no son vacaciones, así que debemos volver. – respondió Kenny dando a conocer su compromiso con la escuela.
– Eso es verdad, mañana tenemos que levantarnos temprano y debemos dormir lo suficiente, si no nos pasará lo que a Tyson todos los días… – agregó riéndose.
– ¡Oye! – saltó Tyson en autodefensa.
– Y ¿A qué hora se irán? – Kazumi.
– Pues si queremos llegar a tiempo, – miró Kenny su reloj – En una hora, el camino hacia la estación de autobuses es un poco largo y... –
– Tengo una idea, ¿Por qué no descansan otro poco y más tarde Kai los llevará a la estación de autobuses? Deben estar aún cansados de ayer y de paso ven con más comodidad el paisaje de Kioto. – sonrió la pelilavanda.
– ¡Oh, no! No quisiéramos molestar a Kai, debe estar muy ocupado… –
– Está bien, Ray, – habló el bicolor – más tarde puedo llevarlos. –
Eso fue inquietante, Kai se ofrecía para llevarlos, realmente se estaba convirtiendo en otra persona.
– ¿Estás seguro? – preguntó un poco confuso por la actitud.
– Sí, además creo que Ritsuka no quiere que se vayan todavía. – señaló con la vista a Ritsuka.
El pequeño ahora los miraba fijamente como esperando saber algo… Había dejado de juguetear y ahora se acercaba a Ray…
– ¿Tío Ray? – llamó con una tierna vocecita.
– ¿Qué ocurre, Ritsuka? – preguntó mientras lo alzaba y sentaba en sus piernas.
El pelirrojo se acomodó mientras abrazaba a Dranzer…
– ¿Te vas a ir? –
– Así es, tengo que ir a la escuela –
– ¿Por qué? – inquirió con un dejo de tristeza.
– ¿'Por qué'? Bueno este… –
– ¿No te gusta jugar conmigo? – lo interrumpió.
– No, claro que me ha gustado jugar contigo, pero tengo obligaciones que cumplir. – declaró tratando de sonar razonable con el pequeño.
– ¿Entonces? – lo miró fijamente mientras en sus orbes carmín se formaban lagrimitas.
– Ritsuka, Ray no se va porque no quiera jugar, también tiene cosas que hacer, tal vez vuelva luego para jugar contigo. – salió el bicolor en defensa del chino.
– Pero… – iba a replicar.
– Te prometo que vendré pronto… ¡Ya sé! – exclamó Ray animado. – Mejor convence a tu papá para que participe en el torneo con nosotros y así podremos jugar dentro de poco tiempo, ¿qué te parece? ¿Me ayudas a convencerlo? –
Ritsuka saltó de repente y corrió hacia donde estaba Kai y lo miró animosamente…
– ¿Papá? – llamó.
Kai ya sabía la pregunta…
– ¿Qué ocurre? –
– ¿Qué es 'participar'? – sus facciones reflejaban confusión.
Todos casi caen de sus sillas ante la pregunta inocente del pequeño, en especial Tyson…
– Dejaras de ser Ritsuka… – dijo Kazumi divertida por las reacciones de los demás.
El ruso hizo una sonrisa de medio lado mientras el pequeño intentaba acomodarse en su regazo…
– Participar significa… –
Kai se tomó el tiempo y la paciencia suficientes para dejarle claro lo que significaba 'participar'. Cuando finalmente lo dejó claro para el pequeño…
– ¿Me entendiste? –
– Sí, papi. – dijo contento. – Ahora, ¿Qué es 'convencer'? –
El pequeño Ritsuka era bastante minucioso cuando de saber se trataba. No era la primera vez que preguntaba por palabras que no lograba entender del todo, así que Kai ya estaba predispuesto a contestar cuanta duda se le ocurriera al pequeño, su arma contra las dudas era la paciencia. En un principio cuando el pelirrojo comenzó a preguntar, Kai no estaba muy dispuesto a dar explicaciones, pero entonces el niño sólo volvía a preguntar con una mirada enternecedora que el bicolor no podía resistir y terminaba por explicar con peras y manzanas cada término. Ahora con el paso del tiempo ya sabía cómo hacer a entender a un niño de tres años sin la necesidad de enviarle una mirada mortal. Kai terminó de explicarle una vez más…
– ¿Entonces vas a participar con el tío Ray? – dijo enseguida de la explicación.
Kai no contestó. Ritsuka sin recibir respuesta verbal entendió muy bien. Descendió y subió a su cuarto.
– ¿Por qué se fue? ¿Qué le hiciste, Kai? – reclamó Tyson al no entender lo que había ocurrido.
– No hizo nada, Tyson, sólo le está dando tiempo para pensar. – aclaró la pelilavanda.
– Pero si no dijo nada… – se agregó Max.
– No, pero conoce a su papá. –
Kai se levantó y caminó hacia su estudio…
– ¿A dónde vas? – trató Ray.
– Tengo que enviar unos archivos, ¿recuerdas? – y sin más avanzó.
El almuerzo había terminado. Ahora todos ayudaban a Kazumi…
– Kai se veía molesto – dijo la castaña.
– Kai no está molesto, creo que únicamente es cansancio. Últimamente trata de hacer muchas cosas a la ves, le he dicho que si no es necesario hacer tanto que yo podría dejar a escuela, pero el insiste. –
La charla se mantuvo por un rato. Llegaron a la conclusión de que Kai, de una forma u otra, seguía siendo muy aprensivo con su vida. Terminaron de recoger y ahora se dirigían a acomodar sus maletas para emprender en un par de horas el regreso a casa. Kazumi fue a revisar a Ritsuka a su habitación…
– ¿Ritsuka? – llamó.
– Aquí estoy. – dijo mientras levantaba su manita para que lo viera.
Estaba sentado en el piso, cerca de una pequeña mesita en la que dedicaba su labor de dibujar. Sus colores muy bien cuidados sobre la mesa, un bloque de hojas para dibujo…
– ¿Por qué te fuiste así de repente? – le dijo mientras se acercaba a sentarse a su lado…
– No sé – se encogió en hombros. – ¿Mi papá va a ir con ellos a jugar? – preguntó mientras seguía dibujando.
– No lo sé, no se ve muy convencido. Creo que preferiría quedarse a cuidarte, ya sabes que serán vacaciones pronto. –
– Y si va con ellos, ¿me va a dejar solito? – hizo un puchero mientras detenía su acción.
– No, en dado caso que quiera participar yo te voy a cuidar – le acarició su cabello rojizo.
– Pero yo no quiero que se vaya… – una vez más sus ojitos carmín se veían empañados por las lágrimas.
– No creo que eso suceda. Tu papá no te dejaría solo. Lo más probable es que si decide participar te lleve con él. –
– Pero… –
En ese momento entró Tyson en la habitación, la puerta permanecía abierta mientras charlaban…
– ¡Hola, pequeño Ritsuka! – saludó.
– ¿Tyson? – dijo la pelilavanda extrañada.
– ¡Hola, Kazumi! Vine a ver a Ritsuka. Ya terminé de hacer mi maleta, no soy como los chicos que cargan con todo lo que se les ocurra, prefiero la practicidad. – rió un poco.
Ritsuka lo miró, ya había limpiado sus ojitos…
– ¿Me vienes a ver? – preguntó confundido.
– Sí, quiero disculparme por lo de ayer. – mientras pasaba su mano por la nuca, un gesto bastante usual en él cuando está un poco avergonzado.
– ¿Ayer? – repitió.
– Sí, ayer no debí empujarte… Por cierto, ¿cómo sigue tu chichón? – dijo mientras se le acercaba y tocaba su frente.
El pequeño únicamente parpadeó haciendo más evidente su confusión…
– ¡Oye!, ¡no tienes nada! – dijo muy sorprendido. – En verdad que esa cosa que le pusiste es muy efectiva. –
– Eso creo, Tyson. – se sintió halagada.
– ¿Quieres jugar conmigo? – inquirió el pequeño espontáneamente.
– ¡Claro! – respondió Tyson animoso.
El pequeño se encaminó hasta uno de los cajones de un pequeño escritorio y sacó un rompecabezas…
– Mi papá me lo compró la semana pasada, pero no lo he podido armar, ¿me ayudas? – preguntó el pequeño mientras sobre el piso dejaba caer las quinientas piezas del rompecabezas de un paisaje de Kioto.
– ¿Esto te compró tu papá? – dijo mientras intentaba ocultar las ganas de gritarle a Kai un par de cosas sobre la diversión y los niños.
– No quería, pero yo insistí. – respondió al tiempo que se sentaba en el piso y colocaba una pieza para iniciar.
Tyson miró a Kazumi…
– Rituska no miente. – se encogió en hombros.
– De acuerdo, veamos si puedo ayudarte. –
Así se sentaron y comenzaron a armar el rompecabezas. Kazumi al notar que estaban tan entretenidos abandonó la habitación y se dirigió a continuar sus labores.
Era la vigésima vez que intentaba enviar los pesados archivos a través de correo electrónico, pero al parecer no iba a ser posible. Tomó el teléfono del estudio y marcó un número, luego de hablar unos breves minutos se dispuso a guardar las gráficas en un DVD… Una vez que terminó se disponía a salir cuando al estudio entró Kazumi…
– ¿Podemos hablar? – dijo muy seria.
– ¿Qué ocurre? – frunció un poco el ceño ante la actitud de la pelilavanda.
– ¿Piensas participar con ellos en el torneo? –
– ¿A qué viene la pregunta? –
– Ritsuka piensa que lo dejarás solo si participas en el torneo, está triste… –
Largó un suspiro y se sentó en un pequeño sillón dentro del estudio…
– Yo nada más quiero saber si lo dejarás así o no. –
– Kazumi, yo… – en ese momento tocaron a la puerta. – Adelante. –
– ¡Oh!, no sabía que interrumpía algo. – era la castaña.
Kai estaba con la mano recargada en la mejilla mirando al frente con fastidio hacia Kazumi…
– No interrumpes nada, Hilari, sólo estaba intentado averiguar qué es lo que Kai ha pensado sobre el torneo – lo miró inquisitivamente.
– Espero que hayas aceptado, Kai, los chicos no entrenan tanto si no hay quien les grite o que les haga saber que el entrenamiento es importante, eres perfecto como capitán – sonrió.
– Parece que les haces falta. – Kazumi comenzaba a sonar irónica, lo cual notó la castaña.
– ¿Me perdí de algo? – se puso nerviosa.
–Mira, Kazumi, yo no hago a un lado mis responsabilidades y si piensas que un juego es más importante estás muy equivocada, antes prefiero retirarme por completo. – diciendo esto ya molesto, el bicolor abandonó el estudio.
Hilari se quedó allí parada muy desconcertada ante la situación que acababa de presenciar y Kazumi quedó allí molesta.
– ¿Pasa algo malo? ¿A caso estabas discutiendo con Kai? ¿Puedo saber la razón? –
Kazumi la miró un poco apenada por lo que acababa de presenciar y es que tenía sus razones para haber discutido de esa manera. Kai realmente intentaba pasar tiempo con el pequeño, pero curiosamente sólo lo hacía en su casa. Cuando llegaban a salir era únicamente al parque o a lugares no muy concurridos y cuando eso llegaba a pasar tanto el pequeño como Kai se veían distantes al grado de no hablarse durante el trayecto. Esta situación hacía pensar a Kazumi que si se decidía por ir al dichoso torneo optaría por dejar al pequeño en casa por el tiempo que éste durara. En un principio creyó que iba a ser sencillo que aceptarían e irían sin problemas, más su renuencia a aceptar la oferta hizo recordar que a Kai no le parecía mucho la escena de su hijo en público, aunque en muchas ocasiones lo intentó fue en vano saber porqué tanto rechazo al ojo público.
– Nada, es sólo que… – se detuvo antes de continuar. – Creo que si Kai va al torneo, dejará a Ritsuka conmigo hasta que vuelva. – sonaba triste.
– ¿Eso te preocupaba? – inquirió, al ver que asentaba – Deberías dejar de preocuparte, estoy segura que Kai no haría eso, no ahora que está tan cambiado, estoy segura que es porque tiene trabajo o algo sí, pero no por querer dejar a Ritsuka aquí en casa solo. – sonrió.
– Eso espero, Hilari, eso espero. – diciendo esto salió del estudio.
Hilari estaba un poco extrañada ante la actitud de la pelilavanda, pero no le prestó mucha importancia en ese momento.
Kai llegó hasta la habitación de Ritsuka en donde también encontró a Tyson sentado en el piso intentado armar el rompecabezas que el pequeño no había conseguido armar en esos días.
– Ritsuka, necesitamos hablar. – Kai ni siquiera se detuvo a ver a Tyson o a decir algo.
– Kai, mira… –
– Ahora no, Tyson. – interrumpió el ruso.
Se notaba muy serio. El pequeño se levantó de inmediato y tomó la mano de Kai y se alejaron de la habitación dejando a Tyson muy desconcertado.
Pasó una hora y nadie sabía donde se habían metido, incluso Kazumi lo ignoraba. Tyson les había contado a los chicos, mientras que Hilari prefirió callar. Pronto vieron aparecer a Rituska muy feliz en los hombros de Kai sujetando a Dranzer mientras la hacía saltar en la cabeza del bicolor. Notaron su peculiar en la felicidad del pelirrojo. Kazumi miraba inquisidoramente a Kai y éste sólo la ignoró…
– ¿Están listos para ir a la estación? – preguntó sorprendiendo a todos con su buen humor.
– Sí, eso creo – respondió Ray algo confundido por lo que le había platicado Tyson.
– Bien, pues vamos. – Bajó a Ritusuka y éste corrió hasta Kazumi.
– Kazumi, Kaumi, mira lo que me dio mi papá… – diciendo esto le enseñó un pequeño beyblade color rojo como su cabello, era pequeño y muy brillante.
– Es muy bonito, Ritsuka. – luego miró a Kai.
– Vamos, si seguimos perdiendo el tiempo se hará más tarde. – dijo sereno.
Los demás asintieron y recogieron sus maletas, todos abordaron la camioneta y llegaron a la estación luego de un camino más o menos largo. Kai no se veía molesto ya, al contrario, había mirado por el espejo retrovisor y pudo ver al pequeño platicando con Max acerca de su nuevo beyblade. Bajaron todo el equipaje, el autobús estaba a punto de salir…
– Bueno, Kai, nos dio gusto saludarte y saber que te encuentras bien junto con Ritsuka, – dijo Tyson mientras le revolvía el pelo al pequeño. – Espero que si decides entrar al torneo nos avises, ¿de acuerdo? – se escuchaba un poco decepcionado al final.
– Mi papi sí va a jugar contigo. – respondió el pelirrojo.
– ¿Cómo? – se sorprendió Ray.
– Lo estuve pensando bien y Ritsuka terminó por convencerme, ¿cierto? – mientras sostenía su manita.
– ¡Sí! – sonrió animado.
– Eso nos da mucho gusto, Kai. – la castaña miró hacia la pelilavanda como presumiendo que había tenido la razón.
– Sólo hay una cosa que quiero pedirles. – su mirada tras los mechones de cabello y su tono serio los alertó un poco.
– ¿Qué ocurre, Kai? – Tyson.
– Necesito que nadie sepa lo de Ritsuka… – hizo una breve pausa, los demás creyeron que había algo mal, incluso Hilari recordó lo que Kazumi le había comentado – … Quiero darles yo mismo la noticia. – terminó finalmente, al notar las miradas de incredulidad. – Nadie les creería. –
– Tienes razón. – dijo Ray sonriente
– Es verdad, además ya quiero ver la cara que pone el abuelo cuando se entere, siempre te pone de ejemplo, ¿sabes? – le dio unas palmadas en la espalda.
Kai únicamente hizo una sonrisilla de medio lado.
– No te preocupes, Kai, dejaremos que des la noticia. – Kenny.
– Además será una sorpresa para todos. ¿Cierto, Hilari? – se oía animado Max.
– Sí, claro. – dijo no muy convencida la castaña.
Llegó el tiempo de abordar el autobús y así lo hicieron ya por la ventara los chicos podían ver al ruso con su hijo en hombros ondeando a Dranzer…
– ¡Adios! – gritó el pequeño.
– ¡Adiós pequeño, nos veremos pronto! – decían desde dentro del autobús.
– ¡Adiós, tío Ray! –
El autobús emprendió la marcha mientras la despedida continuaba. Ya cuando se perdió de vista….
– Muy bien, Kai, ahora tendrás que explicarme eso de 'necesito que nadie sepa lo de Ritsuka'… – la pelilavanda sospechaba algo y Kai debía darle respuestas.
– No es el momento. –
– Sí lo es. Algo me ocultas sobre Ritsuka… –
